Al morir el alba

Historias dentro de la Historia

Angie Velarde / Angie Jb

2010, editado 2015

Parte 4 y última


Albert entró a la biblioteca sin prisas. Ahí estaba Neil, de pie frente a él, mirándolo fijamente. A primera vista parecía que el tiempo no había pasado por Neil. Seguía siendo aquel joven moreno reservado, hosco, altanero de ayer…, pero cuando Albert se acercó y lo encaró aún sin mediar palabra, se dio cuenta que no era el mismo. Ni en altura, ni en su otrora actitud huidiza. Neil no desvió su vista como solía hacerlo, no. Sostuvo la mirada escrutadora de Albert con una despreocupación ciertamente desafiante. Un talante más maduro, pero igualmente inquietante.

De entrada, Albert entendió que no podía manejar las cosas como antes, ni debía bajar la guardia. Su voz resonó en la habitación.

- Toma asiento Neil, por favor…

Dudando un momento, Neil permaneció de pie en el mismo lugar. Hacía casi dos años se había apartado del clan Andrew al igual que de los propios Legan. Específicamente desde la fiesta de compromiso de Albert y Candy, cuando Elisa salió ebria y despavorida del gran salón del Hotel Chicago, después de su encuentro con la tía Elroy.* Neil vagó de aquí para allá por las principales capitales industrializadas del país… ¿Qué había hecho de su vida desde entonces? Albert tenía una somera idea, pero nadie lo sabía con exactitud…

Tras esos segundos de indecisión, Neil sacó las manos de los bolsillos del pantalón y se encaminó a tomar asiento en el sillón que le indicara Albert. El joven se recargó en el respaldo del mismo y cruzó su pierna con calculada serenidad e indiferencia.

Albert se sentó frente a él en un enorme sillón ejecutivo, devolviendo una enigmática mirada a Neil. Luego sonrió de forma protocolaria.

- En primer lugar Neil, te agradezco que hayas venido tan rápido y sin haberte solicitado con anticipación una cita…

- Bueno "Tío abuelo" William – el sutil tono de burla en las palabras de Neil, no pasó desapercibido para Albert - …fue extraño recibir su invitación, sobre todo el día de hoy por lo que supuse que se trataba de algo especialmente urgente,… y bueno, aquí estoy, aunque la verdad esto me incomoda bastante y quisiera marcharme cuanto antes…

Albert sabía que sus encuentros con Neil habían sido además de escasos, desafortunados. No había vínculos afectivos ni familiares valederos entre ambos, así que entendía perfectamente la postura del joven. De la misma forma se sentía él. Neil iba al punto. Era mejor así.

- Bien, entonces sin rodeos ni ceremonias Neil… solicité tú presencia porque algo me dice que hoy debo cuidarme de ti… más que nada, que debo proteger a Candy de ti…

Neil lo miró con frialdad sin inmutarse.

- ¿Y me trajo hasta acá por "algo"? ¿Un presentimiento?, ¡Vaya con el Tío William! – dijo por fin pintando en su rostro una sonrisa burlona.

Dándole parcialmente la razón a Neil, Albert sonrió burlándose escasamente de sí mismo, pero tras recordar la naturaleza de ese "simple" presentimiento, su semblante se ensombreció. Retomó su semblante y su mirada seria. La sonrisa de Neil se fue apagando. No se trataba de un asunto menor.

- Un presentimiento muy difícil de ignorar Neil… permíteme explicarte el por qué… - continuó Albert con el mismo tono de sobriedad inicial, sin subir ni cambiar el volumen de su voz, y con toda su atención puesta en las reacciones del joven.

- Para explicarlo, primero debo hacer memoria sobre temas que no son muy agradables. Seré breve, y empiezo por la historia de nuestros nefastos encuentros que han sido todo un fracaso. En realidad, varias veces has sido una muy anticipada y recurrente maldición. No ha habido actos relacionados contigo que pueda considerar desinteresados o por lo menos, inocuos. Aprovechaste tu posición para abusar de los demás, una y otra vez, y nadie me lo contó, yo estuve ahí. Claro que todo eso ya pasó, y sobre el pasado no se puede hacer nada salvo aprender… Comprenderás que cualquier presentimiento con respecto a ti, no es uno que sea fácilmente desechable…

