Hola una vez más!!Me echabais de menos? Siento no haber actualizado antes, pero se acerca la legendaria amenaza conocida como …EXÁMENES FINALES y no me queda mucho tiempo libre para escribir. De cualquier manera, conseguí terminar este capítulo y con él la primera parte del fic (me dio hasta penita escribir la última palabra). Muchas gracias por esperar pacientemente y espero que disfruteis leyendo tanto como yo he disfrutado escribiendo. Ahora, las repuestas a los reviews:

-Ed-Chan: Todas nos hubiésemos puesto a saltar si hubiésemos sido Nina :D, pero Nina no es otaku, y por otro lado, en la realidad en la que Nina vive no existe el manga de Hetalia (hubiese sido muy raro). Siento que te resultado pesado el capítulo, espero que no te pase lo mismo con este ^^U

-yuriy Hiwatari: Me alegro que te gustase y que no te pesara. Siento haberte dejado con ganas de más, espero que este capítulo te sacie :).

-Yuhi03: Celebro que te gustase la leyenda de Pangea, no sabía si iba a resultar creíble. Disfruta con este capítulo!!

-laurita92: Sí que sería bonito que todos los países se llevaran bien...pero bueno, para eso está Nina xD. Claro que aparecerán más países (de hecho, en este capítulo salen unos cuantos). Espero que disfrutes ^_^ .

-Fernanda Antonovna: Guau, gracias por todos los regalos ^_^ . Me alegra que te guste el fic y me haces muy feliz con tus animos. Espero que este capítulo también te enganche. Y saludos a Vash!!

-Naoky: Un día? O.o Vaya, sobrestimas a Nina. Ella es genial tal como es, pero no tanto ^^U Ya es bastante poco cinco días (un proceso normal hubiese llevado cerca de un mes, pero en un fic eso hubiese resultado aburrido). De todos modos, me alegro de que te gustase el fic. En cuanto a la leyenda de Pangea, fue totalmente inventada por mí (tenía que haber una explicación para que los países existiesen y no me pareció que nacieran como los humanos normales, así que algo tenía que inventar). Disfruta con el cap!!

-rohunyl: Ya tienes el siguiente capítulo. Disfruta!!

-Sarita Lopez: Tú si que eres una alma de cántaro xDD. No te preocupes, Nina no se volverá loca, es muy madura y reflexiva y suele saber lo que hace, aunque es cierto que rodeada de tantos países, siendo como son los países...

-dream_murderer: A mi me encanta que te encante mi fic :D. La foto que Nina tiene de Italia se la pidió al propio Italia para poder archivarla con todos los papeles del caso. También le pedirá una foto a Ludwig. Espero que te guste el cap!!!

-Noriko: Siento haberme retrasado con este capítulo, lo compensaré :D Me alegro que te gustara la leyenda de Pangea y tu afán por que sea conocida ^_^ .Tranquila, en este cap aparecen más países. Espero que disfrutes ^_^

-Freesia Monochrome: Mi primera fan declarada *-* Me alegro de que te guste el fic y que te guste Nina, es un personaje al que le tengo mucho cariño ^_^ Disfruta con este capítulo.

Bueno, pues con esto y una perdiz, comenzamos con el fic!!! (rima improvisada cutrísima)

Capítulo 3: Empezando la casa por el tejado (final)

-Tengo entendido que Italia y usted son amigos desde hace bastante tiempo.

-Sí, así es -responde Ludwig bastante confuso. Algunas gotas de sudor adornan su frente-. Pero no conocí a Italia hasta la Primera Guerra Mundial, y eso fue bastante tiempo después de que yo perdiera la memoria... -calla y se da cuenta del kit de la cuestión-. Espere...¿quiere decir eso que conocía a Italia antes de eso?

-Todo a su debido momento, Ludwig. Estas cosas llevan su ritmo -me acomodo sobre mi asiento, apoyo mis codos sobre los brazos de la silla y cruzo los dedos de mis manos-. Me gustaría, si me lo permite, contarle lo que he vivido estos cinco días. Es una historia larga, pero considero que es necesaria para que todo ocurra correctamente.

