Que ondas aquí de nuevo depués de tantos milenios sin aparecerme. muchas gracias por sus reviews y espero que el capítulo anterior les haya gustado.

CAPÍTULO 4:

Inuyasha que se encontraba en la otra época poco a poco comenzó a perder la fe de que algún día regresaría con Kagome, inútilmente el seguía intentando romper ese cerco de protección, pero la respuesta siempre era la misma.

Inuyasha desesperado había pedido ayuda a Kaede, tenía la esperanza de que ella pudiera romper el campo creado por su hermana, pero desgraciadamente Kaede no pudo ayudarle en nada...

-Lo siento Inuyasha... –decía Kaede con algo de tristeza y remordimiento por no poder ayudar en algo a Inuyasha--...los poderes de mi hermana son muy superiores a los míos, no tengo el poder ni las fuerzas para romper ese conjuro... –seguía diciendo Kaede.

-No es tu culpa... –dijo Inuyasha con mirada triste--...buscaré la manera de destruir ese maldito campo... –decía Inuyasha empuñando su mano y con un tono de odio y rencor.

-Inuyasha... no te hagas falsas esperanzas... –decía Kaede--...como mi hermana te dijo, sólo alguien con las capacidades de Kagome podría romper ese cerco, pero desgraciadamente Kagome era la única en su época capaz de traspasar las barreras del tiempo... –decía Kaede, pero sus palabras enfurecieron más a Inuyasha...

-¡¡No me importa, buscaré la manera de regresar, y no me interesa si tengo que matar a alguien para conseguirlo... –le gritó Inuyasha lleno de furia y dicho esto dio media vuelta y se perdió en el bosque.

Inuyasha se dedicó a viajar por todo el país buscando a monjes, sacerdotes o sacerdotisas capaces de poder romper esa barrera, pero la respuesta era siempre la misma o incluso algunos lo despreciaron por ser un híbrido y le negaron su ayuda. Al transcurrir el tiempo, Shippou, Sango y Miroku, sólo podían observar con tristeza como Inuyasha se hundía en su soledad, cada vez hablaba menos, siempre estaba de mal humor, y se apartaba de ellos cada vez más, no podían mencionarle palabra alguna para animarlo y reconfortarlo porque provocaban más su ira e Inuyasha terminaba alejándose de ellos.

No podían creer que Inuyasha se comportara así, que se hundiera tanto en su soledad y odio. Ya no era el mismo de antes, estaba irreconocible para ellos, llegaron a la conclusión de que el Inuyasha gracioso, malhumorado, valiente y sobre todo buen amigo, se había ido para siempre junto con Kagome...

Aunque les dolía en gran manera no poder ayudar a su amigo, Sango, Miroku y Shippou no tuvieron otra opción que rehacer sus vidas lejos de Inuyasha, el único que se quedó al pendiente de los movimientos de Inuyasha fue Shippou quien se quedó a vivir con Kaede, ya que la única familia que tenía, ahora eran sus amigos y Kaede. El pequeño zorro no tenía las fuerzas y el valor para dejarlo sólo, le partía el corazón irse y abandonar a su gran amigo que tantas veces lo protegió y le salvo la vida..., de vez en cuando Sango y Miroku lo visitaban para saber como se encontraba, pero entre más pasaba el tiempo, el corazón de Inuyasha se endurecía más, incluso comenzó a olvidar a sus amigos, había olvidado todas las aventuras, los momentos tristes y alegres que pasaron juntos, el odio y el rencor se apoderaban de su corazón a cada segundo que pasaba. Su pasado lo envolvía y carcomía lentamente, sin olvidar todos aquellos recuerdos que tanto lo lastimaban que de inmediato comenzaron de nuevo a renacer y crecer cada vez más. Recordaba como era antes de conocer a Kikyou, a Kagome y a sus amigos, un creciente odio por la vida y por todos reinaba ahora en su corazón y mente, quería morirse y dejar de existir.

Inuyasha no podía evitar regresar todos los días al pozo con la esperanza de que Kagome regresara, se quedaba horas esperando sentado en un árbol, pensando y olvidando al mismo tiempo...

Al parecer no era el único, Kagome hacia los mismo en su época, todas las mañanas despertaba con la esperanza de que Inuyasha regresara, bajaba las escaleras, corría rápidamente rumbo al pozo y abría las puertas del mismo, ilusionada de encontrase cara a cara con él, su vida también se tornó un tanto oscura, casi no reía, no hablaba, se encerraba en su recámara para llorar amargamente sobre la ropa de esa persona que alguna vez le demostró su amor.

Pero a diferencia de Inuyasha, Kagome se repuso rápidamente, quizás no a la totalidad, pero ahora tenía una razón para luchar y salir adelante, como su madre le había dicho... ahora tenía que ser más fuerte y madurar, luchar por la única razón que vale la pena sacrificarse... la vida…

Un día de primavera un niño pequeño se encontraba jugando con su pelota en el jardín de su casa, era un niño delgado, un poco bajo de estatura, tenía el pelo corto y negro, piel blanca y suave, su rostro parecía un ángel, siempre sonriente y feliz... vivía felizmente con su familia, amaba a su madre tanto como a su padre, su familia lo amaba y lo llenaba de amor, el amor nunca faltaba en su vida, ese niño no conocía la tristeza, la soledad o el odio, ya que su familia hacía lo imposible porque estos sentimientos nunca se posaran en el corazón de su más preciado tesoro.

-¡Kaoru, a desayunar! –gritó la voz de una mujer desde la puerta de la casa.

-¡Voy mamá! --respondió el niño que inmediatamente dejó de jugar y se dirigió corriendo a donde su madre se encontraba.

Su madre era una mujer delgada, su pelo era largo y negro, igual que el de su hijo, era una mujer bella, con el mismo rostro angelical que su hijo, pero con una diferencia, sus ojos reflejaban cierta tristeza y soledad.

A simple vista se podía notar la nostalgia y soledad que ella reflejaba, pero al ver como su hijo se acercaba corriendo hacia ella, pudo recordar cuando ella, alguna vez en su vida, reía, jugaba y se divertía en grande. Pero eso era del pasado, ya casi olvidaba como sonreír o como divertirse, aún así tenía que ocultar esa careta a medida que su pequeño cada vez se encontraba más cerca de ella, tan sólo con mirar su rostro, su mirada se iluminó con un rayo de felicidad al ver a su retoño correr por todo el jardín para dirigirse hacia ella, para abrazarla como de costumbre e inundar su corazón de total alegría cuando escuchaba a su hijo decir cuanto la amaba y que estaba feliz de tener a la mejor mamá de todo el mundo.

