Capítulo 4

Hermione estaba de muy buen humor al día siguiente. Severus estaba seguro que seguía tomando las píldoras.

Toda la noche se había estado preguntando sobre cómo acercarse a ella con lo que sabía, que había sido drogada, pero nada de lo que se le ocurrió era plausible, como para que ella no se volviera recelosa. Y si Weasley se enterara de algo de lo dicho allí, la convencería de tener su propia oficina y que tuviera el menor contacto con Severus posible. Se quedó hasta tarde, tratando de llegar a alguna conclusión, obligando a su cerebro a fuerza de whiskey de fuego y novelas policiales de mierda, pero nada le vino a la mente. Por fortuna, para él, ella tuvo visitas esa tarde, una hora antes del final del día laboral, y con él, trajo una llama de inspiración, aunque era una que lo ponía nervioso, porque podía salir el tiro por la culata.

"¡Hermione!" Gritó Harry mientras se invitaba a sí mismo y azotaba la puerta.

"¿Qué? ¿¡Qué!?" Hermione subió las escaleras a la carrera, muy preocupada.

"Ginny… está arriba…" Jadeó el muchacho.

"¿Ginny? ¿Pasó algo malo?" Ya estaba tomando su bolso, lista para correr a ver a su amiga.

"¡Está embarazada!" El rostro del joven se ensancho de pronto en una enorme sonrisa.

"¡Harry!" Hermione gimió de alegría y se cubrió la boca. "Oh, Harry, ¡son tan buenas noticias!"

"Tiene siete semanas. Hicieron una prueba para saber el sexo. ¡Voy a tener un hijo!"

"Es maravilloso Harry." Le echó los brazos alrededor y lo abrazó fuertemente.

"Ahora sí estoy seguro. Voy a vomitar." Murmuró Severus.

"Severus," lo reprendió la castaña, pero en su rostro había una sonrisa. "No es como si vayas a tener que enseñarle al hijo de Harry."

"Gracias a Merlín, Dios y cualquier deidad que ahora no mencione."

"¿No crees que deberías felicitarlo?"

"Supongo. Felicidades Potter. Usted y yo nos estaremos viendo mucho menos una vez que tenga que cuidar de una versión en miniatura de usted mismo."

"Supongo que así será." Repuso Harry con una sonrisa.

"¿Ya han pensado en un nombre?" Preguntó Hermione mientras Severus abría la boca.

"Entiendo cuando quieren que me calle. Pensé que era de suponer que había de ser una mujer embarazada para sentir tantas nauseas." Comentó Severus, regresando a sus notas.

"James Sirius." Contestó Harry en voz bien alta.

Severus puso un Muffliato.

"Es un hermoso nombre." Comentó Hermione sonriendo.

"¿Serás la madrina?"

"Claro que sí. Será un honor."

"¿Cómo sigue la organización de la boda?"

"Se supone que esta noche vayamos a escoger el pastel." Murmuró ella.

"No pareces contenta, pero ni un poco." Dijo Potter con una mueca.

Hermione miró a Severus. "Vayamos a la otra habitación." Susurró la chica, guiándolo hacia la otra oficina y cerrando la puerta.

"¿Está todo bien?" Preguntó Harry, preocupado.

"Sí. Tal vez. No sé. ¿Te parece que las cosas entre Ron y yo… son normales?"

Harry se puso serio. "Bueno, ustedes están haciendo las cosas mucho más rápido de lo que… esperaba."

"¿De lo que esperabas?"

"Bueno…" el joven suspiró e hizo una pausa, como si quisiera encontrar las palabras correctas. "¿Recuerdas cómo eran ustedes dos cuando estábamos en Hogwarts?"

Ella asintió.

