Ya próximo el atardecer Elicia se encontraba en el pozo que estaba no lejos de su casa, llevando consigo cubo tras cubo de agua. Eran pesados y le costaba trabajo cargarlos todos, pero como cada uno alcanzaba para más de dos litros se dio cuenta de que ya no le faltaba mucho, solo esperaba que el pozo no se secara antes de acabar, ya que era viejo y no sabía cuánto más podría aguantar. De todos modos, finalmente hizo las cuentas y vio que ya tenía los treinta y cinco litros que le hacían falta. Decidió que debía guardar todo en la bodega que tenían junto a la casa, la cual había sido construida cuando ella tenía alrededor de siete años y a la cual nunca espero encontrarle algún uso, pero le serviría mucho ya que no contaba con un sótano como el que tenían los hermanos Elric.

Ya teniendo lista el agua decidió que lo próximo debía ser la sal, no fue difícil, en la alacena había un saco de más de cinco kilos, su madre no notaria que faltaba solo un cuarto de kilo.

El resto de los ingredientes podrían suponer un problema mayor, ya que no estaba segura de encontrarlos en el pueblo. Decidió que lo mejor era ir y averiguarlo por su cuenta. Se valió del dinero que tenía ahorrado, no uso el que su madre le había dejado puesto que si gastaba demasiado ella podría sospechar. Caminó hacia las tiendas que había en la ciudad y comenzó a buscar farmacias, tiendas que vendieran herramientas o fertilizantes, ya que era allí donde podría encontrar los compuestos que le hacían falta.

Ella era muy conocida por varios de los dueños de tiendas, ya que siempre iba con su madre cada vez que necesitaban hacer las compras, ya fuera algo para el almuerzo, herramientas para arreglar muebles de la casa o libros que la chica pudiera necesitar para sus lecciones de alquimia, así que podría estar segura de que podría recibir ayuda en caso de no encontrar algo.

Comenzó por la tienda del señor Williams, que vendía artículos de jardinería, incluyendo abono fabricado por él mismo. Le daba mucho asco tener que tocar una bolsa llena de estiércol, pero no tenía otra opción. Entro a la tienda con toda calma, donde la recibió el vendedor. El señor Williams era un hombre de mediana edad, de bigote y amplias cejas, que casi siempre vestía con ropa de trabajo, ya que cuando no estaba ocupándose de la tienda trabajaba en su jardín y fabricaba su propio fertilizante orgánico. No bien vio a Elicia la recibió muy sonriente.

Señor Williams: Ah, la pequeña Elicia Hughes, tiempo sin verla señorita ¿Cómo has estado?

Elicia: -se acerca al mostrador- Muy bien gracias, ha pasado tiempo sin venir aquí

Señor Williams: Es verdad, ¿Qué edad tienes? La última vez que te vi eras mucho más joven y venias de la mano con tu madre

Elicia: Quince, pero ya pronto será mi cumpleaños

Señor Williams: Y dime ¿Qué te trae por aquí?

Elicia: Necesito comprar un poco de su fertilizante orgánico

Señor Williams: No me digas, tu madre necesita que sus flores crezcan más hermosas. Entonces ¿Cuánto necesitas?

Elicia: Unos diez kilos estará bien

Señor Williams: Muy bi… -la mira- ¿Diez kilos? ¿Para qué necesita tanto? Con una bolsa pequeña alcanza para todo el jardín

Elicia (nerviosa): Bueno… es que… es que… m-mi mamá quiere obsequiarle a todos los vecinos y también a algunos familiares… sabe que usted trabaja muy bien y que el abono que fabrica es increíble para hacer crecer las plantas, también verduras, y mi mamá tiene también muchas amigas a las cuales les encantaría usarlo en sus flores -se ríe nerviosa-

Señor Williams: Oh muy bien, en ese caso no tengo problema. Iré por ellas aquí atrás, no tardo -se va-

Elicia pudo volver a respirar aliviada, debió haber sabido desde un principio que el comprar tanto podría causarle problemas y que el vendedor podría sospechar. Sabia además que llevar tantas bolsas ella sola sería imposible, por eso fue que más tarde el señor Williams, junto con su hijo que lo ayudaba en la tienda, la ayudaron llevando los sacos en un solo viaje usando un pequeño carro tirado por un burro. La chica estaba muy agradecida por la ayuda, y tras pagar todo se encargó de extraer el amoniaco necesario. El fertilizante olía horrible, y las bolsas juntas olían como a un establo repleto de vacas. La pobre Elicia debió contener sus ganas de vomitar y comenzar a trabajar de inmediato.

