El cielo se había ennegrecido gracias al exceso de nuves grises que flotaban en el aire, indiferentes a la tragedia que en ese lugar acontecía.

Lloviznaba un poco, haciendo que el frío del ambiente se tornara un poco más gélido y una gran procesión de pequeños trolls, todos vestidos de negro, se abría paso hacia el panteón central de pueblo berteno.

Grandulón, Copper, DJ, Satín, Seda, Diamantino, Ramón y Poppy iban al frente, cargando el ataúd de madera para enterrar al muerto. Resultaba irónico, pero Arroyin, a pesar de haberle dado la espalda a su gente, sería el primer troll en ser enterrado en un cementerio berteno, en otras palabras, un traidor se convertiría en un símbolo de unidad entre dos pueblos enemigos. Quizás era por eso que casi nadie lloraba, tan sólo sus antiguos amigos y la nueva reina. Se lamentaban por él porque argumentaban que a pesar de todo, no había sido alguien tan malo, a pesar de todo alguna vez llegaron a estimarlo y eso dolía.

Ojalá ése hubiera sido el escenario de la situación, pensó Ramón tan pronto se levantó de la cama. El troll estiró sus brazos hacia arriba, bostezó y se talló los ojos, el sueño de la muerte de su peor enemigo había sido tan reconfortante para él. Lástima que lo que realmente ocurrió no hubiese sido así...

-Muy bien, está muerto, vamos niños- había dicho él al tiempo que se giraba para abandonar al troll, pero Poppy claramente no le había creído y en ese momento, recargaba su cabeza contra el pecho de Arroyin con la esperanza de encontrar algún signo vital.

-Ramón, no está muerto, ven y ayúdame a llevarlo con los otros, aún respira- respondió la reina observándolo con el ceño fruncido, la actitud de me-importa-un-comino-ese-sujeto de Ramón era algo que no le agradaba en absoluto.

-¡¿Que?!, ¿estás diciendo que después de todo lo que nos ha hecho, vas a dejar que viva?- exclamó Ramón indignado.

-Eh?, ¿si?- obvió la reina- puede que nos haya traicionado a todos, pero de todas formas no soy lo suficientemente cruel como para abandonarlo en este lugar- explicó cargandose al herido en el hombro-¿me quieres ayudar?

Ramón la obsrvó ceñudo y luego suspiró exasperado- Está bien, pero déjame decirte de antemano que no confié, ni confío, ni confiaré nunca en este sujeto- repuso hechándose al hombro a la otra mitad del troll.

Y gracias a eso, ahora Arroyin se encontraba cómodamente instalado en la enfermería del lugar en aquel momento, mientras Ramón se retorcía de coraje dentro de su casa.

-¿Qué más dá?, después de todo, no puedo esperar que todo el mundo le dé la bienvenida con los brazos abiertos- resongó Ramón al tiempo que salía de su casa para ir a hablar con Poppy directamente.

Le tomó algo de tiempo llegar a la enfermería del árbol, aunque ésta se encontrara a escasos metros de distancia de su casa, pues no podía evitar sacar a flote todos los posibles riesgos que el llevar a Arroyin junto con la comunidad podía acarrear. Ese sujeto no le inspiraba confianza alguna en absoluto y sabía de sobra que Poppy a veces podía a llegar a ser demasiado ingenua, por lo que no estaba precisamente calmado en ese momento.

-¡Ramón, estás aquí!- Poppy corrió a recivirlo tan pronto lo divisó en el umbral de la puerta y lo tacleó con un abrazo.

-Hola Poppy- la saludó el aludido intentando mantener el equilibrio para no caerse -¿cómo está el muerto?- repuso una vez el abrazo hubo terminado.

-Consciente- respondió la otra, sabiendo de antemano lo feliz que estaría Ramón con esa respuesta.

-Que desgracia- refunfuñó el aludido poniendo los ojos en blanco.

-Oh, vamos Ramón, el pobrecillo debe de haber sufrido mucho estando allá afuera solo en el bosque.

-Ah, ah, aah, estaba con la chef lunática, ¿lo olvidas? no estaba solo, espero que no estés reconsiderando perdonarlo por traicionarnos a todos, sólo porque está medio muerto tumbado en esa cama.

-Claro que no, lo sujetamos con cuerdas a la cama para evitar que intentara escapar y traicionarnos de nuevo- respondió Poppy restándole importancia al asunto. Y dicho ésto, fueron junto al lecho del enfermo.

