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"Aléjate de mí"
Capítulo IV
-Apassionata-
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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Naoko Takeuchi, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.
Dedicada a LESVAL y Rouge Passion, por sus ánimos a subir esta historia.
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Las clases de "composición musical" dieron oficial inicio la noche siguiente. Yaten llegó muy puntual. 8:00 pm.
Hacia un poco de brisa fresca, atemperando el calor que en la tarde llegara a varios grados arriba en el termómetro. Toda la tarde se le fue en hacer los "encargos" de su nueva mentora: cinco fragmentos ideados. Los mismos que se le dificultó crear.
"¿Se atrevió a dejarme tarea?", repetíase todavía, a pesar de ya haberla hecho. No le acababa de cuajar la realidad.
Hojeó la carpeta que llevaba en las manos y miró las frases que hilara en el transcurso de todo el día por instrucciones de Rei. Aspiró hondo y miró su reloj. 8:20 pm.
"¿A qué hora piensa llegar?", preguntóse el platinado ya comenzando a impacientarse.
8.30 pm. Ni rastro de la sacerdotisa.
Por instinto, Yaten sacó su celular con al intención de joderla telefónicamente. Pero un gran inconveniente surgió. No tenía su número.
—Eres un estúpido, Yaten. –murmuró entre dientes, devolviendo el teléfono a su sitio, en el fondo de su bolsillo.
A lo lejos, el sonido de un rítmico taconeo llegó a sus oídos. Seguramente era ella. El platinado de inmediato pensó en hacerle notar su impaciencia y enfado, por lo que con la expresión más resentida y molesta en la cara, la esperó a que llegase al páramo.
La divisó cuando ella dobló la esquina, caminando junto a los arbustos. Venía con un libro entre las manos. Sus pasos la guiaban por inercia, costumbre del camino conocido. La joven parecía tan absorta que ni se ocupó en ver a su alrededor, al grado de pasar casi de largo e ignorar la presencia del platinado, si no es que éste le habla:
—¿Siempre eres así de impuntual?
La grave voz del muchacho logró captar la atención de Rei, quien abandonando las letras negras de su libro, le miró. Parpadeó muchas veces al notar que él se mantuvo en silencio como esperando una respuesta.
—¿Hola? –dijo ella, dudosa de que eso fuera lo que él quería escuchar.
Yaten rodó los ojos, odiaba repetir las cosas, así que dejó de lado el cuestionamiento no escuchado sobre su falta de puntualidad. Pero no pudo evitar sacar a relucir su sarcasmo.
—¿No que después de las siete?
—Son las 8:30, eso es después de las siete.
—¿Es decir que si se te pega la gana me tendrías esperando hasta las dos de la madrugada porque es después de las siete?
Rei meditó un poco sobre la pregunta.
—Po…
—No me contestes que podría –se adelantó él, previendo su posible respuesta. Rei se calló-. Si sabes que hay una persona esperando en medio de la noche frente a tu casa, ¿No deberías por lo menos ser un poco más considerada?
A Rei se le escapó la risa. ¿Yaten hablando de consideración? ¡Ja! ¡Qué divertido!
—¿Y todavía te ríes? ¿Se te hace divertido? A mi no, que llevo más de media hora esperándote, Hino.
—Siento tu larguísima espera –ironizó la pelinegra-, pero tenía unos pendientes muy importantes qué hacer antes de venir. ¿Comenzamos ya?
Qué don tenía esa mujer para enervarlo con tanta facilidad, no sabía con qué era peor lidiar, si con la excesiva condescendencia o con la declarada indiferencia. Irónico, pero cierto. Yaten optó por no ahondar más en el asunto, lo que él quería era salir de allí con resquicios de alguna canción.
—Traje lo que pediste. –informó el peliplata.
—¿Qué? –inquirió Rei, fingiendo no saber de qué hablaba. Le divertía el hecho de hacerle enfadar.
—Los fragmentos.
Debía estar de broma para olvidarlo. Su paciencia comenzaba a rozar los límites. Hino lo leyó en su rostro y paró.
—Vamos, comenzaremos de inmediato.
Siguieron el mismo camino de la noche anterior, hacia el exterior de la habitación de la chica. El mismo ritual se repitió: ella abandonando su abrigo, sus libros y zapatos, ella colocando la manta sobre la duela y rodeándola de almohadones, ella colocando los materiales básicos en el centro. Y allí también estaba el estúpido platón de dulces y aperitivos.
