Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Advertencia: Yaoi (Boy's Love) | Uso descarado del OoC | EreRi | Universo Alterno (UA) | Lenguaje vulgar | Contenido sexual explícito | Fluff, mucho fluff.

N/A: Holiwis OwO/, aquí les traigo la continuación 8). La verdad, no me decidía sobre que canción de Marina usar, estaba entre Lies, I'm a Ruin o Starring Role XD. Pero sí, al final ganó I'm a Ruin uvú. Sé qué dije que tendría lemmon este capítulo, pero no quise ponerlo porque se me haría muy largo :P. Así que les prometo que el próximo sí tendrá *oo*

Recuerden que este es un Levi POV, eh xD. Y siento si me quedó OoC, pero no pude evitarlo :( espero me disculpen uvu

En fin, les dejo que lean /o/


LONELY HEARTS CLUB.

By: Maka Kagamine.


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It's difficult to say goodbye,

And easier to live a lover's lie.

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And I've tried to say

Babe, I'm gonna ruin you if you let me stay.

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I'M A RUIN

Marina and the Diamonds


Capítulo tres.

( • ̀ω•́ )✧


«Hola, Levi. En realidad, no sé cómo tomarás este mensaje...»

Amar dolía.

«Pero... creo qué deberíamos dejar de vernos...»

Y dolía aún más cuando la persona que amabas, esa con la que tú pensabas que estarías para siempre, terminaba contigo. El dolor se hacía insoportable cuando pensabas sobre ello. Te destruía internamente; desmoronaba tus barreras. Todas esas que creabas para protegerte, las tiraba en un abrir y cerrar de ojos. Te dejaba de rodillas en el suelo, sintiéndote patético, inservible. Te hacía preguntarte miles de veces en qué pudiste haber fallado.

«No eres tú... No tiene nada qué ver contigo»

Pero, mientras más pensabas en eso, más dolía. Te lastimaba no saber el por qué; no importaba lo mucho que te esforzaras para mantenerte fuerte, si por dentro estabas tan desecho que sólo tenías ganas de llorar. Aún si no querías, terminabas por hacerlo, casi cómo si fueras un niño pequeño.

«Soy yo... Todo esto es culpa mía, te lo juro»

Sin saber qué más hacer, te aferrabas a los recuerdos. Te hundías en esas memorias felices; incapaz de aceptar la realidad. Esa en dónde estabas solo, sin esa persona a la que amabas con locura, mientras tu corazón se destrozaba y las lágrimas caían como cascada de tus ojos, tan patéticamente que te causaba una risa amarga, porque nunca te imaginaste en esa situación. Jamás pensaste que tu persona amada fuera capaz de destruirte de esa manera.

«No es tu culpa, así qué no te sientas mal, por favor. Se trata de mí, Levi...»

Por esas razones, había decidido no enamorarme nunca.

«Creo que hemos dejado de ser compatibles, además...»

Sin embargo, no podía mandar en mis sentimientos; en lo qué el corazón mandaba.

«He conocido a alguien más»

Por eso, terminé por hacerlo. Cómo imbécil había caído por un hombre. Uno qué me prometió un montón de cosas; más que bajarme el sol, la Luna y las estrellas. Él juró que jamás me abandonaría; siempre estaría a mi lado, para amarme. Y yo había creído en sus palabras, en esos «te amo» que solía susurrar en mi oído mientras hacíamos el amor.

«Discúlpame, por favor. Sé qué debí mencionarlo antes, pero no encontraba el momento adecuado, ni la manera»

Y pensar en qué todo eso terminó era horriblemente doloroso.

«Puede ser que no me creas, pero te sigo queriendo. De verdad que lo hago, Levi. Te quiero muchísimo...»

Era completamente absurdo; ¿cómo podía decir que aún me quería cuando estaba terminando conmigo de esa manera...? ¿Acaso Erwin no sabía lo crueles que eran sus palabras?

«Pero... ya no es amor...»

Y dolía. Dolía muchísimo.

«Yo... Amo a otra persona, Levi. Perdóname, por favor. Perdóname»

¿Acaso él no pensó en lo herido qué quedaría por dentro...?

(...)

—¿Levi?

