CATARSIS

CAPÍTULO 4 – UN GRUPO VARIOPINTO

Publicado el 12 de julio de 2015, con una extensión de 3.862 palabras.


Armin guardó silencio, mientras se imaginaba todas las formas en que su conversación con Erwin, el implacable estratega, podría salir mal. Sin embargo, ninguno de sus dos acompañantes se debatía pensando en eso; hablaban con tranquilidad, casi familiaridad, como si ya se conocieran de antes.

–Capitán Zacharius –dijo Anka, medio en broma a juzgar por el tono–. Parece usted tan fascinado últimamente por los cambiantes, que me recuerda a cierta persona…

–La Capitán Zoe, ¿verdad? –respondió Mike en el mismo tono, riéndose un poco por la nariz–. Sí, supongo que su entusiasmo es contagioso… No estoy de acuerdo con todo lo que dice o hace, pero gracias a ella he ido haciéndome una idea de todas las posibilidades, así es difícil no entusiasmarse. Además, ella necesita hablar con alguien, y Berner últimamente no está disponible…

–Ah, claro… –la voz de Anka tenía un algo malicioso–. Su asistente, ¿verdad? Cierto, bastante ocupado, pero es por una buena causa. Gracias a que se emborracha una noche sí y otra también con Eibringer, nos hemos quitado de encima al representante de la Policía Militar. Las cosas ya son lo bastante complicadas, como para tener que lidiar encima con esa pandilla de nenazas histéricas…

–Exacto, por una buena causa –le cortó el oficial, que no parecía muy cómodo insultando a los compañeros de otra rama.

–Claro que seguramente él lo hace con gusto –continuó Anka, sin darse cuenta de su reacción–, porque así ya tiene una excusa para librarse y no soportar a Hanji…

–Es una posibilidad –Zacharius sonrió de manera algo forzada–. Pero Capitán Rheinberger, le agradecería que en adelante no hablase tan a la ligera de la Capitán Zoe, ni de los demás miembros de la Legión de Reconocimiento. ¿Me he expresado con claridad?

Se hizo un silencio breve, incómodo. "El problema de tomarse demasiadas confianzas," pensó Armin. Sin embargo, la guarda de élite de las Tropas de Reconocimiento no se amilanó.

–Pero con la Policía Militar sí puedo seguir metiéndome, ¿verdad? –preguntó la mujer, con tanta seriedad que era obvio que bromeaba.

–Todo el mundo se mete con la Policía Militar, así que… –Mike se encogió de hombros, ya menos tenso; aunque con la mirada algo perdida, quizás en sus recuerdos–. Lástima lo de Nile, me habría gustado que al final los tres…

–Disculpe, Capitán Zacharius –Armin no sabría decir qué le hizo interrumpir justo en ese momento; seguramente ya no podía aguantar más en silencio con sus dudas–. Es sólo que… Quería aprovechar para agradecerle la labor de su equipo, últimamente han estado supervisando nuestro entrenamiento y hemos aprendido mucho.

"Nanaba, Gelgar, Henning, Lynne," fue repasando mentalmente. "Creo que no se me olvida ninguno."

–Lo que quiero decir… –continuó el muchacho, cada vez más nervioso–. Bueno, que hace ya bastante tiempo que no toco el equipo de maniobras, pero que gracias a ellos no ha sido tiempo perdido, porque también he aprendido otras cosas, y…

Llegó un momento en el que fue incapaz de seguir hablando. Sin embargo, los oficiales no actuaron de manera extraña y simplemente le escucharon, incluso con amabilidad… aunque a Armin le dio la impresión de que la atmósfera distendida de antes había ido desapareciendo.

"Lo sabía. No debería haber sacado el tema antes de tiempo, y aun así lo hice. ¡Seré idiota!"

–Seguramente el Comandante querrá hablar contigo de eso ahora –contestó al fin Mike, conciliador, pero con un tono quizás demasiado neutro–. Espera un poco y enseguida tendrás tus respuestas.

