CAPÍTULO 3
Hola a todas y todos! Pido disculpas por no haber publicado ayer. Salí de viaje y el tiempo se me fue de las manos! Aquí les traigo el capitulo un día tarde. A modo de disculpa y para compensarles, mañana traeré el Capítulo 4.
Queridos lectores, me entusiasma y alegra mucho saber que deseen con premura cada siguiente capítulo, en verdad agradezco demasiado su interes por mi historia. Por ello, y en vista de que han empezado mis vacaciones, haré lo posible por traerles tres capítulos cada semana. Algunos de uds. me han dejado varios reviews pidiendome el siguiente capítulo; valoro muchísimo su gesto y colaboración, pero no es necesario. Comprendo que algunas escritoras piden reviews para publicar, los reviews en masa no son lo más importante para mi, prefiero sus opiniones acerca de la historia, que me compartan las emociones que surgen al leer o su percepción de los distintos personajes o situaciones, aún cuando sean sólo unos cuantos reviews.
Muchas gracias por leer y comentar! Abrazos!
—¿Estás completamente seguro Terry?— Preguntó Eleanor con gesto de confuso.
—Sí madre— Respondió él —Claro que, sí tú tienes algún inconveniente con ello… Simplemente lo dejamos así—
—Oh no, Terry, sólo… Quisiera estar segura de que vas a estar cómodo con Susanna y su madre compartiendo tú mismo espacio durante dos semanas—
Terry contempló unos instantes su plato de comida —Sí mamá, estoy seguro, supongo que toda esta situación podría ser un poco extraña… Pero, en realidad quiero pasar más tiempo junto a Susanna… y sobre todo, sé que ella se sentiría un poco más feliz si puede pasar algunos días cerca al mar. Pero, no tomaré ninguna decisión sin tu completa aprobación—
Eleanor se mantuvo pensativa unos instantes, había algo en esa loca idea que no la terminaba de convencer, el afán de Terry por complacer a Susanna se presagiaba contraproducente a largo plazo, por otro lado, sí Susanna pasaba más tiempo con Terry, sería mucho más difícil ayudarle a desprenderse de la culpa o convencerlo de que su idea de casarse con la joven actriz no era nada racional. Finalmente, estaba el hecho de que Susanna no terminaba de agradarle, y en adición a esto, Eleanor admiraba a Candy y le tenía un cariño especial, tal vez porque sabía que era el amor de la vida de su hijo, o tal vez porque veía tanto de su propia historia en la corta vida de aquella enfermera.
—Me basta con que estés seguro, si tú crees que es lo más conveniente. Debes saber antes que nada, que esta es tu casa, y tus invitados están más que bienvenidos a este que es tu hogar— Finalizó Eleanor.
– Gracias mamá, creo que invitar a Susanna es mi oportunidad de reivindicarme un poco por todo el daño que le he causado, en cuanto salga esta mañana le comunicaré la buena nueva a Susanna. De nuevo, muchas gracias, has sido mi guía, mi refugio salvador— Se detuvo un momento y contemplo a su madre, los ojos de Eleanor se habían llenado de lágrimas, él agachó su cabeza —Estaré aquí puntual para la cena, hablaremos esta noche—
Diciendo esto salió de la propiedad, de nuevo con rumbo a la ciudad de Nueva York.
Terry se detuvo por un momento en el almacén de abarrotes, decidido a comprar chocolates para Susanna. Estando allí, una mujer de considerable estatura y llamativa figura, le miraba insistentemente, cómo intentando recordar quién era él, Terry la miró y rápidamente salió del lugar, temiendo que fuera alguna reportera sedienta de chismes.
—Susanna— Habló la Sra. Marlow —Terry está al teléfono—
—Ayúdame por favor, no puedo avanzar tan rápido como quisiera con esta condenada prótesis— Susanna avanzaba a brincos usando su pierna sana, estando cerca del teléfono se tomó un momento para recobrar el aliento y finalmente contestó —Hola Terry, ¿Cómo estás?—
Terry guardó silencio unos breves instantes, se aseguró nuevamente de estar tomando la decisión correcta —Hola Susanna—
Ella lo interrumpió —Llámame Susie, por favor de hoy en adelante siempre llámame Susie—
Terry no le prestó atención a aquel comentario que traía tras de sí las mayores implicaciones emocionales, aquello era una estrategia para acercarlos emocionalmente, Susanna siempre jugaba bien sus cartas, pequeños y pacientes pasos hacían a los grandes triunfadores en las partidas más arduas. Él por su parte se imaginó que aquello era tan sólo una forma en la que Susanna le pedía un poco de afecto.
