Creo que esta era una de las partes más esperadas, espero que lo disfruten ^^

League of Legends no me pertenece, al igual que ninguno de sus personajes.


Me levanté de la cama, habían pasado ya varios días desde mi conversación con Caitlyn y Vi, en ese momento me derrumbé, y aunque no quería parecer una chica frágil, atormentada por el rumbo de su destino, no conseguí esconderlo, pero las guardianas de Piltover me ayudaron a calmarme, por desgracia, no lograron encontrar una solución a mi gran problema.

Empecé a ponerme la armadura.

Hoy me iba a encontrar con Ashe y Katarina, me habían invitado a la inauguración de un nuevo campo de batalla, pero no estaba con el suficiente ánimo, después de todo hoy era final de mes.

Miré el calendario.

Sí, hoy era luna llena.

Cogí unas herramientas para empezar a arreglarme, afilé mi espada, pulí mi escudo y limpié mi armadura, de algún modo necesitaba que el tiempo pasara lo más rápido posible, no pensar en nada...

Pero era imposible, mi cabeza seguía deambulando en todas las posibilidades para que esta noche no acabara con una de nosotras dos muertas, y es que en verdad no sabía nada de todo esto, Diana solo me había dicho que una de las dos tendría que morir, pero no me parecía justo.

Fui a la nevera, necesitaba algo frio.

-¿Tal vez debería dejarme vencer?- pensaba en voz alta mientras con un leve sonido, habría su refresco.

Pero no, esa posibilidad no serviría, si ella moría todo su pueblo estaría en peligro, no sabía nada de Diana ahora, solo había mostrado sed de venganza por lo que se le hizo a su gente, no tenía que ablandarme, mis sentimientos son unilaterales, son como una fantasía, nunca se harían realidad, tenía que enfocarme en mi verdadera vocación, en la razón por la que el sol me concedió sus poderes, sí... debía proteger a mi pueblo, para eso estoy aquí.

Hundida en sus pensamientos, la puerta de su habitación sonó, la Solari se acercó hasta la puerta.

-Leona, ¿estás visible?- bromeaba como de costumbre una infantil pelirosa.

-Sé a que habéis venido, pero estoy bien, no os preocupéis.- Intentaba finalizar la visita de sus amigas, aún sin abrir la puerta.

-He preparado dulces- Pronunciaba una lista sheriff, y como si de palabras mágicas se trataran, la anfitriona dejó pasar dentro de la habitación a sus invitadas.

Vi, sin preguntar, se aproximó a la pequeña cocina para preparar un poco té.

-¿Y bien? ¿Que vas a hacer?- Cuestionaba una acomodada Caitlyn mientras se servía un poco del té que acababa de traer su pareja.

-No te andas con rodeos, ¿verdad?- saltaba una incomoda Vi.

-No te preocupes.- le contestaba a su pelirosa amiga. -Creo que voy a seguir mi cometido.- respondía la Solari. -Voy a defender a mi pueblo.-

Leona intentó parecer seria y segura, pero no se le daba bien aparentar, ya que después de decir esas palabras, las manos empezaron a temblarle tanto, que no se atrevió a coger la taza de té que le acababan de servir, a lo que las agentes se percataron.

Caitlyn se sentó al lado de Leona, y cogiéndole las manos, la intentó tranquilizar, ellas sabían lo que era amar a alguien, y no se imaginaban lo terrorífico que debe ser enfrentarte a un duelo a muerte con esa persona.

-¿Por qué no hablas con ella?-

-Ya lo he intentado, pero solo he conseguido que me ignore, ya no le importo, está cegada por la venganza.- decía la Solari con un gran nudo en el estomago.

Al poco rato, empezó el turno de las lágrimas, las cuales por mucho que se esforzaba Leona en esconder, siempre acababan saliendo. La mañana siguió sin grandes interrupciones, la Solari pidió a sus amigas estar sola, se despidió de ellas como si esa fuera la última vez que se verían, más tarde se quedó mejorando su armadura, tenía que ganar a Diana, no importa lo que sufriera su corazón, no tenía que dejarse llevar por sus sentimientos.


Diana, ya armada, miró por la ventana, contemplando como la luna empezaba a salir, el sol seguía en lo más alto del cielo, dentro de poco comenzaría todo.

