Decalimer: los personajes de Naruto no me pertenecen si no al gran maestro Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para dar un poco de vida que tampoco me pertenece si no que es de la talentosa escritora Linda Howard.
Advertencia: este capitulo contiene lime.
CUATRO
Hinata lo miró fijamente. Como proposición de matrimonio, resultaba bastante ofensiva, tanto así que, durante un largo momento, ni siquiera fue capaz de reaccionar. Amaba a Sasuke, pero se estaba pasando de la raya. ¿Creía que se casaría con él para que pudiera tranquilizar su conciencia? ¿Pensaba que estaba tan desesperada que no perdería la ocasión? Peor aún, ¿estaría en lo cierto? Temblando por dentro, comprendió que no sabía si tendría fuerzas para rechazarlo, aunque se hubiese declarado por la peor razón posible.
Para darse tiempo, se dio la vuelta, sacó dos tazas del armario y siguió dándole la espalda mientras se concentraba en normalizar su respiración y en serenarse. Mientras sostenía una bonita taza de cerámica entre los dedos, logró articular dos palabras con naturalidad:
-¿Por qué?
La piel de Sasuke tenía un matiz ceniciento bajo la tez cetrina, y Hinata supo que no le había resultado fácil pedírselo. ¿Cómo iba a serlo cuando todavía esperaba, en su corazón, a Ino?
Como cualquier hombre de negocios competente, empezó a esbozar las ventajas de la fusión.
-Creo que haríamos una buena pareja. Los dos somos profesionales, comprenderíamos la presión a la que estaría sometido el otro, las exigencias laborales que menguarían el tiempo que, normalmente, dispondríamos para estar juntos. Nos llevamos mejor ahora que nunca, y los viajes que tengo que hacer nos darían un respiro a los dos. Sé que estás acostumbrada a ser independiente y a disponer de tu tiempo a tu manera -dijo con cautela, mientras intentaba adivinar la acogida que había tenido su propuesta, pero era como buscar expresiones en el rostro frío y liso de una muñeca de porcelana-. Sabríamos cuándo seríamos un estorbo para el otro.
El café estaba hecho. Hinata tiró los posos a la basura y vertió el líquido humeante de delicioso aroma en las dos tazas. Le pasó una, se recostó en la encimera y sopló con suavidad su café para enfriarlo.
-Si necesitamos tanto tiempo a solas, ¿para qué tomarnos la molestia de casamos?
El rostro sombrío de Sasuke se suavizó al contemplar la cascada negro-azulada de pelo que se curvaba, como brazos vivientes, en tomo a los hombros de Hinata.
-Hinata, si pudieras aceptar un frívolo amorío, anoche no habrías sido virgen.
Temblando, Hinata recordó que Sasuke era un buen estratega. Sabía cómo defenderse y atacar, y cómo aprovechar un argumento débil. No, no era una mujer capaz de tener aventuras aquí y allá, porque nunca había podido fijarse en ningún otro hombre excepto en él. ¿Acaso Sasuke era incapaz de ver la verdad? Una mujer que llevaba siendo virgen tanto tiempo, a pesar de las oportunidades normales para alterar esa condición, solo podía tener una razón para ir a sus brazos sin reparos, como ella había hecho la noche anterior.
-Lo de anoche estuvo bien -prosiguió Sasuke con suavidad, y sus palabras se enredaron en torno al corazón de Hinata como sarmientos, acercándola cada vez más a él, sometiéndola a su voluntad-. Me sentí tan bien dentro de ti que perdí un poco la cabeza y, aun así, sentí cómo te suavizabas por dentro. Si hubiera podido esperar, ¿habrías perdido un poco la cabeza por mí? ¿Empezaba a gustarte?
Sasuke bajó de la banqueta y se acercó a ella, mientras su voz grave de terciopelo seguía seduciéndola. De pie ante ella, bebió su café, sin dejar de mirarla por encima del borde de la taza.
Hinata también tomó sorbos de café, y lo mantuvo en la lengua para que sus papilas gustativas se deleitaran con el sabor amargo. Podía sentir el sonrojo que se propagaba por su rostro, y maldijo su tez pálida que dejaba entrever incluso el más leve rubor.
-Sí, me gustó -reconoció por fin con torpeza.
-Sería un buen marido. Fiel, trabajador, como Milú, el perro de Tintín.
Hinata alzó la vista deprisa y vio el regocijo que chispeaba en las profundidades de sus ojos oscuros a la luz de su buen humor.
-Me gusta estar domesticado -continuó, y su acento marcado se ralentizó mientras sopesaba las palabras-. Me gusta la estabilidad del matrimonio, la compañía que ofrece; tener a alguien con quien beber café en una mañana lluviosa en las noches frías del invierno. Ahora mismo está lloviendo, ¿no es agradable estar así? –1e puso la mano en el hombro y acarició con los dedos la delicada articulación; después, deliberadamente, deslizó la mano dentro del escote de la bata, e introdujo los dedos bajo el borde del camisón para acariciar las curvas frescas y llenas de sus senos.
Hinata se quedó inmóvil, mientras su cuerpo temblaba por dentro por la oleada de placer.
