Todos callaron después de que Shu dijera aquel nombre. El por su parte no entendía cuál era el problema ahora, según él no había dicho nada inadecuado y aún así todos lo miraban como si le hubiera salido una segunda cabeza.
Rantaro a sus ojos se veía diferente, se había dejado crecer el cabello demasiado y ahora usaba un peinado exageradamente ridículo, sus ropas habían cambiado, ya no utilizaba la clásica chaqueta abierta del uniforme, ni tampoco cargaba consigo su gigante abanico que tanto lo caracterizaba. En cambio ahora vestía de una gabardina blanca decorada de unas flamas ligeramente mal hechas a propósito, únicamente conservaba la dulce paleta posada en su boca; parecía un pandillero incluso más que antes.
Shu dejó de examinar al chico frente a él cuando el agarre de este comenzó a temblar, al cruzar su mirada con la del otro pudo ver furia y odio en su más pura y perfecta expresión, emanar de los ojos amarillos del rubio.
Algo muy dentro de él le advirtió.
"Rantaro no tiene los ojos amarillos"
Aún seguía rodeado de desconocidos, en cambio lo que ahora más le preocupaba era el hecho de que este chico fue capaz de levantarlo con una mano que sostenía el cuello de sus ropas, mientras que apartaba la otra formando un puño, en muestra de que deseaba soltar un fuerte golpe de lleno en su cara.
-Eres un maldito…¡¿Como te atreves a decir su nombre?! -exclamó furioso el rubio, Shu sintió por un momento un terrible escalofrío de pánico recorrer su columna vertebral, cerró los ojos esperando el impacto.
-¡Es suficiente! -grito el chico rubio detrás del que sostenía a Shu, junto con el otro niño del cinturón gigante lograron separarlos, Shu cayó de rodillas sobre la tierra del jardín mientras el rubio de ojos rojos luchaba por retener al más alto, impidiendo que este lograra su cometido.
-¡Suéltame Fubuki, este desgraciado se las verá conmigo! -El recién nombrado se negaba a dejar ir al chico que ahora se encontraba fuera de sí, Shu por su parte inhalaba alterado el aire del cual no había notado, dejó de respirar por un instante.
-Ayudenme chicos -dijo Fubuki mirando a los fieles amigos del rubio- Está fuera de control, ¡debemos sacarlo de aquí!
Mirando el estado en el que se encontraba su querido amigo, ninguno de los chicos dudo y acataron la petición de Fubuki. Shu se puso de pie y se limitó a contemplar como un simple espectador el modo en que entre todos los presentes, sacaban al chico de mirada asesina de aquel lugar.
En sus intentos de permanecer con calma no noto que aún había alguien con el.
-Demonios, ¿cuál es su problema? -Shu miró a su costado encontrándose con el chico de mirada azulada, un tanto sorprendido lo observó notando que no iria detras de los demás chicos.
Se preguntó si en algún momento iría con ellos, ¿es que acaso no eran amigos? Por que si lo fueran entonces acompañaria a los demás a ver qué sucedía.
Eso es lo que hacen los amigos.
"¡Shu!..."
Por un pequeño instante en su mente apareció la imagen de Valt, corriendo hacia él como siempre, solo que esta vez no sonreía. Tan rápido como vino el recuerdo se desvaneció sin poder retenerlo por mucho tiempo, como agua escurriendo entre sus dedos.
No logro identificar de cuándo ni de dónde era esa memoria.
Frustrado por aquello decidió buscar respuestas, miro al chico a un lado de él quien seguía vigilando el camino por donde sus amigos se fueron.
-¿Tú quién eres? -Finalmente logró hacer la pregunta que tanto tiempo llevaba rondando su mente.
El chico le miro mal, alzó una ceja sorprendido por la repentina pregunta y poco tiempo después sonrió.
-Jajajaja -rió con energía, Shu no entendía qué era tan gracioso- Para ser un terrible dictador si que tienes un gran sentido del humor.
Aiga siguió soltando largas carcajadas mientras Shu asimilaba lo que acababa de decir.
¿Un terrible dictador? ¿Se refería a él?
Aiga seco una pequeña lágrima que se escapó de su ojos en la ultima risa que soltó, miró a Shu quien miraba sorprendido a la nada; un tanto extrañado por su actitud tan dócil Aiga pregunto.
-Espera, no estarás hablando en serio ¿o si?
Shu no respondió al instante, en cambio posó su mirada sobre sus manos. Miro a Aiga quien podía ver por primera vez en los ojos del de cabellera blanca, algo de sinceridad.
-Hablo en serio.
