Sonreí ampliamente cuando vi pasar a mi esposa corriendo frente a mí con un largo vestido azul en sus manos, esquivando a decenas de chicas, con ropas a medio ajustar y con personas maquillándolas y peinándolas. Y sí, podía decirlo así, mi esposa, porque eso era. Para la sociedad japonesa, seguíamos siendo la señorita Minami y la señorita Sonoda, pero para nuestras familias y nuestras amigas, éramos la familia Minami Sonoda –o Sonoda Minami según ella–. Ya casi cumplíamos nuestro primer aniversario, estábamos a menos de dos semanas, pero ninguna de las dos había podido pensar en ello tranquilamente, ya que nuestra vida diaria casi no lo permitía.

Me tapé la boca para ocultar una carcajada, nuevamente al ver como ella acomodaba el cabello de una de las modelos con sus manos. Podía ver el sudor bajar por sus hermosas mejillas, pero ella estaba tan concentrada en su trabajo, que no reparaba en nada más. Pero así era ella, de entregada a lo que hacía. Y debo decir que se lo agradecía mucho.

Fui operada del corazón hace casi diez meses, por un gran médico cirujano, el padre de mi amiga Nishikino Maki. Fue una cirugía de emergencia, ya que había muerto… por segunda vez, en los brazos de mi amada. Gracias a mi doctor y a mi amiga, pude quedarme en este mundo un poco más, y pude recibir la operación que necesitaba, no sin antes sufrir una muerte más y estar en coma por casi un mes. Pero eso solo era el principio, ya que luego venía mi recuperación.

Kotori pasó los dos años anteriores velando por mi salud, y aunque ahora podría decir que estoy casi bien, ella aún sigue cuidando abnegadamente de mí. Fue ese cuidado, ese cariño hermoso y sincero que ella me daba, que hizo que desechara toda mi educación y toda mi formación familiar que me inculcaron, para enamorarme de una mujer.

Suspiré. Kotori acababa de pasar otra vez a mi lado, sin mirarme, corriendo, con otro enorme vestido de invierno. Aún no sabía cómo hacía ella para correr con esos enormes zapatos que usaba, pero lo lograba de forma ágil y hermosa. Bebí despacio de mi café, que tenía prohibido tomar, pero que era lo único que había en la maquina fuera en el pasillo. Estaba sentada frente a un enorme monitor, en la parte trasera de la pasarela, donde todas las modelos se cambiaban para salir a desfilar.

Kotori me pidió que me sentara entre el público, pero no me gustaba hacerlo, ya que quería ayudar en algo, y siempre le pedía que me dejara ayudarla, por lo menos acompañarla. Ella aceptó, pero no me dejaba ayudarla, solo me pedía que me sentara, y podía entenderla, yo de moda apenas si conocía algo, y no podía aportarle mucho a su trabajo.

Miré hacia las modelos, todas con esos hermosos abrigos, vestidos, prendas que Kotori había diseñado. Era la colección de invierno, en un desfile de modas en Nueva York. Habíamos viajado tres días atrás y ahora, en esta ciudad, estaba a punto de comenzar el desfile del diseñador Jean Pierre Toussaint y la diseñadora Minami Kotori. Nunca había estado en un espectáculo de estos y me parecía increíble.

Escuché un suspiro cansado y miré hacia arriba. Dos lindos ojos color miel me miraban, mientras trataba de secar el sudor con sus manos. Me hice a un lado en la silla para dejarle un pequeño espacio. Ella sonrió y se sentó, recostándose en mí.

–Estoy agotada –dijo cerrando los ojos. Sonreí y me acerqué a su oído.

–Buen trabajo mi pajarito. Toma un poco de café, aunque está caliente.

Kotori sonrió y tomó el vaso con su mano izquierda. Despacio lo llevó a sus labios bebiendo despacio. Yo tomé su otra mano y la entrelacé con la mía, ocultándola de la mirada de las personas.

