Handsome & The Beast

Handsome & The Beast

Por Inugami

Ed x Al

Notas previas: Los personajes de Full Metal Alchemist pertenecen a sus autores y a los que han comprado la licencia y esto que escribo es sólo por ocio, no gano nada de dinero a pesar de lo mucho que lo necesito. Y "Beauty & The Beast", mejor conocido como La Bella y la Bestia, tampoco me pertenece, es de sus autores originales y de los que han comprado la licencia.

Qué alegría! Vamos por el cuarto capítulo. Y por poco y no puedo terminarlo, Inugami (mi ordenador) tuvo algunos problemas y la tuve que mandar a revisar, por suerte es sólo una de las tarjetas de memoria y aún puede funcionar con una sola mientras llega la nueva para reemplazar la dañada.

Las advertencias de siempre, aunque en este capítulo el contacto es un poco más shounen-ai. Y que conste, Ed aún es humano a pesar de su apariencia quimérica XD.

Al fic se ha dicho.

Capítulo 4: Cuidados amables.

Mes y medio después

Alphonse y la Bestia se llevaban cada vez mejor. Lentamente, el joven alquimista había comenzado a traspasar el muro de frialdad que había interpuesto la Bestia con su entorno, si bien aún había secretos para con Al. Pero aún así Al se sentía feliz, puesto se habían vuelto realmente cercanos, además todos tienen secretos.

Por ejemplo, él nunca le había confesado el hecho de que el castillo, y él mismo, se le hacían familiares, como si alguna vez hubiese estado ahí. Temía confesarlo, pensando que de alguna forma quizás ofendería a la Bestia.

Y también una marca en su espalda. Parecía un círculo de transmutación, con varias líneas cruzándolo, y por su color cualquiera diría que había sido escrito con sangre. Pero no se borraba por nada, y además lo había visto desde siempre ahí. Aún cuando no sabía el porqué de tener esa marca, que no era muy grande, y estaba puesta en medio de sus omóplatos, sobre la columna. No es que le molestara, pero pensaba que no era necesario comentar algo así.

¿O es que quizás le daba vergüenza mostrarlo?

El invierno continuaba implacable. Cierta mañana, amaneció totalmente nevado, por lo que luego de desayunar, Alphonse salió, entusiasmado. La Bestia le siguió, curioso de lo que Al haría.

Alphonse corrió a través del enorme jardín, y llegado un momento la Bestia no pudo seguirle el paso. Así es que siguió las huellas en la nieve, pero cuando menos lo esperaba, una bola de nieve le llegó de pleno en la cara. Una vez que se quitó la nieve, lo primero que vio fue a Al riéndose de él. La Bestia no se enojó, pero decidió seguirle el juego y mientras Alphonse seguía riéndose, le llega también una bola de nieve.

- Hey, eso es trampa – dice en broma Al – yo estaba descuidado…

- Ah sí? – contesta La Bestia, divertido – pues vamos a comprobarlo…

Ambos comienzan a lanzarse bolas de nieve, riendo y jugando en el enorme jardín durante toda la mañana. Las hermosas rosas rojas que parecían desafiar el frío contrastaban con el blanco de la nieve que cubría el suelo, creando una atmósfera casi surreal que rodeaba a ambos.

Tan surreal, que por un momento, Alphonse pareció ver la verdadera figura de la Bestia. Cabellos y ojos dorados, un porte elegante, un rostro joven pero de expresión decidida.

Esa vaga imagen, aún por un segundo, despertó intensos sentimientos en él. Y comprendió que de a poco, en su corazón había comenzado a crecer un sentimiento muy especial dirigido hacia ese ser…

"Cuando un cuerpo está débil, la mente se vuelve frágil.

Calidez corporal, aliento, latidos, y la esencia calman mentes así"

A la mañana siguiente, la Bestia extrañó que Al no llegara a tomar desayuno como todos los días. Si bien hacía frío, Al podría ponerse más ropa y bajar a comer como otras veces lo hacía. Así es que preocupado fue a ver qué ocurría.

Encontró a Al aún en la cama, sudando frío, tosiendo y con una fiebre altísima.

- Aru, ¿Qué ocurre?

- No es nada… Enseguida bajo a desayunar – dijo Al, intentando calmar a la Bestia, quién se notaba preocupado. Intentó levantarse, pero al dar el primer paso fuera de la cama por poco y cae al suelo. Suerte que la Bestia reaccionó a tiempo, y alcanzó a interceptarle antes de caer.

- Aru! – Le recostó nuevamente en la cama. Alphonse estaba sonrojado por la fiebre, y apenas si respiraba, pero estaba frío y sudoroso.

- Edward… nii-san – dijo en medio de su semiinconsciencia, ante lo cual la Bestia abrió enormemente sus ojos dorados – dónde…

Luego de eso el castaño simplemente cayó inconsciente. La Bestia, aún shockeado por lo que había acabado de escuchar, le acomodó en la cama.

Las ropas de Al estaban empapadas, así es que lo primero que la Bestia decidió hacer es cambiar el pijama que el joven llevaba por otro. Buscó uno en el ropero de la habitación, y al acercarse y ver a Aru… Recordó que pensarlo es distinto a hacerlo.