-Por fin es el día.- pensaba en voz alta, respiró hondo, manteniéndose calmada. -Hoy todo acabará.-

Cerró su cuarto, con grandes pasos salió al prado, su arma brillaba, mostrando un filo letal, su armadura tan bien pulida parecía indestructible. Miró a su alrededor, no había nadie en esa zona, se había conseguido alejar suficiente de las partes más públicas, ahora solo faltaba que su rival llegara.

-Diana.- llamaba la Solari a su enemiga. -No tenemos porque hacer esto, esta pelea es absurda.-

Leona acababa de llegar, pero no se iba a rendir tan fácilmente, si conseguía convencer a la Lunari de que no hay porque pelear, su pueblo seguiría a salvo, y no tendría que pasar por el infierno que sería pelear con ella a muerte.

-Dices eso solo porque no has visto lo mismo que he visto yo.- decía la profeta de la luna mientras preparaba su arma, lista para la batalla.

-Pero no quiero pelear contra ti, no importa lo que hayas visto.- seguía intentando convencerla, pero era inútil, cogió su arma y la clavó en la tierra, dando a entender que no pelearía.

-¿¡Quieres que todo tu pueblo muera!?- Amenazaba Diana. -¡No pienso contenerme, así que pelea como la guerrera del sol que eres!-

Leona, asustada, empezó a temblar, las duras palabras de la Lunari eran como agujas para ella, no estaba dejándole alternativas, de modo que cogió su escudo y con su puño le dio un gran golpe, buscando calmarse, debía dejar la mente en blanco, la persona que tenía delante ya no era esa chica que le robó el corazón en una ocasión, ahora era su rival, la amenaza de su gente. Cogió la espada, poniéndose en posición ofensiva.

Sí, tenía razón, ella ya no era Diana.

El cielo se oscureció, la luna había llegado por fin al lado del sol, dando comienzo a su batalla, la cual no tardó en iniciarse, con un golpe sordo, las dos espadas chocaron entre ellas, ambas hacían fuerza contra la otra para derrumbarla, pero estaban igualadas, dándose cuenta de que era inútil, volvieron a echarse hacia atrás.

Diana le lanzó una corriente de luz para cegarla, pero consiguió esquivarlo con su escudo, a lo que la Solari alargó su espada para tirarse hacia su rival, comenzaron una lucha cuerpo a cuerpo, grandes sonidos metálicos salían de ellas, sus espadas chocaban, las pesadas armaduras se movían con habilidad, esquivando golpes próximos a lugares letales.

Sí, ella ya no era Diana.

La Lunari con un golpe en el suelo invocó tres orbes plateados con un campo de protección, uno de los objetos golpeó a Leona, dándose cuenta del daño, se echó para atrás, buscando esquivar los otros dos que quedaban, se acarició su abdomen, su armadura mejorada había logrado que ella saliese ilesa, de modo que se volvió a poner en marcha hacia su rival, pero en esta ocasión no logró esquivar la ráfaga de luz que lanzaba la profeta de la luna, con lo que acto seguido, se abalanzó hacia ella, pero Leona puso su escudo delante, cubriéndose ella completamente, parando el repentino ataque de su rival, pero fue inútil, con un golpe en el suelo, Diana hizo temblar la tierra, desmoronando la defensa perfecta de su enemiga.

Con un gran golpe del mango de su espada, la Lunari consiguió dañarle severamente la armadura a Leona, quién se volvió a echar atrás, sintiendo la gravedad de su herida, había sido muy rápida, y poseía una gran fuerza, pero no se iba a rendir, alzó su espada, lanzando un rayo solar a su rival, quien paralizada, solo gritaba de dolor, sentía como su piel se quemaba, pero eso no era todo, la Solari volvió a tirarse contra su rival, soltó su escudo, agarró su espada con las dos manos y con todas sus fuerzas, golpeó el costado de su enemiga, haciendo que esta cayera al suelo.

Le costaba moverse, ese último golpe le había costado un par de costillas, no creyó que hubiera mejorado tanto, intentó ponerse de pie de nuevo, escupió un poco de sangre y gracias a su arma, se incorporó, miró a Leona, quién se agachaba a coger su escudo, luego cruzaron la mirada.

-¡No llores! Maldita sea, ¡Acabemos con esto de una vez!- gritaba furiosa la Lunari, poniéndose otra vez en pose de batalla.

Ella ya no era Diana.

Se volvía a repetir la Solari, por lo que volvió a ponerse en posición ofensiva, este golpe sería el último, empezó a cargar su espada, saliendo de ese modo una leve luz proveniente del sol, Diana hizo lo mismo.

