IV. El viaje de Chihiro.
Las nueve menos cuarto era la hora que habitualmente cerraban la tienda, y a esa hora, como un reloj suizo bien engrasado, apareció un hombre moreno y alto por la puerta. La primera en verlo fue Rika que sonrió abiertamente y saludó cordialmente, y nada más escuchar su voz una pequeña niña salió corriendo, tirando a Takara por el suelo de la emoción.
-¡¡Bya-kun!! –sólo ella podía llamarle así, y eso era así, tan sólo porqué era tan cabezona como su madre.
-Hola Miyako –respondió el Capitán, se agachó y abrazó a la niña.
Rika se agachó a coger a Takara, pronto echaría de menos su peluche y sabía que era mejor tenerlo cerca. Le costaba horrores hacerlo, pero ahora mismo nadie le hacía caso. Mientras, el hombre moreno y alto se levantó, cogió a la niña en brazos y comenzó a hablar con ella.
En ese momento, Rika, cogió su móvil y rápidamente marcó un número, mirando embobada la escena, mientras contestaban, pero no tardaron mucho.
-¿Dónde diablos estas? –preguntó y sin dejar tiempo a responder siguió hablando- tu hermano ya está aquí –le contestaron con desgana- vale, vale ¿tienes las cajas? –le chilló- ¡al menos déjalas en el almacén! –volvió a chillar, sus hormonas no daban para más. Pero la otra persona, le colgó- Me ha colgado…
-No me extraña –dijo la niña mientras se reía.
-¿Me ha colgado? ¿me ha colgado? Llevo toda la tarde aquí, sola… -iba a comenzar a quejarse, pero vio al hombre y a la niña y se calló un poco, luego lo haría.
-¿Qué ha dicho?
-Que subamos a su casa, viene enseguida –le sonrió embobada- me quedo a cenar con vosotros.
-Claro, no esperaba menos, Rika –la aludida se sonrojó.
Rukia llegó corriendo a su casa y al abrir la puerta corrió hasta el pequeño salón, y entró disculpándose como una loca, pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo, Miyako se le tiró encima.
-¡¡Mami!! –la abrazó.
-Miyako, nii-sama, Rika, lo siento, me he entretenido en el almacén del mayorista –mintió, y ni ella sabía bien porqué.
-No pasa nada, Rukia.
Una vez aclarado todo, el trabajo se dividió, Miyako estaba demasiado emocionada por ver a su tío que no lo dejaba ni respirar, así que ambos se quedaron en el sofá de casa hablando y jugando. Mientras las otras dos chicas preparaban la cena, pero no pudieron empezar hasta que Rika se quejara de todo lo que había hecho durante la tarde y de lo mal que se encontraba. Una vez acabados los lamentos, comenzó otro tipo de conversación.
-Esta muy guapo tu hermano –era la primera cosa que dijo la chica sin ser una queja.
-¿Para ti cuando está feo? –levantó una ceja y sonrió mientras terminaba de cortar unas verduras.
-También es verdad –suspiró sonoramente- no lo puedo remediar -se frotó la barriga mientras se quedaba pensativa.
-¿Tú estás aquí para ayudarme o sólo para quejarte o hablar de mi hermano a escondidas?
-Para ayudarte, para ayudarte –repitió rápidamente mientras se sentaba en una silla con dificultad y Rukia le acercaba otras cuantas verduras para cortar mientras ella miraba como iba la carne del horno.
-Está bien, ¿cómo estás?
-Mejor que tú, desde luego, desde que has llegado del mayorista estás rara.
-¿Rara cómo? –preguntó Rukia muy interesada.
-Triste, -su amiga se lo pensó mucho antes de seguir- melancólica, quizá.
-Ya veo.
-¿Quieres hablar de algo? –preguntó Rika.
La morena de ojos violetas se asomó al único pasillo de su casa, que daba directamente con el pequeño salón, allí se veía claramente a su hermano jugando con Miyako.
-No, estoy bien, gracias. ¿Has acabado con las verduras?
