DIPLOMACIA SHURIMANA

La mujer de traje morado en un segundo pasó a volverse invisible, pero a ojos de Diana fue algo absurdo, los pasos de ella se podían ver encima de la arena, además del sonido que estos producían, no dejó que se le escapara ni un solo movimiento que esta hacía, cuando de repente se abalanzo hacia ella, estuvo preparada, dio una voltereta hacia atrás, en el momento preciso que la dio, sus pies golpearon a la otra en la quijada, esta soltó un gruñido y de su mano disparó una especie de rayo morado, lastimosamente, Diana no fue lo suficientemente rápida para esquivarlo, pero este apenas impactar se desvaneció rápidamente.

- ¿Qué? - preguntó sorprendida la mujer

-Bien, eso confirma que no me equivoqué, eres un ser del vacío

- ¿Qué demonios eres?

-Bueno… - se abalanzó hacia ella con un desplazamiento lunar, el impulso fue tal que la tiró al suelo – supongo que puedes tomarme como una exterminadora del vacío

-Espera… - en unos segundos el casco que cubría su rostro desapareció, dejando ver el rostro de una joven con los ojos morados – soy de los tuyos

Diana apreció el rostro de la chica y a pesar de que se notaba la corrupción que salía de ella, era evidente que no mentía, las criaturas del vacío no tienen apreció por su propia vida, además era humana.

- ¿Cuál es tu nombre? – preguntó mientras ayudaba a la otra a levantarse

-Kai'sa… ¿Puedo preguntar por el tuyo?

-Diana

Ambas se miraron por un rato y luego estrecharon sus manos en signo de reconciliación, pero de repente, Diana sintió algo aproximarse, rápidamente embistió a Kai'sa para que dicho objeto que cortaba el viento no le hiciera daño, la extraña cuchilla voladora brilló con un resplandor verde y automáticamente se devolvió por donde venía.

- ¡Esta bien Siv!, ¡no hay peligro! – gritó Kai'sa

De uno de los destruidos muros de las ruinas salió otra mujer, morena, alta y de cabello negro, llevaba en su frente una corona con el mismo brillo que tuvo el arma hacía unos segundos.

-Según lo que veo, nada esta bien, esa mujer esta encima de ti – dijo con tono fuerte

- ¡No!, ¡No es lo que estas pensando! – se retiró rápidamente de Diana con un notable sonrojo en las mejillas - ¡Nada de eso Siv!

Diana miró confundida a Kai'sa, luego miró a Sivir, apreciando por unos segundos la conversación que tenían, cuando escuchó algo que poco tenía que ver con la situación, se sonrojó avergonzada a tal punto que se levantó de golpe.

- ¿Qué estás diciendo?

-Que te voy a enseñar a no meterte con ella – respondió mientras dejaba a un lado su arma y se tronaba los nudillos.

- ¿Qué haces? – apenas ver eso, la lunari enarcó una ceja olvidando la vergüenza que el comentario le había dado - ¿Piensas luchar contra mí?

-Siv no lo hagas – exclamó Kai'sa intentando detenerla, pero la fuerza de esta era mayor.

Acercándose amenazante, Sivir apretó con fuerza el puño y luego se lo lanzó al rostro a Diana, pero esta sin mucho esfuerzo esquivo el golpe y con un fuerte gancho dejó inconsciente al instante a la mercenaria.

- ¡Diana! – exclamó la joven acercándose al cuerpo de su compañera

-Tranquila, solo la dejé inconsciente, se despertará en unos minutos.

-No tenías porque ser tan mala con ella.

-No tengo porque ser buena con nadie – respondió con un tono frio la lunari

-La pudiste haber matado

-Exacto, lo pude haber hecho, pero no lo hice, fue más de lo que se merece.

- ¿Por qué no la llevas a un lugar seguro?

-Tú también vendrás – respondió fulminando al aspecto con unos afilados ojos morados

- ¿Y porque debería… - un portal se abrió encima de ella, de donde cayó su espada, la cual la golpeó con la empuñadora en su cabeza - ¡Ay!

-Hermanita encontré tu espada

- ¿Qué ocurre contigo niña estúpida? – le exclamó Diana con ira

-Ay, estas de mal humor – dicho esto desapareció nuevamente en su portal.

Cuando el aspecto de la luna miró a Kai'sa, esta aun la miraba fijamente, así que suspiró y se acercó a ambas.

-No sabes cuanto desearía decirte que no, pero esa niña me dejó aquí a mi suerte.

-Si – la joven se levantó un tanto emocionada – ayúdame a cargar a Sivir, hay una aldea cerca, no nos demoraremos mucho.

Diana sin ningún dejo de esfuerzo cargó a la mercenaria en su hombro, sorprendiendo a kai'sa por la fuerza que esta poseía, luego de dar unos cuantos pasos emprendió su camino junto al aspecto.


