Capítulo IV: Sentimientos Encontrados
La mañana en Ciudad Aron, aquel día, era inusualmente fría pese a tratarse de un nuevo día de primavera. El cielo estaba nuboso y la briza del viento era gélida; no obstante a pesar de los rayos del sol que iluminaban a aquellas tempranas horas, tal parece que aquel día la temperatura en Ciudad Aron no ascendería.
En una habitación de particular decoración florida, dos jóvenes dormían tranquilamente uno al lado del otro, disfrutando de la calidez de sus cuerpos y la fragancia que emanaba del otro. Sin embargo, el que más parecía disfrutar de su sueño era nada más ni nada menos que un hombre conocido como, Johnny, Johnny Bravo, para ser más exactos.
Johnny dormía tranquilamente disfrutando de un grato sueño en el que era atendido por numerosas chicas lindas, quienes le resguardaban del fuerte e intenso sol matinal, que le daba directo a la cara y que hubiera bloqueado su vista de no ser por sus características gafas oscuras.
A medida que pasaba el tiempo el sol se volvía más intenso, Johnny intentaba taparlo por su propia cuenta usando sus manos, pero era inútil, cada vez, segundo a segundo, se volvía más intenso, y antes de pudiera seguir intentando cubrirse, abrió sus ojos de golpes, un tanto confundido para darse cuenta que en realidad los rayos de sol que se filtraban por la ventana de aquella habitación le habían despertado.
- Oh cielos… que bien dormí. – Expresó Johnny, estirándose en la cama dispuesto a comenzar un nuevo día, mientras por unos segundos se retiraba sus gafas para tallar sus ojos, sin recordar precisamente en dónde se encontraba. Cuando se aseguró de tallar sus ojos debidamente y volvió a colocarse sus gafas, miró el lugar en donde estaba, notando que lucía muy diferente a como recordaba, su propio cuarto.
- ¿Qué es todo este decorado de flores? – Se cuestionó Johnny, intentando recordar lo que había ocurrido la noche anterior.
- ¡Oh sí! ¡Es la habitación de mi mami! – Recordó Johnny al mismo tiempo que rememoraba los sucesos de la noche, recordaba haber tenido una pesadilla, haber ido a la habitación de su mami para descubrir a Jack atemorizado al igual que él por una pesadilla. Jack le había pedido quedarse y posteriormente le había contado parte de la historia de su vida.
- Jack… - Mencionó Johnny recordando al chico de cabellos oscuros como la noche y mirando hacia su lado para verle ahí durmiendo, tranquilamente como un bello durmiente.
Johnny se sorprendió a verle, Jack lucía sumamente relajado mientras dormía, sus cabellos negros estaban completamente desparramados sobre la almohada, quiso acariciar los cabellos del chico y cuando estiró sus manos y los peinó sigilosamente para evitar despertar al pelinegro, se percató de lo suaves y sedosos que éstos eran.
- Cielos, que bonito cabello tiene este chico. – Expresó sorprendido el rubio, nadie tenía el cabello más bonito que él y Farrah Fawcett y bueno ahora Jack, Admitió Johnny, sin poder evitar contemplar al chico samurái y percatarse de que podía apreciar su torso desnudo al verle sin ese extraño vestido blanco que usaba, nunca entendería el particular gusto del pelinegro por usar aquella extraña vestimenta, pero hey ¿quién era él para criticar los gustos del chico cuando le encantaban las sexys mamacitas en diminutos bikinis?
Pensó Johnny, dirigiendo una vez más su mirada para contemplar el musculo torso desnudo del pelinegro. A pesar de que Jack poseía una contextura más pequeña, tenía un cuerpo bastante atractivo y bien trabajado, contempló Johnny notando los músculos de sus brazos y de su torso desnudo. Jackie era un chico bastante atractivo y casi tan bonito y guapo como él…
- Si fueras una chica, serías el primero en la lista de citas de Johnny. – Dijo Johnny para sí mismo, pensando en el interesante y exótico atractivo único de su pelinegro amigo. Sin embargo, el samurái quien al sentir los movimientos de Johnny en la cama, había despertado, escuchó perfectamente aquel comentario y al hacerlo sintió como si su corazón de la nada fuera golpeado por una filosa y envenenada flecha.
Sin que el rubio lo notara, se llevó una mano al pecho intentando calmar la extraña sensación de dolor que le habían provocado aquellas simples palabras, sin entender el motivo por el que su corazón de guerrero había sido afectado por aquello e intentando ignorar el pensamiento, fingió con un bostezo despertar incluso cuando ya se encontraba despierto.
- Muy buen día, mi estimado amigo. – Saludó cordialmente el samurái, con su característica cordialidad, feliz de saber que gracias a sus cuidados Johnny había sido capaz de conciliar apropiadamente el sueño y había logrado descansar.
- ¡Buenos días Jackie! – Saludo animado Johnny, después de una reponedora noche de sueño, nunca había dormido tan bien cómo aquella noche y extrañado por unos segundos se preguntaba el porqué. No obstante, dejando aquel pensamiento de lado, bajó de la cama, para observar como solía hacerlo cada mañana su rostro en el reflejo de un espejo.
- ¡Oh cielos! Hoy es un bonito día, pero no tan bonito como yo. – Expresó al observar su reflejo y agregó:
- ¿Quién es ese guapo? ¡Oh sí, soy yo! – Exclamó feliz, Johnny, observando lo varonil y guapo que era, aunque esto por supuesto ya lo sabía.
- "Sí, hoy definitivamente será un buen día" – Pensaba o al menos eso era lo que ingenuamente el rubio creía…
Jack por su parte, quien hasta ese entonces había contemplado a su amigo sonriendo y divertido por la actitud tan relajada de Johnny, no podía más que asentir en sus pensamientos ante lo que decía Johnny, no sólo por lo guapo que era, sino también porque hoy parecía que sería un agradable día, aun cuando la mañana era un poco fría. Sintió de pronto un escalofrío recorrer su cuerpo ante la pérdida del contacto de las cálidas frazadas, pues para ese entonces se había levantado de la cama mirando de frente a Johnny y vistiendo únicamente su blanco fundoshi que apenas cubría su hombría. Con una rapidez propia de un habilidoso samurái como él, tomó su kimono y comenzó a vestirse, pero justo cuando lo estaba haciendo, Johnny dejó de observar su reflejo para dirigir su atención a él.
Johnny, quien hasta ese entonces había contemplado atentamente su atractivo reflejo, se giró para decirle al pelinegro que tomaría un baño, pero justo cuando se volteó en aquel momento, observó cómo Jack procedía a colocarse su blanco kimono, notando frente a sus ojos, el escultural cuerpo que poseía Jack en todo su esplendor con una visión bien definida de su cuerpo desnudo, sus ojos comenzaron observando su cuello para descender lentamente por su torneado pecho, descendió suavemente por su abdomen, bajando disimuladamente por su entrepierna hasta observar aquellas trabajadas y fuertes piernas del pelinegro, al observar el cuerpo semidesnudo del samurái, Johnny sintió como comenzaba a ponerse nervioso, para alguien como él, no era común el apreciar la belleza masculina excepto la suya, pero definitivamente Jack era todo un papacito.
Jack sintió de pronto la intensa mirada de Johnny sobre su cuerpo recorrerlo de pies a cabeza, aquella mirada intensa le hacía sentirse nervioso e inseguro con sentimientos desconocidos para él; quien generalmente siempre se mantenía bastante seguro, confiado y alerta, pero ahora al saber que alguien con un maravilloso cuerpo como el que poseía Johnny le observaba, comenzó a sudar copiosamente justo como lo hacía cuando se ponía nervioso, el hecho de saberse observado por el rubio le hacía sentir demasiado consciente de su propia desnudez y cuerpo, pues como el honorable samurái que era, solía sentir bastante pudor por su cuerpo y la veces que había quedado semidesnudo en combate buscaba una rápida forma de cubrirse, por ello con una rapidez digna de un guerrero como él, ató rápidamente su kimono y le dirigió una mirada interrogante a Johnny.
- ¿Sucede algo? – Interrogó Jack, mirándole un tanto tímido y curioso aún manteniendo firmemente sujeto los lazos que ataban su kimono para evitar cualquier descuido. Johnny quien se había quedado sin palabras, observando la deslumbrante belleza oriental de Jack, tartamudeó un poco avergonzado de haber sido descubierto mirándole y comenzó a rascarse su nuca.
- Yo… bueno… tú…. verás… - Johnny estaba sin palabras, no entendía por qué se había quedado por tantos minutos apreciando el maravilloso cuerpo del chico pelinegro, pero justo en ese momento recordó lo que pretendía hacer desde que había despertado de sus dulces sueños.
- Este guapo Adonis se preguntaba si tomarías un baño ¡JUM! ¡HA! – Respondió rápidamente Johnny, realizando unos movimientos matutinos de karate al referirse a sí mismo como un Adonis. Jack al escuchar la propuesta de Johnny, asintió positivamente.
- Estaría profundamente agradecido si pudiera hacerlo. – Respondió de manera cortes y agradecida Jack, la última vez que había tomado un baño bajo una cascada había sido días antes de emprender su viaje para la batalla final con Aku.
- Sígueme Jackie, el gran Johnny te enseñará el camino. – Le indicó Johnny, sintiendo la enorme necesidad de conducir a Jack tomándole la mano como lo había hecho desde el día que le conoció, pero por alguna razón algo le decía que sería inapropiado después de haberle estado observando de aquella forma, por eso tan sólo se limitó a conducirle al baño…
- ¿Qué clase de aparato es este? – Preguntó curioso Jack, observando desconcertado por milésima vez aquel extraño tubo de metal que Johnny había llamado "ducha", y aquella enorme vasija de porcelana, que el rubio había identificado como "tina" mientras le explicaba cómo funcionaba.
Johnny se encontraba aun usado su pijama dentro de la tina señalando a Jack las llaves de agua fría y caliente respectivamente para hacer largar el agua de la ducha.
- Sí estás conviviendo con Johnny debes seguir estas reglas. – Le dijo Johnny seriamente mientras posaba una de sus manos en la extraña válvula pegada a la pared de aquel inusual "baño".
