Los personajes de CCS son propiedad intelectual del grupo CLAMP. La historia es de mi autoría.
Full summary: Conoce a Sakura Kinomoto. Tierna, bonita y con grandes aspiraciones a ser famosa y popular. Nadie se imaginaba que un día sería víctima de los discretos acosos de Syaoran Li, mejor amigo de su hermano mayor. Un pendenciero encantador con varios secretos, entre ellos, ser el príncipe de Rinkan College por triunfar invicto en los retos del uno.
"¿Sabes lo que le sucede a las novias de ésos sujetos?" La verdad, no importaba. "Yo confío en la protección que Syaoran prometió ofrecerme." La historia de su dulce y peligroso amor. UA
"Los registros secretos del corazón de una chica"
Capítulo 4.
Sakura miró a Tomoyo acomodarse en el balancín blanco de madera que se suspendía por un par de cadenas metálicas en la parte posterior de su jardín. Cotton Candy roía un hueso de juguete bajo sus pies mientas ella sostenía ilusoriamente los materiales para elaborar su amuleto. A través de la suave brisa nocturna, encontró el ambiente idóneo cargado de energía positiva y la rotunda tranquilidad que necesitaba para concentrarse en su deseo.
El canto de los animales nocturnos se veía interrumpido momentáneamente por el murmullo de Tomoyo, que leía absorta la última edición de su revista favorita. Los pequeños guijarros que tapizaban la tierra oscura y húmeda a su alrededor, centelleaban con la luz preveniente de las farolas que colgaban de un viejo y frondoso árbol, al tiempo que una familia de gnomos parecía sonreírle desde la distancia.
Había invertido mucho tiempo y dinero en ese jardín, hasta que consiguió convertirlo en el lugar mágico que ella añoraba. Todavía recordaba la ausencia de flores y vida que oscurecía esa porción del terreno cuando compraron la casa, tristemente delimitada con láminas oxidadas y llantas de automóvil dispersas por doquier. Ahora aquello se había convertido en su refugio personal, con eso no podía negar que su familia la consentía demasiado.
Comenzó con el ritual para la elaboración de su amuleto, colocando azúcar morena, canela, hierbabuena y un toque de su perfume habitual en un pañuelo blanco que debía llevar siempre consigo. Lo presionó entre sus manos antes de esconderlo en su bolsillo, suplicando que le ayudase a encontrar el amor.
Con un suspiro, alzó su mirada a la ventana del segundo piso y no vio más allá que la silueta de Syaoran asomándose con un halo de luz amarilla adornándole las espaldas. No reparó en los blancos azulejos que decoraban las paredes del baño, ni tampoco en la mueca avergonzada de Syaoran al ser atrapado antes de hacer sus necesidades. A Sakura no le importaba nada de eso, cada vez que lo miraba, sentía un maravilloso florecer en su pecho, tan hermoso como el instante en que una mariposa abandonaba su crisálida.
Recobrando la compostura, Syaoran la sacó de su ensoñación corriendo las delgadas cortinas de la ventana, tan aprisa, que la hizo sentir una especie de acosadora y no era para menos, a nadie le gustaba ser observado mientras utilizaba el retrete. En su defensa podía decir, que no vería de la cintura hacia abajo. Primero porque la ventana no se lo permitía y segundo, porque no podría aunque quisiera. Aún no se sentía preparada para conocer el aparato masculino en vivo y a todo color.
Pequeñas gotas de sudor comenzaron a formarse en su frente, deslizándose lentamente por su piel caliente. De ahí en adelante, Syaoran la vería como una pequeña niña pervertida, sus posibilidades de conquistarlo se reducían día a día por detalles insignificantes, por situaciones que escapaban de sus manos.
Se encogió en el balancín con las rodillas apretadas a su pecho, el estruendo de un bote de basura cayendo a la distancia ahogó su gemido, probablemente era Bubble, metiéndose en problemas nuevamente. Tomoyo fruncía el entrecejo conforme avanzaba con su lectura y CC, había caído profundamente dormido. Ninguna criatura a su alrededor pareció darse cuenta de lo sucedido.