– ¿Dónde está Jean Pierre? Te está dejando todo el trabajo a ti.

–Está atendiendo a la prensa –dijo, bebiendo un poco más–. Sabes que a mí no me gusta hablar con ellos.

–Pero dominas tres idiomas Kotori. Menos mal yo, que solo sé Japonés.

Ella rio y acarició mi mano con fuerza. Se sentó mejor en la silla y me miró a los ojos fijamente. Iba a decir algo, pero la voz de una chica la detuvo.

–Miss Minami, I need your help here, please.

–Coming –dijo Kotori y me sonrió. Me devolvió el vaso y lanzando una mirada furtiva me besó la frente. Se alejó corriendo de mí.

Me acaricié el lugar donde me había besado y sonreí. Faltaban solo unos minutos para comenzar, lo que sería un paso importante en la carrera de mi esposa. Si este desfile tenía éxito, Jean Pierre y Kotori pasarían a la elite de la moda. Miré hacia la entrada principal de la habitación. Un joven alto y delgado, cabello corto, oscuro, ojos azules, bien parecido, entró al lugar, llamando la atención de las personas dentro. Me miró y sonrió mientras se alejaba a donde estaban las modelos.

Saqué mi móvil para mirar si tenía algún mensaje. Nada. Me puse a sacar la cuenta de la diferencia horaria que había entre Nueva York y Tokyo, para enviar un mensaje, cuando escuché un fuerte grito que detuvo todo dentro de la sala. Una de las modelos estaba tirada en el suelo, sosteniendo su mano, la cual sangraba profusamente. Jean Pierre se acercó a ella, ya que Kotori ya estaba a su lado, arrodillada.

Comenzaron a hablar en inglés, y yo no podía entenderles, pero por los tonos de voz, supuse que era algo serio. Kotori se puso de pie y salió corriendo de la habitación. La chica lloraba con mucho dolor y las demás la miraban temerosas. Una de las maquillistas, recogía con cuidado, los trozos de cristal esparcidos en el suelo. Jean Pierre ayudó a la chica a levantarse y la llevó hasta una silla, cubriendo su mano con una toalla.

Me mordí el labio. Me sentía impotente y algo asustada, debía admitirlo. Kotori regresó unos segundos después acompañada de dos hombres vestidos de azul, que supuse era paramédicos, y rápidamente se acercaron a la joven. Me acerqué a Kotori y le tomé la mano. Ella me miró y se alejó del grupo conmigo.

– ¿Qué sucedió? –pregunté en un susurro. Kotori lucía realmente angustiada.

–Parece que la botella de vidrio que estaba usando para beber su agua se rompió y le cortó profundamente la mano. Dice que no siente los dedos.

Miramos a la chica. Todo el maquillaje que ya le habían colocado en su rostro se había corrido debido a la cantidad abundante de lágrimas que caían por sus mejillas. Jean Pierre la tenía recostada a su pecho, abrazándola, mientras los paramédicos cubrían la herida con cuidado. Una voz llegó desde la puerta.

–Ten minutes for the start!

Las demás personas comenzaron a apresurarse a alistarse. Kotori suspiró y me miró antes de volver a acercarse a la chica. Yo suspiré y regresé a mi silla sin quitar mi mirada de lo que sucedía. Sentí lastima por la pobre chica. Los paramédicos se la llevaron acompañada de una chica del staff del desfile. Jean Pierre lanzó un suspiro y miró a Kotori. Se alejaron de todas las personas y comenzaron a hablar entre ellos. Me mordí el labio. Kotori negaba con fuerza y lucía algo alterada, mientras que Jean Pierre lucía molesto. Ambos me miraron y luego siguieron hablando.

Recibí un mensaje al móvil. Era un mensaje de mamá. Lo leí y le respondí rápidamente. Cuando le di a "enviar" y levanté la mirada, Kotori estaba frente a mí.

–Kotori...

–U… Umi-chan, ¿podemos hablar?

– ¿Sucede algo Kotori?

