-¿Cuando vas a llegar?
-No lo sé, Alice. Se supone que tiene que estar por llegar.
-No estamos de muy buen humor ¿verdad?
-¿Que esperabas? Tengo que pasar horas junto a la Rata fingiendo que lo adoro.
-Jaja. Ok. Suerte en el camino. Tengo que irme. Jasper quiere que lo ayude con algo. Bye.
Por Jasper baila el mono. Seguro que si fueran novios, ella sería una comandada. Sentía pena por ella. Era maravillosa, se merecía el mundo, pero este idiota no quería dárselo. Lástima que cada vez que le decíamos que buscara otro chico, le entraba una especie de histeria. Realmente la tenía hechizada.
Mire mi rostro en el espejo. Hermosa como siempre. Pero deprimida, muy deprimida. Se supone que tenía que ser una buena noche y no una porquería. Le rogaba Dios porque todo saliera según Alice, así al final de la noche podría volverme con Jacob o James. Seguro que ninguno dudaría en dejar a sus citas solas para traerme a casa. Solo necesitaba chasquear los dedos. Ya estaba vestida, maquillada y peinada. Todo cortesía de mi madre que había pasado toda la tarde del sábado revoloteando sobre mí, viendo que no me atrasara, o que mi ropa no se arrugara. Al parecer hacer esperar mucho a Edward era una especie de pecado. Por mi, lo dejaría esperando toda la vida.
Ella no quería que llevara la chaqueta, y sabia porque. Así me daba frio y la Rata me otorgara su abrigo o pero, me abrazara para darme calor. Pero con una fingida cara de preocupación le dije que quería llevar mi chaqueta así Edward no se refriaba por darme la suya. Eso la dejo contenta y a mi fuera de peligro. Gracias al cielo que me dio unos minutos para mí. Había bajado a esperar a que el llegara. Estaba harta de oír del niño, de lo mucho que me iba a divertir con él, y todas esas porquerías.
Sentía como si estuviera haciendo alguna especie de trabajo de caridad y mi recompensa por eso era que al final Edward Cullen tendría lo que merece. Emmett y Jasper estaban emocionados y habían llamado a dos más para que los ayudaran. Eso estaba bien, cuanto más mejor. Mike y Ben se habían unido a la causa con una gran sonrisa, pensando que tal vez esto las anotaría algunos puntos conmigo. Ilusos.
No había visto a la Rata desde aquel día del laboratorio de biología. A los muchachos se les había salido las cosas de las manos, al parecer los encargados de la comida se habían olvidado de ella y no pudimos conseguir las bebidas ya que alguien había tenido la brillante idea de enviar a Tyler, el único menor de edad del último año. Todo exploto en sus caras y rogando vinieron a las chicas y a mí. Así que con caritas de Alice les pedimos a los profesores y el director que nos excusaran de nuestras clases restantes de la semana. No costó mucho convencerlos, nadie podía negarse a nosotras. Eso fue un gran alivio, si bien pase cuatro días corriendo detrás de todo el mundo para que hagan lo que les decía, ni siquiera tuve tiempo para tomar las rosas del casillero, y todas las de la semana quedaron allí. Mejor, porque no podía tomarlas y destruirlas como estaba acostumbrada, eso iba a desmoronar mi fachada. También estuve libre de peligro; si Edward se acercaba a hablarme no podría hacer nada más que contestarle y eso haría peligrar mucho mi credibilidad. No podía permitir que eso pasara, justo cuando falta tan poco para marcharme.
-Bella. Edward esta aquí- grito mi madre emocionada desde el primer piso.
¡Mierda! ¡Y mas mierda! Si esto no funcionaba me iba a molestar mucho con ciertas chicas. Solté un quejido lastimero y le levante de la silla del tocador.
"Tú puedes. Eres Isabella Swan. Puedes hacer cualquier cosa" dijo mi subconsciente con una bolsa para vomitar en cada mano. No estaba tan convencida de eso ahora. En este momento el plan no parecía tan bueno. "Las buenas cosas requieren sacrificio. Este es el momento del nuestro. Pasara rápido. Lo prometo". No era su sacrificio, era el mío. Ella solo se sentaría en el sillón blanco y me vería caer.