—Huh… Buenas noches.
Sakura miró por encima de su hombro a la persona que les saludaba amigablemente atrás de la cerca. No fue hasta que la curiosidad obligó a Tomoyo a despegar sus ojos de la revista que giró su cabeza para prestar un poco de atención a la chica desconocida, sólo Cotton Candy ignoró la inadvertida visita.
—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó cortésmente Sakura, poniéndose de pie.
—¿Touya se encuentra en casa?
—Depende —espetó Tomoyo, colocando su revista en la pequeña mesa redonda de ratán—, ¿quién lo busca?
La chica rubia entornó ligeramente sus ojos color cielo, agachando la cabeza con sus mejillas arreboladas.
—Amy, Amy Hitori.
Al escuchar su nombre, Sakura pensó que no existía persona más hermosa que Amy, con sus cabellos de oro cubiertos por un gorro azul de lana, haciendo juego con sus tormentosos ojos azules. Que la considerara hermosa, no significaba que se estuviese infravalorando ella misma, simplemente había que aceptar el hecho de que algunas personas poseían más belleza que otras.
Tomoyo se puso de pie, consternada por su altanería. Amy Hitori era la líder del grupo Silky en Rinkan College, si no le simpatizabas a ella, era seguro que nunca recibirías una invitación para unirte al grupo. Y definitivamente, ser una silky girl, era el sueño de su vida.
—Lo siento —titubeó, jugueteando con los dedos desnudos de sus pies al césped—. Se encuentra arriba.
La mirada de Amy se paseó de Tomoyo a Sakura, a quien le obsequió una sonrisa sincera.
—Tú debes ser su hermanita.
Sakura asintió cautivada por la belleza natural de Amy, hasta el codo de Tomoyo se incrustó dolorosamente en sus costillas.
—Syaoran se encuentra con él, ¿verdad?
Un sentimiento horrible ascendió entonces por la garganta de Sakura. Amy había llamado a Syaoran por su nombre, cosa que nadie fuera de su familia o amigos cercanos hacían.
—Llevo varías horas tratando de comunicarme con ellos, pero ninguno responde mis mensajes —continuó Amy, atravesando como un tridente el corazón de Sakura. Ella tenía el número móvil de Syaoran, dato que para Sakura permanecía siendo confidencial a pesar de los años de convivencia—. La verdad no quiero interrumpirlos, sólo pase a entregarles sus invitaciones para la fiesta de este sábado, ¿podrían entregárselas ustedes?
Tomoyo cogió las invitaciones en menos de tres parpadeos, empujando a Sakura con el hombro para abrirse paso. Amy le sonrió en agradecimiento y se humedeció los labios, escondiendo tras su oreja un mechón de cabello invisible. Era difícil entablar conversaciones con gente nueva, sobre todo cuando se era tan tímida como ella.
—Espero verlas a ustedes también, las invitaciones valen por dos personas.
La expresión de Tomoyo decayó de inmediato.
—Ah, entonces olvídate de mí. Li jamás aceptará llevarme como su pareja.
Amy se rió, apoyando sus manos en un par de cercos.
—Créeme, si Syaoran te dirige la palabra, es porque seguramente le agradas. Sólo pídeselo de buena manera —dijo Amy, y Sakura prefirió concentrarse en la hormiga que caminaba por la correa de su sandalia—. Tengo que irme, nos vemos.
Tomoyo agitó una mano en el aire, abanicando las volátiles incertidumbres de Sakura, quien quizás estaba sacando conclusiones equivocadas a cerca de Syaoran y Amy. Ellos llevaban años siendo compañeros de clases, era normal que se tratasen con familiaridad.
