Debía encontrar una manera de alejar a Diamante de mí, y si no podía hacerlo al menos debía hacerle creer que mi odio era verdadero. El coraje me invadía, no soportaba la sola idea de tenerlo cerca. Era una tortura, cinco años sin él, y ahora…todo se veía perdido.
Cinco años tratando de no recordarlo, de encerrarlo, de desterrarlo del corazón, pero no dejaría que me venciera así tan fácilmente.
Pero ahora todo sería más complicado al tenerlo en la misma facultad, eso me resultaba terriblemente tentador y doloroso, sería aun más difícil mantenerme alejada. Pero quizá debía usar eso a mi favor para demostrarle que no me interesaba en lo absoluto.
Seiya me busco en el trabajo, se veía molesto por algo. Le pedí que esperara a que acabara mi turno y así lo hizo.
Cuando salimos de mi trabajo le pregunté que le sucedía.
-Dímelo tu, Serena, ¿qué te ha pasado últimamente?
-No entiendo de que estas hablando, será mejor que hables claro, Seiya, no soy adivina.
-Malachite te estuvo molestando…
-¿Y?
-No es todo, ¿cierto?
-¡Seiya!, deja de ser así de misterioso, si lo sabes dilo, además, ¿quién te informó sobre ese asunto?
-Fue Mina. Me dijo que Diamante apareció también.
Lo miré molesta, ¿Mina?, nunca la vi.
-¿Mina?, ¡ni siquiera sabía que estaba cerca!, entonces me espía…pues que estúpido de su parte.
-Ella no te espiaba, tan solo estaba cerca cuando sucedió. Incluso dijo que iba a ir a ayudarte a quitarte de encima a Malachite, pero que Diamante llegó antes que ella y te defendió.
-¿Y cuál es el problema entonces?
Seiya se detuvo y me miró con ojos inquisitivos.
-¡Te beso!
Cerré los ojos y odié a Mina por ser tan chismosa. Al ver que no respondía continuó.
-Te beso y tú no hiciste nada para quitártelo de encima.
-Seiya, debes dejar de sentirte con tantos derechos sobre mi, me acusas como si yo fuera algo tuyo, ¡somos amigos!, recuérdalo, Seiya.
-Esta bien.-dijo dándome la espalda, tratando de controlarse.-Somos amigos, lo sé muy bien, pero, ¿por qué dejas que te bese y no haces nada?
-¿Y qué quieres que haga, Seiya?, me tenía aprisionada y por más que intente quitármelo de encima no pude, además…
Seiya al ver que no respondía se giró para verme de frente.
-¿Además qué?
El tono de Seiya me hizo enojar.
-¡Descubrí que lo sigo queriendo!
A Seiya se le inyectaron los ojos en sangre, cerró sus puños, tan fuerte como pudo y trató de controlarse.
-¡Vamos!, ¿por qué no corres a sus brazos y le dices que lo has extrañado estos cinco años?, ¡vayamos a decirle que quieres volver con él!
Me acerqué a Seiya y le di una bofetada.
-Dije que lo sigo queriendo, más no que quiero volver a su lado. ¡Debes dejar esas estupideces!, tengo dignidad, Seiya, que no se te olvide. Tú sabes mejor que nadie que en estos cinco años no he dejado de quererlo, lo sabías incluso antes que yo, y por eso te duele. Pero no quiero estar cerca de él, me hizo mucho daño y también lo sabes, y no por un beso significa que he decidido perdonarlo y volver a su lado.
Le di la espalda y comencé a alejarme. Seiya trató de detenerme.
-Déjame, Seiya, será mejor que regrese sola a mi casa, no tengo ganas de seguir hablando contigo.
Me alejé tan rápido como pude. Seiya a veces me lastimaba también, yo sabía que el me quería y yo no podía quererlo a él, estaba conciente de que Seiya estaba celoso y molesto por el regreso de Diamante, pero tampoco permitiría que me hablara de esa manera.
¡No dejaría que ningún hombre jamás volviera a lastimarme!
Por la noche, haciendo mi tarea para el día siguiente, miles de preguntas vinieron a mi mente. De nuevo esa incógnita de el por qué Diamante había regresado. ¿Qué es lo que lo trajo de vuelta?
Le di mil vueltas al asunto pero no encontraba una respuesta. Debía averiguarlo pero sin que Diamante supiera que trataba de hacerlo, porque de ser así se daría cuenta que me interesaba más de lo que él creía.
Pero había una pregunta que me atormentaba más que las demás…una respuesta que había estado tratando de evitar por cinc años… ¿Por qué se había ido?, ¿Por qué me había dejado plantada en el altar?
Lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos, siempre que me hacía esa pregunta no podía evitar llorar, era el mayor de los daños que me habían hecho en toda mi vida. No lograba perdonarme a mi misma y mucho menos a él.
Cerré mis cuadernos, satisfecha por haber terminado mi tarea. Me dirigí a la cocina para servirme un tazón de cereal y después me tumbé sobre mi sillón favorito para ver la tele. Mientras me metía una cucharada de cereal a la boca llegaron a mi mente múltiples recuerdos.