La voz de Mikasa me sacó de todo recuerdo y en secreto se lo agradecí. Ya no quería seguir sintiendo esa opresión en el pecho que se agrababa cada vez que pensaba en Erwin; en esas palabras tan crueles y ridículamente destructivas que había escrito en un simple mensaje, como si terminar nuestra relación de esa forma no le importara en lo más mínimo...

Como si no le importara lo lastimado que quedaría.

No era del tipo de persona que demostrara su sentimientos con facilidad, aún así, eso no significaba que no los tuviera. Era humano, claro que los tenía. Pero solía ocultarlos, los guardaba muy dentro de mí, porque era mi manera de protegerme.

Porque, por dentro, no era más que un niño que tenía miedo de romperse; salir lastimado.

Y Erwin lo había hecho, me rompió en miles de pedazos. Trozos que jamás volverían a unirse, por temor a caerse de nuevo.

—¿Qué? —respondí, sin más, mientras dirigía la mirada hacia mi hermana.

Ella me observaba completamente angustiada por cómo estaría sintiéndome. Pese a que ella y yo no llevábamos una relación muy cercana, aún cuando éramos hermanos —de diferentes madres— sabía lo mucho que Mikasa se preocupaba por mí. Intenté no demostrar nada en mi rostro. Ni una pequeña pisca que pudiera demostrar lo roto que estaba por dentro. No quería su lástima, no quería escucharla decir que todo estaría bien.

No quería oír todas esas palabras que sólo me harían llorar ahí mismo.

—¿Estás bien?

Quise reír en ese segundo ante la estúpida cuestión. ¿Qué clase de pregunta era esa?, acababan de romperme el corazón en miles de pedazos, obviamente no lo estaba. ¿Cómo podría estarlo?

Sólo quería llorar, gritar, golpear a alguien para descargar todo lo que llevaba dentro.

—Lo estoy —mentí.

Mikasa no se vio tan convencida, y me lo hizo saber cuando detuvo su andar. Isabel también dejó de caminar mientras ladeaba la cabeza y me miraba confundida. Eso me hizo suponer que ella no sabía nada de lo que había ocurrido con Erwin.

Me pasé una mano por el pelo cuando dejé de caminar yo también. Aunque no quería, debía enfrentar a Mikasa. Pero no estaba tan seguro de hacerlo, no cuando por dentro me estaba desmoronando lentamente. No sabía si aguantaría las ganas de llorar durante tanto tiempo.

—¿Seguro? —insistió. Hice mi mayor esfuerzo para no gritarle. Ella no tenía la culpa de mi dolor; de lo qué ocurrió. Mikasa no merecía que descargara mi sentir en ella—. Sé que no tenemos una relación muy cercana, Levi. Pero soy tu hermana, te quiero; me preocupas.

Isabel frunció el ceño.

—¿Qué ocurre? —preguntó, ajena a la situación— ¿Qué está sucediendo aquí?

—Nada, Isabel —respondí, seco. No quería tener a Isabel preocupada por mí, por eso lo mejor era qué ella no se enterara de nada.

Pero, por supuesto, Isabel era tan obstinada como cualquier Ackerman.

—No me mientas, hermano mayor. Sé qué algo no va bien aquí, no me quieran ver la cara. No es normal que Mikasa te diga que te quiere.

—Erwin terminó con Levi —eso fue lo poco que respondió Mikasa.

Isabel ahogó una exclamación, justo como lo había hecho momentos antes, mientras sus ojos se abrían de sobremanera. Pero, segundos después, su ceño se frunció y toda emoción en su rostro se fue apagando poco a poco, quedó sin rastro de sentimiento alguno en él; típico de todo Ackerman.

—¿¡Pero qué les pasa a los malditos hombres!? —gruñó, entre dientes, mientras hacía ademanes exagerados— Tengo muchísimas ganas de golpear a Armin y a Erwin. ¡No lo soporto, mierda!

Suspiré otra vez.

—Ya, déjalo —dije, casi sin ganas, pasándome una mano por el pelo—. Estoy bien, Isabel. No importa.

Mikasa bufó, llamando mi atención. Regresé los ojos a ella sólo para encontrarla con una expresión qué no supe descifrar. Sin embargo, por alguna razón, esa mirada suya me hizo sentir peor; intensificó las llamaradas que poco a poco iban consumiendo a mi corazón. Chasqué la lengua, y quité la cara. No quería seguir viéndola, sintiendo su lástima perforando mis sentimientos.

