Buenas! Siguiente capítulo amigos y amigas, espero que os guste :)

Muchísimas gracias por leer, comentar y seguir la historia, se aprecia mucho, en serio. Esta semana, además, veo que se ha animado un pelín más la cosa en los comentarios :D y yo que me alegro.

Bueno no digo nada más, si hay algo más que decir u opinar ya sabéis, escribidme!

Un abrazo y a leer!

Disclaimer: ni The 100 ni sus personajes me pertenecen.

ENCUENTROS

Clarke seguía en sueño profundo cuando notó que alguien le daba golpecitos en el brazo.

- Clarke, despierta, debemos irnos – oyó la voz de su madre -. El campamento está dormido, este es el momento.

- Ahora mismo prefiero alterar el tiempo y el espacio que levantarme, en serio – se oyó decir a Raven de fondo.

- Lo siento, chicos, pero este asentamiento grounder está lleno de toda la gente que conocemos y que nos conocerá en el futuro. Ayer vi a Indra de lejos, y seguramente estarán rondando por aquí Titus y obviamente Lexa – Abby respiró fuertemente -. Debemos buscar a otro líder que nos ayude.

En el fondo todos lo entendían, a pesar de que sus emociones los ataban a ese poblado, al menos a Kane y a Clarke. El hombre había manifestado su deseo de ver a Indra, solo por ver cómo estaba, pero también entendía la enorme responsabilidad que cargaban encima y que no podía ser. Así que todos cogieron sus escasas pertenencias y se dispusieron a buscar una salida. Todavía no había amanecido, el campamento entero dormía, salvo varios guardas que vagaban entre las tiendas, los que custodiaban la tienda de la Comandante, y los de la entrada. Buscaron algún hueco para escapar por la muralla de restos humanos, pero parecía inexpugnable. Decidieron probar suerte saliendo por la puerta por la que habían entrado.

Kane se aclaró la garganta antes de hablar.

- Buenos días, sé que nuestra visita ha sido fugaz pero creemos que nadie puede ayudarnos aquí – dijo, con su tono educado y afable -. Además, no queremos molestar a la Comandante, hemos oído que tiene mucho trabajo.

Su discurso no sonó muy grounder, pero los guardas lo escucharon atentamente. Se miraron entre ellos y volvieron a dirigirse al grupo.

- Tu acento me dice que no eres de por aquí, y otras muchas cosas me lo dicen – uno de los imponentes guardas entrecerró los ojos mientras los escrutaba -. Me temo que tenemos órdenes de no dejar entrar ni salir a nadie si no es con el consentimiento de la líder de Tondc.

- Pero somos una familia humilde, simplemente queremos dejar tranquilamente este asentamiento y buscar fortuna en otro sitio.

- Lo siento, ya me has oído.

- No nos puedes retener a la fuerza – saltó Clarke -. Puedes registrarnos si quieres, nos vamos en son de paz.

- Debéis seguir las reglas de la zona.

- Y las seguirán – una voz firme de mujer sonó detrás del grupo.

Todos se giraron rápidamente al reconocer la voz.

- Habéis sido afortunados, la líder misma ha venido en vuestra busca – dijo uno de los guardas.

- Llegasteis ayer demandando un encuentro con la Comandante, ¿y ahora os queréis ir?- Dijo Indra con algo de desprecio, el mismo que mostraba al principio con la sky people, cuando se conocieron – Me temo que no, pues ella ya os ha incluido en sus planes para hoy, de hecho, sois la primera visita. ¡Andando!

Se miraron entre ellos. La cara de Kane no podía expresar más emociones al mismo tiempo, se podía percibir perfectamente su inmensa alegría por ver a su allegada amiga grounder, en su máximo esplendor, dura y terca; y también mostraba el desconcierto de la situación, porque estaban en un poblado grounder y su amiga los trataba como si no los hubiese visto nunca, obviamente. Este encontronazo con Indra les ayudó a aceptar que verdaderamente habían retrocedido en el tiempo, que las personas que conocían todavía no eran esas personas que conocían unos años después. Clarke se intentó grabar ese mensaje en la mente.

Llegaron a la puerta del edificio político donde se hacían las reuniones, ese edificio que Clarke conocía muy bien, pues ya había estado ahí, en el futuro, con Lexa, tratando de formar una alianza. Ya estaba amaneciendo, vieron los primeros rayos de sol aparecer de entre las escasas nubes que había, y ellos permanecían en la puerta esperando a que Indra les diese una señal.

- Seréis la primera cita que reciba hoy Heda – explicó la guerrera -, si se os ocurre hacer alguna estupidez contra ella os rajaré la garganta antes de que abráis la boca, ¿entendido?

Asintieron mansamente.

- No esperaba menos de ella – susurró Raven junto a Clarke.