Neil dejó salir un bufido aburrido, pero no interrumpió. Ya estaba habituado a sortear sermones de su padre y ocasionalmente los de su madre y la misma tía Elroy. Ahora uno más a la cuenta del "tío abuelo", no eran nada…

- …Francamente – siguió Albert - no me había acordado de ti en mucho tiempo. Te aseguro que yo tampoco tenía en mente platicar contigo ¡precisamente hoy!, pero luego de cierta fijación con la que desperté, entendí que era indispensable hablar. Lo es por lo menos para mí. Obviamente, eso no implica que lo sea para ti. Por todo esto, nuevamente agradezco tu presencia, te importe o no que lo haga…

Albert miraba a Neil con calma, sin perder detalle de la forma tan evidente en que fingía no hacer caso de lo que hablaba.

- Bien. Por lo expuesto, mi sentido común me dice que es mejor olvidar si quiera que existes, poniendo indefinidamente una considerable distancia de por medio. Pero, eso ya ha ocurrido. Desde hace unos años no coincidimos en nada para bien o para mal. La cuestión es entonces, que si bien la distancia nos ha permitido vivir en paz entre nosotros (y me refiero a ti, a Candy y a mí), hay situaciones que deben prevenirse y fincarse en algo más que cientos de millas… de pronto parece que la distancia en ciertas "circunstancias", no es suficiente.

No te pedí que vinieras para encerrarte en un calabozo o desaparecerte para tener bajo control el factor de peligro que pudieras representar para quienes amo, de modo que ningún inoportuno presentimiento me esté alertando sobre ti periódicamente por el resto de mi vida. No te preguntaré qué sientes por Candy, sea resentimiento o sentimiento de cualquier índole. No te preguntaré cuál es el concepto en el cuál la tienes a ella o a mí, o a los dos, o lo que esperas que suceda o no con nuestro matrimonio. No te estoy pidiendo que respondas preguntas que no desees responder. Lo que principalmente estoy haciendo es ratificar, dejar claro el hecho que bien conoces, el de que defenderé lo que amo frente a quién sea hasta las últimas consecuencias, y que no toleraré ni la menor posibilidad de agresión en contra de mi familia… Que utilizaré todas las herramientas a mi alcance para lograrlo… todas…

Neil apretó las mandíbulas, conteniendo apenas la pregunta obvia que Albert contestó sin más.

- Y si, es una amenaza…

Tras un incómodo silencio, Albert desvió un poco su vista al jardín donde los sirvientes ya daban los últimos toques previos a la boda. Nuevamente se volvió a Neil y con suma tranquilidad continuó.

- Podría mostrarte cual es la capacidad real de respuesta de la que dispongo, si me tientas…mandarte lejos y mantenerte alejado no es tan complicado como parece Neil… Pero también existe otra posibilidad… La de que puedo estar totalmente equivocado, y entonces, me corresponde simplemente ofrecerte el beneficio de la duda…

Por primera vez, la sorpresa apareció en el rostro de Neil Legan, aunque solo por un momento…

- ¿Quién dice que esto no es más que la ociosa necesidad y necedad mía de culparte por algo que tú no has hecho, y que probablemente no pretendas hacer? Cabe la posibilidad de que a ti, te importe un bledo lo que hagamos de nuestra vida, y por lo tanto todo lo que te he dicho sean solo estúpidas conjeturas mías, producto de estúpidos presentimientos…, Y si es así, si estoy en un error, puedes corregirme ahora mismo "sobrino", y me disculparé en el acto ante cada palabra que has escuchado…

Neil enarcó una ceja con incredulidad.

No esperaba esas palabras, después de todas las amenazas veladas en sus argumentos previos para alejarlo de la familia y de Candy… de Candy… hace tiempo que su nombre había dejado de representar su tabla de salvación económica y emocional. La chica era un enigma para él. No sabía decirse ni a sí mismo lo que sentía por ella… solo sabía que estaba cansado de pelear…

Neil lo miró sin expresión y permaneció en un obstinado silencio, pese a las continuas y duras aseveraciones de Albert quién ya le había dicho que no lo obligaría a decir nada que no quisiera, pero que en realidad necesitaba escucharlo sincerarse por su voluntad. Albert todavía no había agotado todos sus recursos para provocar la respuesta de Neil. No pensaba sacar a colación temas más sensibles pero, dadas las circunstancias,…

