Capitulo 4: Té de manzanilla y psicoanálisis
El receso nunca llega lo suficientemente rápido pero esta vez esta pequeña frase tiene mucho más significado, durante la mayoría de la clase anterior Sana se mantuvo apenas despierta, por suerte la profesora evitó dirigirle la palabra ya sea porque haya notado eso o no. Toda la clase estuvo apoyada sobre su propia mano, boca entreabierta, ojos abiertos haciendo fuerza para cerrarse de una vez. Teniendo un desorden en su horario para dormir no ayuda si la clase es aburrida ya por defecto, al sonar el timbre logra espabilarse un poco, al menos para despegarse de la palma de su mano y dar un fuerte cabezazo a su mesa.
Ese golpe es seguido por un gruñido, un poco porque todavía quedan muchas horas de clase y otro poco porque le ha dolido.
Lo peor es que sabe que, aunque fuera a dormirse, despertaría pronto sin haber descansado a pesar de que siga muriendo del sueño. Levanta la cabeza para despejarse y se golpea con la mano abierta unas veces en la cara, haciendo temblar sus mejillas y llamando la atención de los pocos que han quedado en el salón durante el receso.
- ¿Tienes unos problemas? – Jiro Kyoka le mira de arriba, sentada sobre su propio pupitre aprovechando que cierto presidente de la clase no le ve.
- ¿Es tan obvio? –
- Entonces no has notado las miradas de la profesora, vaya, que mal estás – Desde allí arriba la muchacha cruza los brazos.
Sana gira su cabeza asomando uno de sus cansados ojos por detrás de su brazo dándole una mirada cómplice a Jiro - Estoy acostumbrada a que todos me miren, así de buena estoy – Luego mueve sus cejas en un intento por parecer medianamente confiada en su atractivo.
- Y ahora alucinas, cielos, esto es peor de lo que pensé –
Llega una mano de la izquierda, una sobre su hombro tumbado que le llama la atención tanto a ella como a Kyoka, principalmente porque el dueño de la mano no mide ni un metro y medio pero su cara es de total confianza dándole una palmadita a la morena. Por allí cerca de la puerta Kirishima y Kaminari observan volviéndose hacia el salón, el rubio se ríe mientras quien le acompaña murmura algo sobre que Mineta no sabe cuándo detenerse.
- No te preocupes, ya pasará, hay cosas que se pueden hacer para relajarse… –
Pero recibe una mirada intimidante ante sus palabras, una que desintegra cualquier confianza que tenía.
- Tócame de nuevo, enano, y enterraré mi pie tan dentro de tu culo que podrás degustarlo –
- Y yo ya me iba –
Mineta retrocede lentamente cuando la cara de la furiosa pero cansada morena se le viene encima, levanta sus manos para cubrirse de un toque eléctrico, uno que ella le hubiese dado si no fuese por la falta de brazo izquierdo.
Cuando el enano se retira recibe una mirada amenazante de la profesora que acaba de juntar sus cosas sobre el escritorio al fondo del salón, está ya le obliga a salir de allí antes de que todo se ponga peor. La profesora en cuestión es también la psicóloga local Akira, quien cuelga su portafolios de uno de sus hombros y se abre paso hasta las dos chicas charlando, claramente con intenciones de hablar con la de la cabeza chocando la madera.
Intercambian miradas, ojos distintivos los de cada una, violetas y llenos de vida por un lado, felinos y alerta por otro. Solo con mirarla Akira aprieta la banda de su portafolio sin que se note, las marcas perduran a pesar de que el ataque ya ha sido hace más de una semana, y solo con pensar lo que ha pasado Sana se disgusta.
Decide tragarse eso y dirigirse a la muchacha con su más agradable tono.
- Veo que el cansancio no te ha quitado ese lenguaje tan agradable Arashi –
- ¿Qué q…? – Pero Sana hace una pausa, sin apartar la mirada se ve como da un suspiro, frenándose antes de dirigirse ella de una manera que sería muy poco correcta - ¿Qué necesita? Es el descanso, profesora –
Esto le sorprende, pero de nuevo, Sana para ella es como un animal salvaje, las reacciones bruscas y repentinas solo le asustarán y arruinarán sus chances de acercarse, así que intenta usar la mayor cantidad de tacto posible.