Mientras, en el salón, Miyako estaba terminado de contar una entretenida historia de ella misma con su mejor amigo: Daisuke, y Byakuya escuchaba atentamente el relato de su sobrina sin perderse un detalle. De alguna manera, casi lejana, le recordaba a su propia mujer: Hisana, había algo en Miyako de ella y de la propia Rukia, únicos en cada una –aunque hubiese un gran parecido entre ellas- que se unía en Miyako dándole un especial carisma que hacía que su tío fuera otro con ella.
Por otra parte, Byakuya había sido la única figura paternal que había conocido Miyako, y aunque aparecía cada mucho tiempo –siempre que podía- era lo más parecido a un padre para ella. Y además, había aprendido a manipularle mucho mejor que a su madre, sabía exactamente que cara poner para conseguir casi todas las cosas que se proponía, pero sólo le funcionaba con él. Rukia era más fuerte, había visto esa cara muchas más veces, y aunque no era inmune, sí al menos la toleraba mejor.
-Bya-kun…
Sería mejor que temblara, la niña le iba a pedir algo, ya que había puesto esos ojitos a los que nunca se podía resistir.
-¿Si?
-¿Podemos ver una peli? –preguntó con tono meloso.
-No, Miyako, vamos a cenar y tu madre se enfadará si ponemos la tele.
-Pero, es que hace mucho que no nos vemos y yo –cuidado, esos ojos otra vez- quería verla contigo, y cuando acabemos de cenar me mandaran a la cama y mañana no vamos a poner, y yo –el Capitán pensaba que se iba atragantar hablando tan rápido.
-No, podemos, mañana la vemos.
-Mañana te vas y al final no la veremos y yo quiero verla contigo –eso le mató, la niña estaba esperando para ver una película con él ¿y se iba a negar?
-De verdad, Miyako, que no es por mi.
-Por fi…
-Miya…
-Venga.
-Vale, ya veremos que le digo a tu madre.
-¡Genial!
Mientras Rukia sacaba la carne del horno y preparaba los platos escuchó una sintonía muy familiar en el salón, otra vez esa maldita película. Sí, le gustaba, pero todo tenía un límite, la iba a tirar a la basura. Pero por otro lado no era la de Totoro, que como es un gato gigante volvía loca a la pequeña, ya no sabía cuantas veces la había visto, si volvía a ver a Totoro, aunque fuera una vez más, vomitaría. Suspiró y se dirigió al salón, habían vuelto a engañar a su hermano.
-¿Qué ocurre aquí nii-sama? –puso tono de madre- vamos a cenar.
-Miyako estaba esperando para ver esta película conmigo, y no pude decirle que no, Rukia.
-¿El viaje de Chihiro?
-Si, el viaje de Chihiro.
-¿El mismo viaje de Chihiro que se ha visto ya cerca de cinco veces? –levantó una ceja Rukia y cruzó los brazos esperando una explicación.
-Miyako, ¿no estabas esperando para verla conmigo? –le preguntó su tío.
-Claro, bya-kun, para verla contigo, de nuevo –sonrió abiertamente y siguió viendo la tele sentada a su lado.
Byakuya abrió los ojos, una niña pequeña le había vuelto a engañar, sería mejor que Renji nunca supiera eso, sino le torturaría durante el resto de su vida. En cambio, su hermana ya estaba acostumbrada.
-Nii-sama, pareces nuevo –le reprochó.
Tras la cena Miyako quería seguir viendo la película por la parte que la había dejado, ya que su madre la había quitado para poder cenar a gusto los cuatro. Pero no, Rukia no estaba por la labor, tenía que dormir y descansar, mañana le tocaba un día largo a ella misma y era adulta, la niña acabaría molida.
Al poco rato de acostar a Miyako, Rika se caía de sueño, y aunque no quería irse –su objetivo era pasar más tiempo con el noble- tuvo que marcharse. Byakuya, como buen caballero, la acompañó a su casa, no iba a dejarla sola. Mientras, tranquilamente Rukia, comenzó a recogerlo todo, no sin antes echarle un vistazo a la niña, que había vuelto a tirar a Takara, la recogió y se la puso al lado.
Para cuando Byakuya llegó, Rukia había recogido y estaba terminando de hacer te. Se sentaron en el sofá del salón, que también era una cama –donde dormiría el noble- y comenzaron a hablar.