Kotori suspiró. Miró hacia Jean Pierre, que de verdad lucía algo molesto, y regresó su mirada a mí. Le tomé la mano para instarla a hablar.

– ¿Qué sucede mi pajarito?

–Umi-chan…

– ¿Va a estar bien la muchacha? ¿Se la llevaron al hospital? –Kotori asintió.

–Sí, se la llevaron porque parece que uno de los cristales le cortó un tendón o un nervio, por eso no siente la mano.

–Pobre… ¿y que va a pasar con el desfile?

–Eh… Umi-chan, yo… yo sé que no te va a gustar lo que te voy a pedir, pero Jean Pierre insiste en que te lo pida.

– ¿Qué me pidas qué?

Kotori suspiró y tomó mi otra mano. Lucía nerviosa, asustada. Yo la miraba curiosa. Escuchamos la voz de un hombre que daba comienzo al evento, aunque faltaban unos cinco minutos.

–Umi-chan… po… ¿podrías modelar en el desfile?

Lo dijo atropelladamente y sin mirarme. Yo me quedé con la boca abierta, ya que no salía ninguna respuesta de mí. Ella levantó la mirada al no escuchar mi respuesta.

– ¿Umi-chan?

–Kotori… ¿escuché bien? –ella asintió sonrojada–. ¡Pero eso es muy vergonzoso! ¡No puedo hacer eso! ¡Yo no soy modelo!

–Lo sé mi amor, lo sé –dijo tratando de tranquilizarme, ya que había subido mi tono de voz sin querer–. Y sé lo dije a Jean Pierre, pero él insiste en que lo hagas.

– ¿Por qué yo? ¡Yo no puedo hacerlo!

Bajé la mirada, pero capté como Kotori miraba a Jean Pierre. Soltó mis manos y las colocó en mi rostro, haciendo que la mirara a sus ojos.

–Umi-chan… no tenemos tiempo para traer otra modelo, y no tenemos ninguna disponible. Si yo pudiera, lo haría, pero no puedo, me necesitan aquí atrás.

–Kotori…

–Umi-chan, siempre me pides que te deje ayudarme, y ahora lo necesito mucho mi amor. Por favor… solo serán tres atuendos, solo eso.

– ¿Tres?

–Sí. Umi-chan… por favor.

Y ahí estaba el "por favor" que no quería oír. El "por favor" que ella usaba en mi contra, el "por favor" al que no podía decirle que no. Su mirada en mí, sus mejillas levemente sonrojadas, su boca abierta. Su brillo radiante.

Iba a negarme, por primera vez iba a negarme, lo juro, pero ella tenía razón. Siempre la he querido ayudar, porque ella me ha ayudado demasiado, y ahora que me necesita...

Suspiré, suspiré y bajé la mirada. Kotori me necesita, y no puedo comportarme de manera egoísta. Es vergonzoso, es aterrador, pero…

–Umi-chan… Jean Pierre dijo que eras nuestra mejor opción… porque yo hago todos mis diseños pensando en ti. Porque eres mi modelo. Sé que tienes miedo…

Soltó mi rostro y me abrazó. Me abrazó con mucho cariño, con todo el amor que ella siempre me daba. Me susurró al oído dulcemente.

–Tranquila, no te obligaré a hacerlo. Le diré a Jean Pierre que no.

Se separó de mí, y comenzó a caminar hacia donde Jean Pierre. Él tenía en su rostro decepción, pero sonrió al verme. Kotori ya se había alejado casi un metro cuando la detuve sosteniendo su brazo. Ella me miró sorprendida.

– ¿Umi-chan?

–Kotori… lo… lo haré.

– ¿Qué? No Umi-chan, no tienes que esforzarte a…

–No. Lo haré, seré tu modelo. Tal vez no soy la más adecuada, ni la más bonita, ni tengo un buen cuerpo, pero…

–Umi-chan… tú eres hermosa, muy hermosa, lo sabes.

