What's up all the people!
¡Hola crayolas! Se vienen más parejas, se viene más drama y también se viene competencia, ¿Saben que significa? ¡Que habemus otro capitulo del florista!
Respuesta a personas sin cuenta (Siempre respondo los reviews por PM a los usuarios, y los anónimos nunca serán la excepción en mis fics xD)
Kurkrum: Leer fanfics en la mañana es saludable para el alma (no lo digo yo, lo dice la ciencia), y me emociona que este fuera ese fanfic, ¡Mil gracias, cielo! A todas nos gustaría un Hinata bailador, más si le baila a su amigui el Kags. Los bros del fandom debían tirar carilla, si no lo hacen ellos, ¿Quién lo hará? ¡Gracias de nuevo por estar al pendiente, espero leas esto!
May 3: Cielo bello, que lo mexicano te brote con las canciones de tu pueblo(?) ¡Gracias por unirte al mundo del homo de las flores! Owww, algunos capitulos me salen demasiado largos, no es como que escriba mucho todo el tiempo, igual trato de hacerlo. ¡Disfruta el capitulo de hoy!
Antes de la trama...
Aclaración: Haikyuu! Y sus personajes no me pertenecen, sino a Haruichi Furudate. Si fuera mío, todos serían homos. Homos del vóley (?)
Advertencias: Universo alterno, muuuuuuy alterno (Si se pierden entre personajes, abajo les dejo notitas siempre). La alianza más genial del fandom. Amor no correspondido del todo. Enemigo apareciendo. ¡Guerra de notitas de amor! AHHHHH, DESCONTROOOOOOOL.
Wea extra: ¡HOY ES DÍA DE HINATA EN EL MES DE JULIO, QUE ES MES HAIKYUUANO, SEGÚN DICTAMINES DEL FANDOM! Te dedico el capitulo de hoy, Solecito hermoso de mi vida. ¿Qué puedo decir? Lo amo.
Sin más que decir: AL FIC!
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"Día a día de un florista"
Capítulo tres:
Imposible
"Me pregunto quién sería el primero en descubrir la eficacia de la poesía para acabar con el amor."
-Orgullo y prejuicio (Jane Austen)
¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Quién eres?
Necesitaba la respuesta, y así entre sombras de personas apretandolo como si de un festival de música se tratase nunca la encontraría. Un halo de oscuridad más densa lo dirige sobre la silueta en una esquina, su propio resplandor iluminaba a todos alejandolos de repente, como si repudiara a cualquiera con solo verles.
¿A quién podrías gustarle? "A mi."
El susurro entra en sus oidos atrayendolo con su grave voz, las letras arrastrando con sensualidad, su mirada recorre cada lugar buscando desesperado. Contra la pared un punto más oscuro que los demás gira sobre sí cerrando poco sus ojos envueltos en brillo azul, la luz de Hinata desciende fijandose en esa persona repleta de sombra, se acerca tomando su rostro entre sus manos. Es suave, aunque frío al tacto. Las tinieblas caen contra su chispa, dejan de envolverlo dejando ver la figura de una cara realmente conocida.
¿Kageyama?
Abre sus ojos de golpe y el Sol golpea sus pupilas creando una capa de dolor en su cabeza, las punzadas recorren cada mechón alineado aleatoriamente. La mata anaranjada de cabello no se oculta entre las cobijas, más no se nota su rostro.
— ¡Oi! Despierta.
— No hables tan alto, Bakayama... —Hinata siente su garganta tan seca que le cuesta expresarse hasta en voz baja.
— ¡No eres quien para decir eso, idiota!
Entre jalones de cobijas y disparates, el florista logró incorporarse para tomar un par de aspirinas y algo de agua saborizada con limón. Hizo una mueca al principio, la mejora no tardó en aparecer.
— Ahora levántate, ya hice el desayuno.
— Amaneciste muy gruñón, Kageyama.
— Dormir en el sillón, tus molestos ronquidos y lo de ayer son la clase de cosas que me pone de malas —Dijo secamente tomando un vaso de jugo mientras tomaba asiento en la mesa al igual que su contrario.
— ¿Ayer? ¿Pasó algo malo ayer?
Tobio le pone el celular frente a su rostro, la pantalla muestra su cuenta de snapchat en inicio, justo en un recuadro aparece el icono de reproducción, al parecer Tanaka, uno de los meseros del restaurante de Kageyama los había etiquetado en aquel corto vídeo tomado por una invitada de la fiesta. Toma el smartphone entre sus manos no sin antes tomar un largo trago de café que calienta su cuerpo de una forma tan agradable.