—Pura mierda, Rivaille. Tus palabras son pura mierda.

Fruncí el entrecejo. Apesar de que no quería enojarme con Mikasa, ella no ponía de su parte. Sabía que no lo hacía con mala intención, mi hermana tan sólo lo hacía con el afán de ayudarme; pero las heridas que tenía no se curaban con simples y vacías palabras. En cambio, estaba tan molesto que todo lo que decía me hacía sentir aún peor.

Mi corazón se apretujaba, el nudo en mi garganta se apretaba; ya no quería seguir hablando del tema.

—Tú ni sabes cómo mierda me siento, Mikasa —le reclamé, alzando la voz sin querer—. No quiero hablar del tema, ¿bien? Sólo quiero ir a casa para ducharme y cambiarme la ropa.

Mikasa, sin embargo, no se rindió. Sin esperarlo, ella se acercó hasta mí, para luego poner sus manos sobre mis hombros y dejar caer, suavemente, su frente en mi cabeza, eso era lo más cercano a un abrazo que nosotros teníamos. Su tacto me hizo estremecer, su profunda mirada avivó las lágrimas que se aglomeraban en mis ojos. Tenía ganas de llorar, pero no quería hacerlo.

No frente a ellas.

No querían que notaran lo frágil que era en realidad; lo roto que me sentía por dentro.

Hice uso de todo mi autocontrol; oprimí mi corazón, aguanté las ganas de llorar. Me mantendría fuerte, le demostraría a mi hermana que estaba bien, qué —por más falso que fuera— la ruptura no me había afectado en lo más mínimo. Palpé la piel de sus hombros mientras soltaba un suspiro. A lo lejos, podía sentir la mirada de Isabel clavándose en nosotros. También se encontraba preocupada por mí.

—Es en serio, Mikasa —dije, tras otro suspiro pesado, separándome de ella—. Estoy bien, lo de Erwin no me afectó. Por mí, puede irse a la mierda.

Mikasa no se vio tan convencida aún. Isabel tampoco. Pero no les quedó de otra más que creerme. Mi hermana menor me dedicó una sonrisa pequeña, antes de acercarse a mí para abrazarme también.

—Tú sabes, hermano mayor —habló ella, imitando un tono de voz bastante infantil, casi inocente—, si quieres, puedo ir a golpearlo.

Hice un ademán para restarle importancia al asunto.

—Déjalo, yo me encargaré de eso cuando lo vea. Lo golpearé hasta dejarlo inconsciente.

Mikasa, entonces, soltó una risa medio tétrica, medio vacía. Isabel y yo volteamos a mirarla bastante confundidos. Los ojos de mi hermana mayor seguían sin demostrar sentimiento alguno, pero, en su rostro, una sonrisa por demás oscura se formó.

—Estoy segura qué si no lo hacen ustedes, o yo, lo hará papá cuando se entere —habló, como si nada, mientras llevaba un mechón de su cabello negro tras la oreja—. Kenny no dudará en tomar su revólver y meterle un tiro a Erwin; primero en las bolas, después entre ceja y ceja.

Me tallé la sien ante sus palabras. Y es que ella tenía toda la razón, mi padre —Kenny Ackerman, ex jefe de policía— era bastante protector con sus hijos. A él no le importaba desobedecer la ley con tal de atrapar —acabar— con cualquier maldito hijo de puta que osara lastimar a sus bebés.

Total, era un viejo loco. Pero no un mal padre, al final.

Bufé sin ganas, me dolía la cabeza y no podía pensar más. Ya me encargaría de ese tema después.

(...)

Había sido una pésima idea haber ido a casa, y el destino me lo hizo saber de la peor forma posible. Porque, encontrar a Erwin parado frente a la puerta de mi departamento, sólo debía ser una pésima broma de la vida.

No reaccioné a la primera; no esperaba verlo ahí, de hecho.

Me congelé en el acto, mientras mis ojos se abrían y todo dentro de mí se revolvía en apenas unos segundos. El corazón me dolió, el palpitar se volvió duro, agitado. Sentir esos profundos ojos azules mirándome fijamente, con ese dejo de vergüenza y culpabilidad, avivó las ganas de llorar. Esas que estaba luchando por ocultar desde que había salido de la casa de Eren.

