Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
Aviso: Este fic participa en el reto especial "Romance en navidad" del foro Sol de Medianoche.
-Capítulo 4-
Jasper siempre fue un buen chico. De niño era bastante travieso y encontraba tremendamente divertido fastidiarme, cosa que a mí me sacaba de quicio. A pesar de eso, a medida que fuimos creciendo, nos hicimos más y más amigos hasta el punto que solíamos pasar tardes enteras el uno en casa del otro o junto a nuestro grupo de amigos. Él era hijo único y su familia era bastante humilde: su madre trabajaba como peluquera en la peluquería del pueblo y su padre era un hombre bonachón que arreglaba coches y motos. No les sobraba el dinero, pero yo siempre los vi como una familia feliz que se quería a pesar de todo. Guardaba recuerdos felices en su casa, sobre todo cuando su madre nos preparaba la merienda o su padre jugaba con nosotros a juegos de mesa, pero al parecer nada era como yo creía.
Cuando Jasper entró en el instituto la peluquería en la que trabajaba su madre comenzó a tener pérdidas hasta el punto en el que tuvo que cerrar, dejando a su madre sin empleo. A raíz de eso, sus padres comenzaron a discutir cada vez más a menudo y Jasper dejó de invitarnos a su casa. Su familia pasó una época bastante mala, pero él solía fingir que todo iba bien y parecía no afectarle demasiado lo que sucedía en su casa. Cuando quedábamos todos juntos se reía con los chicos y se metía conmigo y mis amigas solo para hacer la broma, pero aun así nos divertíamos mucho. A los quince años empecé a verlo con otros ojos, me di cuenta de lo guapo que me parecía y, casi sin percatarme, empecé a ponerme nerviosa cada vez que estaba en su presencia. Me gustaba estar con él, y siempre que podía buscaba alguna excusa para quedarnos los dos a solas, simplemente porque adoraba pasar tiempo a su lado. Jasper era un chico muy inteligente y carismático a pesar de que no le entregaba su confianza a cualquiera, y solía parecer callado al principio, pero en el fondo era una persona excepcional.
Su vida comenzó a truncarse poco después de cumplir los dieciséis años. Al parecer, su madre había encontrado la felicidad en los brazos de otro hombre un par de años atrás, y a pesar de que eso era lo que se rumoreaba por el pueblo, yo no me lo creía. Pero era cierto, y me enteré de ello cuando mi madre me explicó que la madre de Jasper se había marchado de Forks junto a aquel otro hombre, abandonando así a su marido y a su hijo. Me costó mucho darle crédito a esa noticia porque se me hacía imposible pensar que una mujer pudiera marcharse así, sin pensar siquiera en su propio hijo. Jasper no quiso hablarme demasiado del tema, solo me lo confirmó diciéndome que su madre le había pedido que se fuera con ella y su amante, y que él se negó en rotundo porque prefería quedarse con su padre. No quería saber nada de aquel otro hombre que había destruido el matrimonio de sus padres, y era comprensible.
—Yo no voy a abandonar a mi padre como lo ha hecho ella. No es el mejor hombre del mundo, pero no es una mala persona y no se lo merece —me dijo una tarde después de salir del instituto. No parecía triste, ni apenado. Solo furioso.
—Y… ¿qué vas a hacer con tu madre? —le pregunté con algo de temor, pues no sabía cómo iba a reaccionar.
—Yo ya no tengo madre. Esa mujer ha dejado de existir para mí.
Pasó unos meses algo tumultuosos, pues su padre comenzó a hundirse en la miseria y empezó a beber a pesar de que Jasper intentó por todos los medios sacarle adelante. Encontró un trabajo por las tardes, después del instituto, y se propuso cuidar a su padre gastándose sus ahorros para la universidad en pagar la hipoteca y las facturas. Mi familia y yo le dejamos claro que podía contar con nosotros para lo que quisiera, pero no aceptó ayuda económica de nadie, asegurándonos que él iba a hacerse cargo de todo. Y lo cumplió aunque su sueldo no le permitía gastarse ni un centavo en ningún capricho.
Por esa época, nos besamos por primera vez en una tarde de otoño; un recuerdo que atesoraría para siempre en mi corazón. Como era domingo él no trabajaba, y lo invité a ver una película de terror en mi casa aprovechando que se acercaba Halloween. Entonces Cynthia, a sus cuatro años, estaba encantada con él y acababa riéndose a carcajadas cada vez que Jasper venía a casa, pero como aquella tarde íbamos a ver una película de miedo, mi madre se la llevó a pasear junto con mi padre para que no nos molestara. En una de las peores escenas del film me asusté tanto que me tapé los ojos con las manos y me hundí todo lo que pude en el sofá, consiguiendo que Jasper se echara a reír ante mi malestar.
—Pensaba que te gustaban las pelis de terror.
—Y me gustan, pero esto es asqueroso —murmuré, aunque mis palabras sonaron amortiguadas por mis manos.
—No es para tanto, no llega a ser gore.
—Pues cualquiera lo diría.
Cuando lo peor pasó Jasper me apartó las manos de los ojos y me puse una de ellas en el corazón, que latía muy deprisa.
—Dios, estoy hasta nerviosa.
Jasper sonrió, me miró de reojo y después ladeó la cabeza sin soltar mi mano. Sus ojos examinaron mi rostro con atención y se detuvieron en mis labios, consiguiendo que mi corazón se desbocara todavía más aunque por una razón totalmente distinta a la de antes. Una mucho mejor. Sin pensárnoslo demasiado nos acercamos hasta que nuestros labios se unieron con suavidad pero con firmeza, y nos besamos con torpeza, como los dos adolescentes que éramos. Fue en ese instante cuando me percaté de que me sería muy fácil enamorarme de Jasper.
¡Hola de nuevo! Aquí el primer flashback de nuestra parejita (habrá varios de ellos a lo largo de la historia porque es necesario explicar bien qué paso entre ellos dos, ya me entendéis). Ya habéis conocido la primera parte de lo que le sucedió a Jasper, y poco a poco iréis sabiendo más... Por lo pronto espero que os haya gustado mucho este capítulo y que me lo digáis con vuestros reviews.
¡Hasta mañana! Xo