Reproduce el video tras pasar ese trago, gracias a las fuerzas místicas de Dios lo ha hecho, no puede creer lo que está mirando. Él está bailando, si, bai-lan-do. Encima de una mesa que claramente reconoce como el comedor de la fiesta de ayer, en definitiva está ebrio (Eso ni como dudarlo), entonces puede mirar que su amigo presente se acerca a tomarlo del brazo para llevarlo a casa. Entonces suena de fondo una melodía que le es familiar, sabe de antemano que no es bueno.
—Mierda. —Kageyama se congela un segundo, el pelirrojo rara vez suele soltar una grosería— Es mi canción.
—"Oh, por Dios. ¡Mi canción! ¡Es mi canción!" —Grita el Shõyõ del celular.
Las siguientes escenas no son mejores cuando atrevidamente su yo del pasado se restriega inmiscuyéndose entre la suavidad de la camisa de Tobio danzando con erotismo haciéndose más intimo el roce. Puede ver su propia expresión de nada me interesa y como se lanza amarrándose del cuello del más alto mientras es coreada la palabra "beso" por las voces de los invitados. El video se detiene con un silencio incómodo siguiéndolo.
— Mátame, por favor.
— ¿Quieres cerrar la boca y ponerte a desayunar? Se nos va a hacer más tarde.
— ¿No estás molesto? —El pelinegro niega dando un bocado a un pan tostado, entre mordiscos logra decir que se les hará tarde— ¿Tarde? ¿¡Qué día es hoy!? ¿¡Qué horas son!?
— Sábado, pronto será medio día.
— ¡NOOOO! ¡Debo llegar a la casa y cambiarme! ¡Abriré demasiado tarde!
— Olvídalo, Natsu va a abrir, le dije que estabas aquí. Te puedes duchar en el local, ya te llevó ropa.
Hinata suspira largo y tendido. Su hermana ya ha abierto la tienda, todo está perfecto en ese caso. Con más calma bebe de un sorbo el jugo de naranja recién hecho mientras también devora sus panes tostados con miel y almendras.
— Vaya, Kageyama. Me salvas la vida de nuevo. —Dice tras pasar otro trago de líquido.
— Lo que sea. Vamos que le prometiste a Bokuto algo.
— ¡Vamos!
Los ojos azules se dispersan a otro lado en cuanto se pone de pie para recoger los trastes sucios. Y los estúpidos latidos vuelven a atacarle ahogándolo entre el calor y su propia respiración.
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— ¡Buenas tardes! —Saludó el dueño del local con ánimos al ver solamente a su hermana menor cruzada de brazos detrás del mostrador. No necesitó ninguna señal para saber que debía arreglarse rápido para atender— ¡Bajo en unos minutos!
El pelirrojo subió los escalones como bólido hacia la ducha de la casa de renta como local. La chica de las coletas rodó los ojos con una sonrisa plasmada en sus labios, devolvió la mirada al dueño del local a un lado.
— Gracias por cuidarlo, Tobio. — Soltó amable, cambiando de forma paulatina su voz convirtiéndolas en un tono incitador— Espero te hubiera dejado dormir.
— D-Debo ir a ver como va la cafetería. —Respondió Tobio coloreándose de pies a cabeza— ¿Podemos hablar de eso en un rato?
— Claro. ¿Cuatro de la tarde?
Con un asentimiento ambas partes quedaron claras. El sonido del agua en la planta alta cesó anunciando que debía moverse. Kageyama salió de la tienda aparentando tranquilidad y Natsu prosiguió a regar las plantas en el interior con la regadera metálica. Cuando su hermano bajó, sin mirarlo le tendió un sobre pequeño frente a sus ojos.
— Llegó otra carta de tu admirador, ya estaba aquí cuando llegué.
— Hmm... — Sonaba descontento pero aun así agarró el sobre— Aún creo que podría ser una broma.
— Yo creo que alguien está loco por ti, Sho.
— Tú crees que todos están locos por mi.
La hermana de Shõyõ siempre solía sacar comentarios de ese tipo, era la clase de persona que gustaba de hacer sentir a las personas. Eso la hacía agradable y refrescante como lo haría en el pasado Sugawara en su época de infantes. El muchacho revolvió el cabello de su hermana antes de abrir el sobre de papel delicado. Cada vez que sentía ese roce suave algo dentro de él se rompía. Una vez abierto, leyó en voz baja la frase, soltando un largo suspiro.
"Saber que cada día estarás donde siempre puede convertir un largo día en segundos, que para mi desgracia, llegan a ser pocos para contemplarte."
— ¿Quién crees que sea?
— Tal vez es "el" indicado.
— O un acosador.
— ¿Un sexy acosador?
— Quisiera. —Respondió Shõyõ con honestidad ganándose las risas de su la muchacha— Oye, ¿No ha venido Bokuto?