La incertidumbre es visible en el rostro de mi paciente. Lo entiendo: es duro carecer de una parte de los recuerdos de toda una vida, y más duro tener la sensación de que, debido a eso, te estás perdiendo algo importante, algo que está presente a tu alrededor todos los días y de lo que no eres consciente. Pero lo que no sabe todo el mundo hasta que pasa por ello es que lo peor de esta situación es el miedo que se siente cuando estas a punto de descubrir la verdad y se te ocurre de repente que puede que lo que recuerde de sí mismo no le guste. Es una sensación de desasosiego, como si un parásito se alojara en tu estómago y sintieras como se absorbe las víceras a la vez que sientes que te falta el aire en el cerebro y no puedes reaccionar, sólo dudar y dudar. A algunas personas este hecho los enloquece o los sumerge en la más profunda y oscura de las depresiones. Pero algo me dice que Ludwig está hecho de otra pasta. Ludwig ha pasado por otras situaciones parecidas e incluso peores durante su larga vida (al fin y al cabo, si algo tiene un país son problemas) y sigue en pie, así que aparta las dudas de sí mismo y cambia su expresión por una de determinación.

-Le escucho.

Le miro con los ojos entrecerrados, con una pequeña sonrisa reflexiva.

-Hace cinco días llamé a su hermano, el señor Gilbert Beilschmidt, para pedirle información sobre usted, ya que usted, por algún motivo que entonces yo desconocía, no quería dármela. En aquella conversación me enteré de muchas cosas, y entre ellas, de que usted era la representación física del país de Alemania.

Obviamente, se habló de más cosas en esa conversación, pero aún no es momento de desvelarlas a mi paciente. Como ya he dicho, todo debe llegar a su debido tiempo. Inclino mi cuerpo hacía delante y apoyo mis antebrazos sobre la mesa, uno sobre el otro.

-En aquel momento, no lo creí. Era totalmente absurdo para mí. Sin embargo, la duda me carcomía por dentro, así que investigué y obtuve información que confirmaba aquella historia. A pesar de que aún no las tenía todas conmigo, decidí creérmela por el momento y volví a llamar al señor Beilschmidt para pedirle más información.

El rostro de mi paciente muestra expectación.

-¿Qué le contó mi hermano?

-Pues lo cierto es que cosas muy interesantes -digo para después narrarle aquella charla telefónica.

"-Así que ha decidido creerme. ¿Qué le ha hecho cambiar de opinión?

-Se lo crea o no, Internet y un sueño -oigo una risa a través del auricular-, pero eso no importa. Necesito más información.

-Pregunte lo que quiera.

-Para empezar, ¿qué cosas sabía Ludwig cuando despertó? A mí sólo me dijo que recordaba su nombre, pero estoy segura de que me ocultó información aquella vez que hablamos.

-Pues, por lo que sé, sólo sabía eso y que representaba al país de Alemania. Al menos eso me dijo a mí.

-Entonces, ¿a usted no lo recordaba?

-En principio no, pero al verme dijo "¡Hermano!", a pesar de que no recordaba mi nombre ni haberme conocido alguna vez. Dijo que lo había sabido de manera innata.

-¿Quiere decir eso que no todos los países son hermanos?

-Oh, no, sólo los que tienen un origen común. Verá, señorita, West y yo procedemos de un mismo territorio anterior, nuestro abuelo Germania, así que somos familia, aunque él se parece más al abuelo que yo. Sin embargo, yo soy mucho más maravilloso que ellos...

-Entiendo, señor Beilschmidt, no hace falta que dé más detalles -digo mientras reflexiono sobre la parte útil de la información obtenida-. ¿Tuvo Ludwig una reacción parecida a la que tuvo con usted al conocerle con alguien más?

-No. Se volvió a encontrar con toda la gente que había conocido, pero no recordaba a ninguno. También hay que decir que ellos tampoco hicieron ningún esfuerzo por ser recordados, aunque claro, eso fue porque no lo reconocían.

-¿Había cambiado mucho, acaso?

-Bastante. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que se habían visto (casi setenta años, ¡imagínese!) y había crecido. No es que se hubiese convertido en un abuelito, los países no envejecen tan rápido, pero si que estaba mucho mayor. Cuando se durmió era un niño; cuando despertó era un hombre hecho y derecho. Además, se había vuelto más ...rígido. Más formal y estricto, no se si me explico bien.

-¿Usted tampoco lo reconoció?