Volvió a tomar mis manos. Yo la miré a los ojos y le sonreí.

–Te quiero ayudar mi pajarito. Por eso lo haré.

Kotori me abrazó con fuerza y me besó, sin importarle nada, sin importarle que el lugar estaba abarrotado de personas, me besó con fuerza y me abrazó. Me sorprendí mucho pero aun así, la abracé. Jean Pierre sonrió más ampliamente y comenzó a girar órdenes a varias personas. Kotori tomó mi mano y me acercó a rastras ante él.

–Jean Pierre…

– ¿Lo vas a hacer Sonoda-san? –Asentí tímidamente y él sonrió más–. Vas a ser la modelo más hermosa.

–Pero no sé qué debo hacer. Nunca he… modelado.

–Kotori te dirá lo básico. Vamos, no tenemos tiempo. Todas las demás apresúrense.

Kotori me llevó y me sentó frente a un espejo dejándome sola. Dos chicas comenzaron a maquillarme sin ella haberles dicho nada. Me ponían sombras, y colores que en mi vida usaría. Kotori regresó con un traje. Entre ella y otra chica comenzaron a desnudarme. Debo decir que me moría de la vergüenza, ya que había hombres ahí, pero ya no podía reclamar. Estaba en ropa interior cuando Kotori dirigió su mano al broche de mi sujetador, la detuve escandalizada.

–Kotori…

–Perdona mi amor –dijo con un puchero, pero con mirada decidida y apartó mi mano. Hábilmente soltó el broche y quitó la prenda. Me cubrí mis pechos, logrando que las tres chicas que estaban con ella sonrieran. Sentía mis mejillas ardiendo.

Kotori y ellas colocaron las prendas, una blusa de seda transparente azul, un pantalón negro, un abrigo de color marrón, zapatos de tacón alto. Amarraron mi cabello y colocaron un sombrero en él. Me sentía incómoda. ¿Por qué acepté? Pensé mientras Kotori arreglaba el cuello de la blusa.

–Kotori… se ve mi pecho… –dije en un susurro. Kotori sonrió.

–Solo esta es transparente Umi-chan, las otras dos son cerrados.

–Pero… –suspiré y miré mi reflejo.

El desfile ya había comenzado, y podía escuchar la voz de Jean Pierre, que daba órdenes en inglés. Kotori terminó de arreglar los ruedos del pantalón y subió a mi blusa. Tomó mi colgante, con el medallón de µ's que ella y mis amigas me habían regalado y lo quitó. La enorme cicatriz que atravesaba mi pecho ahora lucía más. Las chicas se sorprendieron al verla, pero Kotori tomó un bote de maquillaje y comenzó a aplicarlo con mucha soltura.

–Listo –dijo ella sonriendo. Miró a las chicas que asintieron y se alejaron. Yo miré mi reflejo.

Podía cerrar un poco el abrigo y tapaba mis pechos. Ahora agradecía no tener muchos como Nozomi o Eli, o la misma Kotori. Kotori notó mi intento y suspiró molesta.

– ¡Umi-chan! –dijo en tono duro.

–Pero Kotori… me da vergüenza.

–Nadie se va a fijar en ellos mi amor. Confía en mí. Además son hermosos –Eso que dijo me hizo sonrojar por completo. Ella me abrazó con una sonrisa y me susurró al oído–. Ahora, cuando termine el desfile, en el hotel, puedo probarte que son hermosos.

–Kotori… no digas eso…

– ¿Por qué no? Además, traje el regalo que Nozomi nos dio en nuestra boda conmigo –y se mordió la lengua. La miré entre sorprendida y escandalizada.

– ¿Trajiste eso contigo en el equipaje? Kotori, ¿Cómo se te ocurre?

–Es un regalo de nuestra amiga, y sé que a ti te gusta que lo use. No lo iba a dejar en casa.