— ¿Kõtarõ? Nope.
— Que raro, dijo que vendría hoy para el medio...
La campanilla de la entrada interrumpió la conversación de los pelirrojos develando el ingreso del varón de cabello bicolor en su uniforme de mesero. Sino fuera por el contexto de conocerlo hubieran pensado que se trataba de un traje casual-formal. Pantalones de vestir grises, camisa blanca de botones, su chaleco negro acompañado de un moño amarillo casi flojo. Un jovencito peculiar para el estilo que traía puesto.
— Hablando del torpe del voleibol... — Susurró divertida la jovencita hacia su superior de escuela.
— ¡Natsu! —Dijo en modo de regaño Shõyõ, haciéndole acabar en risas.
— ¿Qué?
— ¡Hey, hey, heeeey!
— Llegas tarde, Kõtarõ. Le dijiste a mi hermano que a medio día vendrías.
— Lo siento, pero se llenó el lugar de la nada. —El estudiante de preparatoria juntó sus manos arrepentido casi en broma agregando— ¡Oh, Señor Hinata, lord y amo de las flores!
— Y la homosexualidad, no lo olvides.
— ¡Natsu! —Repitió con el rostro colorado— Más respeto a sus mayores, ¿Quieren?
Los adolescentes asintieron entre carcajadas inundando el local con su escándalo, el extrovertido muchacho se dedicó a observar al más bajo.
— Necesito lo de siempre. —La voz de Bokuto parecía como si fuera a continuar con la frase, sin embargo no lo hizo. Y el florista sabía exactamente el por qué.
— Pero un trescientos por ciento más especial, ¿Adivino?
— Por algo eres el lord y amo de las flores.
— Entonces, te entrego en tu hora de salida.
— Mejor en mi casa, de hecho voy de salida. —Sus sonrisas hoy se veían con sentimientos encontrados, y sabían a tristeza. Los hermanos asintieron con comprensión— Bueno, espero las flores, ¿A las cinco?
— Yamaguchi te las entrega a esa hora.
— Todo estará bien. —Susurró la pelirroja en su oído abrazándole con dulzura para despedirle.
No dijo nada más, sonriendo nuevamente. Antes de retirarse escribió una corta nota en la tarjeta para el ramo, una vez terminando salió despidiéndose con energía sin convencer a la dupla de hermanos. Dejando el local con un gran eco de desesperanza, gruñeron por lo bajo ante el aura quitando ello con la mirada. Debían seguir enérgicos y feroces para darle alegría a las flores de sus trabajos.
— Bien. —El muchacho una vez dispuesto arremangó la tela de su sudadera además de colocarse el delantal verde bandera— ¿Qué pedidos tenemos hoy?
La campanilla interrumpió de nuevo al varón que con una gran sonrisa gritó un "buenas tardes". Natsu llegó a pensar si de verdad alguien merecía el cariño de su hermano. Y rezó mentalmente por el chico de las tarjetas anónimas.
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En medio de las vías del transporte urbano apoyándose en el tubo del metro, Akaashi escuchaba música desconectando con el exterior. Las notas de las cuerdas clásicas hacían de lo que veía por la ventana algo mágico. Los puentes y calles se movían constantes que hasta parecía repetirse el paisaje, todo era pacifico dentro de él mientras mantuviera alejado el hilo de sus pensamientos de ciertos inconvenientes dolosos. Más bien cierto inconveniente, que en vez de inconveniente era inesperado, además de que hacia de su futuro algo incierto. Un cambio de música alteró su tranquilidad haciendo vivos los recuerdos.
El día que tropezó cayendo sobre Bokuto Kõtarõ en medio de la ceremonia de ingreso de primer año, y las vergonzosas decenas de disculpas que le ofreció.
La primera práctica que tuvieron con el equipo de voleibol en la secundaria Fukurodani, con ello el balón que levantó para él en su juego en conjunto, ambos sintiendose en la misma frecuencia.
Su largo abrazo cuando ganaron la final del torneo de la prefectura, junto a la extraña sensación de mariposas en el estómago cuando le vió sonreirle cuando tuvieron que separarse.
Los sonrojos que le provocaba cuando piropeaba su aspecto al llegar, las manos tomadas bajo las mesas del comedor. El primer beso detrás del gimnasio al salir del entrenamiento previo a las nacionales, con la noche cubriendolos. Su confusión, la negación, el no mover las piezas para no crear un caos donde no debía haberlo. Su familia nunca lo habría permitido, la vida de Keiji estaba ya trazada. Y debía seguir la lista de metas inculcadas al pie de la letra.