Una sonrisa brillante regresó a su rostro cuando recordó el hecho de que Amy preguntó primero por Touya, sonrojándose al hacerlo. Suceso que dejaba la duda en el aire.
—¡No puedo creerlo! —chilló Tomoyo, dando un salto mientas abrazaba las tarjetas—. Lameré las botas de Li para que lleve a la fiesta.
Sakura abrió los ojos como platos, desconociendo a su mejor amiga. Antes de eso estaba segura de que Tomoyo preferiría ser ejecutada antes de pedirle un favor a Syaoran, ¿y ahora estaba dispuesta a lamer sus botas? Sólo una abducción extraterrestre podía cambiar de semejante manera el pensamiento de Tomoyo Daidoji, o tal vez el orificio de su nueva perforación se había infectado y todo ese delirio era resultado de una fiebre altísima.
Preocupada, Sakura posó su mano en la frente de su amiga e hizo un mohín al descubrir que su temperatura no distaba mucho de la suya propia. Bien, entonces, se quedaría con su loca teoría extraterrestre porque no había otra cosa que explicase mejor el repentino cambio de humor de Tomoyo.
—¿Todavía no lo comprendes? —le cuestionó Tomoyo, rodando los ojos.
A Sakura le dieron ganas de gritar por ayuda. El estado de Tomoyo era crítico.
—¡Amy Hitori nos dirigió la palabra! —Los brazos de Tomoyo se apretaron alrededor de su cuello acompañándose de una risa eufórica y molesta a sus oídos.
—¿Qué tiene eso de importante? —musitó Sakura.
Amy era una estudiante de tercer año, por lo tanto no existiría una relación directa entre ellas.
—Si le caemos bien a Amy, seremos parte de las Silky girls, ¿tienes idea de los beneficios que eso nos traería? —le explicó la amatista, muy cerca de su rostro, lanzándole pequeñas gotas de saliva en el acto.
Sakura se limpió la cara con la manga de su jersey y negó con la cabeza; Tomoyo bufó con fastidio, haciendo repiquetear las pulseras metálicas que abrazaban sus muñecas cuando dejó caer los brazos del cuello de la castaña.
—Estaríamos invitadas a todos los eventos importantes fuera de la preparatoria y no tendríamos que luchar por ascender en la cruel escala de la popularidad. ¿Te imaginas? Todos los chicos guapos, los nerd y los deportistas se fijarían en nosotras.
—¿Los nerd?
—¡Sí, son los más lindos! —exclamó, llevándose las manos al pecho en un ademán ilusionado.
El apocalipsis debía estar cerca. ¡A Tomoyo le gustaban los nerd!
—¡Touya, auxilio! —gritó Sakura, sintiendo las venas de su cuello saltar por el esfuerzo.
—¡Cállate! —masculló Tomoyo, cubriéndole la boca con la mano. Sakura forcejeó por liberarse de inmediato, pero sus esfuerzos se apagaron al darse cuenta que nunca escaparía del agarre de Tomoyo. Ella era más fuerte, más alta y sobre todo, más astuta por no atribuirle el adjetivo de mañosa. Se iría a la tumba con un secreto que no terminaba de creer, ¡a Tomoyo le gustaban los nerd! Horror al extremo.
—Si te fijas bien —susurró la amatista, sujetándole los brazos tras la espalda mientras la llevaba casi a rastras al interior de su casa—, los deportistas son unos imbéciles arrogantes que no ven más allá de su orgullo, igual que los tipos guapos y populares. Ahí tienes el ejemplo de Li.
Sakura gruñó, escuchando el gracioso repiqueteo de las uñas de Cotton Candy en el piso de madera. Estúpido perro, no estaba haciendo nada por ayudarla. Debía conseguir un perro propio, el doble de grande y fuerte que ese ridículo perrucho fashionista. Ahora sabía lo que pediría para su próximo cumpleaños.