Salí de me habitación, aunque quería encerrarme en ella y no salir nunca más. Me costó bajar cada escalón, los pies me pesaban, ellos también se querían quedar en casa. Pero no tenía que ser fuerte. Me lo debía a mí misma, y en parte también a los muchachos que ya querían jugar con la piñata humana. Mama estaba parada en el pie de la escalera, con una sonrisa de oreja a oreja, como si fuera el mejor día de su vida ¿Es que acaso no se hacia una idea del sufrimiento de su hija?
-Esta a fuera. Diviértete cariño- dijo mientras me acariciaba el brazo.
Irónico que dijera eso, cuando le menos que iba a hacer era divertirme. Nadie podría divertirse con él al lado. Era un agua fiestas de primera. Apuesto que pasaría todo el camino hablando de libros.
Podía jurar que el destino estaba junto a la puerta, riéndose ruidosamente. Y por alguna razón desconocida, este tenía la cara de Rosalie. Camine hasta ella, era como atravesar un campo de minas. La más grande estaba al final, y la esquivara o no iba a estallar igual, llevándome puesta a su paso. La abrí de un tirón y la cerré, siempre mirando a bajo. El no podía ver mi cara de desesperación. Respira Bella, solo respira. Levante la mirada, aunque la verdad...
¿Qué carajo?
El auto frente a mi era desconocido. Era de un divino color gris plateado, los vidrios eran oscuros, el rin de las llantas casi brillaban. Apuesto que eso debía valer una fortuna. Pero si bien eso me sorprendo, no fue lo que me dejo petrificada en mi lugar con cara de idiota.
El chico que estaba delante de mí, era la cosa más hermosa que había visto en mi vida. Parecía un autentico modelo. Ese no podía ser Edward Cullen, pero lo era. Casi nadie tenía ese color de ojos y ese cabello. ¿Qué coño le había pasado?
"Ese no es Edward. Definitivamente no es Edward. Debes estar teniendo una alucinación. Debe ser eso". Creo que mi subconsciente estaba teniendo un ataque de pánico.
Tenía uno jeans oscuros, zapatos negros, camisa blanca y una chaqueta de cuero negro encima. Su pelo estaba encantadoramente despeinado y se había quitado los lentes. Joder, quería saltarle encima.
Me miro de arriba a abajo y me paso lo que jamás me había ocurrido en la vida. Me sonroje y desvié la mirada. Sentía el pulso detrás de las orejas. Mi corazón iba a mil por hora. Creo que estaba a punto de saltar a mi pecho y correr hacia el Dios griego que estaba apoyado contra el deslumbrante automóvil frente a mí. Y después la gente se atrevía a decir que los milagros no existen. Si volvía a escuchar eso, debía mostrarle a la Rata que tenía delante.
"¿Que rata, Isabella? Eso es un león". Mi subconsciente y yo nos mordimos el labio simultáneamente. Ni siquiera parecía un mortal. Era como si el pecado de la lujuria se personificara frente a mí. Y yo estaba lista para ir tras él. Me sonrió de manera torcida.
Ok. Esto no estaba pasando. Debía ser una clase de pesadilla retorcida donde una sonrisa de Edward Cullen hacia que se me mojaran las bragas. Pero ese no era la Rata que yo conocía, era la clase hombre que veías en una revista y luego lo tenías en la cabeza por semanas. Camine hasta a él. Tal vez todavía no me había levantado de la cama, y esto era un sueño donde la Rata Cullen era el tipo más sexy del mundo. Cuando estuve frente a él no pude evitar preguntar.
-¿Edward?
-Pareces extrañada- dijo divertido. Nunca había escuchado su voz realmente. ¿Siempre había sido tan linda?
-Si bueno...yo...es que tu...tu nunca...
El se rio ligeramente mientras se movía para poder abrir la puerta del copiloto de su muuuuy increíble auto. ¿A caso Edward acababa de reírse de mí? O lo peor de todo ¿Yo tartamuda involuntaria y nerviosamente por que el estaba delante de mí?
"Que no es Edward. Joder." dijo mi subconsciente mientras daba saltitos muy parecidos a los de mama hace un rato.