Al igual que él, su madre había nacido y vivido por mucho años en el templo Higurashi..., un templo que era protegido y cuidado por esa familia durante varias generaciones, un templo que albergaba muchos misterios y demasiados secretos, un lugar que había sido testigo de innumerables historias por parte de sus habitantes, algunas de ellas olvidadas en el pasado y otras memorables, que siempre serán recordadas por mucho tiempo, quizás para siempre, como esta historia, donde el templo Higurashi era una vez más, testigo de lo que próximamente ocurriría, en la que una mujer triste y solitaria que respondía al nombre de Kagome y su hijo llamado Kaoru, cambiarían totalmente la historia de este templo...

Kagome y Kaoru quizás eran diferentes en algunos aspectos, pero no dejaban de tener algo en común, una unión que era imposible de romper, un mismo objetivo..., una unión llamada... Inuyasha...

Cinco largos años pasaron desde que Inuyasha partió a la otra época y jamás regresó, en esos cinco años Kagome lloró y sufrió por haber perdido al amor de su vida, y él único recuerdo presente que tenía de él, era su hijo, al que adoraba más que ha nadie en este mundo, incluso, más que a Inuyasha, ese niño era su razón de vivir y su motivación para seguir adelante, era su fortaleza en esos momentos tristes. Bastaba con que Kagome mirara a su hijo para ver a través de él a Inuyasha, eso era lo que la alentaba un poco a no perder totalmente la esperanza de volverlo a ver algún día.

Kaoru tenía los mismos ojos que su padre, sus mismos gestos, las mismas aptitudes, pero con la diferencia de que el rostro de Kaoru reflejaba alegría y paz y el de su padre sólo reflejaba soledad y odio.

Ese día Kaoru cumpliría cinco años y su familia le tenía preparada una fiesta de cumpleaños para festejar. Aunque era una familia pequeña, todos vivían en armonía y felicidad, Kaoru vivía con su madre, su abuela, su tío y su bisabuelo, todos lo cuidaban y lo trataban como el ser más valioso que tenían en la vida.

Desde muy pequeño, Kaoru siempre había preguntado por su padre, pues nunca lo había conocido, al principio tenía la impresión de que su padre lo había abandonado porque no lo quería a él, ni a su madre. Hasta que un día se animó a preguntarle a Kagome sobre su padre, quería saber cuál era el motivo por el cual aún no lo conocía. Kagome ya tenía la seguridad de que su hijo tenía la edad suficiente para poder entender y comprender una verdad un tanto difícil de explicar incluso para un adulto, pero ella tenía la seguridad de que su hijo entendería a la perfección.

Cuando su madre comenzó a relatarle todo lo referente a su padre, Kaoru se mostraba un tanto incrédulo y escéptico, al principio no creía en nada de lo que su madre le decía, pensaba que estaba loca, para él era imposible de creer que una persona fuera capaz de viajar en el tiempo, eso sólo existía en la fantasía, en la imaginación. Kaoru no perdía detalle de lo que su madre le contaba y a medida de que ella seguía relatando, Kaoru ya no se mostraba tan escéptico y comenzaba a creer al ver la forma en como su madre se expresaba con tanta emoción y alegría al recordar todos esos momentos, cuando ella aún reía. Kagome no excluyó de su narración el momento en que los dos mundos se dividieron en circunstancias totalmente desconocidas para ella, no pudo explicarle en que forma ocurrió todo pues ni ella misma sabía, pero de lo que si estaba segura es que existía un campo de protección que le impedía a ella regresar a la Época Antigua.

Después de que Kagome le contara toda la verdad de su origen a su hijo, se dedicó a contarle todas sus aventuras en la Época Antigua, la forma en cómo conoció a Inuyasha, todos aquellos momentos en el que él la salvaba de todos los peligros, le habló de La Perla, pero por alguna extraña razón no mencionó a Náraku¿La razón?, sólo ella la sabía. Kaoru estaba emocionado, quería saber más y más de la Época Antigua y sobre toso de su padre, quería saber su nombre, cómo era físicamente, qué era lo que hacía para defender a su madre y amigos, todo le interesaba, quería conocer de alguna manera cada detalle de su progenitor por si algún día no muy lejano llegara a encontrara con él y reconocerlo de inmediato.

Kagome y su hijo, pasaron horas platicando sobre lo mismo, Kaoru ya conocía perfectamente el nombre de su padre, pues desde la primera vez que lo escuchó nunca lo volvió a olvidar.

-Inuyasha... Inuyasha... –repetía una y otra vez en su mente para que así quedara impregnado el nombre de su padre para siempre.

Cuando Kagome terminó de contarle todo a su hijo, parecía que ella se había quitado un gran peso de encima, ya que al principio al ver la forma en que su hijo se comportaba tenía la falsa impresión de que su hijo jamás le creería y la despreciaría por decirle mentiras y cuentos tontos de una Época ya perdida en el pasado..., pero para alivio y sorpresa de Kagome su hijo estaba fascinado, deseaba con ansia loca estar en esa Época y ser un guerrero legendario, tener miles de aventuras... ser un héroe…

-Mamá... ¿Mi papi me conoce?... –preguntó inocentemente Kaoru, pero al escuchar esto, la tristeza nuevamente regresó al rostro de Kagome y sólo se limitó a decir que no. porque él aún no nacía cuando sus padres fueron separados, ella pudo notar que su hijo tenía los ojos algo llorosos y se mostraba bastante desilusionado, la alegría que hasta hace unos minutos tenía se había desvanecido repentinamente.

-Sabes... –dijo Kagome mientras se secaba unas lágrimas que habían brotado de sus ojos--...vamos de compras... te compararé un juguete, no... Uno no ¡Los que quieras! –le dijo Kagome a su hijo tratado de distraerlo para que no compartiera la misma tristeza que ella

Al instante Kaoru se emocionó y una sonrisa de dibujó nuevamente en su rostro, pero su tristeza seguía en su corazón y trato de disimularla para que su mamá no se pusiera más triste.