Sasuke no jugaba limpio; ¿cómo iba a pensar con claridad cuando su cuerpo, diseñado por la naturaleza para responder a las caricias del hombre al que amaba, reclamaba toda su atención? El raciocinio estaba muy bien, pero Sasuke le estaba enseñando a marchas forzadas lo poco que su mente podía controlar el deseo natural de su cuerpo.
Sasuke la observó con atención y vio cómo sus ojos se enturbiaban con la niebla de la pasión.
Luego, Hinata cerró los párpados y respiró con agitación entre sus suaves labios entreabiertos.
El corazón de Sasuke también latía con creciente rapidez al sentir cómo sus senos se tornaban cálidos por las caricias, al percibir el cautivador aroma de mujer que ascendía hasta su olfato y le decía, sin que él se percatara de ello, que Hinata estaba a su disposición. Antes de que fuera demasiado tarde, retiró la mano, pero la necesidad de tocarla lo impulsó a rodearle la cintura y a acercarla a él. El café de Hinata dio un peligroso vaivén y Sasuke rescató las dos tazas y las dejó con cuidado sobre la encimera. Entonces, estrechó a Hinata con firmeza, y su suave cuerpo se acomodó contra el de Sasuke, amoldándose sin pensar a los contornos sólidos de su cuerpo musculoso, y aquel acoplamiento arrancó una exclamación de labios de los dos.
-¿Lo ves? -murmuró Sasuke con voz trémula, y enterró el rostro en la lustrosa seda de su pelo-. Juntos somos buenos. Condenadamente buenos.
Hinata lo envolvió con sus brazos, y sintió la humedad de la camisa allí donde la lluvia lo había mojado. El olor fresco de la lluvia y del otoño se mezclaron con la fragancia masculina de Sasuke de forma seductora, y se frotó su hombro sólido con la nariz. ¿Qué clase de matrimonio tendría con él? ¿Sería un cielo o un infierno? ¿Se conformaría con lo que él pudiera darle o se marchitaría despacio por dentro agonizando porque ansiaba todo de él y el corazón de Sasuke siempre sería de Ino? En aquel momento, de pie en la cocina, abrazados como estaban, pensó que no podía pedirle nada más al cielo, pero cuando las dificultades del día a día la abrumaran, ¿necesitaría más de él?
Despacio, Sasuke movió sus manos fuertes por la espalda de Hinata, buscando y acariciando una a una todas sus costillas.
-Di que sí, nena -la engatusó con voz ronca.
Era el primer apelativo cariñoso que utilizaba, y Hinata sintió que se le derretían las entrañas-. Te deseo, siempre te he deseado, todos estos años en los que me dabas tu delicada espalda. Jamás habría arriesgado mi matrimonio con Ino llendo por ti, la quería demasiado. Pero siempre te he deseado, e Ino ya no se interpone entre nosotros. Creo que... Creo que a ella le hubiera agradado la idea de que cuidáramos el uno del otro.
Con el rostro oculto en el hombro de Sasuke, Hinata cerró los ojos, afligida. Cuando Sasuke hablaba de Ino, cada palabra era un puñal que le traspasaba el corazón. ¿Cómo iba a ser lo bastante fuerte para vivir sabiendo que jamás podría reemplazar a Ino en el corazón de Sasuke?
Pero mientras se retorcía por dentro de dolor, Sasuke la apretó un poco más contra él, y el contacto sembró el caos en sus pensamientos, de por sí confusos. Sasuke intercambió con suavidad sus posiciones; se recostó en los armarios y abrió las piernas para soportar el peso de Hinata, mientras la apretaba de forma íntima contra él.
-Si vas a ser mía, tendré que casarme contigo -tomó la mandíbula de Hinata entre los dedos y la obligó a levantar la cabeza para poder ver su rostro-. No eres la clase de mujer capaz de conformarse con menos. Te ofrezco un compromiso, una relación legalizada con todos los derechos que eso te otorga. Te seré fiel; prefiero un compromiso con una sola mujer que un millar de encuentros nocturnos con mujeres cuyos nombres ni siquiera recuerdo. Nos conocemos, sabemos lo que podemos esperar el uno del otro. Y somos amigos; podemos hablar sobre el trabajo, sobre cientos de cosas que tenemos en común. Nuestra asociación sería la envidia de muchas personas.
Lo tenía todo calculado, todos los razonamientos lógicos por los cuales su matrimonio no podía fallar. Su hogar sería una prolongación de la oficina, con el sexo como la guinda del pastel. Hinata podía imaginarlos guardando archivos sus respectivos maletines antes de abalanzarse uno sobre el otro con deseo desenfrenado, olvidándose de la ética laboral para sucumbir a la fiera necesidad de unir sus cuerpos según el ritual inmemorial que garantizaba la supervivencia de la especie.
Las manos de Sasuke se cerraron sobre ella con brusquedad, y Hinata percibió su repentina tensión.