-Sí... acabemos ya con esto.- volvió a repetir la Lunari

Al poco rato, se abalanzó contra su rival, haciendo esta lo mismo.

Todo pasó en cámara lenta, con lágrimas en los ojos, Leona tenía su espada clavada en el abdomen de Diana, el cual desprendía grandes cantidades de sangre, miró bien su herida, le faltaba la armadura de esa zona, con los ojos como platos vio como el arma y parte de la armadura de su enemiga estaba tirada a un costado. Asustada, observó mejor la escena, las manos de la Lunari estaban en sus hombros, aún con la armadura puesta, sentía las frias manos de su enemiga.

-Aarrg...- se quejaba de dolor Diana, escupió un poco de sangre y se dejó caer al suelo, con lo que Leona soltó la espada, aún clavada en el abdomen de su rival.

-¿Qué he hecho?- tartamudeaba la Solari mientras miraba sus manos, estaban llenas de sangre, se quitó sus guantes aterrada, pero el olor seguía ahí, la había matado.

-N-no te culpes- balbuceaba Diana con dificultad -Ya estaba preparada par... - pero no consiguió acabar la frase, ya que un repentino dolor la paralizó, soltando quejidos agudos.

Leona no podía asimilar la situación, lágrimas volvieron a caer de sus hermosos ojos, veía como la Lunari sufría, pero lo peor de todo, era que ese dolor provenía de su propia espada, de algo que había causado con sus propias manos.

-Y-yo solo quería protegerte, desde que nos conocimos...- no conseguía continuar las palabras, sus pulmones no tenían aire, todo su cuerpo estaba sin vida, inmóvil, cayó al suelo, quedando de rodillas, a la misma altura que Diana.

-Lo sé... pero así es mejor- decía la Lunari, su voz fría y amenazante ya no existía, cosa que la Solari notó.

-¿Q-qué quieres decir?- con los ojos como platos, miró otra vez la escena, parte de la armadura de su rival tirada en el suelo, al igual que su arma, contempló mejor la herida en la que su espada seguía clavada.

La armadura de Diana estaba constituida por placas, y las del abdomen habían sido quitadas, se levantó corriendo, cogiendo las que estaban al lado de la espada de la Lunari, no estaban rotas ni arrancadas, solo un poco abolladas por el golpe que le había propinado en las costillas anteriormente.

Se dio la vuelta para mirar a su enemiga. -Diana, tú...- pero esta no contestaba, tenía los ojos cerrados.

No respiraba, horrorizada, le quitó la espada, tirándola a un lado junto a su armadura superior, tumbó a su amiga en el suelo y con un tirón en sus mallas, se quitó un trozo de tela con la que cubrir la herida.

-Por favor, no te vayas.- imploró, gritándole mientras intentaba parar la hemorragia, pero era inútil, la espada le había atravesado, la sangre seguía saliendo, creando un charco a su alrededor, pero Leona no se rindió.

Acercó su oído al pecho de Diana, buscando alguna señal de vida, su corazón latía muy débilmente, dándole pequeños golpes con ambas manos, intentó reanimarla, pero solo conseguía que escupiera sangre, presa del pánico, se alejó un poco de la escena, gritando con todo lo que tenía, pedía ayuda, buscando a alguien que andará por los alrededores.

Pero era inútil, no había nadie, poco a poco el corazón de Diana había dejado de latir, estaba muerta.

Se acercó a su cadáver, cogiéndola entre sus brazos, acunándola. Pero ella ya no estaba allí, nunca volvería a sentir sus frías manos, ni a escuchar sus palabras, por muy distantes que fueran, exhausta, miró al cielo, los cuerpos celestes se empezaron a alejar, dando por finalizada la pelea.

-¡¿Por qué?!- gritaba Leona, mirando fijamente a los dioses. -¡Yo no quería esto! ¡¿De qué sirve esta fuerza si no es para proteger lo que realmente me importa?!- Pero no hubo respuesta, la Solari, envuelta en furia por el desinterés de su dios, cogió su espada, poniéndola en su abdomen, habló por última vez. -¡Si una batalla es lo que queríais, ya la habéis tenido, no me necesitáis para nada más!-

Cogió impulso, estaba dispuesta a morir en ese sitio, pero una luz plateada la detuvo, inmóvil, Leona no pudo hacer más que llorar, quería terminar con todo eso, no soportaría vivir en un mundo sin Diana, cuando por fin la había encontrado, después de tanto años, la volvía a perder, en un principio pensó que su amiga ya no era la persona de la que estaba enamorada, miró de nuevo la armadura tirada en el suelo.

