Primero lo primero, las explicaciones

Después de casi dos años de no actualizar, por fin lo hice. Cuando empecé esta historia no creí que parte de ella saltara de la fantasía y se colara a la realidad. Sé que a algunas no les interesa mi vida, pero creo conveniente una explicación. Poco después de mi segundo cap, empecé a ver que todo mi mundo cambiaba, algunas cosas se derrumbaban como mi matrimonio, otras nacían como la esperanza de un nuevo amor. Todo alrededor mio cambió y ya no tuve valor para seguir escribiendo, pensé en muchas ocasiones abandonar, eliminar la historia y seguir mi vida. En otras ocasiones intentaba hacer algunas líneas para luego borrarlas y llenarme de rabia y frustración.

Solo espero que aún haya personas dispuestas a leer lo que escribo, doy gracias a las que me impulsaron a seguir adelante, las que a pesar de tanto tiempo se tomaron la molestia y comentaron mi historia. A todas gracias y mil disculpas.

ELLA Y ÉL

Sólo en sueños,
sólo en el otro mundo del sueño te consigo,
a ciertas horas, cuando cierro puertas
detrás de mí.
¡Con qué desprecio he visto a los que sueñan,
y ahora estoy preso en su sortilegio,
atrapado en su red!
¡Con qué morboso deleite te introduzco
en la casa abandonada, y te amo mil veces
de la misma manera distinta!
Esos sitios que tú y yo conocemos
nos esperan todas las noches
como una vieja cama
y hay cosas en lo oscuro que nos sonríen.
Me gusta decirte lo de siempre
y mis manos adoran tu pelo
y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre.
Pequeña y dulce, te abrazas a mi abrazo,
y con mi mano en tu boca, te busco y te busco.
A veces lo recuerdo. A veces
sólo el cuerpo cansado me lo dice.
Al duro amanecer estás desvaneciéndote
y entre mis brazos sólo queda tu sombra.
(Jaime Sabines)

Su respiración era lenta y acompasada. Era así cada que iba a aquel lugar. El mar siempre tranquilizaba sus pensamientos y aclaraba cualquier duda que pudiera tener. Para él, sentir la arena en sus pies, ver el cielo completamente azul y el mar en una tranquilidad perpetua era siempre un aliciente. La brisa que normalmente acompañaba ese lugar rozaba su cuerpo y lo incitaba a relajarse, a dejarse llevar para sentirse feliz, pleno y sin preocupaciones.

Pronto, una presencia lleno todo el lugar, era conocida para él, pero quiso esperar. Giró su cabeza hacia el lugar de donde provenía aquella energía, su cuerpo que yacía sentado sobre la arena se tensó un poco al ver aquel joven, si podemos llamarlo así, de quién se trataba. Y era nada más y nada menos que ella, si, ella. Ahí estaba, en ese mismo lugar viniendo hacia él, su rostro era indescifrable, quisiera el poder decir que había cierta tristeza en su mirada pero si no se atrevía siquiera a respirar mucho menos a pensar. "Ella" se sentó junto a él pero sin mirarlo, por su parte "el" se quedo estático, mudo, observándola. No se atrevió a mover un solo musculo, no se atrevería a interrumpir aquella maravillosa imagen, no se atrevería a estropear el momento como siempre hacia. Sus rasgos eran diferentes, había un aire en ella que la hacía diferente, aunque no dejara de ser ella. Se veía mas alta, más madura más hermosa, mas mujer. Ese descubrimiento lo impacto, lo que veía ya no era una niña, "ella" se había convertido en una mujer, una muy hermosa por cierto. Ella era lo que él siempre espero que fuera y la amaba por eso, era un sentimiento que jamás pensó sentir, pero que ahí estaba, contra todo pronóstico la amaba más que a su propia vida. Daría todos sus siglos de existencia por un instante con ella, porque bien sabia él que nada después tendría sentido sin ella.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando unos ojos azules lo miraron, entonces la observo, muy detenidamente, sin perder detalle alguno de su rostro, era lo más hermoso que había visto en toda su vida. Pero sus ojos carecían de brillo, de aquel brillo que le caracterizaba cuando estaba con él, en lugar de eso parecían cristalinos como si el agua en su interior se fuera a derramar en cualquier momento y él no quería que eso sucediera, el quería verla sonreír pero en lugar de eso escuchó algo que lo dejó clavado en su sitio