-Antes de que te decidas, hay algo que debes saber -una nota áspera, apenas revelada, indicaba lo poco que deseaba decirle lo que estaba pensando, pero en una negociación siempre sopesaban los pros y los contras, y Sasuke estaba abordando su matrimonio como una fusión de sociedades-. No quiero hijos -dijo con aspereza-, Nunca. Desde que perdí a Itachi y a Shane, no soporto estar con niños. Si quieres hijos, me retiro, porque no puedo dártelos -el dolor contrajo sus rasgos, pero lo controló, y una expresión de lúgubre resignación ocupó su lugar-. Es que no logro superar... -se le anudó la voz, 'y Hinata percibió cómo erguía los hombros, como si soportaran una carga que no tenía visos de desaparecer.
Hinata tragó saliva mientras se preguntaba cuántas proposiciones matrimoniales iban seguidas de una declaración sincera, por parte del futuro marido, de las razones por las que la prometida no debía casarse con él. ¿Cuántas mujeres querrían casarse con un hombre que ofrecía compañía en lugar de amor, un hombre que no quería formar una familia y que tendría que viajar con asiduidad? Y recordó lo que había dicho la noche en que embaló las cosas de los niños: que no había podido dormir en la misma cama con una mujer desde la muerte de Ino. ¡Ni siquiera podría compartir las noches con él! Una mujer tenía que estar loca para aceptar una proposición así, pensó Hinata. Locamente enamorada.
Dio un paso atrás y contempló el rostro sombrío y severo de Sasuke, el rostro que había visto en sus ensoñaciones durante años. Pensó fugazmente en su sueño de tener hijos, los hijos de Sasuke, y se despidió de él con suavidad. Después de todo, esos hijos no habían sido más que quimeras, mientras que Sasuke era de carne y hueso, y si lo rechazaba en aquellos momentos, la felicidad podía quedar para siempre fuera de su alcance. De modo que Sasuke no la amaba; sentía afecto hacia ella, la respetaba, lo bastante para querer legalizar su relación. A veces ocurrían milagros y, mientras vivieran juntos, siempre cabría la posibilidad de que llegara a amarla. Pero, aunque nunca le entregara su corazón, le estaba ofreciendo todo lo que podía. Hinata podía rechazarlo por orgullo, pero el orgullo no reemplazaría el calor del hombre vivo ni le haría el amor con la pasión salvaje de que Sasuke había hecho gala la noche anterior. Con su sabiduría instintiva de mujer, Hinata comprendió que, siempre que la deseara con tanta intensidad, tenía una pequeña posibilidad de hacer entrar otra vez en calor su corazón invernal.
-Sí -dijo con calma-. Y ahora, ¿qué?
La breve aceptación práctica no lo desconcertó... su única reacción fue una inspiración profunda que inflamó su pecho y, después, la apretó de nuevo contra él.
-Lo que me gustaría hacer es desnudarte y hacerte mía en la primera superficie horizontal que pueda encontrar...
Hinata lo interrumpió con un gemido.
-¡El suelo otra vez! -protestó con humor.
-O la mesa. O la encimera -la poderosa reacción del cuerpo de Sasuke le decía a Hinata que, aunque hablara en broma, su cuerpo iba en serio.
Hinata contuvo el aliento y se preguntó si sus músculos doloridos sobrevivirían a un escarceo amoroso sobre las baldosas de la cocina. Abrazada a él como estaba, no podía ver su rostro, o habría gritado por la pasión que se marcaba en sus rasgos.
Sasuke la estrechó con fuerza, ansiando fundir1a con su piel. El alivio que lo había inundado al oír su aceptación era tan inmenso que se sentía casi mareado; después, lo había asaltado el deseo primitivo de concluir su trato de la forma más camal posible. Quería marcar1a, dejar claro que era suya, sentir de nuevo su cuerpo suave bajo el de él. Había planeado su proposición con esmero, aderezándo1a con todos los razonamientos lógicos posibles para que Hinata supiera que no alteraría el calculado orden de su mundo. La idea de casarse con ella lo había asaltado durante la noche y creía sinceramente que Ino la aprobaría. Más que eso, le gustaba la idea de que Hinata llevara su apellido y durmiera en su cama todas las noches. Su fiero instinto posesivo ansiaba proclamar su derecho sobre ella ante el resto de los hombres; sobre todo, antes de que ese condenado Naruto Uzumaki la sedujera con su poderoso encanto. Pero, hasta que Hinata no lo había mirado y le había preguntado con calma «¿por qué?», Sasuke no había sido plenamente consciente de lo mucho que necesitaba que se casara con él. Su respuesta afirmativa, cuando por fin la había dado, en un tono práctico que denotaba lo poco que la entusiasmaba la idea, le había quitado un peso de los hombros que ni siquiera había sabido que llevaba. Dios, ¡cuánto la deseaba!
Sasuke le rozó la sien con su mentón áspero por la barba de un día y se separó a regañadientes de ella.
-Podemos esperar -le dijo, ansioso por enredarla en proyectos antes de que pudiera echarse atrás-. Tenemos que planear muchas cosas.
-Tenemos que preparar el desayuno –añadió Hinata, que imitó su actitud desenfadada y práctica-. A no ser que ya hayas comido.
-No, ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Pero ahora que lo dices, me muero de hambre.
Hinata sonrió un poco. Sasuke acababa de revelar que había estado nervioso, aunque no iba a devanarse los sesos tratando de discernir si había temido que ella rechazara la propuesta o que la aceptara.
-Déjame que me peine y prepararé el desayuno más abundante que hayas visto en tu vida.