-Miyako está muy bien, Rukia –la halagó- lo estás haciendo bien.
-Gracias nii-sama.
-Es difícil, tu sola y…
-No, -alzó la voz, se contuvo porqué la pequeña estaba durmiendo- no quiero comenzar esta conversación de nuevo.
-Rukia.
-No, sí en cinco años no te lo he dicho, no lo voy a hacer ahora.
-Algún día se sabrá, ¿o no piensas decírselo a Miyako?
-Cuando llegue el momento le contaré todo, ella entenderá.
-Dentro de poco sabremos más cosas, Rukia. Cómo si es humano o shinigami, pronto Miyako comenzará a desprender más poder espiritual y sabes que podemos averiguarlo.
-Pero no quién es, nii-sama, eso sólo lo se yo.
-Y él.
-Y él –repitió Rukia.
-De cualquier manera, tengo que hablar contigo de otra cosa.
-¿Qué ocurre?
-Rukia, toda esta ilusión se derrumba –la chica abrió esos enormes ojos violetas más aún- en cuanto Miyako comience a tener un poder espiritual alta llamará la atención, de la Sociedad de Almas, de los hollows y Hueco Mundo.
-Claro –recapacitó Rukia- ¿y que podemos hacer?
-El Comandante General y yo no hemos encontrado una buena solución, ya que en todas tendríamos que revelar la situación.
-¿Cuáles son mis opciones? –"Nadie dijo que fuera fácil" pensó la chica.
-Asignar otro shinigami en la zona y que sepa que tú y la niña estáis aquí, -comenzó a narrar el Capitán del Sexto escuadrón- claro que, poco a poco todo el mundo sabrá donde estás, la discreción no es el fuerte de los shinigamis.
-No, eso sería mi perdición –pensó durante un momento- ¿y alguien del escuadrón segundo? Discretos son.
-Pero Soi Fong se enteraría, y con ella quizás más gente.
-Entiendo.
-Rukia, actualmente sólo lo sabemos el Comandante Yamamoto y yo, involucrar a más gente no estaría bien.
-Tienes razón –recordó a Ichigo, acababa de verlo, ¿porqué no era capaz de decírselo a su nii-sama?.
-También, podríamos –dejó a Rukia recapacitar antes de proponerlo- asignar a Abarai, estoy seguro de que aceptará.
-Pero, nii-sama, Renji es Teniente, no puede abandonar la Sociedad de Almas para siempre, no podemos hacerle eso, y, además, la gente sospecharía.
-Igualmente podríamos avisar al único shinigami que vive en la tierra –sin lugar a dudas esa era la opción que menos le gustaba a Byakuya.
-Ichigo –susurró, "Lo he visto hoy", pensó.
¿No era mucha casualidad? Justo cuando lo ve después de tantos años, su nii-sama le habla de él, hacía tanto tiempo que nadie le hablaba de él, y más aún que lo veía.
-Rukia –hizo una pausa para que ella reflexionara- la opción de Kurosaki…
-No.
-Entonces, sólo nos queda una –Byakuya pensó que su hermana habría aceptado cualquiera de las tres opciones anteriores, ahora que no lo había hecho esta opción era la que más odiaba- que vuelvas a convertirte en un shinigami y la protejas tú misma.
-Nii-sama –dijo atónita- ahora soy humana, no puedo volver a ser un shinigami.
-Kurosaki Ichigo pudo, yo mismo le despojé de tus poderes y Urahara Kisuke lo volvió a convertir en shinigami.
-Pero Sode no Shirayuki… -hacía años que no pronunciaba su nombre en alto.
-Sigue dentro de ti, seas humana o shinigami, Rukia.
La chica cabeceó hundiéndose en sus pensamientos, otra vez, de nuevo tenía que tomar otra difícil decisión. Se despidió de su hermano, que ya se había acomodado en el sofá-cama. Byakuya se iría al día siguiente, después de comer. No volverían a hablar del tema hasta que volviera, aún no sabía cuando, pero pronto tendría que volver a escoger.
Muchas gracias a todos por los comentarios!!! Siento tardar tanto, pero voy loca, espero que os guste, ya me contareis XD