Rei extendió la mano hacia él, esperando algo. Entendió Yaten que le estaba solicitando su "tarea". Él entregó la libreta. Rei la hojeó y leyó con detenimiento.
—Totalmente dispares –sentenció Rei al terminar de leerlas-. En una hablas del tiempo, en otra de la vida, en otra del amor, y en una última del desamor. Y no es que esté mal, pero con esto no podemos trabajar una sola canción, serían cinco distintas. Se supone que debieran asociarse entre si encontrándole una armonía, pero éstas que tú has escrito carecen de ella.
Yaten escuchó de no muy buena gana, eso de que le hicieran notar sus errores no era precisamente su fuerte.
"¿Y qué sugieres, genia?", quiso decir en voz alta, pero se lo guardó.
—¿Cargaste tu reproductor como te pedí? –preguntó ella.
Yaten hurgó dentro del bolsillo de su saco y extrajo el pequeño aparato, se lo entregó a Rei, quien interpretó el acto como un sí.
—Bien, entonces haremos un ejercicio, juntos –explicó la pelinegra, tomando su reproductor del centro de la duela. Lo encendió -. Pon tu reproductor en cualquier pista al azar, y yo haré lo mismo. Los intercambiaremos y poniendo mucha atención a la música, escribiremos los fragmentos que se nos ocurran en el trayecto. ¿Te parece?
"¿Tengo otra opción?" Yaten la miró en silencio y no contestó, sólo tomó el aparato que ella le extendió, y notó cómo la chica tomaba el suyo y se colocaba los auriculares. Él hizo lo mismo. En el de él sonó "My Destiny" de DBSK. "Nothing else matters" de Metallica en el de ella.
Ambos tomaron una hoja de papel y un lapicero. Durante varios minutos estuvieron sumergidos en su burbuja melódica, garabateando de vez en vez una que otra línea. Cada uno lo tomó de distinta forma. Rei se abandonaba a los sonidos cerrando los ojos, sintiendo la música, dejándose llevar por las sensaciones que la pieza le producía. Yaten por su parte, se concentraba en atender la letra de la canción, la modulación de las voces.
El ojiverde terminó primero y se mantuvo en la observación de su compañera. Se hallaba ida. Nunca Yaten vio algo semejante en alguien, el hacer algo con tanta entrega y pasión, aunque sólo fuera escribir unas líneas.
Rei abrió los ojos, Yaten los apartó de ella.
—¿Listo? Pásame tu parte.
La leyó.
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"Sintiéndote lejos, tan distante. Pensándote ahora y lamentando tu adiós.
Los lamentos no bastan para curar la herida de mi corazón"
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—¿Sólo una sola pudiste hacer? –preguntó Rei, enarcando una de sus delgadas cejas.
—¿Qué crees que soy una maquina de ideas o qué? ¿Crees que si pudiera hacer más de una estaría aquí? –contestó el chico un tanto irritado por no cumplir con las expectativas deseadas por ella.
—Es que se me hace extraño que una pieza como esta sólo te haya inspirado una frase.
—¿En serio? ¿Por qué no vemos lo que has hecho tú? ¿Debes haber casi haber escrito media canción, no? –retó Yaten, arrebatándole la hoja en la que ella escribiera, de las manos.
Rei rodó los ojos y le dejó hacer. De un momento a otro su acción le trajo a colación las mismas discusiones que de niña tenia con sus compañeritos de juegos. Suspiró mientras el platinado leyó:
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"En las tinieblas del mundo, yo te protegeré.
¿Quien dice? ¿Quienes son? Sólo cerremos lo ojos.
Sumergiéndonos en fantasías doradas, solo nos veremos el uno al otro.
Nuestras manos se enlazaran.
Mientras te abrazo fuertemente, el tiempo se detendrá."
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—¡Maldición! ¿Cómo lo haces? –exclamó sorprendido y frustrado.
—Ya te dije, es cuestión de más práctica y menos berrinche. –soltó ella.
Yaten respiró hondo y cerró los ojos para recuperar grados de su paciencia, los cuales ella con su ecuanimidad y cruda sinceridad, se encargaba de mermar. Y es que el hecho de que la chica fuera capaz de realizar prácticamente media canción en sólo unos minutos, constituyó una burla comparado a sus dos patéticas líneas.