Sí, ella si que era Diana.

Había muerto para salvar a Leona, y ella lo sabía.

-¡Luna, no me detengas!- intentó hacer más fuerza en el mango de su espada para clavársela, pero era inútil. -¡La he matado! ¡He matado a tu elegida, déjame ir con ella!- pero seguía cubierta por la tenue luz, cansada, soltó la espada, mirando a Diana de nuevo. -Devuélvemela...- dirigió sus ojos a los dioses de nuevo -¡Devolvérmela!-

Su voz se quebraba, sentía como su garganta estaba en carne viva, cada palabra le dolía más, pero no era nada comparado con lo que sentía su cuerpo, el olor a sangre le derretía las fosas nasales, los ojos rojos, cansados, imploraban por menos lágrimas que soltar, sus cuerpo temblaba, mientras su estómago se unía con sus entrañas, creando así un nudo de dolor indescifrable, pero eso no era todo, Leona no entendía como podía seguir viva, ya que no sentía su corazón, desde el momento en el que le clavó la espada a la Lunari, ese órgano había dejado de funcionar para ella.

Se tiró al suelo, mareada, empezó a sentir nauseas, quería morirse ahí mismo, ver a su amada en el otro mundo, pero los cuerpos celestiales no le iban a dejar realizar ese capricho.

Cerró los ojos, deseando despertar de esa maldita pesadilla.

Hasta que una leve luz la hizo volver a abrirlos, con incomodidad, miró a la persona que aún abrazaba, quien era rodeada por dos luces, cada una provenía de uno de los dioses.

Leona, sorprendida, contempló la escena, el orificio del abdomen se cerraba, haciendo así que no saliera más sangre, con un poco de esperanza y miedo, se acercó al cuerpo sanado de Diana.

Tenía pulso.

Sin perder un segundo, el desechado cuerpo de Leona consiguió rehabilitarse de inmediato, cargando a la Lunari, corrió hacia la enfermería. Lágrimas brotaban de sus ojos, pero le daba igual, en ese momento no podía pensar en nada más que en la persona que volvía a coger calidez en sus brazos.

Su armadura, sus armas, los dioses, todo lo había dejado atrás, eran cosas insignificantes.

Después de un par de kilómetros, llegó a su objetivo, donde encontró en la puerta a una Soraka mirando su libreta de pacientes calmadamente.

-¡Soraka, ayuda, por favor!- imploró, a lo que la curandera se percató de Leona, quién ensangrentada, cargaba con la nueva campeona de la liga.

-¡¿Qué ha pasado?!- cuestionó por instinto, pero sabía que eso era lo de menos, por lo que llamó a los demás enfermeros.

Llegaron enseguida con una camilla y un tanque de oxigeno, los encargados se ocuparon de Diana rápidamente, llevándosela a la sala de operaciones, Leona insistió en entrar con ella, pero no se lo permitieron, tras varias discusiones y negaciones, se rindió, sentándose en la sala de espera.

Los segundos eran eternos, la Solari miró el reloj que había en una de las paredes, era muy tarde, mañana tendría más trabajo que hacer en los campos de la justicia, pero le daba igual, quería quedarse allí hasta poder ir a su habitación segura de que Diana seguía viva. Se levantó, acercándose a la ventana, el sol ya se había ido, pero la luna, en lo más alto del cielo, parecía contemplarla.

-Gracias...- dijo con sinceridad, sabían que si no hubiera sido por ellos, su amada estaría muerta, no sabía la causa de sus acciones, pero eso ahora mismo era la última de sus preocupaciones.

Vio un pequeño destello de la luna, como si hubiera escuchado sus palabras, Leona sonrió y se volvió a sentar, esperando a que Soraka viniera a darle las noticias que fueran.

Después de varias horas, la Solari estaba casi dormida en su incomodo asiento, pero una suave mano la hizo despertarse, era la curandera, quién con una sonrisa en el rostro la hizo dirigirse a una de las habitaciones.

-Tenía unas heridas internar bastantes feas, también unas costillas rotas, pero no le perforaron ningún órgano vital, por lo que de momento está estable, pero se quedará aquí en observaciones.- explicó Soraka, pero su acompañante no la hacía mucho caso, ya que se quedó al lado de la chica de cabello plateado, quién con los ojos cerrados, respiraba con dificultad.