-Mientras te peinas, yo empezaré a preparar el desayuno más abundante que hayamos visto en la vida -la corrigió-. ¿Quieres el menú completo?
Hinata asintió, más feliz de lo que podía recordar haberse sentido nunca, y su apetito había aumentado ante tanta felicidad. Aunque solía comer ligero, estaba lo bastante hambrienta para devorar un copioso desayuno.
-Me gustan los huevos medio hechos -lo informó mientras salía de la cocina.
-Espero que estés de vuelta mucho antes. ¡No tardas tanto en peinarte!
-¿Cómo lo sabes? -preguntó Hinata con aire de suficiencia-. Nunca me has visto.
La risa grave de Sasuke la siguió hasta el dormitorio. Cuando cerró la puerta, se sentó en la cama y entrelazó las manos por debajo de las rodillas, temblando de deleite. No podía creerlo. Después de sufrir lo indecible por él a lo largo de los años, Sasuke había llamado a la puerta y le había pedido que se casara con él. Sus razonamientos eran coherentes, pero eso no importaba. Para una mujer hambrienta, unas migajas eran mejor que nada. Imaginó las mañanas que compartirían, preparando juntos el desayuno, estirando el tiempo con una última taza de café, y se sintió tan desbordada de felicidad que le costaba respirar. Un matrimonio abría las puertas a un mundo de intimidad completamente nuevo. No se trataba solo de la intimidad sexual, sino de pequeñas cosas, como compartir el espejo del baño cuando tenían prisa por salir a trabajar, intercambiarse secciones del periódico los domingos por la mañana y tener a alguien que le masajeara el cuello y los hombros después de un día agotador.
De repente, no deseaba estar lejos de él más tiempo del necesario. Se lavó la cara con agua fría, se peinó, se lo recogió con un pasador a cada lado y se puso unos vaqueros y una camisa blanca de talla grande. Se estaba remangando mientras regresaba a la cocina. El tocino se estaba friendo, y Hinata olisqueó el aire con apreciación. Sasuke estaba hurgando en los armarios, y rescató una caja de preparado para tortitas.
- Tortitas y huevos -anunció-. Tortitas caseras.
Hinata se encogió de hombros y le siguió la corriente, aunque no estaba segura de que su apetito diera para tanto. Mientras Sasuke preparaba la masa, ella puso la mesa, sirvió zumo de naranja y sacó los huevos.
-Tendremos que buscar otro apartamento-dijo Sasuke con naturalidad-. En los nuestros no hay sitio para todas nuestras cosas.
-Mmm -pensando en ahorrarle la necesidad de explicarle, palabra por palabra, que no pensaba dormir con ella, desarrolló la idea-. Me gustaría que tuviera tres dormitorios, si lo encontramos a un precio razonable. No estaría mal tener una habitación de invitados por si alguien viene a visitamos.
Sasuke se quedó extrañamente inmóvil, pero estaba de espaldas a ella y Hinata no podía ver su expresión. Para hacerle saber que no iba a extenderse más sobre el tema, dijo con la misma naturalidad:
-Tendré que dejar mi trabajo.
Sasuke volvió la cabeza con aspereza y la miró con incredulidad.
-Bueno, pienso hacerlo -Hinata le sonrió-. No puedo trabajar en Spencer Nyle si voy a casarme contigo. No es profesional, y no creo que funcionara muy bien, aunque el señor Orochimaru accediera.
Sasuke contrajo la mandíbula con expresión lúgubre.
-No había pensado en eso. No, puedo pedirte que renuncies a tu trabajo por mí. Se lo mucho que significa para ti...
-No sabes nada -lo interrumpió Hinata-. Estaba pensando en dejarlo, de todas formas –era hora de que Sasuke Uchiha aprendiera algo sobre la mujer con la que pensaba casarse, y la primera lección consistía en inculcarle, poco a poco, que no era una profesional dinámica y entregada que encontraba en el trabajo las mayores compensaciones de la vida-. No es más que un empleo -dijo con deliberación-. Me gusta, y me he afanado en hacerlo bien porque no me gusta hacer nada a medias. Además, ya te he dicho que había pensado en dejarlo. Después de lo de anoche, me sentía incapaz de seguir trabajando contigo.
Sasuke la miró con incredulidad.
-¿Lo dejarías solo porque nos hemos acostado?
-Pensé que no podría mantener la profesionalidad contigo en la oficina.
-Oye, podría buscarte algo...
-No -dijo Hinata con suavidad, sin darle tiempo a terminar-. No voy a quedarme de brazos cruzados dejando que me mantengas, si es eso lo que te preocupa. He trabajado demasiado para sentarme a ver culebrones, y no tendría nada más con lo que ocupar mi tiempo. Buscaré otro trabajo.
-No es eso -gruñó Sasuke, malhumorado-. Soy perfectamente capaz de mantenerte aunque quisieras ver culebrones durante el resto de tu vida. Pero me molesta que dejes tu trabajo por mí.
-Es lo más razonable. No estoy tan apegada a él, y tú eres un ejecutivo, yo no.
-¿ Vas a buscar otro trabajo de secretaria?
