Día cuatro: Hoja de papel.

Sakurai terminó de escribir, estirándose sobre la silla en un intento vano de liberar la tensión que se había acumulado en su espalda. La editorial estaba presionándolo para ver algo del nuevo libro que debía presentar, pero agradecía haber avanzado al menos dos capítulos en una tarde.
Suspiró, acariciando sus sienes mientras se levantaba. Su cuerpo se había agarrotado por mantenerse casi ocho horas sentado, pero consideraba que había valido la pena.

— Hanamiya-san ya debe estar en la cama —murmuró luego de haber visto la hora, notando que el reloj marcaba las once veintidós—. Uh…

Se extrañó al notar una hoja bajo el reloj digital, habría jurado que ese papel no estaba ahí antes. Lo recogió y observó confundido que sólo había un nombre escrito ahí. Más, al notar mejor la forma en que el nombre estaba escrito, su rostro quiso simular un tomate.

«Hanamiya Ryō».

Recordaba vagamente el momento cuando escribió eso, fue cuando recién salió de preparatoria. ¿Por qué aún guardaba ese papel? Creía haberlo desechado cuando se mudó a esa casa con Hanamiya…
¿O acaso fue su novio quien guardó el papel a sus espaldas? No podía asegurar nada, Makoto era capaz de muchas cosas.

Se arrepiente un poco de haber escrito eso, aún recuerda la vergüenza que pasó cuando el dueño de aquel apellido descubrió la hoja de papel entre sus cosas. ¡Pero es que era tan joven y entusiasta en ese momento! Un pequeño novato en esos temas del amor… Estaba bastante ilusionado.
Sakurai sí que había tenido sus «flechazos» por varias personas, pero de ahí a confesarse únicamente le había pasado con el que actualmente era su pareja.

Su entusiasmo tenía una razón, a pesar de todo.

— Ryō, ¿Por qué sigues despierto? ¿No has acabado? —El castaño salta en su lugar gracias a la sorpresa que le causa el repentino llamado y trata de ocultar la hoja, pero ya había sido vista por Hanamiya—. ¿Qué estás ocultando?

— ¿Yo? ¿Ocultar? Lo siento, Hanamiya-san, no entiendo de qué estaba hablando.

— No te hagas el loco conmigo. Vamos, dame eso —Makoto se acercó al más bajo, arrebatándole el papel. Sakurai no tuvo oportunidad de reaccionar—. Oh… No pensé que aún guardaras esto.

— Hasta hace poco pensé que ese papel no seguía acá.

— Oh, vamos, no lo digas de esa forma. Suena como si te avergonzaras de mí —Hanamiya finge indignación, causando los muy obvios nervios por parte de su novio—.

— ¡Lo siento, Hanamiya-san! ¡En serio lo siento! ¡No me refería a eso, lo sie-! — Ryō no pudo continuar con sus disculpas al verse abruptamente callado por los labios del pelinegro, quien no encontró mejor manera de callarlo exitosamente—.

— No te disculpes tanto… —murmura luego de haberse separado, aunque se puede notar una leve sonrisa en sus labios—. Vamos a dormir ya.

Sakurai asiente, manteniendo un ligero sonrojo en sus pómulos. Y antes de poder contestarle se ve interrumpido nuevamente.

— Por cierto… Me gusta la forma en que suena Hanamiya Ryō. Deberías considerar el nombre.

No sabía qué creer acerca de ese comentario, pero lo que sí podía asegurar es que la sonrisa en sus labios respondió aquel comentario. No por nada había escrito ese nombre en una hoja de papel hace años, después de todo.