-No puedo seguir con esto- Su mundo se derrumbó por completo, incapaz de decir una sola palabra pensó en el por qué, qué había sucedido, por qué lo abandonaba de esta manera.

- Te amo, siempre te amaré... Lo siento- De sus ojos salieron gruesas gotas de agua y como si el diablo la llevase, se levanto tan rápido como pudo, trató de girarse para salir corriendo pero algo la detuvo, era su mano, él la estaba sosteniendo y tan sorprendido como ella quedo al ver que su propio cuerpo se movía sin necesidad de que lo ordenara su cerebro, rápidamente se levanto y quedo justo frente a ella, apresando su rostro entre sus manos retiró las lagrimas que salían de sus ojos.

-No me dejes- hablo finalmente después que su mente se acordara de pensar.

-No lo entiendes, tengo que hacerlo- mirándolo a los ojos- más tarde entenderás por que-

-Dímelo ahora, ¿por qué he de perderte?- su voz más que una orden sonó a suplica

-Yo, no puedo, he dado mi palabra, lo sabrás cuando sea necesario- Y eso ni ella misma se lo creía

Entonces su voz salió gruesa, potente, ya no era suplica, no era una orden, era algo mas, algo indescifrable para ella

-¿Es por ella verdad?- Era más una afirmación que una pregunta a lo que ella simplemente asintió. El rostro de él se endureció al ver el asentimiento de la que era su amada.

-Lo siento- Volvió a decir, y con eso nuevas lagrimas corrieron por sus mejillas. El no quería verla sufrir y menos por su culpa. El había fallado, no ella, él era el culpable y ahora ella era la victima de todo. ¿Cómo es posible hacer sufrir de esa manera al ser que más se ama en este mundo? el jamás lo entendería. Quería apaciguar esa tristeza que fluía en ella y lo único que atino a hacer fue lo que ella mas necesitaba.

Y la besó como si de eso dependiera su vida, un beso largo y profundo, sin prisa, quería demostrarle en un solo beso lo mucho que la amaba y eso hizo, no quería que se fuera, quería retenerla allí y que el tiempo se detuviera, y lo hizo mientras se besaban, ya no había nada, solo ellos.

Pero algo cambió y ella se fue desvaneciendo dejando un vacio en sus manos, su cuerpo lo reemplazó la oscuridad y algo o alguien comenzó a llamarlo, pero él no quería salir de allí, la quería a ella, no estaba dispuesto a menos, pero la realidad era otra y él más pronto que tarde lo entendería.

-Clef, Clef!- por todos los cielos, ya llevaba mucho tiempo dormido, era más de media mañana y el nunca se levantaba tan tarde, ¿acaso estaría enfermo? Volvió a llamarlo por última vez, un poco más alto y acompañado de un movimiento en su hombro.

-Clef!, anda despierta- su pequeña suplica prosperó y el amor de su vida despertó abriendo lentamente sus ojos. Parecía confundido, extrañado de verla a ella que era su mujer, oh que emoción ella era su mujer desde hacía ya dos días, una sonrisa se dibujo en su rostro y la alegría que le provocaba ese sentimiento nubló lo que vio en los ojos del pelilavanda. Su mujer, su pareja hasta el fin de sus días, ¿podría haber algo mejor que esto?, no, definitivamente no lo había.

