Espero no encuentren algún error, lo leí demasiadas veces para hacer correcciones e incluso arrastré a mi bestie para que me leyera. Angie, fuiste de gran ayuda. Pero aun con eso sigue sin estar beteado del todo.


• Capítulo 3 •

Pero el rubio realmente no sabía en qué tanto andaba metido su "mejor amigo".

Desde hacía un par de meses o mejor dicho desde que el chico comenzó salir con Levi, Armin tenía el ligero presentimiento de que algo más importante que eso estaba ocurriendo, algo que incluso provocó que el mismo Eren le dijera en repetidas ocasiones que 'eso' no era asunto suyo; de primer instancia llegó a dar lugar a que todo era paranoia suya por culpa de los sentimientos contradictorios que le ocasionaba la nueva relación de Eren. No obstante, anteriormente el castaño llegó a casa con alguna lastimadura e inclusive un ojo hinchado y amoratado aunque el chico alegaba que no se había metido en problemas más graves que los habituales.

No era necesario convivir muchos años con él como para conocer su naturaleza problemática, pero eso no resultaba ser suficiente como para liberarlo de alguna sospecha y, claramente, no podía despojar a ese pequeño amigo suyo de las preocupaciones que iban en aumento; justo en ese momento, a muchos kilómetros del escandaloso ambiente propiciado en un pub concurrido ya entrada la noche, una .38 mm se hacía de su lugar en una palma que titubeaba al enredar los dedos alrededor de la cacha y ubicar el gatillo casi nada menos que a tientas.

— Oe, mocoso, no dudes.

Levi acotó recargado desde la esquina de la habitación mientras observaba la escena con los brazos cruzados, no tenía intención alguna de intervenir en lo ya comenzado. A esas alturas ninguna expresión se reflejaba en su rostro más que la crudeza que se podía por poco palpar en ese tipo de situaciones, ciertamente no era nada fuera de lo normal. No para él; Eren miró al de cabellos negros y posterior a ello, con calma, le regaló una penosa mirada al pobre tipejo que estaba sentado en una silla al centro de esas cuatro paredes, bastaba decir que ni siquiera sabía si estaba vivo, ya ni siquiera podía hablar de lo golpeado que estaba y menos tratar, una vez más, de escapar. Si alguien pudiese describir la mueca del chico hablaría de frustración entremezclada con ansiedad, angustia y dudas.

Claro estaba que él no era ese tipo de persona y es que nadie puede andar por las calles cargando la pena de haberle arrebatado la vida a alguien; quizá si tiraba del arma jamás podría limpiar su conciencia pese que fue él mismo quien le rogó tantas veces a Levi que le dejara ayudar con ese trabajo que le absorbía las veinticuatro horas del día. Ahora no podía ir en contra de lo que le fue ordenado.

Aniquila al informante ❞.

La traición se paga con muerte

Levi observó todo por última vez y decidió salir de aquel cuarto, el hedor a sangre inundaba sus fosas nasales y no quería estropear su apetito; cerró la puerta tras su espalda y justo cuando dio un par de pasos escuchó el estruendo que sólo podía provenir de la pistola que le obsequió a Eren por su iniciación. Ante tal sonido no hizo más que esbozar lo que, durante un parpadeo, se pudo confundir sin esfuerzo con una diminuta sonrisa de efímera complacencia.

No quedó duda de que Eren jamás olvidaría lo que vio. Aquél hombre, llamado Nick, fue encontrado filtrando información de la organización a quien menos debía; supo entonces que el final de quien osaba hacer algo siquiera parecido era acabar con pares de dedos cercenados y unos cuantos dientes tumbados por golpes a puño limpio, no importaba de quién se tratara, quién fuera ni nada. Traición era traición y aquello representaba el más grande tabú de los que ahora se hacían llamar sus nuevos compañeros. Incluso escuchó de la propia boca de algunos de ellos rumores de que Hanji, una capaz veterana del oficio y aficionada empedernida del fino arte de la tortura, podía llevar sus métodos a la delgada línea de lo extremo e insano.

No era algo que quisiera comprobar en su misma carne.

El de pupilas color turquesa se limpió el sudor helado que surcaba su frente con la manga de su salpicada camisa blanca como si con ello pudiera sacudir de su estómago la sensación de las náuseas y por poco se dejó caer sobre sus rodillas temblorosas; no obstante, con lo que acababa de hacer demostraba que era digno de ingresar a una sociedad que tenía como rubro el tráfico de armas. Estaba dispuesto a cuidar la espalda de Levi. No importaba qué tan alto fuese el precio a pagar, albergaba la idea de que si se encontraba a su lado nada podría salir mal y planeaba aferrarse a ese pensamiento. Qué ingenuo fue.

Necesitaba llegar a casa y tomar una larga ducha con agua tibia, era algo muy parecido a lo que Armin quería hacer en ese preciso instante.