Efectivamente, Arroyin estaba atado de manos y pies a la cama, aunque a él no parecía importarle mucho ese pequeño detalle, pues observaba a sus visitantes con serenidad e incluso con una ligera sonrisa en el rostro.

-Vaya, parece que alguien finalmente abrió los ojos- Poppy observó a Arroyin inexpresiva, aunque tuvo cuidado de no sonar demasiado hiriente con esa frase.

-Realmente habría preferido que nunca los hubiese abierto- ironizó Ramón llevando su vista hacia la ventana de la enorme flor de manzanilla que era la enfermería.

-Veo que me han extrañado chicos- respondió Arroyin con una voz un tanto débil.

Poppy y Ramón le dirigieron una miradita al instante, que claramente decía "de verdad piensas eso grandísimo traídor", no obstante, Poppy fué la primera en apartar su actitud apática para preguntar acerca de su salud.

-¿Cómo te encuentras?- dijo sin poder evitar que parte de su preocupación se colara entre sus palabras.

-Bueno, después de haber huído de esa loca y haber enfrentado a las plantas carnívoras, a bichos ponzoñosos enormes y a un chiflado en forma de nube con un par de calcetines que me hizo andar en círculos por días a través del bosque, creo que estoy bastante bien, sí- dijo Arroyin sin apartar esa sonrisita tonta del rostro, la cual comenzaba a templar la paciencia de Ramón.

-¿Te duele algo?-continuó la troll

-Cada centímetro del cuerpo, pero creo que soy capaz de levantarme linda.

Poppy lo observó ceñuda ante el tipo de calificativo que había utilizado con ella, pero aún así prosiguió.

-Así que, ¿no te hace falta nada?, las enfermeras pueden venir siempre que te duela algo- Poppy se colocó justo a un lado de su cama para arreglarle las almohadas que llevaba debajo de la cabeza.

Entonces sucedió, Arroyin la tomó de la mano y tras guiñarle un ojo dijo- Un vaso de agua por favor, tengo rasposa la garganta.

Ramón recorrió al troll con una profunda mirada de odio de arriba para abajo apretando los puños y no pudiendo contenerse por más tiempo, tomó a Poppy del brazo gentilmente para apartarla de ese sinvergüenza y luego masculló sonriendo como un auténtico psicópata-creo que ya se encuentra mucho mejor Poppy, probablemente ya deberíamos sacarlo de aquí de una buena vez.

Arroyin abrió los ojos como platos ante las palabras de Ramón y por primera vez en todo el rato que llevaban ahí, comenzó a actuar como lo haría una persona que está atada a una cama en una situación desfavorable...

-¡No!,¡no!, ¡no!, oh, por favor, TODO MENOS ESO, ¡no saben lo traumático que es convivir con esa mujer!, o con el tipo de la nube, vague por días, DÍAS en el bosque allá afuera y completamente solo, hare cualquier cosa, ¡lo que sea!, pero no me lleven de vuelta a ese lugar- lloriqueó al borde del pánico.

Ramón lo observó inexpresvo, no confiaba para nada en él, bien podría estar fingiendo y él lo sabía, no obstante, había que reconocer que el comportamiento de Arroyin no era el usual, solía ser siempre el tipo engreído e inteligente que se pavoneaba por ahí manipulando a las personas, nunca solía perder la calma... o al menos no hasta ahora.

-Ohhh, pobrecillo, está bien Arroyin, puedes quedarte- cedió Poppy conmovida por las palabras del troll.

-¿Qué?- estalló Ramón- ¿vas a perdonarlo sólo porque se puso a llorar en frente de nosotros?, ¿no temes ni un poquito en que el sujeto quiera llevarnos a todos a una muerte segura como la última vez?

-Sip, voy a perdonarlo por ahora, peeero no creas que no he pensado en eso- Poppy le dirigió a Ramón una mirada significativa.

-¿Qué haras entonces, hacer que le pida perdón a todo el mundo con un pastel que diga "lo lamento" encima o algo así?, te recuerdo que merece un castigo mucho peor- la sermoneó Ramón

-Sip, lo sé, y por eso ahora Arroyin será sentenciado a ayudar al hermano de Gilda en todo lo que necesite para los preparativos de la fiesta-Poppy sonrió orgullosa de su decisión.

