Ahora que lo pienso, me gusta mucho poner en esas situaciones a Yellow xDDD Que bueno que es mi personaje favorita.


N/A: " Participante de Otoño para salir de viaje del foro DexHolders del Prof Oak." (Link en mi perfil).

Disclaimer: Pokémon Special y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Nintendo, Kusaka y Yamamoto.

Advertencia: Semi-UA. Posible OoC. Poco de gore. En este periodo existían los animales y los Pokémon. No hago uso de ningún OC. Soy mala inventando nombres.

N/A: Mi imagen otorgada fue la numero siete.


Yeleiow Tokiwa.

—¡Basta! ¡No quiero hacerle daño a nadie! — Una pequeña niña de cabello rubio sollozaba; prácticamente le suplicaba a su "mentor" que la dejara en paz. La práctica y la forma tan brusca en que este la agarraba por los brazos, le lastimaba y le aterraba.

—Tus padres están muertos, yo te rescate de las calles. Deja de quejarte y has lo que te digo. — Un hombre de mayor edad y con cabello que era casi todo de un color blanco como la nieve hablo con un tono autoritario.

Yeleiow Tokiwa era una menuda niña de ocho años de edad con un hermoso cabello rubio, tez blanca y unos brillantes ojos ámbar. Ella siempre mantenía una bella sonrisa en su rosto sin importar que situación se encontrara; esa sonrisa era capaz de alegrar el día de cualquiera que la viera.

Sin embargo, algo ocurrió lo cual ocasiono que esa sonrisa desapareciera.

Como el hombre dijo; hace un poco mas de un año, los padres de la heredera a la familia experta en la curación, los Tokiwa habían muerto a manos de la mafia Rocket; la mayor ocasionadora de miedo, crimen y corrupción por todo Kanto. Esta organización tenía sus motivos de haber asesinado a los Tokiwa; desde hacía bastante tiempo que los curadores le debía una considerable cantidad de dinero. Se dio el permiso de haber sido arrastrada la deuda durante tanto tiempo a causa de la estrecha amistad que existía entre los Tokiwa y los líderes de dicha mafia; los Benshi.

Pero un día la paciencia del líder; Hanzzo Benshi no soporto que la deuda se estuviera arrastrando durante tanto tiempo y decidió tomar medidas drásticas.

Los desde el momento que padres de Yeleiow recibieron la carta de amenaza sabian que todo habia terminado; ya que, por desgracia, no tenían el dinero que necesitaban. Sabían que sus vidas terminarían en poco tiempo y que los Rocket no tendrían piedad por una pequeña y tierna niña como lo era Yeleiow. Por eso cuando un grupo tres matones estaban a poca distancia de su humilde hogar, decidieron esconder a su única hija.

Ellos tenían un ropero lo bastante amplio de madera obscura como para que la niña entrara, la mujer es la que tomo la tarea de esconder a la rubia y decirle que no saliera ni hiciera algún ruido sin importar lo que escuchara, mientras que el hombre quien forcejeaba contra los matones tratando de dar así un poco más de tiempo de vida para su esposa.

Yeleiow siempre fue una niña obediente, a pesar del miedo y la confusión que la invadía no desobedeció a su madre en ningún momento. Los gritos, golpeteos y todo el escándalo que escuchaba desde fuera del ropero le aterraba; las lágrimas no dejaron de salir de sus ojos en ningún momento mientras hacia lo posible por aislar el sonido poniendo sus manos sobre sus orejas. No quería escuchar, quería huir de ese lugar.

Por estar hundida en su mente tratando de huir así de lo que ocurría, nunca se dio cuenta cuando el escandalo paro, simplemente había un sepulcral silencio que invadía el lugar. Creyó que por fin los malos se habían ido, que dejaron en paz su casa y que podía salir y ver como estaban sus padres. Pero recordó que su madre le había dicho que no saliera a pesar de lo que se escuchara, por lo que continúo realizando dicha orden.

Y se hubiera mantenido así de no ser porque empezó a sentir un espantoso calor que la obligo a salir del ropero. Su casa estaba en llamas. Debía huir del lugar lo más pronto posible; como se encontraba en la habitación de sus padres salió hacia el recibidor para ver la escena que la marcaria durante toda su vida.

Ambas figuras paternas, bañados en sangre con múltiples cortadas –en las cuales por algunas salían un poco a la vista los órganos internos- por todo el cuerpo. El rostro era prácticamente irreconocible por la gran cantidad de golpes que ambos habían recibido. La sangre también estaba esparcida por todos los alrededores y sobre todos los muebles; en los cojines que había para que uno se sentara, en la mesa, en los gabinetes, en los marcos, en las paredes, en todos lados. Todo esto ocasiono que la niña se paralizara y no pudiera moverse ni un milímetro.

Un dolor ardiente por el contacto con una flama fue lo que hizo que reaccionara de una vez por todas. Con movimientos temblorosos logro salir de su antiguo hogar apenas segundos antes de que este terminara por ser consumido por las llamas. Todo estaba hecho de madera por lo que no tardó mucho en que eso pasara.