Se inclino como todo un caballero, sosteniendo la puerta y luego la cerró con suma delicadeza. Y luego cruzo por la parte delantera. Y no pude evitarlo, fue más fuerte que yo. Todo el universo conspiro en mi contra para que este año, ese día, y a esta misma hora yo cometiera uno de los peores atentados hacia mi misms. Jamás pensé que iba a hacer algo como esto, pero realmente no pude evitar mirarle el culo. Que por cierto, era muy lindo. Solía ocúltalo muy bien en esos pantalones de pana. Y ahora salía con esos jeans que lo remarcaban tan bien que provocaba morderlo.
Abrió la puerta del piloto y se metió al auto. Lo encendió, la maquina comenzó a ronronear como un gato contento y salimos en dirección a La Push. Me sentía tan nerviosa, pero era un nerviosismo bueno. Como cuando estas a punto de subir a una montaña rusa. De hacho, me sentía en una. Por ahora estaba en la cima. Y me daba miedo bajar.
Los dos estábamos en silencio. Pero Edward sonreía. Parecía entretenido, como si tuviera un chiste rondando en su cabeza. Lo mire de reojo. Y no sé porque, pero fue como si lo ver por primera vez. Y no era para nada horrible. Su mentón era simétrico y perfecto, su nariz recta, y los pómulos masculinamente marcados, también tenía un deje de hoyuelos. ¿Desde cuándo los tiene? Eran totalmente nuevos para mí.
"No es como si lo dejaras sonreír lo suficiente como para verlos". M subconsciente estaba sentada en su sillón y casualmente tenía el libro "Kamasutra" en la falda. Sabía el camino que eso tenía. Y quería irme de excursión por ese lugar. Sobre todo con ese Edward.
Tenía un asomo de barba que se veía bastante sexy. Y un lunar bastante lindo el cuello. ¿Qué me estaba pasando conmigo? O ¿qué estaba pasando con él? Ok. Debia de preguntarle. Tenía que saber qué onda con este gran cambio.
-Lo siento pero tengo que preguntar- le dije mientras volvía todo el cuerpo hacia el-. ¿Qué diablos te paso?
El soltó una carcajada estruendosa al aire. Pero fue un sonido majestuoso ¿A caso me gustaba ver a Edward feliz? Me estaba perdiendo a mí misma. Pero no podía evitarlo. Estaba tan...Dios, tan perfecto. No puedo creer que detrás de toda esa ropa asquerosa, esos lentes enormes y sus horrendos hábitos de ñoño, estuviera ese hombre de impresionante cuerpo.
-¿Te gusta el cambio?- pregunto conteniendo la voz para no reírse otra vez.
-Sí...es decir, si. Estas guapo y...
-Con que crees que estoy guapo.
Dios. ¿Bella donde te metiste? Edward estaba encantado. Recién habíamos empezado a hablar y ya le había dicho que esta guapo. Sigue Bella, me dije a mi misma sarcásticamente, de paso dile que le quieres morder el culo. Eso le encantara.
-Mmmmmm...yo...
-Mi primo vino de New York- dijo mirándome un segundo y luego concentrándose en el camino.
-Oh sí. Mama me comento algo así.
-¿Te comento que quemo toda mi ropa y rompió mis lentes?
Lo mire impactada ¿Que clase a animal hacia eso? Uno al que le debía estar eternamente agradecida. Tendrían que traer a ese primo más seguido, al parecer sabia hacer estragos en Edward. A tal punto de provocar que lo llames por su nombre y no como Rata. Y eso, señores, era un gran cambio.
-¿Estas de joda?- pregunte. Tal vez solo se estaba burlando de mi.
-No. Es un chico muy...superficial. Vio mi armario y casi le da un paro. Saco toda mi ropa al fondo, junto a la piscina, y les prendió fuego. Tuvimos una linda fogata familiar. Asamos malvaviscos en torno a mi ropa- eso último lo dijo con sarcasmo y algo de nostalgia. Me daba un poco de pena por él. Solo un poco-. Luego tiro mis lentes a la hoguera. Estos son de contacto.
-Uuuuuu...
-Al día siguiente me llevo de compras. Me sentía como si estuviera en Sex and the City.