-¿Es en serio?- dijo Ramón sarcástico y con cara de pocos amigos- ¿vas a dejar que se enrolle con otro berteno para que después venga a metrenos a todos dentro de una olla?

-Sí, pero no te preocupes.

-¡¿cómo que no me preocupe?!, ¡vas a dejar que ande vagando por ahí solo y sin ninguna restricción!

-Claro que no, porque tú señor, vas a ir con él.

-¿Qué?- respondió Ramón sin comprender absolutamente nada- es broma ¿verdad?

-Nooo, ya que estás tan interesado en que Arroyin no intente matar a nadie y que además sueles desconfiar de todo el mundo, en especial de él, me parece que eres perfecto para el trabajo.

-Poppy una cosa es cuidar de ocho mocosos por un par de horas, pero otra muy distinta es pasar un día entero con este sinvergüenza. No confío en él, no me agrada y por ende no tengo la menor intención de tener que convivir con él por tanto tiempo- Ramón la observó ceñudo y sin ninguna intención de ceder ante esa petición.

No obstante, Poppy se salió con la suya como siempre y tras rogarle por algunas horas; prometerle que no volvería a someterlo a eso de nuevo a menos que fuera absolutamente necesario y finalmente observarlo con cara de perrito unas cinco veces, el troll terminó por darse por vencido.

Una vez caída la tarde, Ramón y Arroyin se encontraron con Grejin y su caballo, Brido, en la granja del señor Evelio y su nieto Garrim.

-Muy bien, ésta es la última carga- dijo el viejo de Evelio al tiempo que colocaba la última caja de flores sobre la carreta.

-Gracias señor, ha sido de gran ayuda- respondió Ramón, que justamente estaba parado encima del carrito de carga de Grejin; con una media sonrisa, ¿quién diría que ese berteno terminaría por resultar tan agradable?, bueno, era un experto en flores y todas esas cosas y a Ramón siempre se le había dado bien eso de cultivar plantas, a final de cuentas...tenían algo en común.

-No hay de qué, es un gusto poder ayudar a los amigos de la pequeña reina- sonrió Evelio- ¿cómo se encuentra por cierto?, ¿ha tenido muchos problemas con la hija del banquero?, la gente dice que a veces puede ser muy difícil.

-No tiene de qué preocuparse, se han hecho amigas- respondió Ramón poniendo los ojos en blanco, ¿cómo era que cada vez que salía del árbol hacía un amigo nuevo?, probablemente si algún día Poppy llevaba a un monstruo enorme de cinco ojos a su casa, alegando que era un conocido suyo, él no se sorprendería demasiado.

El anciano se rascó la cabeza incrédulo ante la declaración del pequeño troll- Vaya, quién lo hubiera dicho, bueno, después de todo, es una niña muy agradable.

-Es como una bella rosa en medio de un campo de margaritas- soltó Arroyin, quien estaba sentado junto a Ramón, jugueteando con los pies en el aire, con su típico tono poético.

-Muy cierto muchacho- concordó Evelio- los jóvenes de hoy en día son tan agradables.

Ramón se limitó a observar a Arroyin con los ojos entrecerrados. Ese sujeto en verdad no le agradaba, y ¿por qué se estaba divirtiendo?, ¿que no se suponía que ese era un castigo por traición a su gente?

-Nos vamos entonces señor, muchas gracias por su tiempo- djo Grejin educadamente, pero el viejo granjero se voltéo a verlo con cara de pocos amigos.

-No tiene por qué agradecerme joven y por favor, mantenga a su caballo léjos de mis flores de ahora en adelante- respondió Evelio malhumorado.

-Como usted diga Evelio- suspiró el hermano de la novia pesadumbrado antes de subirse a la parte delantera de la carreta para tirar del caballo.

Y así, en menos de treinta minutos, los tres chicos llegaron a la iglesia del pueblo; en donde Poppy y las chicas se esforzaban por terminar antes de que se hiciera de noche. Habían avanzado bastante para ser sinceros, pero aún les faltaba casi la mitad del edificio por decorar.

-Aquí están las flores chicas- anunció Grejin bajando de la carreta tan pronto las hubieron localizado.

-¡Genial!- celebró Poppy al tiempo que utilizaba su cabellera para subir a la carreta y así poder inspeccionar la mercancía- gran trabajo chicos- continuó guiñándole un ojo a Ramón.

-No lo menciones- respondió el aludido poniendo los ojos en blanco.