- Es sobre tu castigo –
Apenas con mencionarlo todo cambia, la cabeza caída de Sana se levanta al apoyarse sobre su única mano y enderezarse como puede, detrás Kyoka claramente deja salir un bufido, captado por la profesora, probablemente no estañado de acuerdo con todo el asunto pero incapaz de decirlo por simple respeto y tal vez afecto a la psicóloga.
- ¿Qué hay con eso? –
- Bueno, hoy podrías venir conmigo a la oficina, sé que estos últimos dos días te han estado… cansando los otros profesores –
La oferta es poco tentadora al principio pero lo que dice es verdad, desde su charla con Ectoplasm le han seguido dos días de trabajo con quien sea le avisa que le necesitará. Puso en orden las cosas usadas por el club de atletismo con Hound Dog, ayudó con la corrección a Present Mic y acompañó a Vlad King en su demostración frente a unos grupos de estudios generales, varias tareas que, sumadas a su falta de horas de sueño, terminaron por agotarle hoy. A pesar de que Akira no le agrada demasiado (eso se dice ella a si misma) seria algo mucho menos agotador físicamente y siempre podría usar a la novata profesora para obtener algo de rato libre.
Si puede aguantarla, claro.
- Realmente no tengo mejor opción – Lo dice indiferentemente – De acuerdo –
- Genial, no veremos entonces –
La profesora da media vuelta y deja el salón, Sana siente la mirada de Kyoka por encima de su hombro hasta que por fin la escucha decir algo bueno, exactamente lo que ella tiene en mente.
- Tal vez solo le traigas hojas y café, será fácil –
Pero la morena vuelve a dar su cabeza contra la dura madera, bufando.
La oficina se abre frente a ella en todo su esplendor, esplendor siendo la simpleza hecha una pequeña habitación claramente demasiado ostentosa para la más modesta Akira Izumi. Dos paredes mayormente vacías salvo por unos dos cuadros y su título colgado también entre ellos que se estiran hasta el final de la habitación donde está su escritorio y la última pared se alza con una ventana que apunta al patio de la academia.
En medio hay dos sillones, uno para tres personas y otro de una sola, clásico de un psicólogo pero al mismo tiempo son claramente cosas que había en la escuela y cumplían un rol similar. Lo más llamativo son los puf, esas condenadas cosas donde una vez que te sientas no puedes salir ni con toda la fuerza de voluntad posible en un humano.
Decide ir a por lo que no le hará dormirse en medio del castigo y se sienta en el sillón, frente a ella una mesita le ofrece un lugar donde apoyar los pies, pero los baja inmediatamente cuando escucha la puerta abrirse, Akira venia tras de sí y aparentemente apurada.
- ¡Ya! Menos mal que sigues aquí –
Lleva en las manos dos tazas color blanco, una de ellas con un visible corazón entre rosa y purpura, la otra simplemente blanca sin adorno, esa es la que le toca. Sana se inclina hacia adelante mirando el contenido como si fuese a encontrar víboras listas para comerle las entrañas cuando abra la boca, para su sorpresa, es solo café.
- Disculpa, por un momento olvidé que nos veríamos aquí y luego comencé a hacer té, entonces recordé que el té haría que te caigas de cabeza sobre la mesa… - Explica rápidamente mientras deja su propia taza sobre la mesa y toma asiento en el sillón de una persona, en frente de Sana, sus piernas alineadas casi perfectamente.
- ¿E-esta siquiera es una psicóloga? –
Arashi se queda quieta mirando como Akira intenta coordinar para sentarse, tomar su café y adoptar alguna pose relajada solo para notar que sigue con su portafolio colgado, sobre el cual se ha sentado y ahora debe pararse para descolgarlo y aventarlo al escritorio a su derecha. Acostumbrada a los psicólogos con aires de superior y tonos al hablar llenos de condescendencia, llegando a tomar notas y preguntar cosas desde arriba y luego terminando la sesión, ella no parece de lo más profesional y si no hubiesen tenido ese primer encuentro rasposo nunca se hubiese enterado de que tiene un doctorado.
Finalmente, el circo termina y las dos quedan en silencio, Sana tomando tranquilamente su café, Akira sostiene la taza con ambas manos mientras le mira.
A un suspiro de tranquilidad le siguen palabras agradables - Entonces ¿Te encuentras bien? –
- Supongo – Es su manera de decir que no pero sin ser tan negativa, claramente su figura ya muestra los resultados de una agotadora semana después del ataque.