—¿Ahora ya estás convencido de que quieres que te enseñe? ¿Dejarás de quejarte y hacer lo que te digo? –cuestionó Rei con la mayor de las paciencias, igual que una madre cuando le ha dado una lección a su hijo.
—Tú ganas, haré lo que quieras, siempre y cuando me asegures que podré hacer cosas como ésta. –respondió el platinado, mostrando la hoja en que ella hubo escrito.
—Te advertí que no aseguraría nada, sólo te ayudaría. –corrigió.
—Bueno como sea, si hago lo que dices, ¿"Cabe" la posibilidad de que sea capaz? –reformuló el ojiverde.
—Sí, si cabe la posibilidad.
—Entonces, ¿Qué es lo siguiente que debemos hacer? –preguntó Yaten, mostrando una mayor disposición que al inicio, él sabía que no tenía opción y ahora comprobaba que ella era la indicada para ayudarle a hacer su canción en muy poco tiempo.
Tan sólo… ¿Habría que confiar en ella?
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—¿Cómo vas con el sencillo de relanzamiento? –preguntó Taiki algunos días después-. Ya estoy gestionando nuestras presentaciones para mediados de este año así que espero que no me falles.
Yaten apenas y le escuchó. Se encontró absorto en su actividad. Sentado en uno de lo sillones de la sala, armado de un block de notas, un lápiz y su ahora inseparable reproductor. Escuchaba música y garabateaba ideas sobre la textura blanca del papel.
Taiki frunció el ceño con extrañeza y repitió el cuestionamiento, esta vez su hermano sí lo oyó.
—No me presiones, ¿No sabes que eso es perjudicial para un alma creativa como la mía? –dio Yaten por toda respuesta.
—Pero, ¿Vas bien, no? –quiso saber el castaño.
—No tengo ni una línea.
Taiki cerró los ojos con frustración y molestia. ¿Qué se suponía entonces que había hecho durante todo ese tiempo? ¿Y por qué lo decía tan tranquilo? Respiró profundamente.
—¿Y me puedes decir que es todo eso? ¿Qué se supone que estás haciendo?–señaló el mayor, mirando la libreta.
—Practico. –respondió el peliplata con una calma que a Taiki hizo desesperar.
—¿Practicas qué? ¿Cómo perder el tiempo? ¿Simular que trabajas?
Yaten lanzó un suspiro de hastío y miró a su hermano.
—Ya cálmate, neuras, tendré tu canción. ¿Me permites ahora trabajar?
Taiki se desconcertó, no por el poco tacto de Yaten, más bien por el hecho de que parecía estar bastante concentrado en lo que hacía. Era raro verlo realizar algo con minucia. Yaten, ajeno a los pensamientos de su hermano, devolvió los auriculares a su oídos y continuó escuchando el "It´s no good" de Depeche Mode. La práctica que Rei le había encomendado la noche anterior.
Ya llevaban dos semanas de "clases" de composición musical. Yaten iba al templo por ahí de las ocho u ocho y media de la noche –pues ese fue el margen de tolerancia que ambos negociaron-, ella adecuaba el espacio de trabajo, le pedía sus "practicas" –tarea en su opinión-, las revisaba y por lo general, siempre se las rechazaba por falta de coherencia armónica.
—Voy a juntar todas tus frases y las voy a clasificar por género, quizá logremos sacar varios fragmentos de una sola temática y trabajar sobre ellos. Podría ser más fácil. –dijo en una ocasión en que llevaba ya tres veces de no pasarle un solo fragmento.
Sin embargo, las ultimas dos veces Yaten logró coordinar –en opinión de ella-, dos frases secuenciales, lo que demostraba que los ejercicios estaban funcionando. El platinado no logró identificar la diferencia entre una y otra vez, lo que sí se daba cuenta, era que las ideas le surgían un poco más fluidas.
Ese día debía entregar las mismas frases hiladas de siempre, y ese siempre comenzaba ya a incomodarle un poco. Él quería avanzar más rápidamente.
Por la noche, Yaten llegó al templo pocos minutos más de las ocho. Se asomó para ver si ella había llegado. Rei ya estaba allí, con todo preparado para trabajar. Ella hablaba por teléfono.
—¿Dos semanas?... ¿Pero todo va bien, no?... Sí, estoy bien, todo tranquilo… No, no lo he visto… Lo sé, sé que se acerca… No sé si iré, hablaremos de ello cuando regreses… Cuídate abuelo. Adiós.
