Aclaraciones: Buaaaaaaaaa~ seguro que mis Lemons te parecieron un asco, ¡y cortos! Lo siento u.u ¡es que eran tantos y quería escribir tantas cosas, pero al mismo tiempo me dio un bloqueo y ya no supe de mí! Anda, que puedes aventarme jitomatazos, ¡serían ricos para cocinar una rica pasta~ =w=!

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Epílogo

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Cuando el reloj de mesa marcó las 4:00 am., el mayor de los Kirkland se sentó y comenzó a vestirse con parsimonia. Sintió en todo momento la neutral mirada de su hermana, quien se cubría meticulosamente con la manta de su cama

Al terminar, un nuevo silencio se hizo presento, provocándole un escalofrío ahogador…

-¿A dónde irás ahora?

Ummm así que ya sabía que no se quedaría… en verdad era sencillo hablarle cuando contaba con esa habilidad, pero a veces lo dejaba sin respuesta inmediata. Ese no era el caso, aunque de todos modos se sintió acorralado

-…a Bélgica – respondió quedamente- Iré al puerto a contratar cualquier embarcación y zarparé antes de las 10:00 am. –se colocó las botas –Ya tengo dinero, algo de ropa… y le dejé al viejo una carta en su despacho

-Entiendo…

-Ven conmigo

-No

-¿Me amas?

-No del modo que quisieras

-¿Y por qué me dejaste…?

-Porque era lo único que podía hacer por ti

-¿Fue compasión?

-Fue solidaridad –suspiró –Si estabas decidido a hacer esto a pesar de los riesgos, era porque ya habías reunido el valor para negarte a lo impuesto –entrecerró la mirada –No serías libre si no hacías "lo imposible", posible

-Hablas como si lo hubieras calculado todo

-¿Y me equivoqué?

Sonrió con desgane

-En lo absoluto

-Por eso también sabía que estaba en mis manos darte la última respuesta que querías… ¿ahora lo entiendes?

-… sí…

-Entonces ya eres libre, Alasdair

-Si yo puedo serlo, tu también

-Aún no

-Pero nosotros…

-Todavía tengo cosas que hacer –interrumpió –Sólo eso

-Nos volveremos a ver

-Es obvio – sonrió con auténtica alegría – Y cuando eso pase, cuéntame lo increíble que es el mundo

-Lo prometo – se levantó y le echó una última mirada

Estaba tan tranquila, paciente, orgullosa de poder presenciar ese momento…

Tenía razón: ya podía ser libre

Le dirigió una sonrisa mostrando los dientes, con travesura, cinismo, burla, confianza…

Tomó su gabardina, abrió la venta del balcón y saltó

Una vez en el suelo echó a correr… su figura se perdió entre los árboles del jardín…

… y de él sólo quedó el recuerdo…


El caos reinó en la mansión Kirkland por la mañana

Todo inició cuando, alrededor de las 10:00 am., Mr. William Kirkland llegó a su despacho con el fin de revisar algunos pendientes respecto a los nuevos precios de embarque. Encima de la usual papeleta con sus notas, yacía un sencillo sobre con su nombre con la letra de su hijo mayor, así que la leyó con inmediatamente, temiendo que algo hubiese pasado

El seguido grito de entera rabia que resonó por el lugar alertó a todos, siendo los sirvientes los primeros en llegar en su auxilio, seguidos de la familia

Lo siguiente que supieron fue que Alasdair renunciaba a la herencia familiar, a la Compañía, a su compromiso con Françoise Bonnefoy y que abandonaba en definitiva el apellido Kirkland

Las reacciones no se hicieron esperar: su padre no cabía en sí de ira, su madre trataba de tranquilizarlo pese a su angustia, Gwyneth permaneció tranquila, los gemelos intercambiaban miradas, y él no sabía si sorprenderse o echarse a reír, ¿por qué? Excelente pregunta

Lo primero que hizo el viejo fue buscar a la ex prometida, quien se negó a dar explicaciones argumentando que no se sentía bien. Luego les preguntó si sabían algo: los cuatro negaron inmediatamente. Después su madre sugirió que acudieran a la policía, pero se negó argumentando que no quería escándalos

