Capitulo 3.

Caminé lentamente hasta que llegué al coche. Los tacones de aguja que llevaba puestos resonaban contra el suelo. La verdad era que mi atuendo no era bastante adecuado como para luchar; llevaba una camiseta de tirantes negra, unos leggins también negros de cuero y los tacones del mismo color. Había dejado mis cabellos sueltos y el maquillaje oscuro era algo que no faltaba en mi mirada.

Me percaté de que Tifa se me había quedado mirando con fijeza. Yo también la miré, expectante, hasta que, con antipatía, le solté:

-¿Quieres algo?

Ella pareció despertar de su letargo (o tal vez de su estudio sobre mi anatomía) y negó con la cabeza. Parecía un tanto afligida. Entonces tomó aire y, tras estar durante cinco segundos pensando las palabras apropiadas para colocarlas una tras otra en su frase, me dijo:

-Es sólo que… no se como, si tuviéramos que huir, ibas a poder hacerlo con esos taconazos…

Esta vez mi mirada se tornó odiosa. ¿Qué demonios…? Si le molestaban mis tacones altos era su problema, no el mío. Yo estaba acostumbrada a luchar con semejante ropa e incluso con plataformas si me lo pedían. Lo importante no era el atuendo era la experiencia. Tenía ganas de decírselo, pero probablemente una aficionada a la lucha como ella no comprendería las palabras de una veterana.

Yo había aprendido a empuñar un arma desde los 9 años. Sephiroth había sido siempre mi mentor, aquel hombre que siempre me había ayudado y enseñado. Pero explicarle todo eso a ella sería una equivocación, y yo sabía reflexionar y actuar premeditadamente. Me crucé de brazos, y suspirando pesadamente, le dije:

-Y … ¿por qué estás tan segura de que vamos a tener que huir? - ni siquiera le dejé contestar a mi pregunta, pues yo ya estaba dispuesta a continuar atacándola - ¿Acaso eres adivina o algo parecido? - ella negó con la cabeza. No me contuve y, acercándome a ella, le susurré - Entonces, déjame en paz.

Ella asintió con la cabeza. Sentí la terrible necesidad de reírme de ella, era tan mansa y dócil que podías mandar sobre ella las veces que te apeteciera. Estaba segura de que ella era de las que duraban poco en la batalla. Muy segura…

En ese momento llegaron Cloud y Barret, preparados para irnos. Barret tomó el asiento de piloto y Cloud se sentó a su lado, por lo que a mi me tocó soportar tener que estar al lado de Tifa durante todo el trayecto. La verdad, fue algo bastante fácil. A ella se le habían quitado las ganas de charlar y yo la ignoraba completamente.

Una hora después llegamos a Kalm, una ciudad alejada de la concurrida y apestosa Midgar. Luego nos alojamos en un hotel, puesto que Barret decía que quería descansar un poco. Éste se tumbó en la cama más cercana a la puerta. Cloud y Tifa empezaron a hablar y yo me senté en el alféizar de la ventana. Una frase cruzó mi mente : "Lo que tiene que hacer una por dinero". ¡Qué gran verdad! Empezaba a hartarme de esa situación. Y encima nos había tocado una habitación en la que no había vistas, ni nada que se le pareciese. Sólo se veía un trozo de pared del edificio contiguo.

Pasó una hora. Y otra más. Empezaba a asfixiarme allí dentro, parada, mirando a la nada a través de la ventana. Me sumergí en mis pensamientos…

Así que estos chicos buscaban a Sephiroth, deseando vencerle… no podía ser que se quisieran tan poco como para atreverse a hacer algo así. Suspiré pesadamente al recordar la paliza que me había propinado Sephiroth simplemente por haberle contradicho una vez.

En parte, sentía algo de pena por ellos. Pena, porque los estaba engañando. Sabía que aún quedaba algo de bondad en mi, pero era ya tan poca… Y sólo yo sabía porqué había decidido volverme tan oscura.

