¡Hola!

Un tanto corto para todo montón de tiempo que tarde en actualizar... pero ya viene lo bueno :D

Aclaro que no abandonare ninguno de mis fics, solo aguarden TwT

Muchas gracias por aguardar pacientemente y dejarme sus lindos comentarios :)

Les mando un beso enorme :*

Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra de la mente de Oda-chin.


Una voluntad heredada

El hijo de mi hijo, bienvenido a la segunda división

Ya lo había notado, aunque quería atribuírselo al hecho de que ambos parecían dos gotas de agua, sin embargo, ese nerviosismo que presentaba única y exclusivamente hacia Portgas no era para nada común. La mirada sigilosa y apenada de Gray dejaba ver que algo ocurría, estaba escondiendo algo y tenía la sensación de que pronto lo iba a descubrir.

Un día más de incandescente sol en el Grand Line, con la brisa que dejaba un sabor salado en sus bocas además de pegajosa la piel. Todo pintaba para que fuera un día normal y tranquilo, como lo habían sido todos desde que había llegado.

Quien hacía la vigilancia dio el aviso de ver a una embarcación que se acercaba a ellos a gran velocidad, no se trataba de ningún aliado, dando a entender así que debían prepararse para una posible contienda. Inmediatamente todos tomaron sus puestos, esperando las órdenes de sus superiores.

Un poco más cerca el barco, un hombre de la séptima división informó que los tripulantes daban señas de prepararse para la batalla, nunca faltaba el ingenuo que pensaba que podía hacerle frente a la tripulación del gran Yonkou Edward Newgate.

Incluso Gray que nada tenía que ver en la contienda, de momento, buscó una posición adecuada por si se requería, después de todo, ya había tenido algunas experiencias en el futuro defendiendo al barco que comandaba Marco. Conocía algunas tácticas que implementaban y a juzgar por las posiciones que todos estaban tomando, seguían siendo las mismas. Tomándose con firmeza de la jarcia muerta sobre el mástil, analizaba cual era la mejor opción para un ataque.

El ruido de la imponente lanza de Shirohige retumbó en los oídos de todos para llamar su atención. El capitán designó a Vista y Namur detener el navío que se acercaba amenazante. Los dos comandantes movilizaron a sus hombres y bajaron a los pequeños botes que los esperaban en el mar junto al imponente Moby Dick.

Gray saltó hasta el barandal lateral para observar a quienes se disponían a partir. Sentía como los pies le picaban por ir con ellos y pelear. El capitán de la primera división se acercó hasta él al notar su semblante inquieto.

-¿Qué pasa? ¿Quieres ir? –Preguntó en broma.

-Sinceramente comandante Marco… si –respondió muy serio. El rubio se quedó pensando en la respuesta del oji gris.

-¿Es una broma?

-Quiero hacerlo. Ustedes han sido buenos conmigo y quisiera pagarles de alguna manera.

-Déjalo ir –habló una estela de llamas al momento que tomaba forma al lado del comandante de la primera división.

-Ace…

-No serás una carga. ¿Cierto Gray? –miró al pequeño con una sonrisa.

-¡Claro que no comandante!

-Bien –le sonrió simpáticamente- ¡Namur! –Gritó para su compañero- ¡Gray estará bajo tu comando!

-¡¿Qué?! –Exclamó desde el bote- ¿Seguro?

-¡Totalmente!

-Apresúrate –le ordenó Marco.

-Muchas gracias –dijo antes de dar un salto a uno de los botes que estaba sobe el mar.

-¿Fue lo correcto? –preguntó el rubio a su camarada.

-Nuestro padre no se ha opuesto, así que supongo que está bien.

-Gray, a decir verdad, es tan fuerte como nuestros hombres… ¿eso despierta tu curiosidad?

-No es su fuerza, ¿Cómo decirlo? Es algo que siento cuando lo veo.

-Lo estas consintiendo mucho –llegó a meterse, como siempre, Thatch.

-No es eso –renegó Ace.

-Supera tus complejos de hermano mayor ¿quieres?

-¡Que no lo es!

-Basta Thatch, no lo hagas enojar.

