I always like to know everything about my new friends, and nothing about my old ones.

Oscar Wilde.

Beast usó un tono más quisquilloso de lo normal en cuanto le vio al día siguiente. Era evidente que no le había hecho gracia que una mujer "del oficio" se le adelantase en sus propias narices. Por eso y para evitarle otro susto como el de la piedra, el Cuervo no le dijo nada de lo ocurrido.

-¿Hay algún sitio de la ciudad más bien tranquilo?—preguntó, ella lo miró inquisitiva.

-El Festival es pasado mañana, la palabra tranquilidad ya no forma parte del vocabulario.

-¿Y para entrenar?—especificó.

-Ah, para eso. Mm, tendría que salir de la ciudad si quiere un lugar tranquilo, aunque yo le aconsejaría ir al castillo. Así de paso les daría un par de lecciones a los buenos para nada de los soldados.

Dicho esto se alejó a paso airado prácticamente arrojando en las mesas las viandas que llevaba en la bandeja. El Cuervo suspiró. Que susceptibles podían ser las mujeres.

Había bajado ya pasado el mediodía, pues tras el ataque de la supuesta prostituta le costó Dios y ayuda volver a conciliar el sueño, principalmente debido al enorme cabreo que tenía. Dejarle a medias y encima intentar matarle ¡eso no se hacía, hombre!

La luna volvía a estar cercana a ocultarse cuando por fin se durmió.

Crook hizo un gesto de disgusto ante el menú del día de la casa de comidas. A él no le gustaba nada la carne estofada, la prefería asada o cruda, pues le recordaba a comerse un cadáver reblandecido expuesto al sol. Y tal parecía que Beast también pensaba pagar con él el enfado que tenía con su dueño pues hoy no había hecho ni amago de darle maíz ni nada por el estilo.

A su lado prácticamente aterrizó la chica florista. El pájaro pensó que en esta ciudad todo el mundo tenía una facilidad sorprendente para aparecer de la nada. Claro que como la chica era delgada y algo menuda se mezclaba y escabullía fácilmente entre la gente.

-Oh cariño, ya estás aquí.—saludó Beast en cuanto la vio—Un momento, iré a ver si ya está listo.

La chica asintió y paseó distraídamente la mirada por las estanterías de detrás de la barra, llenas de vasos, botellas y platos limpios. Crook se la quedó mirando y en un momento ella giró la cabeza e hizo contacto visual con él. El pájaro la observó con detenimiento, doblando la cabeza varias veces como solía hacer a menudo, y ella le mantuvo la mirada cosa que desconcertó un tanto al anima, pues generalmente a los humanos no les gustaba ni mirarle ni que les mirase directamente.

-Aquí tienes preciosa.—interrumpió Beast el momento robando la atención de la chica—Y diles que no trabajen tanto.

La florista sonrió suave a la caricia maternal en la mejilla que le brindó la otra y acogió en los brazos la gran bolsa con olor a comida que le tendía saliendo inmediatamente después a galope de cervatillo.

Crook volvió a quedarse mirando como se alejaba. Le había agradado la sensación de perderse en esos dos grandes ojos que la chica tenía. Una sensación parecida a cuando era polluelo y vio por primera vez los ojos del joven que más tarde sería su amo.

Las pocas veces que la había visto, a excepción de cuando estaba en la herboristería, estaba llevando comida a alguna parte ¿para quién sería? ¿Tendría polluelos que alimentar? ¿O era para ella? Aunque dudaba seriamente que toda esa comida pudiera caber en un cuerpo tan pequeño.

-Crook.—le llamó su amo sacándole de su ensimismamiento—¿En qué piensas tanto?

-Nada.—mintió.

Tal como Beast le hubiese aconsejado, o más bien gruñido, el Cuervo se dirigió al castillo para entrenar. Los guardias torcieron ligeramente el gesto al verle venir aún recordando lo que pasó la última vez que pisó terreno real. Sin embargo el capitán Charles Phipps, aunque sin expresión alguna, no parecía opinar lo mismo.