Tomoyo la liberó de su férreo agarre, empujándola contra el mesón de granito oscuro de la cocina, dándole indicaciones para que le preparase un emparedado de atún. Dispuesta a colaborar, Sakura sacó los ingredientes del frigorífico y apretó los dientes en silencio, observando a Tomoyo devorar una manzana tan roja como las uñas de sus manos.
Ahora sabía por qué Tomoyo y Syaoran se llevaban tan mal, los dos tenían demasiado en común. Ambos peligrosos, engañosos y malvados. Eran unos cabrones como diría Touya. Sin embargo, no eran personas malas. A lo largo de los años, Tomoyo le había salvado en múltiples ocasiones, ella acostumbraba decir que no era buena en las actividades físicas y tal vez fuese cierto, pero a la hora de darle una paliza a alguien, era toda una ninja.
—Como te decía, a los nerd nadie los mira, por eso cuando una chica hermosa decide darles su amor —Tomoyo dijo en un suspiro, meneando su melena azabache como si frente a ella, hubiese miles de almas masculinas que gustarían apreciar su gesto de coquetería—, son los más fieles del mundo. Como un perrito, pero no igual porque yo también tendría que amarlo. Me gustan los chicos inocentes.
Sakura escuchaba la reveladora conversación mientras retiraba las orillas del emparedado. De pronto, una pregunta apareció en su mente con la fuerza de una gran explosión cósmica. Alzó el brazo con cuchillo en mano, solicitando la palabra.
Tomoyo asintió, concediéndosela.
—Entonces, si te gustan ese tipo de chicos, ¿por qué sales con puros idiotas? —preguntó, con unas ganas tremendas de lavarse la boca con jabón. Había atribuido demasiados adjetivos negativos a las personas en un lapso muy corto de tiempo y no sólo con palabras, sino también de pensamiento.
—No lo haré más —susurró Tomoyo, agachando la cabeza—. No quiero ser también la puta de la preparatoria.
—No eres… eso que dices —le consoló Sakura, estirando su brazo hasta alcanzar la mano de Tomoyo.
Ella sonrió, entrelazando sus manos, admirando con adoración la representación pura de su amistad sincera.
—Lo fui, y lo sabes —reconoció con tristeza la amatista. Ella misma se encargó de destruir su reputación en el último año de secundaria. Su vida había sido un círculo de errores interminables y quizá irreparables, pero le gustaba pensar que podía reivindicarse. Aún era joven de todos modos. Sin embargo y a pesar de haberse visto envuelta en el escándalo más aberrante de Tomoeda en la última década, su madre no le prestó ni una pizca de atención. Aquella noche, fueron Nadeshiko y Sakura quienes la consolaron, convirtiéndolas así en su verdadera familia.
—Yo lo único que sé —dijo Sakura presionando su mano—, es que eres una chica buena y hermosa. Mi mejor amiga, mi hermana.
Tomoyo abrazó a Sakura para no romper a llorar. Ojalá algún chico viese en ella lo mismo que Sakura y no su horrible pasado.
—No te preocupes, en Rinkan College estaremos más seguras que en la preparatoria Seijo —comentó Sakura, con una sonrisa consoladora—. No creo que nadie conozca nuestro secreto ahí.
Era un acto hermoso que Sakura se involucrara en sus problemas siendo inocente, arriesgando también su reputación por mantenerse a su lado.
—Siempre existe la posibilidad —murmuró Daidoji, acariciando la cabeza de su amiga.
—Pero más pequeña —completó Sakura.
—Deberíamos llevarles los emparedados a los muchachos —sugirió Tomoyo después de un instante, cuando hubo recuperado fuerzas—, ya no tengo hambre.
—Es lo mejor —coincidió Sakura, colocando los emparedados y un jarrón de jugo en una bandeja.
Una sonrisa se asomó por su rostro mientras subían las escaleras al segundo piso. Era la oportunidad perfecta para encontrase cara a cara con Syaoran antes de irse a dormir. Lamentablemente, fue Touya quien le abrió la puerta y ella se sintió infelizmente desgraciada. No podría decir "buenas noches" a su amado.
