La Quinta Columna. Capítulo 4.
5 de Febrero de 1939, Figueres, Gerona.
El caos reinaba en aquella casa. Las criadas corrían de un lado a otro, dando órdenes sobre qué deberían llevarse y en qué orden deberían abandonar la casa. Estaba terminando, el final se acercaba, y aunque tenía miedo, ya no pensaba huir más.
- Marta, ¿dónde está el presidente? -dijo Antonio mirándola tranquilamente.
- E-ellos... -empezó la muchacha, refiriéndose al gobierno- Se han marchado. Todos han empezado la huida a Francia. -viendo que el rostro de Antonio se había quedado mudo, la chica añadió- Lo siento señor, nos hemos enterado hace poco.
- Tranquila. Yo mismo les iba a decir que se marcharan. -dijo Antonio con media sonrisa.
Aunque lo cierto era que le había sorprendido la noticia. No esperaba que su gobierno abandonara después de haber sido tan insistentes con el tema de rendirse. Se había sentido en cierto modo traicionado a pesar que él mismo les iba a decir que se fueran.
- Señor, los demás hemos decidido que no podemos dejarlo aquí. Se tiene que venir con nosotros -dijo agarrándolo del brazo y tirando de él. El español hizo fuerza para no dejar que lo arrastrara- ¡Señor!
- No puedo, Marta -dijo Antonio bajando la mirada- No puedo abandonar a los demás. Ya he huido suficiente.
- Pero señor... -empezó a replicar enérgicamente la muchacha.
Sin embargo, la réplica no llegó a ninguna parte. Antonio notó una enorme sacudida que los precipitó hacia el suelo. El polvo inundó la habitación y, después del shock, Antonio empezó a toser. Le dolía la cabeza y el cuerpo, pero por suerte no notaba que tuviera algún golpe grave. Sentía el dolor y no era excesivo. Se incorporó un poco, quedando de rodillas y buscando entre los escombros y los restos del polvo levantado. La chica yacía a un lado, con algunas heridas, pero viva. De ella se escuchaban quejidos de dolor que repentinamente fueron sobrepasados por el sonido ensordecedor de pasos que se dirigían hacia allí.
- Marta, ¿estás bien? -extendió el brazo hacia ella, mirando de reojo la puerta.
El sonido de las botas contra el suelo de madera empezó a martillear en su cabeza. Notaba algo en su interior creciendo: nerviosismo y miedo. La puerta se abrió y unos militares entraron en la sala, ocupando las posibles salidas.
- Por fin -dijo uno de los militares mirando a Antonio.
- Señor -dijo uno de los que parecía tener menor rango, que se encontraba al lado de Marta.
Antonio miró hacia la muchacha, claramente preocupado, y observó el gesto con la mano que hizo el otro. Abrió mucho los ojos, con sorpresa y horror, cuando el soldado que había preguntado apuntó la pistola y disparó dos veces a la mujer a bocajarro. El cuerpo dejó de moverse y pronunciar quejidos al instante. Intentó decir algo, pero lo único que logró fue hacer lo mismo que un pez boqueando fuera del agua. Salió de su estado de conmoción cuando notó como unas manos lo asían de un brazo y lo obligaban a levantarse.
- Por fin le hemos rescatado -dijo el militar de rango más alto- Los nacionales somos sus salvadores. Y ahora, camine. Le presentaremos a su nuevo jefe.
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Aún le dolía el cuerpo debido a la explosión que le había golpeado hacía unos minutos largos. No le habían curado, no le habían dado de comer y tampoco lo habían tratado bien. El camino se estaba haciendo largo y aquella falta de trato humano le hizo sentir aún más ese desamparo y miedo. Por mucho que intentó detenerse, negándose a avanzar, lo empujaban para que caminara. Pasó por un corredor que se le hizo eterno y llegó finalmente a una puerta de madera. El militar llamó a la puerta y una voz dentro le dio permiso para entrar, lo empujaron de nuevo dentro y la puerta se cerró a su espalda. Cuando dirigió la vista hacia el frente, se encontró con la mirada tranquila y en realidad algo triunfadora del General Franco, que con el paso de la guerra había acabado quedando como el único e indiscutible líder nacional. Sintió rabia teniendo por fin a ese hombre delante, atribuyéndole todo lo que había ocurrido.