-Me alegro de verle por aquí Cuervo y el hecho de que venga a entrenar es excelentemente provechoso.—comentó, aunque con un tono tan neutro que no dejaba entrever emoción alguna.

-¿Piensa utilizarme?—pregunta molesto el mercenario—Sólo he venido hasta aquí buscando tranquilidad para poder ejercitarme.

-Y no es viveza lo que le estoy ofreciendo. Supe de su altercado con marineros en la Sirena Mutilada, hubiera gustado de verlo, dicen que es usted fuerte como un Cornúpeta Osborne.

-No he medido mis fuerzas con uno para saberlo.

Los guardias que observaban la conversación pudieron pensar sin duda alguna que veían a dos máscaras hablando entre sí. Y el vocabulario de su técnicamente recién estrenado capitán no ayudaba ¿quién demonios llamaba a los gigantescos toros de más de dos metros de la Península Estival así?

-Está bien.—volvieron a la tierra cuando oyeron al mercenario ceder—Me enfrentaré a toda su guarnición de uno en uno pero de adiestrarlos no me encargo.—advirtió, Phipps se dio por satisfecho.

-Será una excelente manera de que aprendan a cruzar espadas con alguien verdaderamente fuerte.

Los soldados volvieron a torcer el gesto y lo convirtieron en un mohín cuando el capitán se alejó unos pasos y dejó a sus anchas al Cuervo puesto ya en guardia.

Crook voló hasta posarse sobre un saliente de la muralla que rodeaba el lugar y le ofrecía una buena vista. Si hubiera sido humano habría aplaudido efusivamente viendo a su amo derrotar uno a uno, con extrema facilidad, a los guardias que se medían con él. Pero siendo pájaro se contentaba con cacarear de vez en cuando.

Phipps, cruzado de brazos unos metros más allá, observaba el deprimente espectáculo que estaban ofreciendo los guardias. Desde que empezaron habían llegado más y se sumaron a la fila en espera de la contienda, aún así el Cuervo desarmaba a todo el que se le pusiera enfrente.

-"Muy fuerte."—pensó. Tal vez por fin sus majestades hubieran dado con la persona idónea para encontrar la corona de Orichalcum y sobrevivir al intento.—"No como estos pelagatos ¿En qué dedicaría su tiempo Alcázabar en lugar de entrenarlos como es debido?"

Desde que el mismo rey le asignase como nuevo capitán de la guardia real hacía poco, sus límites de paciencia tuvieron que crecer progresivamente día a día, hora tras hora. Especialmente con Grey mofándose de haber sido el que se hubiese librado de 'tal honor'. Pero con él ocupándose del rey y Brown de la reina a Phipps no le quedó más remedio que aceptar sin protesta el puesto.

El último cacareo de la mascota del mercenario le sacó de sus pensamientos. El Cuervo seguía igual que había llegado, impoluto y sin alterarse aún después de haberse enfrentado a más de una treintena de hombres. Soltando aire por la nariz se dirige hacia él pasando entre sus hombres medio caídos. Clanck. En apenas un parpadeo su espada y la del Cuervo chocaron abruptamente.

-Fantástico espectáculo, ahora si no le importa seré yo su adversario.

Sin cambiar su apático gesto el ojirrojo se alejó del choque sólo para volver a arremeter al segundo. La hoja negra de Phipps volvió a chocar con la resplandeciente de Devora Almas y los espadachines aguantaron el embiste en el sitio tratando de enervar al otro.

El Cuervo sonrió mezquino, menos mal que el capitán hacía algo de honor a su título. De los moradores de palacio que había conocido él era de momento el más alto y se le notaba pulido en el arte del combate. Aún así...pensó, no tenía mucha pinta de soldado, sino más bien de caballero. Como ese Grey o el mismo Brown.

Clash. No tuvo tiempo de divagar mucho más, pues Phipps se abalanzó sobre él con una serie de rápidas estocadas.