"Desde luego, ese espíritu de ataque nunca la abandona, ni la abandonará". Pensó la rubia.

En ese momento, vieron acercarse a un pequeño séquito. Gustus iba al frente, otro guarda junto a él, tras ellos Titus, y junto a él, Lexa, seguida de otros guardas que Clarke había visto alguna vez. La Comandante caminaba con desenvoltura, con más frescura y menos rigidez de lo que lo haría más adelante, pero tenía ese semblante serio que la ayudaba a concentrarse en sus tareas, y eso seguía imponiendo. El séquito pasó por delante del grupo skaikru sin mirarlos, y entraron directamente. Aunque Clarke era consciente de la situación y de que Lexa todavía no la conocía, no dejaba de dolerle. La tenía delante. Había pasado a su lado. Sólo quería correr hacia ella y sacudirla por los hombros, y decirle, "hey Lexa, soy yo, Clarke, recuérdame, ¡tienes que recordarme! Es imposible que no te acuerdes de mí." Pero evidentemente no se acordaba, porque todavía no la conocía. ¿Qué pasaría si se volvían a conocer? ¿Volvería a despertar sentimientos en Lexa? ¿O su romance fue fruto de la situación que estaban viviendo?

Estos pensamientos asediaban la intranquila mente de Clarke cuando Indra habló.

- Vosotros dos – dijo, señalando a Abby y Kane -, seréis los encargados de comunicar vuestro mensaje a la Comandante. Entrad.

Los adultos obedecieron. Clarke no pudo dejar de sentir una punzada de envidia, no veía el momento de volver a mirar esos ojos verdes que la abrasaban por dentro.

- Pues nada, a esperar – Raven se sentó en una roca, bajo la amenazante mirada de Gustus, que custodiaba la puerta de nuevo.

El guarda y la morena se sostuvieron la mirada durante unos segundos, a saber qué clase de emociones y pensamientos de futuro, pasado y presente se revolvieron y cruzaron en esos instantes. Era curioso, eran las mismas personas, metidas dentro de los mismos cuerpos, y sus pensamientos eran tan diferentes de la última vez que se habían visto. Pues la última vez que se habían visto, Lexa estaba clavándole una espada a Gustus en el corazón. Ahora, él estaba muy lejos de imaginarse en qué condiciones moriría. Sin embargo, Raven lo sabía, y bajó la mirada, se dejó ganar en esa pequeña batalla invisible.

Tras unos minutos eternos, Kane y Abby salieron de la tienda, un tanto ofuscados aparentemente.

- Es un asunto de vital importancia, no sois conscientes de la gravedad del asunto – se quejaba Kane, tratando de guardar los buenos modales todo lo posible.

- En la vida hay más problemas que las guerras, ¡hay problemas que las superan! - Abby trató de zafarse del poderoso brazo de Indra.

- ¿Qué ocurre? - Preguntó Clarke.

- A la Comandante y a sus allegados no les parece que sea un tema de tanta importancia ahora mismo, se puede posponer...- su madre puso los ojos en blanco – No podemos esperar más, hay que hacer algo y los líderes deben tomar partido en esto.

Por un momento, Clarke olvidó donde estaba, quién era, e incluso la situación en la que se encontraba. Su fuerte carácter se arremolinó como tantas otras veces para generar una reacción de acción instantánea, que la llevó a levantarse como un rayo y cruzar las puertas del edificio antes de que Gustus fuese consciente de lo que estaba ocurriendo. Ni siquiera pensó con quién se iba a encontrar una vez estuviese dentro, su temperamento la había cegado. Pero su corazón, sabio, latía con fuerza.

La oscuridad salpicada por la candidez de decenas de velas la recibieron. Su vista tardó unos instantes en adaptarse a esa escasa luz, y cuando lo hizo, pudo distinguir una gran mesa en el centro de la sala. Varias personas se disponían a su alrededor, y en el centro de todas ellas, Lexa. La muchacha se apoyaba en la mesa como un General de un ejército ya cansado de hacer planes de guerra. Levantó la cabeza en un suspiro al ver a Clarke irrumpir repentinamente. Los grounders que se encontraban con la Comandante se pusieron en posición de ataque, pero ella ni se inmutó, y simplemente esperó a ver el propósito de la rubia extranjera que se había atrevido a invadir su reunión sin ningún remordimiento.

- Siento entrar de esta forma pero el problema que traemos es realmente urgente – dijo Clarke de carrerilla -. Tienes que ayudarnos, Lexa.

