-¿De qué estás hablando? – pregunté con molestia y algo de incomodidad al sentir sus tentáculos sobre mi piel recorriéndola de un lado a otro mientras separaba mas mis piernas con la ayuda de sus pegajosos tentáculos y sus húmedas piernas. Los otros seguían recorriendo lentamente mi piel por todos lados, es extraño, no lograba identificar del todo los lugares por los que pasaba, pero empezaba a molestarme. Apreté los labios un momento mientras sentía como aquel Pulpatata movía las manos lentamente para recorrer mi rostro con sus dedos cubiertos de la rasposa arena.
-¿Por qué lo preguntas? – dijo con voz suave aun sonriendo mientras lentamente acercaba su rostro al mío para mirarme más de cerca acercando sus labios a mi cuello dando un suave suspiro. - Puedo ayudarte con tu desastre, si quieres.
Apreté un poco más los labios y en un momento antes de poder contestarle pude sentir uno de sus tentáculos rozando mi entrepierna. Ahogue un ruido en mi garganta en ese momento y estoy casi seguro de que aquel pulpatata dio una risa por la nariz muy cerca de mi cuello. Volvió a rozar mi entrepierna con su pegajoso tentáculo dejando más húmeda mi ropa en esta área y yo solo podía apretar mis labios tratando de no emitir sonido alguno hasta que un pujido salió por mi garganta. Sentía el color subir a mi rostro y su cuerpo cada vez mas cerca, sus manos recorrer el mío y sus labios cerca de los míos, podía sentir su aliento chocar contra mi piel y al sentirlo mas cerca cerré los ojos y apenas este logró hacer presión de una forma ansiosa sobre mi boca, haciéndome respirar profundo para aguantar el aire en mi pecho, pude escuchar una voz a un costado mientras de a poco volvía a abrir mis ojos escuché la conversación.
-Yo sé que no es de mi incumbencia, querido Pulpatata, pero creo que no deberías "comer" ratones a esta hora –dijo la voz del recién llegado que parecía bastante confiado. El sol apenas me dejaba ver quien era pero pude distinguir un par de redondas orejas y una peculiar cola con una especie de nube al final, cuando mis ojos pudieron distinguir mejor vi que se trataba nada menos que de un Liclion.
-Lo que yo haga con el ratón, no te afecta ¿o sí? – preguntó mi captor apretando un poco mas su agarre, yo, por otro lado, estaba a punto de gritar.
-En esta ocasión si me afecta, ya que, bueno, conozco al ratón y si tanto lo quieres, tendrás que venir conmigo –el sujeto de pie parecía hablar en serio en cada una de sus palabras, pero ¿conocernos? ni siquiera su voz me era familiar.
Antes de que pudiera reclamarle nada, el Liclion extraño tomó de entre sus manos algo de color negro. El Pulpatata se quedó embelesado de aquel extraño frasco y poco a poco empezó a aflojar su agarre tanto con las manos como con los tentáculos. Finalmente me soltó y acercó las manos al frasco, lo acercó o a su rostro pero apenas el frasco emitió un brillo el pulpatata apretó el frasco con las manos destrozándolo por completo, sus tentáculos me soltaron y se fue lo más rápido posible de regreso al mar. Mostré una expresión de asombro antes de dejar caer mi cabeza en la arena soltando finalmente todo el aire en un suspiro, miré el paisaje a mi alrededor un momento antes devolver a escuchar la voz del Licleon un poco mas cerca.
-Si vas a andar por estos lugares asegúrate de tener al menos un estuche de tinta a la mano, si no los atrapas podrías ahuyentarlos – me dijo en voz suave y alcancé a detectar un toque burlón en su voz, mas no era muy marcado, volví a tomar con fuerza la burbuja de cristal con los peces y pasé mi mirada a mi rescatador.
-Te agradezco la ayuda y sé que debo ir a todos lados con lo necesario pero es mi compañera quien trae los cebos, suele andar cerca cuando quiere un familiar nuevo pero esta vez…solo vine por un par de cosas y gastar energía –expliqué con voz tranquila mientras, lentamente, me sentaba en la arena aun teniendo parte de mi ropa húmeda.
-Para mí es un gusto ayudarte, pero creo que tu compañera debería andar por los alrededores siempre, pero no los puedo juzgar, yo vine solo aunque más preparado. –Me explicó sin apartar sus rosados ojo de mi rostro- ¿te importa si te pregunto algo? –agregó de la nada un tanto extrañado. Yo solo le miré confundido.
-No, adelante –contesté simple encogiéndome de hombros tratando de devolverle la intensa mirada con un nudo apretado en mi estómago.