No sé si lo estaba haciendo a propósito, pero me tenía sonrojada, acalorada y avergonzada. Ahora agradecía que nadie entendiera japonés en ese lugar. Me guiñó el ojo y me tomó de la mano para llevarme hacia la entrada a la pasarela. Jean Pierre me miró y soltó un silbido de sorpresa. Mi sonrojo subió más y traté de ocultarme con mis brazos.

–Sabía que funcionaría. Luces muy, muy hermosa Sonoda-san.

–Eh… gracias.

–Umi-chan, mira.

Miré hacia la pasarela. No entendía que quería Kotori que mirara, hasta que capte lo que sucedía en ella. Todas las modelos seguían un patrón similar, caminaban de forma segura, firme, mirando hacia el frente. Llegaban al borde de la pasarela, se detenían, posaban, una, dos, tres poses y regresaban de la misma manera.

–Eso es todo lo que debes hacer Umi-chan.

– ¿Crees que pueda?

–Confío en ti mi amor. Sé que puedes hacerlo.

–No dudes de tus capacidades Sonoda-san. Lo harás increíblemente bien. Pasos firmes, gesto serio, mirada al frente. No dudes, no te detengas. Quédate diez segundos al frente y regresa. Las personas no te estarán observando, estarán observando lo que llevas puesto.

Jean Pierre me decía lo que ya había entendido con solo mirar. Tragué grueso y asentí. Las dos últimas modelos ya estaban listas para salir. Kotori acomodó una última vez el abrigo y me guiñó el ojo. Asentí no muy segura, pero asentí para darle confianza a ella.

–Ve Sonoda-san.

Las modelos delante de mí comenzaron a caminar. Yo comencé a seguirlas, tratando de caminar de la misma manera que ellas, pero sentí mi zapato vacilar, mi pie torcerse levemente. Suspiré y acomodé mis pasos a mi forma natural de caminar. Tal vez Eli sería mejor modelo en este momento, pero ahora era yo la que estaba saliendo a la pasarela. Cuando la luz me iluminó, quedé sorprendida.

Unas doscientas personas miraban expectantes la pasarela, y noté sorpresa cuando me vieron salir, y era lógico. No era modelo, no tenía una figura delgada, no era alta, mi piel era blanca. Por un momento me sentí abrumada por todos esos pequeños detalles, pero noté que algunas personas sonreían y aplaudían. Llegué al borde de la pasarela y me detuve. Traté de posar. Debí haberle hecho caso a Nico en la preparatoria cuando nos ponía a hacer estas cosas en los ensayos. "Nunca saben cuándo tendrán que modelar para una foto" decía en su tono de Idol.

Sonreí al recordarla, y fue como si hubiera hecho algo extraño, porque las decenas de fotógrafos comenzaron a sacar fotos. Me asusté, y me apresuré a regresar. La pasarela parecía mucho más larga, porque ahora podía escuchar los comentarios aunque no entendía ninguno. Cuando regresé a la oscuridad de detrás de la pasarela, los tibios brazos de Kotori rodearon mi cuello. No me dijo nada, solo me besó la mejilla.

–Bien hecho mi amor –susurró en mi oído.

Asentí y ella tomó mi mano, para llevarme nuevamente a vestir con el siguiente atuendo.

El público aplaudía de pie mientras Kotori y Jean Pierre hacían reverencias de agradecimiento. Una de las modelos le llevaba un hermoso ramo de flores a Kotori. Yo estaba atrás del todo, aplaudiendo. Aún llevaba puesto el último traje, un abrigo color blanco, una blusa azul y una falda ajustada negra, con una botas altas de tacón. Mi cabello suelto. Los flashes de las cámaras iluminaban todos los ángulos, y capturaban todo el momento de felicidad de mi esposa. El evento suponía, había sido un éxito. Jean Pierre señaló a Kotori que hizo otra reverencia y se despidió del público, entrando delante de las modelos. Tomó mi mano y me llevó con ella. Jean Pierre fue el último en abandonar el escenario.