—Está bien, Susie… Estoy bien, gracias. ¿Y tú y tu madre cómo se encuentran, qué tal va la reacomodación en tu casa?—
—Todo va bien… Mi madre y yo nos encontramos mejor, la situación parece mejorar cada día, sólo debemos seguirnos esforzando— Susanna se permitió pensar por un momento que sí le preguntaba por su situación con el actual traslado a su habitual casa, era porque quizás Eleanor le había dado una negativa ante su posible hospedaje en la casa de Los Hamptons, lo cual implicaría un fuerte y grave inconveniente, su futura suegra debería quererla tanto como a una hija y confiar en ella como lo hacen las mejores amigas.
Terry por su parte sólo quería percatarse de que todo estaba bien, y aprovechó para hacer un poco de conversación antes de decirle a Susanna que era bienvenida en la casa de su madre y que por ende, debería compartir con ella días enteros durante su estancia.
—Susie— Terry carraspeó un tanto incómodo con aquella palabra —Mi madre estará gustosa de recibirte a ti y a tu madre en su casa de descanso… Será tu decisión cuando instalarte, si lo prefieres, puedo pasar por ustedes en mi automóvil en cuanto me lo soliciten—
– Oh Terry… ¡Que maravillosa noticia! Tu madre, que mujer más bondadosa… Les estamos infinitamente agradecidas— Susanna se detuvo, y pensó que las emociones la habían controlado, no debería mostrarse tan abiertamente entusiasmada, sin embargo, debería tomar la oferta de Terry justo en ese momento y no dar lugar a ninguna clase de retractación —Terry, mi madre y yo saldremos en cuanto tu tengas tiempo de ayudarnos a trasladarnos hasta Los Hamptons, de hecho, podríamos salir esta misma tarde— Susanna cruzó los dedos para que Terry no percibiera su desesperación.
A Terry le sorprendió la premura de las palabras de Susanna, pero pensó para sus adentros, que cuanto antes se hiciera aquello, sería mejor para todos —Está bien entonces Susanna… Perdón, Susie… creo que pasaré por ustedes como a las cuatro de la tarde ¿Está bien esa hora para ti?—
—Oh, claro que sí Terry, estaremos listas— Dijo Susanna al tiempo que colgaba el teléfono rápidamente, no podía seguir escuchándolo, ya habían sido suficientes emociones expuestas por ese día, debería prepararse para su viaje y calcular cada actuación antes de conocer a Eleanor y estar tan cerca de Terry.
Las maletas estaban hechas, Susanna se había vestido de un pulcro blanco, llevando un vestido de tiras que dejaba sus hombros descubiertos, un atuendo no muy adecuado para la aún fría primavera Neoyorkina, pero sí muy atinado para empezar a llamar la atención del joven actor.
—Eres hombre Terry, tan básico como los demás… la piel los deslumbra y la seducción los idiotiza… voy a seducirte… y controlarte, ¡vas a ser mío!, ¡VAS A OLVIDARTE DE ESA ESTUPIDA CANDY!— Susanna rompió en llanto, su alma desesperada le gritaba que no había nada en el mundo que le garantizara ganar el corazón de Terry, aún así no se rendiría. Respiró profundo en un esfuerzo por tranquilizarse, y entonces Candy se dibujó en su mente.
—Su estúpida y perfecta sonrisa… ¡La detesto! ¿Qué hace ella para enamorarte de esa manera? Y yo cada vez luzco peor, soy horrorosa y ella… Perfecta… quisiera mi cuerpo completo, ¿por qué tuvo que suceder esto? Quiero mi pierna… ¡Quiero recuperar mi vida!—
—Susie, ¿Estás bien?— Preguntó la Sra. Marlow a través de la puerta.
Susanna se obligó a recobrar la compostura, se secó el rostro y acomodó su busto bajo el corpiño —Si madre. Estoy lista, salgo en un minuto—
Luego de unos minutos las dos mujeres estaban en el portal de la casa Marlow, Terry había ya acomodado las maletas en la cajuela de su auto y ahora ayudaba a Susanna a subirse al automóvil.