"¿Abuelo?", preguntóse desconcertado el platinado. A su cabeza vino borrosamente la imagen del anciano que alguna vez llegó a ver en ese templo al que antes pisara apenas un trío de ocasiones. Ahora que lo meditaba, en el santuario parecía estar ella sola, pues todo siempre estaba en penumbras o a media luz, a excepción de la pieza que ella ocupaba. Antes de que ella volviera por las noches, todo se hallaba a oscuras. Su abuelo no debía estar allí sino en alguna otra parte.
Una chica sola en esa inmensidad de casa.
Yaten carraspeó casualmente, alertándola de su arribo. Rei lo miró y sonrió, dejando el teléfono por algún lugar de la duela.
—¿Has llegado?
—A menos que sea un holograma…
Rei rodó los ojos por el indicio de sarcasmo, pero le divertida por dentro. Era extraño. Al principio ella se sintió incómoda hasta con su sola presencia. Ciertamente Yaten Kou no era una persona fácil de tratar ni agarrándole el modo, y de alguna manera, a pesar de que tuvieran varios roces al inicio, Rei logró encontrar la fórmula para entenderse, y esa era simplemente ser ella misma, con todo lo que ello implicaba.
Dejar ser a Rei Hino era enfrentarse a todo un abanico de posibilidades. Podía ser sumamente sincera, y a veces con crudeza. Generosa, pero con dosis de recelo. Amable y prudente, pero bastante sarcástica. Apasionada y ambiciosa, pero realista y sensata. Nadie podía predecir alguno de sus movimientos, acciones o palabras, pues cuando uno parecía intuirlo resultaba de alguna otra manera.
Entrar a sus pensamientos tampoco era tarea sencilla, y de eso estaban más que enteradas las personas que la rodeaban, que por cierto, no eran muchas que digamos. Y Yaten no acostumbrado a ese tipo de temperamentos –que lograban chocar con el suyo por no poder moldearlos a su gana-, se topó con pared con ella. No fue sencillo adaptarse –habituado a que los demás se adaptasen a él mismo-, al contexto que Hino le iba forjando; no obstante, terminó haciéndolo por su propia conveniencia, pues una cosa era que Yaten fuera orgulloso y una muy diferente que fuera tonto para no ver la situación en la que se encontraba.
Adaptación fue la clave común para ambos.
—No están del todo mal, pero aún sigues dispersando tu creatividad –explicó la pelinegra cuando comenzaron esa noche y revisó los fragmentos. Luego con una levísima sonrisa que Yaten notó, ella agregó-: Y realmente debes dejar de rimar a lo estúpido.
Normalmente, el platinado se enfadaría si alguien le dijese algo como eso, en especial después de tantos días esforzándose por hacer la mentada canción. Sin embargo, sus labios no pudieron evitar curvearse en una sonrisa natural y espontánea por la aseveración. Ella sin saberlo, había repetido sus mismas palabras.
Rei ni cuenta se dio de lo que había provocado. Metida en otra idea, apretaba los botones del mp3 ante la mirada esmeralda del chico.
—Probaremos otra técnica. Por lo pronto dejaremos las frases, pasaremos más bien a identificar y describir las sensaciones que te produce una pieza. Cierra los ojos. –solicitó ella, acercándose a él para ponerle uno de los auriculares en tanto que ella se colocaba el otro. Ambos compartían los audífonos.
—¿Para qué? No quiero. –objetó el platinado.
—Ya te dije. Ciérralos, Yaten.
El platinado le echó rápidamente un vistazo a la pantalla del reproductor que sostenía ella en las manos. Obedeciéndola, los cerró por fin.
"Ne aludj el " - Faun. Folckore nórdico.
—Visualiza los escenarios, visualiza la historia. Identifica las sensaciones que cada instrumento en la pieza te produce. Siente la música. –escuchó su voz indicarle.
Yaten lo intentó y sintió algo permear su cuerpo, algo como angustia, como tensión, pero también un vaivén que lo iba calmando como en un hechizo. Jamás había sentido algo como eso. No tenía ni idea de la letra, por lo que fue la melodía su única guía.