No sabía qué hacer, ni decir. Mi mente estaba confundida, los sentimientos me nublaban el juicio, y, las lágrimas aglomeradas, los ojos.

Dolía.

Dolía ver al hombre qué me había roto el corazón parado ahí, esperando por algo; por .

«¡No lo hagas, Rivaille! —exclamó mi consciencia, cuando quise empezar a llorar— No te muestres débil ante él. No lo merece. No merece verte en ese estado»

Respiré profundo mientras apretaba los puños. Era cierto aquello, no le daría el gusto de verme en un estado tan patético cómo ese. No lloraría, no frente a él. Así qué, tras ese pensamiento y buscando las llaves de la entrada en mi bolsillo, levanté el mentón con todo el orgullo Ackerman que pude rejuntar y caminé hacia la entrada de mi casa.

Erwin se hizo a un lado, más no dijo nada. Parecía indeciso, pude saberlo al echarle un ojo. Sus manos se movían nerviosas por cada parte de su rostro, así como sus labios se abrían y cerraban. Él quería decir algo, más no se atrevía.

—¿Qué mierda quieres? —Gruñí, mirándolo de reojo, al mismo tiempo que ensartaba la llave en la cerradura.

Erwin saltó en su lugar.

—Yo... —titubeó, durante algunos segundos—. Quiero hablar contigo, Levi.

Bufé.

—No quiero —contesté, lo más seco qué pude—. Tengo cosas que hacer, lárgate de una vez.

¿Cual era el punto de querer hablar conmigo? ¿Qué me diría? ¿Qué amaba a otra persona? ¿Qué yo no le importaba más? ¿Qué no fui lo suficientemente bueno para él?

¿De qué serviría escuchar todas esa excusas vagas, que sólo me harían sentir peor?

Me destruirían aún más. Terminarían por desmoronar mis barreras, me harían caer.

Entonces, una vez que entré a mi departamento, quise cerrar la puerta para dejarlo afuera. Sin embargo, Erwin no lo permitió. Antes de poder darme cuenta, él se había metido a mi casa también. Le miré mal, mientras sentía la desilusión; el enojo subirme por el cuerpo. Tenía ganas de golpearlo.

Pero, más que eso, quería lanzarme a sus brazos; quedarme para siempre con él.

—¿Qué crees que estás haciendo, pedazo de imbécil? ¡Lárgate!

—Hablemos, Levi, por favor —rogó, sin dejarse intimidar por mi voz, o mi mirada—. Quiero explicar...

Solté una carcajada vacía, sin una pizca de gracia, deteniendo su oración a medias. Erwin me miró contrariado por efímeros segundos, para luego deformar su gesto en uno de preocupación. Él sabía lo pésimo qué estaba sintiéndome, y aún así quería explicarme la situación.

Erwin era verdaderamente cruel cuando se lo proponía.

—¿¡Qué demonios quieres explicar, eh!? ¿Qué tienes otro culo para follar? ¿¡Es eso!?, Créeme, Erwin, no quiero saberlo.

—¡Pero te mereces una explicación, Levi! —exclamó, perdiendo la compostura por unos segundos— Sólo entiende... No me sentiré bien hasta qué hable contigo, por favor.

No pude más, quería que terminara todo. Quería que Erwin se fuera para poder hundirme en la soledad, llorar como nunca lo había hecho. Y sabía que sólo lo conseguiría hasta que él se fuera; hasta que escuchara lo que tuviera que decir. Me pasé las manos por el rostro varias veces, totalmente abrumado por las emociones que corrían por mi cuerpo.

Sin más que poder hacer, le dejé hablar.

—Habla ya, entonces.

Él tomó una gran bocanada de aire antes de comenzar. Supuse que lo hizo porque, apesar de todo, Erwin no sabía como empezar a hablar. Se miró la manos, antes de clavar sus ojos azules en mí. Desvié la mirada en automático, no quería verlo.

No cuando sabía que podía desarmarme en cualquier momento.

—No fue mi intención; te juro que no lo fue, pero... no pude evitarlo, Levi —murmuró—. No se puede mandar en el corazón, tú lo sabes. Y, simplemente, me enamoré de otra persona.