La casa se encontraba alejado del pueblo, rodeado de múltiples bosques en medio del bosque Viridian. Los Tokiwa desde tiempos remotos habían preferido el mantenerse en constante contacto con la naturaleza y con los Pokémon que ahí habitaban. Les era gratificante. Aunque; por lo mismo que estaban tan aislados del pueblo es que nadie se enteró que la casa estaba en llamas y que la única sobreviviente había salido a toda velocidad de esta.

Yeleiow al estar a una distancia donde estuviera a salvo se dejó caer al suelo, seguía sin poder creerse lo que acababa de ver, parecía como la peor pesadilla que se podía tener. Pero para desventaja de ella, eso no era un sueño, era la realidad.

El llanto en este punto era incontrolable, se abrazó con sus brazos mientras tomo posición fetal y empezó a balbucear. —Papá, mamá. — La vista de la ardiente casa estaba frente suyo, chamuscando y llevándose con ella todo lo que había formado parte de la vida de Yeleiow; sus padres, sus recuerdos, sus juguetes, todo.

Un hombre de cabello albino estaba cerca del lugar por lo que logro ver todo lo ocurrido, sentía una gran lastima por la niña que estaba tendida al suelo. Soltó un largo suspiro antes de acercarse con pasos lentos a la niña. Quería recogerla de las calles ya que por alguna razón, vio un gran potencial en ella.

Yeleiow aterrada acepto la posada de aquel hombre creyendo que obtendría un cómodo hogar como el que tenía. Que inocente era; jamás se imaginó que aquel hombre la quería para entrenarla a usar el arco yumi haciéndola una experta en el uso de este y convertirla en una asesina.

La rubia odiaba lo que le estaban obligando a hacer. Cada vez que atravesaba alguna carne con una flecha no dejaba de recordar la escena de sus padres cruelmente apuñalados. Odiaba lo que le estaban obligando, odiaba aquel recuerdo, odiaba lo que era. Se odiaba a ella misma.


Una virtud que nunca desapareció en la heredera de los curanderos a pesar de todo lo que paso, es que nunca dejo de ser una niña obediente. Odiaba lo que tenía que hacer, sí. Pero sabía que si no lo realizaba le tocaba un castigo mucho peor; no quería sufrir aún más por lo que realizaba lo que se le pedía.

A su edad de diez años logro terminar su entrenamiento con la yumi y empezó a ser enviada a cumplir misiones. Esta cumplía todas las que le mandaban con un gran temblor y odio por lo que hacía. Detestaba el tener que quitarles la vida a otras personas.

Hasta que cierto día, simplemente se hartó de su vida diaria, y cuando la enviaron a otra misión en la cual debía viajar hasta el imperio de Johto para cumplirla, simplemente tomo otro camino. Si, llego a dicho imperio, pero nunca llego a su destino que era el pueblo Olivo, corrió hacia el norte y nunca más quería regresar a Kanto.

Por costumbre nunca soltó su arco, siempre cargo con él mientras corría con el máximo de velocidad que sus piernas le brindaban mientras esquivaba cada árbol, Pokémon o persona que tenía enfrente.

Tras unas largas horas corriendo, no aguanto más y dejo caer su cuerpo bocabajo al suelo cuando se encontraba en medio de un bosque; la naturaleza le calmaba, así que el estar rodeada de múltiples arboles le ayudaría.. No le importo el impacto, no le importaba el terrible dolor agudo que sentía en sus piernas. Simplemente pensaba en su nueva libertad. El llanto fue imposible de contener en sus ojos.

Al estar tendida en el suelo, jamás se dio cuanta cuando una anciana se acercó a ella. Esta tenía una mirada de intensa preocupación por la rubia, no tardo en hablarle cuando estaba a pocos centímetros de ella.

—No llores pequeña. — Yeleiow dio un pequeño brinco y alzo rápidamente la mirada observando así a la anciana. Esta escena le recordó cuando su ex mentor la rescato, era un terrible deja vú.

Con el corazón acelerado giro su cuerpo y a gatas empezó a alejarse de la manera más rápida posible. Esta acción solo preocupo más a la anciana que tenía frente.

—No temas, no quiero hacerte daño. — Hablo con la voz más amable que podía dar mientras se ponía de rodillas y se acercaba lentamente a la rubia tratando no espantarla más. Yeleiow se hubiera seguido alejando de no ser porque su espalda choco contra un árbol, estaba acorralada. —Dime hermosa, ¿Cuál es tu nombre? —

La rubia examino de arriba a abajo a la señora, y la sonrisa que esta tenía en su rostro era tan brillante que logro calmarla un poco y que pudiera hablar. —Ye-Yeleiow Tokiwa. — Aunque el tartamudeo fue inevitable.

La anciana abrió completamente los ojos, estaba más que sorprendida al saber a quién tenía frente. —¿Perteneces a los famosos Tokiwa? La familia experta en la curación. — La rubia solo asintió con la cabeza mientras su mirada se desviaba hacia otro lado.

