En este capi es algo corto, en comparación a los demás, vemos las vacaciones de la Familia Yagami en la gran manzana y los resultados después de éstas, además de la aparición de un digimon que quiere lastimar a los elegidos. Un ligero break antes de empezar con el menjurje del asunto.

Hijos de los elegidos

Daichi, Juni y Tsuki. (14, 9 y 2 años) Hijo e hijas de Taichi y Mimi

Aiko, Yuujou y Fuyu. (14, 11 y 2 años) Hija e hijos de Matt y Sora

Chikako y Kazuyo. (14 y 11 años) Hijas de Koushiro y Mayumi

Akari, Kotaro, Saki y Kibou. (15, 15, 14 y 3 años) hija, hijos e hija de Takeru y Hikari

Amai y Shousha. (15 y 3 años) Hija e hijo de Iori y Hiromi

Miyu, Kenshi e Isamu. (15, 11 y 4 años) Hija e hijos de Yolei y Ken

Yori, Yume y Tenshi. (15, 13 y 2 años) Hijo, hija e hijo de Davis y Noriko

Shun, Souta y Katashi. (16, 16 y 13 años) Hijos de Joe y Momoe

*Ami. (15 años) Hermana menor de TK y Yamato Ishida

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Capítulo 4: En las buenas, en las malas y en las peores

"El matrimonio es una barca que lleva a dos personas por un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hunde."

-León Tolstoi

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La gran manzana es conocida por todos los humanos, a decir verdad es que era uno de los lugares más luminosos, y por supuesto costosos del mundo entero. Pero eso sí, tenía muchas partes en las cuales gozar de un buen entretenimiento. Una de entre muchas cualidades de esta ciudad es que era la sede central de la Organización de las Naciones Unidas, lo que la convertía en un punto de relaciones internacionales, y situándose justamente allí, esa semana, algunos embajadores se reunirían para ser testigos de un nombramiento especial.

-Aquí hay edificios más altos que en Japón. –musitó ahombradamente Daichi.

-Sí, casi tocan las nubes. –prosiguió Juni, captando con una cámara cada parte de ese lugar. Era claro que ya casi se le acababa la memoria a ese aparato por haber tomado tantas fotografías de tantas nubes que vio en el viaje por avión.

-Ha cambiado mucho desde la última vez que estuve. No puedo creer que por fin estemos aquí. –comentó en un suspiro, siguiendo a sus hijos asomándose por la ventana de ese hotel que daba directamente una vista espectacular de toda la ciudad.

-¿Les gusta? –preguntó Taichi mientras salía también a ese balcón.

-Sí. –gritó emocionadamente la pequeña Tsuki. –Es bonito.

Taichi no se quedó con las ganas y cargó a su pequeña con la más paternal de las delicadezas al igual como en su tiempo lo hizo con Juni y como lo hizo con su adorable hermana Hikari.

-Muchas gracias por traernos, mi amor. –se acercó Mimi.

-Fue un placer, no quería estar sólo con Agumon una semana. Después de todo, así disfrutamos más de nuestro nombramiento, ¿verdad Agumon? –comentó, buscando a su compañero, para darse cuenta que ya estaba echado en la cama. –Nunca cambiará.

-Déjalo, ha sido un viaje muy largo para ellos, lo mejor será llevarlos a la habitación, descansamos un poco, y salimos a dar la vuelta, ¿te parece? –propuso Mimi

-Me parece perfecto. –consintió el diplomático mientras se acercaba a su esposa y besaba tiernamente sus labios, aún con Tsuki en sus brazos.

Así fue como la familia Yagami Tachikawa empezó sus vacaciones en New York, sin saber, que la estabilidad de sus vidas estaba en peligro.

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En un lugar apartado al digital y al real, un grupo de digimons estaban completamente preparados y al tanto de las órdenes de su amo.

-Por esta ocasión tenemos que actuar con cautela, sin levantar la más mínima sospecha. Recuerden que desde la última batalla, las entradas y salidas a la tierra están controladas y seguidas. Más les vale no arriesgarse. –estableció Dark.

-Da igual… ¿qué pueden hacernos? –preguntó burlonamente uno de los digimons que se encontraban allí.

Ese comentario le pareció tan más fuera de lugar en todo sentido.

-¿Que qué nos pueden hacer?... sabes a la perfección que ellos así en el grado de pureza e inocencia que tienen los hijos más pequeños pueden expandir sus poderes más allá de lo conocido. Tenemos que acabar con ese poder a como dé lugar. –sentenció. – Con la destrucción de una Piedra Sagrada, el día de hoy ha habido una pequeña curvatura entre los mundos, su deber es traerme a los portadores de la semilla de la oscuridad.

-Pero quienes portaban esa semilla ahora la han transformado en semillas de la esperanza, ¿cómo funcionará?

-Tráiganlos, y también al ser a quien le he dado la mitad de mis datos. Los necesito. –dicho esto, Dark se marchó a descansar, aún no renacía del todo, pues para hacerlo necesitaba a un inocente ser, en quien lamentablemente, había dado la mitad de sus poderes sin planearlo en la última batalla.

¿Cuál sería el plan de todo aquello?, ¿venganza, rencor, justicia?... lo que fuera, iba por buen camino, y a pesar de haber cuidado las Piedras sagradas que ya habían sido rehechas, nuevamente comenzaban a sufrir cambios en el Digimundo… la pregunta era porqué, después de todo, se suponía que el mismos Koushiro había sido el responsable de vigilar día y noche la estabilidad de ambos mundos para que no ocurriera otra desgracia.