—No Terry— Se apresuró Susanna —Iré adelante, en el puesto del copiloto… Contigo… Mamá está un poco indispuesta— Agregó la joven mientras lanzaba una mirada suspicaz a su madre —Y creo que si se sienta sola en el asiento trasero podrá acomodarse más ampliamente… ¿Estás de acuerdo?— Terry observó detenidamente a la Sra. Marlow —Sí es lo que han decidido no tengo ningún problema— Sin embargo, Terry pudo intuir algo de tristeza en el rostro de la Sra. Marlow, pero no quiso oponerse, ahora sólo quería concentrarse en sobrellevar esta extraña situación; se decía permanentemente que sí no podría superar el tener a Susanna en casa de su madre durante un breve tiempo, mucho menos vivir con ella como marido y mujer, tal vez en el fondo seguía en la búsqueda de una buena excusa para deshacerse de aquella gran responsabilidad.
Al llegar a la residencia de la Sra. Baker, el ama de llaves les recibió y ordenó que el ordenamiento del equipaje en la habitación con acomodación doble, sin embargo, Susanna se apresuró e intervino —Oh, no, discúlpeme usted, yo estoy en proceso de recuperación por un… accidente…— Se detuvo y miró fijamente a la empleada —Y parte de eso requiere la recuperación de mi autonomía, no les había dicho nada aún— Miró a Terry y a su madre —Pero quisiera, si ustedes me lo permiten, dormir sola… Si fuera posible, quisiera una habitación individual—
Eleanor observaba desde el recodo del estudio la escena, cuidadosamente analizó cuadro a cuadro la situación. Susanna era ciertamente agradable, era una señorita muy dulce y de maneras muy propias, aún ingenua tal vez, pensó Eleanor, es probable que eso no le permitiera darse cuenta del grave error que cometía al permitirle a un hombre que no la amaba que la tomase por esposa; o tal vez, aún peor, no se había dado cuenta de la indiferencia emocional de Terry hacia ella. La actriz se le ocurrió que por ello tendría una oportunidad, si no podía persuadir a Terry para que cambiara su decisión acerca del dichoso matrimonio, probablemente tendría una chance con ella.
La Sra. Baker salió de su estudio y saludó cálidamente a las invitadas. Terry hizo las presentaciones. Susanna miró con sus grandes ojos azules como de bebé a Eleanor, expresando tal dulzura y serenidad, que la madre de Terry le sonrió enternecida, después de todo Susanna era una de las actrices más brillantes de Broadway, a veces, su proceder carecía de inteligencia, pero era más que obvio que su talento era innegable, la misma Eleanor ya había sucumbido a sus encantos. Susanna no mentía, actuaba verdades brillantemente elaboradas, tal como lo hizo aquel día en el hotel en Chicago, cuando Candy le preguntó por Terry y ella con la mayor de calma le dijo a Candy que él estaba cansado y ya se había ido a dormir, ni un solo musculo en el rostro de Susanna se inmutó, ni un pestañeo impertinente surgió, su actuación imperturbable era lo suficientemente convincente en todo momento.
Terry se fue a dormir aquella noche después de haber platicado con Eleanor en la intimidad de la alcoba principal. Le había mentido al decirle que se sentía cómodo con la presencia de Susanna. La Señora Baker, inteligente como siempre, no discutió —La paz de tu alma es tu propia y absoluta responsabilidad. Que el desespero no te obligue a tomar las decisiones equivocadas, tienes todo el tiempo que necesites para construir tu destino, nadie tiene derecho a presionarte, cada una de tus actuaciones deben proceder de acuerdo con tus necesidades, tú también tienes derecho a estar primero…— Dicho esto, la actriz besó en la frente a su hijo y le deseó las buenas noches.
Terry pensaba en las palabras de su madre, pero no quería interpretarlas, su cuerpo le pedía descansar. Acomodó su almohada, dispuso su brazo derecho bajo su cabeza y cerró los ojos, una vez sus parpados estuvieron juntos, su imagen apareció. Ahí estaba su bella pecosa sonriéndole, abrió los ojos sobresaltado, no podía creer en las jugadas traicioneras que su mente le pasaba.
Susanna aspiró hondo y disfrutó cada centímetro de aquel cuarto, aquello era más que una habitación, aquel lugar representaba intimidad, el sentimiento de privacidad del que hace tanto tiempo no gozaba.