- Espera que el agua se caliente… – Le expresó Johnny abriendo el agua caliente de la ducha y sosteniendo con sus manos el jabón de baño mientras continuó.
- Y nunca dejes caer el jabón porque podría ser ¡PEEEEEEEELIGROSOOOOOOOOO! – Gritó Johnny al tropezar con el jabón que torpemente había dejado caer de sus manos, golpeándose en la tina de baño y sintiendo el agua caliente de la ducha caer sobre su cuerpo y rostro. Al sentirla rápidamente se levantó como pudo.
- AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH. – Gritó al sentir su piel arder por el contacto con el agua caliente. – Jack había observado la escena con detalle para comprender como funcionaba el aparato, pero al ver a Johnny resbalar, caer y quemarse, no pudo evitar expresar su preocupación.
- ¿Te encuentras bien, Johnny? – Mencionó el pelinegro llevando su mano al rostro de Johnny quien se había puesto ligeramente rojo por el vapor del agua caliente.
Johnny al sentir las manos callosas, pero cálidas del samurái posarse sutilmente sobre su rostro, sintió instantáneamente sus mejillas y orejas enrojecer, al mismo tiempo que su corazón comenzaba a acelerarse por aquel íntimo y cercano contacto del chico oriental, quien le acariciaba el rostro con una suavidad excepcional, mirándole fijamente para saber si se encontraba bien.
Aquellas manos de Jack eran, aunque callosas, sumamente cálidas y por alguna razón, suaves. Johnny no recordaba jamás haber sentido caricias tan afectuosas como esas. Normalmente estaba acostumbrado a sentir sólo fuertes bofetadas y golpes de las chicas con las que intentaba ligar en vano, pero aquella sensación por alguna razón le gustaba, le gustaba saber que Jackie le tocaba de aquella forma tan afectuosa demostrándole su preocupación…
Jack, quien se había alarmado al ver lo que había ocurrido con Johnny, condujo sus manos al rostro de éste inspeccionado para ver si había en él algún signo de quemadura. La piel de Johnny era sumamente suave y podía sentirla incluso bajo sus callosas manos resultado de la práctica y uso constante con la espada. Incapaz de poder contenerse comenzó a acariciar con suaves y afectuosas caricias el rostro de Johnny, intentando recordar en sus palmas cada facción del atractivo rubio incluso aunque no pudiera ver sus misteriosos ojos.
Durante algunos segundos, ambos muchachos continuaron en esa situación, contemplándose en silencio mientras les rodeaba una enorme nube de vapor. Johnny deseaba permanecer así por siempre, sintiendo la calidez de las manos de Jackie, mientras que Jack hubiera deseado sentir por siempre aquella suavidad incomparable de la piel de Johnny. Sin embargo, fue el agua excesivamente caliente lo que les obligó a separarse forzosamente de aquel mágico hechizo en el que ambos parecían haber caído.
- Yo… Creo que puedo hacerlo solo. – Expresó tímidamente Jack, retirando sus manos del rostro de Johnny y cerrando las llaves del agua, para enseñarle que efectivamente había comprendido como usar aquel extraño aparato. Johnny al escuchar las palabras de Jack supo de inmediato que el chico quería tener privacidad.
- Bueno… yo… entonces creo que iré a realizar mi rutina de ejercicios matutina ¡HA! ¡HUM! – Expresó Johnny con su voz de siempre y con unos movimientos bastantes torpes de karate en comparación a los acostumbrados, rápidamente abandono el baño. Sintiendo aún la intensidad de su corazón golpeando duramente contra su pecho, llevándose una mano a este, intentándole calmarle.
- ¡Oh diablos! – Exclamó Johnny. ¿Qué había sido todo eso allá adentro? ¿Realmente él, Johnny Bravo había disfrutado las caricias de un chico en su rostro? Johnny estaba consternado por sus propios pensamientos, aquellas caricias de Jack se habían sentido como la caricia de una suave y fría briza en un caluroso y asfixiante día de verano y lo peor de todo era que a él, Johnny Bravo, le había gustado. Intentando alejar aquellos extraños pensamientos sobre el hechizante chico de ojos negros que consideraba a Jack, encendió la televisión desesperadamente buscando en ella algún programa dónde pudiera apreciar a hermosas mamacitas en bikini, sí, lindas pollitas, sexys nenas, MUJERES como las que a él le gustaban para intentar alejar aquellos desconcertantes pensamientos de su mente.
Jack se sentía confundido, en todos sus años de viaje luchando contra las fuerzas demoniacas de Aku, jamás había sentido lo que Johnny hacía despertar en él. El joven samurái jamás había tocado de aquella afectuosa manera a algún otro hombre, ni mucho menos había demostrado tanta preocupación por alguien que fuera de su mismo sexo.
Ciertamente, sentía una enorme gratitud hacia el musculoso rubio por enseñarle las curiosidades de aquel desconocido mundo, pero aquello que sentía, parecía crecer cada vez más conforme pasaba su tiempo con el muchacho, para él Johnny era un hombre carismático, agradable, divertido y sencillamente encantador en todo sentido. Desde que le había conocido, no había hecho más que reír divertido por las ocurrencias y palabrería del rubio, pero al mismo tiempo se había sentido fascinado por su atrayente personalidad sincera y espontánea. La honestidad era una cualidad que Jack apreciaba por sobre todas las cosas, y en Johnny ésta simplemente desbordaba.
Jack no comprendía la naturaleza tan extraña de sus confusos y perturbadores sentimientos hacia el rubio. Sí, consideraba que era un hombre atractivo, le agradaba su compañía y desde que le había conocido, jamás había experimentado tanta paz y alegría. ¿Sería acaso porque Johnny era ahora uno de sus pocos amigos? Jack analizó aquel pensamiento razonando que su atracción hacia el rubio se debía a su largo periodo de soledad en su travesía. Sin embargo, sentía que Johnny le gustaba, le gustaba lo suficiente como para querer quedarse en aquel loco mundo, sólo por el simple hecho de que en él existía Johnny...
Queriendo distraerse del confuso rumbo de sus pensamientos sobre quien consideraba su amigo, abrió la llave del agua caliente de la ducha, sintiendo como ésta comenzaba a mojar su cuerpo. Talló su cuerpo, limpiándolo minuciosamente y se aseguró de limpiar cada uno de sus cabellos. Sin embargo, cuando sintió el agua tocar una parte específica de su espalda, sintió un fuerte dolor en ella. Recordaba haber sentido una molestia después de haber derrotado a Aku, pero con los sucesos no había tenido tiempo de reparar en aquella inconformidad que le había acompañado todo ese tiempo.
Salió de la ducha envolviéndose en un enorme pedazo de tela blanca absorbente que Johnny había llamado "toalla" para secarse e intentar observar, en frente del enorme espejo de aquel baño, qué era aquello que sentía en su espalda y grande fue su sorpresa al darse cuenta que en ella, tenía una horrible herida aún sin cicatrizar que podía identificar claramente como las marcas de las garras de Aku.
- Lo había olvidado. – Expresó simplemente Jack, al recordar que en su feroz lucha, en algún momento, Aku había logrado herir su espalda, creía que tan sólo se había tratado de un rasguño, pero ahora comprobaba que efectivamente Aku le había lastimado.
Jack sintió de pronto un enorme enojo e impotencia, ¿acaso ese demonio de Aku nunca le dejaría tranquilo incluso en aquel mundo? – Pensó frustrado el samurái, al sentirse disgustado por llevar aquella horrible marca. Para un samurái como él una herida sin dudas era un acto de valentía y una muestra de orgullo, y si bien era cierto que su cuerpo tenía numerosas y pequeñas heridas, aquella marca de ese maligno ser de Aku, simplemente le causaba repugnancia y vergüenza, después de todo había sido hecha cobardemente en la espalda sin ningún honor en ello y el causante había sido el ser más despreciable, sádico y malévolo que alguna vez había conocido.
- ¡Maldito seas Aku! – Bufó molesto Jack, apretando fuertemente los puños en frustración, había sido marcado por aquel demonio como si fuera de su propiedad. Sabía que una vez aquella herida cicatrizará se desvanecería con el tiempo, pero el simple hecho de saber que llevaba esa marca le enfermaba.
Por largo tiempo se quedó ahí frente al espejo, deseando poder borrar aquella marca, y poder olvidar los tormentosos recuerdos de ese futuro sombrío en el que había vivido, quiso recordar el pasado, pero en él también había dolor y sufrimiento. ¿Qué era lo que le quedaba? Se preguntó a sí mismo, y entonces recordó que hasta ese entonces la única época de felicidad que había disfrutado era su actual presente. Es cierto, ahora se encontraba en ese mundo, con un nuevo destino y en él se encontraba Johnny.
- Johnny… – Susurró Jack, recordando al rubio, recordó la noche pasada y lo indefenso de aquel musculoso y fuerte hombre. Johnny aún a pesar de ser todo un hombre, solía actuar como un niño y aquello hizo que Jack se sintiera relajado y un poco más animado. Si había algo o mejor dicho alguien que pudiera animarle con su peculiar forma de ser, ese era nada más ni nada menos que Johnny Bravo, por eso recordando que el rubio le había dicho que ese día irían de compras, se apresuró para vestirse con su sedoso kimono y salir del baño.
El sol brillaba cálido en lo alto del cielo, pero a pesar de sus rayos, aquella mañana de primavera continuaba siendo excesivamente fría. Dos horas habían transcurrido desde que Johnny y Jack habían despertado, ambos se habían duchado, vestido y compartido un curioso desayuno de cereales con leche. Para Johnny, aquello era su "comida" matutina de cada día, pero para el samurái aquella comida había sido algo completamente nuevo y a pesar de sus gestos y renuencia cuando Johnny le había ofrecido un tazón con aquella extraña mezcla, la había aceptado solo para descubrir que sabía magnifico.
Para ese entonces, ambos jóvenes a se encontraban a tempranas horas en el centro comercial de Ciudad Aron. Jack vestía su típico kimono blanco de seda, y su tradicional calzado geta, mientras que Johnny portaba su típico atuendo de siempre, pero con la particular diferencia que en esta ocasión a causa del frio matutino, vestía una camisa blanca y una chaqueta de cuero negra.