Me reí, imaginándomelo con un montón de bolsas de Dior en sus brazos. Tal vez podríamos ir de compras juntos. Por la mueca que hizo cuando me dijo lo de su primo, parecía que no le gustaba. Pero yo lo podía acostumbrar. El no me iba a negar nada a mí. Me encantaba saber que a ese adonis yo le fascinaba, pero no me sentía tan segura de mi misma. Era como si su hermosura me intimidara.
-¿Y qué onda con el auto? ¿También prendió fuego al Volvo?
Dudo que Esme dejara a cualquiera quemar el auto de su hijo. Ya bastante estaba sorprendida de que lo dejar prender fuego la ropa de su hijo. Y en el fondo de su casa.
-Noooo- dijo entretenido-. Este lo tengo hace dos años. Me lo dieron mis abuelos cuando saque la libreta de conducir.
-Edward, he ido a tu casa durante toda mi vida y jamás había visto ese auto.
¿Cómo carajo no lo había visto? Si yo tuviera un auto así yo lo presumiría. Por ahora no tenía ningún vehículo. Alice o Emmett me llevaban a todos lados sin problema. Sino, lo hacía Laurent. Así que para que manejar si alguien lo podía hacer por mí. Tal vez Edward podría llevarme a algún lado.
¿Qué está pasando conmigo?
-Usualmente esta en el garaje, tapado con una manta.
-¿Por qué? Deberías llevarlo al instituto. Te haría muy popular con las chicas.
Entonces me imagine a este Edward rodeado de chicas y sentí una ligera punzada de ira. Había mil chicos en el colegio. Este era mío. Bueno...no mío...pero... ¡Dios! Estoy tan confundida.
-Amo a mi bebe- dijo haciendo un puchero adorable mientras palmeaba el tablero con ternura-. Esos animales podrían rayarlo.
Si podrían. Lo entendía, era como si yo llevara mis tacones Loui Vuitton al instituto. Se embarraría o alguien los pisaría. Me aterre de solo imaginarlo. Los amaba.
-Oh.
-¿Este coche me hace popular contigo?
Todo en ti te hace popular conmigo. Bueno, el tu de ahora, el otro enfermaba. Pero no le podía decir eso. Quedaría muy obvia, cuando claramente el se había dado cuenta de lo loca que me estaba poniendo. Usar su físico hasta ahora oculto, era una especie de jugada sucia.
-Emmmmm...
Su sonrisa se ensancho. Al parecer le gustaba dejarme sin palabras. ¿Que se supone que respondía a eso? Nada, no podía responder nada. Ok, Bella, solo cállate y déjalo disfrutar de este nuevo efecto que deja en ti.
El resto del camino lo pasamos en silencio. El sonreía y yo me moría por dentro. Jamás me había sentido así con un chico. Era tan raro y diferente. ¿Como los sentimientos que tienes hacia una persona pueden cambiar de un segundo a otro? Era casi imposible. Pero aquí estaba yo, la persona que mas odiaba a la Rata Cullen, deseando saltarle encima y devorarlo.
Cuando llegamos a La Push, todas las personas que estaban aparcando sus autos en el mirador quedaron viendo el coche sorprendido. Incluso el BMW de Rose quedaba opacado ante semejante coche. A Emm le encetaban estas cosas, tal vez cuando lo vea se muera. Edward detuvo el coche y me miro. Esa mirada si la conocía, la de adoración y por primera vez no sentí asco hacia ella.
-¿Lista?- pregunto expectante. ¿Con él? Lista para lo que sea.
Asentí emocionada mientras me quitaba los tacones y los dejaba en el auto. Me imaginaba la cara de todas cuando me viran bajar con semejante hombre. Edward salió del coche y repito lo mismo que cuando nos fuimos, le dio la vuelta por delante. Y claro, yo volví a mirar ese lindo culito suyo. Me abrió la puerta y salí como una ganadora. Estaba hermosa, había llegado en un carro que valía más que los de mis compañeros juntos, y lo mejor de todo, con la versión 2.O de Edward Cullen.
Todas lo miraban. Sin siquiera molestarse en cerrar sus bocas. Si, está muy guapo. Eso me molesto. Muchas de ellas habían venido con sus novios. Que los miraran a ellos no al mío. Aunque Edward no era mi novio...pero así como estaba era tan fácil imaginar que lo era. Me cloque de su brazo posesivamente. Mío, perras. Solo mío.