Que decir de la algarabía que había dentro de la sala. Las modelos, el staff. Era extraño para mí, ver tanta camaradería, abrazos, besos, algo muy normal en la cultura occidental. Kotori apenas si participaba, y yo recibí unos cuatro o cinco abrazos. Jean Pierre dio un discurso del cual no entendí ni una palabra, pero no importaba, ya había terminado todo esto. Me alejé buscando mi ropa, ya que me quería cambiar. Por alguna razón, la ropa me gustaba pero me daba miedo dañarla y por eso quería cambiarme. Cuando al fin pude encontrarla, Kotori llegó por mi espalda y me abrazó.

–Umi-chan –dijo, recostando su cabeza en mí.

– ¿Fue un éxito? –pregunté temerosa. Ella asintió y me besó. Tomó mi ropa y me comenzó a ayudar a cambiarme, sin que nadie lo notara, ya que estaban sumidos en la celebración. Cuando ya acomodaba mi cabello llegó una de las modelos y comenzó a hablar con Kotori.

–Miss Minami, can I ask you something? Is she your… girlfriend? Are you a couple?

No entendí mucho, pero si pude entender la palabra novia. Miré a Kotori que con una sonrisa le asintió y le pidió que se acercara a ella. Le susurró algo al oído y luego las dos soltaron una carcajada. Yo me quedé curiosa mirándolas.

–Mon cheri –Jean Pierre interrumpió las risas de las dos chicas y miró a Kotori fijamente con una sonrisa–. Nos esperan para la conferencia de prensa.

– ¿Tengo que ir? –dijo Kotori con un puchero. Jean Pierre le asintió con una sonrisa. Me sentí algo celosa, a decir verdad, pero sabía que no tenía por qué.

–Este fue un evento completamente tuyo, un evento fantástico.

Kotori sonrió y me miró. Le asintió a Jean Pierre y él se alejó. Tomó mi mano.

–Umi-chan, tengo que ir a la conferencia. Me va a tomar como una hora más salir de aquí. Porque no mejor te vas al hotel a descansar. Recuerda que estás en rehabilitación.

– ¿No puedo esperarte?

–No puedes entrar a la sala sino eres miembro del staff o la prensa.

– ¿Pero fui modelo? –dije en un susurro con sonrojo. Ella soltó una linda carcajada, pero me negó–. Está bien. Voy a regresar al hotel.

–Buscaré quien te lleve.

Kotori se alejó y buscó a un chico del staff. Unos minutos después, se despidió de mí y se marchó con Jean Pierre y otras personas. Suspiré y miré al chico. El no habla japonés, yo no hablo inglés. Sonreí y el entendió. Unos minutos después ya me encontraba camino al hotel. Mientras avanzábamos miraba por la ventana del vehículo, viendo la ciudad, las luces, las personas. Me recordó a Tokyo. Pensé en las chicas. Ya casi una semana que las vi la última vez. Lo último que sabía era que a Eli se le había muerto la abuela, y que Nozomi estaba con ella. De Honoka no sabía nada, nadie sabía nada, y de las demás, todas estaban bien.

Hice una reverencia al despedirme del chico. Entré al hotel y me dirigí hasta nuestra habitación. Kotori y yo pensábamos usar habitaciones individuales, pero Jean Pierre nos instó a que usáramos solo una. "Es América" nos dijo, "el país de la libertad. No se deben preocupar por ser pareja en este lugar."

Abrí la puerta y debido a lo cansada que estaba me lancé en la cama. Ya eran más de las once de la noche, y según mi tratamiento, debía haberme acostado a las nueve. Cerré los ojos lentamente, recordando lo sucedido hacía apenas unas horas. Nunca me imaginé modelando, nunca me imaginé caminando por una pasarela, y dejé que el sueño me ganara.

Una mano me acarició la mejilla, haciendo que abriera los ojos soñolienta. La luz de la habitación estaba a media intensidad, pero podía ver los lindos ojos de Kotori mirándome mientras pasaba una toallita húmeda por mi rostro.