-No lo sé -Hinata rompió un huevo sobre el aceite hirviendo con expresión pensativa-. Tengo algo de dinero ahorrado, puede que abra un negocio propio. Podría montar una boutique, como todas las mujeres ociosas y con dinero -sonrió al pensarlo.
Sasuke movió la cabeza.
-Haz lo que te plazca, siempre que sea lo que de verdad quieres. Si prefieres quedarte en Spencer Nyle, te trataré como una más.
-Creo que sería más feliz dejando el trabajo de oficina. Llevo años dedicándome a ello y me conviene cambiar de aires.
Pasado un momento, Sasuke profirió una risita perversa.
-Naruto se subirá por las paredes.
-¡Sasuke! -sin poder reprimir la risa, Hinata movió la cabeza-. ¡Qué idea más diabólica! ¿Me has pedido que me case contigo solo para que Naruto se busque otra secretaria?
-No, pero se lo tiene merecido.
-¿No te cae bien?
Sasuke elevó las cejas.
-Me cae muy bien. Es un ejecutivo de primera. Pero que me agrade como colega y que me agrade cómo te mira son dos cosas distintas.
Hinata decidió que debía a Naruto un gran favor si su interés había desatado la vena posesiva de Sasuke. Mientras terminaba de preparar los huevos, le lanzó miradas furtivas, y cada vez que lo hacía sentía un estremecimiento de placer. Se compaginaban tan bien, que podría haber sido el centésimo desayuno que tomaban juntos, en lugar del primero. Hinata solo esperaba que aquel primer desayuno fuera una indicación de lo fluida que sería su vida matrimonial. No lo presionaría, pero esperaba, con cada átomo de su ser, poder enseñarle a amar de nuevo.
Decírselo a Naruto el lunes por la mañana no fue tarea fácil. Al principio, se mostró incrédulo y, cuando supo que iba a dejar el trabajo, se sintió ultrajado.
-¡Lo ha hecho a propósito, el muy bandido! -exclamó, mientras daba vueltas por el despacho, tan furioso que sus luminosos ojos destellaban. La ira irradiaba de él como electricidad. - Sabía que dejarías tu puesto y que me quedaría en la estacada.
-Gracias -dijo Hinata con ironía-. No sabes cuánto me tranquiliza pensar que Sasuke me ha pedido que me case con él con el único propósito de alterar tu rutina.
Naruto se detuvo en seco, clavó los ojos en ella y su mirada se suavizó.
-Me merezco una buena patada en el trasero -reconoció por fin con pesar-. No me hagas caso, querida. Estoy fuera de mí porque él ya ha ganado la carrera y yo me he quedado en la línea de salida. ¡Resulta tan bochornoso!
Hinata rio, porque imaginar a Naruto suspirando por ella le parecía absurdo. Era sofisticado a más no poder, y cualquier mujer del edificio daría lo que fuera por una oportunidad con él... cualquier mujer menos ella. Naruto la contempló mientras ella reía, con su hermoso rostro iluminado por el resplandor interior que lo embelesaba cada vez que lo veía. Como atraído por su tibieza, se acercó a ella, un poco triste porque aquel resplandor no fuera para él, y porque ella ya nunca embellecería su vida como a menudo había imaginado.
-Si alguna vez te hace desgraciada, ya sabes dónde estoy -murmuró, y le acarició la mejilla de satén con el dedo índice-. Ten cuidado, querida. Bajo esa controlada imagen de ejecutivo se esconde un lobo hambriento, y tú no eres más que un inocente corderillo. No dejes que te meriende.
Naruto no declaró lo evidente, que Sasuke no la amaba, pero Hinata sabía que lo estaba pensando.
Era lo bastante observador como para adivinar que las acciones de Sasuke estaban motivadas por su libido, no por sus sentimientos.
-¿Sabes lo que haces? -le preguntó, preocupado.
-Sí, por supuesto. Hace tiempo que lo amo.
-¿Lo sabe él?
Hinata lo negó con la cabeza.
-Entonces, no se lo digas. Haz que se lo merezca, así lo valorará más -una mirada sagaz asomó a sus ojos-. ¿Por qué tengo la impresión de que el corderillo va a meterse al lobo en el bolsillo?
-No lo sé, pero espero que tengas razón –dijo a su vez Hinata con voz trémula-. No sabes cuánto lo deseo.
-Pero recuerda: si no sale bien, reduce las pérdidas. Yo estaré aquí si me necesitas. Tengo un sueño -dijo con voz pensativa-. Es muy sencillo. Sueño que te llevo de vuelta a Inglaterra y que me caso contigo en la reliquia de piedra que es la iglesia de mi familia y que te dejo encinta. Proporcionar herederos sería mi ocupación favorita.
Hinata volvió a reír y, en parte, deseó que pudiera haber sido Naruto. Su amor habría estado a salvo con él. Pero, en cambio, había entregado su corazón a un hombre apesadumbrado por el pasado, a un hombre que deseaba su cuerpo y su compañía, pero no el amor inagotable que ella albergaba en su pecho.
-¿Puedo besarte? -preguntó Naruto, y deslizó el dedo de la mejilla a la barbilla de Hinata, para poder levantarle la cara y mirarla directamente a los ojos-. Solo una vez, y prometo no volver a pedírtelo... siempre que estés con Sasuke.