A lo lejos escuchó a Tomoyo farfullar algo respecto a las invitaciones de Amy, pero se olvidó de insistirle a Syaoran que la llevara como su pareja o quizá se sentía demasiado deprimida para sostener una guerra de intelectos con él.
—Sí, sí —gruñó Touya—, gracias monstruo, vete a dormir, no queremos que espantes a los vecinos con tus ruidosas pisadas.
¿Cómo haría eso? ¡Ella tenía los pies pequeños! Estaba a punto de reclamar cuando Touya le cerró la puerta en las narices y gritó: "¡Syaoran, el monstruo acaba de traerte tu dosis de veneno!"
Sakura palideció, con unas ganas tremendas de arrojarse por un puente.
*.*.*
—Sabes Sakura —dijo Tomoyo retirándose los auriculares de las orejas, mientras estiraba sus piernas sobre la cama—, he estado pensando que podríamos darte a conocer antes del festival de las flores. Así ya tendrías seguidores y nos sería más fácil ganar.
Sakura subió las piernas a su silla, dándole la espalda al ordenador para mirar a Tomoyo.
—Debo confesarte algo —susurró, de pronto muy interesada en su afelpada alfombra blanca.
—No me salgas con que acabas de conseguirte un novio cibernético para olvidar a Li, porque dormirás en el suelo —gruñó Tomoyo, llevándose un puñado de cacahuetes a la boca.
—No, no es eso —tartamudeó Sakura, deseando esconderse debajo de la cama junto con Cotton Candy—. Lo que sucede es que… tengo un poco de pánico escénico.
Tomoyo se echó a reír escandalosamente, sosteniéndose el estómago y no se detuvo hasta que sus pulmones ardieron.
—Debe ser una broma, te he escuchado cientos de veces en el coro de la secundaria, incluso en la iglesia. —Aunque ella no solía frecuentar ese lugar, salvo en ocasiones especiales, navidad y esas fechas. La familia de Sakura era una de las pocas en Tomoeda que practicaba una religión diferente.
—Porque es un coro —gimió exasperada Sakura. Era lo más obvio del mundo y Tomoyo no lo entendía—, nadie me escucha exactamente a mí. No me miran a mí, sino a un grupo grande de personas, donde yo no destaco en ningún momento.
—Con más razón hay que trabajar ese aspecto. ¿Cómo pretendes ganar el festival si ni siquiera puedes entonar las vocales en público sin tartamudear?
—¿Con suerte? —Sakura sonrió encogiéndose tímidamente de hombros.
—No seas ingenua por favor —resopló Tomoyo, sentándose en la cama. Apoyó los codos en las rodillas con una expresión meditabunda hasta que sus ojos brillaron ávidos con las comisuras de su boca elevándose en una sonrisa felina—. ¿Crees que sentirte apoyada por un número reducido de personas, ayudará a tu confianza?
Sakura suspiró de forma cansina, pasándose una mano por el cabello.
—¿Cómo esperas que alguien me admire cuando me da miedo cantar frente a los demás? Quiero ser famosa sí, pero pensé que el miedo se iría en cuanto estuviera en el escenario —esbozó una mueca—, sin embargo creo que me equivoqué.
Tomoyo brincó de la cama a su lado, posando las manos sobre sus hombros.
—Tengo una idea genial —exclamó, mirando a la ventana como si fuese una revelación divina—. Dime, ¿qué te parece el nombre de Glitter?
—¿Glitter?
—¡Brillo, resplandor! —gritó Tomoyo a su oído, tratando de venderle una imagen maravillosa de su futuro en el medio.
—Bueno… —Sakura analizó su propuesta con su mirada fija en el oscuro cielo estrellado, hasta que un estruendo proveniente del pasillo irrumpió en su ensoñación, obligándola a ponerse inmediatamente de pie para inspeccionar lo sucedido.