-"Vaya, más rápido de lo que pensaba."

Los soldados corearon la actuación de su capitán. Que él se encargase de darle una lección de esgrima al Cuervo. Sus caras de emoción aumentaron cuando se percataron de que la estrategia de Phipps era hacer retroceder a su oponente hasta la pared y así cercar su radio de acción. Ya fueron a poner el grito de victoria en el cielo, cuando, a medio metro de la pared la mascota del Cuervo se interpuso entre su amo y el capitán haciendo retroceder al último graznando y adelantando sus patas hacia él. Este momento lo aprovechó el Cuervo para pasar por debajo de Crook y de un golpe bajo desarmar y desequilibrar a Phipps proclamándose ganador.

-¡Eh, eso no vale!—protestaron los guardias—¡El pájaro se ha puesto en medio!

-Claro que vale.—contradice el mercenario aún manteniendo la punta de su espada hacia Phipps—Crook actúa también como una de mis armas si es necesario.—dándole la razón a su amo el animal batió sonoramente las alas y graznó.

Phipps se recompuso y guardó su espada en el cinto mandando callar a todo el mundo.

-Ha sido una buena pelea Cuervo, sois un hombre muy diestro y hábil. Ahora sentíos libre de usar las inmediaciones del castillo como gustéis y mejor convenga para entrenar.

Dicho esto se marchó con calma y dignificando cada paso que daba, los soldados se fueron tras él dejando al Cuervo solo y por fin a sus anchas.

Charles Phipps entró al castillo tras devolver a sus soldados a sus quehaceres y puestos y ordenar que no molestasen al mercenario. Una silueta apoyada contra uno de los gruesos pilares le detuvo en su marcha.

-Que lamentable espectáculo. Tanto el de los soldados como el de su capitán.

-Tu punto de vista siempre es bienvenido, Charles.

-El capitán debe escuchar la palabra del oficial real, Charles.

Phipps no se giró a mirar a Grey para evitar que éste viera una mueca de ira contenida. Siempre habían tenido una relación cordial, pero desde que Grey fue elegido como mano derecha del rey su nivel de egocentrismo se había disparado, y esto crispaba los nervios de Phipps. Brown, que, como él, tendía a racionalizar las cosas, un día le confesó que estaba esperando el momento más propicio para apuñalarlo directamente en la garganta.

-Si yo hubiera estado a cargo de esos niños desde el primer momento otro gallo cantaría.

-¿Otro gallo u otro cuervo?

-Pero la permisividad de Alcázabar ha quedado patente en la torpeza de sus subordinados.—continuó Phipps sin prestar atención al comentario del otro—No hay más que ver que se dejase eliminar.

-Los inútiles son inútiles siempre, hasta el día de su misma muerte. Recemos pues para que tus 'soldaditos' aguanten hasta el día del Festival.—sentencia a modo de despedida desapareciendo tras la columna.

-Mientras el rey siga en pie se sacrificarán peones.—masculla siguiendo su camino.

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Hannah salió de la cámara de la reina cargada de telas y ropa. Igual que las otras tres doncellas que salieron detrás de ella. Los días inmediatamente previos al Festival la reina podía perder la cabeza tratando de encontrar el modelo adecuado que lucir en la fiesta. Sería más correcto decir modelos. Uno para lucir en el Festival, otro para acudir a los rezos del alba y un último para el gran banquete que se celebraría en palacio. La morena suspiró, por lo menos los dos últimos ya los tenía decididos pero elegir el primero siempre era lo más complicado; la regente gustaba de lucirse más con la plebe incluso que con la nobleza.

-"Supongo que para que no olviden quién es la que manda."—pensó.

A zancadas en dirección contraria a la suya venía John Brown.

-La reina...—fue a decirle.

-Requiere mi presencia, lo sé. Los preparativos la estresan mucho.