-Lo cierto es que me costó hacerlo. Sin embargo, al mirarlo a los ojos no me quedó ninguna duda de que era él, aunque esos ojos habían cambiado: cuando los vi por última vez antes de eso, eran mucho más inocentes. A veces pienso que por eso nadie más lo reconoció en realidad.

Ciertamente, es una teoría a tener en cuenta.

-¿Qué cree que paso en el tiempo que Ludwig estuvo en coma?

-Tengo algunas teorías, pero no es algo irrefutable. Están basadas en lo que pasó en los territorios que correspondían a West durante esos años. Quizá debería repasar un poco la historia, puede que le ayude con el caso.

-Tenga por seguro que lo haré -digo, intentando ocultar mi molestia. No soporto que los demás me digan lo que tengo que hacer, aunque sean buenas ideas, así que tiendo a no hacerlo. Por suerte, ya había pensado anteriormente en hacer eso, así que en parte es una idea mía-. ¿Tiene algo más que me pueda servir?

Se hace el silencio a través de la línea.

-Quizá le interese llamar a cierto número de teléfono que yo poseo."

-Cuando el señor Beilschmidt me dijo eso, no tenía ninguna idea de a quién se podía referir ni de que me podía servir, y él no parecía querer darme más información. Así que decidí llamar al número y mantuve una curiosa conversación...¿Adivina usted con quien?

Ludwig niega con la cabeza, mientras sus labios se mantienen ligeramente entreabiertos.

"-¿Ciao?

-Esto...hola, buenas tardes,...-callo intentando decidir qué decir ante mi interlocutor desconocido y sin poder evitar sentirme un poco idiota y ridícula-. Me llamo Nina, y bueno...no sé con quien estoy hablando exactamente...pero el señor Beilschmidt dijo que me podría ser de ayuda hablar con usted...

-¿Eeeeeeeeeh?¿Beilschmidt?¿Ese no era el apellido de Ale... digo, de Ludwig y Gilbert? -me responden con una voz cálida y algo...infantil.

-Eh...sí, exacto. Él que me dio su número fue Gilbert, pero la razón por la que le llamo es Ludwig.

-¿Qué le pasa a Ludwig?

-Vera, yo su psicóloga y...

-¿PSICÓLOGA?¿QUÉ QUIERE DECIR CON PSICÓLOGA?¿QUÉ LE PASA A ALEMANIA?¿ESTÁ BIEN?¿DÓNDE ESTÁ?

¿Todos los países son así de excéntricos?

-Señor, ¿se da cuenta de que acaba de llamar a Ludwig por su nombre de país? -le pregunto intentando sonar pacífica y que no piense que le estoy regañando. Sólo quiero que sea consciente de la imprudencia que ha cometido.

Se hace el silencio durante unos segundos. Si fuera una conversación cara a cara, la tensión se podría palpar con las manos.

-¿Sabía usted de antes quién es Ludwig en realidad? -dice la persona que está al otro lado de la línea con una voz cargada de temor, sentimiento de culpa...y algo de curiosidad.

-Me lo dijo el señor Gilbert Beilschmidt. Lo que no sé es quien es usted y por qué es importante para el caso de Ludwig.

-Me llamo Feliciano Vargas -me dice el hasta ahora desconocido-, y soy el representante de la parte norte de Italia. También me llaman Italia Veneciano.

Ante esta declaración, las piezas de mi cerebro comienzan a encajar, y no puedo hacer menos que apuntarme en mi cerebro agradecerle próximamente la ayuda prestada al señor Beilschmidt"

-Conté a Feliciano todo lo que sabía sobre el caso y le pedí la información que pudiese darme. Él me contó muchas cosas sobre su amistad.

-Pero, ¿por qué es importante Italia en todo esto? -me pregunta algo exasperado mi paciente, inclinándose sobre mi mesa y apoyando las palmas de las manos sobre dicha superficie.

-Yo me pregunté lo mismo al principio, pero gracias a que Feliciano no es precisamente una persona que sepa disimular sus emociones, empecé a entenderlo todo.

"-Entonces...¿él nunca dio signos de debilidad ni de sufrimiento delante de gente?¿Ni siquiera cuando sólo estaba con sus amigos más íntimos?