El muchacho se preguntó si acaso el oficial sabría exactamente lo que iba a pasar, pero no estaba autorizado para decirle nada todavía. De algún modo, se sentía como un prisionero al que llevasen escoltado; no era una sensación agradable.

Los tres continuaron dando aquel rodeo entre los árboles, sin perder de vista el amplio claro. Se cruzaron con algunos legionarios y unos pocos guardas (ni rastro de los policías), que vigilaban el perímetro… o fisgoneaban con curiosidad, a ver qué hacía el "chico titán". El Capitán Zacharius se limitó a intercambiar algún saludo rápido con ellos, y luego seguían su camino; a veces olfateaba a su alrededor, pero en ningún momento dio muestras de alarma, así que en principio aquellos hombres no eran sospechosos, ni tampoco una amenaza.

–Me parece que ya hemos llegado –Anka señaló hacia delante con la cabeza.

En efecto, ahí estaba el punto de reunión; cerca de los árboles, pero ya dentro del claro. Varias figuras de espaldas, con las Alas de la Libertad en sus capas verdes, observaban a Eren y a las dos legionarias que practicaban con él. Todos llevaban el equipo de maniobras; todos menos Armin, claro.

Entre aquellas figuras, reconoció fácilmente a Erwin Smith, Comandante de la Legión y Jefe de la Fuerza Conjunta, quien se dio la vuelta al oírles llegar.

Armin se paró de repente, como petrificado; Anka iba detrás y casi se chocó con él, pero no se lo tomó a mal. El muchacho no lo había hecho a propósito; la presencia del Comandante era todavía más imponente que la de Zacharius, y sólo con su mirada ya sentía como un peso encima.

Erwin no era tan alto como Mike (nadie lo era), pero su estatura y ancho de hombros dejaba pequeños a casi todos a su alrededor; prácticamente el ideal físico de lo que debería ser un soldado… y su mente era aún más formidable.

No sería la primera vez, ni la última, que pensaba en Smith como un estratega y táctico de categoría, sin el cual la Humanidad lo tendría mucho más difícil para salir adelante; alguien capaz de imaginar escenarios y soluciones que a otros no se les habrían ocurrido ni en mil años, pero también de ser frío y calculador cuando la situación lo requería. Por un lado, fue él quien dio el visto bueno a la operación de Stohess, con todo lo que ello implicó; pero por otro lado, siempre había apreciado el potencial de Eren, evitó que le ejecutasen después del juicio y ahora estaba dirigiendo su progreso a un ritmo que nadie habría imaginado antes.

Erwin no era el tipo de persona que le daba mucha importancia a las apariencias… o al menos no lo parecía; pero siempre tenía un aspecto impoluto, aunque sin llegar (afortunadamente) al nivel obsesivo-compulsivo del Capitán Levi. El uniforme de Comandante, incluyendo la corbata de bolo verde, lo llevaba impecable. Los cabellos rubios y lisos, se los peinaba cuidadosamente con la raya a la izquierda. Sus cejas, también rubias y de un tamaño considerable, a veces pasaban desapercibidas, en contraste con sus penetrantes ojos azules; nada parecía escapar a la atención de aquellos orbes, siempre en alerta, e implacables cuando era necesario.

Había un dicho, "más sabe el diablo por viejo que por diablo"… Teniendo en cuenta su edad y experiencia, en realidad el Comandante era el más peligroso de todos los allí presentes, con creces. Cierto, podía haber personas más fuertes y más rápidas que él, o prodigios como Mikasa y Eren; pero quizás Erwin sería el único capaz de aglutinar a su alrededor a un grupo tan variopinto, cada uno con su idiosincrasia, y dotarles de un objetivo común a cuyo servicio emplear sus habilidades.

Lo que hacía peligroso al Comandante Smith, no era sólo que tuviese una Causa, sino que también sabía convertir a otros a esa Causa, compartiendo con ellos un mismo propósito; nunca rendirse ante las dificultades, sino convertir "lo imposible" en la nueva realidad, merced a su astucia y determinación.

