Capítulo 3: A veces, lo mejor, es callarse
Tiene que haber… un error… ¡YO PEDÍ SER ASIGNADA AL DEPARTAMENTO DE LITERATURA!
Onodera Ritsuko, a un paso de cumplir los veintitrés… era ahora, definitivamente, lo que un hombre llamaría una mujer hermosa, inteligente, atractiva, pero… desagradable… ¿Por qué?
Bueno…
Digamos que la cara que dirigía en esos momentos al encargado de Recursos Humanos no le favorecía para nada, principalmente porque estaba acompañada de dos puños apretados que parecían estar prestos a golpearlo. Parecía una loca que había escapado del manicomio ese mismo día… una loca con instintos asesinos.
Lo… lo lamento, pero, co… co… como puede leer aquí – le mostró el papel con mano temblorosa y ella casi lo rompió al arrancárselo – ha sido asignada como Editora del Departamento Esmeralda, especializado en Manga Shōjo…
¡Manga Shōjo…! Manga… – su rostro se relajó. Este cambio abrupto de estado de ánimo era habitual en ella, pero el joven se asustó. Definitivamente no entendía cómo podían haberla contratado, quizás su examen psicológico era fraudulento – Supongo… que ustedes no editan Yaoi, ¿cierto?
Hem… bueno, si se refiere a novelas BL…
Para el caso da lo mismo… – le devolvió la hoja – Supongo que no me puede ir peor que en la otra editorial…
Ya verá que todo estará bien. Además… ¿es usted soltera?
¿Hum? – parpadeó – Sí…
En ese caso, le diré que puede que hasta salga de aquí con un anillo en su dedo – lanzó una carcajada que ella no sintió ofensiva ni burlona. Pero llegó a dolerle… "Hace un año vi tu anillo… Es delicado como tú… Ritsu…".
Agradezco los buenos deseos – logró sonreírle, pese a que el recuerdo la había sumido en la depresión continua en la que vivía – Pero no estoy interesada en mantener una relación amorosa con nadie, por el momento…
Quizás cuando vea a sus compañeros de trabajo cambie de opinión… Especialmente a Hatori-san y a Takano-san… Son los más populares aquí, todos se mueren por ellos –el todos le sonó demasiado sospechoso, principalmente porque había sido pronunciado por un hombre que llevaba una corbata de corazoncitos rosados debajo de una chompa roja, al cual los ojitos le brillaban como si se tratara de una princesa frente a su príncipe azul. Pero como ella era tolerante en ese aspecto, se limitó a esbozar una ligera mueca – Lo más difícil, creo yo, será que logre adaptarse a los ciclos…
¿Ciclos? – acababan de llegar al piso correspondiente. Desde que puso un pie en el, un olor desagradable se hiso presente desde algún lugar del pasillo, a la mano derecha. Se preguntó si el encargado del mantenimiento sería despedido por semejante irresponsabilidad – Se refiere a – pero el joven no le hiso caso. Se acercó a otro empleado que pasaba por ahí, sumido en su trabajo.
Buenos días, soy de Recursos Humanos. La señorita trabajará en Esmeralda…
Ah, es allá… ¿Segura que quiere meterse en ese infierno, preciosa? – ella estuvo a un paso de incinerarlo. Odiaba que la trataran de esa manera.
Oh, por supuesto que sí… Soy especialista en generar incendios – tanto el desconocido como el joven que la guiaba retrocedieron al percibir el peligro de sus palabras, que fueron acompañadas por una expresión demasiado intimidante. Definitivamente ella era alguien que no admitía ni piropos, ni malos tratos. Qué miedo…
Esteee… Llegamos…
Ufff. Supongo que no queda otra opción más que aceptarlo… Me iré en dos semanas, estoy segura de ello… Buenos días, mi nombre es Onodera Ritsuko. Trabajaré desde hoy aq – al alzar la vista, luego de su inclinación de respeto, trastabilló. Al fin sabía de dónde provenía el desagradable hedor que ella había asociado a un baño descompuesto. Frente suyo se hallaba todo menos una oficina, y lo más cercano a un cementerio profanado en el que tres cuerpos parecían pudrirse a la intemperie – Pero… ¿qué rayos pasó aquí?
Ah, Dios mío, estamos cerca al fin de ciclo – retrocedió, aterrado – Bue… bue… ¡Espero que le vaya bien! – huyó, dejándola de pie, sola, con mil preguntas en la cabeza.
¡ESPERA NO ME DEJES SOLA!
