EL DILUVIO UNIVERSAL

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La humanidad comenzó a multiplicarse, naciendo cada vez más hijos e hijas.

Sin embargo Dios vio que la maldad del hombre en la tierra era grande y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal.

A raíz de esto, se arrepintió, de haber creado al hombre, y su corazón se afligió.

- Borraré de la superficie de la tierra a esta humanidad que he creado, lo mismo haré con los animales, los reptiles y las aves, siento mucho pesar haberlos creado. – Decía Dios.

Pero Dios tenía estimación por una persona en especial, y esa persona se llamaba Endou.

Esta es la historia de Endou, un hombre justo y correcto que caminaba siempre bajo las reglas de Dios.

Él tenía tres hijos: Tenma, Shindou y Tsurugi.

A pesar que en el mundo de Endou, reinaba la violencia y las personas estaban corrompidas por el pecado y el camino del mal, Dios veía en Endou y su familia, más que una solución, una esperanza para la humanidad.

Cierto día, Dios le dijo:

- He decidido acabar con todos los seres vivos, pues la tierra está llena de violencia por culpa de ellos, y los voy a suprimir.

Al escuchar estas palabras, Endou se sobresaltó por la actitud radical de Dios, quien prosiguió con sus palabras.

- En cuanto a ti, Endou, construirás un arca de madera de ciprés; el arca dispondrá de muchos aposentos, y la recubrirás con brea por dentro y por fuera.

Dios le indicó a Endou, las medidas que debía tener el arca y cómo debía construirlo.

- Por mi parte voy a mandar un diluvio, o sea, inundaré la tierra por completo, para acabar con todo ser que tiene aliento y vida bajo el cielo. Pero contigo voy a firmar mi pacto, y entrarás en el arca tú y tu esposa, tus hijos y las esposas de tus hijos contigo.

Además, le dijo a Endou que debía tomar a una pareja de cada ser viviente, macho y hembra, para meterlos en el arca, también que almacenara toda clase de alimentos para que no padecieran hambre.

Y así Endou hizo todo lo que Dios le había mandado.

- ¡Qué…! ¿Se acerca un diluvio y tan sólo tenemos siete días para construir un arca? – Decía Tenma muy sorprendido al escuchar las palabras de su padre.

- Debemos hacer con fe, todo lo que el señor nos ha pedido. – Respondía Endou.

Él y su familia empezaron construyendo el arca, mientras lo hacían, la gente de los pueblos cercanos comenzaron a tildarlos de locos.

- Vaya, vaya, miren que tenemos aquí, una familia de locos que construye un barco muy lejos del mar, ¿Quién moverá ese barco, tu Dios? – Decía Fudou, el jefe de uno de los pueblos burlándose de Endou y su familia.

Tenma, Tsurugi y Shindou, los tres hijos de Endou, estaban pendientes en caso ocurra algún enfrentamiento.

- Tenma, he oído rumores de que la gente del pueblo piensa destruir el arca que nuestro padre prepara. – Decía Shindou.

- No puede ser… - Decía Tenma.

- Estamos a punto de terminar el arca, pero de todas formas estaremos preparados para lo que ocurra. – Decía Tsurugi.

Al llegar el séptimo día, pudieron terminar el arca a tiempo, juntar el alimento suficiente y lograr reunir una pareja de cada especie animal.

Ese mismo día Endou, entró en el arca con sus tres hijos, su esposa y sus tres nueras.

Tal y como Dios le había predicho a Endou, comenzó a llover por cuarenta días y cuarenta noches, las aguas subieron y crecieron enormemente sobre la tierra, y el arca comenzaba a flotar.

Así perecieron todos los seres vivientes que había sobre la tierra, desde el hombre hasta los animales, los reptiles y las aves del cielo. Todos fueron borrados de la superficie de la tierra. Sólo sobrevivieron Endou y los que estaban con él en el arca.

Dios se acordó de Endou, su familia y todas las fieras salvajes y animales que estaban con él en el arca. Haciendo soplar un viento sobre la tierra, logró que las aguas descendieran.

Poco después, Endou abrió una ventana soltando a una paloma, para ver si había tierra firme, pero la paloma volvió al arca.

- Al parecer aún no hay tierra firme para descender del arca. – Decía Tenma.

Esperaron otros siete días más y de nuevo Endou soltó a la paloma fuera del arca. La paloma regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo.

- ¡Miren, una rama de olivo, quiere decir que ya existe tierra firme! – Exclamaba Tsurugi.

Esperaron otros siete días más, volviendo a soltar a la paloma, pero ya no regresó, la tierra estaba completamente seca.

Entonces Dios habló de esta manera a Endou:

- Sal del arca, tú y tu esposa, tus hijos y tus nueras, saca también contigo a todos los seres vivientes que existen en el arca, que pululen, llenen la tierra y se multipliquen.

Luego de salir del arca, Endou construyó un altar a Dios, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, los ofreció en sacrificio sobre el altar.

Entonces Dios dijo:

- Nunca más maldeciré la tierra por causa del hombre, pues veo que sus pensamientos están inclinados al mal ya desde la infancia. Nunca más volveré a castigar a todo ser viviente como acabo de hacerlo.

Bendijo Dios a Endou y a sus hijos diciéndoles:

- Crezcan, multiplíquense y pueblen la tierra.

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