La doncella se quedó observando unos segundos como se marchaba hacia la cámara de la reina. Brown, además de la mano derecha de la reina, ejercía a veces como una especie de bufón particular; armado con una marioneta en la diestra se encargaba de volver a sacar una sonrisa a la mujer cuando ésta se nublaba.

Entre los sirvientes era bien sabido que también la reina tenía la mano ligera con él. Pero Brown nunca lo comentaba ni se quejaba por ello. La palabras y acciones de su reina eran sagradas para él.

Más abajo, cerca de los sótanos se oían los chillidos agudos y angustiados de un pavo real. El animal estaba atado a una mesa y se agitaba de un lado a otro mientras chillaba con desesperación, como si supiera el fatal destino que le aguardaba.

-Como odio que estos bichos chillen tanto, un cerdo hace menos ruido cuando lo matas.

-Cierto, pero no quedan tan bonitos. Sujetale el cuerpo, voy a asfixiarlo.

Dos disecadores charlaban mientras trabajaban. Al principio pensaban que era una pena matar un ave tan bella, pero con el tiempo se acostumbraron a hacerlo año tras año. Además, disecándolo su belleza se conservaría indefinidamente.

-¿No te parece que este año han mandado uno más pequeño que los anteriores?

-¿Eh? Yo lo veo como siempre, ahora deja de hablar y remátalo que no veas como se sacude.

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William notó su mesa agitarse y tuvo que sujetar un par de frascos para evitar que cayesen al suelo. Cual vendaval de otoño Grell hizo su estruendosa aparición abriendo la puerta de su consulta de par en par.

-¡Buenos días Will!

-Tardes, Grell Sutcliff.—le corrige—Y te agradecería que la próxima vez entres a mi consulta como una persona normal y no armando tanto revuelo.

-Ah, tan sobrio como siempre.—comenta sin perder su característica sonrisa—Encima de que vengo a verte.

El médico le miró por encima de sus gafas y suspiró. Levantándose agarra un bote de buen tamaño de una estantería y se lo tiende.

-No hace falta que te diga que tengas cuidado con eso.

-Siempre me lo dices. Y sabes que siempre tengo cuidado.

El artista no pudo evitar ensanchar más su sonrisa con el típico y gracioso mohín del facultativo.

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-Yé ye.

-Oh, ya estás aquí. Hoy has venido algo más temprano. No me mires así, ya sé que tiene que descansar ¡pero aún es joven!...¡Vale, vale! Da gracias de que ya hemos terminado.

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Tras varias horas de entrenamiento y ejercicio en solitario el Cuervo abandonó palacio ya entrada la noche. El estómago le rugía y su cuerpo le estaba pidiendo a gritos un baño caliente. Aún así no se arriesgó a enfrentar de nuevo el enfado de Beast por lo que mandó a Crook en su lugar.

Aplaciente, el pájaro entró a la casa de comidas y voló hasta la propietaria, a quien casi hace tirar una bandeja llena de platos del susto.

-¡Comida!

-¡Diablos, que susto me has dado! ¿Y tu amo? ¿No sabe venir él a pedirla como una persona normal en lugar de enviar a su mascota de recadero?

-¡Comida!—volvió a repetir sin entender muy bien lo que quería decir la mujer—Amo está en agua.

Beast no pudo evitar reírse. Curiosa forma de decir que alguien se estaba bañando. Acordándose de que esa mañana no le había dado de desayunar una ración de maíz al cuervo por el despecho con su amo abrió un bote y desparramó un poco de su contenido ante él.

-Anda toma, picotea un poco mientras le preparo algo a tu amo.

Crook gorjeó ante el montoncito de maíz que tenía delante, regañándose después pensando en que nuevamente su amo volvería a llamarle blando si le viera. Pero como reza el dicho: "Ojos que no ven, corazón que no siente." así que se puso a comer ahora que podía. Estaba tragándose el último grano cuando Beast volvió ya con el avituallamiento preparado.

Al día siguiente ambos cuervos no salieron de la habitación hasta que las farolas empezaron a prenderse. Entonces, envueltos en la oscuridad de la noche subieron a los tejados que rodeaban la plaza del templo.