-¡Vaya, éstas son incluso más bonitas que las anteriores!- exclamó Bridget asombrada al ver las flores.

-¿Le-le gustan?- tartamudeó Grejin al verla llegar.

-Eh?, si por supuesto, son lindas ¿no Poppy?- Bridget se dirigió a su amiga, preocupada por haber dicho algo que no debía.

-¡Claro, las decoraciones quedarán fantásticas con ellas, estoy segura!- sonrió Poppy con gran optimismo.

-En...en ese caso...to..tome, la recogí para usted- continuó Grejin sacando un alcatraz de la solapa de su abrigo.

-Oh, eso es lindo... creo... gracias Grejin- Bridget aceptó la flor agradecida.

Pero justo en ese momento, el rey Grisel y Gilda entraron en escena y claro está que al rey no le agradó mucho que digamos que aquel berteno de cabello azul estuviera coqueteando con SU chica.

-¿Qué sucede aquí?- preguntó Grisel con el ceño fruncido y en actitud autoritaria.

-¡Rey Grisel!, qué bueno que ha venido, queríamos enseñarle las decoraciones cuanto antes- dijo Poppy al verlo llegar y claramente ajena a toda la "situación" que se estaba llevando a cabo en ese momento.

-¿A mi?- Grisel se dirigió a la reina un tanto confundido, al tiempo que olvidaba por completo la razón de su enojo.

-¡Por supuesto!, ¡siempre es importante una segunda opinión!- alegó la troll.

-Bueno, es cierto que tengo un sentido de la belleza bastante desarrollado- se jactó el rey con cierto orgullo.

Bridget suspiró ante las palabras de su novio- esa es una de las cosas que más me gustan de tí.

Grisel pasó una mano por el hombro de la bertena con una de esas sonrisas bobas que suele tener la gente en la cara cuando está enamorada y acto seguido; fué a recorrer el salón en compañía de Poppy, Gilda y Bridget, dejando al resto del grupo atrás.

Las cosas no se complicaron mucho durante ese lapso de tiempo, si acaso Ramón continuó traspasando con la mirada a Arroyin en un par de ocasiones, pero de ahí en fuera, todo lo que hizo ese par fué remontarse a seguir las órdenes de las chicas, que por alguna extraña razón eran demasiado quisquillosas a lo que adornar un lugar podía referirse.

Los hombres no le veían ninguna ciencia a colocar un par de flores encima de un reclinatorio para que se viera bonito, pero al parecer DJ, Satín y Seda no pensaban lo mismo, o bien, tenían una especie de sexto sentido o algo así, porque colocar una rosa roja en medio de un montón de claveles blancos podía ser un desastre, pero agregar un par de helechos verdes sin mucho chiste podía resultar una combinación perfecta... Ramón a veces llegaba a pensar que las mujeres eran demasiado complicadas. No obstante, eso no era nada comparado a tener que soportar ver a Poppy y a Arroyin conviviendo juntos de nuevo

¡TENER A ARROYIN Y A POPPY JUNTOS EN UN MISMO LUGAR REALMENTE PODÍA LLEGAR A SER ALGO TOTALMENTE HORRENDO!

Y es que una vez que Gilda, Poppy, el rey y Bridget regresaron, las cosas comenzaron a tornarse bastante incómodas.

-Déjame ayudarte Poppy- dijo Arroyín por quincuajécima vez al tiempo que le quitaba la gardenia que llevaba en la mano con otra de sus elegantes sonrisas para luego ponerla sobre uno de los enormes jarrones del altar.

-Eh, gracias Arroyin, pero ¿no deberías estar ayudando a Grejin con las que faltan en el techo?- arguyó la reina, sabiendo que le había encomendado ayudar al hermano de la novia y no a ella en ese tipo de cosas.

-Creo que se divierte bastante con la señorita Bridget, en verdad no quisiera interrumpirlos- opinó el aludido, llevando su mirada hacia la escalera desde la cual, Grejin colocaba las guirnaldas de rosas en el techo.

-¿Podría darme otro tramo de listón para colgarlas señorita?- preguntó el berteno un tanto sonrosado, ya estando a media escalera.

-Claro, ¿cuánto necesita?- respondió la otra tomando el rollo de listón de color blanco y un par de tijeras.

-Humm, creo que con cinco metros es más que suficiente.

