Tres:

"¿Qué ocultan Alex y Quinn?"

—Quinn…—balbuceó sorprendida.

No entraba dentro de sus planes encontrársela tantos años después, y mucho menos supo el porqué soltó a Alex velozmente.

—¿Qué haces aquí?

—Pues bien… Yo…—tartamudeó, no sabía cómo explicarle el por qué estaba allí— ¡Beth es tu admiradora y quería verte! —Expresó rápidamente suplicando a los dioses hawaianos que su hija no dijese la verdad— Yo le dije que no fuera tan obstinada, pero insistió e insistió. Ya sabes cómo son los chicos de ahora.

Rachel no le creyó del todo, y más, porque la pequeña Fabray parecía más interesada en Alex que en ella. Además, periódicamente se veían cada vez que ella visitaba a Shelby Beth teniéndola una vez al mes, jamás le había dirigido un mísero hola.

—De acuerdo, entiendo—dejó pasar la respuesta y se dirigió a Beth— ¿Quieres un autógrafo?

Beth la observó sin saber qué decir o hacer. No sabía si poner en evidencia a Quinn o ayudarla a salir del embrollo que se había metido ella sola. Reaccionó por un leve codazo que le hizo volver a la realidad.

—Sí… Claro… Desde luego Rachel—le avecinó su celular— ¿Podrías sólo no sobreponer tu firma con la de Alex? —suplicó amablemente sorprendiendo a su madre.

¿Beth siendo considerada y comprensiva? Eso no solía suceder muy a menudo. Rachel no dijo más y lo tomó para firmarlo con la ya reconocida estrella.

—Gracias.

Sostuvo de nuevo el aparato y lo metió en la bolsa de su chaqueta.

— ¿Así que de nuevo esta aquí princesa arrogante de Londres? —intervino Alex sarcásticamente.

— ¡Cállate Narciso o como sea que te llames!

Empezó el duelo de miradas. Eran dos guerreras romanas a punto de empezar una lucha.

— No estoy hablando con el mono sino con la dueña.

— Por lo visto alguien quiere recibir un golpe en su bonito rostro—se aproximó a escasos centímetros de su cara— Y si sigues así, no me importará que los paparazzis me vean hacerlo. O que me detengan. Porque supongo que no sabes que practico kick boxing.

— ¡Basta! Déjala en paz.

Rachel se interpuso entre las dos alejando a Alex y aprisionando su mano.

— ¿Enserio? ¡Enserio! No puedo creerlo. Si ella fue la que me ofendió.

— Si sólo querías el autógrafo de Beth, ya te puedes ir por donde viniste Quinn. No veo la necesidad de seguir aquí.

— Lo siento Rachel, yo sólo quería… También… darte esto—sacó de su espalda un ramo de rosas, el cual, Rachel no se había percatado que lo tuviera con ella— Solo quería que supieras que estuviste magnífica en la entrega.

— ¡Oh vamos! No vamos a empezar aquí con el romanticismo adolescente de una homofóbica—Santana interrumpió con su habitual ironía— ¿Qué haces aquí Fabray? Pensé que ya ni siquiera te importábamos.

—Eso no es verdad San, sabes que me importan.

—No vuelvas a llamarme San, para ti soy Santana, rubia culona.

—Amén amiga—Alex chocó su puño con el de Santana.

—San… Santana, perdón…—rectificó sus palabras ignorando a la ojiazul— Por favor no me hables así—suplicó.

—Te dejé en claro la última vez, que estarías muerta para nosotras si nos dabas la espalda, y sin importarte lo hiciste Fabray, así que déjanos en paz—le empujó el hombro con su dedo índice— Rachel, vámonos que ya es tarde.

La jaló del brazo, pero la chica se soltó inmediatamente del amarre volviendo su mirada a Quinn.

— ¿Piensas que puedes mentirme al igual que lo pensaste años atrás? Te conozco y sé que el pretexto de Beth son mentiras. Dime a qué has venido.