Al contemplar aquellos traviesos ojos azules, Hinata adivinó que no estaba pensando en un beso casto. Quería besarla con pasión, con todo el ardor de su magnífico cuerpo masculino. Sabía muy bien que Naruto no estaba enamorado de ella, pero sabía, tan bien como él, que si las cosas hubieran sido de otra forma, habría sido él con quien se habría casado. Saber que podría haberlo amado si no hubiese amado primero a Sasuke y se hubiera cerrado a otros hombres la hacía sentirse un poco triste y alegre a la vez.
-Sí, como beso de despedida -dijo, y se puso de puntillas para ofrecerle su boca.
En el mismo momento en que los labios de Naruto se unían a los de ella, Hinata oyó que la puerta se abría. Sabía que Naruto también lo había oído, pero el inglés no se apartó. Con la picardía que lo caracterizaba, se acercó más a ella al ver que se ponía rígida, y la aprisionó entre sus brazos y el calor sólido de su cuerpo. La besó en profundidad, entrelazando su lengua con la de ella, tomándose su tiempo y disfrutando de su textura y de su sabor. Todos los nervios de Hinata vibraron, alertándola de la presencia de Sasuke, pero se sentía impotente en los brazos de Naruto. Bajo aquel cuerpo elegante y esbelto había músculos de acero. Por fin, Naruto cortó el beso, y Hinata jadeó, sin aliento, en sus brazos, mientras él miraba hacia la otra punta del despacho, directamente a los ojos entornados de Sasuke, con una sonrisa radiante en el rostro.
-¿ Tienes alguna objeción? -preguntó con suavidad.
Sasuke atravesó el despacho y arrancó a Hinata con suavidad de los brazos de Naruto. La rodeó con sus sólidos brazos y la meció.
-Esta vez, no -dijo con fluidez-. Como despedida, no. Pero ha sido tu único premio, y te lo he dado solo porque has perdido. Si hay una próxima vez, tendrás que pagar.
-Me parece justo -Naruto sonrió de oreja a oreja y le tendió la mano a Sasuke-. Enhorabuena.
Se estrecharon la mano, sonriendo como idiotas, y Hinata puso los ojos en blanco. Había imaginado un baño de sangre, como mínimo, en cambio, eran amigos del alma. ¡Hombres! ¿Quién los entendía?
-Voy a robártela en la hora del almuerzo- dijo Sasuke-. Tenemos muchas cosas que hacer: buscar un nuevo apartamento, hacernos los análisis de sangre, solicitar la licencia matrimonial. Tengo un hueco a las doce y media. ¿Estarás libre a esa hora? -preguntó a Hinata, clavando en ella su mirada.
Hinata tenía otros planes, así que lo negó.
-No puedo. Tengo una cita a la una.
Naruto se meció sobre los talones, extremadamente complacido de que Hinata empezara tan pronto a oponerse a los deseos de Sasuke.
Sasuke dirigía la oficina con la precisión de un reloj y su sarcasmo frío e incisivo era conocido de punta a punta del edificio de Spence Nyle. Orochimaru era el único que superaba a Sasuke en despotismo, claro que los arrebatos de ira y mordacidad de Orochimaru frente la incompetencia eran casi legendarios. Naruto esperó con placer a presenciar la reacción de Sasuke a la negativa de Hinata.
Pero, si había esperado oír un bramido de ira, se llevó una decepción. Sasuke enarcó una ceja con curiosidad y se limitó a decir:
-Entonces, lo dejaremos para mañana.
Sasuke tuvo que recurrir a su férrea voluntad para no preguntar a Hinata adónde iba, pero recordó los razonamientos que había empleado para persuadirla de que se casara con él. Tendrían que respetar la mutua necesidad de estar a solas. Hinata seguía siendo la mujer altiva y solitaria que Sasuke había conocido. Había accedido a casarse con él, pero solo después de que él le hubiera señalado todas las ventajas. Tenía que cuidarse de darle la intimidad mental y física a la que estaba acostumbrada, y lo haría siempre que ella acudiera deseosa a sus brazos y le diera el consuelo ardiente y dulce de su cuerpo; aunque, al parecer, ni siquiera eso saldría como él había planeado. Hinata había dejado bien claro que esperaba tener su propio dormitorio, y él había tenido que apretar los dientes para no espetarle que dormiría con él, en la cama de su marido.
Sasuke no había deseado dormir con ninguna mujer desde la muerte de Ino, hasta que estrechó a Hinata entre sus brazos. Era tan huidiza... Sasuke quería, necesitaba, pasar las horas nocturnas con ella, cuando el mero hecho de yacer abrazados mientras dormía creaba vínculos que la unirían a él. Pero todavía, no; tenía que andar con pies de plomo con Hinata, para no asustarla, para que no se volviera atrás.
Desechó la posesividad que lo caracterizaba y salió con ella del despacho de Naruto, pensando que el beso de su colega no había teñido la faz de Hinata con el rubor rosáceo que la cubría cuando él la acariciaba. Se inclinó sobre el escritorio de Hinata y le dio un beso rápido y fuerte, tanto para contemplar aquel cautivador sonrojo como para deleitarse con la dulzura de su boca.
