CAPITULO IV: Napola

Terminaras por conocer a alguien que sepa tu aroma en cada momento del día

Decir que estaba en un shock postraumático seria poca cosa, pues no estaba ni cerca de tener un shock, estaba más bien a una buena distancia y veía todo desde una buena altura. Como desde arriba, como espectador en el circo de mis emociones. Así sentado en la cama de Jean donde había estado él hace solo cinco minutos antes de que Connie lo sacara de aquí.

Antes de que Reiner se le fuera encima, antes de que Berthold me intentara proteger. No estaban entendiendo nada, pues mi mundo estaba de cabeza, pero sabía que Jean no era el agresor que, aunque me había pegado el primero él no era el malo, él era el defensor, el héroe. Como siempre. Él era el que me había sacado a mí de ese embrollo y a ese mismo lo habían sacado a patadas del cuarto, le habían dicho ''Jean deja a Armin si no quieres problemas''.

Y Jean se salió, pues claro. Él se quería despejar casi tanto como yo, ahora mismo no quería tener a Berthold revisándome las manos vendadas ni limpiándome la boca sangrada ni nada de eso, no quería que ninguno de ellos me estuviera viendo justo ahora, no cuando mis planes con Jean habían sido arruinados por una estúpida pelea 15 minutos antes, parecía que hubiese sido hace una eternidad.

Miraba al pasado y me recordaba a mí mismo comportándome como un imbécil, intentando egoístamente ocultar lo que sentía y el miedo que tuve cuando Jean lo iba a golpear, pues claro que me dio miedo porque sabía que, aunque Jean ganara el encuentro, golpear a un profesor era tener ya toda una guerra perdida.

Y me había obligado a escupirle la verdad a la cara, me había orillado a decirle que intentaba protegerle y ahí estaba yo diciéndole todo eso cuando no debí de haberle dicho nada. Y estaba aquí pensando en el cuándo no debería de estar pensando en nada.

— ¡Jean es un bestia! — gritó Reiner bufando fuertemente.

Tan fuerte que parecía que iba a tirar la habitación con sus bufidos.

—Dile algo Armin, si no va a tirar el edificio — pidió Berthold terminando el vendaje de mi mano, que estaba hecha pedacitos, pero no me dolía tanto como me dolía el alma misma.

—Golpeé a Jean — la voz me salió estrangulada. Me estaban ahorcando una presión interna en mis pulmones algo en la boca del estómago y algo más abajo que había despertado cuando bese la palma de su mano.

Olía a jabón de menta. Jean se lavaba las manos con jabón de menta.

— ¡Eso y más debiste hacer! — gritó Reiner de nuevo mirando la ventana como si alguien o algo estuviera ahí mirándole, y lo estaba, abajo estaba Jean no muy quitado de la pena. Lo sabía, sabía que él estaba ahí abajo, porque sabía que me estaba esperando.

Quería arreglar las cosas.

Y ya habíamos hecho planes para hoy.

—Ven a mi casa este fin de semana — Jean se sacó la mano del bolsillo y se la paso por el pelo café — mi padre celebra su cumpleaños.

— ¿Yo?, no he vuelto a casa desde hace un mes. ¿Por qué?

—Pues por eso mismo, sé que no has ido a tu casa… ninguno de nosotros en realidad. Mis padres me han dicho que vaya y quiero que lo conozcas.

Jean parece nervioso, lo sé por qué no deja de mover los pulgares, tiene las manos entrelazadas y gira los pulgares como desquiciado, me di cuenta de que siempre que está nervioso lo hace, ¿Qué hare yo cuando me pongo nervioso? Estoy seguro de que Jean ya lo habrá notado, pero yo no tengo idea, así pues, lo veo murmurar cosas sobre su casa lejos y sobre su padre y su madre, y habla y habla de todo un poco.

—Está bien.

— ¿Enserio? Pues si genial, ya sabía que dirías que si — por supuesto que no sabía qué diría que sí, porque ni siquiera yo diría que sí, es que no me daba la gana ir a mi casa este fin de semana, no después de todo no. Pero Jean también siempre se quedaba si de verdad necesitaba irse pues yo me iba con él.

—Te esperaré por la tarde el viernes, aquí afuera pasaran a recogerme.

Asentí, porque esa era la forma cortes de Jean de decirme que nos íbamos el viernes y que no me tardara nada en bajar.

Sin embargo, aquí estaba tardándome siglos en bajar, y aunque nos acabábamos de pelear en el campo de golpes, acabábamos también de tener una pelea en el campo sentimental, pues mi corazón se había desbocado y mis labios habían viajado por toda la extensión de su palma que no era suave como la de un príncipe, que no era para nada deliciosa, estaba salada y deliciosamente pegajosa.

Connie entró por la puerta.