Al final, ordenó que los criados buscaran en los alrededores mientras ellos iban al puerto, a la ciudad, a la estación de trenes. La señora, aunque quiso ayudar, sus frágiles nervios la indispusieron, así que se quedaría en casa, al igual que su hermana

-Alguien debe quedarse con ellas – dijo Bryan – Si los sirvientes se van y también nosotros, debe permanecer alguien aquí para estar al pendiente

-También para vigilar si Alasdair regresa o si llegan noticias de él –secundó Ryan – Mamá no tiene la fuerza para hacerlo y Gwyni no podría retenerlo sola

Se decidió que Arthur lo haría. Nadie contradijo

En 10 min. ya todos se habían ido, siendo que su madre regresó a su cuarto con la ayuda de dos criadas y su hermana fue a la propia sin decir palabra. Él permaneció en la sala, esperando cualquier cosa, atento al mínimo ruido extraño, examinando su alrededor con escrutinio: la prevención era básica cuando se trataba de su hermano mayor

Pasaron una, dos, tres horas y nadie regresaba. Tampoco hubo indicios de algo raro, ni un telegrama de emergencia o algún carruaje a lo lejos

… y para su extrañeza, no estaba inquieto ni alterado… si tuviera que describir su estado en una palabra, sería "apático", porque de cierta forma ya esperaba algo así: Alasdair pareció toda su vida- o la que él alcanzó a ver- atado a un protocolo que lo asfixiaba, y aunque lo detestaba, no intentaba zafarse de él. Siempre estaba bajo constante presión, y al verse acorralado, era natural que hubiese desarrollado ese carácter tan agresivo y sádico hacia la mínima criatura de la existencia

Su partida no era buena para la familia, pero si eso no le importaba, no podía juzgarlo. Apostaba que jamás pensó qué en ocurriría con los demás al irse… pese a ello, reconocía que había sido muy valiente –e idiota- por tirar todo por la borda… y si eso le daba libertad, ¿qué más daba?

Sin embargo, cayó en cuenta de una gran consecuencia: sin su hermano, el prestigio del negocio y del apellido caía sobre Gwyneth, quien pasaría a ser la dirigente, la principal heredera, la que llevaría las riendas de la compañía, y por lo tanto, era preciso que se casara con alguien de categoría y astucia que se parara altivamente junto a ella

La imagen de Alfred F. Jones a su lado le hizo casi vomitar…

… que… bastardo… ¡La había sacrificado para ser libre! Ahora el que no cabía en sí por la rabia era él… malnacido imbécil… se fue sin importarlo lo que sucedería con su hermana, ¡le valió un carajo y se fue! ¡Se largó, orillándola a quedarse atrapada en ese destino! ¡SE FUE! ¡¿No se suponía era lo más querido para él? ¡Entonces, ¿por qué? ¡¿Por qué la entregó con tanto cinismo? ¡MALDITO TRAIDOR!

Tenía que volver… ¡tenía que hacerlo! ¡Poco importaba lo que querían a comparación de ella! ¡¿No lo habían acordado así? ¡ESTÚPIDO! ¡DEBIÓ SABER QUE LE VALDRÍA UNA MIERDA Y LA VENDERÍA EN CUANTO PUDIERA!

Pero a esas alturas, pensar en que regresaría era ingenuo… ¡¿qué podía hacer? ¡Debía sacarla de ahí! Si su padre volvía sin Alasdair, inmediatamente mandaría por Jones para formalizar el compromiso, se casarían… ¡tal vez hasta se la llevaría a Estados Unidos! ¡NO! No, no, no podían apartarla de él, ¡No lo aceptaba!

Antes de pensar en algo más, ya estaba entrando a la habitación de la ojiazul, encontrándola sentada en su sillón cercano a la ventana y leyendo la novela que le dedicó

-¿Arthur? – le miró con ligera curiosidad- ¿Pasó algo?

-¡Vamos! Saca tus maletas y empaca un poco de ropa, ¡tenemos que irnos!