"No tenían término medio. A veces, las cosas cambiaban tan rápido entre ustedes dos, que yo apenas era capaz de darme cuenta de lo que sucedía. Siempre fueron así. Últimamente parecían estar mejor entre ustedes. Tal vez ya no hablamos tan a menudo, pero ahora puedo discernir cuando están molestos el uno con el otro. Cuando comenzaron a salir, pensé que ya habían pasado el tiempo suficiente juntos como para darse cuenta que ninguno de los dos se enamoraría de la noche a la mañana, pero parece que eso fue lo que ocurrió. Yo pensaba, no esperaba, que esto fuera algo más que salir juntos, y que les tomaría un par de años el tomar la decisión de dar el siguiente paso. Los amo a los dos, pero no sé lo que vaya a ocurrir si ustedes se casan y las cosas se van en picada. Para ser honesto, no sé lo que pueda pasar si se separan, de la forma que sea, pero se van a casar, y lo que es más, van a unirse mágicamente, y solo han pasado un par de meses. No sé qué haría si alguno de los dos la pasa mal, porque los dos son mis amigos. No quiero tener que verme obligado a elegir uno sobre el otro, pero odié las veces en las que tenía que estar con uno y con otro, por separado."

"¿Crees que debemos esperar?"

"No creo que sea mala idea que den un paso atrás y se muevan un poco más lento. Todo el mundo pasa por una fase de luna de miel en sus relaciones. Y a veces, esa fase no dura mucho."

"Harry, ¿te parece que estoy fuera de mí?"

"¿Qué? ¡No! No fue lo que…"

"De verdad Harry." Interrumpió ella con suavidad. "Severus dice que he estado actuando de forma extraña las últimas semanas. ¿Has notado algo?"

"¿La verdad? Si. Has estado demasiado impulsiva últimamente, y demasiado a la defensiva en lo tocante a tu relación."

"¿Y crees que eso es raro en mí?"

Harry soltó aire y le acarició el brazo.

"Hermione, tú eres leal hasta la muerte, y defiendes a todo el que amas, pero antes, siempre sabías cómo aguantar una puya cuando se trataba de tus relaciones. ¿Te acuerdas de esos meses en los que saliste con Blaise Zabini?"

Ella asintió y sintió que el estómago se le revolvía.

"Todo el mundo te estaba molestando porque salías con un Slytherin, y tú te reías y decías que era un buen tipo, y eso era todo. Ahora, si alguien menciona las diferencias entre tú y Ron, te pones a justificar cada ángulo de tu relación en voz alta."

Ella se mordió el labio y bajó la mirada. "Bill cree que nos estamos apresurando."

"Puedo entender por qué lo piensa."

"Y George cree que no somos para nada compatibles."

Harry se pasó una mano por el cabello con nerviosismo.

"Dijo que necesito a alguien que me pueda seguir intelectualmente, y que él necesita a alguien como… como, bueno, como su mamá."

"También puedo entender eso." Dijo Harry con cautela.

Hermione tragó saliva con dificultad. Tenía un nudo en la garganta. "¿Por qué crees que Ron está tan apresurado por casarse?"

"La respuesta romántica sería que porque sabe que tú eres la indicada. Pero lo cierto es que sé que su madre lo ha estado presionando mucho para que lleve una buena muchacha a la casa y siente cabeza. Él y Charlie son los únicos que no se han casado ni comenzado una familia aun. Y Charlie…"

"Su novio está presionando por algo más permanente." Apuntó ella.

"Eso deja a Ron como el último. A Ron no le gusta nada ser el último en lo que sea. Y te conoce desde siempre. Tú serías una esposa maravillosa. Leal, amorosa… y Ron nunca fue bueno para esperar por lo que quiere…"

"Yo no quiero ser una de sus compras por impulso, como esas escobas de carrera que compró y luego dejó guardadas en un estante en cuanto una mejor salió al mercado." Susurró la castaña y con los ojos llenos de lágrimas.

"Sabes, no hay nada definitivo todavía. Tal vez sea mejor que se tomen un poco de tiempo."

"He estado pensando lo mismo. Pero cada vez que quiero hablar seriamente con él, me urgen los deseos de estar con él, y en ese momento, no parece mala idea."