—Rachel no lo hagas, no vale la pena.

—No te metas Santana, este asunto es entre Quinn y yo—pidió sin apartar la mirada— Por favor déjennos solas—le suplicó a Alex, quien asintió conforme.

—Lo que digas hobbit, pero después no vengas llorando para que te apoye y saque de tus malditas pastillas—le advirtió mientras Alex la jaloneaba y se alejaban en la dirección en donde habían dejado sus coches— Te lo advierto Fabray, si vuelves a lastimarla, no me tentaré en destruirte—la amenazó con su dedo.

—Y este es el momento en que Beth Fabray se va porque hace un mal trío—secundó— Mamá ¿podrías darme las llaves del coche?

—Verte, sólo quería eso Rachel, verte y saber que te encuentras bien—sacó mecánicamente las llaves de su bolso para dárselas a su hija— Y saber que puedes vivir sin mí—agregó sutilmente.

Sabía que Rachel podría estallar pero aun así se arriesgó. No podría odiarla más de lo que ya lo hacía.

— ¡No puedo creer lo egocéntrica que eres! ¿Qué si puedo vivir sin ti? ¿Quién te crees que eres?

Allí está, la morena gritó enfurecida. Había encendido esa llama que podría quemarla.

— Pues ya me viste y comprobaste que ya no eres mi Sol del que giro a su alrededor. Ahora si me permites—se giró para irse a la par de Santana y de Alex.

—Rach por favor, tú no me odies, por favor tú no—suplicó con la voz quebrada— Sé que tienes un gran corazón y jamás podrías hacerlo. Sé que, aunque sepas que soy una estúpida bestia, no puedes odiarme, porque ese sentimiento nunca ha sido la constante en tu vida. Eres la chica más buena y pura de este maldito mundo.

—No seas hipócrita Quinn ¿Cómo eres capaz de pedirme que no te odie si me humillaste de la peor manera que pudiste haberlo hecho? —Contraatacó— Han pasado doce años, Quinn. ¡Doce malditos años! Creo que es muy tarde para que me pidas que no te odie. Eres una maldita cobarde. Sigue siendo la misma villana de este cuento, esa que no me supo amar. Recuerda mis defectos, los que tanto te complacieron señalar delante de todos. Si mi memoria no me falla, estas fueron las mismas palabras que me gritaste ese día.

— ¡Lo siento Rachel! Siento haberte herido, pero era necesario. Todo tiene una explicación—se aferró de su mano— Sé que no puedo exigir nada, pero por favor Rach, por favor sólo te pido una oportunidad, sólo una para explicarte como son las cosas. Aunque sé que no me la merezco—pegó sus frentes.

—No lo sé Quinn—la alejó por los hombros— Aún no sé si soy capaz de respirar tu mismo aire o verte y no ponerme a llorar como la estúpida que he sido por tantos años.

—Lo entiendo, entiendo que no quieras escucharme—sonrió resignada— Sólo quiero que tengas esto—sacó una pequeña tarjeta de su abrigo que contenía su número celular— Cuando estés preparada, estaré esperándote. Tienes el tiempo que quieras.

Se alejó sabiendo que Rachel no la detendría. Lo que no sucedió así, lamentablemente para Rachel, la rubia aun era su debilidad. Aun sentía las mismas cosas por ella. No se había podido alejar de su ridículo enamoramiento.Y deseaba conocer las verdaderas razones por las que Quinn había actuado así.

—Quinn—gritó deteniendo sus pasos mientras la chica quien intentaba contener que sus lágrimas corrieran por sus mejillas— El viernes, el viernes hablamos.

— Gracias Rachel—se mantuvo en su lugar dándole la espalda— Prometo que esta vez será diferente.

—No digas más o harás que me arrepienta. Ahora por favor vete, yo te llamaré.

— ¿Lo prometes?