¿Puedo ayudarle en algo? – una voz se dejó oír desde el asiento de la izquierda, el más cercano al fondo de la oficina, por entre una ruma incomprensiblemente estable de libros y hojas apilados en desorden. Una voz que parecía provenir de un enfermo, y que en realidad había sido emitida por uno de los cadáveres… El más limpio en apariencia, por cierto.
Bue… buenos días. Soy la nueva editora… Me llamo Onodera Ritsuko, y
Por favor… no grite… – pudo oír cómo unos cuántos libros caían con estrépito al suelo
¡Ah, lo siento, yo los recogeré…!
No hay problema – un hombre de cabellos castaños y ojos azules tirando a grises que en ese momento eran casi dos rayitas debido a la falta de sueño, se acercó tambaleante a darle la mano – Soy el Sub Jefe, Hatori Yoshiyuki. Bienvenida, el Jefe no tarda en llegar, tome asiento – empezó con movimientos robóticos a sacar del asiento libre junto al cadáver más pequeñito todos los papeles y libros que bloqueaban su empleo.
Hatori-san… En verdad es muy guapo… pese a su actual apariencia – se ruborizó – Ah, gracias, Hatori-san. Creo que he llegado en mal momento…
Yo creo que encontraremos la manera de sacarle el jugo, como se dice. Hum… es más, creo que puede ayudarme ahora – caminó dando traspiés a su lugar y luego regresó con unas hojas llenas de dibujitos – Este es uno de los trabajos que será llevado a la imprenta más tarde… Deme su opinión femenina.
¿Eh? – tenerlo tan cerca, a menos de cinco centímetros de su rostro, la puso nerviosa. Onodera, basta, tú no puedes enamorarte… lo juraste delante de todos los monumentos y santuarios existentes en el mundo en honor a Kami-sama… Piensa que eres hombre, piensa que eres hombre – Veamos – revisó el documento con detenimiento – Hum, creo yo que esta viñeta de aquí carece del movimiento que el diálogo muestra, si tan solo la mangaka le hubiera impregnado… no sé… un poco más de sentimiento podría haber sido un poco más romántica, sin dejar el hecho de que se trata de un manga cómico, ¿cierto? – lo miró. Y se quedó perpleja ante su expresión desconcertada – Eh… ¿dije algo malo?
No… Es sólo que, dijo exactamente lo mismo que me comentó Takano-san en su momento… Por eso, decidió ya no incorporarlo en la publicación de este mes…
Creí que lo iban a enviar más tarde – se sintió levemente engañada.
Mentí – sonrió divertido – Quería ver si realmente podría sernos útil – lo observó incorporarse y hablarle con los brazos entrecruzados – Hemos recibido varios postulantes que no pasan la prueba. Suelen decir que el trabajo es perfecto simplemente porque ya había sido supuestamente aprobado por el Jefe…
Ya veo… Yo creo que eso es una falta total de criterio y profesionalismo – unos pasos se acercaban cada vez más, pero ella, hablando con tal apasionamiento, no los escuchó – Si uno piensa que algo es malo, debe decirlo, al menos yo siempre acepto una crítica constructiva. Y en el trabajo de edición, de cualquier tipo, las cosas deben ser así, porque es una obligación moral para con los lectores. Si esta mangaka se debe a su público – miró las hojas en manos de Hatori – debe amanecerse hasta el final de sus días para lograrlo… Eso creo yo.
Al fin una persona inteligente – Hatori relajó los brazos y ella se puso de pie de golpe. Y al mirar hacia la entrada, no pudo evitar sonrojarse en una intensidad mucho mayor que la generada por Hatori. Ante ella se encontraba un hombre alto, casi tan alto como el otro, de cabellos oscuros, ojos de un precioso color marrón casi gatuno… Un verdadero Adonis en medio de ese desastroso hábitat. Y, por cierto, pese a que se notaba también sumido en un estrés casi crónico, olía… mas o menos… bien – Me alegra contar con una nueva autora, y que además viene con el compromiso de ser un apoyo y no un estorbo, señorita. Perdone el desastre, pero estamos a punto de entregar la revista de este mes… Puedo, sin embargo, revisar su manuscrito – le regaló la sonrisa más bonita del mundo. Una sonrisa que evocó, sin que ella fuera consciente de ello a plenitud, otra que había amado en su época de niñez.
Y seguía amando… para su desgracia.