- Vaya, ¿crees que ésa es la manera de mirar a tu nuevo jefe? -dijo Franco sin cambiar un ápice su expresión, acercándose un poco al muchacho.
- ¿Era necesario este baño de sangre? -preguntó Antonio seriamente- ¿Te has quedado satisfecho con eso?
- Tú has provocado esto. Tú y ese gobierno sin sentido que pretendía destruirte -dijo Franco mirándolo seriamente- Tú has tenido oportunidad de pararlo en una de las numerosas ocasiones en las que huisteis. Deberías haberte dado cuenta que ese gobierno sólo te traía mal y acabaría trayéndoselo a los españoles.
- ¿Y acaso vosotros no les habéis traído mal también? -dijo Antonio mirándolo con la ira en la mirada.
- La guerra ha sido necesaria. A veces hacen falta sacrificios. Creía que tus experiencias de antaño te lo habrían enseñado -contestó.
La mirada de odio se acentuó. Aquello molestó al general que acortó distancias y de una sonora bofetada le giró la cara hacia un lado. Antonio se quedó mirando hacia dicho lado con los ojos muy abiertos, estupefacto por la repentina acción. Notó un leve tirón en la camisa, a la altura del brazo izquierdo.
- Mírame a los ojos. -ordenó el general. Lentamente giró el rostro hacia él, con una mirada aún estupefacta- Te prohíbo que me mires así. Esto ya no es como ese estúpido gobierno republicano, Antonio. Aquí se seguirán mis órdenes y tu misión será únicamente aceptar. Compórtate, porque tus errores serán penados y quien lo pagará será tu gente. Ahora salgamos al balcón para demostrar a los que nos apoyan que has sido salvado.
Se le encogió el corazón escuchándolo. Si él metía la pata, su gente sufriría más. El castigo era aún más cruel que si se lo aplicaban a él mismo. Siguió al que ahora era su nuevo jefe hasta el balcón del edificio. Abajo, una multitud enardecida aclamó cuando salieron al balcón. Él se quedó algo rezagado, escuchando el griterío y el inicio del discurso de Franco. Escuchó el clamor de la gente y notó como el general lo instaba a que se asomara. Miró a la gente con un aire triste que ellos no alcanzaron a ver. Su pueblo estaba dividido y aquello le partía el alma ante la impotencia de no saber qué hacer. El discurso terminó y entraron a la habitación de nuevo, el generalísimo llamó a un soldado.
- Decidle dónde dormirá, asignadles unas muchachas para que limpien y sigan sus órdenes, que se duche y que le curen las heridas. No queremos que piensen que no tratamos bien al que acabamos de salvar.
25 de Febrero de 1939, Barcelona, España.
La joven que tenía delante de él ni tan siquiera le dirigía la mirada, observaba el suelo con una expresión indefinida en el rostro. Llevaba las manos ligeramente tensadas sobre el uniforme de criada.
- Seré una de sus nuevas criadas. Mi nombre es Ana -dijo la muchacha- Mucho gusto.
- ¡Eh tú! -gritó un soldado de bajo rango antes de que Antonio pudiera contestar amablemente. El susodicho soldado se acercó y miró al español no muy agradablemente- Recuerda que el generalísimo quiere esos papeles para esta noche.
Ana se quedó mirando al hombre algo indignada y Antonio se dio cuenta de ello. La muchacha iba a decir algo pero Antonio se adelantó, interrumpiéndola.
- Sí, lo sé -contestó. El hombre se alejó, saliendo de la casa- No deberías hacer reproche alguno a esta gente.
- Pero le ha mirado de una manera... No se merecía que lo miraran así. -dijo la muchacha.
- Dime Ana, ¿te apetece tomar un refresco? -dijo Antonio sonriendo levemente. La muchacha lo miró sorprendida e indecisa- Me apetece descansar un rato y será mejor si lo hago en compañía agradable. ¿Qué me dices?
Ana sonrió de manera sincera y afirmó con la cabeza, dándole a entender que aceptaba la propuesta. Después de coger los refrescos, caminaron hacia el jardín y Antonio la guió a un sitio dónde sabía que no solía pasar nadie, así no lo disturbarían en su momento de tranquilidad. El silencio era roto por conversaciones no muy largas, hasta que la curiosidad le pudo a Antonio y le preguntó a la muchacha por sus orígenes.