—Lo prometo—acarició el delicado y brillante anillo con diamantes que llevaba en su dedo anular izquierdo.

Enero 4 del 2026, Southampton, New York. Mansión Stone. 7:15 de la mañana.

La mañana llegaba y una ojiazul estaba realizando sus rutinarias y matutinas sesiones de ejercicio. Y no es que Alex fuera adicta al ejercicio ni mucho menos, pero eso la mantenía alejada de sus fantasmas y miedos que la angustiaban todos los días. De allí que prefiriera mantenerse activa para no caer de nuevo en la nebulosa que se estaba convirtiendo su vida y la estaba volviendo loca, y más ahora, que tenía tiempo de sobra por sus obligadas vacaciones. Esas vacaciones que ella no pidió, sino fueron sus productores quienes decidieron alargar la fecha de grabación.

—Alex Stone ¿Qué demonios significa que harás un Promance con la equis y sosa de Rachel Berry? —Su representante y prima, la reprendió aun adormilada a través del celular— ¿Y por qué esa chica con acento de mexicana me llama a las seis de la mañana de un sábado? Pagarás por esto. Te he dicho millones de veces que me llames para informarme de tus planes.

—Antes que nada, se saluda cariño. Bonjour Alex ¿Cómo estás? Estoy bien Jess ¿Y tú? Yo también sensual y ardiente Alex—ideó un divertido diálogo siendo ella misma la protagonista. Ya saben, Alex y su buen humor matutino— Lo siento, pero es cierto que quiero un contrato con ellas—escuchó un bufido de molestia. Cosa que no le importó y se colocó los auriculares para seguir corriendo en la caminadora de su gimnasio— Quiero hacer un promance con esa enana de Broadway.

— ¿Te das cuenta que eso no te da beneficio alguno? —Cuestionó incrédula— De hecho, creo que eso no te ayuda sino te perjudica.

—Eso es lo que tú crees mi prima favorita—se detuvo bajándose del aparato, se secó con su toalla el cuello y dio un sorbo a su botella de agua— ¿Recuerdas las últimas noticias de la estúpida prensa amarillista? Como… "Alex Stone es una scort y dudamos que siga manteniendo su éxito" o "Alex Stone la más grande ninfómana de Los Ángeles" y "Por acostarse con sus jueces, es la ganadora del Emmy a mejor actriz dramática" Pues bien, si me ven con una chica responsable y seria, bajará la marea por un rato y esos tiburones come faldas dejarán de estar tocándome las narices. Y será mientras sigo con mis merecidas vacaciones y comienzo con la grabación de la segunda temporada de la serie. Así que mi magnífica representante, ganamos todos.

—En eso tienes razón además de lógica—le dio el beneficio de la duda— Eres una maldita genio Stone.

—Lo sé, lo sé. Eso es de familia, ya deberías de saberlo—sonrió orgullosa— Además, será como una buena causa de beneficencia. Ayudar a subir a la quemada actriz de Broadway, Rachel Berry. Y aplicar nuestro organizado y bien planeado objetivo.

—Oh ya veo, no será que más bien es por qué esa tal Berry sigue siendo tu crush de hace años y de la cual aun mantienes su photoshoot ardiente para Elle en tu computador—se burló de ella.

—Guarda silencio Stone—protestó — Eso fue cuando era una tonta adolescente. Ahora, lo que vas a hacer, es tomar tu estúpido celular y concretar una cita con ambas. Sabes todo el tiempo que he esperado por esto.

— ¿En el mismo restaurant de siempre?

Se aseguró de los planes que ya tenía en mente Alex Stone. Ese plan que ya conocía a la perfección. Siempre era el mismo.

—En el mismo de siempre—confirmó con una sonrisa de superioridad— No queremos quedar mal con las beneficiarias. Y yo, quedarme sin saborear esos jugosos, sensuales y carnosos labios de la irritante judía de Lima, Ohio.

