04.

El timbre sonó justo en el momento en que Connor ponía el último vaso en la mesa ratona del living. Se sacudió las manos en los pantalones y abrió la puerta, sabiendo perfectamente de quien se trataba.

Lexie tenía en sus manos dos cajas de películas, tapándole el rostro. Se asomó por un costado y le sonrió a Connor, quien le devolvió la sonrisa y se hizo a un lado para dejarla pasar.

-Traje una de terror y otra de aventura, ¿cuál quieres ver primero? – Preguntó la muchacha entrando al living de la casa que tan bien conocía.

Lexie y Connor habían crecido juntos, sintiéndose casi como hermanos. El muchacho era sólo un año más grande que la rubia, y el hecho de que sus padres sean conocidos y trabajaran para luchar contra la misma amenaza había influido bastante. Lexie era producto de una relación infructuosa que Leon había tenido con una ex-novia; cuando la muchacha dio a luz a Lexie, se la dejó a Leon y desapareció. Nunca más supo de ella, pero a la chica poco le importaba. Su padre era su amigo, confidente y héroe. Cuando creció y entendió la situación, su corazón sintió aún más afecto por su padre. Le agradecía desde lo más dentro de su ser todo lo que él había hecho por ella, sabiendo el esfuerzo que Leon había tenido que hacer entre cuidarla a ella, el trabajo y todo lo demás. A veces su padre era algo sobreprotector con Lexie, pero la muchacha lo entendía y se lo tomaba a la ligera.

Lexie conectó aún más con la familia de Connor cuando Leon comenzó a salir con Claire, tomándole un cariño increíble a ella y llamando a Chris y Jill "tíos". Desgraciadamente, por desacuerdos con sus trabajos, Leon y Claire terminaron separándose, pero Claire prometió seguir en contacto con Lexie, y Chris le recalcó varias veces que él aún era su tío.

Luego de diez años, la juguetona de Lexie aún consideraba a Connor y sus padres como su familia, y de vez en cuando se veía o hablaba con Claire. Por culpa del trabajo de ésta no era muy seguido, pero Lexie era tan optimista y feliz, que estaba satisfecha con su vida, pensando que no podía pedir nada mejor. Nunca preguntó por su madre biológica.

-Me es igual. Veamos la que quieras primero. – Contestó Connor, bajando el escalón que separaba la entrada del living.

La muchacha sacó una película de su caja y la introdujo en el reproductor. La gran pantalla de la televisión se iluminó, y ambos se acomodaron en el sofá. Como era típico, comenzaron a hacer bromas y a charlar por sobre la película, dejándola más en segundo plano.

-Rayos, olvidé las palomitas. – Dijo Connor entrados los veinte minutos, y se levantó para ir a la cocina.

Algo captó su atención afuera en el jardín; unos arbustos parecieron moverse aunque no había viento. Connor se quedó mirando un rato, hasta que Lexie preguntó qué sucedía y él, para no asustarla, sacudió la cabeza y se dirigió a la cocina.

Un sentimiento de inquietud se apoderó de él, y por más que intentó, no pudo tranquilizarse. "No es nada, no te preocupes." Seguía repitiéndose, pero sus manos temblaban al coger el bowl de palomitas.

Al regresar, notó que Lexie había pausado la película y lo miraba apoyando sus brazos en la parte trasera del sofá.

-¿Está todo bien? – Preguntó la muchacha, en un tono serio que era extraño en ella.

-Sí, no te preocupes.

El castaño dejó el plato en la mesita y volvió a sentarse en el sofá. Chequeó su celular, y deseó que sus padres no tardaran tanto en llegar; aunque habían salido a cenar, y las diez y cuarto era temprano para que la velada terminara.

Cuando dejó el aparato en la mesa y levantó la vista, sus ojos se toparon con los de un enmascarado vestido de negro que lo miraba desde los arbustos del jardín, a través de los paneles de vidrio. Connor rápidamente se puso de pie y corrió a la puerta, cerciorándose de que estuviera cerrada.

-Ahora sí me estás preocupando, ¿qué ocurre? – Preguntó Lexie, siguiendo a su amigo.

-Hay alguien afuera.

-¿Qué?

Connor avanzó con paso rápido a las ventanas y puertas, cerrándolas todas. Lexie no estaba segura de qué estaba pasando, pero su corazón cada vez latía más rápido. La muchacha caminaba con los brazos alrededor de sí misma, abrazándose y siguiendo de cerca al castaño. Cuando volvieron al living, Connor miró con cautela hacia afuera, pero no había nada extraño.

-Quédate ahí. – Dijo el muchacho, haciendo una seña con la mano para que se quedara donde estaba.

Avanzó hacia los vidrios, intentando detectar al enmascarado otra vez. Pero todo estaba oscuro, y no podía ver nada fuera de lo común. "Ésta se suponía que iba a hacer una noche entretenida y divertida", se repetía para sí. Deseaba con todo su ser que haya sido una ilusión, y que estuvieran a salvo. Al rato, desistió y volvió al lado de Lexie, pero ésta abrió grande los ojos, señalando hacia afuera.

Lo que siguió fue un estallido, pedazos de vidrio volando como proyectiles hacia todos lados, y unas cuantas figuras negras amenazantes invadiendo la estancia. Connor y Lexie habían terminado en el suelo atrás del sofá, y apenas tuvieron tiempo para ponerse de pie y correr hacia las escaleras.