- Arashi, sabes que yo estoy aquí para hablar, no necesito mi quirk para notar que estás nerviosa este último tiempo y… solo quiero saber –
- Si va a medir sus palabras va a hacerme enojar aún más – Sana levanta su mirada de la taza para dejarla sobre la mesa entre ellas.
Con ese ruido de la madera recibiendo el recipiente se finaliza esa conversación, Akira se acomoda en su sillón, su espalda se pone recta y se aferra a la taza que tiene dándole calor en las palmas de sus manos. Sus ojos morados inspeccionan a su alumna, de cara molesta pero todavía algo nerviosa, nerviosa porque sabe que va a comenzar a hablar de algo con alguien que no podía ni ver hace unos meses atrás.
Akira no dice nada, espera a que todo fluya.
- No dirá nada a nadie ¿No? –
- Como psicóloga se me prohíbe… -
- ¡No como una maldita psicóloga! – Le interrumpe de nuevo.
El grito es algo brusco pero entendible, Sana no quiere tratar con más psicólogos y eso no va a cambiar, pero tal vez necesite a una heroína mayor y con más experiencia, a una mujer, a alguien que fue adolescente hace años,
- No diré nada, lo prometo, de una alumna a la otra –
Esto solo parece tranquilizar a la más joven, Akira puede notar que el ambiente se tranquiliza un poco, aunque Sana siga teniendo la misma atmosfera a su alrededor, rabia y vergüenza mezcladas con su cansancio y generando mal humor. Su única mano aprieta la falda que cubre sus piernas, aferrándose a lo que puede, su mirada puesta en la mesa es adornada con arrugas entre sus cejas.
- No puedo dormir, estoy teniendo pesadillas, me siento como un maldito niño de cinco años – Menciona entre dientes – O peor, como si hubiese vuelto atrás… solía tener muchas pesadillas… -
Akira asiente, el hecho de tener pesadillas le provoca miedo por el mero hecho de tenerlas, se le nota, teme a volver atrás, a ser esa niña temerosa y asustadiza de antes, antes de que se forzara a endurecer, la falta del brazo debe ayudar a sentirse como en ese entonces.
- ¿Tiene algo que ver con el ataque reciente? –
- Yo… -
Su mano no se relaja para nada, esa pobre falda comienza a estar más arrugada bajo su constante asalto, un poco más y Sana podría quebrar sus dientes, reticente a hablar de algo así, invadida por algo que no había sentido hace mucho: Miedo.
- Todavía veo el muelle, la noche lloviendo y… veo a ese hombre en el suelo, de frente, siendo golpeado una y otra vez en el rostro hasta que no queda más que puré… - Toma algo de aire pero apenas corre por su cuerpo en tensión – Todavía le oigo reír junto a mi oído, ese bastardo, burlándose de que… -
Y se calla, incapaz de continuar.
- Debió ser algo muy traumático, el ver algo así, lo siento mucho –
- No es eso, no son los golpes lo que me… lo que me asusta pero – Sana finalmente llega al problema, donde baja la mirada y obliga a Akira a inclinarse hacia adelante para tener una mejor visión – En el sueño soy yo quien le pega y él observa riendo, burlándose de que tiene razón, yo solo sigo pegándole durante minutos enteros, matando a ese tipo… con mis propias manos –
Con solo decirlo se nota que es la parte que le avergüenza, Akira vuelve a sentarse como antes, al principio no sabe que decir ante eso pero teme que el silencio prolongado se traduzca como que la está juzgando. Nadie puede pasar por un encuentro así sin siquiera algún tipo de trauma, por más de que su sueño esté apuntado a otro de los temores y no el miedo a la muerte.
- ¿Tienes miedo de ti misma? ¿No quieres matar a ese tipo? –
- ¡Por supuesto que no! - La exclamación es un pequeño alivio para Akira – Pero con verlo, comienzo a preguntarme sobre ellos… usted sabe todo lo que ha dicho mi tío, sobre la Viuda y sus ayudantes… han hecho cosas terribles y han arruinado incontables vidas además de la mía. ¿Y si no puedo contenerme? ¿Y si fallo y cometo un error…? –
Temblorosa y vulnerable, con su corazón sobre la mesa, Sana aspira, reteniendo las lágrimas. Cuando quiere notarlo Akira ha cruzado y se encuentra sentada junto a ella, apoyando la mano en su espalda, podría darle un golpe y sacársela pero, realmente, no se siente para nada mal. Mientras habla siente un gran peso que deja de estar sobre ella, aliviado por esa palma tan cálida y suave, un afecto casi maternal que no ha sentido desde hace una eternidad.