-Veamos de que eres capaz –pensó Ace al observar marcharse a toda la flota.

Los disparos de los cañones hacían gala de presencia cuando levantaban enormes pilares de agua al impactar con el océano, los hombres de Shirohige debían de ser muy cuidadosos de no ser derribados antes de abordar el barco enemigo. Mientras más se acercaban el rugido de los tripulantes se hacía notar con mayor fuerza. Todos escalaron hacia arriba de la embarcación, donde un buen número de oponentes los estaban esperando, aunque, sacando cuentas finales, la balanza apuntaba hacia el oponente.

Gray miró pasar a centímetros de su cabeza el filo de un hacha, apenas y pudo hacerse para atrás para esquivarla, ¡Estaba en una contienda real después de mucho tiempo! No debía bajar la guardia, pues morir en ese lugar no estaba dentro de los planes. Los disparos sonaban en todas direcciones, el sonido de las espadas chocando hacía eco en la cubierta. Golpeó a un sujeto en el rostro, noqueándolo al instante… pelear en esos momentos era mucho más satisfactorio de lo que pudo haber pensado.

Rápidamente tomaron por asalto a la embarcación atacante, sometiendo en su totalidad a toda la tripulación, obviamente esos hombres no podían equipararse con los de Shirohige. Vista habló claro para ellos, diciéndoles que si no deseaban terminar por completo con su aventura se rindieran y aceptaran tomar el nombre de Shirohige y con ello estar bajo su poder. El capitán no aceptó la propuesta del comandante.

El fuego en expansión era un espectáculo asombroso, también una seña de la respuesta del contrincante. Todos regresaron de nueva cuenta al Mobydick, atiborrados de los tesoros de sus enemigos.

-Buen trabajo –los felicitó Newgate.

-Ha resultado muy fácil al final, eran unos debiluchos –reportó el comandante de la quinta división.

-Trajeron un buen botín –resaltó Thatch al lado del tesoro.

-No sé cómo se las apañaron para tener tanto siendo tan débiles.

-¿Qué tal estuvo? Gray –El comandante de la segunda división se dirigió al pequeño quien apenas subía al barco.

-Bien –le sonrió.

-Más que bien - dijo alguien de la quinta división.

-¿Cómo? –Preguntó Ace con curiosidad.

-No fue nada –dijo Gray.

-¿Adivina quien derrotó a su capitán? –habló Namur.

-¿No me digas que fuiste tú? –Volvió a dirigirse Ace a Gray.

-Sí, pero no fue la gran cosa, suerte… tal vez –respondió nervioso.

-Oye, sí que eres todo un estuche de monerías –Marco lo atrapó entre su brazo.

-Está exagerando comandante Marco –Quería sonar indiferente, pero siempre que Marco lo felicitaba por su buen trabajo era imposible ocultarlo. Cosa curiosa que notó Hiken.

-Tan solo un par de días a bordo y ya has causado una revolución –le sonrió Thatch-. Eso me recuerda cuando trajimos a Ace.

-¿Sigues con eso? –se defendió enojado el aludido.

-¡Hey Gray! –gritó un hombre de Namur y le arrojó una bolsa de cuero de medianas proporciones.

-¿Qué es esto? –cuestionó una vez que la hubo atrapado.

-Tu botín por lo de hoy.

-Pero… yo no lo necesito. No lo hice por eso… -le devolvió el objeto.

-¿No lo quieres? –Todos voltearon a ver al moreno.

-Mi paga por estar aquí –sonrió.

La noche había caído ya, por la mañana arribarían a una isla en la cual se tomarían el tiempo para descansar, después de todo, los grandes piratas también lo necesitaban.

De vez en cuando, siempre y cuando pudiera hacerlo, le gustaba salir a la cubierta por las noches y recostarse para admirar el cielo nocturno, las pequeñas luces tintineantes que permanecían suspendidas en la oscuridad lograban relajarlo mucho. Desde el cielo algo se acercó a él, las llamas azules fueron disminuyendo hasta tomar forma humana. Marco tomó asiento junto a él.

-¿Todo en orden? Ace –preguntó Marco el Fenix.

