Lanie y yo nos miramos alternativamente al ver a aquella rubia acercarse a... ¿Castle? ¿Rick? Ni siquiera sabía su nombre y sin embargo la presencia de esa mujer coqueteando con él hacía que me entrasen ganas de salir corriendo para no verlos.

- ¿Estás bien? - escuché que me preguntaba mi amiga.

¿Qué cara habré puesto para que me haga esa pregunta? Debe de ser que se nota mi enfado. Un momento, ¿enfado? ¿Por qué debería estar así? No lo conozco, hace tan solo un día que lo he visto por primera vez. Definitivamente le estoy dejando demasiado tiempo libre a mi mente y ya no sabe qué hacer para distraerse. Aunque no voy a negar que el chico no está nada mal... ¡Basta!

- ¿Se puede saber qué he dicho? - Lanie me miró sorprendida.

- ¿Cómo? - le pregunté sin entender nada.

- Has dicho, o mejor dicho, gritado, ¡basta! Da gracias que nos hemos apartado o en este momento Castle y la rubita nos estarían mirando.

- Perdona Lanie, he debido hablar en alto.

- Ya veo que te ha molestado más de lo que yo pensaba.

- ¿Quién?

- ¡La rubia! Kate, por dios, reacciona. Ya sé que no te ha hecho ninguna gracia que rompiera ese momento romántico entre tú y el profesor buenorro, pero...

- ¿Cómo que romántico? ¿Y qué es eso de buenorro?

- Ay por favor Kate, creo que aún no te despertaste del todo. Se veía desde lejos lo que pasaba entre vosotros, y lo otro, solo hay que tener ojos para ver que el chico está muy bien.

- ¡Lanie!

- ¿Qué?

- Será mejor que dejemos esta conversación o acabaremos atrayendo la atención de Castle, o como sea que se llame – le dije mientras volvía a dirigir mi mirada hacia él, quien permanecía atento a lo que esa tal Gina le comentaba.

- Según tengo entendido, se llama Richard, pero su nombre en el mundo del baile es Castle y tanto sus compañeros como sus alumnos lo llaman así.

- ¿Cómo sabes tú eso? - le pregunté centrando toda mi atención en ella, asombrada de que supiera tanto de él en tan solo un día que llevábamos de vacaciones.

- Tengo mis fuentes...

- ¿Cómo qué...? - al ver como desviaba sutilmente su mirada hacia el moreno lo comprendí – Ahora lo entiendo.

- ¿Que entiendes qué?

- Me parece que eres tú la que aun sigue dormida – le respondí con una sonrisa – Acabas de delatar a tu fuente, amiga.

- ¡Si no te la he dicho! - me gritó como si me hubiera vuelto loca y estuviera desvariando.

- No ha hecho falta, tus ojos lo han dicho todo.

- ¿Qué te tomaste en el desayuno? Porque lo que sea que desayunaste no te ha sentado muy bien.

- Será mejor que dejemos esta conversación – le dije mientras dirigía mi mirada hacia el profesor – Castle acaba de terminar su conversación con la rubia y no quiero que llamemos la atención. Lo que menos ganas tengo ahora es que se centre en nosotras.

Lanie asintió y se apartó lentamente de mi lado para acercarse a Esposito. Entonces, y sin girarme, comprendí que Castle debía estar acercándose hacia mí.

Me di la vuelta y lo encontré frente a mí con una mirada que no había visto hasta ese momento. Parecía arrepentido, avergonzado por algo que no comprendía. ¿Acaso se lamentaba de que hubiese tenido que ver la situación con la rubia explosiva? Si fuese eso, prefiero haberlo visto con mis ojos a no saber nada y dejarme llevar por lo que aquellos intensos ojos me provocaban. ¡Maldito seas Castle o como quiera que te llames!

- Lo siento – susurró entrelazando su mirada con la mía, provocándome una intensa descarga eléctrica que me llevó a dar un paso atrás.

- ¿Qué sientes, Castle?

- La interrupción. No entiendo qué hacía aquí Gina, no me gusta tener público mientras hago mi trabajo así que le he pedido que se marche.

- No tienes por qué darme explicaciones, solo soy una alumna más – le dije dolida y por su cara pude notar que aquel comentario no le había gustado pero, ¿qué esperaba que le dijese?