- Sin demeritar tu propio talento para crear conflictos Neil, en el fondo creo que no has tenido oportunidad de ser tú, lejos del influjo adverso de tu hermana y de tu señora madre…

Neil visiblemente molesto negó con la cabeza. Ahora el tío arremetía contra su familia. Ya se había tardado. Sonriendo sarcásticamente intentó permanecer callado pero, desde el estómago empezó a sentir una coraje creciente y evidente, que bien sabía Neil no terminaba bien las más de las veces. Albert sonrió imperceptiblemente y continuó:

- Somos adultos Neil. Podemos hablar sin tapujos. Lo cierto es que la influencia de tu madre ha sido perniciosa tanto para ti como para Elisa. Tu hermana no tiene remedio, es tu madre vuelta a nacer…, pero tú… me atrevo a pensar que no ha sido totalmente justo hacer juicios acerca de ti, aún a pesar de todo… ¿Me equivoco al pensar que "en ti sí podemos confiar"? ¿Es tan riesgosa esta apuesta a tu favor, Neil? – insistió Albert, enfatizando ciertas palabras con toda intensión y presionando a Neil de forma insidiosa.

Finalmente, Neil habló, escupiendo lentamente sus palabras.

- No sé si usted esté preparado para escuchar mi respuesta…

- Pruébame… – respondió Albert sin moverse de su lugar.

Neil dejó escapar una sonrisa huraña y luego empezó, con un altivo tono de disgusto imposible de ocultar.

- Estas palabras suyas son tan… inesperadas, que realmente me parece imposible haberlas escuchado. Pero lo más raro es que francamente no me importan.

Vamos por partes.

No deseo el "beneficio de la duda" que me ofrece en primer lugar porque no necesito su venia para vivir "tío abuelo"…

Me ofrece su confianza después de restregarme lo que he hecho sin más. Primero me trata como tapete y luego se inclina a recoger mi despojo. ¡Qué "nobleza" de su parte!… Pero no "tío". Yo sé lo que le digo. No me ofrezca su confianza. Escúcheme bien. No lo haga. No le puedo garantizar nada. No sé si yo sea confiable siquiera para mí mismo.

Siento que tengo una vida prestada y le aseguro que estoy en proceso de encontrar la que me corresponde y que cuando lo haga seré simplemente quién yo quiera ser. Y eso podría significar que seguiré siendo el mismo que usted ha conocido, o alguien todavía más "nefasto" y por quién tendrá todavía más "sobradas razones para preocuparse"… "Ese" ente resultante, seré yo. Les guste o no les guste, sea o no conveniente para cualquiera, incluyendo entre esos "cualquiera" a toda la estirpe de la familia Andrew… Y si esto que puedo ser o que ya soy es solo producto de mis actos y exclusiva personalidad, o es producto de un nudo de tendencias de maldad genéticamente transmitida por la sangre o la crianza de Sarah Legan es cosa aparte, porque como quiera que sea siempre estaré orgulloso de ser su hijo. Eso no se cuestiona, y le exijo que respete en sus dichos a mi madre y mi hermana. Seamos lo que seamos, tenga o no razón con lo que asevera usted, no permitiré que las ofenda.

No necesito su sermón, ni su indulgencia, ni otra oportunidad, puede guardárselas… pero, se lo agradezco de cualquier forma. Incluso, le agradezco la amenaza explícita porque es mejor seguir conociéndonos como realmente somos…

Neil alzó la vista hacia el fino candelabro que colgaba entre los dos, y con evidente fastidio volvió a ver a Albert para terminar de una vez esa plática que le resultaba sumamente desconcertante. Neil se levantó de su lugar visiblemente incómodo.

- En conclusión…Puede estar tranquilo… ¡Estoy aburrido de pelear y pelear por un lugar que ni siquiera deseo en realidad!... Mi vida, está hecha lejos de la parafernalia de la "noble" familia Andrew, y si puedo darle gracias al cielo por algo, será por eso. Creo que puedo encontrar muchas alternativas más interesantes en las cuáles invertir mi tiempo, que en estar por aquí viendo sus rostros "felices" y "perfectos", restregándome esas y otras muchas historias que me amargan la vida y que quisiera borrar de mi mente. Tenga por seguro que dentro de mis planes no figura seguir torturándolos, y me refiero sobre todo a Candy.

Eso es todo lo que puedo ofrecerle… y tampoco es una promesa a largo plazo, es solo mi intención aquí y ahora…

Albert lo miró fijamente antes de responder con seriedad, desde su escritorio.