Ambos caminaban lado a lado, Johnny recorría con su vista todo el centro comercial, intentando localizar a alguna sexy mamacita linda, pero debido a lo temprano que era, había poca gente, mientras tanto Jack contemplaba maravillado la inmensidad de todas y cada una de las tiendas, preguntando a su rubio amigo, que era cada uno de los objetos que desconocía y para qué servían.
- Jamás había visto un lugar tan inmenso como este, Johnny. – Expresó asombrado el oriental pelinegro al observar atentamente cada una de las tiendas de aquel centro comercial en el que se encontraban. En todos sus años viajando por el mundo del futuro, jamás había visto una construcción con semejantes dimensiones como aquella, por eso no podía evitar sorprenderse de la belleza y magnificencia de aquel lugar con su increíble iluminación, tiendas coloridas, plantas silvestres y fuentes de agua, jamás pensó que pudiera observar todo aquello reunido en un mismo lugar.
- Te agradezco profundamente el que me hayas traído aquí, Johnny. – Le mencionó Jack agradecido al rubio, sentía como si su agradecimiento por el chico de gafas oscuras siguiera creciendo más aún hasta volverse infinito, jamás tendría las palabras para expresarle cuánto significa para él que el rubio le guiara en aquel mundo.
- Sí como sea, no hay problema. – Respondió Johnny despreocupado mientras seguía buscando sexys mamacitas lindas, ahora que tenía a Jack consigo, sentía que como en el parque de Ciudad Aron, el pelinegro sería otra vez un imán para las chicas. No obstante, su sensor desarrollado de nenas hermosas desafortunadamente no captaba a ninguna a esas horas.
- ¡CHOCODENT EN OFERTA! ¡LEVE SUS BARRAS! – Se escuchó de la nada en aquel lugar, a un hombre gritar y Johnny al escuchar aquello no pudo más que alegrarse al escuchar el nombre de su chocolate preferido.
- ¿Acaso escuché Chocodent? – Se preguntó Johnny, alzando una ceja como solía hacerlo cuando se interrogaba a sí mismo para asegurarse de algo, y cuando escuchó al hombre de las barras, gritar una vez más aquella maravillosa oferta, tomó a Jack de la mano y le jaló a aquella tienda.
- ¡Oh sí! ¡Chocodent! ¡Deme 10, extraño sujeto de los chocolates! Y quédese con el cambio. – Le dijo Johnny al vendedor, sacando algunos billetes del interior de su billetera para comprar aquella imperdible oferta de su delicioso chocolate favorito, mientras que Jack le miraba interrogante.
-¿Johnny? – Preguntó curioso Jack mirándole sin entender que era lo que su amigo había comprado con tanto afán. Johnny al escucharle, le miró sólo para darse cuenta que aún se encontraban tomados de la mano, el rubio al pensar que Jack le interrogaba por la unión de sus manos rápidamente le soltó, causando que la mirada de Jack se ensombreciera pues cada vez que Johnny le tomaba de la mano, sentía como su corazón se llenaba de una calidez y alegría indescifrable sólo para quedar con un sentimiento de vació cuando el rubio le soltaba.
Johnny por su parte se sentía un poco avergonzado, había tomado a Jack de la mano sin pensar que a éste pudiera incomodarle y cuando el pelinegro le interrogó mencionando su nombre, no pudo más que sentirse abochornado, pues no podía negar que incluso si al pelinegro le había molestado, a Johnny Bravo le había gustado sentir la calidez de las callosas manos del samurái y más aún saber que bastaba solo con estirar sus manos propias manos para sentir que Jack se encontraba a su total alcance…
- ¿Johnny? – Llamó de nuevo Jack esta vez posando con delicadeza una de sus manos sobre el hombro del rubio para intentar llamar su atención.
- ¿Hm? – Fue todo lo que respondió Johnny mirándole fijamente a través de sus oscuras gafas.
- ¿Qué es aquello que has comprado con tanto anhelo? – Cuestionó Jack sin perder de vista aquellos pequeños paquetes rojos que el rubio cargaba en una bolsa.
- ¿Te refieres a esto? – Le señaló Johnny abriendo un paquete y agregó:
- Es un dulce, la comida más importante del día para Johnny, ten Jackie prueba uno. – Le pasó Johnny.
Jack tomó la pequeña barra de lo que Johnny llamaba "chocolate" no recordaba jamás haber comido algo similar a eso, considerando que toda su vida había cazado, pescado o asado su propia comida. Con cuidado, le dio un mordisco al chocolate y al sentirlo, en su lengua, se sintió maravillado. El dulzor de aquello no era como nada que hubiera probado antes, ni siquiera el azúcar del té que solía gustarle se le comparaba a aquello.
- Mmm está delicioso Johnny. – Respondió Jack encantado, saboreando cada pedazo de aquella barra que masticaba de a pedazos para degustarlo.
- Nada como Chocodent, el chocolate que cepilla tus dientes mientras lo acabas. – Expresó Johnny mientras continuaba comiendo ya su tercera barra de chocolate y fue en ese momento cuando se percató de que debido a la textura y el relleno cremoso de aquel chocolate, Jack tenía un poco de crema en la comisura de sus labios.
Cuando Johnny observó los labios de Jack con atención, tragó saliva duro, por alguna razón los labios de Jack parecían increíblemente sensuales e incitantes en aquel momento, y más aún cuando Jack sintió la crema y la limpió con un excitante movimiento de su lengua.
En aquel momento el corazón de Johnny comenzó a latir duro, y sintió como de pronto de la nada se le subía la sangre a la cabeza y sentía una intensa necesidad de besarle, quería besar a Jack, quería tomarlo de la cintura, atraerlo contra su cuerpo y besarlo sin descanso y sin remedio, quería deslizar sus dedos por aquellas oscuras y suaves hermosas hebras de cabello negro que poseía, y recorrer con las palmas de sus manos cada centímetro de la musculosa piel del chico frente suyo.
Parecía como si de la nada hubiese sido poseído por un demonio al albergar semejantes pensamientos ardientes y lujuriosos con el inocente chico oriental, que tan sólo se limitaba a disfrutar con deliciosos gemidos de deleite, aquella simple barra de chocolate que claramente jamás había tenido el placer de probar.
- Mmm me encanta el sabor de esto Johnny, es delicioso. – Le respondió simplemente Jack, cuando acabó con su barra de chocolate, a lo que Johnny aún en su propio mundo simplemente le respondió:
- Yo también creo que sabes delicioso. – Le dijo Johnny, mirándole fijamente sin que Jack pudiera saberlo pues como siempre Johnny ocultaba su intensa mirada tras sus oscuros lentes.
Jack al escuchar esto, abrió enormemente los ojos en sorpresa y sintió como su corazón también se aceleraba súbitamente con aquellas simples y sensuales palabras salir de la boca del rubio, con aquel varonil y sensual tono de voz que tanto caracterizaba al musculoso rubio. Sin embargo, ¿había escuchado bien? O ¿su mente le había jugado trucos? ¿Acaso su atracción descubierta por Johnny le estaba jugando una broma? ¿Realmente le gustaba Johnny? ¿Sentía algo más profundo por aquel rubio?
Jack no lo sabía, para él desde que había caído en aquel mundo, todo lo que había experimentado era absolutamente nuevo. Antes cuando combatía jamás tenía tiempo para pensar en cómo se sentía. Sin embargo, ahora que la paz reinaba en aquel mundo y tenía la certeza de que también en el pasado y el futuro, podía pensar en todo, y parecía que sus únicos pensamientos más presentes involucraban a aquel rubio. No obstante, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó a Johnny corregirse al decir:
- Ehhm quiero decir yo también creo que sabe delicioso el… el… Chocodent por supuesto jajaja. – Clarificó Johnny al darse cuenta del enorme error que había cometido al expresar aquel pensamiento riendo un tanto nervioso, pero aparentando naturalidad. ¿Qué le estaba pensando?
- "¡Oh diablos! ¡Un segundo! ¡Contrólate Johnny! ¡Se supone que a ti te gustan las lindas mamacitas! ¡¿Un momento?! ¡¿SE SUPONE?! No puede ser, ¿acaso, acaso? ¡¿Me estoy enamorado de Jackie?! – Se alarmó Johnny ante tan escabroso pensamiento, se suponía que él era Johnny, Johnny Bravo, y le gustaban las nenas, pollitas, mamacitas, chicas, todo lo que fuera una guapa y linda MUJER, sin importar que tan extraño fuera su atractivo, entonces ¿por qué estaba comenzando a ver diferente a Jack? Quien era ¡Un hombre! ¡Igual que él! Pensaba exaltado Johnny, evitando mirar al pelinegro y con ese cúmulo de pensamientos fue que súbitamente se escucharon provenir, del centro comercial, unos agónicos gritos de auxilio.
- ¡AUXILIOOOOOOOOO AYUDA POR FAVOR! ¡AYUDENOS! ¡SOY MUY BELLA Y SEXY! ¡AYUDA POR FAVOR! – Se escucharon repentinamente unos fuertes gritos femeninos.
Johnny y Jack al escuchar aquellos gritos de alguna parte del centro comercial pidiendo auxilio intentaron identificar el lugar de donde provenían. Jack al escucharlos inmediatamente su primera reacción fue tomar su apreciada espada que siempre cargaba consigo, mientras que Johnny simplemente buscaba por todos lados la fuente de esas voces.
- ¿CHICAS? ¿UNA SEXY Y BELLA SEÑORITA NECESITA AYUDA? ¡DESCUIDA BELLA MAMACITA, JOHNNY TE SALVARÁ! – Gritó Johnny lo más fuerte que pudo mientras junto a Jack continuaba recorriendo aquel centro comercial que lucía bastante vacío en búsqueda de aquellas voces y fue entonces cuando lo vieron.
Tres chicas hermosas estaban siendo arrinconadas por una pandilla de cinco hombres altos, fuertes y excesivamente musculosos quienes descaradamente intentaban tocar aquellas chicas en lugares inapropiados. Los hombres lucían verdaderamente temerarios, parecían un peligroso grupo de delictuales pandilleros, sus cuerpos estaban tatuados, vestían ropas de negro y llevaban en sus manos nudillos de tungsteno.