Las figuras parecían estar desarmadas, pero el hecho de que habían entrado de esa manera definitivamente las tachaba de peligrosas. Lexie y Connor no iban a quedarse a averiguarlo, y rápidamente intentaron alejarse.

Uno de los enmascarados intentó interponerse en su camino, pero Connor estrelló un florero que había al alcance de su mano en su hombro, haciéndolo centrar su atención en la herida. Escuchaban a los demás pisándoles los pies, pero no se atrevían a mirar.

Casi llegando a la escalera, Lexie tropezó y cayó. Connor rápidamente la ayudó a levantarse, sintiendo cómo su corazón daba un vuelco al temor de perder a su mejor amiga. Ambos subieron los escalones a toda prisa, y se encerraron en el primer cuarto al que se metieron; el cuarto de Jill y Chris.

Una vez dentro, a oscuras y sentados en el suelo contra la cama, Connor y Lexie se quedaron quietos con el alma en la boca.

-¿Quiénes son esos? – Susurró la muchacha.

-No lo sé. – Connor dio una rápida mirada a la puerta cerrada. – Pero debemos hacer algo.

-Estás herido. – Dijo Lexie, notando que la manga de Connor tenía sangre.

-Es un simple corte, no te preocupes. – Respondió el castaño, mirando bajo la poca luz de luna que entraba por la ventana.

Se quedaron en silencio, escuchando sólo sus respiraciones. La mente de Connor trabajaba lo más rápidamente posible, intentando encontrar una solución a la pesadilla en la que se encontraban. Lexie estaba callada y quieta, algo extraño en ella.

De pronto, Connor pensó en algo. Estaban en el cuarto de sus padres; no era del todo seguro, pero tal vez alguno de ellos aún dormía con un arma bajo la almohada. El muchacho se levantó intentando hacer el menor ruido posible, y comenzó a revisar las mesitas de noche, bajo la cama, el colchón.

-¿Qué haces? – Preguntó en un susurro la rubia, justo cuando su amigo sacaba algo de un compartimiento bajo el cajón de la mesa de luz de su padre.

Después de todo, Chris Redfield aún sufría de pesadillas por las noches. Lexie se levantó rápido e intentó bajarle los brazos a Connor. No le gustaba la idea de verlo con un arma, y menos pensar que la única manera de salir de allí con vida, era quitándosela a alguien más.

Pero Connor se resistió, e intentó calmarla en silencio. Pudo notar que los ojos de la muchacha estaban brillosos, y le dio un pequeño beso en la frente, abrazándola a continuación. Luego de unos segundos, notó sombras que se filtraban por debajo de la puerta, y supo que era el momento. O salían ahora, o quedaban a merced de las figuras desconocidas.

Lexie se preparó a abrir la puerta, mientras Connor levantaba el arma con manos temblorosas. Una lágrima solitaria recorrió la mejilla de la rubia, a la vez que el muchacho asentía y se preparaba a encontrarse con quienes habían osado interrumpir su noche de películas.

La puerta se abrió de un golpe, y tres figuras negras miraron con asombro al muchacho apuntando con el arma. Por unos segundos se quedaron en shock, sin saber qué hacer. Las manos de Connor no paraban de temblar, y el corazón parecía salírsele del pecho mientras intentaba mantener la cordura.

Uno de los enmascarados comenzó a avanzar, viendo que el chico no se movía. Connor apretó el gatillo en un ataque de adrenalina, pero no ocurrió nada. El arma no tenía balas.

Sin esperar, una de las figuras le dio un codazo al muchacho, quien cayó al suelo con la nariz sangrante. Otro intentó atrapar a Lexie, quien se había agachado en el suelo, pero le dio una patada y logró escabullirse.

-¡Corre, Lexie! – Exclamó Connor antes de que volvieran a pegarle; esta vez en el costado.

La rubia corrió hacia las escaleras, pero una figura intentó agarrarla, haciendo que tropezara y cayera por las escaleras. Cuando llegó al suelo, quiso levantarse rápidamente, pero le dolía todo el cuerpo a causa de la caída, y cuando intentó correr, sólo logró volver a toparse contra el suelo.

La impotencia que sintió en ese momento nunca la había experimentado antes. Mientras lograba ponerse de pie, apoyándose contra la pared, un enmascarado se interpuso en su camino, y Lexie lo miró a los ojos tapados de tela. Le escupió en la cara justo antes de que el intruso sacara una jeringa de su bolsillo y se la inyectara en el brazo. Lexie comenzó a marearse, todo se nubló y no logró mantenerse despierta.

Connor bajaba las escaleras respaldados por dos enmascarados; uno llevándolo del cabello. Su nariz sangraba, e intentaba apagar las ganas de gritar que sentía. Justo en ese momento, vio como uno de los delincuentes levantaba el cuerpo inerte de Lexie, y eso logró que no pudiera contenerse.

-¡LEXIE!

El grito hizo que se ganara otro codazo al estómago, cayendo de rodillas al suelo. Una de las figuras le levantó el rostro, para mirarlo cara a cara. Los ojos claros del muchacho mostraban rabia pura, pero el enmascarado no se inmutó. Sacó una jeringa de su bolsillo y lo inyectó en el brazo.

-Buenas noches. – Fue lo último que Connor escuchó antes de caer desmayado.