-Si –respondió sin mucho interés, aun con su vista fija hacia arriba.

-No quiero ser insistente en este tema, pero…

-¿Gray? –Trató de adivinar.

-Sí.

-Parece que tiene una gran admiración por ti –sonrió a medias, por alguna razón sentía que eso le generaba una pequeña molestia.

-¿Te lo parece?

-Todos nos hemos dado cuenta.

-Ya lo he hablado con Padre hace unos momentos –dijo con seriedad, Ace volteó a verlo-. Es muy sospechoso, pese a todo, no creo que debamos confiar plenamente en él.

-Pero no ha hecho nada malo…

-Hasta el momento.

-No puedo creer que dudes de él. No veo malas intenciones –lo defendió.

-Sabes que nuestro objetivo es cuidar a Padre ante todas las cosas, por eso somos sus comandantes.

-¿Insinúas que quiere atacarlo algo por el estilo?

-Solo digo que hay que cuidarnos –se encogió de hombros-. No me pongas como el malo, a mí también me agrada ese chico.

-No sé cómo decirlo –Hiken hizo un mueca-, cuando lo veo me siento algo extraño.

-Sera por lo mucho que se parecen…

-Tal vez –volvió a fijar su vista en el cielo.

Un pequeño resort era lo que esa isla era para ellos. Se encontraba desierta en su totalidad por otros seres humanos, lo cual la dejaba a completa disposición de la tripulación de Barbablanca. No era una isla muy grande, pero si lo suficiente para recibirlos a todos con más de las comodidades necesarias, la playa era amplia y el clima de lo más agradable.

El gran fogón de llamas patrocinadas por el comandante de la segunda división cocinaba la carne que esa tarde sería su alimento. Los que podían aprovechaban la playa para nadar un rato, mientras cada quien propiamente buscaba en que entretenerse.

Bajo la sombra de una palmera, el capitán Edward Newgate observaba con una sonrisa a sus queridos hijos, de vez en cuando le gustaba recompensarlos con días como esos, donde solo sus mentes se ocuparan en pasar una tarde agradable, dejando a un lado las peleas y toda la presión por ser parte de la embarcación del gran Yonkou.

Sus ojos miraron con detenimiento a su invitado, quien con un coco en la mano ayudado de una pajita bebía su contenido, estaba en cuclillas a la orilla de la playa tocando con una rama a un cangrejo, parecía feliz. Buscó entre todos al comandante de la segunda división; con las manos en las bolsas de su bermuda conversaba alegremente con algunos de sus queridos hijos. Newgate sonrió y comenzó a reír antes de beber sake de la botella.

La hora de la comida fue de lo más divertida, pese a que las porciones eran bastantes grandes, existían ciertos piratas que parecían un barril sin fondo, entre ellos obviamente Ace. En un principio estaba contando los platos que llevaba, pero después del onceavo perdió la cuenta.

Thatch como de costumbre peleaba con Haruta mientras jugaban con una pelota en la playa, alegando entre si habían anotado un punto o no. Gray se levantó y decidió echarle una mano al comandante de la decimosegunda división, después de todo, de alguna manera quería pagarle por todos los corajes que cuando era pequeño le hizo pasar; era bien sabido en voz de todos que era él a quien más hacia rabiar.

Al juego se le unieron varios hombres más de las diferentes divisiones, pasando de un simple encuentro de tres contra tres a uno de quince contra quince. El balón volaba en todas direcciones tratando de golpear a los contrincantes y de vez en cuanto algún despistado que se encontraba en la playa y tenía el infortunio de toparse con las intensas lanzadas de aquellos piratas.

Uno de ellos fue Ace, quien mientras comía, el balón mando a volar su preciada comida. Frunciendo el ceño tomó enojado la pelota y la arrojó ante el primer pirata que encontró, el cual había sido Jozu. Enojado el grandulón por el golpe por parte de su compañero volvió a aventarle la pelota, Ace se reía de la expresión de su amigo, además dudaba que dado a su logia pudieran golpearlo… astutamente el comandante de la tercera división había aplicado Haki en ella por lo mismo.