- ¡ALTO! – Gritó fuertemente Jack, arribando al lugar llamando la atención de inmediato de aquellos hombres que le miraron escéptico.
- ¡Ayúdenos por favor! – Gritaron las chicas muertas de miedo arrinconadas contra la pared, sin saber a dónde huir o qué hacer, al observar la escena y seguir siendo rodeadas por aquellos intimidantes hombres.
- Por favor no se asusten he venido aquí para ayudar. – Susurró suave y cálidamente Jack, dirigiéndoles un hermosa y tranquilizadora sonrisa para calmarles. Las chicas al verle, inmediatamente se calmaron cayendo encantadas por la singular belleza de aquel atractivo chico oriental, que había llegado a rescatarlas como un caballero en brillante armadura.
- ¿Ayudarlas? Tú jajajaja, no me hagas reír mocoso. – Mencionó uno de los sujetos que tenía un prominente bigote.
- ¿Acaso nos derrotarás con tu camisón? – Mencionó otro de ellos que tenía un parche en el ojo.
- Claro que no hermano, quizás use sus sandalias de madera. – Expresó otro.
- ¿Crees que un enano como tú podrá evitar que nos divirtamos con estas muñecas, grandísimo idiota? – Dijo uno de ellos escupiendo en frente de Jack, lanzando su escupitajo justo a los pies de éste. Jack simplemente permanecía con sus puños cerrados, manteniendo el temple frente a aquellos hombres que le lanzaban insultos con la misma facilidad con la que respiraban.
- Hazte a un lado y no nos molestes imbécil.
- Así es cara de buey, zopenco, ignorante, ya escuchaste a mi hermano, idiota, cretino con ojos de gusano.
- Un cara de buey como tú, no podrá hacer nada contra nuestra descomunal fuerza. – Aclaró otro de los hombres y para enfatizar su punto, dio un fuerte golpe a la pared donde se encontraba apoyado destrozándola de golpe. Las chicas que observaban comenzaron a lloriquear del miedo y a lamentar por aquel atractivo chico, y justo en ese momento sorpresivamente frente a ellas apareció un tipo rubio.
- Oigan mamacitas lindas ¿quieren ver mis pectorales? – Johnny, quien ignoraba completamente la presencia de aquellos hombres, ajeno al espectáculo que estaban dando y al intercambio de palabras que habían sostenido con Jack, arribó de la nada para mostrarle sus encantos a aquellas bellas pollitas que había observado, ¡oh cielos! ¡Y eran tres bellezas sólo para él! Por suerte había suficiente Johnny Bravo para todas.
- Kyaaaaaaaaaaaaaa. – Gritaron las chicas por el miedo al ver como Johnny se les acercaba y frente a ellas comenzaba a hacer movimientos de artes marciales.
- Oh cielos, están locas por mí. – Expresó Johnny al escuchar aquel grito de fascinación de las chicas al verle.
- Les mostraré como se mueve un maestro, lindas mamacitas. – Seguía moviéndose Johnny.
- Pfffff otra molestia más hermanos. – Bufó molesto uno de los tipos al ver cómo no sólo el pelinegro se interponía en su diversión con aquellas lindas chicas, sino también un rubio. Johnny al escuchar aquello se volteó para ver de dónde provenía la voz y se percató de los cinco hombres que les rodeaban.
- ¿Y estos quiénes son? – Expresó confundido Johnny alzando una ceja en desconcierto y al mirarlos con detalle no pudo evitar expresar: ¡Uy qué feos son!
- ¿A quién llamas feo, gafas oscuras? – Le dijo uno de los sujetos.
- ¿Gafas oscuras? – Increpó Johnny para agregar:
- Hey tengo un nombre, soy Bravo, Johnny Bravo. – Dijo Johnny sacando su característico peine del bolsillo para peinar su dorado copete.
- Bueno Bravo lo que sea, hazte un lado, mis hermanos y yo tenemos una cita pendiente con estas señoritas. – Dijo el del parche en el ojo mirando a Johnny con enfado y un gesto amenazante comenzando a golpear la palma de su mano izquierda con su puño derecho.
- ¡No olviden quién será su oponente! – Expresó de pronto Jack alzando la voz para llamar la atención, pues hasta ese entonces había permanecido en silencio observando al grupo de hermanos. Tal parecía que no portaban ninguna arma y que simplemente luchaban mano a mano.
- ¡Por supuesto que no nos hemos olvidado de ti sabandija!
- ¡Serás el primero con el que acabaremos! – Gritó uno de los sujetos, y con un simple chasquido de sus dedos, sus hermanos comenzaron a amontonarse alrededor de Jack dispuestos a golpearle, Jack estaba preparado para enfrentarles en cualquier momento, aquellos hombres no representaban ninguna amenaza para él en comparación con sus enemigos de antaño, bastaría simplemente esquivar sus movimientos con su típica destreza para hacerles golpearse entre ellos y conseguir una victoria fácil.
- ¡Ahora verás quien manda aquí! ¡Sabandija escuálida, cara de buey con ojos de gusano, pelo de alga y camisón blanco con sandalias de madera baratas! – Expresó furiosamente el tipo que le había escupido a Jack, lanzándole nuevamente un escupitajo a la cara, pero que afortunadamente Jack había logrado esquivar hábilmente moviendo su rostro a un lado. Johnny quien hasta entonces se encontraba de espectador en la escena comenzó a procesar todo lo que había escuchado.
- Un momento… "¿cara de buey?" "¿Ojos de gusano?" "¿Pelo de alga?" "¿Camisón blanco?" "¿Sandalias de madera barata?" "¿Quién era ese tipo para insultar a Jack de semejante forma?" ¡Jack era su amigo! ¡Nadie insultaba a un amigo de Johnny Bravo de aquella forma! ¡Menos en presencia de él mismo! ¡Y más cuando era un chico que le gustaba!
- ¡UN MOMENTO, GORILA! – Gritó Johnny, estirando su mano izquierda en señal de alto, mientras con su mano derecha se señalaba así mismo.
- No tengo nada en su contra, pero cuando alguien se mete con un grupo de sexys mamacitas y con un amigo del gusto del gran Johnny Bravo, esto se vuelve personal. – Expresó Johnny interponiéndose entre aquel gorila y Jack colocándose en frente de éste último para protegerle.
Jack se sorprendió de inmediato al notar el gesto de Johnny al interponerse en frente de él y el otro sujeto para protegerle. Los ojos del samurái demostraban sorpresa, y sus mejillas inmediatamente adquirieron un pálido tono rosa. Él no era ninguna doncella en apuros para que el rubio le protegiera de aquella forma, pero aun sabiendo que fácilmente él podría derrotar a esos sujetos, no pudo evitar admirar aquel valiente, caballeroso y encantador gesto de Johnny al querer protegerle, más aún al expresar que él era de su gusto. Para Jack aquello fue completamente nuevo.
Hasta donde recordaba, siempre había protegido valientemente a otros, pero no recordaba jamás que alguien se hubiera interpuesto entre él y alguno de sus oponentes para defenderle de aquella forma o protegerle como lo hacía Johnny, quien ahora se encontraba estirando sus brazos cubriéndole con su propio cuerpo como un escudo.
- ¿TÚ acabarás con nosotros? JAJAJAJAJA NO ME HAGAS REIR risitos de oro – Expresó el sujeto mirando fijamente a Johnny.
- No creo en la violencia, pero le demostraré quien manda a ese gorila. – Expresó simplemente Johnny, y con ese comentario, el tipo se lanzó directamente al ataque de Johnny, Jack simplemente miraba la escena dispuesto a lanzarle al ataque en cualquier momento.
- ¡PATADA ESPECIAL A LA JOHNNY BRAVO! ¡UH! ¡HA! ¡UH! – Gritó Johnny mientras hacía unos confusos, pero certeros movimientos de karate que golpearon perfecta y limpiamente a aquel hombre que dos veces había escupido a su pelinegro amigo.
- AAAAAAAAAAAHHHHHHHH – Gritó de dolor el sujeto, comenzando a llorar, retorciéndose de dolor en el suelo.
- Odio a los llorones. – Expresó secamente Johnny aún en posición de defensa dispuesto a enfrentarse ante cualquiera que quisiera atacarle, no por nada era el mejor discípulo del Maestro Hamma y había obtenido cinturón negro en todas las formas de las artes marciales a excepción del sumo.
Jack estaba sorprendido, los movimientos de Johnny habían sido ejecutados de una manera impecable. Para temerle a los payasos y huir de las ratas, Johnny sabía perfectamente cómo pelear y dominaba, aunque de manera confusa, de una forma innata el karate que él perfectamente conocía, pues desde niño había sido entrenado en esa forma de combate como una de sus primeras disciplinas.
- ¡Pagarás por esto maldito mentecato! – Gritó otro de sus hermanos y uno más le acompañó en el ataque, con hábiles movimientos, Johnny tumbó rápidamente a aquellos dos hombres, sacudiéndose las manos en el proceso, aquello había sido pan comido. Sin embargo, cuando escuchó el grito de sorpresa de las tres chicas que hasta entonces contemplaban la escena sorprendidas, se distrajo, sin percatarse de que los últimos dos hermanos que quedaban se disponían a atacarlo cobardemente por la espalda.
- ¡Kyaaaaaaaaaaaaaaa! – Gritaron las chicas observando atrás de Johnny a los hombres que se lanzaban para atacarle sorpresivamente.
- Oh sí, me aman, ¡están locas por Johnny! – Expresó Johnny embobado por la deslumbrante belleza de aquellas chicas.
- ¡Cuidado Johnny! – Gritó de pronto Jack, y acto seguido se lanzó al ataque. En aquel momento Jack iba a usar su preciada espada, pero de pronto recordó que ésta había sido construida solo para enfrentarse con poderosos enemigos o fuertes demonios, y aquellos hombres no eran dignos de ser derrotados con ella, ni tampoco él merecía usarla en ellos.
Johnny, al escuchar el grito del samurái, se volteó justo para ver cómo en cámara lenta, Jack hacía una sorprendente pirueta en el aire, y con gráciles y meticulosos movimientos marciales, con la elegancia de un hermosa grulla blanca alzando el vuelo, derribaba con un knock out a los últimos dos hombres. En el proceso, debido a la voltereta, el cabello de Jack se había soltado, haciendo que éste cayera por sus hombros luciendo simplemente hermoso.