Lamentablemente también lo invadió el recuerdo del domingo pasado. Todo había pesado demasiado en su mente, y las cosas desde ese día no habían sido tan buenas. Ni siquiera había asistido a la fiesta en su honor por la despedida e inicio de la Universidad de Kuroo y Bokuto. Lo había evitado, era un cobarde. Como el domingo lo había sido el propio Kõtarõ.
— Hey, hey, hey.
El gutural saludo de aquellos momentos sumando el roce de sus labios en sus propias mejillas, envolverse en los brazos del contrario. Las noches de domingo eran el instante más preciado tras la barda del jardín de la casa de Akaashi.
— ¿Perdido de nuevo?
— Si, es una casualidad que siempre acabe detrás de tu casa.
La risa baja del más alto tomó el control del ambiente, asi era siempre, con una sonrisa Bokuto podía arreglar hasta las pérdidas totales.
— Esta es nueva. —Akaashi acarició un petalo (color) entre la yema de sus dedos. La sedosa textura lo hizo estremecer.
— ¿Qué es?
— Una magnolia.
— Es preciosa.
— Me tengo que ir ya, nos vemos luego.
Un beso en la frente fue lo que recibió como respuesta ese día, antes de verlo partir como cada fin de semana previo a clases, trepó nuevamente el árbol cuidando las flores de que no se golpearan ni con el marco de la ventana. Al entrar nuevamente a su santuario tomó unas tijeras cortando el papel que las unía, las separó cuidadosamente para meterlas dentro de su gran atlas viejo. Ya que no podía conservarlas lo más que pudiera mantenerlas consigo, era secándolas. Tras finalizar su tarea ocultando el pesado libro en su mini biblioteca prosiguió a investigar tumbado en la cama con el celular en mano.
Recuerda que googleó en el buscador el significado de la nueva flor del ramo, cayó rendido al leerlo en más de una página. Sus sentidos se inhibieron prolongando su llanto en silencio. Al parecer Kõtarõ se había enterado sobre ese acontecimiento que pasando un tiempo pasaría.
"Magnolia: Buenos deseos y prosperidad en un matrimonio."
La vibración del celular en su bolsillo lo sacó de su ensoñamiento, desbloqueó la pantalla al ver la luz blanca de notificación. Volvió a la realidad saliendo de su burbuja.
— Kõtarõ. —Susurró por lo bajo con una pequeña sonrisa al leer el mensaje en su teléfono.
La canción favorita de Bokuto dejó de sonar en sus oidos al menos.
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Las cuatro de la tarde habían marcado y Kageyama se había puesto la chaqueta ligera para salir de la cafetería junto a la bolsa de papel café que tenía preparada para sus vecinos pelirrojos de local. Kuroo y Tanaka le dieron una mirada atrevida con muchas confianzas, su jefe les regresó la mirada con una mueca torcida.
— ¡Oye! No desconfíes tanto de nosotros. Estará bien el negocio, tomate tu tiempo. —Tetsurõ tomó una de las bandejas colocando unas rebanadas de pastel de fresa con helado en ellas, dispuesto a entregarlos a la mesa cercana.
— Así es, que Bokuto no este aquí no significa que haremos un desastre. —Afirmó el joven de cabeza rapada contando los billetes y ordenándolos en la caja registradora.
— No me preocupa eso. —Suspiró tras respirar hondo, en lo que abría la puerta— En realidad además de las cosas que debo arreglar con los Hinata, me viene a la mente de cómo será el lugar cuando se vayan.
— ¡Después de todo si nos quieres, jefe! —Gritó el casi universitario empujándolo hacia la salida— Vendré lo más que pueda. Pero por favor, ya pídele noviazgo a Hinata, ¡Por el amor del Santo Patrono del Voleibol!
—¡Se está tardando, jefazo!
Los adolescentes sonrieron pícaros tras el fuerte golpe con que cerró su superior, y este con las orejas rojas y el ceño fruncido entró igualmente brusco asustando al par tras el mostrador, colocando la bolsa en el mismo. Natsu se aventuró rápidamente a abrirlo por el suave aroma del dulce, eran sus favoritos, los roles de canela famosos del Karasuno Miyagi.
Shõyõ apreció el gesto dándole un golpecito en la espalda al menor, pero agregando algo molesto unas palabras.
— Bakayama, no azotes mi puerta. ¿Qué tal si se rompe?
— Pues, te la pago.
— ¡Ese no es el punto!
La pelirroja de las coletas ocultó su risa tras el trozo de pan que eligió.
— ¿De qué te ríes tú? —Preguntó seco Tobio.
— ¡De que parecen una pareja de ancianos casados!
— ¡Natsu! Déjenme comer por el amor de...