-Vamos dormilón arréglate que hay demasiadas cosas por ver hoy- Lo dijo en tono muy cantarín y risueño. Diciendo esto y sin esperar respuesta, le dio un dulce beso en la mejilla, quería hacerlo en los labios pero aun no se atrevía a pesar de lo que habían hecho juntos la noche de bodas. Otra sonrisa se dibujo en el rostro de la rubia que salió feliz de la habitación para esperar a que su ahora esposo se arreglara apropiadamente.

En la mente de Presea solo había felicidad, en cambio Clef no salía de su aturdimiento, pequeños flashes de su sueño se filtraban a través del inconciente para plasmarse ante sus ojos y mostrarle que habían cosas que ni él mismo podría descifrar. Tantas emociones, tantos sentimientos que no pensó nunca tener, los experimentó en un sueño. Difícil explicar lo que ahora habitaba en su corazón, quería respuestas, y tenían que ser muy convincentes para que se quedara tranquilo. Lo único que vino a su cabeza medio razonable fue que ellas habían vuelto, no quería pensar en lo que eso significaba. No había pensado jamás en volverlas a ver a pesar de todo lo que hizo para que así fuera. Tampoco quería pensar en lo que sucedería si resultaba ser cierta su suposición. En su sueño era ella la dueña de su corazón, aun en la realidad sentía que así era, extraño, todo esto era muy extraño. Tenía que saber.

Salió apresurado de su habitación a la sala de estar, allí lo esperaba su esposa, inoportuna denominación para lo que ahora turbaba su existencia.

Sin decir nada pasó junto a ella para apropiarse del intercomunicador, raro nombre de algo que había aprendido a manejar horas antes. Autozam era un planeta extraño a su juicio, todo tenia cables y funcionaba con ruidos extraños, la gente se desplazaba en unos raros objetos de metal. Todo era extraño, de pronto se sintió atrapado, inmerso en una realidad a la que era ajeno, todo lo que amaba estaba en Cefiro, nunca tenía que haber hecho una locura como esa. A quien le cabía en la cabeza que pasearse por todos los planetas del sistema le iba a ayudar para encontrar algo que solo estaba en su interior.

Tenía que regresar, pero debía tener una buena excusa, Presea estaba tan animada con el viaje que no quería hacerla sentir mal por una corazonada.

-¿Que sucede?- escucho la voz de su mujer, muy lejana para su ocupada mente. Y sin responder, rápidamente oprimió los botones necesarios para comunicarse con su amigo. No había planeado hacerlo pero las circunstancias lo ameritaban, necesitaba urgentemente saber.

Pronto la pantalla fue cogiendo color y se vio del otro lado al guardia real, su gran amigo Latís. Se veía diferente, el gurú de Cefiro pronto notó un brillo extraño en los ojos del espadachín y ya no tuvo ninguna duda.

-Han vuelto- quiso preguntar, pero su voz salió tan firme que hasta él mismo se sorprendió. La media sonrisa y la afirmación en su cara le dieron toda la respuesta que necesitaba.

-¿Como lo supiste?- lo miro extrañado Latis

"ah si, verás, anoche me soñé besándola a ella, diciéndole que la amo y pidiéndole que no me abandone" -Solo lo sentí- fue su única respuesta, aunque tampoco era mentira, él antes de salir de Céfiro había sentido una energía diferente pero no le puso atención, solo hasta ahora- ¿Cuando llegaron?- Sintió que una mano se posó en su hombro pero no le dio mayor importancia, ¿por qué habría de tenerla? Tal vez porque se había casado con la dueña de esa mano días antes y que además, a pesar de todos los consejos la había escogido a sabiendas que no sentía nada por ella pero que a pesar de todo ya estaban unidos hasta el fin de sus días.

-Anoche- Lo dijo aun más curioso por la reacción que había tenido su amigo

-Necesito volver- Dijo decidido el gurú de Cefiro

-Pero llevas apenas un día de haber llegado, yo les diré que estas de viaje y que en unos días llegaras, no necesitas arruinar tu viaje por esto, ellas lo entenderán- pero el que tenía que entender era él, y la única manera de hacerlo era volviendo, quería verlas, en especial a ella. Necesitaba saber que era lo que sentía, por qué lo sentía y desde cuándo. Demasiadas preguntas para responder desde la lejanía.