Bajamos a la costa, también sin hablar pero había una sonrisa en el rostro de ambos. Todos daban vuelta para mirarnos. Los chicos no me molestaban, pero las mujeres me estaban sacando de quicio. No quería que lo miraran, joder. Pero estas putas seguían babeando.
"Tu también estabas babeando" me recordó mi subconsciente. Pero sabía que ella también estaba molesta. Me parece, y tengo que admitir con horror, que nos estábamos poniendo como Rosalie. Y eso era muy malo.
Busque entre el gentío a los muchachos con la mirada. No me costó mucho, Emmett sobresale sobre el resto. A veces lo miraba y sentía pena por la Sra. McCarty. Sacar algo de semejante tamaño por una vagina no debía ser fácil. Contando lo diminuta que era la mujer. Era como estrujar un mosquito y saliera un elefante. Ella casi tenía el mismo tamaño de Alice. Los chicos estaba tomando cerveza, todavía era muy temprano para las bebidas fuertes. Rose y Emmett estaban abrazados, algo un poquito inusual, Jasper estaba hablando y Alice lo miraba con adoración. Dios se apiade de la pobre muchacha. Dirigí a Edward en esa dirección, y él me siguió sin dudarlo. Tampoco tenía mucha opción ya que yo seguía fuertemente aferrada a su brazo. Tenía miedo de que si lo soltaba vinera aguan perra y me lo robara. Ninguno de ellos tenía zapatos. De hecho nadie tenía, excepto por Edward, ya que estábamos en la arena. Pero tampoco ningún estaba cargando con ellos.
En cuanto llegamos a destino, mis amigos dejaron de hablar para mirarnos. Todo bien hasta que vieron a Edward. Probablemente la cara que tenían las chicas era la misma que la mía cuando salí de mi casa hace unos veinte minutos. Las entiendo, chicas, las entiendo. Alice me miro extrañada.
-Creí que vendrías con la Rata Cullen.
¡Alice noooooo! Mierda. Es que esta chica no podía ser mas bocona. Los demás me miraron curiosos. Al parecer no se habían dado cuenta de quién era.
-Hola Alice.
Edward no parecía ofendido, sino más bien entretenido. Me alegraba mucho. No queria que se enojara por las estupideces de mi tonta amiga. Increíblemente, quería que él la pasara bien.
-¿Edward?- pregunto Rosalie impactada.
La expresión de Alice era un poema. Acababa de meter una de las peores cagadas de su vida. Incluso detestando a los ñoños, ella jamás les decía nada en la cara. Y acababa de romper sus propias creencias. Pero no se la podía culpar. Edward no era él.
"Todos están actuando destino a lo que generalmente creen" dijo mi subconsciente que ya iba por la mitad de su nuevo libro.
-Hola, Rosalie. Qué bueno verte.
Era increíble. Tantas veces lo insultamos, nos burlamos de él y lo hicimos quedar mal, y el nos hablaba sin la mas mínima gota de rencor. Casi parecía como si fuéramos viejos amigos. Ojala yo pudiera ser así. Si alguien me trataba mal y luego me hablaba, yo lo mandaba al diablo. Y ahora admito que lo trataba mal. Estoy jodida.
-Edward yo lo lamento... es que- se apresuro a decir mi pequeña amiga.
-No te preocupes, está bien.
Los chicos que un seguían algo extrañados reanudaron la conversación. Estaban hablando sobre deportes. Lo increíble es que Edward se les unió rápidamente. El chico sabía mucho de ellos aunque en la práctica era malísimo. A los quince minutos estaban completamente enfrascados en una conversación sobre el tema tan seriamente que parecía un debate político. Las muchachas y yo habíamos desaparecido para ellos. Seguíamos en nuestra misma posición pero no decíamos ni la más mínima palabra, solo veíamos a nuestros hombres hablar de sus cosas favoritas.
"Así que ahora es tu hombre". Cállate.