- Quizás te parezca raro porque apenas nos conocemos, pero siento que te lo debía.

Me quedé muda, sin saber qué decir a sus palabras. Colocó su mano alrededor de mi cintura y entonces me deslumbró con su sonrisa en la que soy capaz de perderme. Mi cuerpo reaccionó a él y, sin ser consciente de ello, me acerqué hasta no quedar espacio entre nuestros cuerpos. Sentí las miradas de todos puestas en nosotros y eso me hizo sonrojar.

- Nos están mirando – soy capaz de decir hipnotizada por la profundidad de sus ojos azules como el mar.

- No pienses en eso. Imagínate que estamos solos tú y yo y déjate llevar.

Incapaz de llevarle la contraria cuando lo tenía junto a mí, asentí y dejé que el me colocara los brazos en la posición que debía estar para continuar donde lo habíamos dejado antes de que la tal Gina apareciera.

- Esposito, dale al play – le dijo a su compañero – Haz todo lo que te diga y disfruta del baile – su tono de voz tan bajo y sensual erizo cada pelo de mi piel y en ese momento agradecí que sus brazos estuviesen a mi alrededor ya que mis piernas no me aguantarían en pie.


No podía creerme que la preciosa mujer que se había metido en mi cabeza desde la noche anterior hubiese sido mi pareja de baile durante las clases que había impartido esa mañana. ¡Y vaya pareja! Además de poseer una belleza como no había visto nunca, dejaba adivinar que tenía grandes dotes para el baile, aunque ella no lo creyese.

Le había recomendado que continuase en las clases de Esposito, pero ella me había mirado como si estuviese loco y se había negado. Aseguraba que lo suyo no era el baile, que era una patosa y únicamente había bailado bien porque lo había hecho con un profesional que había llevado el peso, cosa que no era cierta pero entendí que no iba a lograr convencerla de lo contrario, era una mujer muy testaruda.

Pensé que después de aquella clase no volvería a verla más, a menos que continuase ayudando a mi compañero en sus clases, así que después de hablar con Kate me acerqué a Espo para decirle la decisión que había tomado.

- ¿Y tus chicos qué? El jefe nos echará la bronca a los dos. A ti por dejar a tu grupo y a mi por no ser capaz de dirigir solo a los míos. Es una locura. No creo que salga bien.

- ¿Tienes una idea mejor para enseñarlos? Puedo hablar con mi grupo y retrasar mi clase, no creo que les importe. Al fin y al cabo casi todos pasan el día aquí, no les va a molestar que en vez de a una hora sea a otra. Y a ti te vendrá bien que te eche una mano. Tienes mucho que aprender.

- Ni que fueras el rey del mambo.

- Jaja, muy gracioso. No estoy alardeando de nada, solo estoy siendo sincero contigo y supongo que preferirás que lo sea yo en lugar de Kellerman.

Mi compañero suspiró y entonces supe que se había rendido, que no tenía otra salida y por mucho que odiara que le estuviera haciendo un favor, lo necesitaba.

- Está bien. Pero yo no me hago responsable de las consecuencias que esto pueda traer.

- Tranquilo hombre, no va a pasar nada. Estas clases se organizan con el fin de hacerle pasar a los huéspedes un rato agradable mientras aprenden a bailar y eso es lo que vamos a hacer.

Pese a no parecer muy convencido de mi respuesta, asintió. Suspiré aliviado y agradecido y me despedí de él, corriendo para ir en busca de esa mujer que sin apenas conocerla estaba rompiendo todos mis esquemas.

Pero está claro que lo mío no es el don de la oportunidad y mucho menos cuando se refiere a ella. Con las escaleras de acceso al hotel frente a mí, miré de un lado a otro tratando de encontrarla pero había desaparecido.

Sabía que podía preguntar al recepcionista para que me dijera la habitación en la que se hospedaba pero era demasiado arriesgado. Yo era un empleado y ella una huésped, y estaba totalmente prohibido establecer relaciones entre ambos. ¿En qué lío me había metido?, me pregunté a mi mismo mientras caminaba hacia el lateral del hotel, hacia un edificio adyacente donde vivíamos los empleados.