Como necesitaba el amoniaco en forma líquida utilizo una pequeña maquina condensadora que había en la bodega. Su madre la utilizaba en las estaciones de menos lluvia para condensar la niebla que entraba por el norte, y así poder sacar de ella el agua que necesitaba para la casa. Era una idea maravillosa, pero sabía que no era rápido hacerlo, así que comenzó de inmediato.

Tras horas de trabajo apaleando el estiércol, las cuales debió pasarlas con guantes, mascarilla y un traje de jardinería, finalmente pudo condensar suficiente amoniaco en estado gaseoso como para poder llenar cuatro botellas de un litro cada una. Fue un trabajo largo, pesado y muy sucio, pero finalmente lo habría logrado. Estaba feliz ya que ya tenía tres ingredientes de la lista, pero aun faltaba mucho. Se pudo dar cuenta de que era algo tarde y que no había comido casi nada en todo el día, así que no bien entro a la casa tomo un baño y se dispuso a preparar la cena. Comió rápido y luego de eso fue a seguir buscando mas ingredientes. El tiempo corría y ya había pasado casi un día completo, así que debía darse prisa.

En el taller de automails de los Rockbell, Winry se encontraba trabajando en una nueva prótesis de brazo junto a su abuela Pinako. Winry había crecido mucho y los años le habían hecho muy bien, se había convertido en una joven mujer muy hermosa y su talento como ingeniera había florecido luego de años de estudio y la aplicación de nuevas técnicas, materiales, herramientas y diseños. Su abuela se sentía muy orgullosa de ella, ciertamente podría ser una buena sucesora cuando ella ya no estuviera.

Ron, el perro de la casa que era además hijo de Den, dormía en la alfombra de la sala cuando de pronto algo lo despertó. Comenzó a ladrar en dirección a la puerta, cosa que alerto tanto a Winry como a su abuela, y fueron a ver quién era. Cuando abrieron vieron a Elicia, la cual lucia un poco asustada por el comportamiento del perro. Winry lo tomo por el collar para que dejara de hacer escándalo y saludo a la chica.

Winry: Lo siento Elicia, Ron tiene el mal habito de ladrarle a todo el que se acerca a la casa, Den era igual

Elicia: Lamento venir a esta hora, es que necesito ayuda con algo

Winry: Seguro, nos encantaría ayudarte, pasa por favor

La chica entró luego de que Ron se calmara un poco y las tres se sentaron en el comedor. No estaba segura de qué explicación inventar para lo que necesitaba, pero sabía que solo en la casa de los Rockbell podría encontrarlo.

Pinako (con su pipa en la boca): -exhala algo de humo- Entonces jovencita ¿Qué es lo que necesitas pedirnos?

Elicia: Pues… se que aquí usan carbono para la aleación de metales para los automails ¿no es así?

Winry: Así es, lo hemos usamos desde siempre para los automails hechos de acero, los que Ed usaba también fueron hechos así ¿Por qué?

Elicia: Es que… quería saber si podrían prestarme alguna cantidad… verán, tengo una… vecina que tiene problemas estomacales y digestivos y necesita tabletas de carbón para aliviarse. Necesitaba pedirles que me prestaran unos veinte kilos más o menos…

Winry (con los ojos muy abiertos): ¡¿Veinte?!

Pinako (calmada): Niña por favor… no es correcto gritar

Winry: Lo lamento abuela, pero… ¿para qué tanta cantidad? ¿Qué clase de problemas tiene tu vecina?

Elicia: Muy graves… ha intentado de todo para poder calmar sus problemas de gases y de estómago, pero nada sirve, le recomendaron esas tabletas para mejorarse y necesita mucha cantidad… lo siento si puede parecerles excesivo

Winry: Elicia, eres muy buena al preocuparte así por los demás, pero…

Pinako: Nada de peros, Winry, ve y tráele a Elicia el carbón que necesita, ya veremos cómo obtener más para los automails que debemos fabricar esta semana

Winry no estaba muy segura, pero sabía que lo mejor era escuchar a su abuela cuando ésta decía algo. Fue a la parte de atrás de la casa donde era que guardaban todo lo necesario para fabricar automails nuevos. En una gran caja de madera cubierta con una lona había bastante carbón, suficiente para que Elicia pudiera llevarle a su vecina. Obviamente era muy pesada para que la chica la llevara sola, así que Winry la ayudo a llevarla hasta su casa llevando ambas un extremo de la caja. Apenas llegaron, la dejaron en la puerta.

Winry: -se soba la espalda- De acuerdo Elicia, aquí hay más que suficiente, espero que a tu vecina le ayude mucho

Elicia: Te lo agradezco, empezaré a hacer las tabletas ya mismo

Winry: ¿Quieres que te ayude a hacerlas?