Oh, Takano-san, la señorita…
Yo me encargo, no te preocupes. Vuelve a tus labores, Hatori. Por aquí, por favor, sensei – se le notaba también estresado, cansado y al borde del colapso. Pero sin lugar a dudas, irradiaba ese inconfundible aire de superioridad con que ella sabía debían contar los jefes. Casi aventó la pila de libros que se hallaba sobre la silla frente a su mesa – Tome asiento, sensei. Lo usual es que
Takano-san, disculpe que lo interrumpa – el hombre le sonrió. Sonrojándola nuevamente – Esteee… Lo que ocurre es que me confunde. No soy una escritora, bueno, aún no, está dentro de mis planes a largo plazo – tanto él como Hatori la observaron fijamente – En realidad soy la nueva editora de Esmeralda – las facciones del hombre que tenía al frente mostraron una sorpresa que rayaba en escepticismo – Me enviaron a trabajar desde hoy, por eso Hatori-san estaba
¿Es una broma? – ignorándola por completo, se puso de pie y caminó hasta el lugar de Hatori. Su cambio abrupto de estado de ánimo la desconcertó – Recuerdo haber solicitado a un EDITOR. Una mujer carece de la sutileza para editar este tipo de obras – la indignación de Ritsuko fue en aumento – ¿Sabes quién realizó la entrevista?
No, Takano-san, pero ella, como pudo escuchar
¡Comentarios de aficionado! – ella apretó los puños. Empezaba a desear renunciar en ese preciso instante – Niña…
¿Niña…? ¿Pero quién se cree este idiota?
…al menos tienes experiencia editando manga, ¿cierto?
No. Soy Editora de Literatura – el hombre explotó.
¿LITERATURA? ¡ESTO ES UNA BURLA, NO VOY A ADMITIR
¡LA QUE NO VA A ADMITIR QUE LA VETEN POR SER MUJER, SER JOVEN Y NO TENER EXPERIENCIA SOY YO! – todo Marukawa se detuvo ante su grito. Era la primera vez que alguien se atrevía a tratar de esa manera a Takano-san, bueno, salvo cierto trabajador del área de ventas. Hatori se puso de pie lentamente, temiendo la reacción que pudiera tener el hombre. Pero éste sólo mantuvo su expresión de desconcierto y perplejidad. Parecía haberlo hipnotizado – No soy aficionada solamente. Mi experiencia en edición de novelas literarias puede no ser compatible, pero en mi niñez – se tomó su tiempo. Una vez más los recuerdos felices se agolparon a su mente – en mi niñez… leí mangas de este tipo, además de muchos Shōnen, Shōnen-ai y Yaoi – todos se ruborizaron, menos ella – Y una persona que sabía mucho sobre el tema y que estuvo practicando siendo aún estudiante de escuela secundaria en una pequeña editorial me contó acerca del proceso de edición… De modo que… hasta que no le demuestre que tiene razón… ¡NO LE PERMITO TILDARME DE INÚTIL!
Onodera-chan… tranquilícese, por favor – las palabras de Hatori hicieron reaccionar al hombre. Lo miró primero a él, abriendo la boca y los ojos en su máxima expresión, y luego la miró a ella. Y comprendió en ese momento que…
¿Ritsuko? – ella volteó, al oír la voz que la llamaba. Y no pudo evitar que sus ojos se humedecieran al reconocer el rostro del hombre que la miraba desconcertado, pero con una expresión de felicidad en sus facciones.
Ah… ¡Takafumi! – se lanzó a sus brazos. Y Hatori pudo, sin mucho esfuerzo, notar que ese gesto había afectado a su jefe de una manera incomprensible. Porque, el siempre temperamental Takano-san estaba más pálido de lo normal, mientras apretaba los dos puños con fiereza.
¿Qué haces aquí? Ah… ya te encontras
Yokozawa, ¿sabes quién se encargó de las entrevistas para el puesto de editor en mi departamento? – Takafumi lo miró, asombrado por su expresión hosca. Y entendió.
No, pero puedo averiguarlo… ¿Aplicaste al puesto, Ritsuko?
No, yo postulé para el puesto de editora de Literatura… Pero me enviaron aquí, pese a que dejé muy claro durante la entrevista cuáles eran mis expectativas… Takano-san no está de acuerdo… Creo que… debería renunciar… No quiero incomodar a nadie – el resto de personal empezó a dispersarse, a regresar a sus labores. Su nueva expresión depresiva los desubicó. En verdad sufría de un terrible caso de bipolaridad, era la única explicación. Igual que el Jefe de Esmeralda – Deben existir muchas otras editoriales que deseen un editor de literatura…
Señorita, no estoy para perder el tiempo… ¿No acaba de gritarme en la cara que me iba a hacer tragar mis palabras? – lo miró a los ojos. Y nuevamente sus mejillas se sonrojaron. Yokozawa frunció el ceño al notarlo – En ese caso, le asigno a Hatori como su supervisor, durante esta semana. La siguiente, tendrá que vérselas por sí misma. Yokozawa – caminó hacia ambos, pasándolos de largo – tengo algo que consultarte, si me acompañas – luego de regalarle una sonrisa a modo de disculpa, el hombre de cabellos negros lo siguió. Y ella caminó hacia Hatori, con la extraña sensación de que no la iba a tener nada fácil en esa editorial.