Aún así, procedió a desnudar a Al, intentando distraer sus pensamientos de cualquier idea subida de tono que se le pasara por la mente. Porque en el fondo, aún era humano, y además un adolescente, cuyas hormonas no comprendían de hechizos ni nada parecido.

Luego de mucho rato, y de luchar contra sí mismo, la Bestia logró su cometido. Aru seguía inconsciente, pero los escalofríos que la ropa húmeda le causaba cesaron.

La Bestia decidió preparar algún remedio para Al. Consultó todos los libros de herbolaria, medicina y alquimia curativa que encontró, logrando hacer una infusión y unas píldoras hechas a base de hierbas pulverizadas recubiertas de gelatina. Por suerte los ingredientes los encontró en la cocina y en el jardín, en un rincón dedicado al cultivo de plantas medicinales; ese viejo árbol de tilo siempre resultaba una gran ayuda en ocasiones como ésta.

Regresó a la habitación de Al, quién aún dormía plácidamente, ya más tranquilo sin los escalofríos de antes. Aún tenía fiebre, pero por lo menos respiraba mejor.

- Aru… Despierta, necesito que tomes esto…

- Nii-san – murmuró, en medio de su inconsciencia.

- Por favor bebe esto – Dijo la Bestia, intentando ignorar las palabras repitiéndose "es sólo la fiebre, es sólo la fiebre!". Una vez que logró que Al se sentase apoyado en su brazo, intentó darle a beber un poco de la infusión, pero el castaño sólo consiguió ahogarse un poco con el líquido. Así es que la Bestia decidió intentar otra forma, una que recordaba desde cuando ambos eran niños, en una situación muy parecida.

La Bestia bebió un poquito del líquido, y puso una de las pastillas en la boca de Aru. Y procedió a besarlo despacio, haciendo que Al se tragase la píldora y la infusión. Esta vez, no se ahogó.

La Bestia esperó un poco a que los remedios bajasen por la garganta del castaño, y le volvió a recostar. Remojó un paño en una palangana con agua que había traído, y la colocó en la frente de Al.

- Ed… Te quiero mucho…

Aún en ese delirio, aún a pesar de la situación, las palabras calaron hondo en el corazón de la Bestia. Y por primera vez en mucho tiempo, lloró al lado de la cama de Alphonse, maldiciéndose por haber sido el que le había abandonado, el causante de tanto dolor para con su pequeño hermanito. Pero ya era tarde, y ninguna lágrima le devolvería su apariencia, menos aún cuando el amor que llevaba era quizás un pecado peor al que le había provocado aquella horrenda transformación.

La Bestia permaneció toda la tarde cuidando de Al. También toda la noche, sin siquiera haber comido algo en todo el día. Porque debía proteger a aquél a quién su corazón había elegido, simplemente porque lo sentía, no porque se hubiese convertido en su esperanza de recuperar su apariencia.

Los primeros rayos de sol se colaron por la ventana, y la Bestia sintió acariciar su cabeza. Cuando miró, se encontró con los ojos verde grisáceo que le miraban agrdecido. El rostro de Al aún estaba sonrojado, pero ya se notaba con menos fiebre y más animado.

- Al parecer estuviste toda la noche, no es así? – Preguntó Al – Es que… ¿Estabas preocupado por mi?

- Claro que lo estaba – contesta la Bestia, un poco brusco – Te pilló una gripe demasiado fuerte, no iba a dejar que te murieras o sí?

- Nadie muere por una gripe – dijo Al con intención de calmarlo.

- Pero sí cuando éstas se complican… Aru – la Bestia abrazó impulsivamente a Aru – Prométeme que nunca me abandonarás…

- Nunca – dijo, mientras su corazón se regocijaba al saber que había alcanzado al frío corazón de la bestia.

De alguna forma, había logrado realizar una transmutación: convertir el corazón de plomo de la Bestia en uno de oro puro. Y por primera vez desde que había perdido su memoria, se sintió enormemente feliz.

- Gracias por todo - dijo el castaño apenas en un susurro, para luego besar a la Bestia como él lo hiciera anteriormente.

Notas finales: Primero, aclaración. El círculo de transmutación que Al lleva en su espalda se supone es el mismo que Ed dibuja en la serie para atar el alma de su hermano a la armadura. ¿Porqué está ahí? Ya lo sabrán – ni el pobre Aru lo sabe, qué mala soy XD. Segundo, la frase que metí en medio del fic es de un doujnishi llamado Nightingale, Elricest por cierto (oh, pervertida de mi, que adoro este pairing tan… fuera de toda norma…), del cual saqué una que otra idea también. Oh, sí, y de libros sobre plantas medicinales que yo misma he leído, jeje.

Bueno, este capítulo, aparte de ser muy breve, ya va "acercando" todavía más a la Bestia y Al. Y el romance ya es definitivo. ¿Pero qué pasará cuando Al se entere de la verdadera identidad de la Bestia? ¿Seguirá todo tal cual, o Al se alejará?

Pido perdón si se me ha colado algún error de tipeo, no estoy segur pero me parece haber visto alguno por ahí.

Pues sin reviews entonces estas interrogantes no van a ser resueltas, mwahahahaha…