Toda mi vida se la había dedicado a él, toda mi vida lo había amado y era increíble que aun después de cinco años de dejarlo de ver y de retener en mi corazón todo el odio y rencor del mundo, aun lo quería.
Con mis escasos 23 años, al menos recordaba que doce de ellos habían sido completamente para él.
Lo había conocido un día común y corriente, en mi cumpleaños número seis. Se acababa de mudar al barrio y mi madre lo había invitado a él y a su hermano a mi fiesta. Siempre había sido una niña dulce y feliz, así que no me importo, de hecho me puse contenta por el hecho de tener dos amigos nuevos. Cuando llegaron a mi casa, me pareció sorprendente el hecho de que lucían tan buenas personas, como nunca nadie me pareció, aunque apenas era una niña. Su hermano, de la misma edad que yo, me sonrió y me dio un abrazo incluso aunque nunca me había visto en su vida. Después le arrebató de las manos el regalo a Diamante y me lo entregó. "Te lo quería dar yo, pero él no me dejaba…así que se lo quite", me dijo Zafiro. "Nos habían dicho que estabas muy bonita…pero la verdad no creí que tanto", me dijo después riendo. Diamante se sobresaltó por la desfachatez de su hermano y le dio un ligero golpe en la cabeza.
En ese entonces Diamante tan solo tenía 8 años, pero lucía bastante maduro para su edad. "Lo que mi hermano trata de decir es que…estamos contentos de que nos hayas invitado a tu fiesta, muchas felicidades", me dijo Diamante, y escuché su voz por primera vez. Los invité a ambos a jugar con los demás niños y nos divertimos bastante.
Desde ese entonces no dejamos de jugar todos los días. Zafiro y Diamante siempre iban a mi casa por mí y me invitaban a salir a jugar, a veces me invitaban a su casa y yo los invitaba a la mía. Éramos inseparables. Comencé a tomarles mucho cariño conforme el tiempo pasaba, aunque de manera distinta. Zafiro era como mi hermano gemelo, ese que nunca tuve, pero a Diamante siempre lo vi diferente…para mi era alguien digno de admirar, me encantaba su manera de ser y todo lo que hacía me parecía perfecto, ¿pero a los seis años yo que sabía del amor?
Íbamos a la misma primaria, la que estaba cerca del barrio. Siempre caminábamos a la escuela y de regreso a casa juntos, y una que otra vez Diamante nos ayudaba a Zafiro y a mí a hacer la tarea.
Así pasaron los años y Zafiro y yo estábamos por graduarnos de la primaria, hacía dos años que Diamante ya no iba con nosotros a la escuela porque ahora iba a la secundaria, y entonces solo tenía la oportunidad de verlo por las tardes. A mis casi 12 años, ya comenzaba a experimentar emociones que nunca antes me había percatado. Cada vez que veía a Diamante sentía mariposas en el estómago, y no lograba explicármelo. Con el paso de los años, Diamante se había convertido en un chico muy guapo, y yo estaba totalmente conciente de ello a mi corta edad.
Al graduarnos, Zafiro y yo entramos a la misma secundaria que Diamante, y de nuevo juntos íbamos y veníamos a la escuela, aunque Diamante nos superaba por dos años y estaba casi por ir a la prepa en un año, tratamos de aprovechar ese año que nos quedaba en la misma escuela juntos.
En la secundaria conocí a mucha gente nueva, a la que yo nunca había visto. Muchos cambios en mi vida llegaron, comencé a madurar física y psicológicamente. Mi cuerpo sufrió cambios al igual que mis pensamientos y sentimientos. Zafiro también era un chico guapo y no tardó en encontrar a su primera novia: Rei Hino. Era una niña muy agradable y popular, con la que yo me juntaba, era una de mis mejores amigas, aunque nadie se comparaba con Mina Aino. Mi mejor amiga de todo el mundo.
Pasábamos mucho tiempo juntas, éramos muy parecidas y nos contábamos todo. Éramos inseparables.
Mientras tanto yo le confesé a Mina y a Zafiro que mi primer enamoramiento era con Diamante, que apenas descubría que lo quería demasiado para verlo tan solo como un amigo. Ambos me apoyaron y me dijeron que creían que Diamante sentía lo mismo por mi, por la manera en la que me miraba, y me emocioné demasiado.
Unos meses después, Diamante me pidió que fuera su novia. Yo con mis pocos 12 años y él con sus 14. A pesar de ser dos años mayor que yo, siempre me decía que yo era una niña muy madura para mi edad, y que por eso me quería tanto, además de todas mis virtudes.
Yo era muy feliz al lado de Diamante, aunque apenas nos atrevíamos a tomarnos de la mano, me hacía sentir completamente feliz, se había convertido en todo para mí.
En la secundaria también conocí a Seiya y a sus hermanos. Seiya y Yaten eran apenas un año mayor que yo, Mina estaba enamorada de Yaten, aunque Yaten nunca le hizo mucho caso, por su manera fría de ser. Taiki era de la misma edad que Diamante y eran muy buenos amigos, ambos eran muy inteligentes.