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La prensa tomó muchas fotografías y muchos videos en el nombramiento de los embajadores Digitales, por increíble que pareciera, o por mera decisión del destino, todos los embajadores habían sido niños elegidos.

Así que en esos momentos, estaban disfrutando de la cena organizada por la mismísima ONU.

-Muchas felicidades Taichi, estoy muy orgullosa de ti. –sinceramente dijo Mimi sentada a su lado en esa mesa, aunque resistiendo esas ganas de abrazarlo frente a todos.

-Gracias mi reina, la verdad es que tú fuiste una clave importante para ser lo que soy ahora. –confesó.

-¿Yo?, ¿porqué? –preguntó muy curiosa.

-¿Cómo que porqué? –ofendido. –Si no hubiera venido a buscarte y pedirte perdón por la manera tan patética en la que me comporté antes de que regresaras de Japón, no habría visto este edificio, ni tampoco me habría interesado tanto las relaciones internacionales, definitivamente habría batallado mucho más en encontrar mi vocación.

-O sea, ¿estás diciendo que si no nos hubiésemos peleado y terminado cuando teníamos 18, tú nunca habrías sido embajador?

-Exacto, eres la culpable de la estabilidad entre el Digimundo y el Mundo Mimi. –bromeó.

-La comida está deliciosa Tai, ¿ya la probaste? –preguntó Agumon.

-Aunque Mimi cocina mejor. –presumió Palmon.

Sonriendo por las locuras e incoherencias de su esposo y su digimon, la velada siguió su rumbo, hubiera sido perfecta si sus hijos también hubiesen asistido, pero lamentablemente ellos y sus compañeros digimons habían tenido que quedarse en el hotel por no estar invitados a esa cena.

-Mañana ¿Qué deseas hacer?, tendrás todo el día, Agumon y yo estaremos por varias horas, tenemos que solucionar todo antes de regresar pasado mañana.

-Yo creo que iré con los niños a Central Park. Quiero que Tsuki se camine un poco.

-Me parece bien, tal vez más tarde podamos acompañarles.

Antes de que la noche llegará, el mayor de los vástagos estaba muy preocupado por su primo, con quien se encontraba hablando en una videoweb.

-En serio Daichi, no le digas a nadie esto que te platiqué… pero necesitaba contárselo a alguien, sólo pensé en ti. –pesadamente confesó Saki.

-Lo entiendo, pero, ¿estás seguro de lo que viste? Tal vez te confundiste y juzgaste a Chikako precipitadamente.

-Te digo que sí, ella no negó nada, y su maestro salió con una gran sonrisa del salón. ¿No crees que es suficiente razón para que ella esté en programa ese de alumnos listos?, nunca pensé eso de ella, no creí que fuera una… -calló sus palabras y cerró también sus azules ojos.

-Mira, no te pongas así, aún no sabemos qué pasa, me dices que ella se ofendió en lo que le dijiste, quizá no es lo que piensas, tal vez ese maestro la acosa y nosotros la criticamos en lugar de apoyarla y defenderla.

Saki no dijo nada, se quedó pensativo.

-En ese caso, ella debería haber dicho algo, sería patético que se quedase callada.

-Yo te recomiendo que hables con ella, conocemos a Chika desde toda la vida, no tiene sentido que desconfíes así de ella.

-Tal vez, le preguntaré a Ai si sabe algo.

Al escuchar ese nombre, Daichi se tensó un poco.

-Lo siento, no debí mencionarla.

-Descuida, es tu prima, por mucho que me incomode y que intente arreglar las cosas, ella no dará su brazo a torcer.

-La verdad es que cuando ella me contó lo que hiciste te quise matar. Algún día deberás decirle la verdad.

-Mientras ella no me quiera escuchar, no habrá mucho qué hacer. –finalizó con un suspiro. –Ni tampoco te quiere escuchar, así que ni le muevas el asunto, capaz y no somos el uno para el otro como habíamos creído.

-¡Hola primo! –dijo efusivamente Juni al asomarse en la pantalla, provocando que tanto Saki como Daichi dieran un brinco del susto.

-Hola pequeña, ¿cómo la han estado pasando?

-Muy bien, ahorita en New York todo está iluminado, es como si fuera navidad. A Tsuki le gusta mucho también. –informó llevándose consigo la Tablet de su hermano, enseñando cómo estaban viendo por la ventana unos fuegos artificiales. –Aunque ya le empieza a dar sueño. ¿Tú tienes sueño Saki?

-La verdad no, aquí son las 8:00 am, allá con las 9:00 pm, así que no tengo sueño, bueno, si tengo sueño porque quiero seguir dormido, pero no como para dormir muchas horas. –explicó brevemente.

-¿Porqué allá es de mañana? –las preguntas inocentes y sin salida comenzaban.

-Pues porque hay diferencia de horarios Juni, estamos del otro lado del mundo.

-No entiendo.

Las preguntas de Juni siempre sacaban de quicio a las personas, por más dulces e inocentes que fuesen; por eso mismo, los chicos se empezaron a impacientar.

-Se me hace tarde para ir a la escuela, tengo que irme… cuídense chicos, y saluden a mis tíos. –se despidió rápidamente, dejándole a Daichi toda la carga para responder a Juni.

-Adiós primo. –dijo adiós con la mano. –Oye Daichi, ¿por qué allá es de mañana?

-Mejor pregúntale a papá cuando llegué. –se libró. –Él sabe más, ha estado más veces aquí que nosotros, igual mamá.

Con eso, dejó tranquila a la pequeñita princesa, quién se fue de allí, seguramente a jugar.

Pasaron un par de horas en los que Daichi aprovechó para resolver unos cuantos trabajos que sus maestros les dejaron de tarea por esa semana que faltaría, un digimon se acercó a él.