"Si eso es lo que quieres, entonces tienes mi apoyo."

"Gracias Harry." Murmuró ella, abrazándolo y secándose los ojos con la manga. "Ya no debería retenerte de Ginny."

"Está ansiosa por contarle a su madre."

"Gracias por venir a decirme Harry." Le sonrió y abrió la puerta para dejarlo salir.

"Lo que sea que necesites, Hermione, ya sabes dónde ir a buscarme."

"Gracias Harry. Y felicitaciones otra vez."

"Felicidades Potter." Dijo Severus sin levantar la vista.

"Gracias prof… Snape." Respondió el muchacho con una sonrisa tonta, y se retiró.

"Un pequeño Potter. Sin duda, como su madrina, comenzarás a empapelar todas las paredes con fotografías de la cosa."

"Creo que es parte de mi deber." Contestó ella alzando los hombros.

"¿Y por qué no tienes uno tú?" Preguntó con suavidad, arriesgando una mirada hacia ella.

"¿Qué quieres decir?" Preguntó ella sorprendida.

"Potter va a ser papá. Si la memoria no me falla, dos de tus futuros cuñados están en la dulce espera, uno de ellos ya va por el segundo. Hasta Longbottom y Lovegood están esperando mellizos. ¿No te gustaría que un retoño tuyo pueda ir a la escuela con esos niños? ¿Alguien con quien se sienta cómodo?"

"Ni siquiera me he casado."
"¿Y desde cuándo eso es un impedimento?"

"Tú odias a los niños, y odias a los padres que decoran sus cubículos con fotografías de sus hijos. Eso te enferma. ¿Por qué razón me estás empujando para tener uno?"

"¿Tal vez porque sé lo que significa ser un solitario en Hogwarts?"

"¿A qué estás jugando Severus?" Se arrebató ella, con las manos en la cadera. "Tú nunca has temido decirme lo que fuera cada vez que estoy irritable por mi ciclo, y sé que arreglas más citas fuera de la oficina en esos días para darte tiempo lejos de mí, así que, ¿por qué alentarme a quedar embarazada, sabiendo que estaré hormonalmente alterada por nueves meses…?" De pronto, se quedó sin habla. Los ojos se le abrieron como platos al darse cuenta de algo.

Las píldoras… dijo sin emitir sonido.

El asintió casi de forma imperceptible. Acaba de darle el empujoncito que necesitaba para que dejara de tomar las píldoras. Cada duda que a menudo la asaltaban, pareció regresar con fuerza, y la sensación fue muy fuerte.

Él había estado tratando de ayudarla, pero sabía que debía ser cuidadoso y ella seguiría las pistas.

"Pero… ¿y si ya estoy…?" Preguntó con un hilo de voz, llevando una mano sobre su abdomen.

"Si es lo que pienso que es, y Lucius así lo cree, entonces no es la razón por la cual no has quedado aun."

"¿Lucius? ¿Lucius Malfoy?"

"¿Cuántas personas llamadas Lucius conoces? Es bastante activo en el ministerio. Le pedí ayuda para encontrar a quien se robó nuestro método, pero hasta ahora, no ha sido exitoso."

Los ojos de Hermione se abrieron de par en par, al tener confirmación de sus propias sospechas. La chica asintió distraídamente.

"Creo que voy a tomarme el resto de la tarde libre. No me siento bien."

"Si necesitas una poción para sentirte mejor, mi chimenea estará abierta." Le estaba ofreciendo el antídoto, y ella asintió, mordiéndose el labio, dando a entender que había comprendido.

"Gracias." Murmuró la chica, pero aún no estaba del todo convencida que todo ese asunto no fuera más que el producto de la paranoia de Severus.

Trató de ponerse la chaqueta, pero le erró a la manga tres veces antes que él se pusiera de pie y la asistiera. Tomó gentilmente la prenda de sus manos y la sostuvo para que pudiera ponérsela. Mientras lo hacía, sus dedos comenzaron a deslizarse sobre la superficie del material, sobre los hombros, y ella inclinó la cabeza para que rozaran con su mejilla. "Por todo." Susurró ella, justo antes de irse.