Tomoyo que había apoyado su peso en los hombros de su amiga, cayó al piso gimiendo de dolor al golpearse su nariz recién perforada con la silla.
Sakura abrió la puerta de su habitación, encontrándose con un par de ojos ámbares que brillaban para ella como la luz del sol. Syaoran estaba a mitad del pasillo con una bandeja atestada de platos sucios y latas de refresco vacías, haciéndole recordar el hecho de que Touya llevaba semanas sin limpiar su alcoba.
—Lo siento —se disculpó Syaoran, apartando con su zapato lustroso un pedazo de cristal roto.
—No es… —Sakura no se atrevió a completar su frase.
Syaoran había roto la taza que ella elaboró en el taller de artes el año pasado. Llevaba días sin verla en la cocina y ya sabía porqué. Touya la mantenía cautiva en su cuchitril y ahora que la pobre había visto la luz un instante, estaba rota.
Algo se rompió en su interior también.
Había elaborado esa taza con mucho esfuerzo, fue la peor de la clase, pero era suya. Se inclinó a reunir los pedazos con la esperanza de reconstruirla, pero no tenía remedio. Cuando sintió que no podría contener las lágrimas, una mano se posó en su espalda baja, empujándola hacia abajo.
—¿Cuántas veces te he dicho que esa no es la forma correcta de agacharte, monstruo? —siseó Touya, avergonzándola—. Acabas de enseñarle todo el trasero a Syaoran.
Sakura soltó una exclamación ahogada, abrazándose a sí misma para proporcionarse consuelo. Una corriente helada le recorrió las venas al recordar que sólo llevaba puestos unos shorts con estampados de caritas felices que apenas le cubrían lo necesario. Con la sangre calentado sus mejillas, alzó la cabeza sólo para sorprender a Syaoran absorto en la pantalla de su teléfono celular, mientras sostenía la pesada bandeja con una sola mano.
El hecho la deprimió, sumergiéndola en las profundidades de su océano ártico personal. Aquello significaba que Syaoran no tenía ningún interés en ella, ya que ni siquiera le atraía físicamente.
Los dos chicos mayores pasaron a su lado, dejándola con su corazón destruido. No le hubiese agradado que Syaoran se burlara de su trasero pequeño, pero el que lo hubiese mirado tan sólo un segundo, le habría dado un atisbo de esperanza.
—Dile a mamá que no me espere despierta, regresaré tarde —anunció Touya.
—¿Adónde vas? —preguntó Tomoyo, arrastrándose fuera de la habitación como si fuese una oruga.
—¡Qué te importa! —Touya siempre respondía de la misma forma.
—Lo odio —refunfuñó Tomoyo, cruzando los brazos sobre su pecho, todavía acostada en el piso.
La casa se quedó en silencio cuando la puerta delantera se cerró, y el único sonido que cruzó dolorosamente por su cabeza fue una pregunta de Tomoyo que Sakura no tenía ánimos ni intención de responder.
—Kura-chan, ¿estás bien?
*.*.*
—Iré a ver cómo están las cosas con Hiraguizawa —indicó Touya, desapareciendo con el crujido de una alfombra de hojas bajo sus pies.
Syaoran asintió curvando sus cejas mientras descendía de su viejo camaro azul, por el que había trabajado desde que tenía quince años. Sonrió orgulloso de los resultados, casi todo en su vida marchaba a la perfección, ése sería un año excelente con dinero abundante en los bolsillos, y casi podía asegurar que obtendría la beca deportiva que tanto soñaba para la universidad.
Su teléfono celular vibró en su mano, pero ignoró el mensaje para entrar directamente en los archivos multimedia, específicamente a la carpeta de fotografías. Hacía un buen tiempo que no actualizaba su álbum favorito de imágenes, sin embargo esa noche adicionó la mejor a su colección.