Bridget contó la cantidad de listón que se requería con detenimiento y luego se la tendió al bereteno con cordialidad.

-Mu...muchas gracias...- tartamudeó Grejin al notar que sus dedos se habían tocado accidentalmente.

-Eh?, ¿no hay de qué?- Bridget lo miró extrañada, ese chico realmente se comportaba extraño con ella... no obstante, no tuvo mucho tiempo de indagar en ello, pues Grejin, estando tan distraído como estaba, se había caído de la escalera al menor descuido.

-¡Oh cielos!, ¿estás bien?- preguntó Bridget al tiempo que se colocaba de rodillas para inspeccionarlo.

-Eh?...ah...ah...y-yo...- balbuceó el otro. Al parecer la bertena estaba demasiado cerca de él cómo para que pudiera pensar en decir una palabra racional.

Grisel y Ramón, mientras tanto, observaban ambas escenas malhumorados, en tanto ayudaban a DJ, a Satín y a Seda a decorar las bancas de la iglesia.

-Ese sujeto- gruñó Grisel entrecerrando los ojos.

-¿Qué sucede?- preguntó Ramón

-Nada- Grisel se volvió para seguir colocando flores aleatoriamente, pero tras un par de minutos de silencio, no pudo contenerse más y soltó -¿por qué las mujeres no pueden decorar algo tan simple por su cuenta?

-Ja!, no es sólo un problema con las mujeres, también están los buenos para nada que se empeñan en aprovecharse de la situación- respondió Ramón sin apartar los ojos de Arroyin, que seguía siendo demasiado amable con la reina y no dejaba de quitarle las flores de las manos con esa sonrisa tonta.

-No puedo estar más de acuerdo- refunfuñó Grisel- deberíamos hacer algo al respecto- continuó soltando las flores que tenía en la mano con furia, como si ellas fuesen las culpables de todo.

-Vamos, terminemos con ésto de una vez- sentenció Ramón.

Y así, en menos de lo que un rayo tarda en iluminar el cielo en una noche de tormenta, Grisel y Ramón acabaron de decorar las bancas de la iglesia, con la ayuda de las chicas claro; aunque las pobres apenas y tuvieron tiempo de parpadear para ser honestos. Una vez completaron su cometido, se dirigieron donde Poppy, Arroyin, Bridget y Grejin para "hecharles una mano"

-creo que éste es el último Arroyin, ¿puedes darme uno de los jazmines que están en esa caja?- dijo Poppy señalando una pila de cajas de cartón a un lado de la columna en la que estaba trabajando.

Arroyin acató las órdenes sin tardanza y por supuesto no perdíó la ocasión de estrechar sus manos entre las de la reina al tiempo que le entregaba la flor.

-Déjame ayudarte Arroyin- Ramón se teletransportó de la nada para arrebatarle el jazmín de las manos a Arroyin y colocarlo en su lugar.

-Eh...- Arroyin no tuvo tiempo de articular palabra alguna.

-¡Gracias Ramón, esa sí que es rapidez!- lo felicitó Poppy al tiempo que bajaba de su lugar de trabajo.

-Muy bien a todo el mundo, aún nos falta terminar con el arco de la entrada, Grejin, lleva a Brido y a tu carreta a un lado de la puerta de entrada para que podamos trabajar más facilmente- anunció Poppy al tiempo que comenzaba a caminar en aquella dirección.

Un par de minutos más tarde, todo el grupo se aglomeraba en la entrada del lugar para comenzar a trabajar.

-De acuerdo, Arroyin, ¿puedes darme un par de lobularias para ésta sección?- comenzó Poppy

-Por supuesto Poppy, aquí...

-¡Toma!- lo cortó Ramón extendiendo dos ramos de lobularias hacia la reina.

-¡Gracias!- sonrió la reina- oh, y si alguien pudiera darme un par de margaritas.

-¡Yo te las traigo!- Ramón y Arroyin respondieron al unísono al tiempo que corrían en dirección a la carreta. Desafortunadamente, Arroyin fué el primero en llegar.

-Aquí están Poppy- sonrió el troll. No obstante, Ramón volvió a arrebatárselas de las manos- permíteme ayudarte Arroyin- dijo sonriendole al troll malévolamente para después tenderle las flores a su amiga.

-Eh... gracias- sonrió Poppy no sabiendo cómo reaccionar ante la actitud de su amigo, pero finalmente optó por sonreír- okay, ahora, si me pueden dar uno de esos helechos enromes...