X ^ X
En la que nos hemos metido…
Lo observó mientras el joven estrujaba el vaso de su café, intercalándolo con el décimo cigarrillo en menos de dos horas de estar sentados el uno frente al otro sin decir prácticamente nada. Aunque sobraban las palabras. El infierno del hombre que tenía al frente, su amigo desde hacía diez años, él lo conocía perfectamente bien. Era, lamentablemente, el mismo que él estaba viviendo en ese preciso instante… y el mismo que había sufrido en el pasado… por su culpa.
Hay algo que no entiendo… ¿cómo es que no te ha reconocido?
Supongo que debido a mi cambio de apellido… Me conoció únicamente como Saga Masamune. No sabe de la separación de mis padres…
¿Pero físicamente?
Me atrevería a conjeturar que hiso hasta lo imposible por olvidarme…
Eso, y el hecho innegable de que dejaste de ser el mocoso enclenque y desabrido del colegio – el otro no le respondió. Pero formuló en palabras su verdadero temor.
Supongo… que esto nos convierte una vez más en rivales… – Yokozawa lanzó una risita burlona.
Me parece a mí que olvidas algo… Ritsuko salió del colegio por culpa de su enamorado, quien aparentemente la engañó con la que es ahora mi prometida – el pobre cigarro fue estrellado con malignidad contra el cenicero – No tienes oportunidad, Masamune. Ya te gané – habló con sarcasmo.
¡Ni en tus mejores sueños…! Dudo que… – calló. Bajó la cabeza y no pudo evitar que sus ojos se nublaran – me haya perdonado, pero eso no quiere decir que yo haya dejado de amarla…
Sin embargo, tienes razón, esto nos convierte en rivales – lo miró, con el miedo y la ira crecientes ardiendo en sus ojos marrones – Porque, An-chan renunció a ti por mi presencia, como una especie de huida – hablaba con indiferencia – Pero ahora que ella ha aparecido… lo verá como un nuevo reto… Y, lamento decírtelo, pero, no estoy dispuesto a quitártela de en medio…
¡Yokozawa!
Ritsuko es mi primer amor – habló esta vez con ojos brillantes, como si eso que había dormido por tantos años en su interior empezara nuevamente a aflorar – Si no hubiera sido por ti, ella sería ya mi esposa – Takano-san ni pestañeaba – El perderla… nos unió como nunca creí que podría pasar… Incluso
Dijimos que no hablaríamos sobre ese incidente – apartó la mirada. Él entendió. A ninguno de los dos le gustaba recordar que, en un arrebato de desesperación, habían vivido su propia historia BL de un mes de duración. Incluida una noche de yaoi, por cierto, aunque Takano no lo recordara, por más que Yokozawa lo contara a veces con lujo de detalles y en son de broma, delante de su novia.
En esto no puedo ser tu amigo. Si Ritsuko se acerca a mí… Lo siento, Takano. Pero no pienso dejar ir mi oportunidad…
Amor, al fin te encuentro – la puerta de la salita de reuniones se abrió. Y, una ya crecida y agraciada An-chan irrumpió, abrazando a Yokozawa con evidente falsa alegría – Ah, te extrañé mucho…
Igual yo – Takano pensó que esta era una de las cosas que menos entendía de su amigo Takafumi. En esos diez años, había dicho muchas veces que lo amaba, pese a seguir enamorado de Ritsuko. Y, sin embargo, hacía uno de su sorpresivo compromiso, con la mujer que él, Takano, odiaba más en todo el mundo. Y que, para variar, aún lo acosaba, cuando Yokozawa no estaba cerca.
Me dijeron que hoy llegaba el nuevo editor para Esmeralda… El chico de Recursos me dijo que se trata de un joven muy tímido y tranquilo – ambos suspiraron aliviados. Afortunadamente los idiotas de ese departamento no dejarían nunca de ser bromistas – ¿Tú crees que podamos organizarle una bienvenida, Takano-san…? Para ayudarle a adaptarse…
Lo dudo – se puso de pie – En realidad, creo que debemos mantener al… novato – habló dándole la espalda – fuera de nuestro grupo amical. Tiene que pagar derecho de piso.
Concuerdo contigo. Y, respecto a lo de no ponerle fácil esto de los procedimientos y antiguos trabajos – Takano miró a su amigo, y entendió que estaba hablando en clave – te apoyo. Yo no le diré nada que no deba saber por ti, su jefe directo…
