Haymitch y el rescate.


"No puedo creer que lo esté dejando sólo", dice Haymitch. Su semblante se ensombrece de forma gradual mientras observa a Katniss alejarse del árbol con la única compañía de Johanna Mason y una bobina de alambre. Atrás se quedan el ingenio de Beetee, Finnick Oddair, un cable enmarañado en un grueso tronco artificial; y Peeta. El plan inicial, su plan, empieza a no cumplirse.

La nave del 13 en la que se encuentran sobrevuela la arena del Vasallaje de los Veinticinco, oculta tras un escudo de invisibilidad. Es el día D, la hora H. Todo está listo para la reacción en cadena que la Chica en Llamas está llamada a provocar. En menos de un suspiro, la Revolución va a dar comienzo en Panem. No una revuelta, ni unos gritos contra Snow; tampoco unas cuantas piedras lanzadas al aire o una decena de contenedores incendiados por distrito. Esto va a significar la Guerra, y el taciturno vencedor del 12 no puede parar de barajar pros y contras de las consecuencias. Pero ya no hay marcha atrás. No hay vuelta de hoja. Ni alternativas.

"Si no están juntos, difícilmente podremos sacar a ambos de la arena". Plutarch, Vigilante jefe mutado en ideólogo rebelde, se limita a confirmar lo que él ya sabe. "Parece que a la chica no le quedaba otra. Beetee tiene razón. Si cargaban con Peeta, sus opciones de terminar vivas se reducen a la mitad. Aunque Coin va a llevarse un disgusto si no le conseguimos también al chico".

Hay muchas más caras contemplando absortas las pantallas del aerodeslizador. Es fácil reconocer (por los tatuajes, las formas raras y los accesorios) las que proceden del Capitolio; como Fulvia Cardew o el equipo de cámaras que Plutarch ha logrado sacar de allí, con esa mujer de vides tatuadas en el cuero cabelludo al mando. Otras pertenecen a altos cargos militares del 13, ataviados con uniforme gris, rictus serio y mirada severa. Esta noche se la juegan, igual que el resto. Llevan años preparándose para este día; el inicio del fin, como ellos lo llaman, y tienen órdenes directas de sacar al Sinsajo de la arena cueste lo que cueste. Coin la prefiere viva, y con su amante a ser posible, aunque si las cosas se tuercen, ella será la prioridad.

Haymitch empieza a creer que habrá más de una promesa rota en las horas que le restan al día, mientras observa como las cosas no se ciñen al plan previsto. Alguien ha cortado el cable, la tierra vibra. Johanna atiza a Katniss un fuerte golpe en la cabeza y hurga en su brazo con un cuchillo para arrancarle el dispositivo de localización. Mason no es cuidadosa.

"Le va a dejar una marca asquerosa", exclama horrorizada Fulvia, anticipando su trabajo cuando lleguen al 13. "Y no hemos traído material suficiente para hacerla desaparecer".

"Eso ahora es lo de menos", replica Plutarch, sin dejar de mirar la pantalla.

"¿Seguro que va a salir viva de esta?", se escucha decir a Boggs desde la parte trasera de la sala audiovisual. Es la mano derecha de Coin en el Mando. Una personalidad en el 13, dado alto grado de jerarquización del Distrito fantasma. La presidenta ha debido de enviarlo para atar en corto a todo el mundo. Para que nadie se atreva a desobedecer sus órdenes. Quiere que el plan funcione al dedillo, que no haya sorpresas. No obstante, el hombre no parece un mal tipo.

"Tiene que hacerlo", comenta Plutarch otra vez, y su voz pierde cadencia a medida que sigue hablando. "Sin Sinsajo, no hay Revolución, y sin Revolución, estamos todos muertos. Eso está claro. La necesitamos viva". Las últimas palabras sólo puede escucharlas Haymitch, rígido como una estatua, de pie, a su lado. Se limita a hacer un movimiento afirmativo con la cabeza, y hasta ese gesto le cuesta. Piensa en lo mucho más fácil que sería pasar el trago aferrado a una botella.

Los minutos se consumen en medio del silencio generalizado. Katniss recupera el sentido. Katniss reacciona y se levanta, luego vomita. Esconde su herida con musgo. Avanza, se enreda con el alambre y vuelve a caer. Pero su Tributo se incorpora de nuevo y, terca como una mula, camina colina arriba. Encuentra a Beetee (malherido), y encuentra el segundo hilo también, mucho más fino; pero no encuentra a Peeta. Beetee ha fracasado en su propósito de romper el campo de fuerza con un cuchillo. Cualquier esperanza pende del buen criterio de la desenfocada Chica en Llamas.

"Recuerda quién es el enemigo", murmura Haymitch, repitiendo esas palabras entre dientes una y otra vez, tras haber visto su clara su intención de cargarse a Enobaria. Tal vez le llegue el mensaje. Quizá lo capte, golpee su cerebro y encienda una bombilla en su cabeza, como tantas otras veces en la arena.

"Recuerda quién es el enemigo, Katniss. Quién te ha encerrado allí dentro. Qué no te deja escapar. El verdadero enemigo, Katniss. Recuerda quién es".

El grito de Peeta lo calla. Ella no contesta. Ella continúa lejos; con el cable en una mano, y el cuchillo de Beetee en la otra.

Lo ha entendido. Ve a su chica unir la empuñadura del cuchillo a una flecha, usando el cable. La observa ponerse de pié, apuntar al lugar exacto, justo en medio del cuadrado ondulado que revela el punto débil del campo de fuerza.

La luz cegadora en la pantalla sucede un segundo antes del fundido en negro.

La nave desciende en espiral hasta el suelo de la arena.

"Hay que sacarlos a todos", grita Haymitch, con la mente puesta en Peeta, en su promesa.

"Hay que sacar a la chica", vocea Plutarch. "Es la prioridad, los demás no importan. Apenas hay tiempo. Tenéis que ser rápidos".

Se llevan a tres, y abandonan a su suerte al resto. Plutarch se niega a sobrevolar la arena para intentar un segundo rescate. Haymitch se opone, insulta a Plutarch, increpa al la tripulación, busca algo a lo que darle un par de sorbos desesperadamente.

Haymitch piensa que tal vez, estén sobrevalorando a Katniss. Pensa que quizá Coin tenga razón, y Peeta podría haberles sido más útil. Pero la decisión ya está tomada.

Ya está hecho. Tienen dos tributos moribundos y un Sinsajo subidos a la nave. Atrás dejan a Peeta, y a Mason, y atrás queda la promesa que le hizo a Katniss aquella otra noche; la de intentar salvar al chico. Sólo espera que su ausencia no mate las expectativas de la Revolución, y que Snow no se ensañe con el muchacho del 12; pero sabe de sobra que una muerte rápida e indolora no es el modus operandi en el Capitolio.


a/n; algun review, please?