—Ansiedad… -murmuró ella, en medio de la pieza. Los dos realizaban el mismo rito, y ella, entregada a su pasión, le hacía saber lo que ella sentía. Y el platinado iba concordando en silencio, pues las sensaciones hormigueando en su cuerpo eran similares a ellas-. Miedo…
—Renacimiento. –complementó él, animándose apenas a mover los labios.
Rei sonrió en silencio. Yaten comenzaba a aprender.
La música cesó, dejando los latidos de las percusiones palpitando en el corazón del platinado. Varios minutos pasaron para que todo en él volviera a su sitio. Se le hizo necesario respirar profundamente antes de emitir palabra alguna.
—No te vayas a dormir.
—¿Qué? –preguntó Yaten desconcertado.
—No te vayas a dormir. Así se llama la canción, o bueno así podría ser la traducción aproximada –detallo la pelinegra. Pasando algunos cabellos por detrás de su oreja, agregó-: ¿Raro, no? La primera vez que hice esto hasta me costaba respirar. Fue realmente toda una experiencia.
"Ya lo creo que sí", concordó el platinado en su cabeza. Definitivamente nunca olvidaría aquello. Por alguna razón creía que cada vez que escuchara una melodía lo haría de un modo muy distinto.
Cuando sus ojos verdes se centraron en Rei, ella se tallaba los párpados con la yema de los dedos en un intento por desvanecer la irritación, luego se abrazó a una de las almohadas para tener soporte en su posición de loto. Sus ojos violáceos, semejando una nébula brillante le miraron con intensidad.
—La música te permite dilucidar los escenarios y los sentimientos, te provoca sensaciones que te llevan a involucrarte en un papel o una temática dada. Te hace evocar vidas ajenas y envestirte con ellas, transformándote por un momento en cada una de esas personas. Y al final de los trazos, vuelves a ser tú. Y eso es realmente lo fascinante. Escribir no es sólo tomar una pluma y hacer garabatos en un papel, va más allá, escribir es todo un bello rito.
Con la voz modulada a un nivel bajo, y destilando esas palabras que más bien simulaban un conjuro, Rei atrapó a Yaten. Ella ignorante al hecho, él dándose cuenta por vez primera que había muchas cosas que desconocía y que podía aprender.
La curiosidad comenzaba a corroerle la piel.
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¡Annyeong!
Ya vengo de nuevo y ¡vengo felíz! No se, tengo una sensacion de dicha ahora =)
¿Y qué tal, eh? Creo que bastante musical este capi, y me encantó escribirlo, lo he amado, realmente me ha gustado, espero sus opiniones al respecto xD
Yaten, comienza a maravillarse no por ella, sino por las cosas que está aprendiendo a través de ella, cosas que le parecen totalmente nuevas, y en este sentido, considero que el "amor" o el "gusto" por alguien es más hermoso cuando ese alguien te inspira admiración y respeto, eso es lo que yo creo. Pero bien, ya veremos como siguen las cosas en el proximo, el cual ya estoy a punto de terminar, así que consientanme jajaja.
Agradezco infinitamente las lecturas, las alertas y más aun los reviews y lindos comentarios, en verdad que estoy feliz de que mi historia les encante, pues ese es uno de mis mas fuertes alicientes para escribir. Como siempre, dejo mis especiales agradecimientos a: Rouge Passion (Aww, gracias por las bellas palabras, estoy feliz de que te guste, besos too), Sheila Sevigne Sakurai (Gracias por tu gran apoyo incondicional =)), So bunny (Marisin! Espero que estes disfrutando del lado europeo, a ver cuando me invitas xD Gracias por aventurarte a esta nueva historia mía. Besos!), Patty Ramirez de Chiba (Muchas gracias por tus sinceros comentarios, en verdad agradezco mucho tus lecturas =)), nickrivers (Morí imaginandome con tres estrellas y caritas felices pegadas en mi frente, jajajaja. En serio que leer uno de tus reviews es impresionante, no puedo evitar sentir que estoy ante la jueza principal del magistrado xD Abrazos!), Lesval Brontë (Twina hermosa! Quise hacer caso, pero a veces se me va con naturalidad xD Espero ser mejor cada día para que ya no me regañes LOL! Te ailoviuu Emily!) y Magdalena (Awww, me tocaste el corazón con tu review, me siento halagada de que me consideres así, yo en verdad agradezco tu tiempo para leerme y comentarme, muchos abrazos).
¡Aigooo, me cansé xD!
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¡Annyeong!
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*Sol*