Kagome le pidió a su hijo que fuera a su recamara y le llevara su bolso y un sombrero, ya que era una primavera muy calurosa y los rayos del sol eran más ardientes que nunca.

Kaoru obedeció a su madre e hizo lo que ella le ordenó, entro a la recamara de su madre, tomó el bolso que se encontraba sobre la mesa y un sombrero que tenía ella colgado en la pared, pero al momento en que estaba apunto de salir, dirigió su mirada repentinamente a una parte de una caja que se encontraba debajo de la cama de su mamá, Kaoru camino hacia la cama, se agachó y saco totalmente una caja grande y un poco vieja, la curiosidad se posesionó de Kaoru y no pudo evitar mirar el interior de esa caja, levantó la tapa para poder mirar que había escondido ahí, pero sólo se encontró con un montón de ropa extraña, algo vieja. Sacó la ropa y por lo que pudo notar eran de un adulto, pues estaba muy grande, extendió la ropa en el piso y pudo notar que eran tres piezas, dos eran de color rojo y una de color blanco, a Kaoru le parecía muy graciosa esa ropa y pensó que era un disfraz, así que se quitó la ropa que el traía y se dispuso a colocarse su disfraz, pero al mirarse en el espejo que tenía su madre en su tocador pudo notar que era demasiado grande para él y obviamente esa ropa no era para él, pero para su sorpresa repentinamente la ropa comenzó a encogerse poco a poco como por arte de magia, hasta llegar a la talla de Kaoru, estaba sorprendido y emocionado, se miró el espejo y un niño pequeño vestido de rojo le regresaba la sonrisa, estaba tan emocionado que salió corriendo de la habitación para enseñarle su disfraz a su madre.

-¡Mamá¡Mamá¡Mamá! –Kaoru bajaba rápidamente las escaleras lleno de emoción.

Kagome al escuchar los gritos de su hijo salió disparada para ayudar a su hijo imaginándose que algo malo le había sucedido, pero se llevó una gran sorpresa cuando se encontró con él de frente en el pasillo.

-Mira mamá... mi disfraz ¿Te gusta? –decía Kaoru emocionado, pero Kagome estaba sorprendida y se dejó caer de rodillas al piso, tenía la vista fija en su hijo, se encontraba perturbada, ese no era su hijo, era Inuyasha, era su mismo retrato, decenas de recuerdos invadieron su mente, era evidente que Inuyasha había regresado y al momento corrió para abrazarlo.

-¡Inuyasha¡Inuyasha¡Inuyasha! –gritó Kagome fuera de si, lo abrazó fuertemente y comenzó a llorar.

-Mamá, mamá ¿Qué te pasa? –dijo Kaoru asustado al ver a su madre de esa manera, pero ella no dejaba de abrazarlo--...mami... soy Kaoru, no soy Inuyasha...

Al instante Kagome reaccionó, estaba confundida, se había separado de la realidad y se dejó llevar por su mayor deseo, Kaoru la miraba preocupado pues jamás había visto que su madre se pusiera de esa manera.

-¿Dónde encontraste eso? –le preguntó Kagome tomando a su hijo por los hombros.

-Debajo de tu cama, pensé que era un regalo y me lo puse –dijo Kaoru con algo de miedo ya que se imaginaba que su madre lo regañaría por tomar algo que no le pertenecía y sobre todo por esculcar sus cosas personales.

-Pero esa ropa era más grande... es imposible --murmuró Kagome.

-Cuando me la puse si... pero de repente se hizo chiquita… así como yo... –dijo Kaoru con ingenuidad.

Al escuchar a su hijo, Kagome volvió a abrazar con suavidad y ternura a su hijo, y le murmuró al oído:

-Eres igual que él...

-¿Igual a quién? ---preguntó Kaoru.

-A tu padre... –respondió Kagome-- ¿Sabes?...ese era un regalo sorpresa que te iba a dar, pero ya no lo es, esa ropa era de tu padre... –le dijo Kagome con ternura sin dejar de mirarlo.

-¿Era de él¿Mi papi me lo regaló? –preguntó Kaoru emocionado.

-Así es... –respondió Kagome.

Inmediatamente Kaoru se puso a saltar y gritar de felicidad, por fin tenía algo de su padre, su papi le había regalado algo, su ropa era mágica, estaba feliz...

-Mami ya no me compres nada, este es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido.

-Si así lo prefieres... esta bien..., ahora ve a jugar que hoy te tienes que divertirte todo el día –le dijo Kagome con una gran sonrisa en el rostro.

Kaoru no lo pensó dos veces y salió corriendo al patio, se imaginó él mismo como un gran guerrero, con su traje mágico que lo protegería del mal, pero... todo guerrero tiene un arma, pensaba él, así que tomó una gran rama de un árbol y se imaginó que era su espada y su enemigo era su pelota de fútbol. Su madre lo observaba por la ventana de su casa, la felicidad que Kaoru tenía en ese momento era contagiosa, hasta ella misma estaba feliz y había olvidado por completo sus tristezas y malos recuerdos, siguió observando a su hijo unos minutos y después ella desapareció para organizar otra sorpresa que le tenía a su pequeño.

Pasaron algunas horas y Kaoru no dejaba de jugar con su espada, y de repetir una y otra vez lo maravilloso que era su traje. Sin haber conocido a su padre, sin saber como era su voz, sin haberlo abrazado nunca, Kaoru lo adoraba, lo amaba, estaba orgulloso de tener a un padre tan fuerte y valiente, tal fue su emoción que sin querer pateó fuertemente su pelota y la mandó al otro extremo del patio. Kaoru corrió por ella..., la pelota se encontraba a la entrada de una habitación de puertas corredizas, nuevamente no pudo evitar su curiosidad y abrió una de las puertas, pero se encontró con un lugar frío y oscuro, al fondo había unas escaleras que descendían, Kaoru las bajó con cautela pues nunca había estado en ese lugar, a pesar de vivir en ese templo toda su vida. Jamás había entrado en ese lugar, nunca le había entrado curiosidad por saber que había ahí adentro hasta el día de hoy, en que sabía con certeza qué era ese lugar, sabía que ese era el viejo pozo que conducía a la Época Antigua y su corazón latía con gran velocidad, estaba nervioso, siguió bajado, hasta que tocó suelo, caminó unos pasos y se encontró con una pared de madera, tubo que pararse de puntitas para saber que se encontraba del otro lado de la pared, pues aún era muy pequeño y esa pared parecía una gran muralla, estaba confundido porque su madre le había advertido que nunca se acercara ahí porque podría salir lastimado, pero no le pasó nada y nuevamente hecho a volar su imaginación y esa pequeña pared de madera ahora era realmente una gran muralla de piedra..., tenía que trepar en ella para poder salvar a su familia que se encontraba en peligro, incluido a su padre, comenzó a escalar con dificultad, hasta que llegó a la cima y pudo ver que del otro lado de la muralla había un gran agujero muy oscuro..., era un túnel, pensaba él, pero no podía bajar así ,tenía que ir por una cuerda para poder descender y rescatar a su familia, pero al momento en que giró su cuerpo para poder bajar del muro, perdió el equilibrio, cayendo en la oscuridad y profundidad del túnel, desapareciendo entre las sombras, ahora si estaba asustado, seguía cayendo y cayendo hasta que su rostro dio contra el suelo, provocándole un fuerte dolor y dejándole inconsciente por mucho tiempo.