-¿Dónde está Tsuki?, no la encuentro. –preguntó el Datirimon de la bebé, un digimon en forma de plantita, curiosamente, el mismo tipo de digimon que en algún momento, Oikawa tuvo por breves instantes.

Ante ese cuestionamiento, Daichi dejó de lado su Tablet, no hacía más de diez minutos que había visto a Tsuki en esa misma habitación, la puerta estaba cerrada, y aún no era la suficientemente alta como para alcanzar a abrirla, la buscó con los ojos, pero nada, no logró encontrarla.

-¿Y dónde está Juni? –preguntó por está vez Tanemon.

-Lo que me faltaba. –murmuró pesadamente mientras apagaba la Tablet, sin saber, que con eso, cerraba la invitación a un videochat mandada nada más y nada menos que por Aiko Ishida. –Estas hermanas mías. –quizá la oportunidad para arreglar los problemas de ellos se había ido allí.

Las buscó por la habitación, pero nada. –Koromon, deja de ver la televisión y ayúdame a encontrar a Juni y a Tsuki.

El digimon rosáceo obedeció la orden en cuanto la escuchó.

La habitación era espaciosa, pero no como para que dos niñas desapareciesen.

Sin embargo, nadie conocía que algo extraño pasaba en la terraza de esa habitación.

-Hola, ¿cómo te llamas pajarito? –preguntó la castañita Tsuki levantando las manitas inocentes para que le hicieran caso.

El digimon, que se encontraba en la orilla del balcón no dijo nada.

-Ven, pasa. –lo invitó con la manita a que pasara a su cuarto. –Bueno, toma. –ofreciéndole un pedazo de sandía que sus padres le habían pedido a la habitación

El ave tenía una mirada muy penetrante, demasiado. Se acercó sigilosamente con un aleteó.

-Tú debes ser la hija de la pureza ¿verdad? "Mi amo estará muy satisfecho con mi trabajo"

Dejando curiosa a la niña de dos añitos, se preparó para mandar un ataque conocido como Demiagujas.

Había mejorado en su puntería, y el ataque iba directo con la pequeña luna. Abrió lo ojos y vio que no la había lastimado, al contrario, que el ataque le había sido devuelto, teniendo que huir de ese alto lugar.

En esa terraza, Tsuki se encontraba en el suelo, llorando por el golpe que había recibido.

-¿Estás bien hermanita? –preguntó amorosamente Juni, la heroína de esa noche al aventarse contra la nena y cayendo encima de ella.

-Sí, Juni… ¿qué era eso? –preguntó en sollozos estruendosos, abrazando a su consanguínea.

-Creo que un digimon. –comenzó a llorar también.

Con los gritos y con el llanto, fue imposible que no fueran escuchadas.

-¿Qué ha pasado? –preguntó en un grito Daichi cuando salió por la ventana al escuchar el llanto de la niña. -¿Qué tienes Juni?

La niña de la pureza ni siquiera se había percatado de que salía demasiada sangre de su boquita, es más, se le había caído el diente que tenía medio flojo. En cuanto tocó el líquido rojo con sus deditos, ahora sí, dejó salir ese miedo y preocupación que segundos antes había sentido al ver a ese digimon.

-Nos tenían asustados. –mencionó Datirimon acercándose y ayudando a Tsuki a ponerse de pie.

-Hermano. –Juni se abrazó al adolescente al igual que la bebé.

Daichi las cargó a ambas, haciendo gala de su reciente y aparecida fuerza al término de la pubertad; entró a la habitación cerró la ventana y las sentó en una salita que había.

-Koromon, por favor busca en el cajón del lavabo, mi mamá puso un botiquín de primeros auxilios. Necesito gasas para sanar a Juni. –pidió rápidamente mientras veía que tan profunda había sido la herida en el labio.

-En seguida Dai.

En un abrir y cerrar de ojos su digimon regresó con el botiquín completo, en el momento en que Daichi iba a tomar una gasa y el alcohol, los padres entraron en la habitación.

-Ya llegamos. –avisó felizmente Agumon. -¿Cómo se la pasaron?

Las sonrisas con las que entraron los cuatro líderes de la familia se desvanecieron en el momento en que vieron esa terrible escena. Tsuki llorando como nunca la habían visto, asustada y corriendo en dirección a su madre; a Juni también llorado y con la boca toda roja, a Daichi, pálido y preocupado, pero eso sí, actuando responsablemente.

-¿Qué ha pasado aquí? –preguntó furiosamente Taichi. No le gustaba que su princesa y su princesita estuvieran en esa situación de la que creía responsable a Daichi.

El primogénito estaba a punto de hablar, dando la explicación que el conocía.

-Un pajarito. –respondió en sollozos la más pequeña mientras corría para esconder su cabeza en el pecho de su mamá.

Las cosas se tranquilizaron en cuanto padre e hijo ayudaron a Juni a lavar esa herida que por suerte no fue tan profunda ni tan grave, pero fueron a buscar el diente a la terraza, mientras que Palmon y Mimi tranquilizaron a Tsuki, tratando de que con su escaso vocabulario fuera lo más clara posible y les contara sobre la ese pajarraco que tantos problemas causó.

-¡Aquí está el diente de Juni! –exclamó Agumon al recogerlo del suelo.

-A verlo, al menos era de leche, le crecerá otro. –tomó Daichi y se lo entregó a su padre.

-Sí, oye hijo, ¿qué fue lo que pasó? –cuestionó intranquilo por no saber qué había sucedido con sus tesoritos.