Entró a su casa vía floo y de inmediato se dirigió al gabinete de las medicinas. Sacó una de las píldoras, que se suponía tenía que tomar, la puso sobre la mesa, mirándola, incapaz de detener el debate que tenía en la cabeza. Sentía que las preguntas se agolpaban en su mente. ¿Acaso Ronald se tomaba la molestia de revisar si las había tomado o no? ¿Era por eso que siempre le recordaba que debía tomarlas? No quería traicionar la confianza de Weasley, pero, ¿Qué tal si él ya la había traicionado? La boda estaba a la vuelta de la esquina. No había tiempo para pensar demasiado. ¿Qué tal si un día despertaba y se daba cuenta que no amaba a su esposo como lo hacía cuando se acostó a dormir? ¿Y si quedaba embarazada? ¿Qué tal si traía un niño al mundo mientras trataba de ordenar sus sentimientos?

Usando la base de una taza, aplastó la píldora y acercó la nariz para oler las partículas. Césped recién cortado, pergamino, y un seductor aroma que era la combinación de ingredientes frescos para pociones. Era lo que percibía cuando olía Amortencia. Era apenas perceptible, y se preguntó si su cerebro le estaba jugando trucos.

Las manos le temblaban cuando sacó su varita y apuntó hacia la píldora destruida.

"Evanesco." Susurró la castaña y los restos desaparecieron. Metió el paquete dentro del gabinete de las medicinas, justo cuando escuchó a Ron meterse en su casa por la puerta del frente.

Fue corriendo a verlo, pero en cuanto lo vio, el júbilo habitual que sentía cuando lo veía, no estaba allí. En su lugar, sintió que se llenaba de una mezcla de dudas y felicidad.

"Buenas tardes amor." El pelirrojo se acercó y la besó, luego dejó su abrigo sobre el sofá.

"¿Qué tal el trabajo?" Preguntó ella, tratando de sonar lo más normal posible, aunque se podía decir que estaba enfadada por su tono de voz.

"Estuvo bien. Más de lo mismo. Me quedaré solo unos minutos. Me voy al partido de los Cannons esta noche, con Seamus y Dean."

"Oh." Asintió ella.

"¿Hay algún problema?"

"No. Solo es que pensé que iríamos juntos a escoger el pastel. Tenemos cita en una hora."

"No necesito estar ahí para eso, ¿o sí?"

"Dijiste que querías ir."

"Confío en ti, Hermione", sonrió, "Encontrarás algo lindo. Tal vez con los colores de Gryffindor."

"De acuerdo." Respondió ella, asintiendo.

"Gracias amor." Dijo con una sonrisa, luego se metió en la habitación de ella para buscar el jersey de los Cannons.

"¿Crees que vamos muy rápido?" Preguntó ella, apareciendo en la puerta del dormitorio.

"¿Qué quieres decir?" preguntó Weasley, poniéndose unos jeans y el jersey.

"Quiero decir, sobre esta boda. ¿No crees que es demasiado pronto?"

"Está bien, ¿no? Estamos enamorados, ¿por qué esperar?"

"¿Estás seguro que estaremos enamorados de aquí a seis meses, de aquí a un año?"

"¿Tú crees que no?"

"No estoy diciendo eso. Es solo que estoy preocupada que aun estemos en la fase de la luna de miel. Las cosas serán muy diferente cuando la relación madure."

"Solo son nervios." Comentó él, quitándole importancia a lo que ella decía. "Todo el mundo se pone nervioso con una boda."

"Es posible." La chica se mordió el labio y bajó la mirada.

"Eso es. Vendré más tarde, así podrás contarme lo del pastel. Tal vez Ginny o Luna puedan ir contigo."

"Tal vez."