Con el sigilo y la agilidad de un felino, el mercenario empezó a colocar estratégicamente lo que llevaba preparando durante todo el día.

Crook le ayudaba y vigilaba que no los viera nadie. Además de ahuyentar a los gatos callejeros que pululaban por los tejados de noche. El humano sonrió satisfecho pensando en que no podría tener un compañero mejor que Crook; si hubiera sido un ciudadano de a pie más, probablemente hubiera tenido un gato, pero siendo mercenario qué mejor que un cuervo tramposo y pendenciero para ser su mascota. Esa misma tarde le había quitado la tablilla de la pata dejándole sólo la venda puesta, y el ave agradecía volver a tener algo más de movilidad, sobretodo para poder encararse mejor con los gatos que le bufaban.

-Mierda.—maldice entre dientes cuando se resbala por tercera vez. Lo que el maestro herrero le dijo era cierto, los tejados de Oris eran horriblemente resbaladizos dada su perpendicularidad con el suelo. Con cuidado se agarra a la chimenea y se da impulso hasta el tejado contiguo y agarrándose a las tejas para no perder el equilibrio. Silbando suave llama a Crook para que lo ayude.

Un rato después vuelve al suelo agarrándose a una cañería y deslizándose por ella. Vigila que no le haya visto nadie y desaparece por la calleja.

"Bien, ése era el último. Ya está todo preparado para mañana" Piensa triunfal. Si el rey de los gitanos quería jugar, jugarían. Él no era el único que sabía cómo jugar sucio.

Hacía una noche fantástica y muy tranquila. O todo el mundo estaba acopiando fuerzas para la fiesta de mañana o aún recordaban lo que pasaba años atrás si salías a la calle la noche antes del Festival.

-Eh Crook ¿te apetece dar un paseo?—el cuervo asintió y voló delante de él pero sin separarse demasiado.

El Cuervo repasó mentalmente todo lo que sabía hasta la fecha. Cosa que por otra parte tampoco era demasiado; la única cosa que tenía en claro era que le deseaban muerto y que, al contrario de lo que pensó en un principio, esa corona de Orichalcum valía lo suficiente como para matar para protegerla o conseguirla.

Pensó también en el Festival. Beast le hubo contado que era todo un desmadre. Un día en el que podías festejar y hacer lo que te diese la gana sin consecuencia alguna. Todo tipo de jolgorio estaba permitido; eso sí, jolgorio, que no vandalismo, pues con la guardia vigilando el orden pasarse de la raya no estaba permitido.

Nuevamente su paseo le llevó derecho al puerto. Ya parecía estar haciéndose costumbre, claro que dentro de la ciudad tampoco había muchas más cosas qué ver. Y por lo menos el ruido del oleaje le tranquilizaba. Crook voló entre los barcos rodeando los mástiles y picoteando las banderas.

Inspiró profundamente la brisa salada. Cuando acabase con esto, y después de visitar la Península Estival como le prometió a Crook, cogería un barco que le llevase a la otra punta del mundo a visitar lo desconocido. Poco sabía de aquellas tierras lejanas y que los marineros tachaban de inhóspitas en muchos sentidos, pero qué importaba eso. Su abuelo siempre le decía que un mercenario era un espíritu inquieto que no se podía amarrar a ningún puerto mucho tiempo, y que iba dónde le llevase el viento.

"El viento de la guerra supongo." Crook volvió a su lado y se posó con cuidado sobre su hombro moviéndose intranquilo en él. Entonces él también oyó un repiqueteo, redoble más bien, que se escuchaba desde la orilla del muelle. Había alguien sentado en el borde. Un graznido sordo de Crook le hizo girar la cabeza y el ojirrojo reconoció al joven herrero.

-Buenas noches Cuervo y cuervo.—saludó—Ya es bastante tarde para andar deambulando por el puerto, los marineros pensarán que quiere asaltar sus navíos.