Después de algunas horas Kaoru recobró el conocimiento, abrió sus ojos lentamente, se incorporó con dificultad pues el cuerpo le dolía por la caída y comenzó a mirar a su alrededor, pero estaba todo muy oscuro y apenas se podía distinguir algo de luz que provenía de arriba. Kaoru comenzó a gritar para que lo ayudaran, pero nadie iba por él, le gritó con todas sus fuerzas a su madre para que lo escuchara, pero nadie le oía, al darse cuenta de que sus esfuerzos eran inútiles decidió trepar por las paredes para llegar hasta la única salida que se encontraba… arriba.

Varias veces cayó al suelo, se resbalaba de las paredes, le costaba mucho trabajo trepar pues era muy pequeño y casi no tenía fuerzas, desesperado y asustado hizo un último intento por subir, poco a poco podía ver que la salida estaba cada vez más cerca de él, subía sin detenerse, no miraba abajo pues le daba miedo volverse a caer y al fin después de varios intentos, llegó a la cima, pero cuando miró su alrededor todo era diferente, estaba rodeado de árboles, su casa no estaba, con dificultad salió completamente del pozo y cayó de bruces en el suave y húmedo pasto, no tenía la menor idea de que era ese lugar, estaba asustado y volvió a llamar a su mamá, pero no se veía nadie, nadie lo escuchaba. Fue entonces cuando vio a lo lejos el Árbol Sagrado y corrió hacia él, al igual que su madre lo hizo hace más de diez años creyendo que encontraría su casa. Pero cuando llegó, no estaba su casa, ni el templo, ni los edificios, ni el ruido de los automóviles, la ciudad había desparecido.

Al sentirse sólo en un lugar extraño comenzó a llorar y se sentó al pie del Árbol Sagrado esperando a que alguien de su familia llegara por él y lo llevara de vuelta a su casa... pero entonces cayó en la cuenta de que era cierto lo que su madre le había contado y que sí existía un mundo diferente al suyo al otro lado del pozo, se levantó y comenzó a caminar sin rumbo fijo mientras pensaba en muchas cosas...

Su madre la había dicho que el pozo tenía una especie de campo de protección y que por eso ella no podía volver a la Época Antigua, estaba confundido, si su mamá no podía pasar por el campo, por qué él sí podía pasar a través del pozo sin ningún problema.

El atardecer estaba llegando a su fin, y a medida que el tiempo pasaba el miedo que Kaoru tenía se intensificaba cada vez más, se preguntaba si su madre estaría buscándolo desesperadamente, entonces se le ocurrió la idea de regresar por donde había llegado pero como había caminado bastante se encontraba perdido y no sabía en que dirección se encontraba el pozo, había perdido la orientación, siguió caminando en busca del pozo o del Árbol Sagrado pero cada vez se perdía más y mas, se internaba en las profundidades del bosque y la noche comenzaba a abrazarlo. La poca luz que desaparecía en el oeste no le ayudaba en mucho, no sabía que hacer, tenía mucho miedo, entonces recordó a su padre y una nueva esperanza brilló en su corazón, si encontraba a su padre él lo cuidaría y lo llevaría de vuelta a su madre, sólo tenía que buscarlo y encontrarlo. Aunque no lo conocía, sabía a la perfección su nombre, era cuestión de preguntar a la primera persona que encontrara, pero... ¿A quién?, no había visto a nadie desde que llegó. Siguió caminando, tropezando de vez en cuando con alguna piedra o la madriguera de algún animal cuando de repente a lo lejos vio la silueta de una mujer..., era su madre...

-Mamá aquí estoy –le gritaba Kaoru a la mujer, pero ella se encontraba de espaldas y no lo veía, él seguía gritándole para que lo escuchara, pero la mujer no volteaba.

Cuando estuvo a algunos pasos de ella, volvió a llamarla, esta vez la mujer giró su cuerpo y lo miró fijamente.

-Perdone..., creí que era mi mamá... –se disculpó Kaoru al ver que esa mujer no era su mamá.

-¿Estás perdido? –preguntó dulcemente la mujer.

-Sí, no se dónde estoy –respondió Kaoru.

-¿Y tus padres? –volvió a preguntar la mujer que lo miraba detenidamente con su hermoso rostro angelical.

-No lo sé, mi mamá me dijo que mi padre vivía en este lugar... –respondió Kaoru.

-¿Cómo te llamas? –preguntó de nuevo la mujer.

-Kaoru –respondió él— Kaoru Higurashi... ¿Puedo saber su nombre? –le preguntó a la mujer.

-Kikyou... mi nombre es Kikyou –respondió ella—...es muy peligroso que andes solo en la noche, ven, te ayudaré a buscar a tus papas –dijo Kikyou al momento que le ofrecía su mano para que Kaoru la tomara y la siguiera.

Ese niño le era muy familiar a Kikyou, tenía la sensación de haberlo visto antes, pero no lo recordaba...

-Dices que tu padre vive por los alrededores ¿Cómo se llama? –preguntó Kikyou para saber si así recordaba de donde era el niño.

-No lo conozco, ni él a mi, lo único que sé es su nombre, se llama...Inuyasha –dijo Kaoru.

Al momento de escuchar ese nombre Kikyou se detuvo en seco y soltó al niño de la mano, lo que acababa de escuchar era imposible, Inuyasha no podía tener un hijo¿Por qué?.