Y de nuevo pasaron los años. Diamante se graduó de la secundaria y entró a la prepa, dos años después yo también me gradué. Y aun seguíamos siendo novios. Nadie se explicaba como era que podíamos durar tanto. Pero la verdad es que los tres años de novios que teníamos nos habían ayudado muchísimo, él me había enseñado tantas cosas y había aprendido tanto de él. Yo no tenía ojos para nadie más.
En la prepa volví a encontrarme con todos mis amigos. Con Seiya también, que había demostrado un par de veces que yo le gustaba, y no dejo de hacerlo en la prepa tampoco. Él y Diamante eran enemigos, pues ambos me querían, la diferencia era que yo no podía querer a nadie más que no fuera Diamante. Pero Seiya era mi mejor amigo y eso tampoco lo podía cambiar.
Entonces Diamante volvió a graduarse y le tocaba ir a la universidad, y dos años después yo también lo hice.
Otros tres años habían pasado. Y Diamante y yo seguíamos amándonos como el primer día. Seis años de novios y nadie lo podía creer, no habíamos cortado ni una sola vez, jamás teníamos peleas ni discusiones, éramos el uno para el otro.
Y entonces tomamos una decisión que cambió nuestras vidas para siempre…o al menos la mía.
Estaba por cumplir 18 años y Diamante 20. Habíamos crecido juntos, teníamos ya 12 años de conocernos y estábamos seguros de que en esos 12 años nos habíamos amado siempre. Y la mitad de esos 12 años habíamos sido novios.
Así que lo decidimos. Nuestros padres estuvieron de acuerdo.
Íbamos a casarnos.
Todos nuestros amigos se pusieron sumamente felices, sabían que eso ocurriría tarde o temprano. Y comenzaron los preparativos…
Cuando al fin mi cumpleaños 18 llegó, la boda también.
Diamante tenía algunas semanas comportándose extraño, yo no le di mucha importancia porque pensé que eran tan solo los nervios de la boda. Yo estaba sumamente feliz, no había nada que deseara más en la vida que estar a su lado para siempre.
El gran día llegó. Todo estaba listo. Yo estaba lista. Diamante no.
Llegué a la iglesia con todas mis esperanzas y sueños depositados en él, entre lentamente, esperando verlo ahí, de pie, esperándome.
Pero no estaba, no había rastro de él. Pasaron los minutos y Diamante no aparecía por ningún lado, yo comenzaba a desesperarme. Una preocupación en el pecho que no me dejaba en paz.
Zafiro llegó tiempo después, no me había percatado de que él tampoco se encontraba en la iglesia. Lo miré, llena de preguntas en los ojos. Zafiro lucía triste, decepcionado, me pregunté qué era lo que lo afligía, llevaba una carta en la mano, la cual me entregó.
Con las manos temblorosas la abrí y la leí mientras los ojos se me inundaban de lágrimas.
Serena:
Quiero que me perdones, por favor, por lo que más quieras…pero no podré casarme contigo, no puedo hacerlo. Tengo que irme muy lejos de aquí, donde no podamos seguirnos viendo.
La carta se me cayó de las manos.
No pude seguir ahí. Salí corriendo sin control fuera de la iglesia mientras todos trataban de detenerme y alcanzarme. Me subí al primer taxi que encontré y me dirigí a donde nadie pudiera encontrarme.
Duré unos días llorando sin control, escondida en un hotel fuera de la ciudad, el cual había logrado pagar gracias a que llevaba conmigo mi tarjeta de crédito. Seiya fue el único que se enteró de mi paradero gracias a que averiguó que mi tarjeta había sido utilizada.
No quería verlo a él ni a nadie, pero en ese momento fue realmente reconfortante volver a verlo, unas horas después me convenció de regresar a casa.
Pero al regresar ya no era la misma muchacha dulce, tierna, alegre, feliz y amigable que había sido toda mi vida. Ahora me había convertido en una mujer fría, dura, calculadora, distante y desolada. No hablé con nadie durante dos meses enteros, Mina y mis amigas iban a verme de vez en cuando, a ver si quería hablar, pero yo las alejaba. En realidad me aleje de todo lo que pudiera recordarme a Diamante, y así fue como la amistad entre Mina y yo se vio truncada. Al igual que con Zafiro, deje de verlo, no me atrevía a hablarle pues no podía mirarlo sin pensar en Diamante.
Seiya fue la única persona a la que le seguí hablando, se convirtió en mi soporte, así la vida no fue tan detestable. A pesar de que Seiya siempre estaba conmigo, yo nunca pude mirarlo como algo más, porque a pesar de haber encerrado mis sentimientos y de haber cubierto con una capa de metal blindado mi corazón, en el fondo, muy muy en el fondo, lo seguía amando con todo mi ser.
Y ahora me encontraba ahí, recostada en el sillón, llorando de nuevo por su regreso y por la impotencia de no saber porque me había abandonado.
Me limpié las lágrimas y me miré en el espejo del baño.
¡Tonta Serena!, aquí sigues, después de cinco años, ¡sigues llorando!, ¡lo sigues queriendo!