— ¿Ya se fue? — preguntó Reiner haciendo un agujero en el piso de madera caminando mientras se movía de un lado a otro, de vez en vez miraba a la ventana y lo miraba.

—No… — dijo Connie abriendo mi taquilla. Pues Connie se estaba tomando la molestia de sacar la maleta que yo ya había preparado previamente desde una noche antes. Pues Connie la iba a sacar por mí y esa era prueba de que la invitación de Jean seguía vigente.

Me levanté como rayo.

¡Qué barbaridad! Como vamos a ver a sus padres así, de este modo tan informal tan recónditamente poco iluminados por nuestros sentimientos propios, Connie tomaba mi maleta, Reiner le veía hacer y Berthold estaba mirando a Reiner queriendo calmarlo con miradas furtivas y extrañadas como buscando explicaciones y a decir verdad yo también quería saber porque Reiner estaba tan enojado, a él no le habían pegado.

—Dice Jean que te va a esperar abajo, que te puedes tardar. Mientras bajaré esto — se puso mi maleta en el hombro y bajo dando tumbos.

— ¿Te vas a ir? — me preguntó Berthold con voz tímida, extrañado, como si supiera que voy a decir que sí, pero esperando que la respuesta sea no.

—Pues… si, la verdad sí.

Para Reiner esto fue el colmo, exploto rojo de la ira.

— ¡Pero si ese idiota, nuestro amigo Jean, te acaba de golpear! Además ¿Por qué te vas a ir a su casa? — He ahí el peine y la respuesta, coloquialmente Reiner nunca se molestaba demasiado en algo — hay algunos que no tenemos oportunidades de irnos a casa.

Y como nunca desperdiciaba la oportunidad de recalcarnos a todos que él no era como nosotros, que su familia no estaba de acuerdo con que entrara en la Napola él se había escapado de su casa y había venido aquí con la oportunidad de ser un mejor y excelente soldado y lo era, vaya que sí. Pero por consiguiente no podía regresar a su casa, eso era lo que más le molestaba. Que Jean y yo nos íbamos a casa mientras ellos tres se quedaban aquí.

—Lo siento chicos — admito que estoy derrotado, pero no puedo quedarme aquí a discutir cuando Jean me está esperando abajo —, pero tengo que arreglar esto.

— ¡Bah! — musita Reiner.

Y al final me bajo yo también dándome de tumbos por las escaleras con la mano punzándome de dolor, con el labio partido y la nariz tapada. Así como si nada me voy bajando las escaleras como quien es controlado por la mente. Pues ya quiero verlo, ya quiero volver a arreglar las cosas, salir de este lugar pesado y buscar un poco de intimidad. Solo un poco

o—o

¡Qué cargado! Estaba bien cargado el ambiente, al final Jean y yo habíamos terminado en el auto sin mirarnos, ni por accidente y contrario a lo que yo creía que él me lanzaría cientos de disculpas se había limitado a mirar por la ventana con el codo sobre esta.

—No tardaremos mucho en llegar — a eso se limitaba nuestra conversación, después de minutos desbordando mala pata en el auto Jean me dirigía una frase que podría pasar por ''cortes'' pero más bien yo creía que era un intento ya muy desesperado por iniciar conversación.

Pero yo no le hacía caso, pues no iba a dejar que con simples frases empezáramos otra vez de nuevo, si íbamos a hacer aquello teníamos que empezar con algo bien con algo que se tomara enserio, no cualquier frase. Yo en mi mente que trabajaba a mil por hora ya estaba planeando en algo que decir, mientras el llenaba los silencios con basura yo estaba imaginándome que decir. Creando escenarios, figurándome las miradas y las respuestas.

—Mi casa es realmente grande, en mi habitación hay dos camas, podemos dormir ahí… claro si quieres.

Otra vez volvía a sentir que Jean tenía un salvavidas, buscaba algo con lo que llamar mi atención y no era mentira, pero yo si le estaba prestando toda la atención del mundo. Es más, mi mente estaba pensando en el en un 100 por ciento, el otro solo era la fachada de estarlo ignorando. Pero no podía ignorarlo con tales frases.

— ¿Juntos? — contesté.

Jean se sobresalta con mi voz, su mirada nerviosa viaja de mis ojos a mis labios a mi cuello a mis manos y a las uñas de mis dedos, luego al chofer para ver si nos mira, y sé que nos mira. Sus miradas curiosas atraviesan mis defensas de vez en cuando y aunque lo mire con ojos de hielo no cede y se queda mirando por el espejo retrovisor. Es chismoso.

—Juntos — recalca Jean como si lo demandara y lo exigiera antes despedirlo, pero aun así suena demasiado amable y bueno para que yo lo de por sentado, es más como una petición, pero me encojo de hombros porque tampoco me voy a poner a discutirle.