-No entiendes, Latis, yo soy el Gurú de Cefiro- apeló cobardemente a su cargo- ¿qué dirán cuando pregunten y les digan que estoy de paseo?, ¿qué clase de guía soy para un pueblo cuando lo más importante y sagrado para ellos ha vuelto y yo no estoy ahí?- De nuevo apelando a lo único que podría convencer al espadachín, Cefiro.

-¿Han preguntado por mí?- Miraba ansioso al peli negro. No quería hacer notar su inquietud, pero sabía muy bien que entre amigos es muy difícil esconder las emociones

- Aun no, están todavía descansando en sus habitaciones, pero pronto querrán saber sobre todos y cada uno de los habitantes de Cefiro-

-Espera Clef aun no podemos irnos, no hemos visto nada de este planeta y estoy tan emocionada por verlo- Dijo la mujer que estaba a un lado suyo.

-Presea- Dijo su nombre en tono frio, demasiado frio para el gusto de la rubia- ¿aun no has entendido de lo que estamos hablando? por todos los cielos, son las guerreras mágicas de quienes estamos hablando, las que hicieron posible que tanto tu como yo y todo el planeta se salvara, llevamos años y años tratando de comunicarnos con ellas, y ahora están allá, en Cefiro y nosotros estamos aquí de vacaciones en lugar de preparar todo para su bienvenida- Todas estas palabras le salieron a raudales, se dio cuenta que había dejado de respirar cuando noto la necesidad de hacerlo, pero quería que tanto Latis como Presea entendieran lo imperativo que era para él volver a Cefiro. Aunque tuviera otros motivos, el que el último pilar de Cefiro volviera ya era suficiente para que su presencia fuera requerida en el palacio.

-Está bien Clef, lo entiendo- La mirada de la rubia se fue opacando tan sutilmente que el maestro ni lo noto, no tenía ni el tiempo, ni la cabeza para notar algo en su mujer.

-Comprendo que estas muy ansioso por volver, pero primero hazme un favor, báñate ¿quieres? te ves terrible-En tono burlesco el peli negro quiso aligerar el ambiente, y lo logró, su amigo sintió arder su rostro. Con la desesperación de la que era presa no se dio cuenta de sus fachas, había salido de la cama como una flecha sin darse cuenta que apenas si estaba cubierto por el pantalón de su pijama

-Volveré al finalizar el día- sacó su tono autoritario, aquel del que había hecho uso desde hace mucho tiempo, siglos, y que ahora le venía como anillo al dedo.

-Por favor, aunque sé que no te lo tengo que decir, quiero que todo salga perfecto-vio un asentimiento de parte de Latis y continuo- Prepara todo para la presentación de las guerreras mágicas al pueblo de Céfiro, envía mensajeros a todas las ciudades aledañas, hazle saber a todo el mundo que las salvadoras han regresado y queremos honrar su visita con una gran celebración. Pídele a Paris un discurso adecuado para ocasión, y espera mi regreso-