The NoMAd. Broadway, New York. 18:45 p.m

— ¡Wow! Este lobito sí que tiene buen gusto, enana.

Santana se sorprendió al llegar al famoso y elegante restaurant francés en la calle 1170, en el cual, las había citado la representante de Alex. Y él cuál, era el más elegante de toda la ciudad. Se veía que la actriz de Hollywood no escatimaba en nada.

— Si me hubieran dicho que sería aquí, salgo con mi mejor vestido. Hasta yo misma me postulo a ser la sumisa de Alex Stone y divorciarme de mi hermosa esposa. ¿Te imaginas a dónde llevará a sus conquistas? Supongo que a mejores lugares que esto y ya es mucho decir.

—Deja de decir tonterías Santana, a lo que venimos por favor—la regañó Rachel abandonándola en la entrada— Tenemos una reservación con Alex Stone.

Le avisó al gerente que ya las esperaba en la puerta. Alex ya le había dado las minuciosas indicaciones con anterioridad, y lo cierto era que, aunque Rachel Berry ya no era del todo famosa, las personas seguían recordándola por el gran trabajo que hizo en Funny Girl.

—Por aquí señoritas, sus acompañantes ya están esperándolas—las llevó hasta una mesa apartada y exclusiva donde sería la ansiada cita— Sus acompañantes señorita Stone.

Alex giró su cabeza descubriendo a Rachel que lucía con uno de sus mejores vestidos, que según para la morena, era él que mejor le ajustaba y era perfecto para dejar atónita a su cita. Un Valentino negro liso con un escote pronunciado en V y un abrigo rojo, eran los que la acompañaban esa noche fría de invierno, agregándole un natural y sencillo maquillaje con un peinado que sólo consistía en su larga melena color chocolate con rizos californianos que caían delicadamente hasta su espalda baja. Santana, al igual que Rachel, lucía asombrosa. Ella por qué sería la excepción. Un vestido Óscar de la Renta rojo carmesí con pequeños brillantes que dejaba ver sus hombros y un escote mucho más pronunciado que el de la morena, y sin quedarse atrás, una abertura en la pierna derecha que mostraba su torneada y bronceada pierna con el que hacía delicias para las personas que la veían pasar. Ambas extremadamente elegantes para el exquisito gusto de Alex.

—Se ven extremadamente hermosas, parecen unas princesas de cuentos—sonrió de lado poniéndose de pie, saludó a ambas con un beso en la mejilla, y siendo más atenta con Rachel, la ayudó a quitarse el abrigo— Por favor, no quiero hacerlas esperar más, siéntense— retiró educadamente la silla de la morena para que pudiera sentarse y luego la aproximó hasta la mesa— ¡Dios Rachel! No sabes cómo quiero quitarte ese vestido para hacerte tantas cosas escandalosas para media población mundial—le susurró al oído y avecinó su propia silla hasta la de ella— Y bien, ya que estamos aquí, hágase la luz—inició juguetona— Comienza Ellie, ya sabes que a mí me aburre los trámites burocráticos.

—Primero que nada, y dejando de lado que Alex no nos ha presentado, lo hago yo personalmente—le entrecerró los ojos mostrándole su molestia— Yo soy Jessica Stone y soy la representante de esa irrespetuosa y horrible chica—la ojiazul soltó una carcajada por el ingenio de su prima.

Ambas eran casi idénticas físicamente, a diferencia de sus ojos, que los de la representante eran verdes como los de Quinn, algo que no pasó desapercibido para Rachel, y mucho menos para Santana, que ya la analizaba con atención.

—Vamos Jess, no seas quejica y a lo que vamos. No vez que aburres a las chicas ¿No es así Santana?

Dirigió su atención a la latina que mantenía una sonrisa divertida por la forma de ser de la actriz.

