Damas y caballeros que comiencen los sexagésimos juegos del hambre – escucho la voz de Claudius Templesmith eso me indica tengo menos 60 segundos antes de que suene el gong y los tributos serán libres de salir corriendo ¿pero a dónde?

La cornucopia está situada a lo alto de una ladera y nosotros abajo alrededor, distribuidas en la subida empinada están diversas mochilas con todas las provisiones que nos ayudaran a sobrevivir, detrás hay unas montañas, a mi izquierda un bosque y a la derecha un pequeño lago rodeado en un lado por el bosque y en otro por las montañas, llevo la cuenta en mi mente queda alrededor de 20 segundos, 20 segundos para decidirme hacia donde correr y cuantas mochilas coger, cerca de mí a pocos metros hay dos que podría tomar y correr hacia el bosque ¿o hacia las montañas?

Arnie el mentor nos advirtió que saliéramos de ahí lo más rápido para no entrar en el baño de sangre, pero no estoy de acuerdo si voy a morir que sea ahora, y si libro el primer corte quiero tener algún arma en mis manos, amo la vida me da miedo la muerte pero no pienso morir con temor, y cuando los matones vengan no se toparan con un enclenque llorica y débil.

Suena el gong, las plataformas nos liberan y no lo pienso corro hacia la cornucopia, ni siquiera reparo en las mochilas que hay distribuidas a lo largo de la colina, soy veloz siempre le ganó a Ever en las carreras, además estoy acostumbrado a subir lomas empinadas todos los días que vamos a trabajar, mientras los demás se deciden a correr hacia el bosque o arriesgarse a tomar una mochila, Yo ya llevo 20 mts corriendo hacia el cuerno puedo llegar a la Cornucopia primero que todos, la pregunta es ¿podré salir antes que lleguen los matones?

Llego antes que nadie y doy un leve vistazo a las armas: cuchillos, dagas, lanzas, arcos, flechas, mazas puntiagudas y ahí es donde las veo ¡HACHAS! De todos los tamaños, grandes chicas, medianas, algunas incluso del tamaño de un cuchillo, las toco suavemente y paso mi mano por el mango examinándolas, sintiéndolas e imaginándome que estoy en casa, parece un sueño una infinidad de armas que no se por cual decidirme, entonces un grito lastimero me devuelve a la realidad.

No me mates – chilla un pequeño, mientras un grandulón lo sujeta del cuello, tensa sus músculos de los brazos y sacude la cabeza del pequeño de un lado a otro y arrojándolo al suelo, y viéndome fijamente se dirige hacia mí...

¿Cuánto tiempo perdí? No lo sé, estuve observando las armas que ni cuenta me di los demás tributos ya habían llegado a la Cornucopia y el baño de sangre iniciado, y ahora Yo soy el objetivo de este matón, a pesar de ser más alto que el pequeño que luce ahí tirado en el suelo muerto, este profesional es más fuerte que Yo, lleva preparándose para esto toda la vida no tendría oportunidad alguna frente a él, ¿o si?

Esta desarmado y en cambio Yo estoy cerca de las armas, una hacha está a escasos centímetros de mi mano derecha, así que cuando Él se acerca hacia mí no lo pienso tomo el hacha y la lanzo por el aire, esta a su vez vuela y da de lleno en la frente del tributo del 4, quien se desploma al instante, aun en shock tomo otras dos hachas medianas, salgo corriendo de ahí, me agacho y cojo una de las mochilas que esta esparcida sobre el suelo, no quiero voltear hacia atrás y me encuentro corriendo ladera abajo hacia el bosque.

Veo un árbol lo suficientemente grande y con gran follaje, subo por encima y me siento a descansar en una de sus ramas, aquí estaré a salvo y me quedare hasta que anochezca y la oscuridad me oculte de la vista de los demás.