- Ella mató a todos, se llevó mi vida – Sana dice entre sollozos - ¡Y ni siquiera sé si está bien no querer matarla! Ese imbécil de marfil dijo cosas… cosas que yo he pensado ¿Y si no somos tan distintos? ¿Qué tanto me falta para convertirme en él? -
- Sana – Finalmente intercede su confesora – No serás nunca como ellos, tuviste miles de oportunidades de dar la vuelta y desquitarte con el mundo por lo que te han hecho, pero aquí estás, con todos nosotros. Eso es prueba suficiente de que no harás nada malo cuando llegue el momento ¿No crees? –
- No sé… - Dice dudando, limpiándose sus lágrimas como puede con su única mano.
- Eres una buena persona, créeme. –
El llanto ha terminado y Sana solo queda mirando hacia abajo, limpiándose con su manga una y otra vez, sintiendo como logra calmarse al tener a la otra mujer cerca, avergonzada de haber dicho todo pero al mismo tiempo aliviada.
- D-dices eso pero… - Sana tiembla, su voz tiene un tono distinto, ya más relajado que la clase de esa misma mañana – Me tienes aquí castigada –
Akira lentamente saca su mano de la muchacha, entiendiendo por el chiste que ha vuelto a como era antes, tal vez intentando disimular para dejar el tema atrás, ella sabe que no debe presionarla y si quiere hacer un cambio brusco así debe seguirle. La psicóloga se sonríe apartándose al otro lado del sillón lentamente.
- Buena persona, mala alumna –
Por un momento, levantando su rostro, la morena muestra en su mirada algo de arrepentimiento.
- Yo… no debería haber dicho todo eso… -
- Como dije, quiero escucharte, no es solo mi trabajo. Las pesadillas pasarán, solo tienes que relajarte y recordar lo que hemos hablado, encuentra tu propia manera de hacerlo, como sé que habrías hecho de todos modos, como sé que eres buena haciéndolo -
Hay silencio otra vez, esta vez un agradable silencio, la profesora deja el asiento para buscar su taza y moverla al escritorio, una movida para dejarle espacio a Sana para que recapacite y decida que hacer a continuación y no atosigarla con su incesante mirada. La escucha detrás dar un largo último sorbo a su propia bebida y luego levantarse también.
- ¿Entonces… supongo que tiene algo de trabajo para mí… o puedo irme temprano? –
- Hemos hecho suficiente trabajo por hoy, creo yo, te dejaré ir temprano –
La satisfacción en la cara de la morena debe ser indescriptible.
Por fuera la profesora ve directamente al cielo casi nocturno que les ha dejado un día largo de cursada y charlas, se siente algo agotada realmente y el hecho de irse temprano es tanto para Sana como para ella. Da la vuelta al escuchar su nombre, con la sorpresa de que Sana le ha llamado, en voz baja, 'Profesora Izumi' y no profesora a secas, la encuentra todavía allí parada, ya ha recogido su mochila y se dirija a la salida cuando volteó.
- Profesora Izumi – Sana sigue cansada y su rostro lo muestra, bajo las ojeras está esa bandita adhesiva seña de que hay cosas por sanar, pero aun así le da una media sonrisa con algo de vergüenza, iluminada por el sol de la tarde que entra por la ventana – Sé que soy un fastidio… lo siento, pero aun así… gracias –
- ¿Eso significa que ahora soy tu profesora favorita? –
El comentario toma por sorpresa a la muchacha, quien frunce el ceño con algo de rubor en sus mejillas – O-oiga, no se acostumbre…–
Con eso finalmente se despiden.
Cada una sigue su rutina, un poco mejor de cuando comenzaron el día.
Por lo pronto disfrutarían el cálido abrazo de su conversación, las lágrimas compartidas y las penas contadas.
Mañana volverían a ser como agua y aceite.
Los miedos salen a flote y las secuelas del ataque se viven todavía ¿Será Sana capaz de encontrar la paz que necesita para poder descansar?
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