Quizá eran mis ansías de vengarme por lo que le habían hecho a mis padres hacía muchos años atrás. Shin-Ra… ellos habían acabado con mi familia. Pero no sabían que yo podría acabar con ellos si me apetecía. Una lágrima corrió por mi mejilla cuando recordé como habíamos dejado a mi padre atrás, como el nos había suplicado que nos marcháramos, sólo porque quería proteger nuestras vidas. Recordé también los años de sufrimiento y dolor pasados en Shin-Ra. Recordé como mi madre moría frente a mi, sin que nadie pudiera ayudarnos.

Había mucha gente que decía que yo no había luchado. Que simplemente me había pasado al lado del rencor y el odio y lo había dejado todo de lado. Pero se equivocaban. Era cierto que yo me había aliado con la oscuridad, pero esa era la única forma de luchar. El dolor no me había vuelto una persona buena, me había convertido en alguien atroz, perverso. Pero lo peor de todo, lo que más daño me hacía aún, era que nunca nadie lograría comprenderlo. Todos, todos me acusarían, porque eso era lo único que sabían hacer, acusarme. Señalarme con el dedo y decirme : No servías para esto, estás equivocada, Aerith.

Pero ya no hay vuelta atrás. Ni siquiera me arrepentía de lo que estaba haciendo si con eso lograba lo que tanto ansiaba: vengarme.

Sephiroth era un asesino. El había matado a muchas personas sin motivo. El quería ser alguien grande, quería hacerse oír, y la única y errónea forma de hacerlo era esa, matando. Pero lo que me diferenciaba de el, era que yo no era así.

Si había alguien que debía pagar todo el daño que yo había sufrido, ese era él. El presidente de Shin-Ra.

Él había sido el causante de todo mi dolor, de todo mi sufrimiento, de todas las lágrimas que habían caído años atrás. El se había llevado a mi familia, él y sólo él. Lo encontraría, y entonces ajustaría las cuentas con él. De eso estaba totalmente segura. Destruiría Shin-Ra, ése era mi cometido.

Cerré los ojos con fuerza, evitando que salieran mas lágrimas de ellos. Lágrimas de furia por no haber conseguido nada aun. De impotencia.

"Pronto se acabará Aerith, y tu serás feliz…"

Nadie lo entendía. Lo único que yo quería era ser feliz. Pero siempre es más fácil acusar sin saber. Hablar sobre lo desconocido.

Me levanté del alfeizar y salí de la habitación, mientras las miradas de Cloud y Tifa se clavaban en mi. No me importaba lo que pensasen de mi en ese momento, yo sólo quería salir de allí y alejarme de ellos durante un rato.

Una vez fuera, di una vuelta por los alrededores. Kalm era una ciudad bastante bonita y tranquila: las casas eran altas y tenían cierto aire campestre, con tejados rojos. El suelo era de una piedra bastante elaborada.

Al fondo, tras unas casas, había una torre alta y estrecha. Me pregunté a cuento de qué había una torre allí. La verdad es que Kalm era más luminosa que Midgar. En ésta última, siempre era de noche.

A veces, hubiera deseado nacer en un mundo mejor, en el que no existieran guerras, ni nada por el estilo. Pero si tenía que hacer algo en ese mundo, quería decir que había nacido en el sitio co…

-¡AUch…! - dije, mientras caía de rodillas sobre el suelo. Sin darme cuenta, uno de los tacones se había quedado enganchado en una grieta del suelo, y me había caído. -Ah…. - dije, mientras sentía un dolor agudo en el tobillo. Una vocecita femenina, muy parecida a la de Tifa, quiso acoplarse en mi mente, pero, sacudiendo la cabeza, la aparté rápidamente de mis pensamientos. Me senté en el suelo y saqué el dolorido pie del zapato. Tenía un pequeño rasguño, pero aún así me escocía mucho. Entonces una sombra se alzó frente a mi. Levanté lentamente la vista y me encontré a Cloud. Un segundo…¿me había seguido?

