Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.
Entre las rosas están las espinas.
La mujer miro su reflejo y la envidió, la mujer al otro lado de la superficie solo tenía ese pequeño espacio de mundo, no debía darle cuentas a nadie. Ella, la otra, la de la libertad, solo observaba su triste figura casi con una mueca de burla en sus ojos con destellos rojos, la tentaba, la llamaba a sumergirse a su lado y olvidarse de todo. Se miró por un buen rato, hasta el punto de no reconocer a la persona que le devolvía cada gesto, levantó una mano y la acercó a la luna fría, el reflejo hizo lo mismo, ambas se tocaban pero no se alcanzaban. Por un momento pensó en la peliazul y sintió que la situación era la misma, sin importar cuantas veces tocara o hablara con ella, jamás podía alcanzarla dentro de su obstinada y hermética soledad. Recordó, no sin amargura, pero tampoco sin ternura, los momentos vividos juntas, el carnaval salvaje que la llevó a mostrar su lado más oscuro por la persona que amaba.
-Y amo- Se corrigió en voz alta, riñéndose a sí misma. Siempre había sido sincera con ella, reconocer sus miedos y frustraciones era la mejor manera de encontrar la manera para disimularlos frente a los demás. Y luego, el desastre, las inseguridades las habían alejado, Natsuki con un mundo tambaleante, sin un norte, sin voluntad o ambición se sumergió en distintos estados retrospectivos, necesarios para ordenar su desordenada vida, pero dañinos para la reciente relación que habían establecido en mutuo acuerdo a sus sentimientos. Shizuru la esperó, la esperó, paciente a que su adorada mujer se decidiera, pero la imposición y la presión no se dejaron de sentir. La castaña ya no sabía como dilatar más a su familia, no tenía excusas que objetar. Sus estudios, su independencia, su amor, todo se precipitaba en un vacío que no llevaba a nada. Natsuki aún indecisa no caía en las tribulaciones de la mujer que la rodeaba. Cuando todo acabó y Shizuru se quebró ante la presión incesante de su familia, que ahora vivía con ella, la apremió para que tomara una decisión. La joven Kuga, como un animal acorralado por el cazador, un depredador que se ve privado de sus fuerzas y deseos de luchar, pero no de su instinto de supervivencia, escapó, hizo una violenta brecha en el estrecho muro que la rodeaba y escapó. Shizuru falló como cazadora, se olvidó de dejar la trampa tras la puerta de escape.
-Claro, como iba a suponer que solo necesitaría una moto y un casco- Susurró para sí la joven, subiendo un poco las faldas de su largo vestido para admirar las terminaciones. Suspiró con pesadez nuevamente y sus ojos se empañaron en lágrimas ya centenarias en sus ojos. Sufría del mal que atenazaba la humanidad desde siempre, pero su mal era más agudo de lo que se podía explicar, amaba y perdía. Amaba y era obligada a no amar, Shizuru, encerrada en su propio juego, había sido obligada a aparentar. Fijó nuevamente la vista en el espejo, sabía que parte de la culpa era suya, pero aún no entendía por qué Natsuki había huido, a qué le temía, qué era lo insufrible que la obligaba a escapar sin dejar rastro. Una frase de Mai le cruzó la memoria como un rayo fugaz "Natsuki te quiere demasiado como para arriesgarse a perderlo en la rutina o en la vuelta de una esquina", ¿Perderla?, ¿Era eso acaso posible?, Shizuru sabía que ambas eran jóvenes, pero no estaba siendo llevada por la ignorancia y la prepotencia de la sangre aún inmadura de sus venas, a ella la guiaba el sentimiento, la energía milenaria que rodeaba todo lo existente. Se sorprendió un poco al sentir las lágrimas correr por sus mejillas, lloraba, pero ya no sentía pena, el hastío la devoraba, los días monótonos, las noches largas, las sonrisas fingidas, las gracias hipócritas, los meses vacíos, la familia, la apariencia, la estaban devorando. Su reflejo ahora ya no se reía, la miraba con preocupación, le llamaba la atención de todos esos pequeños detalles que denotaban su estado, su pérdida de peso, el cabello deslucido, la sonrisa gastada y los ojos apagados, era, sin lugar a dudas, una sombra de lo que alguna vez fue la orgullosa y hermosa Fujino. Apoyó la frente en la superficie fría del espejo, cayendo en cuenta de todos esos detalles que la estaban extinguiendo lentamente, y, como abrazando a su reflejo, la única que realmente se preocupaba de ella en esos momentos, volvió a llorar con la amargura del primer día. "Natsuki, ¿Por qué?" repitió en un salmo que se extendió por horas, su pena reemplazaba otra vez a su hastío y una llama de vida entibiaba su corazón. Shizuru Fujino, aunque sola y despechada, nuevamente vivía para y por su amor. Apretó su mano, si lo que se venía era irrefrenable, ella por lo menos intentaría solucionarlo, recitando el número y la dirección decidió darle su último revés al destino, su as bajo la manga.
NdA: Creo que este corto, porque realmente es corto, ha salido algo más oscuro y triste de lo que pensé... la verdad es que no sé bien lo que tenía en la cabeza, pero necesitaba escribirlo... espero que no haya sido muy enredado o extraño. Por lo demás, como siempre subiendo algo de vez en cuando a esta serie de one-shot, debo admitir que le tengo mucho cariño, la mayoría de mis ensoñaciones o delirios extraños terminan aquí ^^. Muchas gracias a todos aquellos que comentan y quienes se preocuparon por mi enfermedad, ya estoy mucho mejor (vamos, hierba mala nunca muere y yo soy de las peores), lo único que lamento es haber perdido las fiestas patrias de mi país, no me fue agradable estar en cama en un estado semi moribundo mientras mis hermanos desfilaban frente a mí con todas esas cosas ricas, que solo se come en este tipo de celebraciones, sin poder darles una sola mordida... en fin, para otra vez será. Hasta la próxima. Saludos.