Apreté, de nueva cuenta, los puños. Sentí dolor en las manos porque mis uñas se clavaban con fuerza en mi piel, y mi corazón volvió a latir con desesperación, ahogándome en sentimientos. Ya me había dicho todo eso en un mensaje, ¿qué ganaba con repetirlas? Nada, más que hacerme sufrir, destrozar con más ahínco los pedazos que me quedaban de corazón.

Era doloroso escucharlo decir que amaba a otra persona. Y yo era un imbécil masoquista por oír todas esas palabras destructoras.

—Yo... —continuó, luego de una pequeña pausa como si esperara que dijera algo. Sin embargo, yo no tenía ganas de hablar. ¿Qué cosa podía decir?— no lo esperaba, ¿sabes? Empezamos a salir como meros amigos, Levi. Pero... Antes de darme cuenta, estaba sintiendo algo por él. Una cosa mucho más fuerte de lo qué sentía por ti; me enamoré. Me enamoré de él cómo nunca antes lo había hecho.

Y fue eso lo que terminó destrozar la última barrera que se mantenía levantada a medias; trastabillando dentro de mí. Cerré los ojos cuando las lágrimas aglomeradas en mis ojos empezaron a quemar. El dolor se expandió, arrasando con todo, dejándome totalmente débil.

Todas las promesas, los planes que teníamos juntos, todos los años de relación acababan de destruirse; caían en miles de pedazos, al igual que mis sentimientos. Me llevé una mano al pelo, en desesperación. Porque no importaba lo mucho que estuviera esforzándome, no aguantaría estar escuchándolo por más tiempo.

—Sé qué esto es doloroso para ti, pero...

—¡Tú no sabes lo qué siento! —exclamé, ya sin poder soportarlo— No sabes cómo sé siente esta mierda, Erwin. No es a ti a quién acaban de romperle el puto corazón.

Erwin tragó saliva con dificultad. Sus ojos demostraron que, en realidad, él sí me comprendía. Sabía el dolor que me estaba consumiendo en ese momento y, aún así, quería continuar.

—¡Lo sé, Levi! Te juro qué lo sé. Sé cómo te estás sintiendo; sé qué soy cruel al decirte todo esto, pero... —otra vez, Erwin pausó su frase para respirar— es necesario. Yo sentí que si no venía a hablarlo directamente contigo, tú te quedarías estancado. Y no deseo que eso suceda, porque aún te quiero, te quiero muchísimo.

Bajé la mirada, era incapaz de seguir mirándolo. Faltaba poco para que empezara a llorar, pero no quería hacerlo. No frente a él.

—Sin embargo, Levi, esto ya no es amor...

—¿Por qué...? —Inquirí, casi sin voz—. ¿Por qué estás haciendo esto, Erwin? ¿Por qué no simplemente te vas?

—Porque quiero qué sigas adelante, Levi; sin mí.

Levanté la cabeza, tan sólo para qué él pudiera ver mis ojos, se percatara de todas las lágrimas que urgían por salir, mientras apretaba los puños con fuerza porque tenía muchísimas ganas de golpearlo. Era absurdo. Totalmente ridículo. ¿Cómo esperaba qué siguiera adelante con tanta facilidad?

Entonces, al observar su gesto torcerse y llenarse de dolor y angustia, no lo soporté más. Mi cuerpo se movió por sí solo, estaban tan herido; patéticamente enojado que lo golpeé en la mejilla sin pensarlo. Su rostro se reviró un poco al mismo tiempo que la sangre empezaba a escurrir por su labio. Pero Erwin no se quejó de dolor, ni se movió siquiera, simplemente se quedó quieto mientras cerraba los ojos y soltaba un suspiro.

Era como si él hubiera esperado esa reacción de mi parte.

—¿Cómo puedes decir eso, maldito bastardo? —exigí, exasperado; herido—. ¿Cómo esperas que salga adelante? ¡Dímelo! No tienes ni la puta idea de lo destrozado que estoy por dentro, Erwin —confesé, pasándome una mano por el cabello. No sabía qué más hacer—. Me prometiste muchas cosas, dijiste que siempre estarías conmigo. ¡Dijiste que me amarías para siempre!

—Lo sé, Levi. Sé qué soy un maldito, un hijo de puta por destruirte así —murmuró, casi sin voz—. Pero no podía seguir mintiéndote, porque si lo hacía tan sólo te lastimaría más, entiéndelo. Puedes odiarme, golpearme más si quieres, pero no llores, por favor.