—Lamento lo de antes.

—Estoy acostumbrado, a situaciones de pervertidos. — el chofer vuelve a mirarme, le digo que se aleje con los ojos, pero no lo hace se me queda viendo y encaja perfectamente con la descripción que acabo de dar ''situaciones de pervertidos''.

Extrañamente sé que Jean no nota que nos está mirando, o quizá para el solo es un mueble más que hace que el auto se mueva entre los espirales y los nuevos días. Y lo descubro porque Jean se me ha acercado mucho de pronto. De pronto su pierna esta encima del asiento y su mentón esta en mi dirección y lo único que puedo hacer es recargar mi espalda contra la ventana como aprisionado, vuelvo a mirar al chofer, pero esta vez si adopta la posición de mueble que Jean le indica.

— Te han tratado mal, ¿no? — frunce el ceño, los pelitos de sus cejas rectas que parecen dos flechas crean un abismo entre las dos y su labio inferior crece como muestra de un ligero temblor que surge de sus entrañas.

Sus pestañas me arrojan cortinas de aire con olor a menta, con olor a sal y a sangre. Porque jean huele a sangre muchas veces, cuando se ha peleado, cuando ha golpeado el poste de atrás de la cafetería. Cuando está enojado. Jean huele a sangre.

Y Jean huele a sal, porque Jean suda y cuando Jean suda no huele mal. En realidad, el huele como al mar, y si pudiera describir el olor de su sudor sin duda seria como a mar.

También huele a menta, porque Jean tiene un jabón de menta que se frota por todo el cuerpo, yo no uso jabón, Uso agua, aun así, Jean siempre me huele, él dice que huelo a algo, pero yo no creo que huela a nada porque yo no uso perfume ni nada.

Pero el me huele y yo lo huelo. Y también huelo la boca de Jean porque si Jean está realmente cerca en este momento ¿tan cerca está? A veces la boca de Jean huele a sopa y no me parece que huela mal, es decir todos comemos esa sopa. Su boca huele a sopa, y no me molesta para nada. Pero ahora mismo su boca esta tan cerca que no puedo oler más que su olor natural…

Y su olor natural es dulce y acido. Como miel y limón.

Miel y limón ¡eso! A eso huele su boca, me acerco más como por instinto, pero también son ganas porque de pronto ya estoy oliéndole la boca de limón

— Hasta un punto fatal, ¿no? — casi me olvido que me está interrogando y sus ojos muestran sensibilidad y furia escondida, furia de las acciones que los demás han traído contra mí. Pero es que y yo en verdad ya me sentía acostumbrado de algún modo.

Pero Jean tenía razón, no era mi culpa ser lo que era ni parecer lo que parecía. Era hombre, de eso me concientizaba diario, pero Jean tenía la boca cubierta de razón y a mí la gente me había tratado mal hasta un punto fatal. Todos aquellos que en un principio se me habían mostrado amables y reveladores como ángeles, eran mismos enviados del diablo para destruirme, para tocarme y para violarme.

Pero nadie lo conseguía, y yo ya me había vuelto precavido, había aprendido a temer y a desconfiar, de esos malditos adultos viejos verdes que se me acercaban sin razón. Yo temía y desconfiaba y ahora Jean estaba tan cerca que podía oler su boca de miel y limón. Y aun así no tenía miedo ni desconfiaba.

Y su boca olía a limón y a miel. Como su personalidad. Agria y dulce.

Pero dulce conmigo, ¿no?

—Permite que arregle las cosas, Armin.

El chofer paro, frente a la casa bonita y grande, pero más bonita y grande era la presencia de Jean sobre mí, pues estaba cada vez más cerca, más imponente más dulce más suave, más haciéndome sentir seguro.

—Desquítate conmigo desde ahora.

¿Qué? Un momento que… ¡que! Pues como me decía eso, y luego se daba la vuelta se salía campante dejándome en el auto todo impactado y acalorado y sin saber nada sobre nada, me Salí dando zancadas con los brazos en jarra mientras él me esperaba en el porche de su lujosa casona.

Me toma de la muñeca me hala hacia sí y me tiene a su merced, se aprovecha de mí, pues siento su cara cerca de la mía y sé que en cualquier instante se puede aprovechar de mí, pero no tenía miedo ni enojo ni nada. No tenía nada, solo mi corazón latiendo rápido y el olor de su boca sobre mis mejillas.

Estamos tan cerca de la puerta que la toco con mis dedos. Estoy cerca del pomo, estoy rozándolo con la yema de los dedos.

—Me puedes usar, me puedes… — abro la puerta no lo dejo acercarse más antes de que la puerta está abierta y los dos entremos al vestíbulo de su casa, pero Jean no se detiene y no tiene intención de hacerlo.