-La verdad no lo sé, estaba haciendo tarea, Datirimon me preguntó por Tsuki, Tanemon lo mismo con Juni, las busqué y en cuanto escuché el llanto corrí a la terraza. Cuando llegué solo vi a Juni sangrando de su boca al lado de Tsuki. Todo pasó muy rápido, creo que un par de minutos antes y ustedes mismos habrían visto todo.

Meditando un poco las palabras, Taichi comprendió que no debía hacer responsable a su primogénito.

-Entiendo. Será mejor que entremos, está un poco frío.

-Ya se durmieron. –informó Palmon al entrar junto a Mimi.

-Estaban más tranquilas. Juni me dijo que no era un pájaro, que era un digimon, y que quería atacar a Tsuki. –explicó la madre de las niñas.

-¿Un digimon?, ¿pero qué clase de digimon querría hacerle daño a una bebé?

-No lo sé Agumon, después de todo, pues… ellas se defendieron. –respondió el digimon tipo planta.

-La niña me dijo que una luz salió de su pecho. Tal vez su emblema la protegió. –finalizó de contar lo que la niña había informado.

-Quizá. No podemos decir qué fue, pero en cuanto lleguemos, tendremos que contarles esto a los demás, quizá ellos también han sufrido algo y no lo sabemos. –estableció, recibiendo un asentimiento de los presentes en esa terraza.

Al día siguiente, las niñas ya estaban tranquilas y emocionadas por disfrutar su último día en la gran manzana, pues después de ir a museos, atracciones, paseos en el famoso metro, merecían un relajado paseo en el parqué que había sido testigo de muchas escenas en películas. Aunque lo harían sin la presencia de Taichi y Agumon.

-¿Tú venías aquí?

-Sí, hijita. Frecuentaba mucho este lugar. –contestó con un suspiro nostálgico por tan buenos momentos que vivió en ese parque en compañía de sus amigos americanos a quienes fue a saludar en cuanto llegó, pero lamentablemente no alcanzó a ver a todos, pues sus ocupaciones con Taichi eran otras.

Se sentó con la niña más chiquita en una banca.

-Pueden pasear por aquí, es hora de comida para Tsuki, por lo que me ocuparé un poco, por favor no se alejen mucho.

-Yo iré a jugar en las hojas de los árboles y al laguito. –dijo Juni señalando los patos.

-Creo que iré con ella, cualquier cosa te hablo mamá.

-Iremos con ellos ¿podemos?

-Por supuesto. –contestando a la pregunta de Palmon y Datirimon.

La pequeña ya había terminado su jugo, le comenzaba a dar un poco de sueño. Miró el reloj, ya se acercaba la hora de regresar al hotel, Tai no le había hablado por lo que no iba a poder alcanzarlos en el Parque, comenzó a guardar las cosas, viendo a sus hijos jugando, estaba concentrada en su trabajo que no se percató de la presencia que había llegado a esa misma banquita de madera.

Le taparon los ojos y la boca, por un momento sonrió, pensó que era Tai, pero no reconoció ese aroma, ni tampoco la sensación de las manos.

-Hola princesa. –esa voz sí que la reconoció.

-¡Michael! –chilló al ver a su amigo, claro, dándole un efusivo abrazo.

-¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí? –preguntó el rubio igual de emocionado por verla.

-Vinimos por el nombramiento que Taichi recibió como embajador, nos vamos mañana, de haber sabido que estabas aquí, te habría llamado, disculpa, no se me ocurrió.

-Descuida, yo acabo de llegar.

-Es cierto, estabas en Los Ángeles, ¿verdad?

-Así es.

-¿Cómo está Ann?, ¿Y tus hijos?

-Bien, Ann fue a visitar a sus padres, y los niños, pues ya se fueron con los tuyos. –señaló la escena infantil, donde sus dos hijos jugaban con sus conocidos amiguitos. –Hacía tiempo que no te veía.

-Sí, creo que desde antes de que Tsuki naciera ya no nos vimos, casi tres años. –recordó.

-Te he extrañado mucho. –le dijo sinceramente mientras la abrazaba.

-Yo también Michael. –correspondió el abrazo.

Siguieron hablando de cómo habían cambiado sus vidas en ese tiempo, lo que habían hecho, lo que habían logrado, y como en toda reunión de ex, los recuerdos del pasado se asomaron por la ventana de la nostalgia.

-Me encanta este lugar, me trae buenos recuerdos, ¿olvidaste cuando veníamos aquí a pasear? –recordó el compañero de Betamon.

-Claro que no, aquí viví gran parte de mi adolescencia, y la viví muy feliz.

-Sí, recuerdo que en este lugar fue donde nos hicimos novios… y dónde terminamos también. –empezó a abrir esa pequeña cicatriz en la que ninguno había pensado en los últimos veinte años.

-Michael, no creo que sea prudente hablar de eso. –se incomodó algo.

-¿Porqué no? Después de todo, han pasado muchos años. No es malo recordar.

-No, pero, pues también recuerdo momentos no muy gratos de mi juventud. –sinceró algo ruborizada.

-¿Lo dices cuando regresaste a la ciudad huyendo de Taichi, para que a los pocos días él viniera a buscarte?, vaya Mimi, deberías saber que gracias a esos traumas que sufrí por ustedes logré producir muchas ideas para mis películas.

-¿Es en serio?, ¿te causé mucho dolor? –afligida y medio culpable preguntó.

-Pues, la verdad es que sí, fue bastante, pero gracias a eso es que abrí bien mis ojos y le di esa oportunidad a Ann, y míranos después de veinte años; aunque si te dijo que siempre tuve ganas de darte un beso de despedida. –confesó.