- Eso es suficiente para mí Neil… también por ahora…


Neil abandonó la Mansión sin demora. Le afectaba demasiado estar en esa casona que le traía recuerdos tan ingratos de su infancia y juventud. Además por ningún motivo se quedaría a presenciar la boda de Candy y Albert. Eso solo coronaría la tristeza que significaba para él.

Ni siquiera puso atención en las personas con las que se topó en su veloz caminata a la salida. Era como si estuviera a punto de ser liberado de un largo encierro, a punto de volar, de abandonar un estorboso e inútil lastre y toda su voluntad estaba concentrada en hacerlo realidad. Sin detenerse un segundo, llegó a su auto y lo arrancó con un rugido que cimbró los cristales de la fachada de la Mansión, dejando una nube de polvo sobre la pequeña glorieta repleta de flores.

Varias millas más allá, lejos del camino principal a la Mansión que ya estaba invadido de autos de invitados a la boda, por fin se detuvo bajo la fresca sombra de un conjunto de árboles, donde iniciaba el bosque de Lakewood.

Un sudor frío cubría su frente y su respiración frenética iba a la par de su taquicardia que ya dolía en su pecho. Sus manos parecían estar soldadas al volante. Poco a poco fue aflojando sus dedos entumidos por la falta de circulación mientras asumía las palabras de Albert, que resonaban una y otra vez en su cabeza.

Solo su padre de quién tenía algunos lejanos y cariñosos recuerdos de su más tierna infancia, se había aventurado a hablarle así en algún momento, pero él lo ignoró. Luego su padre simplemente sucumbió al carácter dominante de su madre y le permitió contaminar lo que debió ser lo más valioso para él, a sus hijos… Amaba a su madre, pero la verdad era la maldita verdad. Ahora, ya era un hombre y al cabo del tiempo y las circunstancias, sabía que culpar a sus padres por el cauce que había tomado su vida, era solo una punta de la enredada madeja en la que él mismo se había envuelto hasta el cuello, para quedar justo donde estaba, donde ciertamente empezaba todo una y otra vez… Todos esperaban de él lo peor… y él siempre había cumplido con creces esas expectativas. Ahora, simplemente no sabía cómo sacar tanto dolor y rechazo acumulado… las lágrimas empezaron a fluir sin más, sumiéndolo en roncos sollozos que sacudían su cuerpo apoyado sobre el volante… ¡estaba tan harto de esa perversa soledad!

En el pasado fue incapaz de reconocer que el sentimiento que le inspiraba Candy lo atemorizaba y desde entonces, todo lo hizo al revés perdiendo cualquier oportunidad para con ella… La había amado siempre, y la odiaba más por eso. No podía entender como esa niña insufrible y rebelde se había metido en su corazón, y como no salía ni a punta de improperios y malos tratos. Como él no la sacaba de ahí… Así fue. La perdió de forma estúpida e irremisiblemente muchos años ha, cuando lo que más hubiera querido era abrazarla y estar con ella para siempre. De un tiempo acá, creía firmemente que necesitaba renunciar a ella de forma tajante para rescatar un poco de dignidad, olvidándose de todo lo que ella significaba, todavía y muy a su pesar. Renunciar a ella tajantemente… esa era una decisión tomada, tanto si se casaba como si hubiese permanecido soltera. Neil estaba convencido hasta hace apenas unas horas, que su "renuncia" a Candy tenía que ser por demás categórica…

Estiró su mano abajo del asiento del copiloto y sacó una caja de regalo primorosamente arreglada con lazos y fusilerías inútiles… Neil desgarró la envoltura sin miramientos y luego deslizó su contenido sobre sus piernas, admirando con detenimiento su excelente y precisa adquisición, el regalo de bodas que le pareció más apropiado para Candy… bajo la luz difusa que se colaba por la espesura de los árboles, los reflejos metálicos brillaban con dura frialdad en su rostro, mientras giraba el arma en las manos, frente a él…

¡Cuántas ideas concebidas con antelación, perdían sentido ahora!... tomar su vida solo la habría atrapado más en su mente y su corazón…

Cuidadosamente, envolvió el revolver en su abrigo y lo lanzó bajo su propio asiento, partiendo en su auto con rumbo indefinido…


Archie estaba al borde de una crisis nerviosa, mientras esperaba fuera de la biblioteca que Albert y Neil terminarán su inoportuna entrevista. Contaba los segundos con angustia. Era tal su desesperación que ya estaba decidido a allanar el lugar y sacar a empellones a esos dos, para llegar a tiempo a la ceremonia que se celebraría en escasos quince minutos… ¡Quince minutos!, ¡y Albert ni siquiera se había cambiado de ropa!