En aquel momento parecía como si las luces del centro comercial iluminaran única y exclusivamente a Jack haciéndole brillar como un ángel caído del cielo. Johnny sintió su corazón latir por el chico pelinegro una vez más. No sólo era atractivo si no también sabía perfectamente cómo pelear y al ver la fluidez de sus movimientos, sus músculos flexionarse, el sudor empapando cada músculo de su cuerpo de manera sensual, debía admitir que Jack tenía su propio encanto aunque él por supuesto era muchísimo más guapo.
- ¿Te encuentras bien Johnny? – Expresó preocupado Jack acercándose a Johnny, para aquel entonces el grupo de hombres se había largado huyendo cobardemente de aquel lugar.
- Debes estar bromeando viejo, el guapo Johnny pudo haberlos vencido con los ojos cerrados- – Expresó Johnny, Jack le sonrío tranquilo al verificar por la actitud de su amigo que éste se encontraba bien. Su sonrisa era sincera y encantadora como éstas solían ser.
- ¡OHHHHH GRACIAAAAAAAAS CHICO LINDO! ¡ERES ENCANTADOR! ¡DANOS TU NÚMERO GUAPO! – Se escuchó de pronto decir a las tres chicas que habían observado como el guapo chico pelinegro las había salvado y además había salvado al torpe rubio.
Las chicas estaban fascinadas con Jack rodeándole admiradas, cuando Johnny escuchó aquellas palabras, pensó que las lindas mamacitas se referían a él, así que animado se aproximó a ellas, sin ningún reparo.
- ¡Tranquilas sexys mamacitas lindas! ¡Hay suficiente Johnny Bravo para todas! ¡¿Qué les parece si ahora en agradecimiento le dan a Johnny un lindo besito?! – Comenzó Johnny, estirando su boca para besar a aquellas encantadoras pimpollos, pero al oír esto las chicas salieron arrancando, aterradas, desapareciendo por completo de aquella escena.
- ¿A dónde van mamacitas? ¡Vuelvan con Johnny! – Gritó Johnny, y cuando iba a disponerse a ir tras ellas, de pronto, de la nada, una enorme multitud apareció rodeándoles por todos lados.
- ¡Gracias humiles extraños! ¡Han salvado nuestro centro comercial! ¡Ustedes nos salvaron de los "Destructores"! – Comenzaron a escuchar Jack y Johnny mirándose desconcertados.
- ¿Destructores? – Cuestionó Jack extrañado al anciano que les había mencionado aquello.
- Así es muchacho, eran una pandilla de matones que asediaba frecuentemente nuestro centro comercial y acosaba a nuestras lindas muchachas. A causa de ellos ya nadie venía por aquí, pero ahora que nos han salvado ¡el centro comercial volverá a ser lo mismo! – Mencionó alegre el anciano.
- Es un placer haber podido contribuir con su causa, respetable hombre. – Expresó humildemente Jack dándole una reverencia y sintiéndose feliz de haber podido ayudar de algún modo, y antes de que pudiera decir algo más sintió como de pronto era rodeado por numerosas personas quienes comenzaban a tocar diferentes partes de su cuerpo.
- ¿Cuál es el secreto de tus músculos muchacho?, ¿En qué gimnasio te ejercitas chico?, ¿Qué suplementos tomas?, ¿Cómo consigo un cuerpo como el tuyo?, ¿Cuánto miden tus bíceps? ¿Te interesaría trabajar como guardaespaldas en mi tienda?, Muchacho soy un entrenador de box, ¿te gustaría formar parte de mis luchadores?, Chico, buscábamos a alguien como tú en mi negocio ¿quieres escucharlo? ¿Jovencito te interesaría trabajar como modelo para mi agencia?
Comenzó de pronto a escuchar Jack que le decían diferentes hombres, mientras tomaban sus brazos y medían el tamaño de sus músculos, otros palpaban sus piernas para ver sus músculos. Jack se sentía incómodo, aquella gente había aparecido de la nada, rodeándole y obligando a retroceder alejándose lentamente de donde se encontraba.
Jack no sabía a dónde se dirigía ni en qué parte específica estaba, aquella multitud que lo tenía rodeado bombardeándole con preguntas no le dejaba ver nada, lo único que podía apreciar era diferentes rostros masculinos, uno tras otro, haciéndole numerosas preguntas. Desesperado intentó llamar a Johnny.
- ¿Johnny? ¿Johnny? ¡Johnny! – Comenzó a alzar su voz Jack, rogando porque su amigo rubio apareciera. Sin embargo, sus ruegos eran en vano, pues el rubio al ver a la multitud aparecer y unas lindas nenas en ella, comenzó a lucir sus atributos, ajeno completamente a todo y olvidando al pelinegro.
- ¿Cómo te alimentas? ¿Viejo te gustaría ser el protagonista de mi película de acción? ¿Participarías en un comercial de TV? ¿Muchacho te interesaría ser el entrenador de mi gimnasio? ¿Chico puedes darle clases de defensa personal a mi hijo? ¿Trabajarías como mi guardaespaldas?
Escuchaba Jack que le preguntaban, mientras seguía siendo asediado por un grupo de hombres insistentes que continuaban haciéndole preguntas sin detenerse en ningún momento, a simple vista parecía que había 40 hombres y la cantidad aumentaba.
Jack comenzaba a desesperarse estaba completamente rodeado sin salida alguna, sentía que comenzaba a faltarle el aire pues prácticamente se sentía aprisionado en aquel pequeño círculo, que segundo a segundo, se reducía conforme más hombres se iban sumando al grupo.
Jack se sentía agobiado, jamás había vivido una situación como aquella e ignoraba que debía hacer al respecto. En ese momento quiso blandir su espada y luchar contra aquellas personas, pero usar la violencia, no tenía justificación alguna, pues esos lugareños simplemente se encontraban intrigados por el hecho de que fuera extranjero y hubiera demostrado sus habilidades de lucha. Jack lo comprendía, entendía la curiosidad de aquellos hombres que no cesaban sus agotadoras preguntas; sin embargo, su enorme insistencia le desesperaba de sobre manera, más aún al saber que bajo ninguna circunstancia podía herir a esos lugareños sin importar cuán grande fuera su incomodidad en aquel momento.
- Chico ¿quieres ser el rostro de la nueva bebida energética On Fire? ¿Muchacho serías mi compañero de sparring? ¡Viejo necesito ver tus músculos! – Escuchó que uno de ellos le decía y al sentir de pronto las manos de ese extraño sostener su kimono comenzó a entrar en pánico al instante.
- ¡Muéstranos tus músculos muchacho! ¡Déjanos ver esas máquinas de combate! ¡Quítate la ropa chico! ¡Déjanos apreciar esos pectorales! – Comenzó a escuchar Jack mientras sentía como los desconocían comenzaban a jalar su kimono, Jack intentaba retroceder lo más que podía. El círculo se hacía más pequeño, ya no sabía nada, no sabía dónde estaba, sólo veía rostros uno tras otro, uno tras otros, diferentes caras, ya ni siquiera los veía, comenzaba a ponerse oscuro todo, sólo veía las bocas de aquellos lugareños moverse susurrándole cosas inentendibles.
- ¡JOHNYYYYYYY! ¡JOHNNYYYY! – Gritaba Jack con los ojos cerrados ya, intentando aferrarse a lo que fuera pues a su alrededor solo habían hombres, las manos de aquellos sujetos seguían tocando su cuerpo, tocaban sus brazos, sus hombros, su pecho, su espalda, su cintura, sus caderas ¡SUS GLUTEOS!
- ¡JOHNNY! – Gritó una vez más desesperado y fue en ese momento cuando lo escuchó, escuchó el horrible ruido de su kimono siendo desgarrado en pedazos y comenzó a sentir las manos frías, cálidas, suaves, callosas, ásperas, grandes, pequeñas, delgadas, gruesas, de todos aquellos hombres tocarle sin reparo alguno. Jack se sentía impotente, quería poder golpearlos, lanzarlos a volar con alguna de sus técnicas, desenfundar su espada y derribarlos a todo, pero no podía. Su código de samurái le impedía hacerle daño a inocente y aquellos sujetos únicamente tenían curiosidad por su trabajado cuerpo. Jack se sintió derrotado y cuando escuchó:
- ¿Muchacho qué es eso que tienes en la espalda? – Sintió como todo su mundo se venía abajo. ¡NO SU MARCA! ¡NO! ¡La marca de Aku! – Recordó Jack, la marca de ese maldito demonio de Aku que había dejado en su espalda marcándole antes de morir como si fuera de su propiedad y en un oscuro recuerdo de aquella batalla final. La marca que él no quería que nadie viera, la marca que él consideraba una deshonorable vergüenza para sí mismo como guerrero. La marca que prefería morir antes de que alguien posara sus ojos en ella. La marca que hacía que sintiera vergüenza de sí mismo, porque después de todo ¿quién podría sentir honor o aprecio, en llevar en su espalda, la marca de las garras de un cruel y atormentador ser maligno, que causó sufrimiento extremo, y atormentó a varios, esclavizándolos durante tantos años? En ese momento Jack quiso que la tierra se lo tragara para desaparecer.
- "Sálvame, Johnny" – Rogó en silencio Jack con los ojos cerrados, intentando contener una pequeña lágrima que comenzaba a asomarse de sus ojos debido a la situación que vivía, se sentía indefenso, miserable, patético, desvalido, insignificante, se sentía completamente abatido.
- "Johnny" – Rogó entonces una vez más con toda su alma y corazón Jack y fue entonces cuando en aquella profunda oscuridad de pensamientos negativos en los que se había sumido, le escuchó:
- ¡Vuelvan aquí lindas pollitas! – Escuchó de pronto Jack entre toda aquella oscuridad y tumulto a Johnny y cuando escuchó aquellas palabras, lo supo de inmediato y al saberlo sintió como si su corazón hubiera sido atravesado dolorosamente por una flecha envenenada corroyendo lentamente el centro de éste y destruyéndolo poco a poco.