- ¿Nos vemos esta noche? Podríamos echar un vistazo a los anuncios del periódico y señalar los apartamentos que más nos gusten.
Complacida, Hinata le sonrió.
- ¿Te parece bien a las siete? Así tendré tiempo para preparar algo de cena.
-Nada de cocinar. Llevaré comida hecha.
Mientras contemplaba cómo Sasuke salía de su despacho, Hinata tuvo que pellizcarse para cerciorarse de que no estaba soñando. Iban a casarse de verdad. Sasuke le había hecho el amor la pasada noche.
El corazón se le subió a la garganta al recordarlo. Si la primera vez la había amado con pasión desenfrenada, en la segunda, la había aleccionado en las recompensas de la contención.
Todo empezó con espontaneidad, mientras veían el telediario de la noche. Durante los anuncios, Sasuke le había levantado el rostro para besarla y el beso se prolongó, se multiplicó. Muy pronto, acabó desnuda sobre el sofá, mientras él, con suma paciencia y cuidado, la guiaba hacia la plena satisfacción, deteniéndose en cada fase para saborear la reacciones de Hinata, hasta que ella estuvo tan ansiosa como él. También tomó medidas preventivas, y ese era el motivo de que Hinata hubiera llamado a su ginecóloga a primera hora de la mañana y tuviera una cita a la una.
Eran las dos y media cuando por fin regresó a la oficina, con una caja de píldoras anticonceptivas en el bolso y con los consejos y advertencias de la doctora Tsunade resonando aún en los oídos. Con treinta y tres años, se le estaba pasando la edad de tomar la píldora sin correr riesgos. La doctora Tsunade le había recetado la más suave que había en el mercado, con la condición de que Hinata fuera a verla cada seis meses y de que, transcurridos dos años, buscara un método alternativo.
Naruto salió de su despacho cuando la oyó entrar, con un leve ceño en su frente griega.
-¿Te encuentras bien? Has tardado más de lo que esperaba.
-Estoy bien. Fui al médico, y ya sabes lo que pasa: nunca te reciben a la hora a la que te citan.
-Sasuke te ha llamado ya dos veces -le notificó con ánimo travieso.
Hinata trabajó con un semblante sonriente una dicha interior que nacía de la actitud que Sasuke estaba mostrando. La amara o no, su comportamiento indicaba que se preocupaba por ella y, para Hinata, eso bastaba. No actuaba con la impaciencia y la posesividad con las que a menudo había monopolizado la atención de Ino, pero Hinata no esperaba que eso ocurriera aunque llegara a amarla alguna vez. Ino había sido hermosa, vibrante, un campo magnético que acaparaba la atención de todo el mundo en cuanto aparecía por la puerta. En cambio, Hinata se asemejaba más a un ratoncillo blanco. Si se maquillaba con colores vivos, parecía un payaso, y si aplicaba tonos discretos, resultaba igual de insípida. Con los años, había encontrado el punto medio para no pasar completamente desapercibida; pero tenía una tez tan blanca que jamás podría utilizar tonos vivos con los que atraer todas las miradas. Le gustaría que Sasuke levantara la cabeza y se fijara en ella siempre que entraba en una habitación, pero eso quedaba fuera de sus posibilidades.
Aquella noche, después de tomar el pollo con salsa agridulce que Sasuke había llevado, desplegaron los periódicos sobre la mesa y repasaron los anuncios de apartamentos en alquiler. Sasuke señalaba con un círculo los que consideraba apropiados. Hinata se abstuvo de ojear las columnas de casas en venta, consciente de que Sasuke nunca accedería a comprar una casa. La vida en un barrio residencial le recordaría vívidamente la familia que había perdido, y los juegos de los niños lo sacarían de quicio.
Sasuke tamborileó con el bolígrafo sobre un anuncio que consideraba atractivo y Hinata se inclinó hacia delante para leerlo. Sus cabellos, liberados del moño que los confinaba, resbalaron sobre el antebrazo bronceado de Sasuke, que se quedó inmóvil. Sin percatarse de su reacción, Hinata leyó el anuncio y frunció los labios mientras sopesaba los pros y los contras.
-Suena bien. Es bastante amplio, pero seguro que cuesta una fortuna... -mientras hablaba, volvió la cabeza para mirar a Sasuke. Este se movió con fluidez, y Hinata interrumpió la frase con una exclamación de sorpresa cuando Sasuke la sentó sobre su regazo y bajó los labios para ahogar sus palabras. Mientras la sostenía con el brazo izquierdo, movía la mano derecha con atrevimiento por todo su cuerpo, en busca de las zonas eróticas que lo recompensarían por su diligencia.
Hinata emitió un gemido suave y gutural y se recostó en él. El cuerpo poderoso de Sasuke la hacía sentirse arrebujada, protegida, y pensó que no necesitaba un apartamento hogareño y confortable para sentirse a salvo siempre que Sasuke la abrazara. La fuerza que mantenía bajo control cuando la estrechaba quedaba patente en los tendones férreos de sus muslos y en su pecho sólido como una roca. Hinata deslizó las manos por debajo de la tela de su camisa para buscar los contornos sólidos y cálidos del cuerpo de Sasuke.
