- ¡Y esa es la respuesta al acertijo! - prosiguió Fox - ¿Ves que no es dificil?

- Lo lamento Fox, estoy avergonzado por haber caido en un truco tan infantil – respondió ROB 64, todavía apenado

- Eso ya no importa – abrió un canal de comunicaciones por la pantalla holográfica – ¿Lo encontraste Krystal?

El rostro de la zorro de Cerinia hizo su aparición por la pantalla

- Aún no – lamentó – La nave entera es enorme y podría estar en cualquier lugar ¿Revisaste los baños?

Un grito estruendoso resonó por los pasillos. Fox y Rob voltearon en dirección del ruido, estupefactos.

- Precisamente ese grito vino de ahí... - dijo el zorro, alterado - ¡Vamos allá! - cortó el canal de comunicaciones – Oh por el amor de dios... ¿Qué habrá pasado?

Fox McCloud y ROB corrieron tanto como pudieron sus piernas hasta llegar al pasillo que daba a los baños. La puerta estaba abierta y un humano sin más prenda que una toalla que tapaba sus vergüenzas salía de ahí a toda velocidad, dejando un rastro de agua y resbalando por el piso metálico hasta caer de frente al suelo.

- ¡Hector! - exclamó Fox

El joven de cabello negro giró de espaldas al suelo, mirando al baño, asustado.

- ¡Detente aguilucho, por favor! - profería temeroso - ¡Lo del jabón era solo una broma! ¡No me mates!

Dos disparos fallidos de un arma laser hacia el suelo fueron suficientes para que Héctor Vulkan se arrastrase a toda velocidad al lado opuesto del pasillo donde se hallaban Fox y ROV. Poco después, Falco salía del baño, llevando también una toalla, con una pistola laser cargada en sus manos.

- ¡De esta no te vas a escapar, mono sin pelo!

- ¡Por favor! ¡Dejen de mojar el suelo! - exclamaba ROB, horrorizado por la cantidad de agua derramada frente a la puerta del baño.

Falco apuntaba cuidadosamente al humano con su pistola mientras este temblaba de miedo. Fox miraba alterado aquella escena.

- ¡Falco!

- ¡Oh! ¡Eres tú Fox! - contestó el ave sin apartar la vista de su presa – Vamos, ayudame a inmovilizar a este intruso.

- ¡No seas así, pajarito! - insistió Vulkan - ¡Escuché tu historia en el baño y me di cuenta que eres un buen tipo! ¿No podrías perdonarme y dejarme ir?

- ¡Silencio! Es una suerte que siempre voy con mi arma a los baños, porque sino...

- ¡Falco, detente! - reclamó Fox

- ¿Por qué sigues de pie sin hacer nada? - preguntó - ¡Agarralo y amordázalo mientras yo lo vigilo! ¡Puede que haya otros humanos en la nave!

- ¡No! ¡Él es el único!

- Si lo sabías, ¿Porque no activaste las defensas internas de la nave? Con ello nos ahorraríamos un gran trabajo.

- Es que de eso quería hablar contigo...

En ese preciso instante, llegaron Krystal y Slippy por el otro lado, justo donde se encontraba Héctor. Krystal estaba un tanto avergonzada ante la presencia de los chicos casi desnudos, aunque logró mantenerse firme ante la situación.

- ¡Falco! ¡Él no es un enemigo! - advirtió la zorro azul

- ¿Krystal? ¿Slippy? - el ave de plumas azules estaba desorientado - ¿Qué sucede aquí? ¿Qué significa todo esto?

Slippy asomó sus grandes ojos de por detrás de Krystal y quedó sorprendido al ver a Vulkan tendido en el suelo. La rana se aproximó con curiosidad al humano hasta quedar a menos de un metro de este.

- Así que este es el humano del que me hablaste, Krystal – todos estaban asombrados por la falta de pavor del anfibio mecánico - ¡Nunca había visto uno en mi vida! Me llamo Slippy. ¿Cual es tu nombre, amigo?

Slippy le tendió su verdosa mano, en señal de saludo

- ¡Ahh! - gritó Vulkan - ¡Una serpiente!

- Eh... soy una rana.

- ¡Ahh! ¡Una rana serpiente!

- Ten un poco de paciencia, Slippy – intervino Krystal, sonriendo con algo de pena – Él es un poco... digamos...

- Tonto – agregó Fox – Él es un poco tonto para entender las cosas.

- Esto no tiene ningún sentido Fox – replicó Falco, ya irritado – Necesito una explicación en este instante.

- Ahora no es el momento – declaró – Primero arreglemos todo este desastre. ROB, dale un cambio de ropa a Héctor y llevalo a una de las celdas de la nave.

Vulkan se estremeció, Slippy y Krystal también quedaron impactados. Falco, en cambio, no pudo evitar mostrar una ligera sonrisa, al ver que Fox ya estaba actuando de forma "sensata".