—Nunca lobito, nunca podríamos aburrirnos si tú estás presente—negó con la cabeza. Sintió un pequeño golpe en su pierna lanzado por no otra más que por Rachel— De acuerdo, de acuerdo. Estamos aquí sólo por negocios y no para adular a la maravillosa de Alex.

Allí lo tienen, una vez más adulando a la famosa actriz. Para eso le pagaba Rachel ¿No?

—No me va mal un poco de halagos por chicas hermosas como ustedes—le guiñó el ojo y se juntó aún más a Rachel, si es que eso se le permitía— Y más si son por parte de esta hermosa pingüinita que ha estado callada todo este tiempo.

—Es porque no te callas y dejas hablar a las demás—refunfuñó fastidiada— Podrías explicarme por qué demonios tienes que pegarte tanto a mí—se giró teniendo a escasos centímetros el rostro de la chica.

—Es que no me gusta tener lejos a mi novia—sonrió engreída para luego dejarle un sutil beso en su mejilla— Si ya está todo dicho, empiecen, que yo guardaré silencio, porque aquí la enana, le molesta mis palabras—se alejó cruzando con elegancia una de sus piernas.

—Lo siento Alex, ya sabes que mi representada es un poco aburrida y sosa—se disculpó Santana mientras Jessica se reía por lo bajo y Rachel fruncía los labios indignada— Nosotras no tenemos mucho que decir, de hecho, es un halago que ustedes hayan aceptado este trato. Ustedes digan y nosotras obedecemos.

— ¿Tú qué opinas Jess? ¿Algo que tú quieras agregar al preparadísimo contrato que ya tenemos y que Santana leerá con calma en la comodidad de su casa?—inquirió fría— Yo sólo pido dos condiciones.

Jessica sabía lo que venía con esas preparadas palabras, así es que decidió quedarse en silencio.

— ¿Cuáles condiciones?

Rachel giró curiosa su rostro hacia el de la actriz que mantenía su mirada hacia el frente donde estaban sentadas Santana y Jessica.

—La primera, que no te metas o interfieras con mis conquistas, que obviamente ya no lo haré delante de medio mundo para no perjudicarte o dejarte en vergüenza, a partir de hoy, lo haré en mi mundo. Mi mansión—informó sonriendo— Y la segunda y más importante, que no te enamores de mí, Rachel Barbra Berry o lo pasarás muy mal.

Sentenció contemplando seriamente los dos orbes chocolates que estaban a escasos centímetros de su rostro. Tanta seriedad sorprendió a Rachel.

— ¿Qué desean ordenar? Podría recomendarles algo.

Intervino el capitán de meseros, ya saben, el poder de la fama de Alex, y de la cual, se aprovechaba para tener siempre a todos a sus pies. Vaya intromisión del atento caballero.

—No—Alex negó impasible— Lo mejor para esas hermosas mujeres, sírvanles un Bouillabaise ¿No eres alérgica a los mariscos o sí? —cuestionó a Santana, que negó a la pregunta, y a Jessica que se mantenía callada— Y para mi linda novia, un Strogonoff de hongos, y para finalizar, todas Vino tinto Chateau Castera médoc—agregó con un sensual y certero acento francés sin observar un sólo segundo al servicial hombre— Se puede ir—hizo una señal con su mano para que se retirara.

—Por favor Alex, agrega por favor. Ya lo sabes—la regañó su representante.

—Lo que sea—se encogió indiferente de hombros.

— ¿Cómo sabes que soy vegetariana? Nunca te lo he dicho, o no recuerdo que lo haya hecho.

Cuestionó curiosa Rachel por los manjares pedidos por parte de Alex y fascinada por los conocimientos de su dieta personal.

—Solo lo sé—indicó escueta—Si no tienen que agregar más cosas, me gustaría retirarme, tengo más cosas que hacer—pidió incómoda alejando su silla de la morena.

—Por mí te puedes retirar lobito.