Inmediatamente después de decir ese nombre se arrepintió de ello. No estaba tratando con la Lexa que conocía, todavía no se había transformado en ella, y esta Lexa no sabía quién era Clarke, lo cuál la ponía en una situación de peligro. Se quedó respirando entrecortadamente, mirando al séquito que rodeaba a la Comandante, y mirando a esta última, que le devolvía una intimidante mirada directa a sus ojos. Lexa se incorporó y empezó a caminar de forma pausada e insidiosa hacia esa forastera que había osado dirigirse directamente a ella. Clarke la miró mientras se acercaba, su corazón le iba a reventar como siguiese acercándose, no podía controlar sus emociones en ese momento, y eso la alteraba. Finalmente, Lexa paró justo delante de Clarke, Clarke incluso podía sentir su tranquila respiración sonando al compás de la incertidumbre. Pero lo que de verdad la sobrecogió fueron esos anhelados ojos verdes que ahora la miraban con algo de desprecio, y penetraban en su alma tratando de descifrarla y desarmarla, como cuando la conoció por primera vez.

- Preséntate, extranjera – dijo, arrastrando las palabras con altanería.

Clarke apenas podía hablar, la presencia de su amante, justo delante de ella, la había despojado de toda su entereza y determinación, y se había convertido en una joven dudosa y quebradiza, aunque solo fuese bajo esa mirada verde que la torturaba. Todo lo que dijo, lo dijo sin pensar, veloz, como una autómata.

- Soy Clarke. Mi familia y yo hemos viajado mucho, y en nuestros viajes hemos visto muchas cosas, muchas. Lo que mis padres intentaban transmitir, es la preocupación que tenemos por esos edificios nucleares. Mi hermana Raven, que tiene debilidad y mucho conocimiento de esos asuntos, ha...detectado algo en ellas. Y probablemente causen problemas pronto, muy pronto, y problemas graves. Ahora el viaje nos ha traído hasta aquí, y confiábamos en que tú, Leksa kom Trikru, nos ayudases a manejar la situación.

- Estamos en vistas de una guerra, ¿por qué debería desviar mi atención hacia unos edificios que pueden esperar su reparación?

- Porque se nos acaba el tiempo – dijo con solemnidad -, y si esas centrales van a peor, no habrá guerra que librar.

Clarke quería transmitirle con la mirada todo lo que su boca, su memoria y su corazón guardaban y callaban. Quería decirle que había visto lo que pasaría de una forma que no podía imaginar, que el mundo se iría a pique si no los ayudaba, y quería decirle que confiaba ciegamente en ella, que siempre lo hizo, y que siempre lo hará. Pero no tenía ningún sentido decirlo en ese momento, para profunda tristeza de Clarke. La Comandante parecía estar escuchando ese silencio de alguna manera, como si entendiese parte de lo que cruzaba la mente de la rubia, o al menos, como si quisiese entenderlo. Meditó rápidamente mientras seguía escrutando a Clarke, que apenas podía sostener esa mirada. Al fin, habló.

- Os concederemos caballos para que viajéis más rápido, y una carta firmada y sellada por mí que os evitará problemas – explicó la grounder, y añadió, ya girándose para volver a la mesa -. Os acompañaré a una de esas centrales para valorar la situación. Ahora, fuera, tengo trabajo. Esperad a mi señal en unos días, y partiremos.

El orgullo que sintió Clarke por Lexa fue inmenso. Una vez más, la Comandante hizo gala de esa flexibilidad innata que la haría destacar sobre los demás Comandantes el resto de su vida. Ya sobresalían sus primeros ápices de tolerancia y sentido común, y esas ganas de ver más allá de lo que su cultura ve. Clarke salió de la tienda y se encontró con los rostro interrogantes de sus compañeros.

- Está todo arreglado, en poco tiempo partiremos hacia la central más cercana.

- ¡Sí! ¡Eso es! - Gritó Jasper.

- Lexa siempre fue así, ¿eh? - Dejó caer Kane con una sonrisa.

- Da igual que sea en el futuro, pasado o metida dentro de un cachibache, siempre nos salva el culo esta chica, eso hay que reconocérselo – admitió Raven, poniéndose en pie -. Y ahora, otros temas importantes, ¿puede ir alguien a cazar un conejo o algo? Me muero de hambre, ¿qué desayuna esta gente?

Clarke, aunque hambrienta, sintió que necesitaba airearse un rato. Les dijo a sus compañero que los buscaría para la hora de comer. Abby rodeó los hombros de Clarke y la abrazó, comprendiendo a la perfección la fatídica mezcla de emociones que debía de estar sintiendo su hija. Empezó a caminar en otra dirección, al principio sin rumbo, luego se dio cuenta de que conocía esa zona y que cerca había un riachuelo.

Se sentó en la orilla del estrecho río, mirando cómo el agua cristalina bajaba serenamente por el cauce, empezando a resplandecer bajo los primeros rayos de la mañana. Ya se oía el canto de los pájaros adornando el ambiente matutino, dirigiéndose melódicas notas entre ellos o al mundo. Cogió una piedra plana y la lanzó, sin prestarle mucha atención.