-Menos mal...- suspiraba mientras acariciaba su cabellera.

-Creemos que se despertará mañana.- finalizó la conversación, buscando irse a descansar.

-Soraka...- imploró Leona, pero la maga estaba ya preparada, señaló hacia un pequeño sillón de la sala.

-Limpiate un poco y podrás pasar ahí la noche.- y dicho eso, desapareció de la habitación.

La Solari así lo hizo, se fue al aseo a limpiar un poco sus mallas, las cuales estaban llenas de sangre seca, después se fue al sillón que le señaló su amiga, pero aún cuando todo su cuerpo estaba fatigado, no consiguió dormir, la escena anterior la atormentaba, su espada, empuñada por ella, clavándosela a la mujer que ahora descansaba en la camilla, atravesándola.

Se abrazó a si misma.

Estaba asustada, había sido capaz de hacerle eso a Diana, quién se iba a sacrificar por ella, es cierto que no sabía lo que había visto cuando la luna le concedió sus poderes, pero de algo estaba segura, en cuanto despertara, iba a contárselo, y fuera lo que fuera, lo iban a solucionar juntas, los dioses ya le habían demostrado que pelear a muerte entre ellas no era necesario, y no sabía que opinaría la Lunari, pero Leona estaba dispuesta a darlo todo por muy pequeña que fuera la posibilidad de que ambas salieran vivas de eso.


El nuevo día llegó, Leona madrugó para ir a cumplir su labor en los campos de la justicia, para su mala suerte, Diana no había despertado aún, pero no perdió la esperanza, en cuanto acabó su turno, volvió a la enfermería, donde se encontró con Ashe y Caitlyn, quienes preocupadas, fueron a hacerle compañía.

-¿Cómo está Diana?- preguntó sin saludar la Solari.

-Están seguros de que despertará, pero aún no, perdió mucha sangre.- contestó la reina sin preocuparse por los malos modales de su amiga.

-Por lo que no te preocupes, además, deberías comer algo.- dijo la sheriff sacando una bolsa con un bocadillo y un refresco. -De parte de Vi, tenía turno ahora, por lo que no podrá venir.-

Agradecida, Leona cogió la bolsa, pero su rostro seguía serio y entristecido, a lo que sus compañeras se dieron cuenta, pero era inútil hacer algo para que se alegrara, ya que sabían que hasta que no despertara la Lunari, sería una tarea imposible.

Las tres juntas entraron a la habitación donde Diana seguía descansando rodeada de cables y máquinas, se sentaron en donde había dormido Leona y siguieron con una incomoda charla, ya que la Solari no ponía mucho de su parte para continuarlas, hasta que se escucharon unos pequeños quejidos, eran de la paciente, a lo que las dos tiradoras fueron corriendo a buscar a Taric, el médico de guardia, Leona se quedó en la habitación.

Estaba abriendo los ojos.

-Diana... bienvenida...- saludaba con una sonrisa sincera a su compañera, quién aturdida por la repentina luz de la sala, pestañeo varias veces, intentando enfocar a la persona que le estaba hablando.

-¿L-leona...?- susurró sin comprender la situación, ella había sido consciente de que había dejado de respirar en el prado donde peleó contra la Solari, había procurado que así fuera, su último recuerdo había sido el tacto de la fría hierba que rozaba con su rostro.

Sin contestar, Leona se abalanzó a abrazar a la Lunari, sin tener en cuenta que esta seguía adolorida por el día anterior, pero eso ahora no le importaba, tenía que sentirla, volver a notar su corazón latiendo con normalidad, el tenue calor de su piel.

Rozó sus brazos desnudos, aún cuando la sangre recorría su cuerpo, seguía siendo fría.

-Menos mal que no moriste, ¿por qué no te protegiste?- interrogó, pero sabía que ese no era el momento, más tarde hablarían seriamente de lo que había sucedido, por lo que cambió de tema. -Vine acompañada, han ido a buscar a Taric, ahora vendrá para atenderte, tienes algunas costillas rotas, por lo que intenta no moverte.-

-¿Cómo puedo seguir viva?- posó su mano en su nuca, buscando hacer memoria. -Tú me mataste, lo recuerdo.- como acto reflejo, pasó sus manos por su abdomen, buscando alguna muestra de la gran herida que había visto el día anterior, antes de morir.

-Los dioses nos ayudaron.- contestó Leona, omitiendo las dolorosas palabras que había pronunciado su amada.