-¿Qué pasa¿Lo conoce? –preguntó Kaoru esperanzado de que por fin alguien conociera a su padre.

-No, nunca he oído ese nombre –mintió Kikyou-- ¿Tu madre como se llama? –preguntó Kikyou.

-Kagome –respondió el niño.

Las sospechas que Kikyou tenía eran ciertas, ese niño era de Inuyasha y de la mujer que más ha odiado en la vida, ahora sabía porque ese niño le era familiar, pero para sorpresa de ella misma, no tenía ninguna intención de hacerle algún daño al niño, ya que él no tenía la culpa de lo ocurrido en el pasado, y era lógico que Kaoru no conociera a su padre pues ella fue la causante de que ninguno de los dos se conociera. En su corazón sentía gran pena y dolor al ver que Inuyasha había formado una familia con otra mujer que no era ella, se imaginó ella misma siendo la madre de ese hermoso niño, si ella no hubiera muerto sus hijos y los de Inuyasha serían semejantes a Kaoru, pero no podía dejar abrumarse por un dolor así, no podía imaginarse ese tipo de vida puesto que el destino así no lo quería, para ella tenía preparada otra cosa aunque no sabía cual.

-¿Por dónde llegaste? –preguntó Kikyou después de algunos minutos.

-Por un pozo... –contestó Kaoru.

-Ya veo...—murmuró Kikyou-- ¿Y esa ropa es de tu padre? –volvió a preguntar ella.

-Sí, me la regaló mi mamá... –contestó Kaoru un tanto extrañado por tantas preguntas.

Kikyou se puso a analizar un momento y llegó a la conclusión de que su conjuro había sido roto porque Kaoru heredó la habilidad de sus padres de poder atravesar las barreras del tiempo y lo que lo favoreció más, fue haberse puesto la ropa vieja de su padre y así romper por completo el conjuro.

-Ven... tenemos mucho que caminar para poder encontrar a tu padre antes de que se haga más tarde –dijo repentinamente Kikyou ofreciéndole de nuevo la mano al niño.

Por alguna extraña razón Kikyou no sentía ningún desprecio por el niño, al contrario algo tenía ese pequeño que le causaba mucha ternura, tal vez era su inocencia o los recuerdos que le provocaba cada vez que lo miraba. Ni siquiera ella misma sabía el porqué ayudaba al niño, lo más conveniente para ella era llevar ese niño ante su padre y que por fin se conocieran, esto no lo hacía por Inuyasha, sino por el cariño repentino que Kaoru le produjo.

Caminaron un par de horas, Kikyou pudo notar que Kaoru estaba cansado porque continuamente bostezaba. Ninguno de los dos volvió a decir nada hasta que Kaoru no aguantó la curiosidad por saber que eran esas extrañas serpientes plateadas que los rodeaban.

-¿Qué son esas cosas? –preguntó Kaoru sin dejar de mirarlas con curiosidad admirado por las cosas asombrosas que existían en aquella época.

-Son serpientes caza almas... –respondió ella.

-¿Serpientes caza almas? –repitió Kaoru.

-Ellas me mantienen viva... –dijo Kikyou--...si a esto se le puede llamar vida... –volvió a decir ella en un susurro.

Aunque Kaoru no entendía para qué necesitaba ella esas serpientes prefirió quedarse callado y no preguntar más, pues le daba la impresión de que Kikyou no era mujer de muchas palabras.

Al entrar a un claro del bosque ya muy entrada la noche Kikyou se detuvo y comenzó a mirar alrededor como si buscara a alguien. Hasta que fijo su vista en un gran árbol que se encontraba exactamente detrás de Kaoru...

-Se que estás ahí... sal –-dijo repentinamente Kikyou.

-Vaya...de sacerdotisa a niñera... ¡Cómo has cambiado! –dijo la voz de un hombre que le provocó escalofríos a Kaoru e instintivamente corrió y se ocultó detrás de Kikyou como si fuera su madre.

-Deberías agradecérmelo... te estoy haciendo un favor... –dijo Kikyou que tenía la vista hacia arriba mirando una gran rama del árbol.

-Tonterías... –dijo el hombre, que de un salto bajo de la rama como si nada.

Era un hombre alto, de pelo largo plateado según pudo distinguir Kaoru, vestía igual que él aunque el material no era el mismo, pero lo que más llamó su atención eran sus extrañas orejas, nunca había visto a alguien así…

-¿Qué es lo que quieres? –dijo el hombre con brusquedad.

-¿Yo?... nada, es este niño que busca a alguien, a lo mejor tú puedes ayudarlo... –dijo Kikyou con voz irónica.

-¿Y porqué tendría que hacerlo? –dijo el hombre con despotismo, e inmediatamente Kaoru se escondió una vez más detrás de Kikyou pues no le agradaba del todo la actitud de ese extraño. Kikyou giró su cuerpo quedando frente a Kaoru, se agachó a la altura de él, lo miró con ternura y le murmuró:

-Estarás a salvo con él, te cuidará muy bien...

-Pero... yo no quiero estar con él, me da miedo... –dijo Kaoru mirando a ese extraño por detrás de la cabeza de Kikyou.

-Tienes que quedarte con él, yo no puedo cuidarte... –volvió a decir Kikyou con ternura mientras acariciaba con su mano el pelo de Kaoru.

Kaoru no dijo nada sólo asentó con la cabeza, que provocó una leve sonrisa de parte de Kikyou. Ella se enderezó y continuó su camino hacia ningún lugar.

-¡¡Oye!!... ni creas que cuidaré a este niño, si viene contigo es mucho más despreciable que tú –dijo aquél hombre bastante molesto.

-Como quieras... sino lo haces... quedará en tu conciencia... –dijo Kikyou que se detuvo unos instantes para advertirle a ese hombre que podría arrepentirse si no cuidaba a ese niño y después continuó caminando, perdiéndose entre la oscuridad.

Kaoru y el extraño hombre se quedaron solos, la noche era fría y repentinamente comenzaron a caer gotas de agua sobre ellos, que a los pocos segundos se convirtió en lluvia, inmediatamente el hombre le dio la espalda a Kaoru y comenzó a andar sin prestarle ninguna atención.

-Espere... ---gritó Kaoru.