El rubio pasó saliva de una forma lo suficientemente brusca como para deshacer el nudo que se había vuelto a tensar en las paredes de su garganta, pidió lo mismo que su acompañante y casi terminó la bebida en tan sólo un tercio de tragos.

— ¿Sabes, Jean? Creo que es lo mejor.

— Sí, lo es.

— ¿También sabías que eres un... — Recapacitó. Él no era de esos que hablaban sin pensar y no iba a tomar como pretexto que el alcohol nuevamente le estuviera aflojando la lengua. — Olvídalo, si eso es todo me voy a casa.

Acto seguido Armin se puso de pie al ritmo en el que buscaba entre sus bolsillos la cartera, sacó los billetes necesarios para pagar por su cerveza y los dejó sobre la barra, Jean no hizo más que jugar con su botella y observar todo como si fuera muy ajeno; no iba a detener a Armin y con ello él hacerse cargo del pago de todo, no se catalogaba a sí mismo como un tipo amable y las tres neuronas y media que tenía no alcanzaban a procesar que a fin de cuentas hacerlo era lo más idóneo, después de todo él fue quien llamó a su ahora ex novio a dicho lugar.

Los sentimientos confusos se fundían como algo amorfo en el pecho del menudo y estuvo al tanto de la manera en la que sus piernas trataban de aumentar la velocidad de sus pasos con tal de sacarlo de ahí con premura; mas no contó con que de nuevo se quedara inmóvil. Giró únicamente la atención de sus ojos para encontrar al cobrizo sujetando con devoción su muñeca. No podría descifrar qué pasaba por su mente, Jean en ocasiones era inentendible y en otras absurdamente predecible.

Le terminó por jalar del brazo para cruzar la ansiada salida.

— Te vas a callar y vas a escucharme, ¿de acuerdo? — Jean ordenó durante el camino a su automóvil sin aflojar ni un poco su amarre, casi estaba consciente de que podía lastimarle. — Es culpa de Mikasa, no quería decirte nada porque sé que se conocen desde hace mucho tiempo y no había querido ser sincero. Joder. Pero, Armin...

No, la maraña de sentires del pequeño chico estaba lo suficientemente tensa como para no saber qué hacer, qué decir ni cómo proceder; maldita inexperiencia, estúpido raciocinio adormecido, jodido alcohol, puta resaca.

Y así pudo seguir sucesivamente maldiciendo mentalmente sus pesares, pero bien sabía que se necesitaba mantener presente en su momento, ese momento en el que Jean abría la puerta del copiloto y prácticamente le obligaba a sentarse tras un leve empujón por los hombros, posterior a ello él mismo ocupó su lugar al manillar.

— Esa noche... — Los maltratados dedos del originario de Trost jugaban en el volante sin intención aparente de encender el motor.

— No necesito explicaciones. — Eso dijo Armin pese a que su atención se concentraba en lo que había del otro lado del vidrio de la ventana.

— Por una vez deberías cerrar la boca y escuchar lo que alguien más dice. — Espetó molesto insertando la llave en su sitio y de esa forma echó el auto a andar; se adentró entre las angostas callejuelas para regresar al departamento que compartían con todos los demás y se animó a continuar sin pensar demasiado en sus palabras. — Esa noche Mikasa estaba ebria y podré ser lo que tú quieras, pero métete bien en la cabeza que no me aprovecharía jamás de una mujer alcoholizada.

Armin no cambiaba su punto de interés, cierto fue que trataba en vano de hacer memoria de lo ocurrido e intentaba con fervor no ser presa de los malos impulsos por primera vez en su vida.

— Ella me ofreció una relación. Tú sabes que me fijé en Mikasa desde que la conocí en preparatoria. ¿Te puedes imaginar a qué me supo que ella pusiera sus ojos en mí? Carajo, no puedes. Me hizo malditamente feliz.

Pudo descifrar el entusiasmo en su voz y por poco no conseguía controlar el pesar sobre su pecho; no obstante, le dejó continuar.

— Incluso acordamos mantenerlo en secreto en lo que yo arreglaba todo contigo aunque en esa ocasión claramente no funcionó, ese bastardo casi me fractura la boca cuando intervino. — Todavía le dolía.

Y aun con toda la mierda que Jean estaba dejando escapar de sus labios era capaz de escucharse a sí mismo, no quería sentir que estaba jugando porque él no era alguien mentiroso, aunque ver a Armin en ese estado de ensimismamiento le provocó no poder más. — Está bien que seas un chico, igual me gustas así.

Murmuró apenas y frenó en un callejón desolado, Armin sabía qué era lo que iba a continuación.


Me inspiré, debo decir, aunque si soy sincera debería admitir que me desanima la falta de reviews. Es decir, después de un poco más de un año decidí retomar esta historia y, bueno, lamentablemente no podré seguir actualizando si no encuentro suficientes comentarios. ❀