Estaba atardeciendo. Algunos se habían metido en el agua. Otros ya estaban tomado su camino entre la maleza que había al fondo de la playa para ir a los acantilados. Y otros ya prácticamente estaban teniendo sexo. Y los muchachos seguían hablando hasta que Mike los interrumpió abruptamente. Tenía un balde negro con cervezas y hielo para mantenerlas frías.
-Oigan ¿quieren una? Están frías.
Emmett cambo el envase vacio por una nueva, al igual que los demás. Edward que todavía no había tomado nada agarro dos y me tendió una. Mike saco un destapador rojo de su bolsillo y destapo cada una de las botellas. En cuanto llego a mi acompañante lo miro curioso.
-Hola soy Mike- le dijo tendiéndole la mano
-Lo sé. Soy Edward Cullen. Te conozco desde los cinco años.
-¿Edward?
Si, otro más que se impresionaba. Bienvenido al club, amigo. El aludido asintió, mientras Mike se ponía colorado como un tomate. Peor fue lo que hizo Alice.
-Oigan- dijo para cambiar de tema-. ¿Vieron ese auto?- señalo con la cabeza en dirección al auto de Edward.
-¡Wow!- dijo Emmett-. Es un Aston Martin V12 Vanquish. Es hermoso.
Juraría que a mi enorme amigo se le escapo una lagrima. Realmente el tipo adoraba los autos. Estaba tan obsesionado con ellos, que creo que amaba su Jeep tanto como Rosalie. Probablemente era por eso que la rubia odiaba el auto.
-Sep.- dijo su dueño dándole un sorbo a su cerveza.
-¿Es tuyo?- pregunto Emm.
-Sí. Es mi bebe.
-¿Donde carajo lo conseguiste? Esas cosas solo se venden en Europa.
-Digamos que soy un nieto muy mimado-Otro malcriado igual que Rosalie y Jasper. Mimados por su abuelos-. ¿Eres buen conductor?
-Si ¿Por qué?
Edward se libero cuidadosamente de mi agarre y se metió la mano el bolsillo delantero del pantalón. Saco las llaves de su auto y se las tiro a mi amigo quien feliz como un niño las atrapo.
-Si lo rayas te mato.- Ambos hombres se miraron por un segundo. Y de la nada Emmett empujo a Rosalie y salió corriendo hacia sus sueños, llevándose puestas a varias personas. Edward sonrió y coloco sobre mis hombros el brazo que antes tenía atrapado entre mis brazos. Le sonreí abiertamente, estaba siendo tan bueno con mis amigos. Emmett volvió al rato, dando brinquitos como una colegiala. Le tendió la llave a Edward y si yo no lo frenaba probablemente la habría dado un enorme abrazo de oso.
La hora del día que nos quedaba, y las demás de la noche, la pasamos increíble. Todo el mundo cometió el mismo error que mis amigos, nadie se daba cuenta de que era Edward Cullen quien estaba junto a mí. Resulto que todo el mundo lo adoraba, e incluso algunas chicas comenzaron a coquetear con él, sin importarles que yo estuviera bajo su brazo mirándolas con odio.
Habíamos hecho una fogata en cuanto la noche callo, Emmett, Jasper, James y Edward fueron a buscar los troncos. Para estar mas cómodo al tráelos me dejo su chaqueta de cuero y se remango la camisa. Cada vez que se movía, todos los músculos de sus brazos se alzaban de una manera muy sexy. Y yo no podía dejar de mirarlo. Estábamos todos sentados en la arena, algunos sentados al estilo indio, otros se acostaron en ella, y otros estaban con una pierna extendida y la otra enrollada. Ese era el casi de Edward, quien estaba junto a mí en esa última posición, y eso me permitía recostarme contra su costado. ¿Quien diría que yo terminaría así con un ñoño?
"Probablemente el primo de New York". Mi subconsciente se había mantenido casi toda la noche callada. Estaba demasiado ocupada tirando todas sus camisetas anti-Edward y haciendo una especie de santuario para su versión mejorada.
El no dejaba de hablar con todo el mundo. De deportes, de autos, de películas, de música, de cualquier porquería. Todos parecían encantados. ¿Donde solía meter Edward esa personalidad todos los días? Y no solo eso, resulto que había un montón de cosas que no sabía de él. Incluso cuando lo conocía desde niño. Resulta que para agregarle un moño al pastel, el niño sabía tocar la guitarra y el piano. Siempre creí que ese instrumento monumental en la sala de los Cullen era solo de Esme. Pero resulto no ser así. Cada vez más las chicas se estaban tirando sobre el, y los chicos también, a su manera. Yo lo quería para mí, por un rato al menos.