Diana, al escuchar eso, abrió por fin los ojos, acostumbrándose a la luz, sorprendida, se volvió a posar en la cama, pensativa, parecía aún más aturdida de lo que estaba antes, pero poco le duró, ya que llegó Taric con algunos ayudantes para tratarla, le hicieron preguntas dándole pequeños toques en algunas zonas para ver si habían sanado con normalidad, le pidieron a las tres campeonas que abandonaran la habitación para poder seguir su cometido, a lo que aceptaron a regañadientes.

Caitlyn y Ashe permanecieron con Leona hasta la noche, pero cuando notaron que su amiga había vuelto a la normalidad tras ver de vuelta a Diana, se fueron a sus habitaciones para completar sus tareas.

-Ya puedes pasar si quieres, está mejor de lo que nos esperábamos, pero por si acaso, esta noche se volverá a quedar en la habitación de la enfermería.- completó Taric el informe mientras se lo decía a Leona, quién se fue rápidamente a por Diana.

La Lunari miraba la ventana, la luna empezaba a hacerse notar en el cielo, otro día finalizaba, pero no se veía contenta, aún cuando había sobrevivido a la pelea y los dioses le habían dado la bendición de volver a vivir, no se veía satisfecha.

-Puedes entrar.- saludó fríamente a Leona, sin si quiera mirarla.

-¿Cómo te encuentras?- preguntó, buscando algo de lo que hablar.

-¿Por qué sigo viva?- eclipsó la pregunta anterior, buscando ir directa al asunto.

-Los dioses te concedieron la vida, no pensarían que la muerte era la única salida.- Contestó mientras se sentaba en el sillón ya conocido.

-Esto no tenía que acabar así...- susurró entre suspiros de frustración.

-¿Tenía que acabar sacrificándote tú por mi?-

-¿A que te refieres?- se volteó para mirar a su invitada, quién se iba acomodando más en su asiento.

-¿Por qué soltaste tu espada y la armadura?- Leona se puso seria, llevaba ya bastante con ese tema en la cabeza, intentando buscar la razón de sus acciones, sin dar resultados.

-Ah... se me debieron de caer, tal vez debería reforzar más mis placas- dijo dudosa, en ningún momento se vio en esa situación, para empezar, ella no debería estar hablando ahí, tendría que haber muerto.

-¿Por qué lo hiciste? Pensé que solo querías venganza- volvió a cuestionar, intentando hallar la verdadera razón.

-¿Qué importa?- volvió a su tono frío -Solo lárgate, tengo que descansar.-

La Solari, furiosa por su actitud distante, se levantó, acercándose a donde estaba Diana. -Desapareciste de pronto hace unos años.- agachándose un poco, quedó a la altura de sus ojos. -Viniste aquí, la liga de leyendas como si nada, diciéndome que tendríamos que matarnos porque así lo viste, sin darme ninguna explicación, solamente ignorándome.- con semblante serio, bajó su voz, dándole un aspecto más triste y adolorido. -¡Te mate! Pensaba que era lo único que podía hacer, porque tenía que defender a mi pueblo de ti, de alguien que ya no era la Diana que yo conocía. Pero estaba equivocada.- suavizando sus brazos, rodeó el cuello de su acompañante. -Sigues siendo la misma chica confundida, pensaste en mí en la batalla, lo sé, no has cambiado, solo muestras ser algo que no eres.- dijo con total convicción mientras se acercaba a ella, abrazándola.

-Leona...- murmuró aturdida por sus palabras.

-No lo intentes, te he estado observando por años, te conozco mejor de lo que te conoce nadie, somos mejores amigas, ¿lo recuerdas?- cada palabra se escuchaba más baja, estaba empezando a sollozar.

-Leona yo... lo siento...- se disculpó la Lunari, omitiendo cualquier aspecto severo o frio, mostrando a la chica que en el fondo, la Solari sabía que seguía siendo.

-¿Por qué has montado todo esto, Diana?- preguntó por última vez, buscando por fin la respuesta que tanto ansiaba.

-Espero que así lo entiendas mejor...- apartó un poco a Leona para quedar cara a cara, y con decisión, juntó sus frentes.

Todo sucedió muy deprisa, la Solari se encontró de vuelta en su poblado, la gente pidiendo muerte a Diana mientras esta asustada, era bendecida por el poder de la luna, en este momento, la profeta del sol estaba inconsciente en el suelo, contempló como el aspecto de la Lunari cambiaba, más tarde, aniquilaba a su gente.