Elicia: ¡No! Es decir… no es necesario, ya me ayudaste bastante, es mejor que vayas a casa, seguro tienes mucho trabajo que hacer -trata de sonreír-

Winry (un poco extrañada): De acuerdo… bien, entonces nos vemos luego Elicia, cuídate mucho -se va-

La joven de cabello rubio se alejaba de la casa de la chica, y sin que ella lo notara veía como movía la caja llena de carbón hacia una bodega justo al lado de la casa. Winry había notado que Elicia sonaba y se veía nerviosa, sin mencionar que la cantidad de carbón que necesitaba era demasiada para solo una persona, con todo eso podría curar del estómago a una familia entera. No entendía bien lo que pasaba y eso no le gustaba nada, pero debía confiar en ella, después de todo la conocía desde hacía años y sabia que no le mentiría, así que sin mas siguió caminando para llegar pronto a casa.

Ya con la caja de carbón guardada con las demás cosas Elicia saco un papel del bolsillo de su vestido y vio que ya tenía cuatro ingredientes, pero aun hacían falta otros siete. Ya era de noche y seguramente las tiendas ya estaban cerradas. Decidió que lo próximo que buscaría seria el silicio, ya que sabía bien como podía obtenerlo sin gastar dinero.

Usando una linterna se dirigió al parque del pueblo, normalmente atestado de niños y sus padres, pero que a esa hora estaba desierto. Busco entre los juegos y encontró el que buscaba… la caja de arena. Sabía bien, gracias a lo que había estudiado junto a Ed y Al, que la arena contenía óxido de silicio y que el silicio podía obtenerse si éste era calentado en un horno eléctrico. No bien estuvo ahí uso una pala para llevarse un poco de arena, ya que sólo necesitaba tres gramos de silicio. Camino a casa revisó su lista y vio que también necesitaba hierro, fue ahí que se detuvo en seco…

Elicia: Ugh, pero que tonta, pude haberle pedido a Winry que me prestara un poco también, pero si voy con ella puede que sospeche sobre por qué le estoy pidiendo cosas tan extrañas a estas horas de la noche… tengo que pensar en algo

Fue entonces que se le ocurrió utilizar artefactos y cosas que pudiera encontrar en casa. Corrió para volver lo antes posible y entró a la cocina. Buscó entre las ollas y sartenes de su madre y pudo encontrar un viejo caldero que estaba hecho de hierro, un regalo de su abuela cuando sus padres se habían casado, ya que sabía que Gracia era una cocinera muy buena. Trataría de cuidarlo lo mejor posible, ya que sabía que era importante para su madre.

Llevó lo que tenia recolectado a la bodega. Allí preparó el horno viejo que habían guardado luego de haber comprado el nuevo, el cual aun funcionaba perfectamente pese a los años en desuso. Introdujo la arena y en poco tiempo había conseguido extraer el silicio, el cual guardó en una pequeña botella para no perderlo. Usando una lima de hierro raspó uno de los bordes del caldero, consiguiendo que cayera de éste un polvo grisáceo y algo brillante, el cual guardó en otra botella.

Ya llevaba seis ingredientes, sólo faltaban cinco. Se fijó en el reloj de la sala y notó que ya era casi medianoche. Había estado trabajando y recolectando los componentes que necesitaba desde hacía horas y su cuerpo le pedía descanso urgentemente. Decidió que buscaría un último ingrediente y después se iría a dormir.

Pensó que la cal viva no sería difícil de obtener, buscó entre las herramientas guardadas en la bodega y vio que tenían una pequeña caja de cal, lo cual era fantástico, el único problema era que no había suficiente, ya que pesaba solo cuatrocientos gramos y necesitaba kilo y medio. Pensó de dónde podría sacar más y pensó en uno de sus vecinos. El señor McArthur siempre estaba trabajando hasta muy tarde en su taller de carpintería y entre sus trabajos estaban la construcción de muros y casas, los cuales necesitaban ser encalados para su conglomeración. Seguramente él podría darle la que le hacía falta. El único problema era que junto con trabajar además amaba beber, sólo esperaba no encontrárselo ebrio o algo peor.

Elicia se dirigió entonces a la casa del señor McArthur, la cual quedaba a solo unos quinientos metros de la suya, así que sería un viaje muy rápido. Cuando llegó el radio estaba encendido a todo volumen y todas las luces encendidas , como si hubiera una fiesta, aunque era obvio que no había nadie más que el dueño de la casa. Elicia había oído decir a su madre que el señor McArthur tenía la costumbre de embriagarse y luego pretender que había una gran fiesta en su casa, así que ponía música y comenzaba a bailar por todas partes hasta caerse y despertar a la mañana siguiente con una terrible resaca. A veces despertaba en lugares extraños cuando se le ocurría salir de su casa… por ejemplo en la puerta de la de Gracia y su hija.