-¡Yo voy!- Ramon y Arroyín volvieron a corear.

Las cosas con Grisel, por otro lado, no se desarrollaban de manera muy distinta que digamos.

-¿Qué opinan, deberíamos poner las rosas del lado izquierdo, o del lado derecho?- dijo Bridget, no muy segura de por dónde decidirse.

-Yo...yo digo que se verían bien del lado izquierdo- opinó Grejin.

-Pues a mí NO me gustan de ese lado, ponlas a la derecha- lo contradijo el rey cruzándose de brazos.

-Ehm... entonces a la derecha- Bridget se estiró para colocar el ramo de ese lado- y...¿los helechos?

-Arriba- dijo Grejin.

-Eso es de muy mal gusto, ponlos abajo- sentenció Grisel.

-Muy bien- Bridget se giró para ponerlos donde el rey decía y luego alzó la vista para observar su trabajo- Humm, de verdad creo que aún hacen falta rosas del otro lado, pero... ya no hay- continuó revisando en las cajas que tenía a un lado sin encontrar nada.

-En un momento te las traigo- se ofreció Grisel, trayendo un par de minutos más tarde dos enormes fajos de helechos verdes en cada brazo.

-¡Cielos, eres taaan fuerte Grisel- suspiró la bertena.

-Ja! por supuesto que sí bebé- se jactó el rey observando a Grejin de reojo.

Cabe resaltar que, poco a poco, el ambiente comenzó a tornarse un poco tenso pero a final de cuentas, algo bueno salió de todo eso. Tanta servicialidad acabó por acortar el tiempo de trabajo a la mitad y todos pudieron irse a casa mucho más temprano de lo esperado.

Incluso Grisel logró sacar provecho de la situación, pues finalmente pudo deshacerse...ahem...es decir... convencer al bueno de Grejin para que llevara a los trolls de vuelta a su casa en su carreta.

-Vaya, casi no tuvimos que mover un dedo- dijo Satín una vez todo hubo terminado.

-Deberíamos hacer que esos dos se pongan celosos más seguido- secundó Seda con una gran sonrisa en el rostro.

-Sí, hay que aceptar que es algo bastante funcional- terció DJ.

-Eh?, ¿quién está celoso?- preguntó Poppy extrañada.

No resultó extraño que su tercio de amigas comenzara a reírse a carcajadas en ese mismo momento...bueno, tal vez para Poppy sí que lo fué.

-¿Es...hahaha...estás diciendo que no te diste cuenta?- articuló Satín entre carcajadas.

-Ammm ¿no?, ¿porqué creen que se los estoy preguntando?

-¿Pues quienes más pueden ser?, el rey Grisel y Ramón obviamente- respondió finalmente Seda- deberías haber visto las caras que tenían, no soportaban ver que Grejin y Arroyin eclipsaran toda su atención.

-Eh?!, ¡¿así que era eso?!- exclamó Poppy increíblemente asombrada, pero el resto de las chicas se limitaron a caer muertas de risa nuevamente.

-Cielos- murmuró Poppy pensativa entre tanta risotada- escuchen chicas, pueden vigilar a Arroyin por mí, yo... tengo algo que hacer.

-Claro Poppy, cuenta con nosotros- dijo DJ guiñándole un ojo- ¡oye Arroyin, Seda dice que quiere hablar contigo!

Arroyin se levanto del lugar que ocupaba junto a Ramón en la carreta y fué a sentarse junto a las chicas un tanto confuso por la extraña petición.

-¿De qué se trata?- preguntó.

-Ammm pues, yo quería preguntarte acerca de...ehm...- comenzó Seda nerviosa sin poder pensar en nada bueno- ah sí, ¿cómo fué que lograste llegar hasta el árbol?, el bosque es un lugar muy peligroso ¿sabes?

-Oh sí, fué algo muy difícil, pero gracias a que mis chacras permanecieron alineados con mi planeta astral, pude sobrellevar el peligro- comenzó a explicar el arrogante de Arroyin como si todo el asunto se tratase de una revelación divina

Poppy aprovechó entonces la ocasión para escapar, no sin antes sonreirle a sus amigas agradecida.

Ramón como era usual estaba sentado solo en la esquina más recóndita del vehículo. Tenía una mano apoyada en su mejilla y observaba el paisaje del camino con aire aburrido y meditabundo.