Atravesando la puerta, entre el sonido de campanillas y el aroma del glaseado de los roles de canela recién horneados, apareció una figura masculina, justo antes de que los tres comenzaran a devorar los panecillos cortesía de Kageyama, quien incluso había dejado caer el postre por la imagen frente a ellos. Un jovencito que seguramente se veía tan joven como lo era el propio florista, pequeño de ojos grandes de expresión felina entre el color ámbar que dominaba sus pupilas y esa característica combinación de tonos curiosos. No podía ser otra persona más que ese viejo conocido que nadie pensaba volverían a ver.
— ¿Kenma?
— Buenas tardes, Shõyõ.
Ambos adultos se quedaron conectando miradas por unos segundos antes de que el eufórico dueño de la florería saltara sobre el mostrador lanzándose a abrazarlo con alegría.
—¡Kenma! —El pálido muchacho ajustó el abrazo— ¿Por qué no me dijiste que vendrías?
— Porque solo vengo de paso, y sabes que no me gusta ser centro de atenciones.
La pelirroja carraspeó claramente buscando que la dupla se separara para evaporar la incomodidad del pelinegro a su lado, que en ese momento no podía más que arder internamente —Aunque podía verse claramente su enfado pero sobre todo, los celos de no ser quien estuviera siendo rodeado— y con una aura tenebrosa a su alrededor. El rubio teñido soltó al muchacho mirando a la chica con una curva discreta en sus labios.
— Hola, Natsu.
— Buenas tardes, Kenma. —Dijo amable y sonriente apartándose del escritorio para abrazarlo también— ¡Cuanto tiempo! ¿Qué haces por Miyagi?
— Te hacíamos en Tokio. —Agregó Kageyama con seriedad en su áspera voz llamando la atención de Kozume.
— Buenas tardes, Kageyama. —Repuso asintiendo con cortesía aun cuando no era muy bien recibido— Vengo por asuntos de trabajo, busco becarios interesados en investigación para proyectos futuros.
— Ya veo. Cosas científicas. —Murmuró el Hinata mayor en voz baja haciéndose escuchar por Tobio— Eso sonó grosero, Kageyama.
— Como sea. —Respondió frustrado por las actitudes del más bajo defendiéndolo a él— Me haré un café, usaré la cocina.
— Bien.
— ¿Quieren una taza? —Preguntó al aire recibiendo una negativa silenciosa del recién ingresado con cortesía en ella y una mirada leve de enfado por parte del florista.
— Paso por hoy.
Natsu tragó saliva ante la tensión que se estaba formando entre ambos adultos jóvenes. Con avidez se quitó el delantal y arribó a empujar al pelinegro hacia la recámara continua.
— ¡Yo si quiero! Es más, tomaré mi descanso.
— No bebas más de una taza, Natsu.
— Claro, claro.
El par de muchachos ajenos al reencuentro iba en camino a la cocina. Antes de ello, Tobio estaba por preguntar algo a ambos de nuevo, cuando sus ojos se tornaron más abiertos. La mano de Kenma mostrando entregándole a Shõyõ un sobre blanco de aspecto realmente familiar.
— Esto es para ti, supongo. Lo hallé en la puerta cuando iba a entrar.
Las mejillas coloradas del pelirrojo, sus ojos mirando con ilusión y curiosidad ese trozo de papel. Y después, Kageyama nada más pudo sentir el jalón en su brazo por parte de la señorita llevándolo al cuarto contiguo.
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La ducha fría no le había servido de mucho. Su cabeza seguía dándole vueltas llena de calor figurativo, recordó el consejo de su madre por unos segundos.
"Uno no debe actuar con la cabeza caliente. Asiente tus ideas, primero."
¿Qué procedía si ya han pasado horas desde el pensamiento que encendió sus sentidos? Tirado en su cama Kõtarõ se seca el cabello con la toalla, sacudiéndose para quitar los restos de humedad.
El timbre del departamento resonó entre las paredes. Se sentó sobre las cobijas para colocarse la camiseta interior y la playera azul grisácea, tras haberse impregnado bien el desodorante en su axilas para no mancharlas. Sus pantalones ya los traía así que no había ningún inconveniente para no ir a la entrada.
Al abrir la puerta, un jovencito con una gorra verde como el césped le miraba con una brillante sonrisa que destacaba entre su piel aperlada amarillenta y sus múltiples pecas bajo sus ojos invadiéndole las mejillas.
— Hola, Bokuto. —El castaño buscó dentro de su mochila la tabla para corroborar entregas y de la caja detrás de la motoneta roja que conducía, el ramo de las flores solicitado con sumo cuidado— Aquí está tu entrega.