-¡No!¡Nunca!¡Él siempre se mostraba fuerte a los demás! Nunca imaginé que a él también le entristecieran algunas cosas...No es que pensara que es un insensible, pero...no sé, no soy capaz de imaginarlo triste. Él siempre era el que me secaba las lágrimas cuando no me podía atar los zapatos o cuando no había pasta para comer, quien me protegía de los ataques enemigos, el hombro donde me podía apoyar siempre...Siempre tan valiente...tan confiado...tan macho...

Ignorando el hecho de que, al parecer, Italia hace un mundo de problemas muy triviales, es notable el sentimiento de unión que hay entre Feliciano y Ludwig. Pocas veces he visto tanta confianza y compañerismo entre dos personas, lo cual en cierta forma, añadiendo un ligero matiz que encuentro en la voz del italiano entre otros muchos indicios, me lleva a sospechar.

-Señor Vargas...

-Llámeme Feliciano, por favor. Me siento más cómodo así.

-...Feliciano. Usted siente una gran confianza y un gran compañerismo hacía Ludwig, ¿verdad?

-¡Sí, por supuesto!

-¿Hasta donde llega esta confianza y ese compañerismo?

-¿Eeeeeeh? -pregunta el chico, claramente sin saber a qué me refiero.

-Quiero decir...sí, es cierto que son muy buenos amigos, pero...¿hasta que punto?

-No lo entiendo.

Parece que no domina el idioma de las sutilezas.

-Feliciano, le esto preguntando si para usted Ludwig es sólo un amigo...o algo más.

La respiración del italiano se detiene repentinamente. Juraría que he oído como se sonroja. Sí, oído, no sé exactamente cómo, pero lo he oído. Y lo peor es que no me sorprende.

-¿A qué se refiere...?

-...Feliciano, esta vez ha entendido perfectamente a que me refiero. No intenté hacerse el tonto, por favor, eso sólo me retrasaría.

El silencio reina una vez más, hasta que un suspiro cargado de sentimientos muy profundos lo rompe.

-...Preferiría no hablar de ese tema -dice Veneciano, con una voz cargada de culpabilidad.

-Si le preocupa que se lo vaya a contar a Ludwig no se preocupe, no contaré nada que usted no quiera...

-No es por eso -me interrumpe con una voz bastante apagada. ¿Por qué algo me dice que Lduwig no es el único que me guarda secretos?

-¿Entonces?

Suspira de nuevo. Parece que no quiere contestarme.

-Feliciano, escuche, por favor. Soy psicóloga, y en cierta forma he sido entrenada para darme cuenta de muchas cosas relacionadas con las personas y así poder encontrar soluciones a muchos problemas. No estoy segura aún de si esas reglas se aplican también a países, pero de momento funcionan con Ludwig y algo me dice que con usted también. Usted me está ocultando algo que al parecer tiene relación con Alemania, y es algo que le causa pesar y, por alguna razón desconocida para mí, culpabilidad. Si lo sigue ocultando, le va a causar más y más daño cada vez, hasta que llegue un momento que no lo podrá soportar y entrará en depresión. Usted no quiere eso, ¿verdad?

-No importa.

Enarco una ceja.

-¿Por qué no importa?

-Porque lo único que importa es que Ludwig sea feliz, y para eso yo no soy importante. Además... no puedo romper mi promesa.

-¿Promesa?"

-Me costó algo menos que sangre, sudor y lágrimas convencer a Feliciano para que me contara que era esa promesa que le impedía hablar sobre lo que había en su corazón. Y cuando lo hice...no pude por menos que sorprenderme.

En realidad no me sorprendió tanto, ya que en realidad ya lo sabía, pero no conviene que Ludwig lo sepa aún. El susodicho, al cual con cada nuevo descubrimiento le aparecen más gotas de sudor por la cara, las mejillas y el cuello, sólo puede mirarme fijamente, incapaz de hablar por las emociones entremezcladas que no recorren, rogándome con los ojos que continúe.

-Al parecer, hace mucho, mucho tiempo, cuando Feliciano aún era un niño, prometió a cierta persona muy especial para él que lo esperaría cuando dicha persona fue a la guerra, pero esa persona nunca volvió. Al parecer, murió a manos del enemigo. Cuando Italia lo supo, decidió que la promesa aún seguía en pie y que nada le impediría seguir esperando, así que nunca se permitió ninguna distracción a esa promesa. Así que ni siquiera se quiso plantear nunca que entre otras personas y él hubiera algo más que amistad, lo cual en cierto modo fue fácil, pues casi todo el mundo sólo lo quería para aprovecharse de sus recursos (dado que era demasiado débil para la lucha). O al menos así había sido...hasta que llego usted.