-¿Ramón?- Poppy se acercó un tanto cautelosa, de alguna forma, comenzaba a comprender que con él, las cosas debían avanzar poco a poco en situaciones delicadas.

Ramón alzó la vista en su dirección, algo sorprendido de encontrarla ahí sin más.

-¿Puedo sentarme?- prosiguió la reina.

El troll se hizo a un lado inmediatamente- claro- respondió sin mucha ceremonia.

-Yo ahem...quería preguntarte ¿qué sucedió allá? no parecías ser el mismo de siempre.

-¿Yo?-Ramón la miró de reojo enfrurruñado- no me sucedió nada, simplemente estaba cuidando del traidor sinvergüenza como me lo pediste.

Poppy no pudo evitar dejar escapar una risita discreta ante la actitud de su amigo- ¿Ah sí?, Seda dice que estabas celoso- sentenció.

-¡¿Qué?!, ¡¿celoso yo?!, ¿de un cretino como él?, si claro cómo no.

-Entonces sí lo estás- sonrió Poppy.

-¿Es que acaso no entiendes cuándo estoy siendo sarcástico?- Ramón la observó malhumorado.

-Ajá- Poppy rodó los ojos divertida, pero después suspiró para comenzar a tomar seriedad en el asunto- escucha Ramón, no voy a negar que me gusta que Arroyin haya regresado finalmente; pero no por eso voy a dejarte a ti a un lado, eres mi mejor amigo ¿lo sabías?

-Se, pero Arroyin era tu mejor amigo antes ¿lo recuerdas?- respondió el otro sin poder evitar que parte de su rencor se colara entre sus palabras.

-¿Y?, Arroyin puede llegar a ser muy agradable y es lindo estar con él y todo eso; pero eso no quita el hecho de que nos haya traicionado.

-Pues tal parecía que a tí no te importaba mucho ese detalle, no dejabas de sonreírle y de tomarlo de las manos una y otra vez; ¿por qué ahora vienes a decirme que soy yo tu mejor amigo?, después de todo, estar con él es más agradable que estar conmigo. No tienes que pelearte ni que insistirle nada para que te haga caso.

-Y es justamente por eso que tu amistad es más valiosa.

Ramón abrió los ojos como platos ante esta declaración y se giró inmediatamente para encarar a Poppy, ¿es que acaso no comprendía nada de lo que estaba intentando explicarle?

Poppy le sonrió comprensiva, Ramón podía ser el más perspicaz de todos los trolls del árbol, pero a veces realmente se comportaba como un tonto, un tonto muy lindo en realidad- Tú no mientes- se explicó- desde que te conocí has dicho las cosas a todo el mundo tal y como van, no pretendes agradar a nadie y es por eso que sé que puedo confiar en tí. Te molesta hacer favores y siempre tengo que estarte persiguiendo para que me hagas caso, pero al final terminas ayudando a todo el mundo y no te gusta que te lo agradezcan. Arroyin, en cambio, es amable y siempre tiene algo lindo qué decir pero prefiere recivir las gracias antes de tener que hacer algo por los demás.

-¿Y por qué dices que te gusta estar con él?- continuó Ramón receloso, aunque un poco menos enfadado.

-Porque es mi amigo y aunque es un sucio traidor- respondió Poppy entrecerrando los ojos en dirección a Arroyin- merece una segunda oportunidad.

Ramón suspiró- eres demasiado ingenua algunas veces ¿sabes?

-¿Gracias?- Poppy lo miró un tanto indignada, pero Ramón se soltó a carcajadas y antes de que la troll pudiera darse cuenta, tiró de ella para abrazarla.

-Está bien, esa es una de las virtudes que menos me molestan de usted "su real majestad"- se rió Ramón.

Poppy no pudo hacer otra cosa más que sonreír. No se lo había dicho a Ramón pero aún dudaba de haber tomado la decisión correcta, sin embargo, en ese momento sabía que podría contar siempre con su apoyo y eso la reconfortaba.

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Bueno, finalmente les dejo aquí el siguiente capítulo. Había pensado hacerlos reír con Ramón un rato al final de esta parte, pero ya llevo cuatro mil palabras y no quiero hacer un capítulo tan largo, sin embargo, no se preocupen, pienso hacerlos reír en el siguiente (o al menos esa es mi intención hehe ^^) espero que lo hayan disfrutado, nos vemos muy pronto, ¡bye!