El hombre se detuvo, dio media vuelta y miró fijamente a Kaoru con mucha frialdad.

-Ki... Kikyou... me... me... dijo... que usted me ayudaría... –dijo Kaoru tartamudeando, pues le costaba mucho decir las palabras ante ese hombre.

-No voy a ayudarte, mucho menos si vienes departe de ella –dijo el hombre tajantemente.

-Por favor... –le suplicó Kaoru--...estoy perdido y necesito encontrar a mi papá... –dijo Kaoru desesperado.

-Lo siento... pero no suelo ayudar a humanos –dijo el hombre con frialdad.

El hombre se alejó y también se perdió en la oscuridad al igual que Kikyou, dejando completamente solo a Kaoru bajo la lluvia y a la intemperie, en ese instante Kaoru comenzó a llorar, ya que se sentía sólo y desesperado, extrañaba a su madre..., a su casa..., pero lo que más le lastimaba es que nadie quería ayudarlo a encontrar a su papá. Se resguardó de la lluvia bajo un árbol, se sentó en el pasto ya mojado, inclinó su cabeza para que su frente chocara con sus rodillas ya flexionadas y comenzó a llorar. Nunca en su vida se había sentido tan solo, lejos de todo lo que más amaba, de su casa, de su familia, de su madre, tan sólo recordarla le provocaba más llanto.

-Mamá ven por mi... –repetía continuamente Kaoru entre lágrimas, quería despertar de ese sueño, él no quería una aventura así, no era como las que su madre le había contado, ahora entendía en carne propia cómo se sentiría su madre cuando llegó por primera vez a este lugar.

-Ya no llores... te ayudaré –dijo una voz

Inmediatamente Kaoru levantó su cabeza para ver quien era, y para su asombro esa voz pertenecía al hombre que minutos antes lo había abandonado. Kaoru se levantó y pudo darse cuenta de que ese hombre era muy alto a comparación de él y que apenas podía llegarle un poco más arriba de las rodillas pero ahora que lo tenía tan cerca no pudo evitar asombrarse al ver la mirada de aquel sujeto, sus ojos eran del mismo color que él, dorados…

Kaoru siempre había sido víctima de que algunas personas admiraran el color de sus ojos o que algunas se alejaran por creer que estaba enfermo, ya que ese color de ojos no era nada común, pero por fin había encontrado a alguien muy parecido a él.

-¿Cómo te llamas? –le preguntó aquel hombre.

-Ka… Kaoru… –respondió el niño mientras se secaba las lágrimas del rostro.

-Bien... --dijo el hombre--…será mejor que nos resguardemos en algún lugar para que no te enfermes.

Daba la impresión de que ese hombre no era tan malo después de todo y eso alegró a Kaoru en gran manera.

-Lo que quieres es buscar a tus padres ¿Verdad? --preguntó aquel hombre y Kaoru asintió con la cabeza--...los buscaremos mañana, ya es muy noche y hay muchos peligros... ven... –le dijo el hombre que se agachó y lo invitó a que se subiera en su espalda, Kaoru dudo unos segundos ante tal invitación.

-Si no subes harás que me arrepienta de haber vuelto por ti... –dijo amenazadoramente el hombre y Kaoru no tuvo más remedio que acceder a su invitación.

Treparon en un árbol y ahí se dispusieron a descansar, pero Kaoru no estaba acostumbrado a dormir en árboles y le era imposible dormir. Transcurrieron algunos minutos que a Kaoru se le hicieron eternos, nuevamente observó a su compañero y se dio cuenta que él era muy parecido a la descripción que su madre le había contado sobre cómo era su padre. Esa persona era muy similar, quizás eran de la misma especie, porque también pudo observar que llevaba una espada en su costado izquierdo. Kagome también le había contado a Kaoru que su padre siempre llevaba consigo una espada muy poderosa, que nunca se despegaba de ella. ¿Y si era él su padre? Se preguntó Kaoru en mente ya que ese hombre tenía todas las características que conocía de su padre, su corazón le dio un vuelco total, la respiración se le iba con sólo pensar que aquel sujeto fuera su papá. Pero tenía vergüenza de preguntar algo así, no quería equivocarse e incomodar a aquella persona con ese tipo de cosas, así que intentó hacer plática con ese hombre... y tratar de averiguar algo.

-Disculpe... –dijo Kaoru con timidez.

-Niño no estoy tan viejo... háblame de tú –dijo su compañero extrañado de que alguien lo tratara con respeto.

-¿Conoce a Inuyasha? –preguntó el niño esperanzado de que existiera alguien que conociera a su padre.

-No... No lo conozco... nunca he oído hablar de él… –contestó con seriedad su amigo que ahora observaba al niño con detenimiento.

Kaoru se encontraba desilusionado al recibir tal respuesta y sus esperanzas comenzaron a agotarse.

-¿Y para qué quieres a ese persona? –preguntó el hombre algo intrigado sin dejar de mirarlo ni un solo segundo.

-Para nada... –contestó Kaoru cabizbajo,

Se dio cuenta de que era inútil hablar de su padre con alguien que nunca había escuchado su nombre, no era tan cierto lo que Kikyou le había dicho... ¿De qué forma este hombre podría ayudarlo a encontrar a su padre?

Su amigo al no encontrar una respuesta convincente, no quiso desperdiciar su tiempo en tonterías, dejo de observar a Kaoru y cerró sus ojos para poder descansar.

Kaoru seguía inquieto al no poder encontrar una posición cómoda para poder descansar e inmediatamente comenzó a estornudar, tenía mucho sueño, estaba cansado, no había comido en todo el día y se sentía muy débil.

-¿Te sientes mal? –le preguntó el hombre que nuevamente abrió sus ojos para mirarlo una vez más.

-No..., estoy bien, sólo que no estoy acostumbrado a dormir en árboles –contestó Kaoru con mucha pena.

-Ay... pequeño ingenuo... a mi no me engañas... –dijo el hombre y para sorpresa de Kaoru lo tomó en sus brazos y lo cargó como un bebé.

Kaoru se sentía avergonzado, pero comenzó a tenerle más confianza a ese extraño, después de todo en el fondo era amable a pesar de su apariencia malencarada. A Kaoru le daba la impresión de que ese hombre se sentía igual o más solo que él.

-No se porqué hago esto por ti... –le dijo el hombre al niño.