- ¡Oye oye! ¡S-solo fue un accidente! - se apresuró a decir Vulkan - ¡Me portaré bien esta vez, lo prometo!

- Solo será por ahora, hasta que tomemos una decisión sobre ti – la voz de Fox sonó fría. Vulkan se levantó del suelo, acomodándose la toalla en su cintura y desapareció junto a ROB por el pasillo del que provenían Krystal y Slippy. La cánida azul pensó que quizá Fox había exagerado al llevarlo a la celda, aunque comprendió el hecho que así se evitarían nuevos accidentes.

- Muy bien, vamos a limpiar el agua derramada por aquí - dijo Fox, más calmado – Falco, vístete y en 15 minutos nos vemos todos en la sala de reuniones, cerca del puente. Peppy debería llegar dentro de poco, ya que terminó la hora de la reunión con el general Pepper. Ya lo saben, en 15 minutos. ¿Lo entendieron bien, Slippy, Krys..? ¿Qué sucede Krystal? ¿Te sientes mal?

Un delgado hilo de sangre brotaba de la nariz de la ceriniana azul, corriendo lentamente por su rostro enrojecido. Se puso de espaldas a Fox y en voz baja, respondió:

- Falco, se te cayó la toalla...

El ave miró abajo y al ver sus partes privadas al aire, se apresuró a cubrirse con sus manos, en un ambiente de carcajadas por parte de Fox y Slippy.

15 minutos mas tarde, en la sala de reuniones del Great Fox, se hallaban cuatro de los miembros del equipo: Fox McCloud, Falco Lombardi, Sippy Toad y finalmente Krystal; todos sentados alrededor de una mesa, iluminados por luces de neón en las paredes que rodeaban el ambiente tenso del lugar. Por la ventana, se podía divisar el paisaje matutino de Corneria: un mar de nuves ondeaba bajo las aletas de la nave, con algunas montañas nevadas asomándose por aquella masa de algodón.

- ¿Te llevaste a ese humano a la nave? - exclamó Falco - ¿Es que has perdido la cabeza, Fox?

- No lo iba a dejar morir en ese lugar – respondió el zorro, con serenidad – Si las fuerzas armadas de Corneria lo hallaban, es casi seguro que lo habrían ejecutado ahí mismo.

- ¡Y con razón! - replicó el ave - ¡Tu sabes que no esta permitida la entrada de humanos a Corneria desde hace más de 20 años! ¡Si descubren que escondemos a un humano estamos fritos!

- ¿Que sucede Falco? - preguntó Fox – Tu sueles desobedecer las reglas muy a menudo. ¿Por qué te importa eso ahora?

- ¡Somos cazarecompensas, Fox! ¡No quiero ser yo la recompensa!

En el instante que Fox iba a contestar, entró a la sala el mismísimo Peppy Hare, acompañado de ROB. El conejo Peppy era el miembro más antiguo del equipo, siendo uno de los fundadores junto al padre de Fox, James McCloud y el traidor Pigma Dengar. Peppy había combatido con orgullo junto a James antes de su misteriosa desaparición frente a las fuerzas del maquievélico científico Andross. Fox veía a Peppy como su maestro y aún cuando ya no pilotaba su nave para el combate debido a su edad (tenía más de 50 años), aún guiaba a Fox y al resto del equipo dando apoyo táctico desde el Great Fox.

Al mismo tiempo que el veterano de largas orejas de incorporaba en su asiento, Fox lo recibió:

- ¡Buenos días Peppy! Nos alegra verte de vuelta. ¿Como te fue en la reunión?

- Buen día Fox – respondió con un tono paternal – No ha sido nada importante. El general aún mantiene su oferta de unirnos a las fuerzas armadas de Corneria, pero yo le dije que tu estas decidido mantenerte como mercenario. En el camino me encontré con mi hija Lucy, ella ha hecho un gran avance en la academia de vuelo y está lista para combatir. Me ha comentado que ella y un par de amigas suyas deseaban entrar en el equipo Star Fox, pero le he dicho que tu tienes la última palabra en cuanto a la inclusión de nuevos miembros.

- Hmm... ya veo... - Fox pensó por unos instantes – Hablaremos de eso en un rato, primero debemos discutir sobre un asunto más importante.

- Si, ya ROB me mantuvo al tanto de la situación – la sonrisa del conejo desapareció – Fox... De todas las locuras que has cometido. ¿Por qué tenías que hacer esta?

Aquella respuesta fue una sorpresa para Fox. Por una vez, cuando pensaba que Peppy lo apoyaría, este se oponía a la decisión que había tomado.

- Peppy... ¿Por qué lo dices?

- Es obvio Fox - explicó calmadamente – En la escuela... no, en la academia al menos debiste leer sobre el Tratado de Lybius, firmado hace 20 años.