Erwin era, sencillamente, una persona formidable. Si no hubiese guerra y él pudiera haberse dedicado a cualquier otro campo, seguramente también lo habría revolucionado; como ya había hecho antes en lo referente a estrategia y táctica militar. Sin embargo, en aquella lucha interminable contra un enemigo implacable, a veces él conseguía serlo más todavía.

Armin ya se habría sentido suficientemente intimidado sólo en presencia del Comandante; naturalmente, siendo su día de suerte, también se encontraba allí otra de las personas que más respeto y temor le infundían… Levi.

El Capitán tenía el mismo aspecto de siempre; al menos, eso parecería a simple vista. Seguía arrastrando la lesión que se hizo en la pierna durante el primer combate contra la Titán Hembra, en el Bosque Gigante; pero eso no impedía a aquel hombre, "el soldado más fuerte de la Humanidad", vestir de nuevo su uniforme con el equipo completo. Habían pasado varias semanas y ya estaba algo más recuperado, aunque todavía le costaba prescindir de algún apoyo; en la mano sujetaba una sólida vara de roble, que daba la impresión de que podía servir para algo más que caminar.

Además de todo lo anterior, el Capitán llevaba al cinto el armamento adicional que se había incorporado, por sugerencia suya, al equipo habitual de los soldados encargados de vigilar y tratar con la Traidora; consistía en un puñal, una porra y una pistola. Por lo visto, según decía él, "sólo un idiota creería que las espadas pueden salvarle en un espacio cerrado o un pasillo estrecho".

Armin era incluso un poquito más alto que Levi (apenas unos centímetros), y el hombre parecía aún más bajo al lado de Erwin o Mike; pero el Capitán sin apellidos compensaba esa diferencia de altura con una especie de "aura asesina" que emanaba permanentemente de su silenciosa y siniestra presencia. Se rumoreaba que había sido el jefe de una peligrosa banda de criminales… y que su severo semblante fue lo último que vieron muchos de ellos; quienes cometían alguna vez el error de subestimarle, ya no volvían a hacerlo por segunda vez.

Su uniforme no era sólo "impoluto", sino que lo llevaba al siguiente nivel; como si las motas de polvo ni siquiera se atreviesen a tocarlo. Su aspecto, especialmente su cabello negro como ala de cuervo, parecía "natural"… del tipo que, quizás, uno conseguía después de pasarse un buen rato delante del espejo. Sus ojos grises, fríos y duros, podían atravesar cualquier cosa, con una mirada tan implacable como un cuchillo afilado.

–Qué pasa, Arlert –le "saludó" Levi, un poco desganado–. ¿Es que tengo monos en la cara?

–Hum… –Armin tardó un momento en recuperar el valor y contestar–. N-no, señor.

–Tsk.

El muchacho tragó saliva y tuvo que esforzarse para mantener la compostura; era difícil, delante de aquel hombre que le había inspirado temor desde el primer día que le vio. Se habían conocido durante la Batalla de Trost, justo después de que Eren tapase la brecha en el Muro; entonces apareció Levi, como un torbellino furioso salido de la nada, y liquidó en un abrir y cerrar de ojos a dos titanes a la vez. Aquella impresión sólo se había hecho más fuerte con el tiempo; todavía recordaba la paliza que le dio a su amigo en mitad del juicio, sin tan siquiera pestañear.

El Capitán, independientemente de las circunstancias, solía mantener una expresión indiferente, cansada o incluso desganada, con ojeras como de no haber dormido demasiado bien; pero su aparente apatía quedaba desmentida por el brillo alerta de sus ojos casi metálicos… los ojos de alguien que siempre estaba listo para saltar a la mínima, como una trampa para osos.

Sin embargo, en aquella mirada ahora había algo, que quizás habría pasado desapercibido para quien no conociera bien a Levi… o para alguien que no fuese demasiado observador; pero Armin lo era, y se dio cuenta.