MONTE TARGÓN

Leona cojeaba, por suerte Nami dejaba que se apoyara sobre su hombro, se acercaron a una pequeña cueva en una de las sendas que recorrían, donde se detuvieron.

-Creo que aquí esta bien por ahora, necesito descansar – dijo la solari fatigada

Taric, que aún cargaba con el aspecto de la guerra en su hombro, miró a este de reojo esperando alguna respuesta, pero por la manera en la que respiraba, denotaba que se encontraba bajo un profundo sueño.

-Bien, creo que a este guerrero también le vendría bien un descanso

Lo dejó entonces en el suelo con bastante cuidado, en lo que sería una cama improvisada, hecha con paja. Nami permaneció mirando a ambos por unos minutos, hasta que la Solari rompió con el silencio.

- ¿Por qué me ayudaste?

- ¿Por qué? – la pregunta mostraba una gran confusión por parte de la marai - ¿Acaso para ustedes los humanos hacerlo es algo raro?

-No, es solo que… - se tomo un tiempo para pensar - ¿Hay alguna manera en la que te pueda agradecer?

-Esto… - sus ojos carmesíes brillaron por unos segundos antes de que se sonrojara un poco – Estoy buscando al aspecto de la luna y… por tu aspecto creo que eres… ¿la elegida del sol?

-Oh – Leona no pudo contener una risa ante el tierno acto de la marai - ¿Podría preguntarte para qué?

-Necesito la piedra lunar para poder proteger a mi pueblo… mi gente cuenta conmigo… - terminó por decirlo con cierta desconfianza hacia sí misma.

-Jamás he escuchado hablar de algo parecido – respondió extrañada, pero al ver la expresión que hizo Nami, se rascó un poco la cabeza con nerviosismo- pero de seguro que lo sabrá, si… - dijo con una sonrisa nerviosa

- ¿Lo dices enserio? – sus ojos se iluminaron - ¿Dónde esta ella?

-Ella… emmm… bueno…ella

- ¿No lo sabes? – preguntó con desdén

-Lo lamento, no la veo desde ayer en la mañana

-Bueno, podríamos ir al último lugar en el que estuvo, ¿Verdad?

-Si, es buena idea – terminó con una sonrisa

- ¡Perfecto!, mañana partimos – Nami dejó ver su emoción mientras daba saltos, los cuales se asemejaban más a estar nadando en el aire.

Leona dejó salir una pequeña risa, luego de unos minutos al ver como la marai acomodaba su cama, posó su mirada sobre Taric, el cual se encontraba muy atento en Pantheon, de repente, su mente fue inundada por dudas, a las que no podía dar respuesta con facilidad, ¿Dónde estaba su luna?, deseaba con todo el corazón que estuviera bien, que a pesar de todo lo que haya ocurrido, pueda volver a ver esos brillantes ojos que le iluminan el corazón.


SHURIMA

Kai'sa movía sus pupilas de un lado a otro, seguía sin pérdida los rápidos movimientos de la lunari, rápida, ágil, sigilosa… tragona, levantó una ceja sin dar crédito a lo que veía, tragaba y tragaba como si no tuviera fondo, apreció cuidadosamente su comida, aún no había comido mucho, tomó el cubierto lentamente y se llevó un bocado a la boca, para cuando levantó su mirada, se encontró con los brillantes ojos blancos de la otra.

- ¿Te vas a comer eso? – preguntó Diana aun con trozos de comida alrededor de su boca

-Jamás había visto a alguien comer tanto… - pero luego de reparar en la pregunta, como una niña pequeña, acercó el plato más hacia ella e hizo un puchero - ¡No!, ¡es mía!

-Vamos, dame un trozo más – suplicó – por favor

-Oye, yo soy la que tendrá que pagar todo esto – "con el oro de sivir" pensó para sí misma – deberíamos pedir algo para Sivir, cuando despierte tragara mucho también.

- ¿Dejarás que la albina se trague todo? – apareció la mercenaria detrás de Kai'sa, la cual no apartaba la mirada de Diana - ¿crees que eso es mucho? – tomó sin cuidado el plato de la más joven y se atraganto con todo lo que había.

- ¡Siv!, ¡Eso era mío!

-Así es pequeña… era – se acercó con una sonrisa arrogante - ¿Qué harás entonces?

-Yo… - se sonrojó al notar lo cerca que estaba la mercenaria de ella, pasados unos segundos apartó la mirada avergonzada – Nada Siv, tu ganas

Diana apoyo su cabeza sobra la palma de su mano al ver a ambas, por alguna razón, recordaba cuando entrenaba con Leona, a veces se quitaban las armas dejando a la otra en desventaja, la sonrisa maliciosa que su sol hacia cada vez que era derrotada, para luego abalanzarse sin cuidado y darle un tierno beso en sus labios, una sonrisa se dibujo en ella, se preguntó para sí misma como estaría ella, ¿Qué habrá ocurrido luego de que cumpliera su misión?, ¿Sería sometida por el frío de la noche?.