-¿Qué? –sorprendida y temerosa de alguna petición pronta.

-Vaya. –riendo a carcajada limpia por la cara que Mimi había puesto. –La verdad, pero todo está bien. Ambos somos muy felices, ¿no?

Más tranquila y relajada por saber que era una broma, contestó. –Demasiado.

Acercaron sus rostros un poco, se miraron con complicidad, sabiendo que tenían un pasado en su juventud que en algún punto del espacio y tiempo estuvieron juntos, pero que ambos eran muy felices con sus vidas, y aunque era seguro que hubiesen logrado algo más en esa divertida relación, ninguno de los dos cambiarían lo que la vida les había prestado.

Las vacaciones de la familia Yagami terminaron, tomando el vuelo a su país de origen regresaron, con muchas historias, un tiempo de relax, y además de todo eso, con un asusto a tratar sobre el ataque que la hermosa castañita había estado a punto de recibir.

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En la noche en la que ocurrió el ataque a la pequeña Tuski, en el otro lado del mundo, era de mañana, concretamente las 10:00 am. Hora del receso en la secundaria de Odaiba, por lo que muchos de los chicos aprovechan para estar con sus amigos, con sus novios –quienes tenían pareja-, adelantar tareas, o por qué no, pasar un rato a solas.

Una de las muchas chicas que había decidido pasar un rato a solas, la rubia Ishida Takenouchi utilizaba su Tablet para acabar una tarea que había olvidado. Rápidamente la terminó, era la ventaja de tener gran conexión, por lo que aprovechó para husmear un poco en sus mensajes de correo.

Al abrirlo, le pareció extraño ver a cierta persona conectada. Esa persona a la que ella siempre se mantenía como "desconectada". Tal vez era momento de escucharlo. Había pensado bien lo que su amiga Chikako le había dicho una semana antes, sobre que tal vez lo de Daichi había sido un malentendido.

Le mandó una invitación para platicar, pero a los pocos segundos, él cerró su sesión.

-Conste que le di una oportunidad.

La única oportunidad que había dado, el moreno la había desaprovechado.

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Al día siguiente cuando los Yagami regresaron del viaje a New York, el matrimonio conformado por Sora y Yamato se encontraban disfrutando de un sábado familiar.

Mientras la pelirroja cortaba algo de fruta y preparaba un desayuno desde la cocina, Yamato se encontraba con el pequeño pelirrojo Fuyu que muy entretenido estaba con su jueguito de construcciones en el suelo de la casa.

-Mira papi, es alta. –señaló su pequeña construcción de apenas unos bloques.

-Sí hijito, ¿Qué vas a hacer ahora? –preguntó con ese tono paternal que enloquece a todas las mujeres.

-No sé. –se encogió de hombros algo preocupado por no tener ideas para eso.

-Mmm, pues ¿Qué te parece un puente? –opinó mientras le daba unos bloques coloridos de más.

-Sí, uno largo, largo. –abriendo sus brazos exageradamente al parecerle esa idea como la mejor del mundo.

Sora venía enternecida esa escena, era tan feliz en esa etapa, cada día despertaba con miedo a que la pesadilla de hace tres años se volviera realidad, pero en cuanto veía a su rubio esposo, todo se volvía un sueño, una tranquilidad y sosiego que sabía era verdad.

-Aquí tienen mis amores. –entregó el desayuno.

-Gracias mami. –tomó con una sonrisa la bandejita de fruta con figuras de digimons que su madre le entregaba, y en vez de comerla, se puso a jugar con ella.

-Fu-chan, con la comida no se juega. –reprendió suavemente otorgándole una servilleta para que se limpiase, pero en cuanto la tomó, la usó como capa de la silueta de un Wargreymon.

Resopló abatido por el carácter que tenía el niño, con sólo dos añitos y medio, y tomaba las medida de comportamiento a toda la familia, aunque eso sí, muy bien portado y obediente, a diferencia de sus otros dos hijos.

-Aquí tienes mi amor.

-Gracias cielo. –la besó en los labios como muestra de agradecimiento por ser tan dedicada a su hogar.

-No tienes que agradecer. Oye, ¿los niños aún no han bajado? –cambió de tema.

-No, fui a verlos y siguen dormidos, han tenido semanas pesadas.

-Sí, falta poco para vacaciones. –comprendió la pelirroja.

-Gabumon y los demás siguen dormidos también, se han vuelto medio perezosos, sabes.

-Pues creo que después de las muchas peleas que enfrentaron en sus años de gloria, merecen descansar.

-Tal vez. –dijo mientras encendía el televisor para cambiar a las series que les gustaba ver, entre los canales que iban pasando, se regresó a uno, donde aseguraba haber visto a su amiga Mimi.

-Y miren nada más lo que la reconocida chef del programa televisivo "Cocinando con Mimi y Palmon" ha hecho en New York. Justo frente a su esposo, le ha sido infiel. Aprovechando que su marido, el ex embajador del Digimundo, Taichi Yagami, estaba en un asunto de trabajo en la Gran Manzana, Mimi planeó verse con su antigua pareja, el famoso director de cine Michael Washintong… ¿será que el "ejemplar" matrimonio Yagami está pasando por un futuro divorcio? ¿O acaso es que Mimi busca una aventura?, sea lo que sea muchos fans de ella han empezado a defenderla y otros más a criticarla. Vean estás fotografías y júzguenlo por ustedes mismos. En otros chismes…

En ese momento Yamato Ishida apagó el televisor ni querer presenciar más esa escena.

-¿Viste eso Sora? –preguntó al borde de la indignación, apretando los palillos con los que degustaba el desayuno olvidado en la mesita.