— Vaya… —Respondió el de cabello blanco-negro anonadado, las flores que siempre solía pedirle al florista hoy se veían diferentes, incluso más brillantes que antes.— Se ha lucido esta vez tu jefe, Guchi.
— Hinata siempre se esmera. —Respondió el repartidor mostrándole la tabla en la que debía escribir para retirarse. Lo observó quedarse quieto ante las flores en su vista— Bokuto.
"— El señor Hinata me dijo que las rosas de color durazno significan honestidad, vida enlazada, y con ello un camino por seguir. Y que estás blancas pomposas…
— Se llaman peonías, Bokuto.
Su sonrisa, las risas ante su idiotez momentánea, y hasta los colores que se le subían cuando la vergüenza no lo daba para más. Era lo más bello y magnifico en su campo de visión. En su realidad.
— Hinata me dijo que significan deseos en conjunto. Son mis sentimientos por tí, Akaashi. Acéptalos."
— ¡Bokuto! —La voz del pecoso Yamaguchi ahora había sido reacia, como si hubiera intentado hablarle todo este tiempo. Sus ojos lo miraban enternecido.— L-Lo siento, no debí…
— N-No te disculpes. Después de todo me distraje.
Bokuto terminó de firmar en la tableta y le dio el pago del ramo más un cuanto dinero extra de propina por su labor. Tadashi lo envolvió en un abrazo suave que después agradeció. Hoy se veía al parecer como un tipo al cual debían tener en brazos.
Después de agradecer y cerrar puerta las preguntas lo volvieron a invadir además de los recuerdos. "Te amo, te amo, mil veces te amo." Eso era lo que él había dicho desde un principio, y lo seguía repitiendo aun y cuando se las sabía de perder. ¿Tenía que haberse arrepentido cuando tuvo oportunidad? ¿De verdad se arrepentía de haber amado a Keiji? Un chico que ahora era inevitable ver irse, entre su futuro brillante y el cariño de una mujer no tan lejano a su realidad. Su cabeza estaba hecha estragos por el pensamiento que volvió a cruzar encendiéndolo de coraje.
Su celular zumbó con el nombre de pila de Akaashi en la pantalla sin desbloquear como despertándolo de su pequeño ataque de desesperación. Se terminó de alistar para salir con el ramo entre sus dedos.
No, en definitiva nunca se arrepentiría de haber tenido esos sentimientos.
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La llegada de Kenma en la tienda si que había sido una increíble sorpresa. Aún ambos seguían con los ojos abiertos de la tensión dentro de la pequeña cocina en la parte de atrás del local
— ¿Crees que sea él? Es imposible, no ha estado aquí desde hace meses.
— No lo dudaría, quizás se alió con alguien que está aquí para vigilarlo y saber que escribir. —Replicó Natsu entre susurros mientras aseaba los vasos del fregadero.
— N-Ni siquiera tiene cara de escribir cosas de ese tipo.
— Tu tampoco la tienes.
La cara de Kageyama se tornó del color de la camiseta de la muchacha, esto provocó las risas de la menor que seguía con su labor. Al terminar de secar la vajilla pasó las piezas al más alto para que las ordenara en la alacena, mientras este acomodaba, la pelirroja se cruzaba de brazos pensando como solucionar el problema.
— ¿Se te ocurrió algo?
— No sé porque me preguntas, Tobio. —Los ojos pasaron de las viejas puertas de la casa a la mirada azul— Sabes que te diré lo mismo de siempre.
— No estoy listo para confesarme.
— ¡Ay, por favor! ¿Quieres que te ganen?
— ¡Por supuesto que no!
— Mi hermano es muy querido por todos, no dudes en que alguien podría adelantarse… —Kageyama sentía la tensión en sus músculos de la espalda, la chica tenía toda la razón. Si no hacía algo, su anónimo rival podría llevárselo de su lado— ¿Entiendes?
Asintió callado. Sin embargo no podía hacer mucho en ese momento. Si de por si le podía ser difícil expresar sus sentimientos, más iba a serlo el revelar ese secreto a quien ha sido su mejor amigo desde la preparatoria. Había mucho en juego.
— Lo siento, pero aún no puedo hacerlo.
— No tienes porque disculparte, vamos, te ayudo con lo de mañana.
La sonrisa de la Hinata menor encandiló sus ojos, aunque su carácter era más tedioso y difícil que el de su hermano la mayor parte del tiempo era tan parecida a él. En especial cuando mostraba el brillo de sus dientes formando esa mueca de lado. Tomó una hoja de papel laminado y le pasó el estilografo de tinta dorada encima, viéndola dibujar líneas orgánicas sobre el.
— ¿Qué le quieres decir el día de mañana?