- Fui un tonto. – Susurró en voz baja Jack, sintiendo ahora inevitablemente las lágrimas resbalar de sus preciosos ojos oscuros tan profundos como el profundo dolor que ahora sentía aniquilando su herido y roto corazón.
- Fui un tonto. – Repitió una vez más, esta vez las lágrimas cayendo copiosamente, desvalido se abrazó así mismo intentando resguardarse, pero se sentía totalmente expuesto y desnudo no sólo porque su kimono había sido rasgado en la parte de arriba y su espalda había quedado totalmente expuesta a la vista de todos, sino porque simplemente no tenía nada. Nadie le ayudaría y él tampoco podía golpear o alejar a aquellos hombres como hubiera querido. Después de todo, ¿qué honor tendría como guerrero si llegaste a lastimar a aquellos inocentes? Ninguno, se respondió a sí mismo y sin poder evitar el enorme dolor que acongojaba a su herido corazón, repitió:
- Fui un tonto Johnny. – Susurró lamentándose Jack, y sí, había sido un tonto, había sido un tonto al creer que Johnny le salvaría, ¿por qué habría de ayudarle Johnny?, Si desde un inicio claramente el interés principal del rubio era aquel de conquistar a unas "sexys mamacitas" como llamaba el hombre. Para Johnny era mucho más importante conquistar chicas, que ayudarle, pensó Jack y en aquel momento se sintió aún mucho más asquerosamente miserable. Si sus padres le hubieran escuchado se habrían sentido avergonzados, del mismo modo, en que él se sentía al albergar semejante pensamiento egoísta al querer que Johnny se preocupara sólo de él incluso antes de perseguir a aquellas sexys mamacitas lindas, y fue entonces cuando lo comprendió de la forma más dolorosa.
- Estoy enamorado de él. – Dijo Jack, llevándose una mano al corazón en un intento inútil por calmar aquel desgarrador dolor que le parecía destruir por dentro y quebrantaba fuertemente su espíritu.
- Estoy enamorado de Johnny. – Expresó una vez más, sintiendo las lágrimas caer con mayor intensidad mientras sentía manos ajenas tocar su cuerpo semidesnudo y seguía siendo objeto de múltiples preguntas que no cesaban ni por sólo un segundo.
Se había enamorado de Johnny. En tan poco tiempo se había enamorado perdidamente del rubio. ¿Cómo había podido suceder aquello? Pensó Jack y a su mente tan sólo pudo pensar en todas y cada una de las características del rubio. No sólo era atractivo y guapo como solía decirse él mismo; su cabello de un maravilloso color rubio era dócil, su piel era suave, su aliento olía a rosas, su cuerpo era magnifico y su personalidad era simplemente encantadora. Johnny poseía un sentido del humor único que le hacía reír y sentir en paz como hacía mucho no sentía, el rubio era directo y espontaneo, y había tenido la paciencia suficiente para enseñarle el funcionamiento de cada uno de los extraños aparatos por los que él le había preguntado.
Johnny era un hombre maravilloso que le había protegido incluso sin necesidad de hacerlo, y aún con esa actitud de macho, poseía una fragilidad única pues temía intensamente a los payasos y no sólo eso, el amor que albergaba por su madre, reflejaba cuan profundo era capaz de amar Johnny y Jack deseaba que aquel chico pudiera amarle también a él, tener ojos para él y desear estar sólo con él.
"Si fueras una chica, serías el primero en la lista de citas de Johnny" – Recordó con dolor Jack, que había dicho el rubio creyendo que dormía.
- "Si tan sólo fuera una chica" – Pensó amargamente Jack.
¿Le abrazaría Johnny con la misma pasión que le había abrazado la primera vez que le vio y pensaba que era una doncella? ¿Le sostendría posesivamente de la cintura como lo había hecho aquel día? ¿Tomaría su mano con dulzura o le susurraría románticas cosas como a todas aquellas señoritas? Continuó pensando Jack, sintiendo como si su corazón fuera apuñalado miles de veces una y otra vez incapaz de calmar aquel agonizante dolor que sentía. Aquella sensación era millones de eones peor que la sensación de decepción que había sentido cada vez que perdía un portal para volver a su pasado, o mucho más dolorosa que el sentimiento de traición de cada vez que Aku, fingiendo ser un aliado le había traicionado, nada se comparaba a lo que sentía, pues lamentablemente el joven samurái había sido entrenado en diferentes artes de combate, pero ninguna de ellas, le había preparado para el amor.
Eso pensaba amargamente el joven samurái, incapaz de poder eliminar de su corazón todos aquellos sentimientos, y sin darse cuenta cómo ni en qué momento, de pronto perdió el equilibrio, tropezó con lo que parecía ser una fuente de agua y cayó directamente empanándose de pies a cabeza.
La frialdad del agua le golpeó súbitamente, se encontraba semidesnudo, empapado, rodeado de desconocidos que le tenían agobiado con sus preguntas y continuaba siendo tocado por extraños. No obstante, cuando sintió una mano posarse en su espalda y la herida que había dejado Aku, arder ante el contacto, sintió que moriría, por un momento, por un fugaz y desquiciado insano momento ante su desesperación pensó en desaparecer, tomo su espada firmemente y pensó en que se sentiría tener una honorable muerte digna a manos de su propia katana, pero justo cuando la estaba desenfundando contemplando la idea firmemente en su mente. Escuchó una voz… una voz varonil que él conocía demasiado bien…
- Oye tú, aleja tus sucias manos de mi chico, él viene conmigo. - Expresó posesivamente Johnny, mirando de frente a aquel sujeto que se había atrevido a tocar a Jack con sus manos.
Cuando la multitud había comenzado a reunirse alrededor de Jack, y Johnny vio a unas lindas mamacitas aparecer, corrió inmediatamente tras ellas flirteando y mostrado lo encantador y guapo que era Johnny Bravo. No obstante, como era de esperarse le habían rechazado abofeteándole duramente. Luego al buscar a Jack, notó que éste no estaba, extrañado comenzó a buscar a Johnny por todos lados, incapaz de encontrarlo comenzó a preguntarles a las chicas que ahí estaban si le habían visto, pero al verlas huir de él, sin entregarles información de Jack, no pudo más que correr tras ellas gritándoles:
- ¡Vuelvan aquí lindas pollitas! – Gritó Johnny en vano intentando preguntarles a aquellas sexys mamacitas dónde estaba su pelinegro amigo y fue entonces cuando vio un enorme grupo de personas rodear a un chico que lucía exactamente como:
- ¡Jack! – Gritó Johnny, pero al parecer entre tantas personas, Jackie no podía oírle, a fuerza de golpes y movimientos de artes marciales se hizo pasó entre la multitud y fue entonces cuando le vio:
Jack se encontraba completamente empapado sentado sobre una fuente de agua, producto de lo que había sido al parecer una caída; su extraño vestido blanco se encontraba totalmente desgarrado de la parte superior, dejando al descubierto su torso ahora desnudo y expuesto, y a su alrededor, podía observar como un montón de gorrones intentaba aprovecharse de la amabilidad de Jackie para forzarle a ser parte de sus proposiciones. Sin embargo, lo que más le molestó y casi hizo perder el control fue cuando vio como todos esos hombres tocaban a su Jackie con sus sucias manos descaradamente.
Johnny notó de inmediato la vergüenza e incomodidad de su amigo, pues podía apreciarle intentando cubrir su torso desnudo. Para alguien como Johnny, andar con su torso descubierto era parte de su rutina de cada día, pero al parecer para Jackie no era lo mismo ¿quizás el chico escondía algo bajo su cuerpo? O quizás simplemente sentía pudor de su atractivo cuerpo. Johnny no lo sabía, pero quería ayudarle. Jackie no se merecía que ninguno de esos gorrones se le acercara. Sin embargo, cuando vio como uno de esos tipos tocaba la espalda de Jack, provocando que éste bajara su rostro en vergüenza, fue que Johnny sintió que perdía la cabeza.
¡Nadie tocaba a su chico! ¡Y menos cuando era de Johnny Bravo!
- Oye tú aleja tus sucias manos de mi chico, el viene conmigo. - Expresó posesivamente Johnny, mirando de frente a aquel sujeto que se había atrevido a tocar a Jack con sus manos, dispuesto a propinarle un fuerte puñetazo, pero el remarcar su evidente musculatura bastó para espantar a ese sujeto.
- ¡MUY BIEN TODOS, LARGO DE AQUÍ! ¡SE ACABÓ LA FIESTA! ¡EL CHICO ESTÁ CONMIGO! – Expresó Johnny lo suficientemente fuerte e intimidante exhibiendo sus prominentes músculos para que todos le oyeran, al escucharlo y observarle los presentes atemorizados por su actitud se largaron, dejándolos solos.
- Johnny… - Pronunció Jack, avergonzado ¿cómo podría mirar a la cara a Johnny ahora que sabía lo que sentía por él? – Pensó Jack cabizbajo intentando secar con sus manos sus lágrimas para que Johnny, a quien no le gustaban los llorones como le había escuchado, no le viera llorando.
A Jack no le avergonzaban sus lágrimas, pues en su largo camino por derrotar a Aku, numerosas habían sido las veces que las había derramado, pero no quería ofender a Johnny, quien había expresado claramente que odiaba a los llorones y lo último que deseaba Jack, era que Johnny le odiara, no cuando ahora sabía que le amaba…
- ¿Te encuentras bien Jackie? – Mencionó preocupado Johnny al observar el deplorable estado en que Jack se encontraba e intentando contener las ganas que tenía de ir tras esos gorrones que habían estado molestando a su chico y darles una paliza. Johnny se sentía enfadado con esos tipos, pero al mismo tiempo no comprendía por qué sentía tanto enojo por lo que había pasado con Jack, ni mucho menos por qué sentía aquel instinto de querer protegerle a cualquier precio. Sin embargo, el ver al hermoso pelinegro en aquel patético estado, hacía que su corazón de algún modo doliera.
- Yo… - Jack no pudo responderle nada al rubio, en aquel momento al saber que Johnny le veía en aquel deplorable estado, se sintió desnudo y desprotegido, pues se sentía tan vulnerable como aquella vez que la chica conejo había robado sus ropas mientras tomaba una ducha bajo la cascada de un río, con la única diferencia, que en esta ocasión, era observado por el hombre por el cual albergaba profundos sentimientos de amor, y cuando se dispuso a levantarse, una fuerte ráfaga de viento sopló en aquel lugar y un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo debido al frío.