Una fotografía a todo color del bonito trasero de Sakura. Ya tenía bastantes de cara y cuerpo completo, pero no una de su mejor atributo. Sakura tenía el culito más hermoso que hubiese visto alguna vez con una encantadora forma de corazón. En ningún momento se sintió perverso por gustar de una chica menor, no desde que ella cumplió los quince.
Syaoran estaba acostumbrado a lo mejor, no importaba si la manera de conseguirlo era arriesgada, incluso ilícita, él siempre lo conseguía y definitivamente, la hermanita de Touya tenía que ser suya, algún día. Simplemente por ser la mejor.
Había algo en Sakura que le atraía más que su físico, era la inocencia de su mirada. La bondad de sus acciones y su voz tan hechizante como el canto de una sirena. Pero así como poseía virtudes, la encontraba también atestada de defectos.
Cualquiera hubiese pensado que su torpeza, su timidez o su facilidad para sonrojarse la hacían defectuosa para él, pero entonces, todos estarían equivocados al suponerlo porque esas eran las cualidades reales de Sakura, las que nadie veía y apreciaba. Lo que a él le gustaba.
Sakura era un ángel que podía elevarlo al cielo y refundirlo en el mismo infierno a la vez. Todo eso con una sola palabra, con una dulce mirada. Por eso, él tenía que ser más fuerte y no dejarse envolver por el poder que esos sentimientos ejercían sobre él.
Se sentía igual que un demonio encontrando placer en la angustia y sufrimiento ajeno, pero era la única escapatoria que encontraba desde hacía tiempo para no pensar ni enfrascarse en su propio dolor y preocupaciones.
Mediante avanzaba por un oscuro pasillo de paredes descoloridas y agrietadas, se recordó que él era fuerte, que nada ni nadie podía derrocar su muralla de orgullo. Cuando se aproximó al umbral del cuartucho donde se llevaría a cabo tan esperado evento, una lluvia de vítores anticipados se cernieron sobre él con la luz parpadeante de los reflectores.
No miró a nadie, ni reparó en las estadísticas de las apuestas en contra o a favor, dirigiéndose directamente al centro del viejo estacionamiento de un edificio abandonado, abriéndose paso entre la multitud a empujones. Su rival de esa noche, era patético. Sintió lastima por el pobre diablo al tenderle la mano para saludarlo.
El chico pálido y un tanto flacucho aceptó el saludo vacilante, permitiendo que Syaoran notase las gotículas de sudor que comenzaban a formarse en su frente.
Otro cobarde.
—Dile a Joji que estoy cansado de iniciar a sus polluelos —gruñó Li.
Su contrincante pareció confundido momentáneamente, pero Syaoran despejó sus dudas con un puñetazo fulminante al rostro.
Esa noche, batiría su record personal.
Notas de autora:
¿Perdón? Sé que los personajes están un poco fuera de sus personalidades habituales y ya he tenido algunos problemas en ocasiones anteriores por lo mismo, así que, lo siento. xP
Ahora sí, espero que les haya gustado el capítulo. Perdón por llegar retrasada con él, pero he tenido una semana bastante dura y no será diferente hasta mediados de mes. Me estoy preparando para dos ponencias muy importantes y ustedes comprenderán que eso consume bastante tiempo.
Tal vez hay muchas cosas que en este momento no son muy comprensibles pero mediante avance el fic, prometo que comprenderán. A mí me encantó escribir en esta ocasión, espero que a ustedes les haya gustado leer también.
Le agradezco con toda el alma al grupito que siempre se anima a comentar. A ustedes les debo mi inspiración y todo xD. De verdad, ¡muchísimas gracias! Y va un agradecimiento especial para agu, Valeria. Likinomoto, chiwanko, cherrylu y Vanessa (por el momento no estoy escribiendo en Wattpad, todavía no me animo pero gracias por preguntar), que ya no me dio tiempo de responder sus hermosos comentarios :(. Espero que me perdonen.
Va un abrazote para todas, nos leeremos pronto.