-¿De qué hablas?

-¡No es momento para hacerte la tonta! – cerró la puerta con seguro por si llegaban antes y querían sacarla- ¡Rápido! ¡Haz lo que te digo!

-¿Por qué? ¿Qué sucede? ¿A dónde vamos?

-¡A donde sea! – se acercó de prisa- ¡¿No lo entiendes? ¡En cuanto llegue, te obligará a casarte y a tomar posesión de la herencia!

-¿Quién?

-¡Papá, ¿quién más? – estaba histérico. No podía pensar bien - ¡Empaca de una maldita vez y deja de hacer preguntas idiotas! ¿No entiendes? – ya no medía lo que decía - ¡Sin Alasdair, tú eres la heredera de todo!: tendrás que casarte, dirigir la empresa y fingir que ésta es la vida que siempre quisiste tener, ¡Te ahogarás hasta que ya no puedas más, resignada a convertirte en una estúpida muñeca que manejarán como quieran! ¡¿Ya entendiste? ¡Deja de perder el tiempo y empaca AHORA!

Perdió el aire en esas palabras, teniendo que inhalar y exhalar con lentitud para no caer desgastado. Trataba de mirar con furia a su hermana, pero sentía trasmitirle más angustia, temor y frustración, ¡no quería asustarla! ¡Sólo que entrara en razón y que…!

Pero las suaves manos de ella, jalándolo hacia sí y abrazándolo con tanta calma, detuvieron el remolino de emociones que lo estaba consumiendo. Por la posición cayó de rodillas, recargando involuntariamente la cabeza sobre su pecho, llenándole de golpe su dulce olor, su calor, esa sensación de que nada más existía ella y su paciencia

La estrechó por la cintura, aferrándose tanto como podía

Sólo quería pasar el resto de su vida así

-Tranquilo –susurró con suavidad, como un canto – No te preocupes, todo saldrá bien

-… no quiero verte sufrir

-Ya lo sé

-Te amo – murmuró quedamente -… lo he… hecho desde que puedo recordarlo… y ya no lo soporto… ¡no puedo dejar que te hagan esto! ¡Solamente quiero sacarte de aquí y cuidarte por el resto de mi vida! ¡Quiero hacerte feliz! ¡¿Acaso eso es tan malo? ¡¿De verdad no puedo hacerlo?

-Lo estás haciendo justo ahora, Arthur

El siguiente beso que sintió sobre los labios, tan frágil, dulce y espontáneo, alejó cualquier inquietud o temor que pudiera acecharlo

No sabía exactamente cómo, pero lo que había soñado desde niño estaba sucediendo: Gwyneth, a través de ese contacto, le demostraba que era correspondido, que lo amaba igual que él, que lo quería como a nadie más en el mundo

Y de ese modo, todo tuvo sentido: las palabras mudas, las miradas discretas, las sonrisas, los juegos, las confidencias, esas frases de a mor que una a una le dedicó en aquella novela. El mundo pareció brillar, todo tomó un lugar, y entonces la vida cobró un verdadero valor

Los tímidos besos que le siguieron, las vergonzosas caricias, los ligeros jadeos que ya comenzaban a emitir formaron de pronto un escenario donde sólo ellos estaban, demostrándose una nueva clase de amor que los mantendría unidos por sobre todas las cosas

De alguna manera que no recordó, ya estaba en la cama, él encima y ya deshecho el obstáculo que representaba la ropa. Besándola en el cuello, sus manos se aventuraron en explorar la blanca piel de su busto, de su vientre, de las perfectas caderas que sentía palpitar bajo su palma. Trataba de ser precavido, siguiendo despacio y dejándose llevar únicamente por lo que su hermana parecía disfrutar

Ansioso de continuar, su boca pasó a la clavícula, el valle entre sus pechos, donde lamió uno con travesura y delicadeza, deleitándose con los jadeos que salían de sus rosados labios; de ahí pasó a su estómago, deteniéndose en su ombligo, el cual besó con atrevimiento mientras sus manos se ocupaban de seguir masajeando el busto. Ella suspiraba, jadeaba, se retorcía con gracilidad y pudor al tiempo que sus mejillas se encendían de rojo vivo. Tal visión le arrancó una sonrisa tierna, comprensiva, maravillado de tener la oportunidad de mirarla así