"Que te diviertas. Te amo." La besó en la frente y se encaminó hacia la puerta, pero cuando la abrió, allí estaba un joven para entregar un paquete, a punto de tocar la puerta.

"Tengo un paquete para Er… Maya…Nee Granger, ¿es usted?"

Ronald se puso serio mientras ella tomaba el paquete y lo llevaba hasta el sofá.

"¿Quién lo envía?" Preguntó el pelirrojo, cerrando la puerta.

"No sé. No tiene remitente." Respondió ella, mirando el envoltorio.

"¿Por qué no te lo enviaron por lechuza?"

"No lo sé."

"Ábrelo." La animó él, aunque sonó a exigencia.

Ella abrió el paquete, para encontrar algo recubierto con tela en el interior. Con mucho cuidado, abrió el envoltorio de tela también, y allí había una solitaria rosa roja, y un antiguo libro de pociones, el mismo que había admirado en Flourish and Blotts, pero que no había podido darse el lujo de comprar debido a los gastos de la boda.

"Oh, mi dios…" Susurró ella, levantando el ejemplar con admiración, tocándolo, como si no pudiera creer que alguien le había obsequiado eso.

"¿Qué es eso?"

"El libro que había querido comprar por un buen rato. No lo compraste tú, ¿o sí?"

"Quieres un millón de libros diferentes, ¿cómo se supone que voy a saber cuál es el que quieres más?"

"Porque te lo dije el otro día, en el callejón Diagon, cuando fuimos a la tienda de Madam Malkins." La castaña se puso seria.

"Estaba ocupado Hermione. Sabía que estabas hablando de libros, pero no sé de cuál."

"Es que pensé que…"

"¿Quién lo envió?" Demandó el pelirrojo.

"No lo sé. No tiene ninguna nota."

"Bueno, ¿a quién más le dijiste?"

"A nadie." Dijo ella con rapidez, pero recordaba que le había pedido a Severus que le prestara su copia, con la esperanza de poder resistir la tentación.

"¿Alguien te envía, así nada más, flores y libros?" dijo la comadreja, enojado.

"¡Si supiera quién lo envió, te lo diría!" Estalló Hermione.

"Bueno, entonces, llévalo de regreso a Flourish y Blotts y pregúntales."

"No creo que me lo digan."

"¡Ve y pregunta! Porque esto no me gusta." Gruñó el pelirrojo, tomando la rosa y lanzándola al suelo, asegurándose de pisarla cuando salió por la puerta, dando un portazo.

Ella puso con mucho cuidado y luego levantó la rosa. Acunándola contra su pecho, se sentó en el suelo y lloró.

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Ronald no regresó después del juego, y Hermione se sintió agradecida por la tranquilidad.

Necesitaba juntar coraje para hacer lo que estaba a punto de hacer.

A la mañana siguiente, fue al trabajo y se dirigió derecho a Severus.

"Ayúdame." Susurró.

"¿Dejaste de tomarlas?" Preguntó él con suavidad.

"Si."

"Pero los sentimientos siguen ahí, ¿verdad?"

Ella asintió. "Me siento como si estuviera en medio de una nube. No me siento bien Severus. Quiero poder pensar con claridad."

Severus rebuscó en sus bolsillos y sacó un frasquito con un líquido púrpura oscuro.

"Deberías ir arriba para que pueda monitorearte antes que bebas eso." Dijo él suavemente. "El salir del efecto de la poción, que ha sido consumida tanto tiempo, puede causar deseos suicidas o arrebatos violentos. Te ayudará a pasar las primeras horas y luego traeré a un profesional, para que puedas hablar."

"¿Tú me enviaste el libro?"

"Si."

"¿Por qué?"

"Porque tú lo querías."

"No tenías ninguna razón para darme un presente."

"No estés tan segura Hermione."

"¿Qué…?" Comenzó a decir ella, pero justo en ese momento, la puerta se abrió de par en par, y Lucius Malfoy entró, empujando a un muchacho acobardado, que reconocía de Slytherin, cuatro años anterior a ella.