- Mis padres eran fieles partidarios de la república. Yo también lo era, así que cuando se fueron a luchar yo me uní a ellos. No les gustó la idea, pero ya sabe... Entonces lo que más se necesitaba era a gente que tuviera ganas de defender la República. Sin embargo fuimos capturados por los nacionales, mis padres fueron encerrados y luego condenados a morir. Lo mío dijeron que era propiciado por la alocada mente de mis padres y como castigo me enviaron aquí. Sinceramente, al principio estaba algo asustada ya que no sabía como sería usted, señor. Pero ahora ya me quedo más tranquila. Es capaz de estar bebiendo conmigo algo y tratarme de igual.
Antonio iba a contestarle cuando escuchó una voz gritando su nombre. Se excusó ante la chica con una sonrisa y se alejó del lugar. Ana lo pensó entonces, Antonio se veía extremadamente triste.
26 de Febrero de 1939.
Barcelona, España.
El sonido de las voces en el pasillo lo despertó, quedándose algo desorientado al principio. Se situó; era la madrugada y aún no había ni luz en el exterior. Se sentía fatal. La fiebre provocada por la crisis y el dolor por las diversas heridas sufridas y que se negaban a cicatrizar le impidieron dormir hasta casi entrada la madrugada. Miró el reloj y comprobó como apenas había dormido dos horas.
- ¡Insisto! -escuchó decir a la voz de Ana en un susurro molesto- El señor está agotado, hace poco tiempo que ha conseguido conciliar el sueño, ahora no puede despertarlo.
- Son las órdenes del generalísimo -dijo una voz masculina- Me da igual lo que diga una simple criada.
- Estoy a cargo del señor y por eso le digo que no puede entrar ahí -dijo Ana de nuevo.
Se levantó de la cama, sintiéndose mareado por un momento. Tomó aire profundamente y caminó hasta llegar a la puerta. Se asomó y los miró a todos con un gesto tranquilo.
- ¿Qué está ocurriendo aquí? -preguntó
- Nos vamos. El generalísimo requiere su presencia. Es lo que le intentaba decir a su estúpida criada -dijo el hombre con uniforme de soldado.
- Nacional tenías que-- -empezó Ana con rabia.
- ¡Ana! -interrumpió autoritariamente Antonio. La muchacha bajó la cabeza apretando los dientes. El soldado la miraba fijamente.- Discúlpela, no sabe lo que decía. Si hay algún problema yo mismo pagaré las consecuencias.
- Señor... -replicó en voz baja Ana, mirándolo preocupada.
- Ahora marchémonos -dijo Antonio impasiblemente.
Se montaron en un coche y lo llevaron hasta un edificio, allí le esperaba su actual jefe. Antonio lo miró con una cara neutral, sabiendo que expresar algún tipo de desprecio no le traería más que problemas. Franco señaló un traje chaqueta que había en una silla.
- No tienes buena cara. Cámbiate de ropa. Nos marchamos a Francia. -dijo el general. Antonio lo miró con cierta sorpresa- Mañana, Francia e Inglaterra reconocerán el gobierno. El presidente de Francia me ofreció una visita de compromiso, no es una visita oficial, no saldrá en los medios. Llegaremos por la mañana.
Bayonne, Francia.
- La reunión empezará a las 11:30, para entonces debe estar mejor -le dijo Franco al médico que había en el coche - No puede faltar a la reunión.
El generalísimo caminó unos pasos hacia el interior de la amplia finca que el presidente de Francia tenía en Bayonne. Cuando le quedaba pocos pasos para llegar, Albert Lebrun recibió al líder español de manera agradable. Al poco rato, Francis apareció para unirse a la comparsa.
- Iba a enseñarle al general el jardín y la residencia. Te unirás a nosotros, ¿verdad? -dijo Lebrun
- Oui, jefe -contestó dedicándoles a ambos una sonrisa radiante. Repentinamente reparó en algo, miró a los lados y viendo que no lo encontraba, decidió preguntarlo- ¿Dónde está Antonio? ¿No ha venido?
- Ah, por supuesto que sí. Pero al parecer el viaje hasta aquí lo ha dejado mareado -dijo bromeando Franco- No se preocupen, se unirá a nosotros para la reunión.