-Lo mismo iba a decir.—contestó mordaz acercándose a él unos pasos. Ese chico también le parecía muy enigmático, igual que casi todos en Oris. Mostraba siempre una actitud calmada y más bien cordial que a veces salpicaba con cierta mordacidad e ironía. Además también poseía ese peculiar arte de aparecer y desaparecer a voluntad.

-Mi cara ya la conocen. La suya no tanto—rebatió,—aunque haya marcado unas cuantas con sus puños.

Emitió una serie de risas divertidas e hizo sonar el objeto que llevaba en las manos: un sonajero tambor con el que al parecer estaba jugando. El Cuervo torció un poco el gesto.

-¿No eres ya un poco mayor para andar jugando con sonajeros?

-Claro que lo soy, ya tengo 20 años a mi espalda.—El Cuervo abrió los ojos con disimulo ¿20? Él le había echado menos. Sobre todo a comparación, pues aunque le aventajaba cinco años y seguía siendo joven, el herrero tenía esa cara de no haber madurado aún del todo.—Pero este juguete me trae recuerdos.

Dicho esto sacó también una flor rosa que olió suavemente. El Cuervo reconoció la flor de habérsela visto alguna vez a la chica florista en el pelo.

-Esas flores las lleva esa chica...Lan Mao, en el pelo. ¿Es su pareja? Debería cuidar más de no dejarla sola antes de que algún zafio se la agencie. —Esto hizo reír otra vez al herrero.

-Y la cuido. Pero no como pareja, sino como hermana.—esto sorprendió al ojirrojo—Además no puedo estar todo el día pegado a ella, ambos trabajamos y sólo nos vemos al caer el sol. Claro que—estruja la flor lanzando los pétalos al aire—Lan siempre cuida de que nadie la toque sin consentimiento, y, cuando no, lo único que tiene que hacer es decirme unos cuántos nombres.

"Claude, los hubiera marcado uno a uno con un hierro al rojo vivo." Recordó que dijo Undertaker aquella noche en la casa de comidas cuando un grupo de borrachos trató de cortejar a la chica de no buenas maneras.

-Pues no tienes cara de ser de oriente.

-No lo soy. —la sonrisa de suficiencia del más joven estaba empezando a cabrear al Cuervo, que hizo acopio de fuerza de voluntad para no tirarlo al agua de una patada—Lan es mi hermana adoptiva pero tan de poniente como cualquiera, o incluso más. La conocí precisamente en este mismo puerto...

De manera involuntaria, más bien como acto reflejo, se llevó la mano libre al centro del pecho tocándolo apenas con la yema de los dedos. El Cuervo le miró esperando que de un momento a otro él también sacase un puñal o cualquier clase de arma e intentase matarle, lo normal que hacía la gente con él en esta ciudad.

Sin embargo el más joven se quedó ahí parado, con la mirada perdida en ningún punto en concreto.

El Cuervo chasqueó la lengua y se dio la vuelta dispuesto a irse. Crook mantuvo la cabeza girada hacia el herrero no fiándose de que pudiese saltar sobre ellos por la espalda. Y emite un disimulado grajeo al tiempo que toca con su ala la cara de su amo cuando ve al otro levantarse del sitio.

-Ya es tarde.—habló para sí mismo caminando en dirección opuesta al mercenario pero deteniéndose antes de marcharse del todo—Espero verle mañana en la fiesta señor Cuervo, aunque si va antes a la misa del alba nos encontraremos allí.

-Los soldados sólo le rezamos a la muerte para pedirle aplazo de nuestro último día.—contestó tajante, el más joven sonrió de medio lado.

-Sí, seguro.

Cuando volvió a La Mansión, el encargado de recepción dormía a pierna suelta apoyado en el mostrador. Claro, así como no iba a sufrir intentos de asesinato si quien vigilaba la puerta rondaba el quinto sueño. Mezquino, movió un poco su hombro para que Crook emitiese un sonoro graznido que hizo despertar de un bote al pobre hombre.