Me levanto de mi asiento y doy la vuelta a mi escritorio para sentarme sobre una de las esquinas de éste, para así poder estar más cerca de mi paciente.

-Lo que más me llamó la atención de esta historia es el nombre de la persona a la que hizo la promesa. Según Italia, nadie sabía su nombre humano, por lo que todos lo llaman por su nombre de país, el cual era Sacro Imperio Romano. ¿Le suena ese nombre?

-Sí, algo oí hablar de él. Creo que murió a manos de Francia.

-Sí, eso es lo que dice la historia. O al menos, lo que dice Wikipedia -bromeo, sonriendo ligeramente-. Pero, ¿sabe? Hay más cosas que me llamaron la atención. Para empezar, los territorios que correspondían al Sacro Imperio Romano. Lo estuve buscando en libros de historia y, como puede ver, gran parte de ellos (al menos, en sus inicios) corresponden a lo que hoy se conoce como Alemania -explico mientras saco un mapa de mis archivos y se lo muestro al alemán-. Podría ser una casualidad, pero aún así, algo en mi cabeza (llamémoslo sexto sentido, sí es que existe algo así) me insto a investigar en esta dirección, quizá porque fuera la única pista medianamente sólida para mi investigación. Así que pregunté a Italia si tenía algún cuadro, dibujo o similar donde apareciera Sacro Imperio Romano y él hizo enviar por correo urgente un bosquejo hecho por él mismo de como recordaba que era.

Rebusco entre los papeles de la mesa y extraigo uno bastante viejo y amarillento. Se lo doy a Ludwig mientras pregunto:

-¿Le resulta familiar esta persona?

Ludwig mira lo que le muestro e inmediatamente abre mucho los ojos. La imagen muestra a un niño de unos 12 ó 13 años de semblante serio, ojos entrecerrados, pelo peinado hacía atrás y traje bastante antiguo compuesto por una toga, una capa, unos botines y un sombrero bastante grande, aparentemente todo de color negro. El dibujo no es a color, pero es evidente a quién se parece la persona retratada.

-So-o-o-o-y-y...¿yo? -tartamudea, bastante nervioso y con el rostro de un marcado color rojo.

-Al menos, es un niño que se parece mucho a usted. Pero, según Feliciano, usted y Sacro Imperio Romano tienen personalidades muy distintas. Para empezar, Sacro Imperio Romano era muy inocente y muy tímido, algo que a ojos de Feliciano usted no es. Sin embargo, Feliciano también admite que ambos son respetuosos, correctos y lo tratan y lo cuidan mucho. Y luego estaba el hecho de que Sacro Imperio Romano muriera, o al menos, desapareciera. Había demasiadas cosas extrañas, así que me decidí dirigir mi investigación hacía esa posibilidad. Pero entonces me di cuenta de un hecho que nos traería problemas: por mucha investigación que yo hiciese, si usted no conseguía recuperar la memoria, no serviría de nada. Este desagradable descubrimiento me hizo estar un día entero en dique seco preguntándome qué hacer, pero, por suerte, apareció lo más cercano a un hada madrina que yo pudiera tener.

"Doy vueltas y más vueltas alrededor del despacho. Suspiro, me muerdo un poco la uña del pulgar derecho y vuelvo a suspirar. Pienso y pienso, y por más que pienso no se me ocurre nada. El hecho de que yo reúna información que evidencie que Sacro Imperio Romano y Alemania sean la misma persona no significa que, cuando yo se la muestre, Ludwig lo vaya a recordar. Al fin y al cabo, esos son datos externos más que recuerdos de Ludwig, no tienen ningún significado ni carga emotiva para él. Necesitaría algo más personal, algo que le hubiese pertenecido en la otra vida. Pregunté a Feliciano, pero él no tiene nada que me pudiera servir. ¿De dónde podría yo sacar un objeto personal de Sacro Imperio Romano...?

-Por teléfono parece más segura que en directo. ¿No le puede traer eso problemas en su profesión?

Esa voz...