El médico español miraba la espalda de Antonio con gesto preocupado mientras éste vomitaba. El de mirada de color verde volvió tambaleante, con el rostro pálido y la mano sobre el hombro derecho. La fiebre no remitía y al parecer, cuando se encontraba en aquel estado, siempre solía llevarse la mano a la herida de Guernica, cosa que demostraba el gran impacto que tuvo ese ataque en su moral.
- ¿Cuánto queda para las once y media? -preguntó Antonio entrecortadamente.
- Quince minutos. No debería ir en ese estado, señor -dijo el médico.
- Tengo que ir. El generalísimo ha dicho que requiere mi presencia y no puedo permitirme el lujo de no asistir -dijo Antonio secándose el sudor frío de la frente- Iré al baño a refrescarme la cara y entraré en la reunión.
- El chófer y yo mismo estaremos por aquí. Si en cualquier momento se siente indispuesto, vuelva -dijo el médico.
- Gracias -dijo sonriendo de manera débil antes de emprender el camino hacia la casa.
Mientras, la comitiva había terminado el paseo por el jardín, llegando a una sala distinguida y de refinado estilo francés en la cual les habían servido unos vasos con té, café y pastas varias para picar. Habían acabado de conversar de temas banales tales como: el tiempo, el viaje, coches y la comida. Las once y media ya habían llegado y el general español miraba el reloj, nervioso por dentro.
- Parece que no viene, ¿le parece que empecemos? -dijo el jefe francés.
- Oh sí, lo lamento -respondió el general.
La puerta se abrió sin que la conversación llegara realmente a empezar. Antonio, sudoroso y aún ligeramente pálido, entró haciendo leves reverencias con la cabeza y pidiendo disculpas una y otra vez. Francis se había quedado estático mirándolo, intentando ver en aquella persona claramente desgastada por todo lo que había pasado el amigo que conocía.
- Tienes mala cara. Toma algo a ver si te animas -dijo Albert enseñándole las diversas tazas.
- Ah no, gracias. No me encuentro muy bien, no me entra nada -dijo Antonio- Lamento el retraso, me perdí y tuve que pedir ayuda a las criadas.
- ¿Qué tal tu nuevo gobierno, Spain? -preguntó Albert
Antonio se quedó mirándolo durante unos cortos segundos, después desvió la vista hacia su actual jefe. Notó en los ojos de éste la advertencia, a pesar que a simple vista los demás no se dieron cuenta. Finalmente devolvió la mirada hacia Lebrun y sonrió un poco.
- Bien, me alegro que me hayan salvado -respondió Antonio.
Francis tuvo la certeza de que mentía. Lo conocía desde hacía ya muchos años, recordaba aquellas sonrisas que se diferenciaban poco de las normales, pero que las ponía sin ganas y tras las cuales soltaba mentiras. En cambio a su jefe pareció agradarle la respuesta y sonrió.
- Hubiese querido que Inglaterra también hubiese estado aquí hoy, pero estaba ocupado en otros asuntos. Eso sí, como bien se os ha informado, mañana ambos reconoceremos su gobierno, general.
- Eso significa la normalidad para el país, ¿cierto? -dijo seriamente.
- La barrera del comercio mucho me temo que seguirá cerrada -dijo el presidente francés.
Francis se mantenía ajeno a la conversación, observando el semblante del español, cada vez más turbado. Antonio escuchaba la conversación pero se le mezclaba con sus propios pensamientos. Pensamientos horrorizados por cómo trataban el tema con él delante, hablando como si fuera un mero objeto y algo que no tenía ni voz ni voto. Empezó a encontrarse mal de nuevo, empalideciendo y llevándose la mano frente a la boca.
- L-lamento interrumpir… ¿El lavabo? T-tengo que ir -dijo Antonio sin levantar la vista, aún.
- Saliendo de la sala, tomas la izquierda y al fondo hay uno -dijo el presidente Francés.
Se levantó e hizo una reverencia sin mirar a los presentes, intentando controlar las náuseas que cada vez eran mayores. Una vez salió por la puerta empezó a correr por el pasillo. Francis se quedó mirando la puerta pensativamente. No podía quitarse de la cabeza el estado en el que se encontraba el español.