-Si. –asintió levemente. –Es increíble… no puedo creerlo…

Al sentir la reacción de su esposa, él volteó a verla, por lo general ella ya estaría gritando y diciendo una y otra vez que su best friend sería incapaz de hacer algo así, y mucho menos permitir que saliera por señal abierta; así que hizo esa temible pregunta.

-¿Crees que Mimi engañó a Taichi?

-¿Qué dices? –cuestionó. –No puedo creer que Mimi usaba uno de los vestidos de la última línea que salió la semana pasada. Eso significa que su fotografía saldrá en todas las revistas y programas, y ni se diga Internet… ¡Me ha hecho publicidad!, ¡Y no he tenido que pagarla! –dedujo felizmente como su hubiera sido la mejor noticia del mundo.

Por parte de Ishida, negó decepcionado. –A mi también me parece increíble lo que has dicho… usas el sufrimiento de tu mejor amiga para obtener un beneficio económico. –espetó. Ante esa información, ella recobró el sentido característico de Takenouchi.

-Tienes razón, ahora la llamó. Pero descuida, estoy segura que no hay ningún problema, además, nosotros somos los que nos enteramos primero. No es cómo si Taichi y Mimi nos hablaran para contarnos…

Y como si hubieran sido invocados, los mencionados llamaron a los móviles de Yamato y Sora respectivamente mientras que el matrimonio Ishida solo veía los aparatos encima de la mesita frente a la cual estaban sentados y donde estaba el desayuno.

-Sí Tai… dime… -preguntó una vez que contestó Matt. -… ¿que Mimi te fue infiel en New York?

Esa información, parecía ser el comienzo de una crisis matrimonial muy fuerte para el matrimonio Yagami Tachikawa; pero los mejores amigos de ellos conocían de sobra a los mencionados, así que con la confianza total del mundo, dejando encargados a sus hijos con los digimons, fueron a apoyarlos, escucharlos, y sobretodo a no juzgarlos.

Desde la adolescencia, Mimi acudía a Sora y Sora a Mimi, como ese fue el caso, la chef de televisión pidió que se vieran en el estudio de la pelirroja, pues era un lugar neutral en el que seguramente no llegaría la prensa.

-Es terrible Sora, desde que salí de mi casa rumbo a la televisora no me han dejado de seguir. Pensé que querían entrevistas, autógrafos, o que me habían extrañado mucho, pero voy llegando y veo las noticias, y boom, estoy yo allí en los titulares de los noticieros de chismes. –dijo afligida limpiándose el delineador todo corrido de sus ojos.

-Tranquila Mimi, no es la primera vez que te ves envuelta en escándalos de la prensa. –intentó alentar Sora apoyando su mano sobre la de ella.

-Lo sé, pero es la primera en la que afecta mi matrimonio. Le he llamado a Taichi pero no me contesta, me manda al buzón, me imagino que está en una junta.

-No creo, Tai le habló a Yamato para verse. –murmuró recordando lo ocurrido en la mañana, deprimiendo a su amiga.

-¿Qué?, o sea que desconfía de mí. –reaccionó perdiendo la calma.

Al notar que su amiga perdería pronto los estribos, trató de regresarla a la realidad y mantener su calma.

-Espera, espera… ¿Qué pasó entre ustedes dos?, entre Michael y tú. –pidió.

-Nada, sólo nos encontramos en Central Park, ambos llevamos a pasear a nuestros hijos y ya…

-Pues en las fotos, parece una cita, Mimi.

-No empieces tú también. –chilló, era lo único que le faltaba.

-No se trata de eso, sólo te digo lo que vi en las noticias y lo que se ven en las fotos. Yo no desconfío de ti. –corrigió sin perder ese tono tranquilizador.

-Sí nos abrazamos y sí platicamos por mucho tiempo, pero no pasó nada, lo único que él hizo fue darme un beso en la mejilla al despedirse, pero esos paparazzi van y trucan las fotos para que parezca una zorra.

-Mimi, lo siento tanto, pero alguien debió haberlos seguido, los reconoció e inventó esos chismes.

-Pero es que es tan ilógico, además que estábamos con los niños, ¿cómo sería capaz de hacer algo así frente de ellos?

-Pues la prensa, con tal de vender algo es capaz de inventar lo que sea, ahora lo importante es que no te ocultes, que digas la verdad y que hables con Taichi, quizá se enteró por las noticias y al no saber nada de ti, sólo das oportunidad a que piensen cosas que no son.

En momentos como ése, Mimi valoraba las grandiosas amistades que habían estado con ella desde hacía mucho tiempo.

-Gracias Sora, gracias por estar conmigo siempre, amiga.

En un lugar no tan retirado, precisamente una cafetería. Un señor no dejaba der ver los videos ni las fotografías que estaban en las páginas de internet de muchas televisoras, revistas y blogs.

Agumon no estaba con él, se encontraba en el Digimundo para reponer energías junto a los compañeros de sus hijos y… esposa. Sintió dolor al pensar en ella. Mimi no le dijo que durante el último día de vacaciones se había visto con Michael, si al menos lo hubiese sabido tendría cómo defenderla, pero así, ignorante hasta el momento en que vio las fotografías, pues ni como comprenderla.

-Lamento tardar un poco. – dijo Yamato al sentarse frente a él. – ¿Qué ha pasado?

-Mimi… ella estuvo con Michael y no me lo dijo. Me dijo que iba a ir a pasear a nuestros hijos, y nada, resulta que los dejó en el hotel y se fue a verlo. –expresó dolorosamente.

-Tai, ¿estás seguro?