-Edward- le susurre al oído, interrumpiendo su conversación con Reily acerca de carreras de motos o algo así-. ¿Podemos ir a otra parte?
El me miro, primero extrañado y luego alegre. Sí, yo tampoco podía creer lo que me estaba pasando. El se levanto rápidamente, dejando al pobre chico con la palabra en la boca. Me jalo fuertemente de la mano para incorporarme, haciendo que me chocara fuertemente contra su pecho.
-¿A dónde vamos?- murmuro mientras me sonreía.
No le respondí, simplemente lo condije. La Push, antes de la arena tenía una especie de bosque, estaban los arboles y luego la playa, tenías que meterte por ahí para llegar a los acantilados. Si te adentras un poco, había una pequeña cabaña de pescadores abandonada pero estable. Era bastante acogedora y proporcionaba bastante intimida. Por lo tanto, iba a haber ninguna perra rondando por ese lugar. No costaba llegar pero había bastantes raíces salidas de la tierra y como estaba oscuro, Edward y yo íbamos andando entre risas y tropezones. De hecho, me caí un par de veces pero él me levanto. Hasta tuvo la cortesía de llevarme a caballito, cuando llegamos a la parte donde había pequeñas ramitas que podían pinchar las planas de mis pies. Como el seguía con los zapatos no era un problema. Toda esa parte del camino se la paso diciendo que estaba gorda y pesaba horrores, pero no me importo; al contrario, me reí con él.
Recién toque el suelo cuando ya estábamos dentro del lugar. Gracias al cielo, no había ninguna rata y bicho. Para ser un lugar en el medio del bosque, era bastante decente. Había dos postes de madera enormes que sostenían el techo, y un montón de cosas, como redes y cañas rotas, estaba esparcidas por el piso, igual había lugar para caminar, hasta un pequeño rinconcito contra la pared, bajo una ventana, como para sentarse.
-Lindo- me dijo en cuanto me bajo.
Todavía no había borrado la sonrisa. Creo que se había vuelto más grande. Tampoco había visto realmente su sonrisa hasta ahora. ¿Sus dientes siempre habían sido tan perfectos?
Para ser el típico chico que tartamudeaba cada vez que me veía, en este momento parecía tener toda la confianza del mundo metida en el pecho. A lo mejor, el de New York se la había metido a prepo. Espero que aun este en la casa de los Cullen, tenía que darle las gracias personalmente.
-No es lo mejor, pero...
-Es lo mejor si tu estas aquí- murmuro mientras me tomaba de la mano y me jalaba hacia él.
Puso la otra mano debajo de mi mentón para obligarme a mirarlo. Lo observe con detenimiento, no había ni rastro del muchachito que estaba tan nervosos como para hacerse en los pantalones el lunes por la tarde cuando lo invite a salir. Si este chico, este Edward, hubiese sido el que entregara las hermosas rosas carmesí a lo largo de estos quince años, las habría aceptado sin dudarlo. Hasta me estaba sintiendo un poco culpable por haber tirado las otras.
El estaba mirando mi boca, eso me hizo sonrojarme. Y luego paso a mis ojos. Nunca nadie me había mirado así. Me sentía atravesada, como si él pudiera mirar atreves de mi. Me sentía vulnerable, pero también me sentí segura, sobre todo en el momento en el que Edward soltó mi mano y tomo mi cintura. Comenzó a acercarse, y relámete quería que no lo hiciera de manera tan lenta.
¡Bésame, joder!
Y mientras yo rogaba mentalmente, mi subconsciente se reía de mi. Y pensar que antes de salir de casa lo único que quería era que la noche terminara pronto, que Dios se apiadara de mí, e hiciera que el plan de Alice funcionara.
Un momento...
¡El plan!
No le había dicho a Emmett que lo cancelara. Tal vez el creía que aun tenía que golpearlo. No podía dejar que hiciera esto. Este no es el Edward que yo odiaba. Tenía que hablar con ellos antes de que siquiera se aparecieran y nos arruinara la noche.