- Señores lamento abandonarles yo también -dijo con una sonrisa galán- Pero Antonio me ha dejado preocupado, voy a ver qué tal está.
Los otros dos no se opusieron a aquello y Francis salió a paso tranquilo de la sala, dirigiéndose al baño. Cuando llegó entró, encontrándose a Antonio sujetando la puerta del baño, vomitando en el váter. Aquello le hacía sentirse culpable, pero no podía actuar lastimeramente, sabía que aquello heriría el orgullo del español. Se apoyó en el marco de la puerta que conducía al váter.
- Puedo sujetarte el pelo si es necesario -dijo Francis amablemente, comportándose como solía hacer con Antonio.
El español no contestó, apartándose él mismo algunos mechones del pelo con una mano. Empezó a sentir calor debido al esfuerzo, se quitó la chaqueta de mala gana y la tiró al suelo, para seguir vomitando de nuevo. Francis suspiró y se agachó a coger la chaqueta, poniéndola bien y aguantándola en el brazo. Antonio se quedó unos segundos respirando agitadamente, viendo si finalmente se le había pasado las náuseas. Tiró de la cadena y se secó el sudor de la frente, notando que le ardía. Seguro que le había vuelto a subir la fiebre de nuevo.
Pasó por delante del francés ignorándolo por completo, éste se dio cuenta que no lo había mirado ni una sola vez y aquello le empezaba a tocar demasiado la moral. El español abrió el grifo de agua y empezó a echársela por el rostro.
- ¿Qué tal las cosas? -preguntó Francis, intentando romper el silencio incomodísimo.
- Van. -contestó escuetamente Antonio acabando de mojarse el rostro y agarrando una toalla para secarse.
- ¿Qué tal es tu nuevo jefe? -preguntó de nuevo el francés.
- ¿Vas a contarle lo que te diga a tu jefe? -preguntó Antonio mirándolo con cierta inquina.
- No. Te lo estoy preguntando tan sólo como un amigo. Quiero saber cómo te trata sin que tu opinión sea condicionada porque él esté presente -dijo Francis con preocupación.
- Amigo... Ya -dijo Antonio con una sonrisa sarcástica en el rostro. Francis iba a replicarle algo por aquella sonrisa, pero entonces el español cambió de tema- ¿Qué trato esperas de un hombre que sigue ideales totalitarios? Obtiene lo que quiere y le da igual qué métodos tenga que usar para ello.
- Antonio, si necesitas ayuda... -empezó Francis, pero su frase fue interrumpida por Antonio, que empezó a reír. Aquello le hizo fruncir el ceño.
- ¿Ayudarme? ¿Tú? -dijo aún con tono risueño y mirada inflexible.
- Lo estoy diciendo en serio; si ese hombre te está tratando mal podemos intentar hacer algo para...
- ¿Quieres ayudarme? ¿Igual que querías hacerlo en la guerra civil? -dijo Antonio mirándolo con un poco de inquina de nuevo- Estuve esperando tu ayuda y fíjate de qué me sirvió.
- Yo también tenía problemas -replicó con enfado Francis- La situación es muy delicada. Además Arthur me dijo que me quitaría el apoyo en una posible invasión por parte de Alemania si te ayudaba y--
- ¡A la mierda Arthur! ¿Desde cuándo te importa algo lo que diga? Siempre os estáis peleando, no me vengas ahora como si fuerais amigos de toda la vida -gritó Antonio- Así que no intentes que me crea que me quieres ayudar. Tampoco necesito tu ayuda.
Le arrebató la chaqueta de las manos de mala manera, empezando a dirigirse a la salida del lavabo, cuando repentinamente notó el agarre fuerte en la chaqueta, impidiéndole salir de allí.
- Suéltala -dijo Antonio forcejeando, intentando que soltara la chaqueta.
- La situación en Europa es muy grave, no podemos actuar inconscientemente -dijo Francis enfadado por la actitud del español.
- ¿La situación en Europa es grave? -replicó con una sonrisa entre amarga e irónica- Claro, lo que pasó en mi casa fue como un paseo por el parque, ¡perdóname por haberlo olvidado! -la respiración se le estaba agitando debido a la fiebre. Ahora lo pasó a mirar con rencor.