—Te propongo un cambio — me vuelve a acorralar contra la puerta esta vez desde adentro — canjea de lugar conmigo. Ahora se tú el agresor, desquítate conmigo desde ahora…

''Tú me puedes usar'' '' me puedes…''

Se aparta, se aleja y me deja temblando, sus ojos de miel como su olor y sus palabras dulces tras su actitud acida se aleja y me deja ahí contra la puerta sintiendo mi propia respiración. Viéndolo buscar entre las habitaciones de la casa y subir las escaleras como si esperara que alguien le mirara desde algún lugar, pero no encuentra a nadie y se queda sentado en un sillón del sofá.

—Parece que no hay nadie — cambia el tema de forma impresionantemente casual, cruza su pierna en la rodilla.

''Parece que estamos solos'' quiero decir, pero no digo nada, quiero soltar la puerta y me balanceo con los tobillos, el chofer se va porque escucho el motor y veo las maletas sobre las finas alfombras importadas, Jean hojea un libro lo hojea nada más porque sé que no está leyendo ni una palabra.

—No va a tardar en volver mi madre, seguro fue al súper nos va a hacer algo de comer — Jean me mira de reojo, y me quedo callado y extrañamente cegado por la luz de su mirada. —Solo sabes tener dudas ¿no? — Jean se levanta del sillón y otra vez camina hasta donde estoy yo — temer o incluso sabes desconfiar. Y ahora te encuentras conmigo ¿no?

— ¿A dónde quieres llegar? — me acerco a él decidido pero tambaleante, va a abrir la boca va a hablar, pero la puerta se abre en el acto y la madre de Jean lo saluda tan efusivamente que da miedo. Me quedo quito esperando su atención y la obtengo en menor medida.

Jean olvida todo lo que me acaba de decir y sigue caminando atrás de ella, no sin antes girarse a verme y dirigirme una mirada de ''Me puedes usar…''

Y caigo rendido ante el olor de su boca de miel y limón, ante sus ojos miel ante su cabello café y su cuerpo olor menta.

Es que jean huele muy bien, pero ahora que está lejos comienzo a sentir el dolor de la muñeca.

Terminaras por conocer a alguien que sepa tu aroma en cada momento del día


N/A: capítulo de obviedad al miiil, realmente si es como muy obvio. Pero no se preocupen no es como que Jean vaya a ser tan obvio de ahora en más…esto fue como un ¡BAM! Te golpeo y luego me doy cuenta de que la has pasado bien mal, ya veremos cómo Jean se arrepiente de haber sido tan obvio. (o no)

Muchas gracias por seguir leyéndolo debo decir que este capítulo ya estaba escrito desde antes y se me borro de la computadora, lo cual fue raro porque realmente no me había gustado como había quedado la narración anterior, creo que esta está más decente.

¿Conocen la canción de aprovéchate de mí? Pues ya está.

Agradezco muchísimo a las personas que leen esto de verdad los adoro, esta historia me gusta mucho.

Naru: Bueno pues que crees que al principio si iba a ser exactamente como lo que dijiste como un Berth y Reiner intentando a toda costa que no se juntaran, pero me salió raro como que estaban celándolos jaja, pero bueno ¿Cómo ves? ¿Qué tal ha quedado? Definitivamente Jean ya está agarrando la onda más con Armin. Espero tu review espero que te haya gustado mucho. —corazones—

JupterCrek: Muchas gracias por leer y tomarte el tiempo de dejarme Review espero que te guste mucho este capítulo también. —Abrazo—

Esweralda: aquí cumpliendo tus deseos, espero tus reviews. Qué bueno que te gusto me seguiré esforzando para ustedes y que les siga gustando.

Florecila: GUAAAU gracias ósea que digas que tengo aire de GdeG casi me desmallo, de felicidad este review es uno de los que más me ha gustado de todos los que me han dado en la vida de fanfic, de verdad que me hizo ser muy feliz. Así que me explayare contestando jaja.

Antes que nada, agradezco inmensamente que te detengas a leer mi fic, ya que como dices son temas delicados, pues déjame decirte que yo soy exactamente como tú, soy quisquillosa para los contextos históricos y recuerdo anteriormente haber puesto una explicación muuuy larga sobre años y fechas y cosas así, a ver si esta por ahí. Porque un día ni pude dormir de solo estar pensando que podía escribir algo que simplemente no podía pasar, así que si me fijo bastante.

Me encanta ser descriptiva creo que solo en el Germain me sale, pero definitivamente es por GdeG, jaja y me ha gustado mucho lo que has dicho porque es una de las ideas que tengo de Armin solo que aún no encuentro la forma de plasmarlo, pero creo que no lo pudiste haber dicho mejor. Muchísimas gracias enserio, espero tu review. —besos—