Capítulo 4.

El pecado de la madre y el hijo.

El sol naciente era rojo como la sangre, una señal de muerte. Shining estaba mirando los cadáveres de guardias reales y de sus capas blancas, todos habían muerto pero se habían llevado más de veinte enemigos con ellos. Él los miró con tristeza, una pena inmensa, sus hombres habían muerto. Miró a su hermana, la cual estaba hablando con el padre Orange y Flash, caminó hacia ellos y dijo. — Se los llevaron, a Trixie y a Blade, también mataron a todos los capas blancas, no quedó ninguno.

Twilight apretó los dientes con rabia, sin comprender del todo la situación, se suponía que ésto era cosa de fanáticos religiosos ¿Por qué había guardias reales? Al principio pensó que eran solo armaduras robadas, pero esa teoría se descartó cuando identificaron a los veinte ponis muertos como soldados juramentados de la guardia real ¿Por qué? ¿Cómo es que la iglesia tenía a su mando soldados de la guardia? No tenía sentido, si ésto estaba pasando, ¿qué otras cosas estarían pasando bajo sus narices?

— Tenemos que darnos prisa. — Dijo Flash. — Padre Orange, usted está relacionado con los secuestradores. ¿Cuánto tiempo cree que tenemos para encontrar a Trixie y Blade?

El padre miró a Flash y respondió. — No mucho, según algunos registros históricos, cuando la iglesia capturaba lobos pasaba días tratando de que ellos confesaran sus "pecados" para que los dioses perdonaran sus almas. La señora Lulamoon es fuerte, podríamos tener poco más de una semana.

— Es bueno saberlo. — Dijo Twilight. — Flash, organiza patrullas que busquen por las calles de Ponyville y por los alrededores. Shining — le dijo a su hermano —, ¿cuándo llegarán los capas blancas que llamaste?

— Les mandé un mensaje tan pronto como me enteré de esto, llegarán esta tarde.

— Bien, son los mejores soldados, quiero que los comandes para patrullar el bosque Everfree, podrían haberse escondido ahí.

— Bien. — Dijo Shining con gran preocupación.

Mis soldados, mis capas blancas. Los conocía a todos, siempre me ha gustado familiarizarme con mis reclutas; comer con ellos, dormir con ellos, trabajar con ellos. Todos son mis amigos, y ahora los que me acompañaron a Ponyville murieron. Dieron buena pelea, todo para cumplir mis órdenes, no me sorprende, ellos irían al infierno sólo con el hecho de que se los pidiera. Su sangre está en mis cascos.

Vigilaré a los fanáticos, mi guardia se enfocará en protegerte a ti y a tu hijo. —

Les prometí que ellos los protegerían, si tan solo yo hubiera estado aquí… mis hombres estarían vivos y Trixie y Blade a salvo… les fallé… les fallé…

— ¡Shining! — Gritó Twilight mientras que los ojos de Shining sangraban.

Shining se limpió la sangre y miró a su hermana. — Lo siento… no te preocupes Twilight… encontraremos a Trixie y a Blade… — Dijo dándose media vuelta y alejándose, dejando a Twilight preocupada.

Trixie abrió los ojos lentamente, sintiendo un gran dolor de cabeza. De pronto vio que no estaba en su hogar, estaba en un cuarto pequeño, oscuro y lúgubre, estaba recostada sobre un colchón viejo y sucio que apestaba a rata muerta. Pasó unos segundos tratando de procesar su situación y recordar qué había pasado y lo logró, recordó lo que pasó la noche anterior.

— ¡Blade! — Gritó ella alterada, vio una puerta pesada de metal y corrió hacia ella y la golpeó, trató de usar magia pero vio que tenía un anillo de bloqueo en su cuerno. — ¡Oigan, déjenme salir! ¡¿Dónde estoy?! ¡¿Dónde está mi hijo?! — Gritó ella llena de miedo.

De pronto, se escuchó la pesada puerta de metal abriéndose, ella retrocedió y pudo ver a dos guardias reales. — Gracias al cielo… ¿Dónde está mi…? — No termino de hablar, pues uno de los guardas la golpeó con su casco, haciendo que ella cayera al suelo.

—Silencio, pagana. Tú y tu monstruo están aquí para aliviar sus pecados.