La escena se frenó, apareciendo otra Diana, pero esta era la actual, tenía puesto el traje de la enfermería, sin soltar ninguna palabra, acercó su mano a ella, cuando Leona la rozó, pudo apreciar lo que su amiga vio cuando la luna le cedió su voluntad.

Se veía un lugar en ruinas, cadáveres por todos lados, la gente estaba matándose entre ellos sin razón aparente, niños, ancianos, hombres y mujeres se aniquilaban, pero en el fondo, habían dos personas con grandes armaduras y voluminosas armas, peleando entre ellas, se veían normales, no como la gente anterior, pero en la escena solo se apreciaban luces de un lado para otro, hasta que uno venció, cuando eso ocurrió, la gente cayó al suelo, el cielo oscuro desapareció, quitándole ese ambiente tenebroso al lugar.

Todo había terminado.

En un pequeño pestañear, Leona volvió a su poblado, la Diana actual se había ido, quedándo solo la antigua, la cual aturdida y asustada, se despidió de la adolescente Solari, con unas dulces palabras y finalizando con un beso en los labios, a lo que la profeta del sol se sorprendió, no recordaba nada de eso.

Todo volvió a la normalidad, frente a frente con Diana, quién se estaba debilitando, se separó, ya había cumplido su cometido.

Pero Leona estaba aturdida, no sabía que había visto, gente extraña asesinando por gusto, parecían zombis buscando algo con lo que jugar, además del beso que le dio, aún cuando sabía que no era el mejor momento de hablar de ese tema, también le entró curiosidad, pero sabía que tenía que ir por partes.

-¿Que ha sido eso?-

-Lo que los sabios seguramente no te contaron, la verdad.- dijo con seguridad, a lo que acertó, ya que ha la Solari le contaron una historia bastante distinta.

Se separó un poco de su acompañante. -¿Qué le pasaba a la gente de la visión? Estaban muy extraños.- interrogó mientras se separaba un poco de Diana, volviendo a sentarse en su asiento.

-Estaba en los manuscritos de los Lunaris, se llama "La noche de Sarkus"- contestó, pero tras el asombro de Leona, continuó con su explicación. -Se dice que antiguamente, el sol y la luna se tuvieron que aliar para destruir al tercer dios, llamado Sarkus, él poseía la mayor fuerza de los cielos, pero el poder lo destruyó, creando así un monstruo que solo buscaba su propia satisfacción, la cual consistía en ver el sufrimiento de los más débiles, en este caso, los seres de la tierra.-

-¿Y que fue de ese dios?-

-Se dice que no pudieron cerrar completamente sus poderes, por lo que lo sellaron en lo que se convertiría la noche, de ese modo, ellos eligieron turnarse el cielo, quedando por la noche la luna y por el día el sol, de ese modo, siempre habría uno de ellos para vigilar que su poder nunca fuera liberado de nuevo. Pero existía un problema.- dejó una pequeña pausa de suspende, mirando el rostro curioso de Leona, a lo cual sonrió, tomó aire y continuó. -Una vez al año se debían de unir de nuevo para canalizar sus poderes y regenerarse, lo cual fue llamado eclipse, a causa de esa pega, crearon dos civilizaciones, los Lunaris y los Solaris, los cuales les ayudarían a no abandonar la guardia. Con el tiempo los caminos de las tribus se separaron, creyendo que su creador era más poderoso que el otro, entraron en una ardua guerra, en la cual los Lunaris fallecieron.- un poco apenada por el tema, se acomodó mejor en la camilla para continuar la historia. -Pero aún así, los dioses no se rindieron, queriendo acabar la guerra entre ellos, eligieron a unos profetas para que defendieran a cada tribu y así no desaparecieran, pero no resultó efectivo, en ese momento Sarkus estuvo a punto de resurgir de nuevo, por suerte consiguieron pararlo de nuevo, pero el sello que lo mantenía ocultó se debilitó, por lo que tuvieron que crear otro más fuerte.-

-No entiendo que tiene que ver eso con la pelea que tuvimos.- cuestionó la Solari.

-Ten paciencia. En ese entonces, aprovecharon el sacrificio de uno de sus profetas para hacer el otro sello, ya que al morir un elegido, sus poderes son devueltos a su dios, haciéndolo así más fuerte, en este caso ese poder fue dirigido al sello, haciendo así uno más fuerte, ha causa de eso, se decidió que cuando los dioses estuvieran en su momento más débil, el eclipse, los guerreros deberían pelear hasta morir uno, el cual serviría de sacrificio para sellar a Sarkus.- finalizó por fin Diana.