Kaoru no dijo nada, ahora se sentía bien, se sentía protegido, como si estuviera en casa, y poco a poco concilió el sueño perdiéndose completamente de la realidad.

El extraño hombre lo miraba una y otra vez, pudo darse cuenta de que ese niño no era totalmente humano, ni era monstruo, mucho menos un mitad bestia... eso era evidente...

Tenía la sensación de haberlo visto antes, pero por más que hacía memoria no podía. El rostro del pequeño lleno de inocencia a la hora de dormir se le hacían muy familiares, su rostro se parecía al de aquella mujer que alguna vez lo había hecho muy feliz. El niño tenía un ligero olor al de aquella mujer, era demasiado ligero, poco perceptible a su gran olfato, ya que el niño olía a humedad y lodo, por lo tanto no tenía un olor en específico que lo caracterizara en ese momento, aunque su olor seguía intrigándolo demasiado, pero terminó convenciéndose de que sólo era una coincidencia…

Mientras, en la Época Actual, Kagome se encontraba angustiada y preocupada tras la desaparición de su hijo, buscaba por todas partes con la esperanza de que lo encontraría escondido en algún lado, pero no fue así, ya era más de media noche y Kaoru no aparecía, había llamado a la policía, pero aún así el niño no aparecía, se sentía culpable y enojada consigo misma porque nunca debió dejar a su hijo solo. A cada momento le venían a su mente pensamientos en los que su hijo le pedía ayuda y eso la angustiaba todavía más. Al encontrarse al borde de la locura decidió ir a donde el Árbol Sagrado. Siempre que ella se encontraba en apuros solía correr rumbo al Árbol y ahí derramar todas sus lágrimas con la esperanza de encontrar alguna solución. Se paró en frente del Árbol y pidió con todas sus fuerzas que su hijo estuviera sano y salvo, lloró amargamente por mucho tiempo y terminó sentada en el suelo, cansada y rendida, pensando una y otra vez dónde podría estar su hijo.

-Hija... –dijo. Con tristeza la madre de Kagome.

-Mamá... –dijo Kagome arrojándose a los brazos de su madre y llorar con ella.

-Es mi culpa... es mi culpa... –repetía Kagome.

-No hija... no es culpa de nadie... algún motivo importante debe tener la desaparición de tu hijo... –le dijo su madre tratando de tranquilizarla y darle ánimos.

-No lo creo, él nunca... –Kagome no terminó su frase, estaba mirando fijamente la entrada al pozo, vio la pelota de su hijo y una de las puertas abiertas.

-Hija... ¿Qué pasa? –dijo su madre.

Sin pensarlo dos veces, se levantó del suelo y corrió rumbo al pozo, se detuvo a la entrada del pozo, tomó la pelota de su hijo y abrió completamente las dos puertas, todo estaba oscuro, pero esta vez no tenía miedo, bajo las escaleras, el ambiente era escalofriante, pero eso no le importó, se acercó lentamente al pozo trató de tocarlo y para su sorpresa esta vez no fue recibida por ninguna descarga eléctrica, podía acercarse y tocar el pozo como antes, su corazón latía con desesperación, su mente estaba confundida¿Era posible que su hijo rompiera ese cerco de protección¿Estaría en la otra época?

-Kagome hija... ¿Lo encontraste? –gritó su madre que ya se encontraba en el umbral de la puerta.

-No mamá pero creo que ya sé donde está... –dicho esto inmediatamente Kagome se arrojó al pozo y pudo ver como los dos mundos cambiaban, ese camino le era familiar y ahora sí estaba segura de dónde se encontraba su hijo.

Sus pies tocaron el suelo suavemente, estaba sorprendida de haber llegado sin ningún problema a la Época Antigua, todo estaba oscuro y Kagome sintió que algo caminaba en su cabeza, era un insecto que inmediatamente sacudió con su mano con repulsión. Kagome comenzó a escalar rumbo arriba, aún era de noche pero faltaban algunas horas para que amaneciera, Kagome miró a su alrededor, el paisaje era el mismo, la misma tranquilidad, el mismo aroma de las flores, la suavidad del viento..., sus sentimientos estaban encontrados, por un lado sentía gran alegría por haber vuelto a esa época, pero por otro lado el miedo de que su hijo se encontrara en un lugar tan peligroso crecía cada segundo. Toco el suelo con sus pies y era evidente que acababa de llover, al mirar hacia el suelo pudo notar entre la humedad del pasto y los charcos de agua unas marcas ya muy conocidas por ella. Eran los rastros que el Viento Cortante dejaba a su paso, y concluyó que en este lugar Inuyasha había peleado con alguien o algo muy poderoso, ya que sólo usaba el Viento Cortante cuando se encontraba en grave peligro. Pero lo que más le importaba en ese momento era su hijo, así que emprendió su búsqueda. No le importó exponerse al peligro ya que llevaba consigo La Perla de Shikón, sabía que en cualquier momento podría aparecer algún monstruo maligno para atacarla y arrebatarle La Perla.

Se dio cuenta de que en ese momento ya no contaba con la ayuda y protección de Inuyasha como veces anteriores, ahora se encontraba sola y desprotegida, deseaba con ansias encontrar a Inuyasha para a si, encontrar juntos a su pequeño hijo. Caminó por muchas horas por los alrededores, ya que no pensaba que su hijo se encontrara más lejos, estaba muy cansada, se sentía débil, no había tomado sus medicinas y eso la debilitaba aún más.

Después de dar a luz a su único hijo, Kagome se vio muy grave al grado de perder la vida, continuamente se le bajaba la presión, sus defensas se debilitaban con cualquier cosa, ya fueran sus emociones o el ambiente que la rodeaba, así que tenía que tomar medicamentos constantemente, pero estaba tan preocupada por encontrar a su hijo que no se los tomó y ahora estaba sufriendo las consecuencias de eso. Se sentía fatigada pero no se quería dar por vencida, lo mejor era tomar un descanso y después continuar su búsqueda, el lugar más seguro que se le ocurrió para resguardarse era el Árbol Sagrado ya que si iba a la aldea causaría una catástrofe con la presencia de La Perla, si su hijo se encontraba ahí, lo mejor era ir por él después y no ponerlo en peligro, ya que se encontraba muy débil y no se creía capaz de hacer un viaje así, estaba segura que el Árbol la protegería, se sentó al pie del mismo, cerró sus ojos y se dispuso a descansar.