-Por supuesto, considéralo hecho, nos vemos en la noche- Diciendo esto último y con un suave asentimiento por parte del Gurú, terminó la comunicación, y con esto último regresó a su habitación, debía bañarse y arreglarse adecuadamente para lo que hoy se iba a vivir, no habría tiempo para cambiarse después de haber llegado a su planeta. Entró al cuarto de baño, llenó la bañera y se sumergió, necesitaba pensar, organizar todos sus sentimientos, saber qué decir y cómo decirlo para no levantar sospechas, como si todos en palacio supieran lo que había soñado, si, claro, tal vez estaba un poco paranoico por la situación, si, era eso. Solo tenía que verla y todas sus dudas desaparecerían, tal vez no todo en él estaba perdido, lo único que haría sería darles la bienvenida de forma totalmente natural, y luego mirarla a ella y reconocer que no había nada de lo qué preocuparse, si, podría seguir su vida con naturalidad, como siempre lo ha hecho, pero una sombra se cernió sobre su corazón, un peso inexplicable le carcomía el alma, de pronto sintió que ya nada podría ser como antes, él se había casado con alguien a quien no amaba y a parte de todo se había soñado amando a otra alguien. Si de verdad era posible eso, entonces todo apuntaba a que la amargura llenaría su vida muy pronto. Una cadena invisible engrilletó su ser, y la sensación de un amor no correspondido le carcomió el alma. Mala idea, había sido una muy mala idea reflexionar sobre todo aquello, ahora la zozobra cobraba su cuota en la inquieta cabeza, y la libertad se divorciaba del Gurú de Céfiro. Él ya no era libre, que horrible sensación.

. . .

La sensación cálida en sus labios no se desaparecía mientras compartía risas de alivio junto a sus amigas, habían despertado hace pocos minutos y se encontraron con que no estaban en la torre de Tokio, estaban en el palacio de Céfiro, y estaban completamente emocionadas, tomadas de las manos daban pequeños y rápidos saltitos por toda la habitación.

-Oh, chicas que emoción- Habló la pelirroja con su habitual sonrisa en los labios, aunque para ese momento todas sin excepción alguna tenían la sonrisa más radiante que jamás habían tenido. Habían vuelto después de tantos años de espera.

-Pero ¿cómo sucedió?-preguntaba la rubia- ¿Alguna de ustedes sabe?

-Que preguntas Anaís, es más que obvio que ninguna sabe ni cómo ni cuándo ni por qué llegamos aquí, pero eso no importa, nada importa ya porque volvimos, ¿o no, chicas?- preguntaba a su vez la peli azul que aún con ese beso, la nostalgia y el amor soñados no dejaba de alegrarse por la buena nueva. Quería inquietarse, pero no podía dada la alegría que se palpaba en el ambiente, y ella no quería ser motivo de preocupación.

De pronto un rio humano se filtró por la puerta, todos al unísono se abalanzaron hacia ellas con Caldina (y no podía ser otra que ella) a la cabeza.

Abrazó a las tres al mismo tiempo murmurando palabras ininteligibles y sollozando escandalosamente.

-Vamos Caldina, no llores, ya estamos aquí- Se escuchó la voz dulce y comprensiva de la expilar de Céfiro

-Si, míranos, estamos sanas y salvas- complementó la rubia

La mujer entonces las miró y se sorprendió mucho al verlas –Oh mis niñas, ya no son unas niñas- Dijo esto quitándose el resto de lágrimas que le salieron por la emoción de verlas

-Eso pasa cuando han transcurrido 12 años de no vernos- Respondió de nuevo Anaís en su tono cortés.

-Que bien pudieron parecer una eternidad- Su voz salió ligera, con un toque cómico, pero refrescante a los oídos de la interesada. Marina pudo notar un leve rubor en las mejillas de Anaís mientras esta giraba su cuerpo y se encontraba con aquellos ojos dorados que tanto amaba. La burbuja etérea que encerraba a las guerreras mágicas en un círculo cerrado con Caldina se disipó y pronto las tres, mas que todo Lucy y Marina, porque Anaís estaba un tanto ocupada con su ahora rey, pudieron ver a todos aquellas personas que las rodeaban. Entre todas las cabezas que se asomaban estaban Latis (por supuesto) Ráfaga, Ascot, las princesas Tata, Tatra, y Aska, ah, y por último pero no menos importante, Zaz. Todos las veían ilusionados, con la alegría de encontrar un ser querido que hace mucho no se ve.

Una ráfaga de abrazos encontró lugar en sus cuerpos, felicitaciones, palabras de ánimo y una que otra lágrima derramada pero disimulada con gracia, fue la bienvenida de las mujeres que salvaron el planeta.