En aquellos ojos grises tan penetrantes, había algo que no solía estar allí; o acaso sí estaba, pero no con tanta intensidad. Incluso antes de perder a todo su escuadrón, el Capitán tenía la mirada de quien había visto demasiadas cosas, pero seguía adelante a pesar de todo; el mérito de un luchador que no era incansable, sino que aun estando cansado continuaba luchando. Y sin embargo…

Aquel cansancio, más intenso de lo habitual, iba acompañado de otras emociones. Armin no estaba seguro de qué se trataba, pero a su mente acudieron varias palabras: agotamiento, hastío, desesperación, tormento. Como si Levi hubiese creído que ya lo había visto todo… y luego hubiera conocido un abismo todavía más profundo, del que quizás ya no podría escapar.

Un abismo en el quizás Armin también terminaría cayendo.

El muchacho tragó saliva, aprensivo, y desechó aquella idea; de qué servía preocuparse, por algo que no había ocurrido… todavía.

Todo esto lo había visto en apenas unos segundos; aunque se le hicieron muy largos y temió que, en cualquier momento, echaría a arder o caería fulminado al suelo. Afortunadamente, al final no ocurrió ninguna de las dos cosas. Aunque aún no había averiguado qué era lo que el Comandante quería de él.

Allí estaban todos, en el borde del claro, observando a Eren, Mikasa y Nanaba; algunos de los legionarios que patrullaban el perímetro, también echaban un vistazo de vez en cuando con curiosidad.

Además de Mike y Anka, que le habían acompañado hasta allí, estaban Erwin y Levi… y otra persona más, que por lo visto también iba a participar en aquella reunión "secreta" a plena luz del día. Lo extraño era el contraste entre la conducta habitual de esa persona… y la que mostraba ahora, radicalmente distinta.

Porque la Capitán Hanji Zoe, Jefa de la División Científica de la Legión de Reconocimiento, estaba sentada tranquilamente en el suelo, con las piernas cruzadas y las manos descansando sobre las rodillas, los ojos cerrados y una expresión serena en el rostro; aquella postura era la misma que la de Eren y las dos legionarias que practicaban en el centro del claro, en cuya dirección miraba ella dando la espalda a los demás, sin mucha consideración por el protocolo o la presencia del Comandante.

Las profundas respiraciones del titán de quince metros causaban una leve brisa que llegaba hasta allí; aquel ritmo era casi sedante y Hanji lo seguía sin mucha dificultad, sus inspiraciones y espiraciones claramente audibles a tan corta distancia. Costaba creer que fuese de verdad, la calma que reflejaba todo el cuerpo de aquel torbellino de mujer; pero nada más verla, Armin supo que no estaba fingiendo, y aquello le hizo sentir un escalofrío.

Algunos bromeaban comparando a la Capitán Zoe con Sasha Braus, la hiperactiva y hambrienta cazadora de la 104; aunque lo cierto era que existía cierto parecido entre ambas, y no sólo físico. Las dos llevaban los cabellos castaños en una cola de caballo que danzaba alegremente, si bien la de Hanji era un poco más alta; sus grandes ojos marrones eran cálidos y muy expresivos, como ventanas a la fogosa energía que latía en su interior. Las dos mujeres (o más bien la mujer y la chica) eran extrovertidas, se entusiasmaban con facilidad y conseguían transmitir ese entusiasmo a quienes se hallaban a su alrededor; aunque a algunos, más bien, aquello les daba dolor de cabeza.

Hanji Zoe podría tener el doble de la edad de Sasha… y también el doble de hiperactividad casi incontrolable. La "chiflada de los titanes", como la apodaban a veces, era capaz de pasarse días enteros hablando sin parar, sobre aquel tema que tanto le interesaba; todo le fascinaba, en lo referente a aquellas criaturas tan misteriosas como terroríficas, y le parecía raro que nadie más se sintiese como ella.

Por eso resultaba extraño ver así ahora a la Capitán, tan tranquila y tan pacífica, casi como si estuviera dormida; y más aún, estando tan cerca de su amado "chico titán", al que quería con locura… en un sentido estrictamente científico, por supuesto. Incluso se había quitado las gafas; sin ellas, su aspecto era todavía más sereno, hasta el punto de irradiar tanta calma que parecía una persona distinta.