-Pero... la gente en esa visión estaba poseída ya...- volvió a preguntarse Leona en voz alta, a lo que la Lunari contestó.

-El tercer dios estuvo a punto de resurgir, a causa de eso, su maldición cayó de nuevo en el mundo, por suerte se consiguió parar.-

-Entiendo... ¿ahora que pasará entonces?- con rostro serio, bajó la mirada, los dioses la ayudaron por sus suplicas, pero debieron de haber tomado un gran riesgo haciendo eso.

-Eso es lo peor...- alejó su mirada de la Solari. -No lo sé, los dioses habrán pensado en algo, si no, no me hubieran revivido.-

Unos pequeños pasos se escucharon en el lugar, era Leona, quien se había levantado para volver a abrazar a Diana, pillándola con la guardia baja, pegó un pequeño respingo.

-Sé que es un asunto serio, pero ahora mismo no puedo remediar alegrarme de que estés de vuelta.- dijo con sinceridad la Solari.

-Estás extraña...- interrogó la Lunari, impresionada por el lenguaje tan franco que estaba usando su acompañante.

-De verdad creía que te había perdido, tanto en cuerpo como en persona, pero me alegra que estés aquí, y que sigas siendo tu misma.- con una gran sonrisa, puso más fuerza en su abrazo, haciendo daño a Diana.

Con un pequeño quejido, consiguió que Leona se alejara un poco, dándole espacio. -Ya no soy la misma persona.-

-No has cambiado tanto como aparentabas.- con gran alegría acercó su asiento al lado de la camilla, tenían cosas de las que hablar a parte de los dioses.

-Yo... todo este tiempo me he preparado para mi muerte...- suspiró con frustración. -Ya no se quién soy, ni que voy a hacer, he perdido mi objetivo.- decía seria, estaba muy confundida aún, se mentalizó muchas veces para esa batalla, pero todo había tomado un gran giro.

-Puedes quedarte aquí, se come bien, las habitaciones son cómodas y hay algunas buenas personas.- bromeó con lo último, buscando crear un ambiente menos tenso.

-Hace mucho tiempo que no pertenezco a ningún lado, no sé si es buena idea empezar ahora.-

-Es el mejor momento, yo estaré ayudándote.- con una gran sonrisa, agarró la mano de Diana, buscando crearle un vínculo de confianza para que aceptara su petición, después de tanto tiempo, volvería a tenerla para ella.

-Me lo pensaré, hasta que se arregle todo este alboroto, no tengo alternativa.- murmuró un poco extraña, se sentía feliz por la propuesta, pero a la vez confusa por el repentino acercamiento de su amiga, en todo ese tiempo solo la había ignorado, y ahora le depositaba toda su ayuda. -Creo que debería descansar ya, es bastante tarde, puedes volver a tu habitación.-

-Te presento mi cama- señaló el sillón, donde ya había una almohada y una pequeña mantita. -No es de lo mejor, pero servirá por hoy.-

-¿Vas a dormir aquí?- preguntó sorprendida la Lunari.

-Aunque no lo sepas, ya pasé aquí la noche ayer.-

-Haz lo que quieras, pero más vale que no interrumpas mi sueño.- finalizó graciosa mientras se daba media vuelta, dándole la espalda a su invitada, quién se hacía una bolita en el sillón, dando varias vueltas hasta acomodarse.

Apagaron las luces, habían sido unos días muy duros, por suerte esta noche Leona consiguió descansar, aun cuando seguía dolida por su decisión de matar a Diana, se tranquilizaba por verla viva, por desgracia, si que tenía otras cuestiones presentes, ya que la Lunari no le había contado la razón de porque se dejó matar, ni la explicación del beso del día en el que desapareció.

Pero eso podría esperar.


Tenía ganas de hacer esta parte de la historia, aunque no pretendo alargarla tanto como puede parecer por el argumento, tengo más ideas para otras parejas e historias, como por ejemplo, me gustaría mucho hacer un Ashe x Katarina o Ashe x Sejuani, me llaman la atención ambas, claramente también me gusta Vi x Caitlyn, pero hay tanto de ellas que no me anima tanto escribir sobre ellas :3

Espero que les guste el rumbo que está tomando, hasta el próximo ^^