Todas veían asombradas la cantidad de personas que estaban allí en la habitación, más una de todas no pudo con la curiosidad.

-¿Acaso sabían que llegábamos que todos están aquí?- Habló por fin la peli azul, con una enorme incógnita en la cara

-Oh no querida, estábamos celebrando-Dijo Tatra en su habitual buen humor.

-¿Celebrando qué?- La pelirroja salió del letargo en el que estaba a causa de su espadachín

-Pues la salvación de Céfiro, hoy se cumple un año más desde que ustedes hayan peleado y se aboliera el símbolo del pilar- El peli castaño, demostró que no se había quedado mudo al ver a Marina. Estaba hermosa, vestía esas extrañas ropas traídas de otro mundo, pero que le sentaban tan bien.

-Deben estar hambrientas, somos unos inconscientes, vamos, todos fuera de la habitación que las niñas se tienen que arreglar para comer algo, espérenlas en el comedor-Decía la peli rosa mientras empujaba a más de uno para salir de la habitación.

-El cuarto de baño está a la derecha, en el armario podrán encontrar todo lo que necesiten, aunque si quieren puedo quedarme para ayudarlas en lo que necesiten- Hizo la sugerencia Caldina cuando hubo terminado de sacar a todos del cuarto.

-Te lo agradeceríamos mucho- Expuso la guerrera del aire

No hubo más comentarios al respecto, en lugar de eso las mujeres se concentraron en su arreglo.

Reían y compartían experiencias mientras tomaban el almuerzo. Todos y cada uno hablaba acerca de su vida, de lo que había hecho en los últimos 12 años.

Asi se dieron cuenta que Caldina y Ráfaga se habían casado y ya tenían dos hijos, que Paris se había coronado rey hace una década y que la paz había reinado desde entonces en el sistema.

Una incertidumbre empañaba la alegría de Marina, él no estaba, no la había ido a visitar y nadie hablaba de él. Tenía que saber, los recuerdos de ese sueño todavía la tenían inquieta. No sabía por qué tenía un mal presentimiento.

-¿dónde está Guru Clef?, no lo hemos visto desde que llegamos-Para la suerte de Marina, era Anaís la que había interrumpido la amena charla que estaba planteando la princesa de Pharem, y había hecho la pregunta que tanto estaba esperando la peli azul.

-Está fuera del planeta, pero ya está al tanto de la situación y volverá para la ceremonia de su presentación- Habló el espadachín con su tono y expresión impasibles a pesar de la alegría de la cual era preso por causa de una pelirroja

-¿Está por trabajo?- Preguntó una nerviosa Marina, sabía que no le iba a gustar la respuesta puesto que tampoco había visto a la armera.

-Oh, no, por supuesto que no, está en Autozam de luna de miel con Presea- La naturalidad con la que habló el rey de Céfiro fue una puñalada en el corazón de la guerrera del agua

-¿luna de miel?¿acaso cuando se casaron?- La pregunta de Lucy era la que ansiaba hacer Marina pero ésta se había quedado muda de repente

-Hace sólo dos días, y fue hermoso, perfecto- La opresión en el pecho de la peliazul amenazaba con desmayarla, la cabeza estaba que le explotaba, no entendía su reacción, nada había pasado con él, jamás le habló de sus sentimientos, incluso dudó de tenerlos alguna vez y había pasado más de una década, entre ellos, pero el sueño la dejó un poco sensible. Era un extraño sentimiento el que cobraba vida en Marina, confusión. Luchó por mostrarse natural, su rostro no denotaría lo que su corazón sentía. Tantos años de negociaciones la había hecho una mujer que no mostraba sus emociones por nada del mundo, y así sería.

-Eso debió ser maravilloso- Con una sonrisa en la cara que no se reflejaba en su rostro, Marina quiso parecer amable y para muchos lo logró –hablaste de una ceremonia Latis, ¿a qué te refieres?