Empuje ligeramente a Edward antes a que llegara a besarme. No queria tener eso en la cabeza cuando lo hiciera. El me miro extrañado. No me solto pero se alejo considerablemente. Había desilusión es sus ojos. No, no, no,no, no es eso...
-¿Qué ocurre?- realmente había pena en su voz. Me sentí muy mal. Tenía que calmarlo.
-Es que me acorde que tengo que hablar con Alice- eso está bien. No le doy muchos detalles pero tampoco le miento.
-¿No puedes hacerlo cuando nos vallamos?- pregunto extrañado. Tal vez no lo pensé muy bien. Tendría que recurrir a la mentira.
-Es que le dije que en vez de ir a casa al final de la noche, iría a la suya a dormir. Pero al final prefiero irme contigo.
-Repito: ¿No puedes decírselo cuando nos vallamos?- si voz estaba un poco mejor cuando hablo. Bien. Hasta sus ojos habían recuperado el brillo.
-Es que podemos irnos ahora.
"Bella. No seas tan lanzada". Joder contigo. ¿Ahora te pones tímida? ¿Enserio?
-Creí que todo estaba yendo bien.
-Lo está. Es que tal vez podríamos ir a un lugar un poquito mas... ¿intimo?
Por la cara de Edward sé que si pudiera saltar, lo había echo.
-Ok. Voy contigo.
Oh no. El no podía ir. O se enteraría.
-No. Quédate aquí. Yo vuelvo enseguida. Creo que Alice no se recuero de su metida de pata hoy en la tarde. Aun se siente incómoda.
El me miro a los ojos. Creo que buscaba algún deje de mentira. El esperaba que lo abandonara aquí, pero no pensaba hacerlo. Volvería lo mas prono posible. El se dio cuenta que estaba diciendo la verdad, al menos a medias, y me sonrió. Me soltó con lentitud y de repente me sentí sola. No quería irme pero tenía que hacerlo. Deje un beso en su mejilla y salí corriendo del lugar. Tenía que encontrar a mi amiga enseguida.
Las ramitas asquerosas de las que me había salvado Edward antes, ahora me estaban matando, pero intente ignorarlas. También volví a caerme pero me levante como una campeona y seguí corriendo. No podía dejarlo solo mucho tiempo. Estuve tan agradecida cuando llegue a la suave arena. Realmente me dolían los pies.
Seguí corriendo, mientras miraba para todos lados. Mierda. Estaba lleno de gente. El tamaño de Alice tampoco ayudaba, era tan pequeña. Cuando era una niña, era tan fácil perderla. Todavía había algunas montañas rusas a las que no podía entrar y en todos los bares le pedían identificación antes de entrar. Estuve, lo que creí una eternidad corriendo cuando la encontré, estaba parada sola frente la fogata que los muchachos habían logrado mantener viva. En cuanto al alcance me colgué en sus hombros para descansar.
-¿Bella?- pregunto extrañada.
-Alice, dile a los muchachos que aborten el plan.- dije con voz agitada.
Ella me miro entretenida. ¿Por qué todo el mundo me miraba así?
-Era de esperarse.
Si, lo sé.
-En fin dile a los muchachos que no hagan nada.
-No te preocupes- dijo dándole un sorbo a su cerveza-. Los muchachos fueron ha hacer no se qué.
-¿Eh?
-James trajo droga. Jasper, Emmett y los demás se fumaron un poco...bastante y luego se metieron al bosque. Dijeron que tenian algo que hacer. Supongo que fueron a los acantilados.
¿Se drogaron? No me sorprendía de Emmett, pero Jasper...eso es nuevo.
-Ah...ok. Bueno me vuelvo con Edward.
Ella se rio y levanto la botella de vidrio como si estuviera brindando. Le mostré el dedo medio y me di media vuelta para volver a echar carrera, esta vez para volver con Edward. Pero cuando estaba a punto de arrancar vi que Riley venia corriendo desesperado desde donde yo había salido hace un rato. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para que lo escucháramos grito asustado.
-Le prendieron fuego a la cabaña del pescador. Los muchachos la prendieron fuego.
Edward...