Me vuelvo y veo en medio de mi despacho a un hombre con mi mismo color de pelo, ojos rojizos y una gran sonrisa triunfante. Sobre uno de los hombros lleva un pollito. Detrás suya están una chica de cabello castaño largo y sonrisa amable y un chico de pelo color chocolate con un rizo bastante llamativo y gafas cuadradas.

-¿Cómo ha entrado aquí, señor Beilschmidt?¿Y con qué permiso?

-La puerta estaba abierta, así que se abrió sola cuando fui a llamar. Y el permiso me lo he dado yo mismo por ser tan absolutamente maravilloso... -dice esto para luego ser interrumpido por la chica mediante un golpe en la cabeza con una sartén que no sé muy bien de dónde ha salido -.¡¡¡Auch!!! ¡Bruta!

-¡Es que no hace falta que digas a todas horas lo maravilloso que eres, Gilbert!¡Lo siento, pero te lo tienes merecido!

-¿Queréis dejar de montar el espectáculo, vosotros dos?¡Esta vez tenemos público!

Ah, que normalmente son así. Creo que Ludwig no es el único país que me necesita.

Tanto Gilbert como la chica dejan de pelear, aunque se dirigen mutuamente una mirada de odio uno al otro antes de volver a hacerme caso.

-Bueno, entonces...¿qué hace exactamente aquí?¿Y quienes son ellos? -pregunto para redirigir la conversación hacía donde me interesa.

-Yo soy Elizabeta Héderváry, y él es Roderich Edelstein -dice la chica. Reconozco la voz: es la que contesto al teléfono la primera vez que llame al señor Beilschmidt-. Somos Hungría y Austría, respectivamente.

Ahora que lo dice, no recuerdo que el señor Beilschmidt haya nombrado su nombre de país.

-Estamos aquí porque nos hemos enterado de todos los esfuerzos por ayudar a Ludwig y creemos que necesita ayuda -dice el llamado Roderich.

-¿Cómo se han enterado?

-Italia nos llamó justo después de que usted le sonsacara su secreto. Parecía bastante preocupado y nervioso, tanto por West como por él mismo, lo cual nos extraño bastante. Conocemos desde hace bastante a Italia y nunca lo habíamos visto así. Es cierto que suele lloriquear porque tiene hambre y no hay pasta cerca y cosas así, pero esto era distinto. Incluso parecía...maduro -me cuenta el señor Beilschmidt-. Lo tranquilizamos como pudimos y, tras hablarlo mucho entre nosotros, decidimos venir aquí.

-Supongo que no hará falta preguntar como me han encontrado.

Como respuesta, los tres me muestran una sonrisa cómplice, típica sonrisa de los que comparten un secreto.

-Esta bien. ¿En qué consiste esa ayuda que me quieren prestar?

Hungría y Austría se acercan, portando sendos objetos envueltos en telas.

-Hicimos limpieza en el desván y encontramos esto. Pensamos que te podría resultar útil.

Con el ceño fruncido, muevo un poco las telas y miro el contenido. No le encuentro sentido a uno de ellos, pero el otro...

-Gracias -digo sonriendo-. Esto es más útil de lo que pueden imaginar. Gracias, muchísimas gracias de verdad."

-Y finalmente llegó el día de hoy, día en el que, sí todo va según lo previsto, usted recuperará todo aquello que ha perdido. Pero antes, me gustaría que tuviera algunas cosas en cuenta -digo con voz seria mientras acerco mi cara lo más que puedo a la suya sin que resulte raro y le miro fijamente a los ojos-. Debe saber que este proceso no es 100% efectivo, y que existen casos de gente que no recupera la memoria nunca, aunque le enseñen innumerables evidencias de su anterior vida. También debe saber que puede ser que lo recordado no sea de su agrado, y que precisamente lo ha olvidado porque su mente lo haya bloqueado. ¿Está usted seguro de querer continuar con el proceso?

Veo un pequeño atisbo de duda en la mirada del rubio, pero rápidamente desaparece.

-Sí, estoy seguro.

Asiento con la cabeza y vuelvo a rodear el escritorio para recoger los dos paquetes que se encuentran debajo de él.

-Esto fue lo que me entregaron el señor Beilschmidt, Austria y Hungría. Ábralos y dígame qué sensación le producen.