Kaoru se encontraba profundamente dormido en los brazos de su compañero, mientras él lo observaba detenidamente. Seguía preguntándose cuál era su origen y lo que más le llamaba la atención era su vestimenta, no sabía que podía existir un traje idéntico como el que alguna vez él llegó a usar. También le causaba curiosidad el color de sus ojos, jamás había visto en un humano unos ojos así…

-Pero qué preguntas tan tontas me hago… -pensaba él, así que optó por dormirse y dejar aún lado esos pensamientos que no valían la pena.

Algunas horas después, Kaoru despertó bastante soñoliento, le sonrió a su compañero y para su sorpresa él también le devolvió la sonrisa.

Kaoru se levantó y se alejó algunos centímetros de su compañero, observaba el paisaje y pudo ver que estaba apunto de amanecer, ya que el alba comenzaba a nacer de entre las montañas. Las aves comenzaban a cantar, el rocío de las hojas brillaba como nunca y el aroma de las flores era deleitante para él.

-Es hermoso este paisaje… –dijo Kaoru--...donde yo vivo es muy diferente, siempre hay ruido y ya casi no hay árboles... –dijo Kaoru con algo de nostalgia.

-No me imagino en que clase de lugar vives... –dijo su compañero.

-Este lugar es muy bonito, no hay automóviles o gente corriendo para todos lados... –dijo Kaoru.

El compañero de Kaoru se quedó paralizado al escuchar la palabra "automóviles" en esa época.

-Oye Kaoru ¿De dónde vienes? –preguntó su amigo desesperado.

-De Tokio –contestó él algo extrañado por la forma en que su amigo se comportaba

El corazón de ese hombre latía más fuerte que nunca, estaba impresionado, esas palabras sólo las escuchaba en la Época Actual, era imposible que ese niño viniera de ese lugar…

-¿Por dónde llegaste? –volvió a preguntar aquel hombre mientras tomaba a Kaoru de los hombros y lo zangoloteaba en busca de más respuestas...

-De un pozo que hay en mi casa... –contestó Kaoru algo asombrado por la actitud de su amigo.

-¿Quiénes son tu padres? –preguntaba el hombre con desesperación.

-¿Qué te pasa por qué te pones así? –preguntó Kaoru sorprendido por el comportamiento de su amigo.

-¡Te hice una pregunta, contesta! –el hombre seguía zangoloteando al niño sin darse cuanta que lo lastimaba.

-Mi mamá se llama Kagome y mi papá se llama... –Kaoru fue interrumpido por su amigo.

-¿Kagome¿Tú madre se llama así? –preguntó su amigo con más desesperación.

-Si... –afirmó Kaoru.

Sin pensarlo un segundo más aquel hombre tomó a Kaoru, lo trepó en su espalda, saltó del árbol y comenzó a correr desesperadamente.

-¿A dónde vamos? –preguntó Kaoru algo asustado, pero su amigo no le contestó.

Su compañero saltaba de árbol en árbol con gran agilidad y destreza, Kaoru no entendía la desesperación con la que su amigo corría sin cesar.

El niño no supo cuanto tiempo corrió su amigo, pero a él se le hizo eterno... hasta que por fin vislumbró a lo lejos el Árbol Sagrado y a medida que se aproximaba se ponía más contento ya que por fin llegaría a su casa con su mamá.

Cuando llegaron al pozo aquel hombre bajó a Kaoru con suavidad al suelo y comenzó a mirar a todas partes, buscando a alguien, Kaoru pudo notar que olfateaba continuamente, como si de esa forma encontrara a esa persona que tanto buscaba, y así fue, el hombre volvió a tomar a Kaoru y lo cargó en sus hombros, en dirección al Árbol Sagrado. Kaoru no sabía porque su amigo actuaba así, pero prefirió no preguntarle y dejar que su amigo hiciera lo que tuviera que hacer. Una vez ya cerca del Árbol, Kaoru reconoció a una mujer que se encontraba dormida al pie del Árbol e instantáneamente su amigo se detuvo, Kaoru no lo pensó dos veces y se bajó tan rápido como pudo y corrió desesperadamente hacia la mujer.

-¡Mamá¡Mamá¡Mamá! –gritó Kaoru emocionado, al escuchar los gritos.

La mujer se despertó y vio como su hijo se aproximaba a ella. Instantáneamente ella se paró y corrió hacia su hijo, se abrazaron como nunca antes, los dos lloraban y su madre no dejaba de darle besos y de pedirle perdón por haberlo dejado solo.

-Te extrañé mucho mamá... –dijo Kaoru sollozando.

-Yo también hijo, casi me muero de solo imaginar que te perdería para siempre... –le dijo su madre que no dejaba de abrazarlo y besarlo—... ¿Pero cómo llegaste aquí? –le preguntó su madre.

-No lo sé, estaba jugando y me caí al pozo –decía Kaoru emocionado de ver a su madre.

-Mi vida, no vuelvas a hacer eso… --dijo ella abrazándolo más fuerte.

-No mami… tenía tanto miedo… te extrañé mucho… –decía Kaoru llorando.

-Yo también mi vida… --contestó ella.

Por varios minutos nadie se percató de la presencia del sujeto que había llevado a Kaoru a ese lugar. También el estaba muy aturdido con la presencia de esa mujer, y no entendía nada de lo que pasaba, no dijo nada en absoluto, hasta que Kaoru se acordó de que gracias a él había encontrado a su mamá.

-Quiero presentarte a alguien... –dijo Kaoru—...es mi amigo... él me ayudó a llegar hasta aquí –decía Kaoru emocionado.

Su madre levantó la vista, y no podía creer lo que veía, lentamente se fue levantando sin dejar de mirar al amigo de Kaoru, ninguno dijo nada, la madre de Kaoru y su amigo no dejaban de mirarse, estaban paralizados y Kaoru estaba más confundido que antes.

-Mamá... –habló repentinamente Kaoru rompiendo el silencio--...él nos puede ayudar a encontrar a mi papá... –dijo él emocionado por la idea.

-No hijo, ya no necesitas buscar a tu padre... –dijo su madre con un nudo en la garganta y con ojos llorosos.

-¿Porqué? –preguntó Kaoru sorprendido por la respuesta.

-Porque ya lo encontraste... –dijo su madre con dificultad.

Continuará...