—Yo no... —y callé al sentir el salado sabor de las lágrimas en mi boca. Casi sin pensar, me llevé una mano al rostro, tan sólo para corroborar que, efectivamente, estaba llorando.

Y seguí soltando lágrimas, pese a que no quería hacerlo. Me llevé las manos a la cara para cubrirme, no soportaba la idea de que Erwin me viera así; lo herido que sus palabras me habían dejado. Pronto, sentí sus brazos a mi alrededor. Su esencia me inundó la nariz, avivando aún más el dolor. Porque sabía que jamás lo volvería a sentir, ya nunca podría besarlo de nuevo, ni abrazarlo de esa manera.

Erwin ya jamás volvería a decirme que me amaba.

¿Por qué amar se sentía así?

¿Por qué de ser una sensación parecida al revoloteo de una mariposa en el estómago, pasaba a ser una de doloroso ahogamiento?

No lo entendía. Y creo qué jamás llegué a hacerlo.

—No llores más, por favor —pidió, abrazándome otro poco—. De verdad, lo siento tanto. No sabes lo mucho qué luché para que esos sentimientos no se extendieran más, porque pensaba en ti, Levi. En que no quería dañarte, pero no lo logré —confesó—. Te juro que no lo tenía planeado, pero me enamoré de Mike, perdóname. Perdóname por dañarte, Levi.

¿Por qué Erwin tenía qué sonar tan arrepentido?

—Sólo... Vete —logré murmurar, entre lágrimas, pero, contrario a lo qué decía, me aferré más a él. Tenía tanto miedo de dejarlo ir, tantísimo—. Lárgate, Erwin. Déjame solo, quiero estar solo.

Él suspiró, mientras me apretujaba un poco más.

—Lo haré, pero prométeme qué volveremos a hablar, Levi —dijo, mientras se separaba de mí—. Promete que hablaremos otro día, más calmados, aún tengo muchas cosas por decirte; explicarte.

Y quise reír; negarme. ¿Acaso él quería dejarme aún más devastado? Sin embargo, no pude decirle qué no. Tal vezfue porque yo también pensaba que hablar con él, en otro momento, me ayudaría. Entonces, luego de un asentimiento de mi parte, Erwin se separó de mí.

No hubo mucho más después de eso. Sólo un beso en mi frente, uno que se me antojó de lo más destructivo, marcó la despedida.

Me sentí tremendamente solo una vez que le vi atravesar la puerta, alejándose para siempre de mí. Un extraño agujero se formó en mi estómago; la soledad me carcomía, las lágrimas seguían escurriendo sin piedad alguna mientras me dejaba caer al suelo. Estaba tan jodidamente herido qué me sentía patético, mis piernas no podían mantenerme en pie, siquiera.

¿Qué debía hacer, entonces?

Sin poder pensar más, tomé mi móvil y marqué el número de Eren. Quizá él no era la mejor opción, puesto qué no la estaba pasando mejor que yo, y era consciente de ello. Sin embargo, Eren era mi mejor amigo; la persona más cercana a mí, y sólo a él le dejaría verme así de frágil.

—Capitán, la vida es una verdadera mierda —dijo, al contestar, luego de un sollozo.

No contesté, no podía hacerlo. Todos mis sentimientos se habían mezclando, subían por mi garganta tan lentamente qué no me dejaban hablar.

—¿Capitán? —insistió, con la voz un poco preocupada. Quise contestar, pero tampoco lo logré. De mi boca tan sólo salieron un montón de sollozos ahogados—. ¿¡Riv!? ¿¡Rivaille!?

—... Eren —susurré, cuando por fin pude hablar. Mi voz temblaba, demostrando lo mal qué estaba en ese momento—. Él estuvo aquí. Erwin vino a verme...

(...)

Cuando Eren llegó yo todavía no estaba demasiado bien. Aún seguía llorando, totalmente destrozado, en el suelo de mi departamento.

No supe exactamente qué tipo de expresión se cargaba mi rostro en ese momento, sin embargo, Eren sólo necesitó de verme durante unos segundos para saber lo pésimo que la plática con Erwin me había dejado sintiendo. Sollocé en silencio al mismo tiempo que enterraba mi rostro entre mis manos.