–Sí, lo sé –Levi interrumpió de nuevo sus pensamientos, con tono de leve fastidio–. No parece ella, pero créeme, lo es. No tendremos esa suerte, de deshacernos tan fácilmente de la chiflada…

Anka intercambió una mirada rápida con Mike; el ceño fruncido, como preguntando "¿y él sí puede meterse con Zoe?". El otro Capitán se limitó a encogerse un poco de hombros; "ellos son así", parecía ser su muda respuesta. No tardaron en darle la razón.

–Que no pueda verte no significa que no pueda oírte, enano gruñón –contestó Hanji, con calma, en voz baja.

La oficial de las Tropas Estacionarias levantó las cejas, sorprendida; pero los demás no se extrañaron tanto, pues ya estaban acostumbrados a aquellas "conversaciones" entre las dos personas con caracteres más opuestos de toda la Legión.

–Quizás ese tipo de comentarios no sean los más apropiados para el ejercicio que se ha propuesto, Capitán Zoe –la reprendió Erwin con suavidad.

–Todo lo contrario, señor –le contradijo seguidamente la castaña–. Creo que con esto ya se ve que estoy consiguiendo resultados. Ni siquiera le he pegado una patada…

Intentarías darme una patada –replicó Levi en voz baja y con tono cortante; aunque seguía habiendo algo en su mirada que no encajaba, como si estuviese preocupado pensando en otra cosa.

–Bueno, hum… –interrumpió Anka, dudando–. ¿Nos hemos reunido aquí para meditar o…?

–No, no es eso –aclaró el Comandante con una leve sonrisa–. Lo que ocurre es que la Capitán Zoe se ha propuesto avanzar lo más rápido posible con estos ejercicios, para llegar cuanto antes al nivel de los otros –y señaló con la cabeza hacia el interior del claro.

–Eren ha progresado mucho –añadió Mike–. Creo que se puede deducir cuál es la diferencia, entre ahora y antes… –miró a Levi–. Supongo que el chico funciona mejor con la zanahoria que con el palo, ¿eh?

El otro Capitán apretó la vara que sostenía en la mano, con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.

–Sí, supongo –se limitó a decir, con aire ausente, sin mirar a nadie en concreto.

Y entonces Armin supo con certeza que algo iba mal, muy mal, para que Levi contestase con tanta apatía. Luego recordó que el Capitán sin escuadrón (reconocía que era cruel) había estado encargándose, la mayor parte del tiempo durante las dos últimas semanas… de interrogar a Annie. Empezó a notar una especie de náusea en la boca del estómago, como si fuese a vomitar.

–Ah, ya veo –intervino Anka–. Entonces, dicho sea con todos los respetos, parece que a la Capitán Zoe no van a dejarla jugar de nuevo hasta que aprenda a moderarse un poco, ¿verdad? Porque esa sería otra de las diferencias entre "el antes y el después"…

Mike volvió a mirarla, pero esta vez no dijo nada; por otro lado, Armin agradeció que sacasen aquel tema, así no tendría que pensar en el otro.

–No estoy para nada de acuerdo con ese comentario –replicó Hanji con placidez, sin cambiar de postura–. Aunque reconozco que "apagar las luces" y quedarse tan tranquila, un rato cada día… –entonces sonrió–. Así luego pienso con más claridad, de hecho últimamente se me están ocurriendo buenas ideas. Es como si pudiera conseguir cualquier cosa que me proponga…

Entonces fue abriendo los ojos lentamente y parpadeó un par de veces. La repentina visión de aquellos orbes tan intensos, tan vivos, junto con su sonrisa y lo último que había dicho, hicieron que Armin sintiera miedo. Que alguien como Hanji estuviese más centrada, y fuese capaz de alcanzar sus objetivos con mayor facilidad, podía ser muy bueno… o muy malo.