Si, era idéntica a su hermano en muchos aspectos.
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Observando por la amplia ventana de su recamara en el segundo piso, con su outfit habitual de casa entre sus pants deportivos y la playera del año pasado del torneo. Keiji terminaba de retirar los marcos de fotos en su buró para empacarlos en su pequeña maleta beis. El viaje de mañana le repercutía con creces, todo auguraba a que un mundo diferente se le vendría encima junto al extrañar día a día su vida como es ahora.
La vida de la escuela, sus compañeros de clase, los amigos que hizo en el equipo de voleibol. A Kõtarõ. Definitivo, él era a quien más iba a extrañar en el futuro.
Aunque le hubiera gritado la noche anterior, aunque no hubiera asistido a su fiesta de despedida, aunque se metiera en sus planes retorciéndolos a su merced. No había planeado ello, su plan no era quererlo tanto.
Como siempre, en cada domingo por la noche, los golpecitos de piedras pequeñas a su cristal se hacían presentes rodeando su cuarto con el sonido del llamado. El joven de piel amarillenta asomó su rostro viendo a su compañero de escapadas, Bokuto Kõtarõ sonreír en su dirección con un brazo oculto tras su espalda. Estaba del lado contrario a la gran barda de enredaderas con hojas. Akaashi salió trepando el árbol cercano al jardín vertical, que era la única manera factible de pasar sin ser vistos por el velador de la gran casa oculta entre las montañas de la prefectura de Miyagi.
Al bajar de la rama donde colgaba, sus pies caen en cuclillas ligeramente al asfalto tras la barda limitante. No alcanza a mirarlo al incorporarse por el ramo que se atraviesa entre sus rostros. Las flores caen rozando su frente, después es depositado en sus manos. Reconoció de que lugar provenía aquel bonito arreglo, al igual que reconocía las coloridas flores y los significados que venían implícitos. Después de todo, eran las flores que siempre solía regalarle.
— Acéptalas. Son mis sentimientos.
— No puedo, Bokuto... —Siempre era la misma frase acompañada de esas bellas flores.
— Hazlo. También es mi despedida.
Esa sonrisa hueca que solía poner cuando el llanto creía corromperlo. Estrujó entre sus largos dedos el elegante papel encerado que envolvía el ramo. Tembló mordiéndose la lengua con coraje y rabia. Sabía que estaba haciendo mal, eso no fue contemplado en sus planes."No son tus planes, tú no lo creaste... Ellos planearon todo sin consultarte, todo para ti." Ese pensamiento tan recurrente, estropeando sus días organizados para el futuro.
Recordó el ramo que sostenía con tanto esfuerzo para no romperse.
"Hinata me dijo que significan deseos en conjunto. Son mis sentimientos por tí, Akaashi. Acéptalos.". La voz de la primera vez que le regaló esas peonías volvió a golpearlo. "Amor eterno." Pensó el menor cerrando sus ojos verdes.
— ¡Akaashi, te amo!
La voz entrecortada producto del nerviosismo que le causaba el muchacho del cabello bicolor no le dejaba responder con claridad. Carraspeó despejando no solo sus cuerdas vocales, sino también dudas.
— Bokuto, sabes que no te puedo corresponder.
— No tienes que hacerlo.
— Si, tengo que. —La voz del castaño aumentaba de tono buscando imponerse, el coraje en sus adentros queriendo escapar salía de su boca— Si no puedo amarte de vuelta, ¿Cómo va a funcionar?
— Siempre dices "si pudiera". Yo sé que me amas, sino ni siquiera estarías hablando conmigo.
El silencio clama la ausencia de palabras, ocultando su boca tras los pétalos de las peonías. No quiere responder, se niega a hacerlo
— Me amas. —La seguridad en la voz del más alto era reacia, llena de positividad.
— No debo.
— Tú lo has dicho, no debes. —Las manos del mayor se entretuvieron en los mechones de su pelo enmarañado— Pero me amas.
— Me voy mañana, y sabes que no volveré.
— Lo sé.
Kõtarõ atrapó los labios del muchacho entre los suyos, dejando una mordida que abriría la boca del castaño en un suspiro cálido. Sus manos amplias bajaron acariciándole las mejillas, memorizando la suavidad de su piel aperlada, los hoyuelos que se colaban formando su sonrisa, pero sobre todas las cosas, estaba grabando con su mirada esa inolvidable imagen que al separarse inundó sus pupilas: Keiji sonrojado tras un beso tan inesperado.
Ello seguiría invadiendo su mente, aun cuando Akaashi huía de vuelta al portón de su jardín alejándose, dejándolo solo para evitarle el sufrimiento de lo que mañana podría destruirle.