Alemania me obedece y destapa primero un paquete rectangular. Resulta ser un cuadro donde aparece una niña pequeña (o un niño, no está muy claro) de pelo castaño con un gracioso tirabuzón y traje de sirvienta durmiendo sobre un sillón. Ludwig recorre las líneas de pintura con la yema de los dedos y musita-.

-Me resulta familiar...

De repente abre mucho los ojos y abre el otro paquete a la velocidad del rayo. Al retirar la tela aparece una pequeña escoba, ya bastante vieja. Ludwig la contempla concentrado, dándole vueltas entre sus manos.

-Recuerdo esta escoba, y recuerdo quién me la dio. Fue una niña, o yo creía que era una niña -sonríe con una mezcla de melancolía y felicidad-. Se llamaba Italia. Me la dio para que no lo olvidara. A cambio, yo le dí un beso y le prometí que regresaría.

-¿Debo dar por sentado que ha recuperado su memoria, pues?

-Así es -dice mientras me mira con una expresión muy dulce, expresión que nunca imaginé en él-. Y eso me ha hecho entender muchas cosas.

Se dirige hacía la puerta y dice:

-Sé que tengo que pagarle por los servicios prestados, pero tengo que pedirle que espera un poco. Ahora tengo que viajar a Italia en el próximo vuelo.

Intento aguantar las ganas de reír. Como me va a gustar esto.

-Disculpe, pero...¿para qué quiere ir usted a Italia?

Él me mira un poco confuso.

-Tengo que hablar con Feliciano.

-Eh...ya, ¿y qué le hace pensar que Feliciano está en Italia?

Esta pregunta hace que Ludwig se quede de piedra.

-¿A qué se refiere?

Sonrío con un poco de malicia.

-Vera, Ludwig, en cuánto conté un poco de qué iba la cosa a Feliciano, no dudo ni un segundo en coger el primer avión que volase hasta aquí con tal de ayudarme para que yo le ayudase. Ha sido testigo privilegiado de toda mi investigación y se la estuvo chivateando al señor Beilschmidt a mis espaldas. Y ahora mismo está esperando a que usted llegue.

Este mensaje tarda un poco en ser procesado.

-¿Quiere decir...que ÉL está AQUÍ?

Asiento.

Rápido como un rayo, se pone delante mía y me agarra de los hombros.

-¡¡¡¡¡DÍGAME DÓNDE SE ENCUENTRA!!!!!

-Le guiaré, Ludwig, pero para eso tiene que soltarme.

Al ser consciente de sus actos, me suelta y me pide perdón. Yo le respondo que no pasa nada y le guió hasta un parquecito a pocas manzanas de mi consulta. Allí niños juegan delante de la fuente, palomas vuelan en círculos y la gente disfruta del día sentada en los bancos.

-Allí -digo mientras señalo un banco un tanto apartado donde esta sentado un joven de pelo castaño con un curioso rizo extremadamente largo, ojos castaños y mirada algo perdida. Ludwig, creo que sin ser plenamente consciente de lo que hace, se acerca hasta estar a su lado y lo mira. Están muy lejos, así que no oigo si hablan, pero creo que Ludwig ha llamado al castaño, porque este lo mira algo sorprendido y luego con un poco de miedo. Ludwig le ofrece la mano y el otro se levanta de su asiento. Se miran largo rato, hasta que el rubio acerca su mano a la mejilla del castaño y éste cierra los ojos ante la caricia. Sin ser muy consciente de cómo ni cuándo ha pasado, ambos hombres se están besando. Primero es un beso suave, tierno, donde sólo participan los labios, pero después se torna pasionado e incluso algo violento, lo que me hace llegar a la conclusión de que no son conscientes de dónde están ni probablemente les importe. Finalmente cortan el beso y se quedán abrazados. Decido irme para dejarles algo de intimidad (aunque lo cierto es que en un parque ese concepto no tiene mucho sentido) y me reuno con cierta persona en la salida.

-¿Así que todo se acabo?

-Así es, señor Beilschmidt, -respondo al hombre con mi mismo color de pelo-, pero hay cosas que aún no me han quedado muy claras.

-Simepre tiene una pregunta más que hacer, ¿no?

-Así es -digo con una ligera sonrisa, y comenzamos a caminar-. Para empezar, si nunca consintió en contarle a Ludwig sobre su pasado, ¿por qué me lo contó a mi, que quería ayudarle?