- Antonio, lo siento pero... -empezó Francis viendo la reacción del español y viendo que cada vez parecía más alterado.
- ¡Miles de personas han muerto! ¡Ciudades han sido arrasadas y bombardeadas! ¡La gente pasaba hambre y penuria! ¡Pero claro! ¡L-lo que le pasó a mi gente...! -se le entrecortaba cada vez más la respiración, se le saltaron las lágrimas un poco del dolor que sentía, era como si las heridas le estuvieran doliendo igual que el primer día ante el recuerdo de lo que había pasado- ¡Todo aquello no tiene ni punto de comparación con un conflicto que aún ni ha pasado! ¡¿Cómo se me pudo pasar por alto?!
Con esa última pregunta, viendo que Francis no soltaba el agarre de la chaqueta, pegó un tirón brusco y se la tiró a él dándole en el torso y cayendo ésta al suelo. Se quedó mirando al suelo respirando agitadamente, aún con las lágrimas en la comisura de los ojos. Francis también había bajado la vista, le dolía la situación en la que se encontraban. Él querría haberlo ayudado desde un principio, pero al final Arthur le había acabado disuadiendo de lo que en realidad quería hacer. Y allí estaba el resultado de todo lo que había hecho, o mejor dicho que había dejado de hacer. Alargó la mano, en un intento de tocar la mejilla de Antonio para quitarle las lágrimas, pero éste levantó los brazos haciendo una pantalla entre ambos, cerrando los ojos con una expresión de dolor.
- N-No me toques... Por favor te lo pido... no me toques -dijo marcando esas últimas palabras.
Se secó las lágrimas con el dorso de la camisa, se giró y salió de allí, dejando a Francis plantado en medio del baño. Bajó la mirada al suelo, apretando el puño con rabia. Pegó un golpe en la pared y finalmente suspiró, intentando anular la ira que sentía. Se agachó y recogió la chaqueta de Antonio, saliendo al cabo de un rato al jardín, en busca de Antonio. Finalmente llegó al lugar dónde el coche estaba, se quedó oculto en unos matorrales, espiando. Pudo ver dentro del coche a Antonio con pinta de estar pasándolo realmente mal, respirando con dificultades y un hombre poniéndole un trapo en la frente.
- ¿Quién hay ahí? -gritó una voz repentinamente- ¡O sales o me veré obligado a arrancar el coche y a pasarte por encima!
Sonrió resignadamente, levantando las manos y saliendo poco a poco de su "escondite". El hombre al parecer lo reconoció al instante, puesto que abandonó la actitud agresiva.
- Lo lamento, he venido a traerle esto a Antonio -dijo enseñando la chaqueta del español- Se le ha caído y no se ha dado cuenta.
- Se lo agradezco -dijo el hombre cogiendo la chaqueta
- ¿Cómo está? -dijo mirando el coche. El hombre frunció un ceño- Soy su amigo y me preocupo.
- Se preocupa... ya... -Francis sintió otra puñalada con ese comentario- Está mal. La fiebre no le baja debido a la gran crisis que hay después de la guerra y las heridas le siguen doliendo. Tardarán en cicatrizar como es debido. Además su carácter ha cambiado y ninguno de nosotros puede hacer nada por ello.
- Ya veo... -dijo el francés tristemente, desviando la mirada hacia el coche.
- Él le estuvo esperando, cuando se retiraron ustedes él seguía diciendo que vendrían, que quizás les había pasado algo. Estuvo a punto de crear un comité para buscarles, cuando todos sabíamos que nos había abandonado -dijo el hombre- Él confiaba en usted más que todos nosotros.
- Pues la he jodido a base de bien -dijo Francis con una sonrisa amarga.
- Lo perdonará. No hoy, no mañana... pero lo acabará haciendo -dijo el hombre- Si se siente culpable y quiere enmendarse, por favor, intente tratar bien a nuestros refugiados. Significaría mucho para nosotros y para él.
- Lo haré. -dijo con la vista gacha, aunque en realidad no tenía ni idea de cómo lo podría hacer. El aluvión de gente había sido impresionante y no lo habían podido manejar de manera óptima. Aún podía recordar el campo de refugiados (por llamarlo de alguna manera) que habían tenido que montar en la playa. Pero al menos, lo iba a intentar con ahínco.