A juzgar por el estado que tenía Yeleiow, se podía deducir que tenía miedo, que había sufrido un gran maltrato anteriormente y que no tenía a donde ir. La anciana sabía qué hacer.

—¿Quieres ir a mi templo? Está a pocos metros de aquí y puedes descansar y comer algo. —Un sonido proveniente del estómago de la maestra de la yumi no tardo en sonar. —Jaja, parece que tu estomago quiere.

El temor invadía a Yeleiow, pero por algún motivo parecía que podía confiar en la anciana, así que decidió seguirla.

Nunca se imaginó que aquella anciana era su salvación, ya que era la única que mantenía un templo en el pueblo Iris, el templo estaba bajo el nombre "Tokiwa" a causa de que los padres de ella habían ayudado con la construcción de este. Después de tanto tiempo, Yeleiow por fin tendría un hogar, algo que realmente le pertenecía.

La anciana empezó tratarla con un poco de meditación para que pudiera superar su horrible pasado; para que las imágenes de sus padres dejaran de recordarse todo el tiempo. Este trabajo llevo bastantes meses de trabajo, pero por fortuna había funcionado.

Pero nunca logro contrarrestar el mayor trauma de Yeleiow el cual era el fuego.

En sus ratos libres también empezó a enseñarle a la rubia métodos de curación. Aunque en realidad no había nada que necesitara enseñarle ya que ella provenía de la familia que se especializaba en eso; por lo que en muy poco tiempo Yeleiow termino siendo mucho mejor que la propia anciana que tenía años practicando la curación.


Habían pasado dos años y ahora la Tokiwa tenía trece años de edad y mantenía su rubio cabello largo en señal de que ella estaba creciendo y fortaleciéndose todo el tiempo, aunque lo tenía amarrado en una media coleta y lo adornaba con un moño en la parte trasera. Además de que ahora vestía de kimonos de colores vivos, para adornarse un poco. También había creado un estrecho cariño y aprecio por los Pokémon al observarlos constantemente. Simplemente los admiraba con cada parte de su ser.

Dentro esos dos años habían pasado demasiadas cosas, pero sin duda lo que más destacaba era la llegada de un investigador de apellido Okamuto el cual era muy agradable y tenía muchas cosas que contar respecto a los Pokémon. Y la muerte de la anciana a la cual le debía la vida; la edad carcomió su cuerpo por lo que no había nada que pudiera hacer. Sin duda esa fue la segunda perdida más fuerte que sufrió en su vida.

A pesar de haberla perdido, no se iba a dar por vencida. Seguía manteniendo el templo recibiendo alegremente a todos los clientes que entraban; adoraba ser de ayuda para alguien necesitado y ver la cara de felicidad que cada uno ponía cuando aquel problema que los acomplejaba. Después de tanto tiempo, era feliz.

Cierto día llego un castaño al templo, pidiendo una cura para su abuelo que estaba enfermo, mantenía altas temperaturas, una infernal tos y le costaba respirar. Yeleiow supo que un té de varias plantas medicinales ayudaría en la situación, por lo que empezó a trabajar en este.

Mientras molía las hojas se fijaba en cada detalle del chico que tenía enfrente; este tenía un cabello castaño peinado en picos, vestía de negro y tenía unos intensos ojos verdes. Sin duda el aspecto le resultaba muy familiar de algún lado.

En eso, logro percatarse de unos rasguños que había en el rostro de este. —Pero si estas herido. ¿Cómo te hiciste esas heridas? — Uno podía pensar que estaba ocasionando mucho escándalo solo por unos rasguños, pero se tomaba muy enserio el tema del bienestar físico.

—Supongo que en una persecución. — Este contesto con desdén, pero la mirada de confusión de parte de la rubia hiso que diera más detalles al respecto. —Había un chico, un pelirrojo que maltrato a tres Pokémon. Trate de detenerlo, pero al llegar aquí lo perdí de vista.

Esto hizo que hirviera la sangre de Yeleiow; no podía haber nada más cruel que el maltrato hacia algún Pokémon. Iba a decir algo cuando noto que logro terminar aquella mezcla de hojas. Sin muchas palabras por decir le entrego el remedio al castaño y lo dejo partir.

En tanto este salió del lugar, se dirigió rápidamente a su habitación y abrió una puerta que daba paso a la posesión que había permanecido con ella a pesar de lo ocurrido. Su arco yumi. Con el arco en mano y el carcaj de flechas colgadas a su espalda salió del templo. Justo a tiempo para ver la dirección a la que el castaño había tomado en su nueva persecución contra, efectivamente, un pelirrojo.

El bosque del sur. Yeleiow no tardo en dirigirse a ese lugar con pasos rápidos y teniendo la vista al frente. En su mente no paraba de pedirle disculpas a la anciana que la salvo, iba a romper la promesa que le hizo de no volver a practicar el uso del arco yumi.


Notas finales:

-El anciano que se comenta al principio es Pryce.

-La anciana que rescato a Yellow es Kimberly.

A favor de la campaña "con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un review, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Chao~ nwn