Avanzó en su recorrido. Besó el plano vientre despacio, tratando de despertar ansias, cosa que logró, pero cuando pasó a lamer el interior de su muslo, alejándose y acercándose a la zona predilecta. Sabía que lo que ella quería, también que no lo diría por vergüenza, aunque el movimiento de su pelvis y las caricias que le daba en el cabello le daban la clara señal

De un momento a otro, su lengua asaltó su intimidad. La ojiazul jadeó con fuerza, respondiendo con temblores y más caricias… no supo si eran para alejarlo o no, pero lo excitaron a niveles insospechados. Fue entonces que inició una tanda de lamidas atrevidas, rápidas, lentas, profundas y superficiales, sólo queriendo recorrer más; tales acciones, en pocos minutos, tuvieron el fruto esperando, haciéndole sonreír mientras tomaba los jugos que salían de ella

Cuando se recuperó, la ayudó a incorporarse y a sentarla sobre sí, abrazándola por la cintura, aferrándola cuanto pudiera. Gwyneth respondió abrazándose a su cuello y besándolo con ternura sin parar de suspirar. En segundos, ya había entrado con cuidado en su interior, esperado un poco antes de comenzar el movimiento; en esos momentos, compartía con ella un larguísimo beso lento, dulce, apasionado, pero amoroso…

Dios, la amaba, no tenía la mínima duda de eso

Al recibir una indicación de ella, inició un firme vaivén que ambos siguieron bastante bien, y que incluso aumentaron al unísono

El acto culminó con lo esperado: se corrió completamente en su interior al tiempo que ella, por lo que el impacto del orgasmo los dejó sin aliento varios minutos, cayendo despacio sobre el colchón y respirando con dificultad…

Él fue el primero en recuperar cierta coordinación, la cual usó para salir con cuidado de su interior y acomodarse a un lado, mirándola con extrema ternura; tenía una sonrisa que no pasó de a desapercibida por la rubia, quien respondió del mismo modo. Intercambiaron una mirada y se atrevió a acariciarle despacio la mejilla, definiendo la curvatura de sus labios con le pulgar…

Sin embargo, cuando estuvo a punto de abrir la boca para decir algo, el sonido de un carruaje los alertó: su padre había vuelto

Bloody Hell! – susurró mientras se levantaba y vestía a toda velocidad - ¡Rápido! Empaca lo necesario y alístate, ¡voy a sacarte de aquí!

-No puedes hacerlo – también estaba poniéndose su traje

-¡JA! ¡Mírame y verás cómo en 5 min. estaremos partiendo hacia Francia!

-¡Arthur! – le llamó con fuerza, lo que le obligó a observarla –No todo es tan simple como crees

-Ya lo sé, ¡pero no pienso dejar las cosas así!

-No te estoy diciendo que lo hagas- suspiró –Tengo asuntos que arreglar antes

-Pero si no nos vamos, no te dejarán salir, ¡quizá hasta Jones ya está ahora mismo en la sala!

-Puede ser

-¡¿Es todo lo que vas a decir?

-Es mejor que te vayas

-¡No te dejaré sola!

-No voy a explicártelo ahora – de su escritorio tomó una hoja, escribió algo y se la dio – Vete de la mansión y hospédate en ese hotel Russell por esta noche. Sigue las instrucciones que acabo de escribirte

-¡¿Por qué no quieres que me quede? ¡¿Acaso no deseas que vea a papá y le explique de una jodida vez que no permitiré que te cases? ¡NO SOY UN COBARDE! ¡Le diré todo lo que pienso en su cara!

-¡Deja tu estúpida histeria y escúchame! – ordenó, ya hastiada de su actitud- No me importa si no lo entiendes, ¡sólo haz lo que te digo!