Dun, dun, dun... Me encanta el encuentro en Francia. La tensión que se respira en el ambiente oh... (mirada al infinito) Paso a comentar reviews y contaros apuntes de interés.
Nikie Blue, Hola! Wah, llantina? Pobrecitaa *hugs* La verdad es que soy un poco cruel con Antonio, pero es un periodo de la historia de España muy triste u.u. Espero ver tu review de nuevo por aquí n.n
Misao Kurosaki, agh *la saca de su rincón emo* D: El pobrecito pasó por muchas cosas. ¿Llorarás? Oh god. Me sabría mal pero me gustaría saber que mi historia puede llegar tanto a una persona como para emocionarla. Ah yo también soy lenta y no me entero de muchas cosas *highfives* Jajaja sobre el yaoi, no hay pairing explícito. Se puede "entrever" pero no escribí nada, el momento es ya de por sí triste *Sobs* Continuado, espero que me dejes review de nuevo :D
ArisuIchihara, es que tiene que ser triste T.T esa época fue muy mala y aún a día de hoy se notan las "heridas" que quedaron en el país. Lovi tiene un carácter difícil pero en lo más profundo de su corazón le tiene cariño a Antonio, lo sabemos *xD* Me alegra que te esté ayudando a saber más cosas de la historia de España y espero que este capítulo te guste también *3*
Nuria, Wa todas me decís que casi lloráis!! *Miru se siente culpable* Bien ò_ó! Si me decís que aprendéis historia gran parte del cometido de escribir este fic está completo! Espero ver tu review de nuevo y que te guste el capítulo :3
Ahora los apuntes de interés (o eso creo XD):
Primero explicaros que en realidad el gobierno no se exilió de ése modo. Sólo lo he hecho así porque quería añadirle un poquito más del sentimiento de traición. En realidad el gobierno salió más tarde del país, pero bueno tampoco me salía a cuenta que estuvieran todos en aquel lugar, sino la situación de "captura" de Antonio hubiera diferido de lo que yo quería explicar.
El régimen Franquista se basó en el miedo. Sobre todo al principio, en cuanto una ciudad era conquistada se procedían a limpiar los lugares de los republicanos mediante ejecuciones (algunas de ellas muy bestias). También empezaron los conocidos paseos, de los que hablaré en otra ocasión. Era un gobierno que no tomaba la opinión de la gente en cuenta, había sido una regresión.
Después quiero comentar el personaje inventado que es Ana. Participo en un rol y creé una criada random para Antonio que era muy atenta con todo (y a la cual llama "Ser superior" porque siempre parece saberlo todo) y me hizo gracia, por lo cual quise ponerla en el fic. Como bien me apuntaron... Si Ana estaba por aquél entonces, ahora debería ser súper vieja o estar muerta. Así que al final decidí que esta Ana sería la madre de la actual Ana.
El concepto de constipado-fiebre y crisis están muy relacionados como mucho sabréis. Himaruya usa el estado físico de los nation-tan para expresar si los personajes están en crisis de cualquier tipo. Después de la guerra Civil, España sufrió una inmensa crisis debido al dinero que se había gastado en ésta. Costó levantar la economía mucho ya que el país se quedó totalmente aislado en cuanto al comercio y debía abastecerse a sí mismo.
La reunión en Francia es inexistente y la he inventado por el puro propósito de añadir trama y esa conversación entre Antonio y Francis. Elegí Bayonne por el hecho de que se encontraba cerca de la frontera Española y dentro de territorio francés. Además no era una ciudad capital por lo que podría haber pasado desapercibida una reunión no oficial.
El tema de los campos de refugiados para españoles en Francia es polémico. He visto diferentes cosas: desde que los trataron muy bien hasta barbaridades. La avalancha de españoles hacia Francia hizo que el país no pudiera reaccionar y que tuviera que hacer campos de refugiados donde pudiera. Uno de esos lugares fue una playa, donde los españoles ni siquiera tenían agua potable y estaban sin techo dónde guarecerse. Es un tema extenso y que, si queréis profundizar, seguro que encontráis diversas informaciones por inernet.
Y eso es todo por esta vez. Nos vemos en el próximo capítulo que concluirá con el fic.
Un saludo a todos.
Miruru.