-¿Por casualidad tu nombre es Zile o si acaso, lo conoces? –en esta ocasión se le escuchaba bastante inseguro de si aquellas serían las palabras más adecuadas para preguntar, aunque de mi parte solo abrí mas los ojos y creo que la boca porque no creía que un completo extraño realmente conociera mi nombre. No recordaba haber entablado conversación con otros familiares de los habitantes de Eel y menos con un Liclion.
-Bue…sí, me llamo Zile ¿cómo es que…? –apenas podía formular palabras en mi cabeza y antes de poder terminar de hablar le vi sonreír con amplitud mirándome como si se tratara de un encuentro de viejos amigos. Yo me limité a mirarle aun estando confundido y extremadamente sorprendido.
-Vaya, creí que jamás te volvería a ver, empezaba a pensar que te habrían devuelto al huevo en cuanto pude evolucionar, pero estaba seguro de que debías andar por estos lugares cuando desperté y vi que la chica que estaba conmigo no era la rubia de aquella ocasión. No sabía que serías tan diferente, pero esos ojos los reconocería en cualquier parte, casi ningún okanya sabe de ti, pero wow. –hablaba emocionado y sin poder dejar de mirarme o siquiera sonreír. Apenas dejé de pensar en lo extraño de la situación caí en cuenta de quién era. Esa mirada y esa particular piel morena, su cabello rizado oscuro con sus mechas rosadas e incluso la forma de sus brazos.
-Tú ¿eres el Liclion que atrapé cuando pequeño? ¿Eres ese Liclion al que le caí encima de sorpresa? –pregunté con sorpresa sin haberme dado cuenta de que me encontraba sentado diferente y mas cerca del mismo repasando con mi mirada cada rasgo de su rostro.
-Lo recordaste –dijo con una voz más suave y una sonrisa particularmente linda que hizo que el color subiera nuevamente a mis mejillas.
Asentí un poco rápido con la cabeza bajando la mirada haciéndome un centímetro o dos nuevamente hacia atrás apretando la esfera con los peces contra mi abdomen. Él solo dio una risa baja mirándome, levantó una de sus manos para pasar sus rizados cabellos hacia atrás mirando hacia el mar y luego devolvió su mirad a mí, con la misma mano tomó uno de los mechones de mi cabello y lo pasó detrás de mí oreja.
-Realmente has cambiado mucho, Zile, pero no te queda mal la forma adulta –me dijo en voz suave mientras quitaba un poco de arena de mi hombro. Yo no era más que una piedra que solo asentía despacio con la cabeza sin tener el valor de mirarle nuevamente a la cara. –Y si me permites decirlo, te ves bastante lindo con esos corazones en tus pupilas –agregó con un susurro un tanto cerca de mí.
Llevé mi mano a mi mejilla con las puntas de mis dedos cerca de uno de mis ojos volviendo a levantar la mirada mientras notaba que él se ponía nuevamente de pie y sacudía la arena de su ropa y luego extendía su mano a mí. No tuvo que decir nada, solo extendí mi mano para tomar la suya y me ayudó a levantarme así como a sacudir parte de la arena de mi ropa, mi cabello e incluso mis orejas y cola que había mantenido bajas casi en todo momento.
-Bueno, Zile, te acompaño de regreso al C.G. ya tenemos lo que buscábamos y casi el tiempo está al límite para volver – dijo con amplia sonrisa habiendo dejado de sacudirme.
-Sí, el tiempo casi se termina y mi compañera querrá verme en el momento exacto junto a ella para ver qué fue lo que atrapé – dijo con una risita sutil y algo nerviosa sin poder hacer que el sonrojo bajara de mis mejillas.
-Entonces vamos, te ayudaré a encontrar el camino más corto, me conozco bien este bosque –dijo dando un par de pasos en dirección a las grandes rocas y las arboledas. Yo solo asentí y le seguí los pasos, sentía que el corazón se me saldría del pecho de un momento a otro, nunca había creído que podría volver a verlo.
-Al volver al C.G. ¿crees que podríamos vernos nuevamente? –pregunté mientras comenzábamos a subir las rocas para volver al bosque o al menos cerca de este. Él detuvo sus movimientos y entonces volteó a verme con una sonrisa.
-Seguro que sí, si te dejan tomarte algún descanso en los alrededores del C.G. podremos vernos o en las misiones si coincidimos nuevamente.
Su respuesta me dio una completa paz interna y estoy seguro de que sonreí ya que el amplió su sonrisa al verme. Pronto ambos volvimos a retomar nuestros pasos logrando ver por entre las rocas algunas de las copas de los árboles.