Se desnudó y contempló sus pechos firmes y blancos, sus rosados pezones —Aún soy hermosa— Pensó —Mis encantos aún podrían seducir a un hombre como Terry— Cerró los ojos e imaginó a Terry hundiéndose en su cuello, sintió su suave cabello contra su rostro, imaginó sus labios sobre el lóbulo de su oreja. Se detuvo, sacudió su cabeza y se obligó a no tener aquella clase de pensamientos que cada vez la asaltaban con mayor frecuencia. —Es pecaminoso— Se dijo.
Se concentró en su imagen en el espejo y tomó su camisón de dormir, se lo puso y se sentó en la pequeña butaca del tocador, cepilló su cabello mientras reflexionaba.
—Seducir a Terry tal vez no esté bien, pero es necesario, parece ser mi única alternativa… Y mi cuerpo, mi cuerpo solicita con premura el suyo, anhelo sus besos, sus caricias. Pero estas escandalosas ideas no pueden seguir distrayéndome, mi objetivo es otro, después el matrimonio me permitirá lo demás—
Susanna se acostó en su cama, se hundió en las cobijas dispuesta a dormir plácidamente, pero de nuevo, Terry estaba en su cuello, cerró los ojos poseída por el placer, deslizó su mano entre su ropa interior y acarició suavemente su intimidad. Imaginaba que eran las manos de Terry las que la acariciaban. Con más ahínco frotaba su entrepierna hasta alcanzar un ritmo frenético, pronto sintió como el éxtasis la alcanzaba. La oleada de sensaciones que le dejó aquel orgasmo la adormeció, cerró sus ojos y durmió profundamente hasta el día siguiente.
Al salir a desayunar, Susanna no daba crédito a su suerte al haber dormido tan cerca de Terry, saber que ahora compartían el desayuno bajo una casa que los encerraba a los dos en el mismo espacio hacía que sus más profundos sentimientos obsesivos empezaban a aflorar de nuevo.
Terry por su parte aún se sentía abrumado y extraño con la presencia de la joven, se le veía tenso, pero siempre sonriente. Eleanor se disculpó y se levantó de la mesa, la Sra. Marlow la siguió. Luego de que estuvieron solos Susanna le habló:
—Hoy quisiera salir a dar un paseo por la playa, sí no estás ocupado… ¿Quisieras acompañarme?—
Terry la miró pensativo —Claro que sí, hoy no saldré de casa, quiero que pasemos tiempojuntos Susie—
Susanna no pudo ocultar la sonrisa que se formó en su rostro, su emoción era evidente, parecía una niña inocente al ver el primer regalo de navidad, verla así sólo exasperó la culpa en el atormentado corazón de Terry.
Luego del almuerzo, los jóvenes salieron a caminar. Para Susanna era aún difícil maniobrar los pasos al caminar, sobre todo llevar el paso en la arena era ciertamente difícil. Después de un rato tomó la mano de Terry y la entrelazó con la suya —¿Te molesta?— Preguntó.
—En realidad no— Contesto Terry.
Y no mentía, su cuerpo estaba abrumado por las tribulaciones de su alma y su mente, cualquier contacto físico le era indiferente, además, se mantenía inocente ante las jugarretas manipulativas de Susanna.
La joven actriz lucía feliz, y ciertamente lo estaba, creía que este era su primer triunfo y lo estaba saboreando lentamente, después de todo al día siguiente empezaría su dura tarea por conquistar a Eleanor. Susanna le hablaba incesantemente a Terry, le contaba todos los detalles acerca de su recuperación, Terry eventualmente le sonreía, pero no le prestaba atención a ninguna de sus palabras, su mente se perdía en las profundidades de sus tormentos pensando continuamente en su pasada juventud, en su pasado amor.
Susanna se percató de la ausencia de Terry, de su ensimismamiento, así que antes de que él dijera cualquier cosa se apresuró a tomar ella cualquier decisión.
—Terry, ya estoy cansada, la prótesis me lastima un poco, ¿Podríamos regresar a casa ya?—
—Claro que sí Susie, sí quieres… Puedo cargarte— Agregó el joven.