"Severus, Srta. Granger," saludó Malfoy a los dos, y la castaña se asombró al ver la mirada de simpatía que el hombre le dedicaba. Mientras que los Malfoy ahora se comportaban con decencia con ella, no podía decirse que le habían demostrado amistad.

"Lucius." Asintió Snape. "Puntería perfecta. Sebastian Daley. Presiento que esta no será una reunión agradable."

"¿Ya sabe?" Preguntó el rubio, alzando las cejas.

"Dejó de tomarlas anoche."

"Entonces, debo darle la bienvenida al mundo de los librepensadores otra vez." Asintió el rubio. "He invitado a alguien a nuestra pequeña reunión… ah, sí, aquí está. Bueno días Ministro."

"Kingsley." Gimoteó Hermione, mientras el Ministro ingresaba al lugar, viéndose irritado y confundido.

"Me dijo que hay un problema en el Ministerio, y que tenía que reunirme aquí con usted. Esto es muy poco ortodoxo Señor Malfoy." Ladró Kingsley, sin saludar a nadie, solo a Hermione, y con un ademán.

"Este asunto incluye a, por lo menos, a dos departamentos del Ministerio, uno de ellos es un personaje de alto perfil, Ministro." Dijo Lucius, con un marcado tono de respeto en la voz. "Pensé que sería mejor reunirnos lejos de los ojos indiscretos."

"¿Y el laboratorio de pociones de San Mungo en lugar para esta clase de reunión?"

"Es tradicional que los investigadores se acerquen a la víctima de un crimen, ¿no es verdad?"

"¿Y quién es la víctima?" Preguntó Shacklebolt, lanzando una mirada a Severus.

"La Señorita Granger."

"¿Hermione?" De pronto, la actitud y la pose de Kingsley cambió por completo, viéndose paternal y preocupado.

"Creo que es mejor que el señor Daley nos informe sobre sus asuntos con el señor Ronald Weasley." Gruñó el hombre rubio, picando la espalda de Sebastian con su varita y haciendo que muchacho gimiera.

"Ron vino a verme hace cuatro meses." Comenzó a confesar el joven, mirándose los pies. "Sabía que estoy interesado en las pociones, y que trabajo con ellas en el Departamento de Misterios. Me ofreció un método que me permitiría transformar las pociones en píldoras, y un poco de dinero, si era capaz de transformar Amortencia en píldoras para él. Tomo varias pociones al día, luego de ser herido en la guerra, y la mayoría tienen un sabor horrible. Las píldoras son mucho más tolerables."

Se interrumpió al escuchar los sollozos de Hermione, mientras la castaña colapsaba en una silla, y Severus se acercó a ella de inmediato.

Desesperada por confort, ella se lanzó a sus brazos, mientras las lágrimas empapaban su ropa.

"¿Cuál era el propósito de las esas píldoras?" Preguntó Kingsley.

"Dijo que la chica para la que eran, reconocería cualquier intento de darle la poción, pero como las píldoras no tienen olor ni sabor, las iba a hacer pasar por pastillas anticonceptivas, porque había escuchado que esa chica no toleraba el gusto de la poción."

"¿Hay alguien más que sepa de ese arreglo?"

"No." Sebastian negó con la cabeza. "Solo Weasley y yo."

"¿Sabes que lo que hiciste es ilegal?"

"Si Ministro."

"Voy a ponerte bajo arresto y tendrás que declarar frente al Winzegamot. Desde ahora, quedas relevado de tu puesto. Mi mayor preocupación ahora, es el estado de la Señorita Granger. Hermione, ¿has dejado de tomarlas?"

"Si." Asintió la chica, sin soltar a Severus. "Y las traje conmigo hoy."

"¿Me las das?"

Severus le alcanzó a Hermione su bolso, y ella le entregó las píldoras a Kingsley, quien las colocó en una caja y las ocultó en su túnica.

"¿Cómo quieres proceder Hermione?" Preguntó con suavidad el Ministro.