Johnny observó como Jackie de pronto se estremeció por el frío que debía estar sintiendo al encontrarse completamente empapado y semidesnudo, más aun considerando la frialdad de aquella mañana y sin pensarlo dos veces, se quitó la chaqueta negra que llevaba puesta y la depositó sobre los hombros de Jack cubriéndole suavemente.
- Usa esto Jackie, el calor de Johnny te mantendrá cálido. – Le mencionó Johnny al chico pelinegro mientras le ofrecía su mano de apoyo para que Jack pudiera levantarse.
Jack observó a Johnny atentamente y cuando vio como éste se quitaba su chaqueta para depositarla sobre sus hombros y cubrirle, no pudo más que sonrojarse y sentir como su corazón latía de manera acelerada ante aquel dulce gesto del chico rubio, y cuando sintió la calidez de Johnny entrar en contacto con su piel fría, se sintió como si se derritiera. Amaba a aquel chico rubio y aquel dulce gesto de Johnny sólo intensificaba la magnitud de sus sentimientos. Nunca pensó que en tan poco tiempo pudiera llegar a sentir algo tan intenso, pero la gratitud que se sentía hacia Johnny era inmensa así como su admiración y devoción hacia él.
Jack jamás había sentido algo semejante como aquello, pero si de algo estaba seguro era que no quería perder aquellos sentimientos, pues jamás antes se había sentido tan vivo como en aquel momento cuando su corazón latía únicamente por los sentimientos que albergaba hacia Johnny…
El joven samurái observó cómo Johnny le tendía su mano y sin dudarlo un solo segundo la tomó para levantarse, luego tomó con sus manos delicadamente la chaqueta de Johnny y se la colocó agradeciendo profundamente la calidez que le brindaba, la calidez de Johnny…
- Siempre estaré eternamente agradecido y en deuda contigo, Johnny. – Mencionó Jack dulcemente con una voz serena y tranquila, pero aún con una mirada de tristeza en su rostro lamentando todo lo que había sucedido y sintiendo que de pronto al pensar en su llegada a aquel mundo nada parecía tener sentido.
Aquella mirada y rostro de tristeza no pasaron desapercibidos para Johnny, quien al observar que el chico pelinegro no tenía su característica sonrisa de alegría, no pudo evitar preocuparse y desearle ver sonriéndole una vez más.
- Oh vamos Jackie, sonríe, ponte bonito para Johnny. – Le expresó el rubio con su típica voz cargada de confianza en sí mismo y con ese tierno tono de voz que solía poner cuando quería animar a alguien que veía triste. Quería ver sonreír de nuevo al pelinegro, pero no entendía cómo podía ayudarle o hacer que volviera a ser el mismo.
Cuando Jack escuchó que Johnny le llamaba "bonito" no pudo más que sentir un fuerte golpeteo en su corazón para recibir semejante alago del rubio, para que un chico como Johnny Bravo, le dijera que era bonito aquello debía significar que Johnny le apreciaba lo suficiente para considerarle como guapo. Sin embargo, aquel pensamiento fue descartado al saber que incluso si Johnny le consideraba tan guapo como él, jamás podría ser una linda mamacita como las que le gustaban a Johnny, por ello no pudo esbozar una sonrisa.
Johnny al notar que Jack no se animaba, le observó una vez más de pies a cabezas, reparando en el hecho que quizás Jack se sentía triste porque sus ropas habían sido destruidas. Hasta donde sabía al chico pelinegro le gustaba llevar ese vestido, pero ahora se encontraba hecho trizas.
- Descuida Jackie, Johnny te comprará un nuevo vestido. – Johnny jamás comprendería el gusto del chico por su particular vestimenta, pero hey quien era él para cuestionar los gustos de otros cuando él amaba su clásica tenida de ropa de la cual tenía lleno su guardarropa.
- No es necesario Johnny. – Expresó resignado y cabizbajo Jack, ante el pensamiento de que nunca podría ser nada más para Johnny, había sido un tonto al haber caído en aquel mundo, había sido un tonto al haber conocido a Johnny y había sido un tonto al permitir que un guerrero como él pudiera afectarse por semejantes sentimientos como el amor, incluso si este último era algo que jamás antes había experimentado.
- Fue un error el haber venido aquí. – Expresó claramente afectado Jack, su voz era más baja y suave de lo usual y su rostro reflejaba absoluto desconcierto, pues incluso ahora se sentía humillado, humillado al saber que el descontrol de sus sentimientos por el rubio le tenía en aquel estado. Por eso, cubriéndose lo más que pudo cerrando aquella chaqueta, Jack se disponía a alejarse en silencio y cabizbajo, necesitaba estar solo y aclarar sus ideas, quizás había sido un error haber caído en aquel mundo, quizás las deidades estaban jugando con él, del mismo modo como lo hacía Aku con sus enfermizos y demoniacos juegos, poniendo en su camino obstáculos para impedirle cumplir su misión, y ahora las deidades disfrutaban atormentándolo humillándole de aquella forme en frente de quien ahora sabía era su amor.
- ¡Espera Jack! – Se apresuró a decir Johnny, tomándole de la mano al ver que Jack se daba media vuelta y se disponía a alejarse en silencio y cabizbajo de su lado.
Para Jack, el escuchar su nombre bien pronunciado de la boca del rubio no pasó desapercibido, pero ni siquiera aquello ni el contacto cálido de la mano de Johnny fueron capaces de aminorar su agonía o la tristeza que oprimían su alma en aquellas duras circunstancias.
- ¡¿A dónde vas?! – Exclamó Johnny al ver que el chico de ojos negros se alejaba cada vez más y comenzando a sentir pánico de permanecer solo. ¿Acaso él había espantado a Jack? ¿Acaso había hecho o dicho algo inapropiado? ¿Acaso su chaqueta olía mal? ¿Acaso Jack no quería ser su amigo más? ¿Acaso Jack había descubierto que acepto llamarle amigo para que éste le ayudara a conquistar lindas chicas?
- "NOO JACK" – Pensó Johnny, hiperventilando cuestionándose una y otra vez por qué razón Jack quería marcharse solo, abandonándole.
- Lo siento Johnny, necesito estar solo para aclarar mis pensamientos. – Le respondió Jack, girando por un segundo para observarle y decirle aquellas palabras y simplemente se alejó de aquel lugar, emprendiendo una solitaria y larga caminata, alejándose de la vista de Johnn, para pensar y aclarar los sentimientos que habían en su corazón y recuperar así su anhelada paz interior.
Johnny sintió una fuerte y dolorosa punzada en su corazón como si algo le pidiera a gritos seguir al chico, pero debía respetar su decisión, Jackie quería estar solo, pero si era así entonces ¿por qué sentía una sensación tan dolorosa y desgarradora en su corazón?
- ¡Ahggg qué dolor! ¡Qué terrible dolor! Ahgg ¡los terribles puñales del dolor! – Se lamentó Johnny, cayendo de rodillas al suelo sintiendo una intensa punzada en su pecho, como si su corazón de pronto hubiera decidido competir en una lucha de gigantes luchadores de sumo, golpeándolo duramente donde más le dolía. No entendía por qué se sentía así, pero todo había comenzado al ver a Jack alejarse de él.
- "¡Un momento! ¡¿Jack alejándose de él?! ¡Apenas le había enseñado ayer el camino a casa! Oh no, cielos, ¿cómo volvería Jack a casa sin saber el camino?" – Pensó rápidamente Johnny levantándose sin dejar de sentir aquella fuerte punzada en su corazón e intentando alcanzar al pelinegro. No obstante, cuando salió del centro comercial se dio cuenta de que no había un solo rastro del chico samurái.
- ¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAACK NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! – Gritó Johnny a todo pulmón, sintiendo de pronto un intenso pánico y un fuerte sentimiento de desesperación invadirle, ante el sólo pensamiento de no volver a ver al chico de cautivantes ojos negros, intentó calmarse por un segundo.
- "Tranquilo Johnny, Jack volverá… ¿y… y… si no vuelve?" – Pensó fatídicamente Johnny, pero esta vez sintiendo como su corazón se contraía nuevamente por aquellas intensas puñaladas de dolor ante el sólo pensamiento de no volverle a ver, de no poder escuchar su vez, de no poder ver sus hermosos ojos negros o contemplar aquella dulce sonrisa del chico de nuevo.
En aquel momento, Johnny recordó la primera vez que había visto a Jack confundiéndole con una hermosa mamacita, en ese entonces había pensado que era la nena más linda que había visto en su vida, con el particular detalle que se trataba de un chico, pero aun así debía admitir que Jack era hermoso, su cabellera suave y sedosa era mucho más bonita que la de él y eso era mucho decir viniendo de Johnny Bravo, también la sonrisa de Jack parecía iluminarlo todo y era mucho más encantadora que un atardecer; el cuerpo de Jack era como la estatua de David personificada, y su voz era como un hermoso canto de sirenas. Recordaba Johnny sintiendo como el dolor de su pecho se incrementaba.
Durante toda su vida había perseguido numerosas chicas, y cada una de ellas le había rechazado con una dura y dolorosa bofetada. No obstante, sabía que nuevamente encontraría una chica y que aunque esta le rechazara volvería a encontrar otra. Nunca le había importado el seguir adelante buscando a la chica de sus sueños, de hecho, pensándolo bien ni siquiera podía recordar el rostro de aquellas mamacitas que le habían rechazado, pero no podía olvidar a Jack, el sólo pensamiento de no volverle a ver le enloquecía, pero ¿por qué sentía aquella angustia y opresión en su corazón? ¿Por qué sentía aquel intenso dolor ante el simple hecho de no volver a ver a aquel chico oriental jamás?
Durante largos momentos, Johnny intentó recordar cada momento compartido con Jack aun cuando éstos habían sido breves. Recordó cuando le sostuvo entre sus brazos con la clara intención de besarle la primera vez que le conoció, confundiéndole, y recordó cómo el chico se había estremecido entre sus brazos, recordó el tono de voz desesperado al pedirle ayuda, y la gratitud con la que le había expresado el que le ayudara a entender todos aquellos aparatos de su casa.