Susanna se ruborizó —No quisiera incomodarte, pero en realidad me duele mucho mi pierna—
Rápidamente Terry la tomó en sus brazos y la llevó hasta la casa. En el camino, Susanna se perdía en la fragancia natural del cuerpo de Terry, en ocasiones sus mejillas se rozaban y ella sentía como toda su piel se erizaba, sin embargo, también se percataba de cómo él imperturbable avanzaba sin descanso.
Así transcurrieron los días, Eleanor disfrutaba de sus ocasionales charlas con Susanna, las cuales eran casi siempre referentes al teatro, ya Susanna había conseguido convencerla de su dulzura y docilidad, Eleanor sin embargo, esperaba paciente el momento para empezar su persuasión, y hacer desistir a Susanna de sus intenciones de matrimonio con Terry.
El joven actor había empezado a salir con más frecuencia, excusándose para asistir a sus ensayos de la obra que estrenaría. Robert Hathaway, le había dado una nueva oportunidad a Terry, sin embargo, sólo le permitiría presentarse hasta el otoño, e inicialmente, en un papel secundario en La Tempestad, representaría a Ferdinando y luego vería que sucedería conforme avanzara el tiempo, pero aquello era ya más de lo que Terry había esperado.
En varias ocasiones Terry no iba a Nueva York, en realidad sus ensayos empezarían hasta Junio, estudiaba sus libretos mientras caminaba solo por la playa y veía las olas salpicantes del indomable atlántico. Era viernes, una mañana tibia y abovedada por un hermoso cielo azul primaveral, le apasionaba su nuevo papel, era todo lo que necesitaba para empezar de nuevo. Repetía mientras memorizaba sus líneas: Mi dulce amada, se pondrá el sol sin que yo haya cumplido mi tarea… No, celestial criatura. Me romperé las fibras y partiré la espalda antes de que por mi holganza tú te humilles… *
Terry levantó la cabeza y dejó de leer el libreto mirando al horizonte mientras creaba la nemotecnia para grabar las líneas en su memoria. De pronto, a lo lejos una mujer le gritaba algo que no alcanzaba a comprender, la mujer sacudía sus brazos y estaba parada en una sola pierna, frente a ella otra mujer de espaldas parecía intentar ayudarla sin mucho éxito, Terry aligero el paso hasta empezar a correr, con el libreto aún en la mano, se acercó hasta las mujeres y se dirigió a la más alta de ellas.
—¿Está bien señorita? ¿Puedo ayudarle de alguna manera?—
Gisell miraba impresionada la pálida cara de Candy. Había olvidado toda su pantomima, el galán en cuestión estaba junto a ellas, pero ahora lo único que le importaba era Candy. Terry miraba a la morena confundido. Gisell asentó su pie en la arena y se apresuró a decir —Estoy bien, gracias, es mi amiga… No sé qué le pasa…— Exclamó con rostro preocupado.
Todo aquello sucedió en segundos, Candy le ordenaba a su cuerpo huir de allí, pero éste no la obedecía, su corazón latía salvajemente, Terry le daba la espalda mientras miraba a Gisell, pero ese era su cabello, ese era su olor, sintió que las piernas le temblaban, que se quedaba sin aire, su pecho se movía aceleradamente y de repente, él volteó, tras las últimas palabras pronunciadas por Gisell, él no sólo giró su cara sino su cuerpo completo, al instante Terry se petrificó.
Terrence aún no daba crédito a sus ojos, era absolutamente imposible, inverosímil, no podía creer que justo frente a él se hallaba ella. El libreto se cayó de sus manos y sin pensar su cuerpo rápidamente se movió como por voluntad propia. Aproximándose a ella, tomó el rostro de Candy entre sus manos, como queriendo palpar con su tacto aquello que se negaba a creerle a sus ojos. El corazón del joven se aceleró, era ella, estaba seguro, su alma no podría contener por mucho tiempo más el júbilo que le embargaba, era la mayor y más feliz sorpresa que la vida le hubiera podido dar, ahí, junto a él, el ser que más amaba, su felicidad, su razón de vida.
Candy y Terry se miraban incesantemente, ninguno de los dos conseguía hablar, ella apretaba con fuerza la tela de su falda con sus dos manos, luchando por contener las lágrimas, y él seguía aferrado a su rostro. Gisell no tardó mucho en darle una atinada lectura a la situación, se quitó lentamente la mascada de la cabeza y observó detenidamente a la pareja, hizo un cómico puchero y se rascó la cabeza —Mmm creo que… ¡Adiós!— La voluptuosa morena emprendió camino de regreso a su casa, ni Candy ni Terry se percataron de su partida, continuaban absortos el uno en el otro.