El rápido cambio de tema inquietó al suspicaz espadachín pero lo dejó pasar –Guru Clef me encargó realizar una ceremonia para la presentación de las guerreras mágicas, todo debe estar preparado para cuando él llegue

-No era necesario que interrumpiera su luna de miel por nosotras-

-Por lo visto él no piensa lo mismo, las guerreras mágicas son las salvadoras de Céfiro y Guru Clef no confía en el Rey para que haga las cosas bien.

-Ouch, eso dolió- Dijo el peliverde con la mano en el pecho aparentando ofuscación

-Espero no le hayamos causado un mal rato- No sabes cuánto, pensó Latis al recordar el estado ansioso en el que se encontraba su amigo cuando lo contactó

-Por supuesto que no, él haría cualquier cosa por ustedes- Marina pensó en si eso incluía dejar a su mujer, pero mejor no ahondar mucho en este asunto, eran aguas peligrosas que la ojiazul no quería navegar

-Hablando de todo un poco, ¿alguno de ustedes sabe cómo fue que después de tantos años y tantos intentos, porque solo Dios sabe cuánto lo intentamos, por fin estamos con ustedes?

-Me sorprende que no preguntaras antes Anaís- Se escuchó la voz del invocador de bestias

-Verán, después de consolidado el reino, se construyó un monumento mágico en el que la energía del pueblo cefiriano se concentraría. Cada año, en cada celebración, todas las personas concentrarían su energía hacia el monumento teniendo en cuenta en el deseo por volver a ver a sus salvadoras. Es así que a medida que pasaba el tiempo el monumento fue concentrando más y más energía, hasta que un día, y con ayuda de su voluntad queridas guerreras mágicas, se pudo obtener lo suficiente para abrir el portal y dejar que ustedes lo atravesaran. Sabíamos que el momento estaba próximo, lo que no teníamos seguro era si ustedes querían volver

-Cómo crees, siempre estuvo en nuestra mente la necesidad de volver- y diciendo esto la pelirroja miro directamente al espadachín para que de esta manera no le quedaran dudas acerca de todo.

-Todo esto parece un sueño, me parece increíble que estemos con ustedes en estos momentos- Sonreía a la vez una rubia emocionada.

Al terminar el almuerzo, y después de tener una agradable charla, cada galán hizo su movimiento al capturar la atención de cada guerrera en particular. Marina vio como Paris y Latis con el pretexto de mostrarles el castillo a sus amigas, se las llevaron lejos de ella, pero Ascot no se quedó atrás.

-¿Marina me permites ser tu guía?- Al girarse vio a un tímido Ascot que de niño ya no tenía nada, sus facciones antes delicadas, ahora eran las de un hombre. Sonrió, y esa sonrisa fue lo mas hermoso que había visto el castaño en toda su vida. Viéndola tuvo la certeza de un amor profundo y sincero, que sólo el tiempo, las circunstancias, su naturaleza y las difíciles decisiones podrían cambiar.

El paseo fue agradable, la charla fue amena, fresca y ligera como la de dos grandes amigos que deben contarse muchas cosas, pero que a la final las trivialidades los envuelven. Ascot no quería perder tiempo, sabía que ella podría volver en cualquier momento, muchas cosas podrían cambiar, la paz un día podría perderse y otro amor era una amenaza inminente. Hombres no faltarían alrededor de una hermosa mujer como lo era Marina, así que simplemente se lanzó al ruedo, tiró de su paracaídas y saltó al vacío. Llevó a la joven a una fuente e hizo que se sentara, que se quedara cómoda junto a él, y así comenzó, tomó aire, se llenó de valor y dejó que las palabras expresaran sus sentimientos.

-Marina, necesito decirte algo, espero que me escuches atentamente, y por favor no me interrumpas- La ojiazul lo miró entre sorprendida y curiosa, pero asintió levemente, dándole vía al invocador para empezar su declaración.

