Aclaración: Opposite NO mantiene relación alguna con Etisoppo, y viceversa.

Fue toda una odisea seguirle el hilo a ese mapa que había encontrado, en serio.

No podía seguir por avenidas grandes sin tener que doblar más de tres veces, no. Aquello le hacía ir por pasajes, cruzando, y así. Menos mal que no había esperado hasta el día siguiente, a ver dónde estaba el jodido instituto.

Sólo logró calmarse un poco cuando tuvo que pasar por un barrio comercial, porque había rehuido a la ayuda que su padre le había ofrecido.

Pudo, entonces, disfrutar de la vista y de las variadas tiendas que allí se hallaban. Desde almacenes atendidos por cálidas familias, hasta librerías o tiendas más específicas. Los puestos de comida no podían faltar, sin duda, ese lugar ganaba demasiado dinero estando cerca de un instituto donde, había que aceptarlo, los jóvenes salían con un hambre…

Casi de las últimas tiendas que divisó, por el lado de la acera en la que iba, fue una tienda de convivencia. Un mini supermercado, de marca reconocida en el lugar.

Divisó entonces a un trío de jóvenes, entrando sólo dos a la tienda, y quedándose una de las mujeres afuera. El aire de in momento a otro le faltó, apreciando la cabellera rojiza y rebelde que la jovencita poseía.

Casi por arte de magia, los cables dentro de su cabeza se conectaron, y sus piernas se movieron.

No esperaba encontrársela tan pronto.

Iba con los labios levemente entreabiertos, y sin algo fijo que decir. Tan sólo iba, tal como era, con sólo su mente acompañándole. Anonadado, y sin habla.

Natural fue capturar la atención de la joven, al quedar parado frente a ella. Otabek pudo notar la diferencia de estaturas que, a pesar de que ya no fuesen niños, prevalecía. En serio seguía siendo alta.

Sus azules ojos se movieron de un lado a otro, con cierta incomodidad ante la proximidad ajena y el nulo hablar, aunque tampoco le nacía a ella el comenzar alguna conversación, así que…

―Ha pasado tiempo. ―De un momento a otro, el joven habló.

Mila dio un pequeño salto sobre su puesto, sorprendida ante eso. ― ¿Eh? ―No podía ocultar su desconcierto ante esas palabras.

―Tal parece que sigues siendo más alta que yo. ―Fue lo único que atinó a decir, posando su diestra en su nuca, a la vez que se encogía de hombros.

No quería desanimarlo ni nada, en serio, pero eso… ― ¿Me hablas a mí? ―No tuvo mucho tacto al preguntar algo de esa índole. Debía de aceptar que no era una persona que pensase mucho las cosas, si las sentía.

Pero el silencio ajeno fue una respuesta muy clara.

Sin realmente quererlo, los ojos de Otabek se abrieron un poco más de lo normal, expresando sorpresa. Luego, se despegaron del suelo, fijándose con un toque de pánico en los azules ajenos.

Finalmente, el codo que antes mantenía en alto, bajó, demostrando sin mayores rodeos su ánimo. Desvió la mirada hacia un lado, soltando un leve suspiro ante eso.

―Claro. ―Musitó entre dientes. ―Es normal. ―Intentaba a sí mismo convencerse de ello, mientras Mila permanecía expectante. ―Después de todo, sólo soy una estrella fugaz…

Un interruptor pareció encenderse dentro de la joven, quien abrió con exageración sus ojos, formando una «o» con sus rosados y finos labios.

Aquel escenario de estrellas se vislumbró en su mente como si hace tan sólo un par de segundos hubiese ocurrido.

― ¡Tú eres…!

El sonido de las puertas automáticas abriéndose interrumpió la frase de Mila, mas, propició a que otra se escuchara.

― ¿Ese es…? ―El recién salido Yuri, en compañía de Sala, se percató de inmediato de la presencia del joven pelinegro en la escena. No tuvo ninguna duda apenas Otabek fijó su mirada en la verde que poseía. ― ¡Beka! ―No pudo evitar sonreír Yuri, yendo a abrazar con todas sus fuerzas al que antes era su mejor amigo.

A duras penas el mayor había alcanzado a reaccionar para cuando el rubio se le había abalanzado.

Y Sala no entendía nada. Nunca en su vida había visto a Yuri comportarse de esa forma, así que, con poco disimulo, caminó hasta donde su pareja, cargando en su diestra la bolsa con chucherías, y, por ende, entrelazando su siniestra con la mano ajena, en un dulce agarre.

―Mila… ―Susurró, cerca de la oreja impropia. ― ¿Quién es él…? ―Si era tan querido por Yuri, pues era digno de hacer conocido su nombre.

Aunque aquella pregunta no pasó desapercibida para el menor de todos, quien ahora mismo se aprovechaba de su posición, frotando su mejilla con la ajena.

― ¡Mi mejor amigo! ―Anunció el rubio, como si los años separados por kilómetros no hubiesen existido. La sonrisa que mostraba era la más pura, y contagiosa. Al menos para Sala, y en cierta medida para Otabek, pero…

La pelirroja pasó saliva, desviando su mirada al suelo.

―Es el favorito de Yuri…