El esférico chocó de manera cómica en el rostro de Hiken, quien se había estado riendo plácidamente. Todos comenzaron a reír. Nuevamente molestó, Ace pateó una palmera haciendo que cayeran varios cocos, tomó cuantos pudo y los encendió con su poder… iban a arrepentirse de haberse reído de él. Ahora todos huían de cocos en llamas.

Agotados de la guerra que comenzó sin querer y de todos los destrozos que habían causado por culpa del moreno, decidieron tomar un pequeño respiro. Gray rebosaba de felicidad por aquellos peculiares momentos al lado de esos hombres.

Las olas golpeaban sus pies descalzos, el agua estaba fría pero eso no le importaba. Alzó la fotografía que sostenía en su mano derecho y la miró atentamente: esos ojos grises parecían muy felices, sus delgados labios en conjunto con su piel blanca la hacían lucir más encantadora, cabellos negros y cortos, ¿cómo es que no había perdido la fotografía de su madre entre tanto alboroto? Y ¿Cómo es que no se había arruinado ya?

Cerró los ojos con paciencia, suspirando por igual, ¿Qué era lo que debía hacer ahora? En dos días tocarían puerto en una isla habitada en donde lo dejarían tal como acordaron, pero, él no quería regresar aun, necesitaba conocer todavía más a su padre, preguntarle más cosas y tal vez, ¿Por qué no? Enfrentársele en otra contienda.

Entre su debate interno otra persona se vino a su mente, aquella pequeña de tres años de ojos azules, Hana. Puso su vista en el horizonte y pronunció su nombre en un susurro, la había dejado sola por su capricho, ¿estaría bien? ¿Habría llegado con bien a donde Luffy? ¿Alguno de los pequeños la habría encontrado? Guardó la fotografía y con la misma mano se sostuvo la cabeza a la altura de su frente, una risa extraña se apoderó de él… no sabía qué hacer.

Aquellos pasos no podían pasar desapercibidos en lo más mínimo, pese a que eran altas horas de la noche Jozu seguía despierto, le sorprendió un poco verlo acercársele pero no dijo nada, tan solo se limitó a observar como su padre se acercaba hasta el niño y decidía sentarse para hacerle compañía.

-Shirohige-san –dijo por debajo Gray mientras lo miraba a su lado. Newgate apenas y sonrió notablemente.

-¿Qué hace un niño despierto tan tarde? –preguntó con seriedad.

-Nada en especial, solo pensaba en mi familia –decidió sentarse a su lado.

-Ya veo… ¿cómo es?

-Excelente… aunque la familia de mamá no la conozco todo lo recompensa la de mi padre –contestó con una gran sonrisa.

-¿Te gusta estar con nosotros?

-Claro –dijo feliz mientras abrazaba sus piernas.

-Los hijos de mis hijos también los considero como míos –su gruesa voz sonó con profundidad ante aquella peculiar revelación.

-Ellos lo respetan y aman mucho.

-Fue ella ¿cierto? –preguntó mientras lo volteaba a ver, por la repuesta anterior del moreno sabía que no había entendido a que se refería.

-¿Disculpe?

-Ni en mil años pienses que podrás engañarme mocoso –advirtió-. Fue Lilineth ¿o me equivoco?

Los ojos de Gray revelaron a Newgate la respuesta sin siquiera hablar, el moreno trató de balbucear algo para alegar que no sabía de qué hablaba, sin embargo, nada parecía salir de su boca, que él conociera eso solo ponía en riesgo su estancia en el pasado. Shirohige lo miró a los ojos con dureza y desaprobación.

Lo sabía y no podía ocultarlo más, el corazón de Gray comenzó a latir fuertemente al ser descubierto en tan poco tiempo. Se movió deprisa y le ofreció una reverencia al capitán. Con la frente pegada al piso comenzó a expresarse. Edward dejó que hablara.

-Siento mucho no haber sido sincero. Pero si conoce a Lilineth deberá saber las condiciones con las cuales me encuentro aquí. Así que por favor, no diga o haga nada que ponga en juego mi estancia en este lugar –dijo con desesperación.