—Todo... Todo esto... Duele, Eren. Duele muchísimo —logré decir, a medias.

—Riv... —susurró, mientras se tiraba en el suelo y me abrazaba con fuerza. Hundí mi rostro en su pecho y me aferré a él—. Tranquilo, todo estará bien.

Negué con la cabeza. Nada estaría bien.

—¿Por qué, Eren? ¿Por qué amar tiene que dolor tantísimo?

Lo sentí encoger los hombros. Era estúpido de mi parte preguntarle eso a él, que estaba igual de destrozado que yo. Pero no podía evitarlo.

—Él dijo que... siempre estaría conmigo, Eren —confesé, entre lágrimas—. Lo prometió, y yo le creí. Soy tan estúpido por haberle creído, ¿no?

Eren me meció entre sus brazos, para luego recargar su frente en mi cabeza. Cerré los ojos con fuerza, intentando que las lágrimas dejaran de salir, mientras mis dedos apretaban la tela de su suéter.

—No, no lo eres, Riv. Tú no sabías que esto pasaría; no lo sabías.

—Pero duele, Eren —repetí—. Duele mucho.

—Lo sé, Capitán.

—No sé qué hacer ahora...

Entonces, tras mis palabras, Eren enredó sus dedos en mi pelo y, con mucho cuidado, casi como si tuviera miedo de romperme, me hizo mirarle fijamente. Sus ojos verdes —o quizá eran azules— estaban empapados en lágrimas, no obstante brillaban con una determinación qué me dejó sin palabras durante algunos segundos.

—Yo tampoco sé qué cosa hacer, Riv. Pero no dejaré que esto me tumbe, y tampoco a ti, ¿bien? —advirtió, frunciendo el ceño—. Escucha, yo estaré contigo para siempre. No te dejaré caer nunca más, puedes contar con eso —la sincera sonrisa que dibujó en su rostro herido, aún abnegado en lágrimas, me hizo creerle. Porque Eren jamás fallaba a sus promesas—. Yo te ayudaré a levantarte. Y no dejaré qué vuelvan a herirte de esta manera, Levi. Te lo prometo.

Quizá fue porque sus palabras aliviaron un poco el dolor en mi corazón, o porque realmente necesitaba un poco de compañía. No lo sé, y nunca supe exactamente qué me llevó a hacerlo, pero lo besé.

Fue un beso lleno de necesidad. Un contacto de labios que tuvimos porque no sabíamos como enfrentar la situación. Éramos un par de corazones abandonados; solitarios, y sólo necesitábamos un poco de cariño. Mis brazos fueron tras su cuello y las manos de Eren se escurrieron hasta mi cadera, mientras nuestras lenguas se encontraban; juguetearon entre sí hasta hacernos perder la respiración.

Al separarnos, nos miramos a los ojos durante largos segundos. No fue incómodo, cómo cuando tuvimos sexo, se sintió extrañamente bien; tanto así qué el agujero en mi estómago dejó de extenderse. Pestañé, medio consternado, para luego recargar mi frente contra la suya, sin perder el contacto visual.

—No puedes romper esa promesa, mocoso —le advertí, mientras él borraba todas, y cada una de mis lágrimas con sus dedos.

—No lo haré nunca, Riv —respondió, con una sonrisa.

Y entonces, volvimos a besarnos con pasión.

Esa día ambos necesitábamos olvidar.


.

Continuará...

.


N/A: Cada vez que escribía un párrafo de esto me pegaba contra la pared (?) porque se supone que este es un fic fluffy, y lo estoy llenando de Drama, drama everywhere. Pero les prometo que los capítulos que se vienen serán bonitos, sin tanto sufrimiento para nuestros protagonistas uvú.

¿A quién odian más? ¿A Armin por destruir la relación de Jean y Marco? ¿O a Erwin por hacer llorar al pobre bebé Levi? uvú

Hablando de Marco, sé que quieren saber qué pasó con él, no se preocupen. En el próximo capítulo Eren tendrá una pequeña charla con él ;D. Y se nos viene un lemmon también OwO 1313 (?)

En fin, gracias por los comentarios, alertas y favoritos ; A ; ¡En serio se los agradezco! -llora-

Tengan buen día ;)

Lyne Diamond*


¿Review? *-*