Quiso protestar, ignorar por completo su falta de pánico, pero cuando hablaba así, no tenía opción más que obedecerla… y no era que desconfiara, pues en el pasado sus órdenes siempre habían conducido a indiscutibles victorias, sin embargo…

-Vete…

No podía oponerse

Chistando y frunciendo el ceño con obvia molesta, caminó a la puerta sin mirar atrás, apretando con ira el papel recién entregado. Al salir y visualizar la ruta más segura para llegar al patio trasero, se apresuró en ejecutarlo

Los gritos que resonaban a cada momento lo hacían dudar… pero su hermana era inteligente y no actuaría sin tener un plan de reserva. Debía confiar en ella

Todo saldría bien… pronto la vería y se irían, como Alasdair… ¡serían libres!

Debía confiar, debía confiar

-¡GWYNETH! ¡VEN AQUÍ DE INMEDIATO!

Debía confiar… pero le temblaban las manos


Miró el enorme reloj sobre su cabeza por enésima vez… e igual que en esas ocasiones, solamente había avanzado 5 segundos. Marcaba las 8:00 am. y el tic tac no dejaba de sonar

A su alrededor, el mundo ya estaba más que vivo: personas con equipajes caminando, cargadores, policías, gente que iba y venía, niños llorando, guardias pitando sus silbatos, humo y ruido de las locomotoras que caracterizaban la estación de trenes de Londres. Ya llevaba ahí 10 min. y juraba que iba a entrar en paranoia

El día anterior, en cuanto llegó al hotel indicado, tuvo la calma suficiente para leer la nota, la cual indicaba que la esperar en la estación, a las 8:00 am., sumado la expresa orden de que comprara sólo un boleto hacia su actual residencia

Lo primero que pensó fue que se iría con él… pero sonaba raro lo del único boleto, ¿no era más sencillo comprar los dos para no perder tiempo? A menos que no fuera su intención acompañarlo, ¿pero de ser el caso, para que le habría pedido esperarla? ¿Lo iba a rechazar? ¿No hubiera sido más fácil hacerlo en su dormitorio, evitando también lo que h-hicieron?

Dios, recordarlo lo coloraba como un tomate, ¡aún n-no podía c-creer que ellos…! Ah~ parecía un sueño hecho realidad: había sido tan dulce, especial, excitante~. Si vivían juntos, todos los días podrían… ¡Ahhhhhhh! No, ¡no era hora de recordar eso! ¡Concentración, concentración! ¡No era un pervertido para pensar en ello a cada momento!

¡E-El punto era que tenía que aguardar! Y eso hacía justo ahí, temiendo lo que pudo haber sucedido el día anterior: su padre y Gwyneth tenían un carácter muy diferente, pero cuando su hermana explotaba y se enfrentaba a la bomba de su progenitor, sólo se generaba una cosa

Caos… completo caos…

Que miedo… sin embargo, se olvidó de eso cuando, entre la multitud, distinguió una hermosa y clara cabellera rubia, ¡E-Era ella! ¡En serio había llegado! Quería correr a abrazarla, aunque se contuvo: ya habría tiempo para eso más tarde

Vestía un conjunto sencillo de sombrero, capa y vestido color morado, ¡pero se veía preciosa! Y más con esa tranquila sonrisa que le dirigió al verlo

-Buenos días, Arthur – saludó cuando llegó hasta él -¿Has esperado mucho?

-¡B-Buenos días! –respondió con entusiasmo- ¡Y no! Acabo de llegar

-Me alegro: por un momento creí que tardaría porque Bryan y Ryan no saben manejar adecuadamente un carruaje

-¡¿Qué? ¡¿Ellos te trajeron?

-Sí, pero se acaban de ir. Te mandan muchos saludos y un mensaje – carraspeó un poco, como si fuera a imitar sus voces – "Ya te habías tardado, ¡nuestro niño ya creció! Pero cuídate de los pederastas"

No podía creer que esos hubieran… ¡¿y qué clase de recado era ese?

Le hizo una señal para que empezaran a caminar hacia los trenes, a lo que obedeció sin chistar

-¿Cómo te fue ayer?

-Bien

-… ¿sólo "bien"?

-Lo necesario…

-¿Qué sucedió?