El de cabello bicolor toma su teléfono celular marcando una tecla rápida.
— Bro, ya voy a casa. —Todo lo dice balbuceando entre los repetidos sollozos que corren tras los lamentos que sin querer se cuelan al igual que las lágrimas en sus mejillas— Estoy bien.
Cuelga el dispositivo continuando con su camino a la avenida, restregando sus ojos contra el material impermeable de su chaqueta deportiva.
Sin disculparse, esperando que algún día ambos se volverían a encontrar.
Si, todo estaba bien.
"Los caminos son solitarios, se cruzan convirtiéndose en uno, para en un momento bifurcar. En cualquier instante volveremos a coincidir.
Siempre tuyo.
-Kõtarõ.
PD: Kuroo, me pasó la frase de un libro que leyó, pero es muy real, tanto como nosotros."
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El día había concluido perfectamente entre pedidos y cosas adelantadas, visitas inesperadas y uno que otro roce de molestia con su mejor amigo. Aun así la noche había caído y como en todos los sábados, saldrían Tobio y él a practicar como en los viejos tiempos de secundaria en el campo de voleibol de los Ukai.
Tras cerrar, metió las llaves en sus bolsillos chocando con el sobre donde venía la nota que en sus manos hoy era tan cálida, la que le había otorgado Kenma. Pudo sentirse perfectamente sensible ante el tacto de cualquier, el escritor de las notas anónimas estaba escarbando muy profundo en su interior. Abrió de nueva cuenta para volver a leer ello. Y suspirar fuerte como la primera vez que la leyó.
"Somos señales de fragilidad, fragmentos que podrían unirse y así volvernos más fuertes. ¿Cuándo podremos acabar en algo así?"
¿Era una casualidad que Kenma le hubiera dado esa carta el día de hoy? ¿Una señal acaso? Tal vez era una segunda oportunidad lo que buscaba, tal vez.
— ¡Hinata idiota, vamos! ¡Ukai no nos dejará usar mañana el campo para jugar!
— ¡V-Voy! —Gritó el pelirrojo metiendo de nuevo en sus bolsillos el sobre con delicadeza, mientras — ¡Ni me grites que sigo algo molesto!
— Bien, levantaré más balones hoy para ti.
Y el corazón de Hinata dio un vuelco al cruzar sus ojos con Kageyama, a la vez que en su mente la pregunta se repetía. Corrieron de nuevo en una carrera sin sentido.
¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Quién eres? Aún necesitaba la respuesta.
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En las aclaraciones de hoy:
Personajes de hoy…
Akaashi Keiji: Joven dieciocho añero. Recién graduado de la Secundaria Fukurodani. Aplicante actual a una Universidad Europea. De familia acaudalada, heredero de un imperio corporativo. Comprometido con la hija del socio de su padre (Para la desgracia del Bokuto). AKAASHEEEEEEEE
Yamaguchi Tadashi: Estudiante de segundo año en la Secundaria Karasuno. 16 años. Mejor amigo de Tsukishima. Trabaja de medio tiempo cubriendo a su papá como repartidor en el negocio de Hinata. Actualmente enamorado de alguien. El pequeño Guchi *Kokoros*
Kozume Kenma: Estudiante de posgrado en la Universidad de Tokio. Tiene 25 años. Pertenece a un grupo de investigadores reconocidos en el área biomédica. Actualmente busca becarios para su proyecto de tésis durante el verano. Alguna vez interés amoroso de Shõyõ. Pudding, pudding! Giga PUDDIIIIIING
¿Lady te gusta hacer sufrir a las personas? Si, a veces, ¡No todos pueden vivir felices y comer perdices! Lamentablemente, pero ya vendrán capis mejores, lo juro. ¿Qué pasará con el Kageyama? ¿Se pondrá las pilas? ¿Qué les pareció el cameo del bello cabeza de pudín? ¿Se veían venir la alianza Bakayama-Hinata Jr.? ¿Cómo les quedó el ojo, chatos? Ay ta' el detashe.
Dejen sus comentarios en forma de review y más cosas si quieren, siempre me gusta leer sus dudas y preguntas, además de observaciones. Si no, existen los PM.
¡Y se viene la RandomFrecuencia!~
"Amor prohibido murmuran por las calles, porque somos de distintas sociedades. Amor prohibido nos dice todo el mundo. El dinero no importa en ti ni en miiiiiii… Ni en el corazón... OOOOOOUUUUOOOOH, BAAABYYYY!"
"Amor Prohíbido" de Selena Quintanilla (o Selena a secas, o Selena y Los Dinos). Salinas, eseeeeeee. (Quién vió la película de Selena con JLo, entenderá)
Ay los vidrios!
-Lady