-Decidí que ya había tardado demasiado en recordar y yo no sabía cómo ayudarle sin contarle la historia. Muchas veces le había insinuado que debería echar un vistazo al atillo, pero nunca se daba por aludido. Así que pense: "quizá esta señorita tenga el modo de hacerlo, ha sido preparada para ello". Y el resto ya lo sabe.

-¿Por qué Ludwig no pudo decirme que era un país y usted sí?

-En el tratado que se firmó para acordar que ningún país desvelaría su verdadera identidad como medida de seguridad, nunca se habló de que los expaíses tuvieran que guardar el secreto también, así que Ludwig se aprovecho de ese vacío legal.

-¿Entonces...?

-Sí, yo ya no soy ningún país. Antes era conocido como Prusia...ahora sólo soy el maravilloso Gilbert.

Río y nos mantenemos en silencio durante un rato. Pienso en lo intenso que han sido estos cinco días y suspiro.

-¿Pasa algo?

Niego con la cabeza.

-Simplemente pienso en que posiblemente esté empezando a construir la casa por el tejado con esto de que mi primer caso sea un país. Yo quería empezar a tratar gente normal y corriente, pero me ha salido un poco el tiro por la culata -río-. No me quejo, pero es algo raro para mí.

-Pues para ser una novata, lo ha hecho bastante bien, señorita. Incluso creo que podría dedicarse a esto de manera profesional.

-¿Usted cree?

-Por supuesto. No sé si se habrá dado cuenta, pero si algo tienen los países son problemas, y muchos de ellos son psicológicos.

"¿En serio?", pienso con sarcasmo.

-Quizá sea usted lo que los países necesitan. Usted es centrada, profesional y no se deja avasallar por nada. Podría ayudar muchísimo a la humanidad.

Sonrío. Por ese motivo me hice psicóloga, y no voy a decir que no me atraiga. Sin embargo, no estoy tan segura como esta el señor Beilschmidt de lo que él dice.

-Quien sabe -digo-. ¿Le apetece algo? Quisiera invitarle para celebrar que se ha acabado con éxito mi primer propongo mientras intento alejar esas preocupaciones de mi mente. Lo que venga vendrá, y sólo el destino dirá si ha sido un caso fortuito o si realmente nací para la "psicología nacional".

Se acabo!!! Aquí acaba el primer caso del fic. Reconozco que no es extremadamente romántico y que apenas he rozado esta faceta, pero es que no era lo realmente importante en este caso, sino que los recuerdos de Ludwig volvieran. Lo demás eran consecuencias.

Bueno, que os ha parecido? Yo creo que lo más cutre de todo el capítulo ha sido el final, sobretodo la última frase. Patética, lo sé, pero no se me ocurría nada con que terminar, así que... Y siento que Ludwig y Feliciano apenás hallan tenido protagonismo, pero es que el caso tenía que seguir así o no tendría sentido. En fin, ya saben que para decirme todo lo que ha salido mal (ya también lo que ha salido bien), está el botoncito de abajo :D.

Cambiando de tema un poco, he decidido reestructurar el fic. De las parejas que quedan, seguro que voy a hacer un caso con EspañaXItalia Romano, FranciaXCanada, UKXUS, RusiaXChina, GreciaXJapón y AustríaXHungría. De los cuatro primeros y el último tengo la trama más o menos montada, pero las otras dos parejas no lo tengo claro aún (tengo una ligera idea, pero no sé cómo desarrollarla). Por ese mismo motivo estoy empezando a dudar en hacer el LituaniaXPolonia, porque con esta no tengo ninguna idea de lo que voy a hacer. Por otro lado, se me ha ocurrido un posible SueciaXFinlandía y algo de SealandXLetonia, pero aún tengo que definirlo. Me gustaría contar con vuestra opinión sobre esta decisión y que me ayudarais si se os ocurre alguna idea para las parejas que están en el aire.

Bueno, no sé cuándo exactamente (ya que voy a estar liada con exámenes), pero en el próximo capítulo Nina tendrá que enfrentarse con un nuevo caso sobre un país, pero primero tendrá que pelearse con el país en cuestión. Quieren saber de quién se trata? Esperen al próximo capítulo!!!