Accedió Santana para no incomodar de más a la actriz. Porque no sólo Rachel se había percatado del cambio de humor de Alex, sino también Santana y mucho más Jessica que ya conocía las razones.

—Muy bien—se puso de pie tomando su abrigo— Jess, luego me informas qué es lo que sigue y cuándo—agregó apática— Que tengan una buena noche y buena cena, que yo pago.

Se despidió dejando a Rachel desconcertada y deseosa de conocer más sobre Alex Stone y sus cambios de humor.

— ¿Me permiten? —pidió educada Jessica y le siguió el paso a Alex. Sabía que si no intervenía podrían complicarse las cosas— ¿Qué te pasa Alex? Eres tú quien cita a las dos chicas y ahora me dejas con la responsabilidad.

—No me toques las narices Stone, sabes muy bien el porqué me largo—refutó seria encaminándose a su Lykan Hypersport.

—Pues tienes que tranquilizarte y no dejar que te afecte sus comentarios. Pensé que lo que pensaran de ti ya no te afectaba. Pensé que ya lo habías superado. Que ya habías dejado atrás lo que pasó hace años.

— ¿Qué no me afecten? Sabes que lo que menos quiero es sentirme cerca a alguien ¿Pero Rachel? Sabes que ella significa mucho para mí—inhaló y exhaló recargando sus manos en la puerta— No puedo sólo ignorarla y ya. Sabes todo lo que he hecho por ella durante estos años, sin el valor de siquiera acercarme a ella o dirigirle la palabra. Cuidándola a lo lejos de todo ¡Joder! Si hasta una psicópata parezco. Parezco su grupie.

—Claro que lo sé, si no no me hubieses obligado a que casi suplicara a los organizadores de los Emmy's que fuese ella la que te entregara el premio. Ella no sabe lo que has estado haciendo para ayudarla a regresar. —Acarició su espalda—Vamos cariño, creo que lo mejor es que regreses a casa y te tranquilices, yo lo soluciono.

—Gracias prima. Enserio gracias—sonrió sincera y se desabrochó su abrigo—Creo que lo mejor es que le llame a Mía y me haga compañía un rato—abrió la puerta y subió— Le diré que nos veamos en el piso de Manhattan.

— ¿Qué opina ella de todo esto? ¿Sabe que por fin estás hablando con Berry?

—Nada, no puede opinar nada. Sabe perfectamente que entre ella y yo no funcionó. Y acepta que seamos sólo amigas—giró la llave para encender el coche.

—De acuerdo, sólo espero que por tu bien, ella no lo tome a mal, o sabes a lo que puede llegar a ser capaz. De hecho, es muy peligroso que sigas manteniendo lo que sea que tengan.

—Ya no hay más. Ni lo habrá—aseguró— Bueno, me hablas y me dices que sucedió.

— ¡Claro! No te preocupes, pones en buenas manos a la irritante de tu chica judía—y la vio partir.

— ¿Viste cómo cambió de la nada Alex? Es cierto eso que las actrices de Hollywood están un poco chifladas. Pero no importa si están tan buenos como ella y su prima—musitó Santana con el bocado aun en la boca.

—Que asco Santana, come antes de hablar y deja de decir estupideces. Además pensé que te iban las rubias—hizo un gesto de repugnancia.

Aunque su amiga tenía razón, Alex estaba ocultando algo, y de eso estaba casi segura. Tendría que averiguarlo por ella misma. Esperando a que la chica no fuese una secuestradora o algo parecido o las cosas irían muy mal.

—Lo siento chicas, siento lo irrespetuosa y vanidosa que puede llegar a ser Alex, pero tiene razones para serlo. Ella no es mucho de convivir con las personas, no de manera más seria. Sé que parece que sí lo hace, pero no, ella no suele hablar mucho cuando de algo importante y serio se trata—se disculpó en nombre de su prima.

—Lo entendemos—repuso indiferente Rachel— ¿Qué es lo que escondes Alex Stone? —susurró para ella misma.