De pronto, la puerta se abrió y Neil salió casi corriendo, pasando por un lado de Archie sin siquiera dirigirle una de sus soeces miradas. Archie lo ignoró de igual forma. Quién le interesaba era Albert.

Albert salió con el gesto sereno, una sonrisa en sus labios y las manos en sus bolsillos, avanzando con parsimonia hacia Archie.

- ¡Tal parece que vienes de paseo Albert! ¡¿tienes idea de la hora qué es?!

- ¡Calma Archie!.. Podrías enfermar y ¿dónde consigo un padrino a esta hora? – respondió Albert sonriente, pegándole levemente con el puño sobre un hombro – No te preocupes… por nada del mundo me pierdo esta boda…

Diez minutos después Albert apareció perfectamente ataviado, pasando frente al incrédulo Archie que lo miraba con infinita reprobación, siguiéndolo de prisa hasta llegar al portal, justo antes de que Candy apareciera en escena.

La tía Elroy echaba chispas al borde de su asiento y clavó en ambos una mirada feroz. La impuntualidad en un Andrew era simplemente inadmisible, y en su propia boda era poco menos que un desastre de tremendas proporciones.

Archie pasó de largo sin siquiera voltear a verla para evitar una reprimenda que además ni le correspondía, pero Albert con una atractiva, sonriente y desfachatada sonrisa en los labios, se dio tiempo para besar despreocupadamente la frente de su tía, ocupando su lugar justo en el momento justo en que la pieza de Canon de Pachelbel interpretada por un cuarteto de tres violines y un bajo, se esparcía por todo el sitio.

La novia apareció iluminada por los rayos del sol de la mañana que se colaban entre las nubes. El viento mecía su vestido hacia un costado, al igual que los rizos que escapaban de forma natural, de su pulcro peinado a la altura de la nuca. No se movía ni avanzaba hacia el, simplemente lo veía como si estuviera soñando. Candy no podía parar de sonreír, mirando al hombre que amaba tan profundamente, y que la esperaba cubriéndola con su mirada suave e inquietante, enloquecedoramente sutil. En lugar de iniciar la esperada caminata lenta y pausada hasta el altar, la joven pasó el enorme ramo de rosas a una sola mano con decisión, y con su mano libre recogió su falda un poco para caminar con rapidez hacia él y volar a su abrazo dejando toda formalidad de lado. No había recorrido aún ni la mitad del largo pasillo bordeado de docenas de rosas cuando se encontró con Albert, quién la alcanzó presuroso, tomándola por la cintura y ciñéndola a él, saboreando el olor de su cabello, el temblor de su cuerpo, cobijándola en su pecho en una alegría que era imposible controlar. Ante la atónita concurrencia, Albert ofreció su fuerte brazo a Candy, quién inmediatamente lo aceptó posando su mano libre en él, para terminar juntos su recorrido hasta donde el ministro los esperaba entre asombrado y divertido.

Los recuerdos lejanos que guardaba como tesoros, fueron manifestándose uno tras otro para Albert mientras la mujer que amaba atendía las palabras del ministro volviendo una y otra vez sus bellos ojos a su mirada azul. Todavía había mucho por decir de su vida con Candy. Cada momento vivido era parte de un poema que se construía constantemente. Lo imprevisto, lo intuitivo, la costumbre, la sorpresa, su belleza, sus locos arrebatos, todo el conjunto de detalles los unía intensamente. No importaba cuántos años viviera con ella, jamás serían suficientes. La cálida emoción de todas las promesas encubiertas en el roce casual, en la intensa entrega de sus besos, en la esperada noche que se avecinaba al fin…

Albert la miraba de una forma sorprendente, como si pudiera atravesar su corazón y ver su alma, leer su mente, beber su aliento. Era arrebatadoramente suyo, y ella pertenecía a esa, su acariciante forma de entrar en su alma con la divina ternura de sus ojos claros.

