Décadas

¿Qué pasaría si tuvieses que esperar a alguien por una década?

#Disclaimer: Naruto no me pertenece, sino al genio Masashi Kishimoto.


Capítulo 4: Paso a paso.

Desde el último encuentro entre nuestros dos personajes, habían pasado unos cuantos meses. Sakura había ido unas cuantas veces a la casa de los padres de Kakashi, y por medio del señor Haruno, la ojiverde tenía su propio teléfono móvil. Así podía llamar al peligris con mayor libertad que hacerlo con el teléfono de su casa.

La pelirosa estaba en clases, mirando una parte indefinida del salón con la vista perdida. Cuando llegó el profesor, escribió la fecha en su cuaderno e iba a comenzar a hacer apuntes de la clase, cuando se dio cuenta de algo muy importante: era el cumpleaños de Kakashi.

La niña quedó asombrada y luego comenzó a planear un regalo para él. Pensó y pensó, pero en ese momento se fijó en que no conocía al ojinegro lo suficiente como para saber su regalo ideal.

Varias ideas pasaron por su cabeza: un objeto moderno, otra máscara... incluso consideró la idea de regalarle otro libro prohibido como le llamaba él, pero no sabría cómo conseguir uno de esos.

Finalmente se decidió con una idea, y la realizaría esa misma tarde.


—¡Feliz cumpleaños, Kakashi!

Los compañeros de trabajo y sus únicos amigos, Obito y Rin, se encontraban en el local abrazando a Kakashi y felicitándolo por su vigésimo primer cumpleaños. Ellos prepararon una pequeña fiesta y cerraron el local por el día, para dedicarle este día especial al peligris.

El de la máscara se estaba empezando a cansar un poco de todos los "gracias" que decía. En verdad él estaba esperando a otra persona que lo felicitara por su cumpleaños. No se dio cuenta que su amiga Rin se había apartado de la celebración al ver al peligris con una expresión extraña.

—¿Pasa algo? —la voz retumbó en los oídos de él, pero no quitó la vista del punto indefinido.

Hm.

La castaña suspiró sonriente, y agregó antes de irse:

—Espero que la estés pasando bien en tu día.

Las palabras flotaron en el aire, y el ojinegro se quedó pensando en ellas. ¿Estaba teniendo un buen momento, en el que debería ser su mejor día del año? Obviamente no: nunca se sentía completamente feliz luego de la muerte de sus padres, pero nada podía hacer ante eso. Solamente tenia más expectativas de su cumpleaños, y no se cumplieron.

O hasta ahora.

¿Kakashi? —una voz temblorosa resonó en el teléfono del nombrado.

—Hola, Sakura.

¿Estás libre en media hora? —ese temblor y nerviosismo en su voz no era algo molesto para él.

—Claro, ¿dónde nos vemos?

Al otro lado de la línea no se escuchó más que silencio.

¿P-puede ser... en la casa de tus padres?

—Ahí estaré.

Al terminar la llamada, el peligris se levantó rapidamente de su asiento, y sin darle explicaciones a nadie, salió del restaurant rumbo hacia la casa de sus padres.


La niña de ojos verdes al fin había terminado todos los preparativos de la sorpresa para Kakashi. Sonrió satisfecha de sí misma y por el hecho de que sus padres hayan tenido que viajar nuevamente ese día. Una vez terminada la sorpresa, subió a su habitación para arreglarse. Se vistió con su mejor vestido: uno rosa con detalles blancos y de encaje, calzó sus sandalias blancas y se abrigó con un chaleco delgado y claro. Ella no usaba maquillaje, a diferencia de otras niñas de su edad. Consideraba que era algo muy superficial y que no iba a su estilo. Se tomó el flequillo con un moño blanco y estaba lista para ir hacia donde la estaba esperando el peligris.

Al salir al frío de la noche, se dio cuenta de que quizás tuvo que haberse abrigado más, pero ya no había tiempo para devolverse, puesto que si lo hacía, no creía ser capaz de salir otra vez. Caminó hasta la grande e imponente casa, y cuando metió la llave y empujó la puerta, Kakashi se hallaba ahí, tan misterioso como siempre.

Los dos se miraron, expectantes y con el corazón galopando. Esperando quién se mueve primero; quién articula la primera palabra. Había una guerra de miradas sin clemencia.

Finalmente, él dio el primer paso.

—Te ves muy linda.

El sonrojo no fue desapercibido para el peligris, y con un movimiento hizo pasar a la ojiverde.

—¿Qué es eso? —Kakashi apuntó hacia la caja que tenía Sakura en las manos. Ella la apoyó en la mesita de centro.

—Es tu regalo de cumpleaños. —la pelirosa se sentó en el amplio sofá y sonrió, con un gesto dedicado solamente para él. —Ábrelo.

Kakashi destapó rápidamente la caja, donde el contenido era un pequeño pastel hecho a mano por la Haruno. Los ojos del peligris brillaron por un momento, pero pronto volvió a su postura estoica.

—¿Lo hiciste tú?

—Sí, no es mucho pero espero que te guste. —miró hacia otro lado, pero lo que escuchó le hizo sonreír con alivio.

—Me encanta.

La ojiverde traía una pequeña vela consigo, y cuando la prendió, comenzó a cantar el cumpleaños feliz al de la máscara. Sakura se moría de vergüenza cantando, pero si era por él, podría hacerlo.

—Cierra los ojos y pide tres deseos.

Él cerró los ojos, y demoró un momento hasta que los abrió nuevamente y apagó la vela, sumiendo el ambiente en oscuridad y el sonido leve de los aplausos de la muchacha. Encendieron la luz y sirvieron los trozos de pastel, comiendo en un silencio algo incómodo.

—Este pastel está delicioso. —Sakura sonrió ante el cumplido, y siguió comiendo en silencio. Pronto comenzó a sentir ciertos escalofríos; al final habría sido buena idea devolverse a buscar un abrigo más grueso.

—¿Tienes frío? —dejó el plato en la mesita y se sacó la chaqueta para dejarla sobre los hombros de la pelirosa. Ella protestó pero Kakashi era más listo.

—No me mientas, sabes que tienes frío.

Estar sentada ahí, alrededor de una nube imaginaria con el perfume del ojinegro, la hacía sentirse cómoda y somnolienta. Pronto sus párpados comenzaron a sentirse pesados, y en menos de unos minutos se sumió en un relajante sueño.


Siento que me demoré mil años en actualizar, pero pido perdón por el retraso y gracias por esperar. He aquí lo que quedó de mi cerebro luego de la entrada a clases.

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