"Definitivamente, no hay vuelta atrás, ya hemos mantenido contacto con Indra, Gustus y Lexa, tendremos que asegurarnos de que les borramos esto que están viviendo como sea"

Trató de no pensar en sus emociones, simplemente intentó paliarlas y contenerlas, ahogarlas bajo la tarea principal que los había llevado allí, salvar el mundo.

"No sé qué nos encontraremos cuando lleguemos a la primera central, pero desde luego nos van a tratar de locos"

El sonido de los pájaros se mezcló con el de un leve viento que movió suavemente las hojas de los árboles. Clarke cerró los ojos y aprovechó para disfrutar de esa fresca brisa que arrullaba su rostro. No fue hasta instantes después de entrar en ese estado de calma que un nuevo sonido se incorporó y se diluyó entre el canto de los pájaros y de las hojas. Se giró para buscar el origen de esa voz, pero no vio a nadie. Era alguien cantando una suave melodía. Se giró de nuevo, y al fin pudo ver a una chica salir de entre los árboles cargada con una cesta de frutas a medio llenar. La chica era esbelta y jovial, o esa fue la primera impresión de Clarke. Tenía el pelo castaño claro recogido por detrás, salvo algunos mechones que le caían alegremente por el rostro y algún pequeño bucle que descendía hasta sus hombros. Tenía un color de piel tostado, que estaba al descubierto en sus brazos y su pecho, lo demás lo cubría su ropa grounder que la marcaba como un miembro trikru.

En otro momento a Clarke no le hubiese gustado su compañía, pero el cántico risueño que la chica desprendía arropó a la rubia y la puso en sintonía con la agradable mañana.

- Ra ra ra ra...¡oh! Vaya, no me había dado cuenta de que este rinconcito ya estaba ocupado – dijo la chica al ver a Clarke sentada en la orilla y mirándola -. No es esta una parte muy transitada del río, la verdad, pero me alegro de tener compañía.

La chica sonrió.

- Puedes seguir cantando, no te preocupes por mí.

- Eso es un detalle, ¡gracias! - Y con energía se dispuso a sumergir las frutas que cargaba, una por una, en el agua del río – El agua limpiará la suciedad de la fruta. A mí no me preocupa, pero mi chica se empeña en lavar toda la fruta, además, dice que sabe más fresca así. En eso tiene razón.

"Mi chica"

- No es una mala costumbre, parece ser.

- No lo es, no – se giró hacia Clarke y le dirigió una mirada avellanada, con unas pestañas negras y pobladas -. ¿Eres extranjera, verdad? Perdón por la indiscreción, se nota mucho – rió -. Ya se empieza a hablar por ahí de vosotros, ya sabes, en estos poblados cualquier cosa resulta interesante...

- Ya me imagino – dijo Clarke, sonriendo -. Hemos venido para solicitar ayuda de la Comandante, y por suerte nos la ha concedido.

- Oh, la Comandante, nunca me acostumbraré a ese nombre... - la joven se puso un mechón detrás de la oreja, suspirando – No me sorprende que haya decidido ayudaros con lo que sea que os ocurra, habéis tenido suerte de que sea ella la que gobierna este lugar.

A Clarke le dio la impresión de que conocía a Lexa, la conocía más allá de su puesto de Comandante, pues la expresión de júbilo que iluminó su cara cuando Clarke nombró a la Comandante no pasó desapercibida.

Oyeron a alguien más acercarse por detrás.

- ¡Costia! Te estamos esperando.

Clarke se quedó de piedra. Reconoció la cara de una vieja conocida entre los árboles, Anya. Y reconoció a la joven que se encontraba a su lado, incluso cuando no la había conocido nunca. Costia, la novia de Lexa. "Mi chica".

A pesar de que Clarke quería evitar el abordaje de emociones, le sobrevinieron como un tsunami al corazón.

- Me esperan – dijo Costia -. Ha sido un placer compartir este pequeño rato, tu nombre es...

- Clarke – no pudo decir nada más.

- Encantada, Clarke. ¡Nos vemos pronto! - se levantó, se dio media vuelta y se fue junto a Anya.

Clarke la siguió con la mirada. Acababa de conocer a la que fue novia de la persona que amaba, la novia que supuestamente estaba muerta, o que debía morir en algún momento. No había contado con encontrarse a Costia, no concebía el tener que lidiar con Costia y con Lexa a la vez, esto iba a sobrepasar sus límites. El conocer a esa chica, tan hermosa y agradable, tan cercana a Lexa, le había caído como una losa. Pero ahora era algo con lo que tendría que convivir, le gustase o no, e iba a ser probablemente la prueba más dura.