–Kotori…

–Dormir con el maquillaje puesto es malo para la piel Umi-chan.

Sonreí y busqué los labios de Kotori que no dudó nada en besarlos. Duramos un largo rato, besándonos tiernamente. Cuando ya los brazos de Kotori no soportaron su peso, se dejó caer en mi pecho y cerró los ojos.

–Me siento tan cansada –dijo con un leve bostezo. Yo le acaricié la cabeza.

–Vamos a cambiarnos y nos acostamos a dormir mi pajarito. Ya es muy tarde.

Ella asintió y unos minutos después, ya estábamos acostadas, abrazadas y durmiendo plácidamente. En mis sueños, aún me veía modelando, pero con Kotori a mi lado, hasta que el leve golpe en la puerta me despertó. Sentí que el tiempo había pasado muy, muy rápido. Me tomó unos segundos abrir los ojos, y Kotori estaba igual, levantándose de mi pecho. Unos golpes más y una voz femenina.

–Room Service –dijo en voz alta. Kotori me miró confundida.

–Come In –dijo tratando de contener un bostezo y levantándose. Se puso una bata sobre su camisón y se acercó a la chica que entraba con un carrito de servicio. Yo me senté en la cama y me cubrí con la sabana. Miré el reloj sobre la mesa de noche, ya marcaba casi mediodía. La chica se alejó y Kotori tomó una tarjeta que estaba en el carrito, donde había un desayuno muy americano, y algo de fruta.

–Es de Jean Pierre –dijo mordiendo una manzana–. Dice que nos agradece todo, todo lo que hicimos ayer, en especial tu Umi-chan. También dice que miremos la página veinte del periódico.

Kotori tomó el periódico y lo acercó a la cama. Se sentó a mi lado y comenzó a pasar las páginas hasta que llegó a la indicada. Una foto mía, con la primera vestimenta que usé el día de ayer, con una sonrisa en mi rostro, encabezaba un artículo en inglés. Las demás fotos eran de otras modelos y una donde salían Kotori y Jean Pierre. Mis mejillas se sonrojaron y sentí demasiada vergüenza. Kotori leía el artículo y me miró con una sonrisa.

–Qué… ¿Qué dice el artículo? –pregunté en un susurro.

–Habla del desfile –y contuvo una carcajada. Yo la miré curiosa.

– ¿Solo eso?

–Y dice que una belleza japonesa se robó el show.

Todo el calor subió por mi cuerpo y sentí que me iba a desmayar. Kotori ya no ocultó su carcajada y se lanzó sobre mí para besarme. Yo no entendí cuál era su alegría, hasta que ella me besó nuevamente y me dijo.

–Ahora eres modelo y podré llevarte a todos mis desfiles.

–Kotori… –dije pero ella me besó otra vez y comenzó a hacerme cosquillas.

Era esa felicidad que compartía con ella la que ahora me motivaba a vivir, la que ahora daba un sentido a mi vida. Pero nuestra felicidad del día duró muy poco. El sonido del móvil de Kotori hizo que nos detuviéramos. Kotori se estiró y tomó su teléfono. Me senté a su lado para mirar el mensaje, de Fumiko-san. El leerlo, hizo que un frío intenso bajara por mi espalda.

"¿QUÉ DEMONIOS CREEN QUE ESTÁN HACIENDO?"


Y aquí está el nuevo capítulo de la semana. Ya llevamos cuatro.

Pobre Umi, ese por favor de Kotori es poderoso en ella, tanto que logró hacerla modelar. Pero vemos que ahora Umi es más abierta con su esposa.

Pero... ese mensaje de Fumiko... ¿por qué? ¿Qué piensan ustedes?

PD: Por cierto... que será ese regalo que les hizo Nozomi a nuestra parejita que a Umi le gusta tanto, jajaja. ¿Ustedes que creen que sea?

Espero les guste el capitulo de hoy, y comenten. Un abrazo.