Yo prefería terminar de trabajar e irme a mi casa. Vivía a solo diez kilómetros del hotel así que no me suponía ningún esfuerzo tomar el coche terminada la jornada laboral, pero sabiendo que ella estaba por allí no quería alejarme ni un solo metro. Quizás con algo de suerte conseguíamos encontrarnos de nuevo antes de que terminara el día.

Lo cierto es que no sabía qué hacer así que decidí caminar por el jardín y y no pensar en nada. Un rato de desconexión no me vendría nada mal. Tampoco es que tuviera otra cosa mejor que hacer. Mi siguiente grupo no lo tendría hasta las cuatro de la tarde así que tenía toda la mañana para mí.

Mientras escuchaba a Ryan reírse de los comentarios que Esposito le hacía, me adentré en el jardín, que terminaba en el bosque que discurría hasta la ciudad. Alguna vez mis pensamientos me habían hecho caminar hasta adentrarme en él así que trate de no dejarme llevar tanto para evitar salirme de los límites del hotel. Hoy no era el día para alejarse. Ni hoy ni ningún día mientras Kate siguiera por allí.


Sonreía como una quinceañera mientras Lanie me hablaba de no sé que idea que había tenido para conseguir que el latino se fijara en ella. ¡Como si no lo hiciese ya! El caso es que yo no le prestaba atención, estaba demasiado ocupada pensando en aquellos ojos azules que me despertaba sensaciones nuevas, sensaciones que nunca antes había experimentado.

- ¿Qué acabo de decir? - escuché que me preguntó de pronto Lanie.

- ¿A qué te refieres?

- ¡Aleluya, por fin bajaste de esa nube en la que estabas subida! ¿Se puede saber qué te pasa? Ese bailarín te ha dejado fritas las neuronas.

- ¡Eh! - me quejé chocando mi hombro contra el suyo – No soy yo la que no deja de hablar de cómo conquistar a un hombre.

- Si que te ha cambiado ese tal Castle. ¡Ahora eres incluso graciosa!

- Vale, ya basta, dejemos el tema – le pedí sin saber cómo actuar cada vez que me hablaba de él.

Lo cierto es que mi amiga llevaba razón, aquel hombre se había colado de algún forma en mi cabeza y no conseguía sacármelo, pero no estaba dispuesta a darle la satisfacción de saber que no se equivocaba. Sabía que me adoraba igual que yo a ella pero podía llegar a ser la persona más insoportable del mundo cuando se lo proponía.

- Anoche conocí a un tío que no estaba nada mal – soltó de repente sorprendiéndome.

- ¿Pero a ti no te gustaba el moreno y decías que no tenías ojos para nadie más?

- ¿Cuando he dicho yo eso? No voy a negar que Esposito está muy bueno, pero entre nosotros no hay nada, de momento – intensificó las últimas palabras y eso me hizo reír – Y que yo sepa la vista me funciona perfectamente.

- No tienes remedio – le dije sin poder contener la carcajada que su comentario me provocó.

- Me ofrecí a ayudarlo esta noche a llenar la despensa del club en el que trabaja. ¿Me acompañarás?

- ¿Y qué pinto yo ahí?

- Mucho. ¡Eres mi amiga!

- Eso lo aclaro todo – me burlé – Gracias pero no me apetece estando de vacaciones.

- No seas tonta, no trabajaremos. Habrá fiesta, puede que incluso... - se interrumpió fijando la mirada en la venta – Hablando de tíos buenos, ¿ese no es tu bailarín?

- ¿Castle?

- Que yo sepa solo te gusta un bailarín, a no ser que haya algo que no me hayas contado...

- Déjate de tonterías y déjame ver – repliqué echando a un lado – ¡Sí, es él! - grité con una gran alegría, sorprendiéndome a mi misma mi reacción.

- Vaya, cualquiera diría que estás colada por él.

Su comentario tan directo me hizo enmudecer. ¿Sería eso posible? ¡Apenas nos conocíamos! Solo habíamos intercambiado algunas frases y aun así, no podía dejar de pensar en él desde que nuestro ojos se cruzaron la noche anterior.

- Eso es imposible Lanie – le respondí, aunque en realidad me lo estaba diciendo a mi misma en un intento por convencerme de que mi amiga se equivocaba.