- ¿Qué le ocurre? – pregunto Sivir mirándola – oye, estas ahí – chasqueo sus dedos frente a la lunari, la cual se sobresaltó - ¿Por qué la miras de esa forma?

- ¿Qué?, yo… ¿mirar cómo a quién? – preguntó regresando de sus pensamientos.

-No te hagas la tonta – se acercó indiscretamente a Diana quedando apenas a unos centímetros de distancia – Ella, es mía, lo entendiste alma en pena.

- ¿Ella qué?... ¿Tuya? – interrogó confundida, al notar el sonrojó que puso al más joven al escuchar las preguntas, miró nuevamente a la mercenaria la cual también denotaba un color rojizo en sus mejillas, al ver el estado de ambas, sonrió – Oh, ya lo entiendo ahora, no te preocupes "amiga", no te la quitaré

-Vete al infierno – le respondió con odio

-Ya he estado allí – respondió con una sonrisa maliciosa

- ¡Siv!, ¡Ya basta! – dijo kai'sa mientras se abrazaba al brazo de la mercenaria

- ¡Que escenita! – terminó por decir la lunari – me largo a dormir

Ambas se fijaron como Diana simplemente entraba en la habitación que alquiló con las pocas monedas de oro que guardaba, luego se miraron de nuevo, aunque Sivir seguía un poco avergonzada.

-Tranquila – sonrió Kai'sa – mejor vámonos a acostar, me muero del frío.

La mercenaria devolvió la sonrisa y se fue con la joven al interior de su habitación, habían alquilado una sola para ambas, evidentemente, dormirían juntas. De una de las mesas que se encontraba cerca a ellas, había un hombre bastante alto, con unos harapos encima los cuales le cubrían completamente la cara, cuando vio que todas se habían ya encerrado en sus respectivas habitaciones se levanto de su mesa y entró también a una de ellas.

Al abrir los ojos se encontró con un deslumbrante rayo de sol que le dio justo en la cara, a pesar de ello, no llegó ni a entrecerrar los ojos, si no que simplemente dejó que ese resplandor le iluminara la mañana, se sentó en la cama suspirando y cerró los ojos por unos segundos, los abrió de nuevo, pero estos ya no brillaban, dejando ver unos hermosos ojos color azul, se los refregó un poco y miró nuevamente a la ventana.

-Mi sol…

Susurró para ella, apreció por unos segundos mas el sol de la mañana y se levantó para ponerse su armadura nuevamente, para cuando abandonó la habitación se encontró con las otras dos chicas hablando con el hombre de los harapos, quien a pesar de estar de espaldas, al notar la presencia de la lunari guardó silencio, Sivir le hizo una seña para que se sentara junto al hombre, sin pensarlo demasiado así lo hizo, el hombre miró a ambos lados para asegurarse de que nadie mas escuchara y empezó nuevamente a hablar.

- ¿y bien? – preguntó el hombre con su voz grave

-La política no me importa

Al escuchar esas palabras, el hombre dejó ver que negaba con la cabeza.

-Entonces ya sabes que hacer.

Apenas terminar se retiró sin agregar nada más, Diana las miraba confundida.

- ¿Quién era ese tipo?

- ¿Qué es lo que haces aquí en Shurima? – los ojos de la mercenaria brotaban chispas de ira - ¡Habla!

-No hay nada que me importe aquí, simplemente quiero regresar a mi tierra.

- ¿De dónde eres?

-De Targón

- ¿Te refieres al enorme monte que sobre sale a kilómetros de distancia?

-Así es.

Sivir miró a Kai'sa y le susurró algo al oído, la joven simplemente se levantó y se retiró.

-Conocemos este desierto, nos necesitas, así que te ofrezco nuestra ayuda para ir allí, pero a cambio, me darás oro.

-Se supone que es algún tipo de alianza momentánea

-Bueno, no suelo ser buena con la diplomacia, así que dame una respuesta.

Diana se quedó pensativa, en principio, era poco probable que hubiera algo capaz de matarla en mitad del desierto, pero, por otro lado, ellas deberían conocer las aldeas circundantes o sitios donde albergaba agua, si bien era cierto que era probable que no muriera, necesitaría una guía, por lo que sin perder un segundo más respondió.

-De acuerdo

-Que así sea.

La mañana terminó por transcurrir con tranquilidad, aunque Diana no podía negar la curiosidad que sentía por el tipo que estaba sentado con ellas hacia unos instantes, pero la mercenaria era una mujer bastante reservada, por lo que prefirió no meterse en asuntos que no le importaran, ignoró por un momento todo y prefirió concentrarse en desayunar algo, moría de hambre.


Notas de autor

Bueno, aquí esta, después de algún tiempo, el capitulo 4.

No creo tener que agregar nada más, solo que me demore en actualizar por el hecho de que estoy centrándome más en el fic QuinnXTalon, pero no por eso dejare de actualizar este.

Gracias por leer y que tengan un excelente fin de semana.