"Yo… no lo sé…" Gimió ella.

"Ya le he dado el antídoto, así que iba a llevarla arriba para observación. Sugiero que no se lleve a cabo ningún proceso hasta que esté por completo limpia de la poción. Ha sido expuesta por los últimos meses. En los próximos días se sentirá muy confundida y fuera de sí."

"Comprendo." Asintió Kingsley. "¿Estás consciente que debo poner a Ronald Weasley bajo arresto?"

"No quiero que nadie vaya a Azkaban." Dijo ella rápidamente.

"Srta. Granger, no tiene la obligación de mostrar compasión…" Murmuró Malfoy.

"No me malentienda Sr. Malfoy." Intervino ella con rapidez. "Estoy mucho más enfadada de lo que jamás he estado. Sin embargo, creo que no es necesario que alguien vaya a la cárcel por esto. Odio Azkaban y usted debería saber mejor que cualquiera, lo horrible que estar en ese lugar. ¿Qué sí creo que deben perder sus empleos? Absolutamente. Deberían ser expuestos públicamente por lo que hicieron, y sí, deberían pasar por el proceso legal y quedar en libertad condicional, pero no quiero que nadie vaya a la cárcel. Solo quiero que me deje tranquila y no tener que volver a verlo por un buen tiempo."

"¿Ella es así siempre?" Preguntó Malfoy a Severus.

"Ella es quien se aseguró que yo no terminara en la cárcel. Creo que, a menos que seas el Señor Tenebroso, no vale la pena que termines en la cárcel."

Hermione dejó escapar una risita.

"Si ese es su deseo, Srta. Granger, entonces lo respeto." Asintió Kingsley. "Me mantendré en contacto."

"Hablaremos mañana."

Kingsley se llevó a Sebastian con él. Lucius se quedó mirando a Hermione con un poco de incomodidad.

"Es usted una buena persona Srta. Granger." Murmuró el rubio.

"Lo eres." Reafirmó Severus.

"Buena suerte." Malfoy se inclinó y dejó la oficina.

"Vamos Hermione, te llevaré a que te revisen." Dijo Severus, estirando una mano hacia ella.

"Severus, ¿crees que soy una tonta?" Preguntó ella, mientras él la ayudaba a ponerse de pie y la guiaba hacia la planta alta.

"El tonto sería yo si pensara tal cosa."

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Las siguientes semanas fueron como un torbellino.

Hermione tuvo una crisis luego de beber el antídoto, y fue admitida en el hospital para observación y una noche de descanso.

Cuando Ronald apareció, fueron los rápidos reflejos de Severus lo que lo salvaron de ser hechizado hasta el fin de los días, al tomar la varita de ella. Antes que tuviera oportunidad de marcharse, fue arrestado y llevado al Ministerio.

El Profeta de la Tarde publicó la historia en primera plana, y cuando la castaña regresó a su hogar al día siguiente, encontró una pila de correspondencia de gente que la a poyaba. Sin perder tiempo, prendió fuego a toda la pila.

Se tomó vacaciones y pasó algunas semanas en aislamiento, solo apareciendo en público para testificar frente al Winzegamot.

Ron y Sebastian fueron puesto en libertad condicional, y si le preguntaban a los Weasleys, eso era lo que se merecían y que tuvieron suerte que Hermione fuera tan compasiva.

La chica se tomó el fin de semana sola en Francia, visitó a Harry, discretamente canceló los planes de boda y esperó a que la noticia perdiera interés.

Severus le dio todo el espacio que era posible, pero como necesitaba su firma para algunos asuntos, decidió visitarla en su apartamento, un viernes, apenas pasadas tres semanas desde el incidente.

"Es bueno verte de nuevo Severus." Dijo ella, sirviéndole té, luego de invitarlo a pasar.

"¿Cómo te sientes?" Preguntó él con cautela.

"Tan bien como puede esperarse, supongo." Dijo ella, sin darle demasiada importancia, sentándose junto a él. "Al menos, esta vez, El Profeta no me ha convertido en un demonio."