- Por qué? - quiso saber.

- Porque no nos conocemos. Solo hace unas horas que nos vimos por primera vez, no...

- ¿Y eso que tiene que ver? - cuestionó interrumpiéndome – Entre vosotros saltan chispas. ¡Qué digo! Sois como un volcán a punto de erupcionar cuando estáis juntos.

- Que exagerada.

- De exagerada nada amiga. ¿Por qué no bajas? - me preguntó sin transición, sin darme tiempo a replicarle.

- ¿Con él?

- Ay de verdad Kate, hoy no estás muy fina tú. ¡Pues claro!

- No parece que necesite compañía en este momento – le comenté mientras lo observaba caminar sin rumbo fijo – Parece uno de esos momentos en los que necesitas estar a solas para pensar.

- Eso no lo sabrás si no sales de aquí y lo acompañas.

- Lanie... - la advertí para que no continuara por ahí.

- ¿Qué? Tienes que bajar amiga, en serio – al ver que yo no cambiaba de idea pasó a la súplica poniendo esos ojos del gato de Shrek que sabía que siempre funcionaba conmigo – Por favor. Anda, ¿qué te cuesta?

- Vale, está bien – claudiqué solo para que se callase.


Noté su perfume con la inesperada ráfaga de viento que comenzó a soplar. No era necesario que me girara para saber que era Kate. Mi cerebro había guardado como un tesoro cada detalle que tenía que ver con ella y todavía me preguntaba el motivo. Y yo que pensaba alejarme de mi mente...

Me giré antes de que llegara junto a mí y cuando nuestras miradas se cruzaron ella se paró. Respiraba agitadamente, como si hubiese estado corriendo. ¿Dónde habría estado? ¿Hacía ejercicio por las mañanas? Tenía un cuerpo esbelto que parecía mantener minuciosamente, aunque tampoco parecía de esa clase de personas que viven por y para su cuerpo. Simplemente parecía que se cuidaba, así que no me era descabellada la idea de que hubiera estado haciendo un poco de deporte.

Antes de que volviera a perderme en mis pensamientos, comenzó a andar de nuevo hasta colocarse a centímetros de mí.

- Hola – me dijo con timidez.

- Hola Kate – me encantaba pronunciar su nombre, me parecía lo más bonito que había escuchado en mucho tiempo, y diría que a ella también le gustaba como sonaba pronunciado por mí – Te he estado buscando pero al terminar la clase saliste tan rápido que no te pude encontrar.

- Mi amiga quería subir a nuestras habitaciones. Lo suyo no es el baile y estaba agotada.

Sonreí y asentí. Entonces, ¿por qué se ve tan agotada? Decidí guardarme la pregunta para mí, no quería que piense que me meto donde no debo.

- Esposito, mi compañero, me ha pedido que le siga ayudando con sus clases – mentí, no quería decirle que lo había hecho por ella, no sabía como reaccionaría ante eso y no quería alejarla – Quizás te gustaría seguir asistiendo.

- Umm, me lo pensaré, ¿vale?

- De acuerdo. Me gustaría mucho verte allí.

Se sonrojó y yo sonreí. Aunque me hubiese dicho que se lo tenía que pensar, parecía desear tanto como yo el que nos volviéramos a ver.

De repente escuché una voz a mi espalda y cuando me giré vi a Esposito acercarse a mi con rapidez. Genial, lo que me faltaba ahora. ¿Es que nunca íbamos a tener un momento para nosotros sin que nos interrumpieran?

- Castle, te he estado buscando – su mirada reparó entonces en Kate – Hola, yo te conozco. Estuviste hoy en la clase, ¿verdad?

Ella asintió como si no supiera muy bien qué decir y yo maldije a mi compañero y su inoportunidad.

- ¿Qué quieres Esposito? - le pregunté empezando a cabrearme.

- Hablar contigo. A solas, si puede ser – pidió dirigiéndose a mi Kate.

- Por supuesto, yo ya me iba – respondió ella y en su tono de voz noté la incomodidad que sentía en ese momento – Ya nos veremos – me dijo antes de marcharse.

- Ya puedes tener un buen motivo para habernos interrumpidos, Esposito – le advertí.