-Te amo, simple y sencillo es mi amor por ti. Te amo, no sé exactamente desde cuándo ni cómo ni dónde ni por qué, lo único que sé es que te amo desde hace mucho tiempo. El verte de nuevo ratificó mi amor por ti y te amo. No espero que sientas lo mismo por mi, no espero que digas las mismas palabras si es que no las sientes. Muchas cosas han cambiado tanto en ti como en mí y sólo pido una cosa para mí y es una oportunidad. Quiero que me conozcas con el tiempo, déjame ganarme tu amor, que un día me aceptes y que algún otro día seas mi novia y mi compañera. Déjame demostrarte todo lo que soy capaz por ti.

Tomó de la mano a su amada, la miró a los ojos, verde y azul se fundieron en uno

-¿Qué dices, me darías una oportunidad?- El nerviosismo lo invadió, una ola de adrenalina se apoderó de su ser y se dio cuenta que ya nada importaba, se sintió feliz por su valentía, pero lo sería aún mas si ella dijera que sí.

Marina sintió un hormigueo por todo su cuerpo, no esperaba una declaración a escasas horas de haber llegado. Pero no era esa la declaración que estaba esperando, o tal vez no era la persona que ella esperaba. En su mente pasaban las imágenes de su sueño, una tras otra hasta llegar a ese beso y se preguntó si besar a Ascot produciría tanto placer y tranquilidad como la que había sentido. Pero recordó que él no la había esperado, muy probablemente él jamás la esperaría, nunca se daría cuenta de sus sentimientos, y más aún, él ya no era libre. La tristeza la invadió sólo por unos segundos, para luego ser reemplazada por la esperanza de un nuevo amor.

-Si Ascot, te daré una oportunidad- Y diciendo esto, se fundieron en un abrazo lleno de anhelos, deseos e ilusiones.

Había terminado de cambiar sus ropas después de haber escuchado a sus amigas lo sucedido con sus hombres. Como lo había esperado, cada uno hizo lo suyo, tanto el rey como el espadachín ratificaron sus votos de amor y ahora sus amigas flotaban en nubes color rosa a la espera de sus amores que las llevaran al lugar indicado para el inicio de la ceremonia.

-Estoy tan feliz por verlas así amigas- Habló después de peinar y adecuar su cabello, pero su charla no prosperó porque unos toques a la puerta las hicieron saltar en sus asientos.

-Adelante- No alcanzó a decir la palabra cuando los tres hombres, Latis, Paris y Ascot ya estaban dentro de la habitación.

Las tres sonrieron conformes con lo que veían y de la mano de sus galanes salieron para saludar al pueblo cefiriano.

Mientras caminaba por los pasillos sujeta por Acot, Marina iba sumida en sus pensamientos. Quería sentir que la decisión que tomó era la correcta, ella era una hermosa mujer, con un temperamento de los mil demonios, pero tenía buenos sentimientos. Ella se merecía amar y ser amada y Ascot era el indicado para el caso. Ya la amaba, de por sí ya era un gran avance, solo faltaba que ella se enamorara perdidamente de él y todos felices. Él la mancha que tornaba gris su horizonte ya no tendría por qué inquietarla, al fin y al cabo era de otra, y eso ella ya no lo podía cambiar. Sus pensamientos se interrumpieron cuando escuchó un voz particular, extrañamente familiar, la había escuchado hace apenas unas horas y entonces lo reconoció.

-Mis queridas Guerreras Mágicas- Todo su cuerpo se tensó, ella era la última del grupo junto con Ascot, así que lo primero que llegó a ella fue su voz, y con eso fue suficiente para saber que no todo iba a ser tan perfecto como ella quería o pensaba que podría ser. Cuán equivocada estaba acerca de la situación, elevó entonces su mirada que encontró su ancla en unos ojos azules y ya no supo cómo reaccionar, el mundo se detuvo y ya sólo quedaron ella y él.