Trixie miró al guardia sin saber qué pensar. — ¿Qué…?

—Soldados. — Dijo una voz masculina. Trixie pudo ver que era un unicornio café de crines blancas y ojos verdes, con una cutiemark en forma de pergamino. — Salgan por favor, quiero hablar con nuestra invitada.

—Sí, su santidad. — Dijeron mientras salían y cerraban la puerta detrás de ellos.

—Señorita Lulamoon, estaba ansioso por que despertara, espero que su habitación le parezca cómoda para alguien en su… "situación pecaminosa".

— ¿Quién es usted? — Cuestionó sin entender que pasaba. — ¿Qué quieren? ¿Dónde está mi hijo?

— ¿Hijo? — Dijo el cura. — No tiene ningún hijo, ese niño es hijo del demonio como todas aquellas criaturas carnívoras.

—… No juegue conmigo, ¿dónde está mi hijo? — Dijo ya molesta.

El padre la miró y, sin pestañar, le dio una sonora bofetada. — No le digas "hijo" a eso, hija mía.

—Usted no es mi padre, no tiene derecho a llamarme hija.

—Todos los ponis son hijos e hijas de nosotros, porque somos los que esparcen la voluntad de los dioses.

—No me interesa. — Dijo ella. — ¿Dónde está mi hi…? — Bofetada.

—No lo llames así. Él está en otra celda, nuestro líder está tratando de hacerle entender lo que es para que se arrepienta de serlo y de esa forma podamos limpiar su alma y mandarlo con los dioses.

Trixie sintió que su corazón saldría de su pecho en cualquier momento, ¿qué diablos pensaban estos tipos? ¿Qué le harían a su pequeño? — No… él no hizo nada…

—Al contrario, señorita Lulamoon. Él es un lobo, una de las criaturas más repugnantes de ese mundo junto con los leones y los dragones. — Dijo el cura. — Toda criatura que consuma la carne de otro animal es impura, al lobo, en cuanto confiese, lo salvaremos y reencarnará como un ser herbívoro, tal vez una cebra o un poni, no sabemos.

— ¡¿Se han vuelto locos?! — gritó. — ¡Es sólo un niño! ¡¿Qué diablos le van a hacer?! — Le dio una bofetada tan fuerte que la hizo retroceder varios metros.

—No blasfemes hija mía. Si te interesa saber, vamos a hacer que se arrepienta de toda la carne que consumió, luego, cuando realmente quiera entrar en los brazos de los dioses, será despellejado vivo y su cuerpo calcinado, es la única forma de purificar toda su alma para que acceda a la reencarnación. — Trixie lo miró horrorizada, sin aliento, lo miró varios segundos, quieta, sin hacer nada. — Oh, hija mía, no debes preocuparte por una criatura tan… — No terminó de hablar pues Trixie se le abalanzó y comenzó a golpearlo sin cuartel, el cura vio que no tenía control de la situación y comenzó a llamar a los guardias, los cuales entraron y rápidamente separaron a Trixie del cura.

— ¡Maldita loca! ¡¿No ves que ésto es la voluntad de los dioses?!

— ¡Sí la voluntad de ellos es matar de esta forma a un niño inocente, entonces los dioses pueden irse al infierno, ustedes son una mierda! ¡Los dioses son una mierda! — El guardia que la sujetaba la golpeó para que dejara de hablar, pero sólo hizo que ella se resistiera con más fuerza.

— ¡Qué palabras menos ciertas! ¡Colmadas de irrelevancia! — Miró a sus guaridas. — Se las dejo. Si realmente hablas de esa forma de los dioses, vamos a hacer que implores su ayuda. — El cura se retiró de la habitación y cerró la puerta, tan pronto lo hizo, los dos guardias tumbaron a Trixie en el colchón y lucharon hasta inmovilizarla del todo para luego comenzar a penetrarla sin piedad. Los gritos de Trixie sonaron por todos los pasillos, gritos de furia e insultos, pero luego de un rato, eran suplicas para que pararan.

En un cuarto iluminado, Blade estaba encadenado a un poste mientras veía con miedo a un grupo de diez ponis rodeándolo contra la pared, liderando el grupo, había un terrestre gris de crin castaña y ojos azules. — Dime pequeño, ¿sabes por qué estás aquí? — Dijo el padre.