"Aunque a saber cuánto le dura esta vez. Eso sí, como aplique a estas técnicas el mismo entusiasmo que a los titanes, el resultado será… impredecible, como mínimo."

Como si el muchacho fuese transparente a ojos de Erwin, el Comandante aclaró una cosa más.

–No se trata de decir que un método es mejor que otro, o de quitarle el mérito a éste para dárselo a aquél. Se trata de ver qué funciona en cada caso, cambiar el orden si es necesario. Para resolver una situación concreta, harán falta determinadas herramientas, y habrá que usar unas antes de poder usar otras. No tengo ninguna duda de que, en un futuro próximo, Hanji y Eren podrán volver a trabajar juntos. Y cuando lo hagan, estoy seguro de que conseguirán grandes cosas, y precisamente gracias en parte a todo este entrenamiento previo.

"Vaya, está usando los nombres en vez de los apellidos," pensó Armin. "Así proyecta una apariencia de cercanía. ¿Sólo está siendo amable o pretende algo más?"

–Dadas las circunstancias –siguió la propia Hanji–, incluso yo tengo que reconocer que el tiempo se aprovecha mejor así. Se empieza aprendiendo a controlar esas habilidades desde lo más básico, para luego poder usarlas con eficacia y conseguir mucho más en el mismo tiempo.

Se fue poniendo de pie lentamente, casi como una gata perezosa, y se sacudió el polvo que se le había pegado a la ropa.

–Cierto, ahora me toca aguantarme y es un fastidio, a veces casi parece un castigo –Zoe iba sonriendo cada vez más–. Pero sé que a largo plazo saldremos ganando. ¡Ay, tantas cosas que tengo ganas de hacer! ¡Tantas posibilidades, tantos experimentos, tantas teorías que poner a prueba…!

–Hanji… –la advirtió Erwin con amabilidad, viendo que iba a darle otro de sus "ataques".

–¡Huy! –Zoe se llevó la mano a la boca–. Perdón, perdón, je je… Supongo que, por mucho que esté progresando últimamente, hay cosas que no van a cambiar de la noche a la mañana, ¿verdad? Pero vosotros tranquilos, que si eso es lo que hace falta, me portaré como una niña buena todo el tiempo que sea necesario.

El Comandante siguió sonriendo, pero ya no se dignó a contestar a lo último; en vez de eso, se dirigió a la guarda de élite.

–Capitán Rheinberger…

–Por lo que más quiera, señor, llámeme simplemente Anka, que aquí estamos en confianza.

–Bien, de acuerdo… en ese caso, llámame Erwin, por favor. Al fin y al cabo, estamos todos en el mismo bando.

Entonces el Comandante miró directamente al muchacho, que sintió un escalofrío; aquellos ojos azules no sonreían.

–Armin, has tardado un poco en llegar aquí, ¿no?

–Sí, señor… –el chico no era capaz de tratarle con más confianza; incluso sin contar con el rango, la diferencia de edad seguía imponiéndole demasiado respeto.

–No estarías intentando escaparte… –por la sonrisa que apareció en sus labios, Erwin parecía estar bromeando; pero sus ojos decían todo lo contrario.

–N-no, no es eso… –titubeó Armin–. Es que… últimamente tengo muchas cosas en la cabeza.

Le sorprendió ver que, de entre todos los presentes, fue precisamente Levi quien le dirigió una mirada de comprensión; pero aquello sólo sirvió para aumentar los temores del muchacho.

"En serio, tengo un muy mal presentimiento."

–¿Te imaginas por qué te he mandado venir aquí, Armin? –preguntó el Comandante; creyó oír algo de hielo en su voz.

–Supongo que me lo va a decir usted ahora, señor –contestó el chico, no con arrogancia sino resignado.

En el breve silencio que se hizo a continuación, todavía tuvo tiempo de pensar una última cosa.

"No puede ser tan malo. ¿Qué es lo peor que podría pasar?"

Y justo después, Erwin habló con un tono neutro que para nada encajaba con sus palabras.

–Armin, necesito que me digas las razones por las que alguien podría creer que eres un traidor.