Grabados en la luz

Paréntesis: Takeru

Patamon estaba llorando. Todas las veces anteriores que su amigo había llorado se apilaron en el fondo de su mente y se quedaron allí, poco dispuestas a desvanecerse entre otras ideas y pensamientos. Takeru sabía que él mismo había sido responsable de algunas lágrimas de su compañero pero no podía detener sus propio llanto. No podía simplemente dejar de pensar que ya no volverían a verse, que estaban dejando a sus amigos digimon. No podía dejar de sentir que iba a extrañarlo todo, aún, aún con todo lo malo que había pasado. Aún con todo lo que había visto, lo que había vivido.

El Mundo Digital era, para él, la oportunidad perfecta para estar con su hermano otra vez. Era la manera de estar con sus amigos. Era mucho más que una aventura o que una misión.

Él no quería irse, no, cuando volvían a estar juntos apenas. Sus amigos estaban bien, Yamato parecía más contento de lo que había estado en mucho tiempo y además... además Patamon y los otros digimon podrían dejar de pelear por un tiempo y vivir tranquilamente.

Para cuando todas las ideas se enlazaron, Takeru estaba llorando más fuerte.

Patamon se detuvo.

—La última vez nos volvimos a ver, ¿verdad?

Patamon tenía los ojos brillantes y lágrimas pequeñas pero su voz era fuerte, serena bajo el dolor. Takeru se quedó muy quieto, con el llanto atorado en la garganta y la mirada fija en la de Patamon. La respuesta a una despedida no podía ser otra cosa que esperanza. Él debía saberlo. Más allá del abandono, de la pérdida, del dolor... todavía tenía esperanzas. Su hermano y Hikari le habían ayudado a ver aquella esperanza cuando estaban con Piemon y Patamon estaba haciéndolo también, en ese instante.

Takeru podía soportar cualquier cosa, había soportado cosas que no creía que soportaría nunca, sólo por tener esperanza.

Y era cierto, se habían vuelto a encontrar cada vez que tuvieron que despedirse. ¿No había dicho algo así Tailmon? Recordaba vagamente una alusión a distintos caminos y un mismo destino.

—Sigue creyendo —dijo Patamon.

(***)

Takeru abrió los ojos.

Reconoció el gris de la ciudad a la que había considerado su casa aún antes de vivir permanentemente en ella y dejó que el alivio barriese en olas su ansiedad. Odaiba era gris y pavimento, tan distinta de otros lugares y tan parecida a la vez. Odaiba, con sus pequeños dejes de mar en las orillas, con la luz de la tarde pintando todo de naranja, con la escuela tan cerca de su casa y con la alegría de sus calles. Las atracciones que salpicaban su telar grisáceo, los detalles que la hacían única y notable no encerraban, ni por asomo, la razón detrás del cariño que Takeru le tenía.

No, su afecto por Odaiba se debía más a las personas que estaban allí más que a la ciudad en sí.

Por un largo tiempo fue la ciudad de su hermano y su padre, grabada en sus memorias con el anhelo que tenía a la familia rota. La reconoció como el hogar de sus amigos. Se volvió su hogar enseguida, su punto favorito en el mapa cuando su madre le dijo que sí, que se quedarían a vivir en ese barrio particular. Takeru no se consideraba nómada pero le gustaba la idea de un lugar físico al que regresar, un lugar único y significativo al que podría llamar su hogar aún cuando quisiera moverse por otros destinos.

«Estoy en Odaiba todavía», pensó y las ideas se sentían difusas en su mente, borrosas contra un cristal opaco. No recordaba haber salido de su casa, no recordaba tampoco qué se suponía que estaba haciendo allí. Sabía, por otro lado, que su cabeza palpitaba con un pensamiento absurdo. Él no estaba en su casa. Él tenía que estar en su casa… No, él tenía que estar con sus amigos. Le había prometido a su hermano…

Cerró los ojos un momento. La sensación de que no tenía que estar allí no iba a dejarlo.

—¿Se siente bien? —preguntó una voz.

Takeru sintió cosquillas en la memoria, reconocimiento. Había escuchado esa voz antes, el sonido y la cadencia eran familiares pero el nombre se le quedó en la punta de la lengua, en la esquina de la memoria. Sintió la preocupación en el tono pero no podía precisar nada más allá. Estaba perdido en su mente.

Le dolía la cabeza.

—Sí, uh, yo…

La migraña trepaba por su frente mientras se acomodaba en el suelo, incapaz de confirmar sus palabras. Lo que podría haber dicho se le atoró en la garganta cuando su mirada alcanzó la realidad y se reencontró con el paisaje. Y con su acompañante.

—¿Qué?

Era una niña pequeña y en pijama, con el silbato colgando con orgullo de su cuello y con los ojos cobrizos más oscuros y más luminosos que había conocido.

Era Hikari, su Hikari, pero… No era ella.

—Vienes del mundo de Koromon —dijo Hikari, suavemente y Takeru no encontraba las palabras porque era imposible e improbable y allí estaba Hikari con ocho años hablándole con calma y serenidad que no debería sentir—. Te vi salir del agujero que se tragó a mi hermano.

Taichi.

Takeru sintió una opresión en el pecho tras esa oración. Taichi no podía desaparecer, no otra vez, no más. Tenía que estar bien y sonreír y ser siempre el…

—No entiendo que… Ah. ¿El mundo de Koromon? ¿Qué?

«No deberías estar hablando con extraños», quiso decirle, porque ella no lo conocía, no podía conocerlo. Ella hablaba del Mundo de Koromon como si no conociera el Mundo Digital… Como si…—¿Qué día es? —dudó. Qué año es, quería preguntar.

La respuesta estaba en el fondo de su mente, flotando. Takeru podía sentirla palpitar detrás del dolor, una certeza absurda que parecía aún más gris que la ciudad.

Las cejas de Hikari se alzaron y se dibujó una graciosa expresión de confusión en su cara. Pero respondió, de todos modos.

—Estamos en agosto. Hoy es primero.

Por supuesto que era primero de agosto.

Y definitivamente, no debería estar allí.


N/A: ¡Soul, muy feliz cumpleaños! Quería escribirte algo de este universo, especialmente ahora que vimos la película de Hikari pero Takeru simplemente no quería ceder y terminó robándose el capítulo en una ráfaga de inspiración. Espero que disfrutes mucho de tu día, que recibas muchísimo cariño y abrazos porque te los mereces un montón. Eres una persona genial y me alegra muchísimo que nos hayamos cruzado en este mundo digital ;D Te mando un abrazo enorme.