Albert eliminó la breve distancia que quedaba entre ambos y tomando su mentón acarició sus labios con un besó largamente esperado, antes de que el ministro hubiera si quiera terminado de hablar y los declarara marido y mujer.

De pronto, una ráfaga de viento repentina voló varios sombreros y sombrillas de los asistentes y gruesas gotas de una lluvia atípica, empezaron a caer sobre Lakewood. La concurrencia, incluido el ministro se precipitaron a guarecerse en el salón de la mansión, mientras los novios permanecían parcialmente protegidos de la lluvia que se iba intensificando más y más, por el pequeño kiosco improvisado bajo el portal de rosas de Anthony …

Bajo el continuo golpeteo de la lluvia, Candy y Albert continuaban sumidos en largos y pausados besos. Los pétalos de las rosas que bordeaban y adornaban el pasillo en las enormes cestas, cayeron al suelo dispersándose por el lugar y revolviéndose con el lodazal del jardín. Candy echó sus brazos alrededor de cuello de su esposo con alegría y luego poniéndose en puntillas, besó su cuello con ternura. Albert acarició su espalda aún con los ojos semi cerrados. Luego giraron un poco para ver el desastre que los rodeaba.

- ¡Toda la decoración del jardín se arruinó – dijo al fin Candy- Otra señal de los dioses que nos dicen claramente que esto está mal… casarte con tu hija adoptiva, ¡Oh Albert! ¿No decían todos que esto era imposible de pensar?... – terminó riendo la joven, mientras el la acercaba tomando posesivamente su cintura.

- Lo único imposible en todo esto, es que temo que mi saco empieza a encogerse… – respondió Albert sacudiendo con un atractivo gesto, el exceso de agua que había salpicado su cabello. Candy acarició su mejilla con suavidad y rió de buena gana.

- …Y que mi maquillaje se corrió, y que mi cabello se está esponjando bajo la tonelada de pasadores que lo sostienen, y que el joven del chelo perdió sus partituras entre el fango…

- ¡La boda perfecta amor! – concluyó Albert riendo y apresándola junto a su pecho, justo cuando un grupo de meseros enviados por la tía Elroy con enormes paraguas llegaban a protegerlos y guiarlos hacia la mansión para continuar la celebración.


A lo lejos, bajo la lluvia que bañaba el portal de las rosas, la alada y tenue presencia de un sonriente rubio eternamente joven, pasó desapercibida.

Su voz amorosa y suave se hacía una junto al murmullo de los rosedales agitados por el viento fresco por la lluvia. Presente desde un lugar silencioso, remoto y por siempre cercano… dentro del primer y del último recuerdo amado, mezclándose entre lo irreal y lo divino… cobijándose entre los sueños, como fruto de esas posibilidades que emanan del amor...

Nuevamente el perfume de los rosedales se impregnó con intensidad en torno a él, antes de que su figura se difuminara entre la lluvia, y sus pensamientos repitieran insistentemente un mensaje acariciante…

"En sus sueños seguiré amándolos,… en sus sueños, los amaré…"


FIN


Notas del autor

La parte 4 de este mini fic (en realidad no está escrito en partes separadas, no necesariamente, pero resultaba muy largo para subirlo de una vez, digo por la cuestión de la lectura ágil y eso), para MÍ, QUEDA DENTRO DE LAS HISTORIAS DENTRO DE LA HISTORIA. Es decir, la situación con Neil y la boda descrita en la parte 4 es mi versión de la boda para la Historia dentro de la Historia. Las partes 1 a la 3 bien pueden ir en HISTORIAS ALTERNATIVAS..., y obviamente entran dentro de mis desfiguros y alucines, que aquí hicieron fiesta XD (y en otros escritos también, ni modo que finja demencia jeje)

¿Qué dije?... ¡Eso! XD ¡Gracias por leer!

Este es mi noveno minific a partir de la historia de Candy y Albert dentro de lo que he llamado "Historias dentro de la historia".

En "Al morir el alba", los subtítulos marcados en azul fueron tomados de la letra de la canción "Me duele amarte" (1) de Reik. Las referencias culinarias corresponden a la página Web .com. El resto del relato es inédito, cualquier semejanza con otros fic o relatos de Candy, es mera coincidencia. Escrito en 2010, estrenado en la Guerra Florida y editado en 2015, ahora ¡julio! ¡ya!

*Ver, Los Diarios de Grace Andrew ;)