-No mucho – hablaba sin interés –Renuncié al apellido, a la herencia, a la compañía, al matrimonio… y claro que no recibiré ni una libra de mi dote… en pocas palabras, ahora sólo soy Gwyneth

-… ya veo

Y dejó el tema, pues ya sabía lo necesario y lucía satisfecha, así que no importaba. Sonrió feliz, tranquilo de que ahora todo iría bien

De pronto visualizó el tren de la salida 6

-¡Mira, ese es! –señaló en emoción- ¡Parece que ya están abordando! ¡Apresurémonos!

La tomó de la mano para caminar más a prisa… pero sintió una tajante resistencia…

Ella no lo estaba siguiendo

-¿Gwyneth?

-Ese es mi tren –indicó el de la derecha, la salida 7

-¿Q-Qué? Pero si va a Gales…

-Lo sé…

-Arthur, no iré contigo

-Ah, entiendo – habló ensombrecido, sintiendo como la decepción iba creciendo –Dejas que me confiese, que te demuestre mi amor, me alientas, ¿y al final vienes a restregarme que fui un estúpido por creer que nosotros podríamos tener un futuro juntos?

-No es así

-¡Claro que sí! –alzó finalmente la voz. Gracias al ruido general nadie les prestó particular atención- ¡Si pensabas rechazarme, lo hubieras hecho antes de que me demostraras exactamente lo contrario! ¡¿Qué querías que dijera luego de…?

La oración se cortó, pues lo había callado besándolo…

… maldita sea, cuando hacía eso no tenía manera de escapar de su hechizo

-No estoy rechazándote- dijo dulcemente cuando se separó –No deseo nada más que estar contigo

-¿Entonces por qué…?

-Quiero aprender a ser libre…

¿Eh?

-Por ser los mayores, Alasdair y yo compartimos muchas angustias –suspiró –Al estar atado a una vida donde había que cumplir con un papel, nunca nos atrevimos a desear nada más de ello… siempre había algo que nos retenía cuando contemplábamos escapar: él, su posición como primogénito; yo, la estabilidad emocional de todos mis hermanos

-¿Nosotros?

-Si yo me iba antes… las esperanzas de Alasdair de una vida mejor se esfumarían… tenía que permanecer cerca para enfurecerlo, tentarlo para que finalmente se dignara a escapar. Lo mismo con ustedes, como una reacción en cadena: si veían que el mayor, con toda ese ira retenida, se sometía sin protestar, y sin alguien que ofreciera cierta estabilidad emocional, llegarían a pensar que así era el mundo, que no valía la pena luchar por algo más… por eso no hice nada hasta que Alasdair dio el primer paso: a través de mí, y de las respuestas que siempre esperó, pudo irse

No sabía que… decir…

-Y al partir, los gemelos recuperaron su innata rebeldía hacia los protocolos, tú te aventuraste a ir más allá de tus expectativas, y yo puedo al fin ser libre…

-… podemos serlo juntos…

-Lo seremos… pero no todavía –entrecerró la mirada – Yo… no sé nada de la vida, ni de mí… quiero aprender a vivir mi libertad… y cuando lo haga, te la entregaré completamente a ti

-… lo entiendo… y lo respeto… pero te esperaré, ¡no te librarás de mí con tanta facilidad!

Sonrió radiante

-Nunca querría eso

Pitó el guardia del andén 7, indicando que ya partiría

-Me voy

-… de acuerdo

Un apretón de manos fue lo que selló aquella promesa

La vio avanzar hasta el tren y abordar… aunque no entró: se quedó en la entrada, mirándolo con esa sonrisa que lo hacía confiar

Partió, y todavía ella estaba ahí cuando pasó. El movimiento del viento hizo que su cabello se meciera, que el holán de su vestido bailara, y la combinación de luces de la mañana le dieron a sus pupilas un brillo hermoso

Pronto su figura se perdió a la distancia, siendo escoltada por el cielo azul y las interminables vías de acero…

"Y cuando la vio partir, supo que era el comienzo"

… sonrió…

El inicio de una gran obra acaba de empezar…