-¿Estás bien? - preguntó, con preocupación, al verme en el suelo y con un pie descalzo. Se agachó frente a mi.

-Si… es sólo el tobillo, no te preocupes… - musité, pero me quedé callada al ver que Cloud se incorporaba y me ofrecía una mano.

-¿Te ayudo? - dijo, con ojos brillantes. Tenía una leve sonrisa en sus labios. Asentí con la cabeza y apreté su mano. Era bastante cálida, aunque probablemente sería a causa de los guantes que él llevaba puestos. Entonces, con una fuerza inusitada, me levantó. No me había dado cuenta de la fuerza que poseía hasta aquel momento.

Accidentalmente, al levantarme, Cloud hizo que me chocara contra el, ya que había empleado mas fuerza de la necesaria. Al chocarme, también me di cuenta de que era mucho más alto que yo, y que tenía un torso duro, bien trabajado. Me sentí enrojecer.

-Lo siento - dijo, risueño. Yo también reí un poco y alcé la vista para encontrarme con un par de bellos ojos azules que me dejaron hipnotizada. ¿De dónde había salido aquel chico, de una revista?

Me separé rápidamente al darme cuenta de lo embobada que estaba y volví a ponerme el tacón.

-Ya no me duele, tranquilo. - dije, ante la mirada impresionada de Cloud.

Aunque repentinamente, deseé que me doliera para ver si me llevaba en esos brazos fuertes… Sacudí la cabeza, yo no debía pensar en esas cosas.

Me ofreció una sonrisa y yo se la devolví, sin pensarlo si quiera.

-Oh, eh… ¿qué hacías por aquí? - me preguntó, acercándose a mi e instándome a que diéramos un paseo.

-Bueno… - dije, empezando a caminar. El me siguió al instante, poniéndose a mi lado. - Estaba un poco aburrida allí dentro, así que… en fin.

Lo miré de reojo. La verdad es que no era guapo. Era guapísimo. Me mordí el labio y seguí mirando al frente.

-Oye, estabas…¿estabas llorando antes? - inquirió, sin mirarme. Tenía la vista al frente, sereno.

-¿Qué? No, no, te equivocas. - dije, intentando evitar que aquella conversación fuera por esos caminos.

-Me pareció otra cosa… - dijo, insistente.

-Los ojos engañan. - contesté, simplemente.

-Lo sé… bueno, quizá tengas razón. Pero, ¿puedo hacerte una pregunta? - ni siquiera esperó a que yo le respondiera - Si llorabas… ¿por qué motivo lo hacías?

-No lloraba. Nunca lloro. - le contesté, evadiéndolo.

-Ya… perdona si te he molestado.

-No… no te preocupes - añadí yo rápidamente, con una sonrisa tierna.

Sin saber por qué, con Cloud era con quien único no me costaba sonreír. Era una especie de extraño magnetismo.

-De acuerdo - musitó, pero de repente se escuchó un fuerte graznido a lo lejos y unos gritos. Ambos miramos en la dirección de donde procedían.

Lejos, se veía un enorme águila, con unas grandes alas. Tenía una expresión enfurecida. De repente, vi algo que brillaba colgado de su cuello. Entrecerré los ojos, intentando identificar ese objeto tan familiar, pero no lo logré. Estaba a demasiada distancia.

-¡Vamos, tenemos que ayudarles! - dijo Cloud, apremiándome. Salimos corriendo hacia el lugar.

Mientras corría, no dejaba de pensar en ese objeto brillante que pendía del cuello del monstruo. Y entonces, un recuerdo vino a mi mente.

Ese collar… lo había visto antes… era su símbolo…

Sephiroth… ¡Sephiroth!

Fin del capitulo!

Bueeno, ya tenía ganas de continuar con esta historia! Jeje, bueno, espero que os haya gustado este capítulo! BSOS(L)