"¿Todavía lees esa cosa?"

"No. Dejé de hace como una semana. Ya me tenía enferma que no dejaran en paz el asunto."

"Ya se han olvidado. Marcus Flint y Gwenog Jones fueron atrapados cuando salían de un motel de poca monta, juntos. Oficialmente, eres noticias viejas."

"Qué bien." Dijo ella con una sonrisa.

"¿Quién te envió las flores?" Preguntó Severus, señalando con la cabeza el enorme ramo que estaba sobre la mesa. El hombre no pudo evitar notar que en medio de las flores, estaba la solitaria rosa roja que él le había enviado con el libro.

"George Weasley. Y si las hueles, quedas atrapado por uno de sus hechizos para soñar despierto. Me advirtió al respecto, así que no digas que los Weasleys son todos iguales. Pensó que tal vez me hacía falta un poco de refuerzo positivo."

"¿Y funciona?"

"Estás asumiendo que las usé."

"Pensé que, como mencionaste lo que hacen, ya las habías usado."

"Solo te advertía."

"¿Acaso voy por ahí oliendo flores todo el tiempo?"

"Bueno, en realidad no sé en qué empleas tu tiempo libre, y no estoy segura de querer saber."

"Leo, mayormente." Dijo él, alzando los hombros. "Nada que se pueda considerar el escándalo del año."

"Lo sería si la prensa se enterara que fue un libro el que me hizo dar cuenta que lo que estaba sintiendo por Ron no era amor."

"¿Uno de esos ridículos libros de autoayuda?"

"¿Me veo como el tipo de persona que leería esos libros?"

"No. Te ves como el tipo de persona que los corregiría."

"Fue el libro que me enviaste. Fue entonces cuando me di cuenta que Ron no sabe nada de mí. E incluso después de haber dejado de tomar la píldora, una parte de mí todavía lo amaba, pero me di cuenta que no era la clase de amor que sientes por la persona con la que te vas a casar. Sentía la misma clase de amor por él que sentía cuando estábamos en la escuela.

"¿Aun después de saber lo que te hizo?"

"No voy a perdonarle eso por un largo, largo tiempo, y es posible que jamás, jamás vuelva a aceptar algo que él me dé. Pero tenemos mucha historia juntos, mucha de ella, muy buena."

"Eres demasiado compasiva."

"Tal vez me gusta creer en las segundas oportunidades."

Por un largo rato, los dos se quedaron callados hasta que ella lo miró a los ojos.

"Hay algo más de lo que me di cuenta esa noche."

"¿Qué cosa?"

"Que debería haberme arriesgado con algo que había deseado mucho antes que Ron apareciera en escena."

"¿Y qué es eso?"

Ella solo respondió acercándose a él y presionando sus labios contra los de él. Y Severus respondió de inmediato, alzando una mano para posarla en su cabello y sostenerla mientas sus labios se movían al compás, juntos, como si no fuera la primera vez que se besaban. Cuando finalmente se separaron, ella sonreía.

"Supongo que eso significa que me llevarás a cenar."

"Si comienzas a ser vista en compañía de un Maestro Pocionista, luego después de lo que tuviste que pasar, la gente comenzará a pensar que estás consumiendo Amortencia de nuevo."

"Pero yo sé la verdad." Susurró ella, besándolo otra vez.

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N/T: Bueno, ahí está la historia terminada. Esta no tiene cítricos, pero valía la pena leerla, para avivar un poco el odio al pelirrojo. La verdad, es la única forma que puedo imaginar para que ese infeliz pueda conseguirse una pareja que lo aguante. Es eso, o volver con Lavender Brown… en fin, espero que hayan disfrutado de la historia. En algunos días, espero no sean muchos, voy a subir una historia de un solo capitulo, esa si va con limoncitos, para que se entretengan. Hasta entonces, espero que estén bien y que sean felices. ¡Hasta la próxima!