-¿Qué no ves las fotografías?, yo queriendo pasar unos días con ella para recompensarle todo el tiempo que he estado ausente por mis viajes, y en mis narices me hace esto, y lo que es peor, me enteró por medio de la prensa… no es justo. –afligido y decepcionado confesó sus ideas, dejando la tarea más difícil al rubio.

-Para empezar, Tai. No has hablado con ella, tienen que escucharse. Tal vez no es cierto, quizá…

-Yamato… que todos sabemos que ellos tuvieron una relación cuando Mimi estuvo en Nueva York.

-Pero eso pasó hace más de veinte años. Michael también está casado, tiene una familia, no creo que quiera cambiarla por una aventura.

-¿Y qué dices de Mimi?, al principio ella no quería hacer ese viaje, tal vez porque sabía que se encontraría con él y correría a sus brazos… debí imaginarlo. Un hombre guapo, rubio, millonario, famoso… ¿cómo compito contra él?

La crisis de edad parecía llegar a su vida, y de una forma no muy bonita.

-Taichi, deja de decir tonterías. Mimi te ama, no entiendo cómo es que puede hacerlo, pero te ama; desde que éramos jóvenes, y tú también, por favor habla con ella, que ella te explique. Y si acaso, que lo dudo mucho, sea cierto… pues ya toma las decisiones que te hagan feliz, pero mientras tanto deja de ser paranoico.

-Tan contento que estaba por ya no tener que viajar tanto por el mundo, y estar más tiempo en casa, y resultó peor. Será mejor que me vaya y deje libre a Mimi para que vaya con ese rubio…

Todas las miradas del café, que no eran muchas por lo vacío que estaba, quedaron situadas en los dos hombres. Uno estaba tirado en el suelo y otro más con el puño cerrado, de pie.

-Parece que solo con golpes entiendes. –exclamó neutralmente el rubio.

Sobándose un poco la mejilla y aceptando la mano que su amigo le tendía para levantarse, por fin, Taichi hizo lo que tenía que hacer desde que vio esas escenas que le partieron el corazón. Se dirigió con las personas equivocadas, la primera con quien debió haber ido era su esposa, no podía ni debía dudar de ella, confiaría en ella hasta el último momento de su vida, pero eso sí, si acaso era cierto todo lo que se decía, con todo el dolor de su corazón, seguiría pensando en ella y en su felicidad.

-Gracias Yamato, iré a verla. –con la sonrisa sincera de un Yagami, fue cómo agradeció.

-De nada, ya sabes para qué estamos los amigos. –sonrió. –Por cierto, no debería decirte esto, pero ella está en el estudio de Sora llorando y sufriendo porque no le respondes sus llamadas.

-Me lo imaginaba. –revisó su celular para ver las 37 llamadas perdidas de ella y sonrió por lo terca que era su esposa; tomó el saco que llevaba y se marchó con un saludo. –Por cierto, Yama… tú pagas la cuenta. –sólo le guiñó el ojo.

Con ojos asesinos el rubio vio al moreno retirarse.

-Ese imbécil de Yagami.

No era mucho lo que tenía que pagar, si eso ayudaba a que sus amigos arreglaran los problemas, haría eso y más. Sin duda, Yamato era la persona más indicada del mundo para ser portador de la amistad.

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-Llegó al estudio lo más rápido que su auto le permitió, conocía a los trabajadores de allí, por lo que le dejaron pasar. Y sin tocar la puerta, entró a la oficia principal de la diseñadora.

Al entrar, se quedó boquiabierto por ver esa escena que le encogió el corazón. Si tenía dudas de Mimi, ahora se había disuelto al igual que el azúcar en un café. Su esposa estaba llorando en las rodillas de su mejor amiga quien maternalmente le acariciaba su cabellera.

-Mimi. –al reconocer esa voz levantó su húmedo rostro y visualizó a la persona que tenía en frente.

-Tai. –dijo en un susurro.

Sin pensarlo ni una sola vez, se levantó y fue directo a los brazos de su esposo, quien intentó corresponder el abrazo, pero no lo hizo aún.

-Perdona por no decirte que vi a Michael en Nueva York, no quería que te pusieras celoso, pero te aseguro que no pasó nada… nos encontramos cuando fui con nuestros hijos al parque. –con pequeñas frases intentaba que la confianza que le tenía regresase. –No pasó nada de lo que la prensa dice, y nunca pasará, yo sólo te amo a ti.

Ahora sí, el embajador correspondió el abrazo de la mujer.

-Los dejaré solos. –dijo Sora al cerrar la puerta, sabiendo que no había sido escuchada por sus amigos.

-Te creo. –susurró en su oído, por fin, logrando que la castaña dejara de llorar y lo mirase.

-¿Qué? –extrañada, ya había preparado un discurso de perdón y tenía listo el número de Michael para hablarle y que platicasen con Tai si era necesario.

-Que te creo, no tengo nada de que perdonarte. Al contrario, perdona por pensar mal de ustedes y por no contestar tus llamadas, me daba miedo que fuese real.

-No, nunca será real, créeme. No dejaría esta felicidad ni tu amor por nada del mundo. –prometió y aseguró viéndole a los ojos.

Esa frase, junto con ese tono de voz y esa mirada llena de seguridad fueron suficientes para que Yagami respirara de alivio por despejar todas esas dudas que en su momento tuvo.

-Te amo

-Yo más.

Y con un beso se cerró esa amarga experiencia provocada por quién sabe quién. Pero tenían que agradecerle, porque al final de cuentas les ayudaron a entender nuevamente que eran un matrimonio, conformado y consolidado de amor, y que se necesitaba de mucho, mucho más de eso para si quiera poner en duda todo ese grado de confianza y amor que se mostraban todo el tiempo, tanto en las buenas, en las malas y en las peores.