— Yo… no se… — Dijo temblando de miedo, sintiendo un olor tan amargo y horrible como nunca antes lo había sentido.

El padre se acercó a él y lo acarició como a un perro. — Estás aquí por tu pecado.

— ¿Mi pecado…? — Dijo sin entender. Blade era un cachorro muy inocente, había muchas cosas que no sabía todavía, y el significado de esa palabra era algo que desconocía.

—Sí, cachorro. Tú eres un lobo ¿Verdad?

Blade asintió temeroso. — Qui… quiero a mi mamá…

El padre sonrió. — Oh, quieres mucho a tu mamá, ¿verdad?

Asintió.

— ¿No te gustaría que nada malo le pasase verdad? — Dijo en una voz extraña para Blade, también pudo sentir un olor raro provenir de ese poni, un olor tan oscuro como una noche sin luna ni estrellas.

— No… ¿Dónde… dónde está?

— Ella está bien, siempre y cuando hagas lo que nosotros te digamos hacer.

Blade lo miró con miedo en sus ojos, sin saber qué pensar.

En su casa, Shining estaba mirando por la ventana, Skyla estaba en casa de Alexis, la cual estaba vigilada por guardias de extrema confianza de Flash. Él simplemente miraba la ventana, pensando en qué podía hacer, sus hombres murieron por él pero extrañamente eso no era lo que lo atormentaba, solo pensaba en Trixie y Blade, sólo le interesaba saber si estaban o no bien.

Vigilaré a los fanáticos, mi guardia se enfocará en protegerte a ti y a tu hijo.

Esa frase seguía sonando en su cabeza, ¿sería su culpa? Él se negó a que los guardias regulares se encargaran, insistió en que su guardia de elite se encargara de la situación y habían fallado, había fallado él a sus soldados y a Trixie y Blade… Su corazón estaba lleno de remordimiento, ¿por qué no vigiló la casa junto con los capas blancas? Él hubiera marcado la diferencia, ¿por qué? ¿Por qué fue tan idiota?

Ya era de noche en Ponyville, Orange estaba en su casa calentando agua para tomar té, había tenido un día largo ayudando a Twilight a rastrear a los secuestradores de Trixie y Blade y no tenían resultados, la preocupación reinaba su mente, pero también la vergüenza ¿Cuándo fue que la fe en los dioses se convirtió en ésto? Miró la tetera de metal calentándose y se preparó para servirla, pero en ese momento escuchó la mecedora de su sala rechinar. Dio un fuerte suspiro y comenzó a escuchar pasos acercándose hacia él. — Hola Brown. — Dijo sin darse vuelta, detrás de él había un guardia real de su misma edad, de color marrón, crin negra y ojos verde claro.

—Orange, es bueno ver al pagano de la familia. — Dijo el guardia.

Orange suspiro. — Sé lo que vas a hacer, dime, ¿quién es el que está a cargo de ésto? ¿Acaso es el tío Gray? — Dijo sin recibir respuesta. — Él siempre ha sido así, siguiendo todo literalmente.

— No blasfemes más, eres una vergüenza para los dioses.

— No hermanito, la vergüenza son ustedes. ¿Cuándo? Dime, ¿Cuándo fue que cambiamos la fe en algo que no vemos por el homicidio y tortura de aquellos que no entran en los parámetros de las escrituras? ¿Cuándo dejamos de ser inteligentes? ¿Cuándo involucionamos?

Brown, de un movimiento, lo tomó por la espalda y le coloco una daga en su cuello, preparado para cortarle la garganta. — Nuestro tío está harto de tu comportamiento, él nos sacó de la calle, y tú en compensación te vuelves hereje.

—No Brown, sólo uso mi cerebro y veo las cosas como son, ustedes están cegados por lo que dice un libro de hace milenios, ese libro sólo fue escrito por ponis primitivos y racistas. Si realmente quieres creer lo que dice, eres un idiota. Las escrituras son mentira, los dioses de verdad jamás escribirían algo tan tonto. — Brown, lleno de ira, rebanó la garganta de Orange, llenando el suelo de sangre.

—Adiós hermanito, salúdame al tártaro. — Dijo retirándose en silencio.