Recordó cuando le escuchó hablar sobre su estrella favorita de T.V e incluso recordó cómo le había pedido dormir a su lado para espantar sus pesadillas, además de recordar el desconcierto del pelinegro al enseñarle su baño. Cada recuerdo que tenía de Jack, traía a su mente una agradable memoria, sobre todo porque jamás había conocido a alguien como ese chico que no sólo era capaz de prestarle la atención que nadie le daba, sino que también era capaz reír con sus bromas que la mayoría consideraba poco graciosas.
- Jack… – Susurró Johnny, comenzando a sentirse desolado, el saber que Jack ya no le acompañaría ni podría volver a sostener su mano le hacía sentirse mucho más solo de lo que se sentía cuando su madre se iba de viaje por largos días. El sentimiento de soledad era tan abrumador como el dolor de su agonizante corazón. Johnny no sabía cómo detener aquel dolor o qué hacer para evitarlo, pues lo único que sentía que necesitaba era volver a tener a Jack a su lado.
- No te vayas Jack. – Susurró Johnny rogando, en el suelo, pero esta vez, haciéndose bolita, desconcertado; sintiendo como si hubiese sido abandonado, Jack le había pedido estar solo porque ya no quería tenerle a su lado y aquello le hacía doler profundamente y hacerle sentirse patético nada característico de un Bravo.
- Lo perdí… - Mencionó Johnny, esta vez completamente abrumado por el dolor de su pecho y la soledad en la que se sentía atrapado ante la ausencia de Jackie.
- ¿A quién perdiste Johnny? – Se escuchó de un pronto una vez infantil y un tanto chillona preguntarle a Johnny.
- A Jackie. – Respondió Johnny, aún en el piso cabizbajo y visiblemente deprimido.
- ¿Quién es Jackie? – Pregunto de la nada nuevamente aquella curiosa voz tan conocida para Johnny, pero que ahora debido al estado en el que se encontraba no reconocía. No obstante al escuchar aquella pregunta y considerando el estado en piloto automático en el que Johnny había caído sintiéndose miserable simplemente se limitó a responder sinceramente.
- El único ser cuyo cabello es más lindo que él mío; el único ser cuya sonrisa es más linda que un atardecer, el único ser cuya compañía es mil veces mejor que una de mis películas favoritas, él único ser cuyos ojos me miraban cálidos y agradecidos, el único ser cuyos labios sentía la tentación de besarlos, él único ser cuya voz era como una canto de sirenas, el único ser tan genial como yo, Johnny Bravo, y el único ser con el que desearía estar ahora. – Respondió deprimido Johnny como un muerto viviente de la misma forma en que se ponía cuando solía deprimirse y sentir que nada tenía sentido en su vida.
- ¡Vaya Johnny! ¡Parece que esta vez te enamoraste perdidamente de esa chica! – Mencionó sorprendida la pequeña Suzy, al escuchar a Johnny tan deprimido como nunca antes lo había escuchado, la pequeña peli naranja había ido a comprar con su mamá al centro comercial y mientras observaba las vitrinas divisó una conocida caballera rubia que identifico como Johnny, acercándose de inmediato a éste y alcanzando a escuchar que había perdido a alguien.
- Sí… estoy enamorado, pero me dejó… - Expresó Johnny desganado.
- ¿Y qué haces aquí? – Mencionó extrañada la pequeña Suzy, Johnny al escuchar aquella molesta vocecita, enarcó una ceja extrañado.
- ¿Cómo qué qué hago aquí? – Le preguntó Johnny, y fue en ese momento que alzó su rostro para darse cuenta que frente a él estaba su vecinita Suzy.
- ¡TÚ! ¿Qué haces aquí molesta pequeña vecina? – Preguntó directamente Johnny, expresando un tono de fastidio como siempre solía hacerlo cuando aquella pequeña sabelotodo solía entrometerse en sus asuntos
- ¿Qué es lo que haces tú aquí Johnny? ¿No deberías estar corriendo persiguiendo a Jackie? – Le reprochó la pequeña Suzy interrogándolo al preguntarle por qué si Johnny había conocido a una nueva chica no corría tras de ella como siempre solía hacerlo.
- Me dijo que no quería compañía… pero… ¿qué es lo que voy a hacer? – Expresó desganado, sintiendo como si todas sus fuerzas se hubieran ido, cayendo ahora en un estado de auto convalecencia.
- Sí amas a alguien Johnny, deberías decírselo. – Le dijo directamente Suzy a Johnny con una simplicidad propia de una niña.
Johnny quien estaba desesperado, deprimido y desganado, como rara vez lo hacía, la miró atentamente escuchando cada una de sus palabras.
- "Sí amas a alguien Johnny, deberías decírselo" – Le escuchó decir…
¿Un segundo? ¿AMAR? ¿DIJO AMAR? ¿Acaso él? ¿AMABA A JACK? ¡Aguarden! ¿Qué no fue él mismo quién dijo que estaba enamorado? ¿Johnny Bravo enamorado? ¿De Jack?
- ¿QUUUUUUUUUUUUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE? – Gritó Johnny sorprendido al darse cuenta de lo que había pensado. Al escuchar el grito, la pequeña Suzy dio un fuerte sobresalto.
- ¿Qué, qué sucede Johnny? – Preguntó preocupada Suzy al escuchar el fuerte grito de Johnny.
- ¡Oh cielos! ¡Johnny está enamorado! – Exclamó sorprendido Johnny, pero ¿realmente estaba enamorado? ¿Enamorado de Jackie? Pensó fríamente Johnny por un segundo, saliendo completamente de su estado depresivo.
- "No, no me gusta por lo menos no me gustaba… por otro lado yo… eh nunca he conocido a un chico como él, un chico al que le agradara todo lo que hago ¿pero podría ser que yo lo amé?" – Se preguntó nuevamente a sí mismo Johnny. Hasta ese entonces, nunca pensó que pudieran gustarle las chicos o por lo menos creía que no podían gustarle, pero nunca había conocido a un chico como Jack, un chico al que le gustara todo lo que hacía, tal vez Jack no era una sexy mamacita hermosa, tal vez sus gustos de vestuario fueran particulares, pero ¿podría ser que le amara? Quizás Jack no era tan guapo como él, pero tenía una encantadora forma de ser.
- Ahggggg ¿a quién quiero engañar? – Se recriminó Johnny, Jack era el chico más guapo que jamás había visto en su vida, quizás era cierto que Jack no era una sexy mamacita linda como las que tanto le gustaban, pero hey ciertamente era todo un papacito.
- ¿Qué va a ser de mí? ¡Johnny está enamorado! ¡Traigan a los sabuesos, llamen a la policía! ¡Qué alguien me ayude! – Gritó eufórico Johnny con su característica voz, al darse cuenta de sus sentimientos por Jack.
Jack era el chico más guapo que jamás había visto, le encantaba observar la profundidad de sus hipnóticos ojos oscuros, le gustaba la forma en que el chico le sonreía y le hacía preguntas de aquel mundo, le encantaba pasar tiempo con él y tomarle de la mano, le encantaba compartir parte de su vida con el chico y más aún, le encantaba hacer algo que jamás hacía con nadie: escucharle. Porque sí, a Johnny le había encantado escuchar la suave voz del chico aquella noche de pesadillas contarle sobre su vida como un guerrero samurái, también recordaba al chico haberle hablado de un poderoso demonio que le había atormentado y con el que había luchado. ¿Pero por qué hasta ese entonces Johnny recordaba todo? No lo sabía, pero ¡lo recordaba! ¡Lo recordaba porque Jack le importaba! ¡Porque amaba a Jack!
- ¡Oh cielos! – Exclamó Johnny, al darse cuenta de que había estado actuando como un total, completo y patético perdedor. ¡Si había alguien que le gustaba debía actuar como siempre! ¡Debía ir tras ese sexy papacito lindo! Y por supuesto ¡usar todo su encanto a la Johnny Bravo!
- Es la hora de usar el mejor encanto de Johnny Bravo. – Dijo Johnny recuperando completamente su confianza y volviendo a ser el mismo de siempre.
- ¿Cuál es ese Johnny? – Expresó extrañada Suzy, pero sonriendo al ver que Johnny volvía a ser el mismo de siempre, alegre y confiado.
- Ser yo ¡Y Johnny Bravo en eso es el mejor! ¡HUM! ¡HA! – Exclamó recuperado Johnny realizando sus típicos movimientos de karate, dispuesto a recorrer toda Ciudad Arón con tal de encontrar a ese lindo pimpollo de Jack para hacerlo oficialmente su chico número 1.
- ¡Nos vemos pequeña vecinita! ¡Es hora de que el gran Johnny batee un jonrón! – Y con ese entusiasmo comenzó su intensa búsqueda por el chico que amaba.
- ¡Buena suerte encontrándola Johnny! – Le gritó animada Suzy deseándole lo mejor a Johnny. Sin embargo antes de que Johnny se fuera, se giró para decirle:
- Johnny Bravo se cansó de que Doña Suerte le trate tan mal con esas sexys mamacitas lindas arrogantes que desprecian al gran Johnny, desde hoy yo haré mi propio destino, y Johnny dice que quiere perseguir a ese lindo chico de Jackie. – Le dijo Johnny y con esas palabras se marchó para ir en búsqueda de su destino, dejando a una muy sorprendida Suzy, quien sólo sonrío deseándole lo mejor a Johnny para decir:
- Buena suerte encontrando a tu chico, Johnny.
Notas de la Autora:
¡Por fin! Esta vez quise traer un largo capítulo debido al tiempo que no pude actualizar, me esforcé mucho para desarrollar sus sentimientos lo más que pude. El próximo capítulo es el penúltimo y es el desenlace de la historia, ya que el último es el lemon que tanto quise escribir y que me motivó a escribir la historia, quería escribir un lemon super sexy, pero como no me gustan los fics con lemon sin trama tuve que crearle todo un desarrollo, y ahora el lemon es lo menos relevante. Gracias de todo corazón a quien sea quien lea esta historia que escribí con todo mi amor y que considero mi hija, pero en especial agradecimiento a Brusk :) ¡Muchas gracias por tus alentadores comentarios!