Elicia entró con cuidado y se lo encontró tirado en el sofá con una botella de cerveza en su mano, roncando sonoramente. La chica se sentía un poco mal despertándolo, pero sabía que tenía que hacerlo. Comenzó a tocarle la cara varias veces, gritó en su oído, pero no le respondía, así que finalmente optó por taparle la nariz hasta que finalmente despertara por la falta de aire… y funcionó. El pobre hombre despertó con un dolor de cabeza horrible y con la vista borrosa, de hecho le costó poder ver a la chica que estaba de pie a su lado.

Elicia: Señor McArthur… ¿le importaría ayudarme con algo?

Le habló con tono dulce y amable, ya que sabía que él siempre tuvo un carácter de cuidado, sobre todo luego de beber, pero tuvo suerte ya que esta vez parecía estar de buen humor.

Señor McArthur: -se lleva una mano a la cabeza- Ah, eres tú Elicia… dame un segundo, solo… deja que me ponga de pie

Luego de casi un minuto finalmente el pobre tipo pudo pararse correctamente, buscó sus lentes y apenas pudo limpiarlos un poco se los colocó y pudo enfocar bien la vista otra vez. La chica siempre le sonreía cuando lo visitaba, pero esta vez su sonrisa era aun mas grande, obviamente porque necesitaba pedirle un favor muy grande.

Señor McArthur: De acuerdo linda… dime qué necesitas

Elicia: Es un favor muy importante para mí, necesito que me preste un kilo de cal viva, de la que usa en sus trabajos de carpintería

Señor McArthur: Ya veo… ¿tu madre necesita ayuda con una pared? Yo puedo ir y arreglarla muy rápido

Elicia: Es que ella por ahora no está en casa, salió de la ciudad para asistir a la boda de mi tía, y no, por ahora no necesitamos ninguna reparación en casa

Señor McArthur: ¿Entonces para qué necesitas la cal?

Elicia: Bueno… siempre es útil tener un poco guardada, no quería molestarlo pero las tiendas ya están cerradas a esta hora, y si algo ocurre en casa mientras mamá no está quiero poder resolverlo sola

Señor McArthur: -sonríe- Eres una buena chica, tu padre estaría feliz de ver lo buena hija que eres

Elicia: -baja la mirada- Si, eso lo sé bien

Señor McArthur: Perdóname… no quise herirte, ya sé que aún lo extrañas

Elicia: No se preocupe, a veces es como si él siguiera conmigo

Señor McArthur: Me parece bien. Dame un momento, iré por un paquete que tengo guardado allá atrás -se va-

La pobre chica estaba notablemente melancólica luego de oír mencionar a su padre, sabía que intentar devolverlo a la vida era antinatural y aberrante, pero ahí estaba ella, en la casa de un vecino pasada la medianoche con tal de conseguir un ingrediente necesario para poder lograr una transmutación que le permitiera quizá tenerlo con ella otra vez. No paraba de pensar en lo que Ed diría si se llegaba a enterar de lo que estaba pensando hacer, pero ya tenía casi todo lo necesario para comenzar la transmutación y no podía echarse para atrás tan pronto.

Cuando el señor McArthur volvió con el paquete de cal viva que Elicia necesitaba, la chica se lo agradeció y volvió a casa para dejarlo dormir. Entró nuevamente a la bodega y dejó el pequeño paquete junto al resto de la cosas que había podido conseguir durante el día. Sacó su lista y vio que solo hacían falta otros cuatro ingredientes. Las cantidades no eran muchas y consideraba que podría encontrarlos en poco tiempo. Por el momento, sentía que necesitaba dormir, pero no sin antes volver a ver la foto que adornaba su mesita de noche en donde aparecían ellos tres. La miró con profunda nostalgia y pensó nuevamente en si estaría haciendo lo correcto o no al tratar traerlo otra vez a la vida, esperaba poder obtener buenos resultados de lo que estaba haciendo, no quería terminar igual que Ed y Al, pero tampoco quería pasar toda su vida pensando en que podría haber hecho algo pero que por miedo no fue capaz de intentar.

Esa noche Elicia durmió tranquilamente y no soñó nada, solo abrazaba la foto de su familia mientras la apretaba contra su corazón, esperando pacientemente porque comenzara otro día y poder seguir con su trabajo.

CONTINUARÁ…