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Notas de la autora:

Les dije que era cortito, al menos en comparación.

Muchas gracias por leer este capi, me di cuenta que es la primera vez que les doy tanto protagonismo a una de mis parejas favoritas.

La verdad es que iba a hacer más largo este problema entre el Michi, pero no me apetecía hacerlos sufrir así nada más. Aparte, ya habrá varios dramones en el fic como para agregarles algunos más que al final de cuentas serían meros malentendidos, Sí, porque serían malentendidos causados por la prensa.

La verdad es que no fue de mucha relevancia este capi, meramente que conocieran más a la familia Yagami y que hay un misterio misterioso con mi niña Tsuki.

Me encantó ver a Daichi así de protector con sus hermanitas, waaa, y que sin darse cuenta hecho a perder la única oportunidad de arreglar las cosas con Aiko.

¿Por qué querían atacar a Tsuki? ¿Qué fue lo que EXACTAMENTE Saki vio con Chikako y ese maestro al que todos odian a partir de ahora?, ¿Por qué pelearon Ai y Daichi? ¿Qué le pasa a Miyu? ¿Quién es la embarazada?, ¿Quiénes son esos medios hermanos de Hiromi? ¿Se separaran Koushiro y May? ¿Cómo está eso de que destruyeron una Piedra Sagrada?

Casi ninguna de estas preguntas se responderán en:

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Capítulo 5: Lepidópteras

-Estás así por Koushiro, ¿no es verdad?

-Digimons de tipo virus entraron a la tienda, está atacando a todos

-Matt, responde mi amor. –pidió vanamente. –Por favor.

-Entonces, ¿en estos meses no has hablado con Koushiro?, lo del divorcio va en serio, ¿no?

-Quiero que sepas y tengas siempre presente que si algo llegase a suceder, lo que sea, el día que sea a la hora que sea; que cuentas conmigo

-¿Te encuentras bien, Katashi? –preguntó su asustado digimon Bukanamon. -Creo que no. –dijo suavemente sin dejar de sujetar ese pañuelito color celeste.

La mariposa se fue desvaneciendo mientras seguía siendo observada por ella. Curiosamente, algo, algo dentro de ella, le decía que no era la primera vez que se sentía llena de ese poder y luz tan cálida.

-Una Piedra sagrada fue destruida.

-Sé lo que es estar pensando en una chica. Piensas todo el tiempo en qué estará haciendo, en qué pensara, si le gustará ese muñequillo que ves en la tienda, que si valorará esa carta en la que te esfuerzas por escribir, que si sientes mariposas dentro de ti cada vez que te sonríe, que si sonríes sin razón alguna sólo por recordarla… sí, sí sé lo que es estar enamorado.

-Se llaman Lepidópteras. –corrigió Yori sabiamente.

¿Acaso era normal ser el portador de la luz y de un día para otro sentirse tan bien en la oscuridad?

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Bueno, que creo que este fic está llegando a lo bueno.

Me da mucho gusto el impacto que el capi 3 tuvo en ustedes, y sobretodo me encanta que empiecen a especular sobre las cosas que están por venir.

En fin, ahora que ya están ubicados un poquitín más con los personajes y con sus vidas, pues les quiero preguntar lo siguiente, y lo pueden responder por medio de reviews o por Facebook.

¿Cuál es tu pareja favorita de los elegidos?, conste que no me refiero al Sorato ni al Michi, ni al Koumi (Mayumi-Koushiro), bueno, claro que las puedes mencionar, pero para que se haga un voto y al final de la historia esta pareja tenga una participación especial o algo… ya se me ocurrirá. Pensé mucho en qué tipo de encuesta hacer, y por lo que he visto es que les gustan las parejitas que hay. Bueno, que aquí están las siguientes:

Aiko x Daichi (Daiko/Aichi)

Saki x Chikako (Sako/Chiki)

Saki x Yume (Same/Kime) (podría existir?) (recuerden que la chica anda detrás del rubio)

Yume x Katashi (Yushi)

Kazuyo x Yuujou (Kayou)

Yori x Miyu (Yoyu/Miri)

Shun x Ami

Souta x Akari

Kotaro x Amai (Kotai/ Amaro) (no sé ustedes, pero me encanta cómo suena XD)

Juni x Kenshi (Junshi)

Si se me pasó una pareja, pueden agregarla, sólo les pido que tenga bases, o sea, que se de en el fic o su anterior.

Para que el voto sea valido, tienen que poner los nombres de los chicos, o de la pareja, o ambos, porqué no?, y decir el por qué les gusta esa parejita. Y pensando en lo que me dirán muchos de ustedes en eso de "¿sólo votar por una?", les doy chance de que voten por dos en cada review que pongan, o post en face, da igual. Pero los votos deben ser por capi, ok?, dudas?

Bueno, y ya que ando promocionando mis concursos raris… hay un pollen mi perfil de Fanfiction, está mero arribita, es para que voten sobre qué pareja (ahora sí de los adultos) que les gustaría que tuvieran otro bebé (sí, que Marin-Ishida me dio la idea dar otro baby-boom, sólo que menos fuerte jeje) El concurso se cerrara cada actualización del fic y se mostrarán los votos aquí mismo; sólo recuerden que algunos de los elegidos ya tienen tres hijos, y algunos cuatro…

Me han comprendido?, espero que sí,

Como quiera, cualquier duda, ya sabes que por aquí ando prácticamente diario

Muchas gracias por leer y muchas gracias más a quienes me han comentado.

Dios los bendiga

**Amai do**

Publicación: 12- 09- 12