-Levántate –Ordenó Shirohige.

-¡Se lo suplicó! –gritó Gray aun desde el suelo, olvidándose completamente de las personas que estaban cerca.

-Explica las razones por las cuales te encuentras aquí.

-No puedo –levantó la cabeza-. Si lo hago, puede que ponga en riesgo…

-Portgas D. Gray –pronunció el emperador muy estricto. Gray apretó la arena en sus manos al escuchar su verdadero nombre en voz de Shirohige, tras pensarlo unos momentos se puso de pie.

-Quería conocerlo… conocer a papá –confesó con la mirada gacha.

-¿Conocerlo?

-Si… -se mordió los labios.

-A caso Ace… -volvió su vista al campamento.

-Yo… todavía no nacía cuando eso paso, así que… no tuve la oportunidad de conocerlo –dijo con tristeza.

-¿Quién? ¿Cómo? –Pronunció con rencor. El solo hecho de pensarlo lo hacía enfurecer, más porque sabía que ese resultado era improbable puesto que él mismo daría la vida por Ace, especialmente por él.

-No puedo decirlo, porque si lo hago, volveré a mi línea de tiempo sin haber conocido más a mi padre –lo miró a los ojos con suma decisión.

-Ace… -musitó el capitán.

-Por favor, se lo suplico, no diga nada de esto… yo… realmente quiero estar con él.

-Eso es algo en lo que definitivamente no te pareces a Ace –le sonrió.

-Mamá me enseñó a quererlo, al igual que el tío Luffy y… –miró a la tripulación de Barbablanca- sus hombres. Aunque, no es sino hasta ahora que verdaderamente puedo decir que… lo quiero.

-No hace mucho, tu padre vino a mí a confesarme que era el hijo de Gold Roger, y todo lo que me dices es opuesto a lo que él expresó.

-Hubo mucha diferencia en nuestra manera de criarnos. El abuelo Garp me ha contado toda la historia. Y aunque no quiera admitirlo, sé que en el fondo él también lo apreciaba.

-¿Cuánto tiempo piensas permanecer en este lugar?

-Ese es el problema… no lo sé.

-De acuerdo, dejare que permanezcas con nosotros un poco más.

-¡¿Lo dice en serio?! –expresó feliz. Newgate sonrió ante esas expresiones tan propias de ellos.

-Si…

A la mañana siguiente todos se dispusieron a regresar a su barco, sentía como si un gran peso fuera removido de su espalda, aunque generaba cierta inquietud el hecho de que realizara algún acto osado por la revelación de que Ace había fallecido.

Las velas del barco se ensancharon producto del viento, cuando tuvieron buen rato de haber zarpado el capitán del barco hizo sonar su gran lanza en la cubierta, llamando la atención de todos. Rápidamente se reunieron alrededor de aquel hombre de grandes dimensiones, incluido Gray quien se mantenía colgado de la jarcia muerta.

-He tomado una decisión –empezó a decir, todos se miraron expectantes ante lo que iba a decir-. Gray –llamó al joven solicitando su presencia.

-A…Aquí estoy –llegó hasta él de un salto.

-Después de ver como defendiste nuestro barco y más con nuestra conversación, he decidido… -Lo miró a los ojos, Gray pasó saliva pesadamente- ponerte bajo el mando de la segunda división.

-¡¿Qué?! –gritó en compañía de otros.

-¿Bajo el mando? –preguntó alguien de la octava división, sabían que había mucha diferencia entre "al cuidado" y "al mando".

-Así es –dijo el capitán- ¿Qué dices Ace?

-Es una sorpresa, pero… claro –se acercó hasta Gray.

-¿Bajo el mando se refiera a que… -quiso preguntar el ojigris.

-Que eres parte de la tripulación –contestó Vista mientras acomodaba sus bigotes.

-Espero puedas sentirte cómodo con nosotros –Ace extendió su mano en dirección al menor.

-Si – respondió aun anonadado y tomó la mano de su padre.

-Bienvenido a la segunda división -le sonrió con simpatía.


Próximo capítulo: Más difícil de lo que pensé, dilo: Portgas D. Ace