Sasuke le mordisqueó los labios; después, le inclinó la cabeza hacia atrás y dejó un rastro de besos por su cuello.
-¿ y qué si cuesta una fortuna? -murmuró-. Mañana iremos a verlo.
-Como quieras -accedió Hinata con voz soñadora. Los apartamentos habían dejado de interesarla.
Sasuke le desabrochó la blusa y besó la curva superior de sus senos, por encima del borde del encaje del sujetador.
-¡Ese granuja de Naruto! Sabía que estaba mirando.
-Sí -Hinata abrió los ojos y sonrió, con los ojos turbios de placer-. Es incorregible.
-Tuvo suerte de que tú no lo estuvieras besando -le devolvió la sonrisa, pero hablaba en tono fiero, y tenía los ojos entornados-. Si no, no me habría comportado con tanto civismo.
A decir verdad, no le había hecho ni pizca de gracia que Naruto hubiera dejado un beso en los labios de Hinata. Sasuke quería que ella solo conociera el sabor de sus besos, por eso había borrado el de Naruto con uno propio. La besó otra vez, por si las moscas y, a regañadientes, le abrochó la blusa y la acomodó de nuevo en la silla que antes había ocupado.
-Será mejor que no desafiemos a la suerte -gruñó-. He venido directamente desde la oficina, y no llevo nada encima.
Hinata carraspeó.
-Ahora que lo dices... la cita que tenía hoy era con mi ginecóloga. Me ha recetado una píldora anticonceptiva.
Sasuke se recostó en la silla y dejó caer el brazo sobre el respaldo mientras la miraba con atención, alertado por la vacilación que Hinata había intentado disimular con todas sus fuerzas.
Frunció sus cejas toscas y negras.
-¿No hay peligro si la tomas?
-Dejará que la pruebe, pero solo si no me salto las revisiones -reconoció con un suspiro-Me ha dado de plazo dos años, como máximo, para buscar una alternativa.
-Si es peligroso, no la tomes -Sasuke le tomó la mano y deslizó el pulgar por su suave piel-. He estado pensando en operarme. Es una solución segura y permanente.
Hinata rehuyó aquella solución. Su carácter definitivo representaba un gran inconveniente para ella. En el futuro, Sasuke podría arrepentirse de su decisión de no tener más hijos, aunque su matrimonio con ella no saliera bien. Era tan consciente de que Sasuke no la amaba que debía considerar la posibilidad de que se enamorara de otra mujer, y quizá esa mujer querría tener hijos con él. Y él querría tener hijos con ella, Sintiendo que se derrumbaban todas sus ilusiones de solo de pensarlo, se apartó de él para no dejar entrever sus sentimientos. Miró hacia otro lado y dijo con voz ahogada:
-Ya hablaremos de eso más adelante, si la píldora no funciona.
Perplejo, Sasuke la miró fijamente, mientras reproducía en su cabeza la conversación para decidir qué era lo que la había hecho adoptar ese semblante frío que él tanto detestaba. Hinata empezaba a estar relajada y espontánea en su compañía, se olvidaba de mantener la cautela, Sasuke se estaba acostumbrando a sus sonrisas, sus bromas suaves. De repente, volvía a ser la Princesa de Hielo. Se había puesto nerviosa nada más mencionar las píldoras. Le estaba ocultando algo, y Sasuke lo sabía. Creyó, al hacerle el amor por primera vez, que había descubierto el motivo de su reserva, pero esa reserva estaba resurgiendo, y comprendió que Hinata escondía otros secretos en las profundidades de sus ojos luna.
A Sasuke le habría gustado hurgar en su mente para descubrir sus mecanismos, la razón de que ocultara aspectos de su personalidad. Quería conocerla, quería sacar a la luz todos sus secretos. El distanciamiento de Hinata provocó en él una reacción primitiva y violenta de perseguir y someter, un instinto legado por los cavernícolas que se vestían con pieles de animales y escogían a sus mujeres por la fuerza.
-Un día de estos -dijo en voz baja, con resolución letal-, voy a descubrir la verdad sobre ti.
Hinata alzó la vista. El pánico fluía libremente bajo la imagen serena que ofrecía a Sasuke. Si lo hacía, si averiguaba que ella lo amaba, ¿cómo reaccionaría? ¿Lo aceptaría o volvería la espalda a un matrimonio que era más profundo de lo que él quería?
. . . . . . Bueno aquí la conti de la historia, ¿quién tiene ganas de aplaudir a Naruto?, yo si, jejej créanme si aún no quieren golpear a Sasuke más adelante van a querer hacer más que eso y pobre Hina todo lo que tiene que pasar por estar con el amor de su vida les hago una pregunta ¿Que estarían dispuestas a sacrificar por amor?. Déjenme sus respuestas y en la próxima actualización les dejaré mi respuesta ok, dejen sus opiniones y dudas, y pronto, muy pronto, (si es que tengo suerte, y mi musa inspiradora deja la vagancia) estaré actualizando un nuevo capitulo de mi otra historia "El secreto de mi verdad", para quienes lo estaban esperando, no crean que no la continuaré. bueno sin más que decirle se despide de ustedes Clarity-chan