Por fin de vuelta en su habitación se acomodó y cerró los ojos para descansar. A fin de cuentas mañana sería un día largo y pintaba ser ajetreado, por lo tanto más valía estar descansado.

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Los primeros gallos comenzaron a cantar al despuntar el sol. Y una multitud de personas acudió al templo para escuchar a los sacerdotes decir la misa del alba. Cada año con el mismo sermón: "Danos fuerza para sobrellevar los pecados que hoy nos acechan al festejar la gloria de la Luz."

En primer fila estaban el rey, la reina y miembros destacados de la corte. Bien custodiados por una muralla de guardias comandados por los Tres Guardias Celestiales. Grey, Phipps y Brown. Bajo ese nombre habían armado caballeros a los tres hombres del servicio especial al posar una espada en sus hombros. Grey rezaba con los ojos cerrados completamente tranquilo; Brown también rezaba pero sin apartar la mirada de la reina; mientras que Phipps había dejado de lado los rezos y observaba con mirada de halcón cada rincón del lugar.

El templo se llenó hasta los topes. Ya no cabía nadie ni de pie. Por lo que siempre se dejaban las puertas abiertas para que el sermón llegase también a la calle y a los feligreses que no pudieron entrar.

-Uf, todos los años igual.—protestó Beast abanicándose. A su izquierda, Paula, la dueña de la herboristería, le chistó para que guardase silencio y siguiese rezando. La más morena hizo un mohín y miró hacia la derecha; sentados unos bancos más allá estaban Lan y su hermano. Ambos jóvenes parecían muy concentrados orando. La mujer sonrió, y siguió recorriendo bancos con la mirada. Casi al principio vio sentado al doctor Spears, como siempre rodeado de las mujeres mayores que cada dos por tres rondaban su consulta quejándose de algún dolor. Suspiró. Que paciencia debía tener ese hombre para aguantar a esas viejas avutardas.—Ay.—se quejó bajo cuando Paula le dio un ligero codazo para que se centrase en lo suyo y dejase de distraerse.

Seguro que si el sepulturero andase por allí ya le habría susurrado que la colgarían por andar chismorreando y pensando indecencias en suelo sagrado. Pero el peligris no era dado a oficios. Y mejor, así se ahorraría el tener que dispararle para que cerrase la bocaza.

Más de media hora duró la ceremonia. Y cuando se repartieron la bendiciones todo el mundo comenzó a salir en tropel del lugar dirigiéndose a sus casas para cambiar sus atuendos y que diese comienzo el Festival. Sus majestades fueron los primeros en salir con su guardia abriéndoles paso.

Claude agarró a Lan Mao de la mano y fue esquivando gente hasta salir a la calle. Beast fue abriéndose paso a abanicazos mientras Paula la seguía con dificultad. El doctor Spears no tuvo problemas para salir, su séquito de 'avutardas' le abrieron paso hasta la calle donde el hombre se deshizo de ellas con una disculpa antes de que pudieran aquejarse de algo.

El Festival daría comienzo dentro de una hora.

-Quiero a todos los guardias listos y en sus puestos a la de ya.

-Sí señor.

Phipps resopló y se ciñó correctamente la espada al cinturón. A su lado pasó Grey emitiendo una disimulada risita. Brown, que pasó por el otro lado, le miró tras las gafas oscuras pidiéndole paciencia.

A Crook lo despertó el sonido de una pandereta seguida de algarabía. Seguidamente oyó gritar a la dueña de La Mansión algo acerca del horario de servicio de la bebida. En la cama su amo estaba desperezándose tranquilamente. Se incorporó y tomo asiento en la cama.

-Hoy es el gran día Crook. Ponte guapo, tenemos una fiesta.

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Bueno my little demons aquí os dejo otra actualización. A ver si termino ya los exámenes esta semana y puedo seguir escribiendo :S

¡Llega el Festival!

atte.-Cherry Cheshire ;)