Él fue el primero en animarse a hablar —Candy— Dijo en apenas un suspiro —Estás aquí— Susurró —¿Esto es… real?— Terry le acariciaba el rostro con dulzura —Pequeña pecosa, estas aquí— Suspiró con ensoñación, relajando su cuerpo por primera vez en meses.
Candy regresó de su ensoñación —Terry— Murmuró encerrando entre sus delicadas manos las manos de Terry que aún se encontraban en su rostro, ella también necesitaba asegurarse de que era real, de que su amado Terry estaba allí junto a ella.
Durante unos minutos más permanecieron así, mirándose con detenimiento, entonces, sin previo aviso, él la acercó a su cuerpo con premura y la envolvió en sus brazos, ella instantáneamente rodeo con los suyos la cintura de Terry. El destino se los adeudaba, se merecían más que nada, este abrazo. Fundidos el uno en el otro, aquel abrazo parecía eterno, así, sin palabra alguna se dijeron lo mucho que se amaban, cuánto se extrañaban y cuanto dolor habían sentido. Las palabras a veces estorbosas, esta vez no hicieron falta, el abrazo fue absoluto.
Volver a sentir el particular aroma del cuerpo de Terry la embelesaba, aquel precioso olor la transportaba de inmediato a la segunda colina de Pony, donde la cotidianidad les permitía gozar de la fantástica oportunidad de verse cada día. Mientras tanto, la suavidad de la piel de Candy le permitía a él perderse en el universo del cuerpo de su amada, no había felicidad más plena, no existía un momento más feliz.
Luego de un tiempo indeterminado Candy empezó alejarse del cuerpo de Terry, el abrazo languidecía, y Terry terminó lo empezado por ella.
—No puedo creer que estés aquí— Dijo el joven.
—Yo tampoco esperaba verte— Respondió Candy.
—¿Cómo estás?— Preguntó la rubia —Luces delgado—
—Estoy bien— Contestó él —Ahora estoy bien…— Sus ojos brillaban llenos de una extraña felicidad melancólica. Terry agachó su cabeza —Es sólo que he viajado un poco, pero no es nada importante. Y tú, ¿Cómo estás Candy?—
Escuchar su nombre salir de aquellos labios fue como probar un poco de paraíso para la rubia, él pronunciaba su nombre, él estaba ahí. De repente, la feroz realidad la golpeó. A su mente llegó rápidamente el recuerdo de Susanna.
—Estoy bien Terry— Dijo Candy, vaciló un momento y finalmente preguntó —¿Y… Cómo está Susanna?—
Aquella pregunta cayó sobre Terry como una cubeta de agua fría, lo devolvió a su propia infernal realidad, su expresión cambió de inmediato. Esta vez no le ocultaría nada, esta vez sería conciso.
—Susanna se está recuperando excelentemente… Se recupera muy satisfactoriamente—
—Eso es bueno— Lo cortó Candy —Me alegro mucho, me tranquiliza escucharte decir eso—
Se volvieron a perder por unos breves instantes en sus rostros —Debo irme, estoy trabajando… Ahora mismo estoy en mis horas de trabajo. Fue bueno verte Terry, me alegra saber que estás bien… Que tú y Susanna están bien—
—No te vayas aún— Le pidió Terry con expresión suplicante, la misma que Candy no pudo resistir —Déjame acompañarte hasta la clínica, ¿puedo acompañarte?—
Ella sonrió, él sintió como aquella sonrisa le devolvía la tranquilidad que le era tan esquiva y le llenaba de tibieza el pecho —No estoy en una clínica— Respondió Candy —Estoy cuidando de la salud del Sr. Perceebal Weasly, me hospedo en su casa— Candy endureció su expresión—No creo que sea conveniente que me acompañes— Frunció el ceño y sacudió una imaginaria mota de sus faldas —Debo irme ahora Terry, espero que estés bien, cuídate—
Candy pronunció ésta última frase y salió corriendo, Terry no se movió, en parte aún consternado por el inesperado encuentro, y en parte porque no quería presionarla, sin embargo, ahora estaba cerca, ella estaba cerca de él, y él sabía dónde encontrarla.
* Tomado de La Tempestad, de William Shakespeare
CONTINUARÁ…
